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Ensayo

A propósito de cierta poesía puertorriqueña de fines de siglo XX y comienzos del XXI

PRico

Pareciera que toda nueva antología sobre poesía puertorriqueña, más o menos reciente, no puede brindarnos mayores opciones que la de presentarnos –por enésima vez y porque a la postre constituye lo más valioso entre lo compilado– la obra de  Mayra Santos Febres o, si retrocedemos tan sólo unos pocos años, la de José Luis Vega.   Obras, estas últimas, ya canónicas en el contexto del Caribe insular hispano; aunque otra cosa es decir palpitantes o vivas o necesarias.  Lo contracultural y el feminismo de agenda (norteamericana, por cierto) se aceptaron, ya desde hace tiempo, sin mayores regañadientes culturales, ni políticos, ni de especificidad histórica.  Se volvieron oficiales y han reproducido incontables epígonas/epígonos publicados en libro.  Obvio, este proceso –aunque con otros protagonistas y en distintas velocidades– se constata en casi toda América Latina entre los años que van del 80′ para arriba.  Por su parte, la poesía de  José Luis Vega –como también, verbigracia, la de José Mármol en la República Dominicana– sigue constituyendo, en sí misma,  como la otra cara de la moneda de lo que es, todavía, la literatura o poesía en toda nuestra región.  Textos finos, pulidos, capciosos e intertextuales; con un sujeto –socialmente distinguido y sexualmente  más o menos compacto– que ejercita a sus anchas el arte del decoro y del refrenamiento.  Esto en sí no está mal.  Por ejemplo, este tipo de textos consigue incluso hoy mismo los premios que, buscando poesía experimental, convoca regularmente la Casa de América de Madrid.  Es más, el 90% de la producción de lo que se considera poesía en nuestra región va también por ahí.  Y parecería no apetecerse alguna otra cosa.  Porque son las instituciones literarias en su totalidad, en tanto organización política-cultural, las periclitadas.  Donde, dado el caso, en un momento entró  Neruda y no salió más.  Y donde, por lo tanto, valoramos el poema que nos llena la página; que se torna elocuente; que procurando sorprender canjea, impunemente, publicidad por poesía; que disimula un yo soberbio y auto-persuadido hasta el hartazgo, camuflado — de modo oportunista– el alguna pena de éstas, de aquéllas o de las otras.  En fin, aunque hoy por hoy al menos, un Neruda que no se animaría a dárselas de comprometido.  Por otro lado, precoces o decepcionados, que lo erótico, el haiku, la bautade son tan sólo un ingrediente más o un escorzo del poema; que lo contrario –el monopolio de ello en el poema– es cansón o redundante exhibicionismo.  Todo el mundo es  más o menos inteligente o arrecho.

Qué mal hemos leído a Vallejo en el Caribe; mejor dicho, qué bien hemos aprendido la crítica sobre él  tanto para –memorizando la lección– aprobar nuestros exámenes en el bachillerato, como para luego reproducir por ahí –esta misma ignorancia–  multiplicada y sin ningún empacho.  ¿Qué aportaría la poesía de Vallejo a los jóvenes del Caribe?  A escribir en clandestino, de modo soterrado y simultáneamente gozoso; a conectarnos con nuestro fuero interno para no producir ya más nunca poesía de auto-ayuda; a sentir orgullo de lo que somos; a sacudirnos de nuestro pasotismo; a ser poetas hasta dejar de serlo.  A no leer, sino a  acompañar la poesía.

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Huella imborrable de estilo: Armando Almanzar Botello en “Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse´s Crucifixion:”/ Eli Quezada

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“Un creador es un ser que trabaja por gusto.” G. Deleuze

Lacan evoca la frase de Buffon cuando dice:                                                                                        “Estilo: Este es el hombre (…) que se extiende por el”

“Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse´s Crucifixion:” no es solo otra de esas piezas poéticas enmarcada o, debo decir, redondeada como en una especie de pentagrama de lo poético, (con sus blancas, y sus negritas, sus silencios, y su detonar in crescendo, hasta literalmente explotar en boom…) donde podemos descifrar el extenso mundo intenso en lo que a profundidades temáticas, polisémicas y simbólicas, nos tiene acostumbrados este autor que, sin temor a equivocarme o a parecer subjetiva; antes bien, consciente de estudiar poema por poema, ensayo por ensayo, su valiosa obra, es uno de los poetas dominicanos que apuesta a la “creación” (Lezama Lima) de nuevos signos semióticos o lo que es lo mismo, a presentar y re-presentar un sustentado y preclaro discurso postmoderno, en sus proposiciones y proyectos creativos.

Un discurso donde se reta las variabilidades actuales del mismo… donde no nos insta, simplemente, a no con-formarnos con lo que se dijo hace dos o tres décadas, sino a confrontar las nuevas teorías, elaborando, como todo investigador serio y obstinado, su propio pensamiento. Pensamiento poético, en este caso, en el que se destilan con igual fuerza, las polaridades ontológicas-filológicas, el eros y tánatos y esa música particular de sus morfemas y fonemas, de sus deconstrucciones en clave “hessiana”, (Hesse) cual tratado estepario, lobo con sed de beber y “dar-a-ver”, cazador de la más clara de las aguas del saber, en fin… con esa filigrana exquisita, huella estilizada, pero única de este paradigmático escritor. Entre los poetas dominicanos, el más indispensable, “junto a León Felix Batista”, como dice, el experto critico literario peruano, Pedro Granados, en su reciente obra: “Breve teatro para leer: Poesia dominicana reciente”.  Añade:

“Rara vez nos hemos topado con tamaño erúdito del presente; de cuanto libro sobre teoría cultural y psicoanalítica hallemos en las librerías. Pasmoso y serio conocedor que, de algún modo hemos de decirlo, cultiva un discurso a caballo entre arqueología del saber, ciberespacio, gótico y un ‘ligao local de sabor muy dominicano’…” PP. 50 Esto último, que señala Granados me parece que es fundamento de ese ingrediente lúdico en ese explorar un lenguaje ultramoderno adecuado al devenir de los tiempos…

Y el creador, el poeta, el pensador, se pregunta y nos pregunta en el poema que da título a su libro “Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse´s Crucifixion”:

“¿Por qué alguien escribe, pinta, miente? / Al borde de otro cuerpo, desnudo precipicio, / la mano ardiendo late: hambre absorta en vocación de abismo / suspendida. (…)”

Se puede leer en esta obra: “Lenta mi boca se acercó hasta la insolencia… / Puso en ella su verdad: / la lengua… / Tímida caricia…”, nos dice en un fragmento de su poema “Sócrates y el Lirio”, de la obra que comentamos.

Particularmente creo que Armando Almánzar-Botello nos regaló una pieza, repito, de arte en lo contemporáneo de la obra de Bacon, y como él, se desgarró; se transfiguró como un Cristo en la cruz, se desangró en cada letra, en cada verso escondido y expuesto en este su trabajo. Y trascendió a él, y nos identificó y se mostró endeble, descarnado. Se miró en el espejo de la obra de Bacon y de todas las obras de los grandes que han dejado su sangre en sus obras; al fin y al cabo todo poeta tiene que vivir esa transfiguración. Esa muerte, ese suicidio permanente para luego resucitar, como lo hace Bacon al inspirar con sus inquietantes y magníficas obras de arte y, con su pensamiento filosófico-pictórico, esta obra que le hace mucho honor.

Y Armando dice:

“Portraits and Self-Portraits: estallidos de la luz en negro / espejo: posiciones radiográficas del rostro que se pierde. / Condensa en un instante su perfil el asesino, rabia de pinceles / y de espátulas. Torso que deviene retorcido, / herida, semen, lodo, sangre. / Se encharca dios en malva triste su carne / vulnerada, / su flujo leopardo goteando labios rotos. / Coitus reservatus / Coitus interruptus / Deus absconditus / Placas radiográficas de Ausencia… “

Armando, el hombre poeta, es él y su discurso, es él y sus fantasmas, es él y sus referentes, su modus vivendi, su modus pensanti… Almánzar es él y Deleuze: es él  y Lacan (Freud), es él y Zizek, finalmente, es él y Bacon encarnado en estos poemas…

De hecho les dedica, frecuentemente, sus textos a sus referentes, demostrando una u otra teoría que éstos defienden.

“Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse´s Crucifixion” es epifanía sacra e irreverente, retrato a un genio, Francis Bacon, desde la genialidad de otro, el pensador.

“Con duro hierro araña, corta marca labra

-garra del halcón, cuchilla enardecida-

la mano”

Armando, ¡claro que volvió! Francis Bacon, vuelve… vuelve bañado de gloria, justamente, instalado en tu mirada, en tu estilo…que ya es eterno.

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Lago del Fondo: Poesía reciente

Lago de Fondo

Pedro Granados analiza poética de Ángela Hernández

La poesía de Enriquillo Sánchez: “puñal y maicena”

Nan Chevalier: El viaje sin retorno

“Ante el yugo de la llama” (Intervención en León Félix Batista)

Respuesta al correo de una gran poeta dominicana y mejor amiga

PREGUNTAS SOBRE POESÍA DOMINICANA RECIENTE

Isis, Valentín y Pedro

Nueva visita a El Conde, 2016

Los peruanos y la Española

Soledad Álvarez: ¿sus versos de agua?

En casa de Frank Etienne, el extraordinario poeta y pintor haitiano

Haití

Las madres de Pedro Henríquez Ureña (1884-1946)

Todavía en Haití

El Caribe, de Pedro Ureña Rib y Jean-Paul Duviols, hacia un “diccionario nocturno”

Breve teatro para leer: poesía dominicana reciente

Protestas contra Mario Vargas Llosa en la República Dominicana

Sin duda en una de mis vidas soy dominicano

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En el cumpleaños de José María Arguedas

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José maría Arguedas y mi mamá

Devota. Cuando de niño me llevaba con ella a la iglesia de nuestro barrio pasaba yo una vergüenza sin nombre. Incluso a veces, aunque me cueste reconocerlo, me alejaba de ella justo en aquellos momentos para mí de los más bochornosos. Resulta que mi madre alcanzaba las notas más altas de los cantos de la misa con una voz que no parecía de este mundo; al menos, del de los citadinos y citadinas que se congregaban en aquel rito dominical. Muchos años después, y en uno de mis viajes al “Perú profundo”, descubriría con estupor que los campesinos en sus procesiones –en honor a la Virgen o al Cristo Crucificado– daban de alaridos en un runa simi muy parecidos a los del castellano que –en tanto repasar el cancionero de la iglesia– echaba mano mi madre los domingos en Lima. Es decir, de modo análogo –aunque distinto– a la hazaña de la obra de José María Arguedas (aquello de verter al español el espíritu del quechua), con su reticencia o falta de encandilamiento hacia la obra de su “paisano” mi madre en la práctica –y de modo no menos sutil– me estaba demostrando lo siguiente: Que era viable transvasar de otro modo las lenguas. Sin utilerías. Ni exóticas escenografías o referencias. Que yo mismo era, por más limeño o cosmopolita –y sin saber el quechua– acaso su más demorada traducción.

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VENTANAS VALLEJIANAS

Utah Vallejo

Incomodidad de “El palco estrecho”

Politics, Poetics, Affect: Re-visioning César Vallejo (Reseña)

Vallejo/Bukowsky/Granados

Pedro Zulen & César Vallejo

Hitos de mis estudios vallejianos

Reseñas de las Actas del Congreso “Vallejo Siempre”, Montevideo 2016

Reseña I: Laurie Lomask, “Teoría y espectáculo del cuerpo en el teatro de César Vallejo”

Reseña II: Vallejo en Uruguay

Reseña III: La sensibilidad vallejiana

VASINFIN, en homenaje a Henrique Urbano (1938-2014)

Vallejo Siempre 2014, Reseñas de las Actas. Tomos 1,2 y 3

(N)húmeros para (des)cifrar un pambiche/ Pedro Delgado Malagón

El canto de la lluvia: La palabra poética de César Vallejo  (TRILCE LXXVII)/ Gabriella Menczel

Surrealismo/ Dadaísmo en la poesía de César Vallejo

En torno a César Calvo y César Vallejo

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Ricardo Piglia (November 24, 1941-January 6, 2017)

Piglia

“Piglia es un crítico y novelista argentino que ha logrado fundir dos tradiciones culturales y epistemológicas muy distintas. La anglosajona, pragmática, que entiende que la verdad sólo tiene un valor de uso; es decir, es un producto deshechable más. La otra es la humanística, propia de la tradición hispana, que entiende, por ejemplo, que hay una verdad escondida en lo que leemos y con esfuerzo debemos sacar a la luz. Del primer aspecto de su crítica deriva su idea de que la literatura es un combate: ¿la verdad para quién?; y, por ende, el aspecto político y del poder implícitos en aquella lucha. El segundo aspecto epistemológico y cultural se revela en cuanto Piglia postula que el crítico -convirtiendolo así en un detective o en un aventurero– es el que busca desentrañar un “secreto” ya que “la realidad está tejida de ficciones”. Hemos introducido este comentario porque creeemos que lo que ha hecho Piglia es muy pertinente para evaluar en profundidad nuestra actual poesía hispánica. Dados los tiempos que corren, creemos que el futuro de ésta también está en saber congregar –de algún modo, ya que no existe uno solamente– ambas tradiciones culturales; mas no solamente en la epidermis, es decir, en el léxico y las referencias más o menos exóticas o globalizadas. Probablemente los poetas que hacen esto último estén hubicados sólo en una de las dos tradiciones: en la hispana y tratando vanamente de ampliar o “modernizar” sus contextos, o abiertamente en la otra, la anglosajona, con lo nos hallamos ante curiosas caricaturas del original. No, no se trata de nada de esto en Piglia. Su obra es, más bien, prueba de que es posible fundir ambas maneras de conocer, de situarse en el mundo, sin que esto implique ausencia de conflicto personal ni, tampoco, se trate de un mero eclecticismo cultural (al modo del voceado, pero realmente inexistente, multiculturalismo norteamericano). En síntesis, nos hallamos ante una nueva forma, muy contemporánea, de pensamiento crítico (y poético); un modo, cabe esperar, más rico y productivo de estar a la intemperie”

P.G.

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La poesia de Harold Alvarado Tenorio/ Daniel Giraldo

Harold

“Los pareceres y el estilo concuerdan con lo que yo hubiera podido escribir. Asimismo, las autoridades que alega el texto corresponden a mis preferencias. El “ocular vizconde” me sorprende, pero no es imposible que yo haya perpetrado esa frase, tan ajena a mis hábitos literarios. También es raro que mi memoria haya dejado caer un nombre tan singular como Harold Alvarado Tenorio, pero a los 73 años el olvido es harto accesible. Pienso que el “prólogo” es una afortunada parodia, que debo agradecer”

“No aptos para puristas, los juegos con la autoría de ciertos textos de Borges parecen haber sobrepasado un límite y este hecho, descaradamente expuesto y esclarecido por el mismo perpetrador, se suma a sus numerosos atrevimientos literarios”

“Harold Alvarado Tenorio: el poeta, antólogo y ensayista colombiano es un autor marginal. Pero su marginalidad se la ha ganado con trabajo. Desde sus comienzos como estudiante, siendo abiertamente ateo, desde sus comienzos como intelectual, siendo públicamente soberbio, pasando por sus atrevimientos con Borges y sus palabras ponzoñosas sobre la cultura colombiana, Alvarado Tenorio se ha ubicado al margen. Satisfecho con el lugar de exclusión que ocupa, ejerce su actividad intelectual haciendo uso de la distancia que por años ha venido estableciendo”

“Rodríguez Padrón no se equivoca al definir el poema como un lugar de encuentro solidario. Pero cuesta aceptar, sin embargo, que “todos” seamos capaces de reconocernos en él. Si la muerte es aquello que todos tenemos en común, el crítico está en lo cierto. Pero más que la muerte es el deseo sexual lo que hemos visto como punto de solidaridad entre los poetas. Y como dicho deseo sexual no es común a todos, tan sólo cierto grupo de individuos podrán reconocerse en el poema. Maricas como Alvarado Tenorio serán llamados a ocupar el poema con sus propias y personales experiencias, con los recuerdos y nostalgias de los cuerpos que alguna vez tuvieron. El poema de corte erótico en Alvarado Tenorio es un espacio de solidaridad marica”

Todo lo anterior (entrecomillado) vaya como resumen de lo de Daniel Giraldo.  Con lo cual, en general, estamos de acuerdo; salvo en su algo machacona conclusión .  Lo cual nos llama la atención porque el mismo Giraldo, en otro lugar de su texto, puntualiza que la poesía de HAT representa más que la “unión entre la experiencia marica y la violencia colombiana”; o aquello de: “La búsqueda sobre la identidad de Harold Alvarado Tenorio no puede agotarse en esta única faceta”.

Ahora, en lo personal, nos extraña que Daniel Giraldo no haya tenido en cuenta nuestra reseña a Ajuste de cuentas o, por qué no, y vinculado a su ensayo, nuestra crónica un tanto ya canónica, aunque no menos lúdica, sobre Raúl Gómez Jattin.

La poesia de HAT by Daniel Giraldo 2016

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Luis Hernández (1941-1977)

cuaderno

Lo que en un sentido se escribe; en el otro, se intenta borrarlo: sería la poética general que distingue y acerca ambas partes de “Spasmo-Dolviran”.  Como si al humo, de la ofrenda, ya se lo estuviera llevando el viento; y con éste al propio sujeto levísimo que levanta precariamente esta escritura.  Las numerosas páginas en blanco de esta libreta, no incluidas en su totalidad en esta edición, señalarían los auténticos efectos bienhechores del analgetikum; la paz, la calma  No así la escritura, propiamente dicha, disputada –a semejanza de la poesía de César Vallejo– por círculos concéntricos crecientes de oximorones; desde la reiterativa boutade o la paradoja, la contraescritura del dibujo, los márgenes que asedian constantemente el centro de la página… hasta este pretender borrar lo poco que se ha escrito, aunque ello quiera ser –cómo no– siempre grato al lector.  Dar es mejor que comunicarse, no se puede escribir sobre las flores, preferible es el dulce del olvido –entre otros memorables versos de Luis Hernández que con libertad glosamos– es lo que más se parecería a ese silencio, a esa plenitud efímera de la poesía.  A ese “estar en flor de la hora marchita” –inminencia, antesala, primicia– que por todos lados exhala este extraordinario ¿último cuaderno?

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En el mall la vida es más sabrosa/ Edgardo Nieves Mieles

Centrocomercial

Progress is a confortable disease (-e. e. cummings)

La vida social de demasiados boricuas gira, como buey en la noria, en torno a la salpicante fuente y al subi-baja de las escaleras electrónicas de Plaza Las Américas –el centro comercial (mall o mol) más grande del Caribe– o sus equivalentes a la vuelta de la esquina. Con ello, hemos elevado el centro comercial a la categoría de templo sagrado. (El magnífico Joaco Sabina tiene un verso que reza así: “Hay gente tan pobre que sólo tiene dinero”.) Allí nos refugiamos del caos y de nuestras imperfectas y miserables vidas llenas de lujos de cartón y oropel. Como deambulante que ha perdido su alma, allí hemos mudado y afincado nuestra vida privada. (Conozco mucha gente que no podría vivir si diariamente no llevan de paseo al chópin su linda osamenta y su caja craneal atosigada de algodón con acetona.

Y ante tanto chato y desalentador horizonte, Juan del Pueblo, inalterable, fofo y mudo. Empeñado en continuar bordando esa inacabable alfombra de traspiés en la noria del pendejismo conformista. Esclavo sumiso de las ganas de comprar, comprar y comprar a crédito chucherías con las cuales llenarse los agujeros negros del alma, sucumbe y se embrolla hasta las teleras.

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