Entre el tropel de propuestas poéticas existentes en la actualidad es difícil encontrar una poesía que sepa guardar distancia de la gimnasia verbal, el colorido experimental, los buceos narcisistas, el exhibicionismo culturoso y , por contrapartida, se empeñe en ser fiel a sus impulsos más originales y ciertos. Porque la poesía es, como dice Granados, arte de adolescencia y los que pretenden atender su llamado deben estar dispuestos a prolongar la alegría del caminante que no sabe bien adónde va y que transpira, con lucidez y júbilo, el inexplicable hálito de lo desconocido. Julio Ortega, en el prólogo a un poemario de 1989, El muro de las memorias, escribió lo siguiente: “Entre el drama de lo inmediato y la ironía de su recuento, Pedro Granados, deja en este libro (como Tàpies en la grisura errática del mundo) los signos de su habla grabada a pulso, esto es, con zozobra y verdad.” Pienso que este juicio sigue siendo válido para el libro que hoy presentamos.
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18/05/17: Bolivia: “rígido ice cream del mundo”
Homenaje a Rubén Vargas (1959-2015)
Visión de La Paz
Sobre los cuatro mil
metros de altura
te escribo. Sobre
las treinta mil
personas que he visto
en el camino.
Inhóspito el aire
para la poesía.
Enorme atalaya es ésta
para el control de
vidas y almas
y sexualidades.
Toda Bolivia se halla
en el ropero. También
el Perú. Y probablemente
el completo casco andino.
Encerrados en el ropero
de nuestros deseos
y de nuestra aplazada dignidad.
Un gigantesco amaru se ahoga
por la dura costra
que lo separa de la superficie.
Un flamante neumático
ahora mismo lo pisa.
Ver y correr y ser derrotado
enésimas veces.
En qué onda
pillar el aire.
A través de qué escondrijo
palpar finalmente tus piernas,
tu culo redondo,
tu espumosa vagina.
Todos somos salvos.
Todos somos inocentes
sobre tan rígido ice cream del mundo.
Ni todas las muecas del diablo pueden disimular
nuestros dientes de leche.
El mundo andino pasa todo
por un agudo periodo de refrigeración.
Un poema para Alexander Coffee
Chairo con alguna notable poesía boliviana última
Juvenal Agüero en Bolivia
“Soledad impura” entre pulp fiction y la gripe A/ Juan Carlos Ramiro Quiroga
Jaime Saenz en el teleferico paceño: Algunos cables de su poesía
César Vallejo, nuestro “hermafrodita universal”
Pedro Granados: “Lo que importa es escribir”
¿Pedro Susz K. o Jesús Martín-Barbero?
RECUERDO DE JESÚS URZAGASTI (1941-2013)
La Ciudad Trilce de Christian Vera Ossina
Cochabamba, las cabinas de Internet y yo/ Manuel Munive
Poesía de Bolivia para el mundo
10/05/17: EL ARCHIPIÉLAGO VALLEJO: Trilce XLVII
Insumos para una biografia “multinaturalista” –en este caso– la de un autor tan importante y ya tan mediagrafiado e icónico como César Vallejo. Hacia otra perspectiva de biografia en la que se tornarían visibles las identidades múltiples del personaje. Es decir, una que en vez del secuencialismo historiográfico acostumbrado (Muniz Sodré), guiado por la ficción de la identidad única y por una perspectiva positivista o psiciologista; pueda, más bien, percibir al personaje biografiado en sus múltiples roles o dimensiones y, algo fundamental y prácticamente inexistente en las más conocidas biografias de César Vallejo, en su específicidad cultural o multinatural.
05/05/17: A los treinta años de nuestra tesis, “Estancias, síntesis de imágenes aéreas en la poesía de Javier Sologuren (1944-1960)” (Bachiller, PUCP, 1987)
Algunas reflexiones:
Ensayamos allí un estructuralismo sui generis, adaptado para leer poesía –en particular fanopea (Ezra Pound)–, inspirado en Levi-Strauss; y auxiliados por Gastón Bachelard, que nos permitió otorgar movimiento a los discretos elementos –y entre estos mismos– hallados en nuestro análisis Práctica, no el estructuralismo entendido como tediosas y por lo general estériles “arborizaciones”, absolutamente ausente en la academia del Perú de la época. El nuestro fue un ejercicio de inmanencia, a nivel teórico; y de producción de sentido, a nivel metodológico. Lo básico fue iluminar, en los poemas de Javier Sologuren, la lógica de las relaciones, dinámica en sí misma, y predominantemente metonímica. De algún modo, e invitados por el mismo Sologuren, hicimos además que se tocaran budismo zen y perspectivismo (multinaturalismo). Resulta obvio que, al presente, observo mi estudio desde coordenadas académicas más o menos recientes: Descola, Viveiros de Castro, Latour, un rescatado Levi-Strauss… y Spinoza; pero no oportunistas, sino que pueden dialogar y de hecho dialogan con nuestra tesis de 1987. Acaso no está demás mencionar que aquel ejercicio, en el rigor y la imaginación, modeló el sustrato de mi modo de leer poesía; el mismo que hoy por hoy se implementa de una manera un tanto más expeditiva y a la que se añaden, obvio, otros aportes teóricos. Lectura íntima y no menos gozosa, asimismo, que seguimos recomendando como una opción o como antesala a otros modos de leer acaso más sesudos o más graves. Leer estableciendo relaciones metonímicas –lo más justificadas posibles– entre texto y contexto; y sin soslayar el contexto más inmediato que es uno mismo. Entre los estudiosos peruanos, nuestro condiscípulo, Luis Rebaza Soraluz, es el que se ha percatado de la especificidad y, seguimos confiando, virtual productividad de nuestro trabajo; va nuestra simpatía y gratitud por ello.
Pedro Granados, mayo 2017
29/04/17: En tránsito: Antología de la cuentística dominica actual/ Nan Chevalier
En tránsito: Antología de la cuentística dominica actual (1970-2017) (Amargord Editores, 2017), incluye escritores de tres generaciones, desde la posguerra de 1965 (especialmente los autores que empezaron a publicar en la década de los años setenta, años de represión estatal) hasta el presente año 2017. Tres períodos diferentes: Posguerra y años setenta, primero; Generación de los ochenta y promoción de los años noventa, después; Generación de la Internet y nativos digitales, al final.
Es necesario señalar, como escribiera Luis Harss en Los nuestros, que en cada generación hay corrientes subterráneas que ofrecen otra visión del mundo, aparte de la cara de la realidad que presentan otros miembros de la misma generación. Esta idea cobra valor cuando leemos los textos de escritores que coexisten en una misma época, pero que presentan universos literarios distintos. En ese sentido, podemos distinguir rasgos diferenciadores notables entre, por ejemplo, los primeros escritores de la Generación de los ochenta y la segunda parte de esa generación: la promoción de los años noventa o, para llamarles de otro modo, la promoción Final de Siglo. Lo mismo ocurre con los escritores que empezaron a publicar en la primera década del siglo XX y aquellos que publicaron a partir del 2010. Por supuesto, separar las promociones cada diez años no es una ley universal; es, más bien, una manera de subrayar que ese lapso es suficiente para que la mentalidad de un escritor varíe debido a diversos factores: acontecimientos históricos estremecedores, avances tecnológicos, influencias literarias y artísticas.
Si realizáramos un breve recorrido por la historia del cuento dominicano notaríamos que lo que estoy planteando no es nada nuevo; la única novedad la constituye el ritmo vertiginoso con que los eventos se suceden uno tras otro en la época actual. Los cambios de paradigmas ocurridos, por ejemplo, durante la dictadura trujillista, exigían largos períodos, sobre todo por el aislamiento al que estuvo sometida la República Dominicana.
El origen de la cuentística dominicana es tan remoto como el nacimiento de la República, a mediados del siglo XIX, si bien se trataba de manifestaciones elementales, generalmente fábulas y textos infantiles. Otras manifestaciones, escritas durante las tres primeras décadas del siglo XIX, más elaboradas, corresponden a Virginia Elena Ortea, Fabio Fiallo y José Ramón López, quienes se destacaron por la creación de cuentos folkloristas y modernistas.
Es en los años treinta —la década de El pozo, de Onetti— cuando surge la figura de Juan Bosch. La presencia de Bosch representa un cambio importante en el curso de la cuentística dominicana. Son notables sus aportes a la narrativa corta, sobre todo si tomamos en cuenta el período histórico en que produce la mayor parte de su obra. Como señala Alejo Carpentier: “La época 1930-1950, se caracteriza, entre nosotros, por un cierto estancamiento de las técnicas narrativas. La narrativa se hace generalmente nativista. Pero en ella aparece el factor nuevo de la denuncia”.
Es Juan Bosch quien encabeza, en los planos creativos y conceptuales, el curso del cuento dominicano previo a la caída de la dictadura trujillista. Durante ese período también sobresalen otros cuentistas, pero no alcanzan la dimensión internacional de Bosch. Ellos son: Ramón Marrero Aristy, José Rijo, Néstor Caro, Hilma Contreras, Tomás Hernández Franco, Ramón Lacay Polanco, José María Sanz Lajara; Ángel Rafael Lamarche.
Aun durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX, la novelística hispanoamericana sigue el mismo patrón del siglo anterior: centraba su atención en el ambiente rural y en la lucha del hombre contra los elementos de la naturaleza.
Después que cae el régimen de Trujillo, emergen otros narradores, con una visión diferente de la literatura: Virgilio Díaz Grullón, René del Risco Bermúdez, Enriquillo Sánchez, Marcio Veloz Maggiolo, Aída Cartagena Portalatín. Todas, figuras de primer orden. El desencanto existencialista de René del Risco; la prosa nítida de Enriquillo Sánchez, la apertura a todas las posibilidades expresivas de Marcio Veloz Maggiolo; la experimentación con nuevas formas de Aída Cartagena Portalatín; y la inclusión de las corrientes sicológicas y existenciales en Díaz Grullón, ofrecen una idea de la riqueza creativa de la época.
Mención aparte merece Virgilio Díaz Grullón. Desde la publicación, en 1958, de Un día cualquiera (Santo Domingo, Editora Taller) definió un camino, hasta cierto punto inédito en nuestra narrativa, que iría perfeccionando en el transcurso de cuatro décadas: el sendero del cuento y la novela sicológicos, mezclados con elementos existencialistas y fantásticos. Admirador confeso del psicoanálisis freudiano, encaminó sus narraciones hacia la complejidad sicológica de los personajes. Se convirtió en una de las personalidades literarias más influyentes en las siguientes generaciones, especialmente en la de los años ochenta.
La Guerra de Abril de 1965, librada contra la mayor potencia económica y militar del mundo, constituye el acontecimiento histórico de trasfondo para los escritores que empezaron a publicar durante esa etapa. La resistencia contra el ejército invasor —con la palabra y con los fusiles— signó la personalidad de gran parte de los artistas. Si ese evento histórico sumamos el escepticismo y la falta de fe en cualquier proyecto desencadenados a raíz de las propuestas teóricas del Existencialismo, podemos hacernos una idea parcial de la ideología preponderante en la literatura dominicana de más de una década. Sólo resta anotar que era una ficción erigida sobre el influjo de las propuestas del boom literario latinoamericano, de aportes inconfundibles en las técnicas, los temas, y las posiciones políticas.
La frontera entre la generación de posguerra y los escritores que empiezan a publicar en los años setenta del siglo pasado no es muy notable. El régimen instaurado por el Dr. Joaquín Balaguer (los llamados Doce Años) constituye el acontecimiento político más importante que sirvió de trasfondo para los nuevos autores. En ese período se destacan, entre otros, Armando Almánzar, José Alcántara Almánzar, Roberto Marcallé Abreu, Diógenes Valdez y Pedro Peix. Precisamente con esa generación de escritores empieza esta antología.
06/04/17: Palavras perdidas em meios silêncios, de Gerson Albuquerque
“Diálogos com Drummond e Pessoa”, lema al inicio del poema “Veredas”, podría constituir una de las capas fundamentales del hojaldre que arma Palavras perdidas em meios silêncios (Rio Branco: Nepan Editora, 2017.141 p.); reciente y espléndido primer libro de Gerson Albuquerque. De Drummond le viene el fuerte sentido de pertenencia a un lugar y a una identidad; aquello de “Alguns anos vivi em Itabira./ Principalmente nasci em Itabira”. De Pessoa, mientras tanto, la invitación a considerar que esto último es — sino una completa invención– al menos sólo un leve diseño, un mapa a cuyas selectas aristas ilumina una frágil, aunque porfiada memoria: “minha filha/ re-desenha meu coração”. Aquella dialéctica constituye, pues, el círculo concéntrico más amplio que enmarca los diferentes motivos de esta compleja propuesta:
-el de la identidad: “Nasci em Manaus/e nem sei o gosto das águas sujas do rio Negro/ Sei que o mar passa longe/ e que essa Paris de puta sem dentes/ é minha fratria”
-el del desamor: “Nem a sombra de tuas palavras/ teus beijos frágeis/ teus prazeres instantâneos/ nem tuas obscenidades/ Percorro meu corpo/ e nada de cicatrizes”
-el del encuentro con la poesía: “Fundo de rede/ No fundo da tarde/ uma manhã/ No próximo da noite/ o mês de julho/ No não dito / o mal dito/ No fundo da rede/ uma tarde”.
Otros motivos complementarios, aunque no menos articulados o yuxtapuestos al principal en el conjunto del poemario, serían el del compromiso político-socio-cultural:
Consciência
O que mais detesto em mim
é essa inconsciência da fome alheia
Retóricas
Meu manifesto é uma dor
oposto ao desamor
Asimismo, por ejemplo, la perspectiva ecológica o post-humana; aunque no como un mero o incluso entusiasta concepto políticamente correcto, sino ante todo como una necesidad particular, de concentrada y sutil fuerza metonímica: “Restam serenos/ a chuva encharcando as paredes de madeira/ os pés de jasmins”. Haikus zen, entre varios otros en este poemario, pero no del Japón, sino de la amazonía. Todo lo anterior, sin dejar de lado, felizmente para todos, la ironía o el humor; cauterio suave de las mismas heridas que levanta la lucidez:
“Digite uma palavra
Traduza minha senha
delete minha ausência
configure minha sombra
armazene meu sexo
Formate minha língua
imprima meus pensamentos
digitalize meus sonhos
grave minha voz
Word-me
Page make-me
Corel draw-me
Access-me”
05/04/17: PUCP: Mediados 70/ 100
Porque allí pillé a Góngora
Leyendo a Góngora
En la voz de Luis Jaime Cisneros
Lo mismo que a Salomón Lerner
Incrédulo y de a pie
Repasando alguno de mis poemarios
Porque no por las huevas estuvo allí
Luis Hernández Camarero
Que estar allí, acompañar,
Es mucho más poderoso
Que el mero hecho de estudiar
Porque en la PUCP, y junto con algunos de mis profesores,
Ensayábamos explicar la verdad hasta confinarla
A un esquema
Algo mucho más humano que el solo hecho de creer
Y porque entre algunas de mis compañeras
De aquel entonces
Descubrí la bondad, la inteligencia
Incluso el amor
Porque desde el segundo piso de Letras
En el Fundo Pando
Mirando hacia la playa y por las tardes
Se ve a Trilce o a Inkarrí
Da exactamente lo mismo
Una sonrisa de tan amplia
Aparentemente horizontal
Dorada y abozaleada
Remando contra lo corriente
28/02/17: Mujer fatal, compañera y madre en la poesía de César Vallejo
En lo fundamental, este trabajo pretende mostrar los matices y alcances de la alteridad femenina vallejiana. Es decir, cómo el tema de la mujer, presente desde un inicio en la poesía de César Vallejo, nos permite hurgar –creemos que muy productivamente– en la poética e ideología de este complejo autor. Alteridad, aquélla, en tanto motivo en esta poesía y, además, auto-auscultación sistemática por parte del yo poético. En síntesis, distintos y sucesivos hitos de lo femenino que, de modo simultáneo, caracterizan o definen cada una de las etapas poéticas de este autor: desde Los heraldos negros, y pasando por Trilce, hasta los poemas póstumos, en particular, “España, aparta de mí este cáliz”.
Palabras claves: Poesía de César Vallejo, poesía y psicoanálisis, estudios de género, dualismo andino.
20/02/17: Lectura de María/ Harold Alvarado Tenorio
A finales de tercero de bachillerato, cuando ya había descubierto a Borges en la Luis Angel, y bebía cervezas con un filipichín del Restrepo, presumido de vestir de sastre, con ternos que imitaban las vitrinas de El Romano de la 24 y su padre pagaba para que luciera como Oscar Golden o un estudiante del Gimnasio Moderno, el maestro de literatura, un viejecillo cuyo nombre no recuerdo, nos hizo leer, completa, de cabo a rabo, Maria, de Isaacs, justo en el momento que los nadaístas la quemaban y denigraban de ella. Fuimos a comprar un ejemplar a las librerías de viejo cerca de la Casa de Nariño, y de regreso, me parece estar viéndolo, mi amigo me indicó a Mario Rivero haciendo cola, a eso de las once, en uno de los bajos del edificio Murillo Toro donde está todavía el Ministerio de Comunicaciones, en la sucursal del Banco Popular, que era entonces Caja Agraria, con una alcancía de metal, que tenía un orificio lateral para ingresar billetes, en la mano. Mario nunca perdió esa costumbre, se creía tan pobre, que apenas debía gastar cinco pesos diarios, como contó su bellboy, el infatigable camarlengo Federico Diaz Granados, que salió debajo de una mesa de cantina a servir a Rivero hasta que ascendió al trono de la poesía de la mano de una agiotista y un desahuciado apodado El ovejo. A Diaz lo enviaba desde las nueve a sacar cinco mil pesos de los años noventa, tanta veces, que incluso decía que había llegado a la mayoría de edad parado en la puerta del banco, mientras Mario descendía a pie, desde su inmensa casa de La Candelaria, repleta de pinturas y dibujos que había expoliado a los artistas que ponía en la revista del grupo Dinero o había entrevistado en Monitor, un programa de radio dominical de Caracol, mientras su chofer negro que hablaba inglés le seguía a distancia en un Mercedes Benz sedan color verde mareo australiano de los años setenta, que no usaba para no gastarlo. Diaz Granados también contó en aquellos años que Rivero no escribía las críticas de arte sino su mujer, una anciana hermana de Antonio Panesso Robledo, más culta que todo el mundo, pero avergonzada de su vejez y postergada por su hermano famoso, porque decía, nadie iba a creer que ella era capaz de decir tanta impostura sobre una recua de pintores de quinta que publicó esa revista. Algo de cierto debió haber en ello, porque Rivero de lo único que hablaba con rigor era de las fluctuaciones del dólar y de chismes de farándula, con una señora caleña, de pelo de ceniza, que fue su amante platónica por años.
La edición que compramos por tres pesos, un dineral entonces, si pensamos que para todo el mes yo recibía trescientos cincuenta pesos, era hecha en Paris en tapa dura con relieve, donde una chica abre su sombrilla sentada sobre una roca cetrina y fondo azul, de la Librería de la Viuda de Charles Bouret, que vendía los libros en español en 16 de Setiembre y Bolivar de Ciudad de México, esquina. La perdí después de atesorarla por años cuando estando enfermo, postrado en la Clínica Shaio, un chiquilicuatro que decía ser librero, pésimo poeta huilense, nieto de una famosa lírica medio comunistoide y libertina, amancebada con un abogado de narcos, que hizo la pubertad sentado en el bufete esperando para abrir la puerta, fue hasta casa de mi madre y sisó de mi biblioteca unos setecientos ejemplares, dedicados y primeras ediciones. Luego encontré algunos de ellos en una librería de lance de la Calle del Doctor Rizal en Barcelona, donde estaban vendiendo Historia de un deicidio dedicada por Mario Vargas, por la módica suma de 125 euros. A mi mamá el bandido le había dado diez pesos por cada libro, con la promesa, solemne, de que volvería por el resto, que eran seis mil.
Lejos de casa, a dos mil seiscientos metros de altitud, con una lluvia inagotable y el frio calando los huesos, mientras leía en Maria repasaba los paisajes de mi niñez y sin que hubiese conocido sentimiento amoroso alguno, la historia me enganchaba hasta las mismas lágrimas. Efrain regresa a la hacienda de sus padres al terminar sus estudios en Bogotá y conoce a Maria, de quien se enamora sin saber que está enferma y ha de morir. Un aleteo de poesia invade el texto. En un admirable y lento discurrir Isaacs presenta el mundo idílico de las relaciones entre los enamorados, hecho de silencios, equívocos, medias voces, secretos, palabras no pronunciadas, adivinaciones, juegos de manos y miradas. Idilio romántico y realismo concurren pero lo que más impactó en mi eran las descripciones de la campiña que yo bien conocía y que en Maria termina por ser un trasunto de los padecimientos de los personajes. La descripción de la naturaleza hecha alma de acuerdo a los sentimientos impresiona por su autenticidad, ofreciendo una sobria novela tropical con su ilimitada botánica, los pueblos blancos colgando de azules montañas, el viento, las ceibas de las llanuras, las vegas con sus torrentes espumosos, los sauces, la soledad de la luna y la llanura, la luciérnaga, los yarumos, los juegos del sol en el recinto de las arboledas, los gualandayes violetas y amarillos, las colinas verdes de loros y palmeras, el naranjo, la populosa vegetación donde los cazadores acosan un venadillo, la ondulación en el aire de garzas plateadas y las águilas negras, el tigre, el canto de los pájaros, el estanque con rosas, la culebra que cuelga de las ramas y el eterno paso de la luz a través de una habitación oscura: la vida.
Nunca he olvidado el momento cuando Efrain va en busca de un médico para Maria. El crecimiento de la enfermedad de la niña coincide con el comportamiento de la naturaleza cuando él deja su habitación para montar el caballo que habrá de llevarle hasta el galeno. El cierzo mueve los sauces, de los naranjos vuelan las aves asustadas, los relámpagos iluminan la honda noche todavía, la lluvia alcanza a humedecer las sienes, el ave negra roza la frente y Efrain la sigue con la mirada hasta que se oculta en el bosque. Y al llegar al Amaime, que encuentra crecido, ese fragmento memorable del cruce del rio sobre el caballo:
19/02/17: Publisía latinoamericana de hoy
“El poeta reconocido/ tiene, en ello mismo,/ ya su merecido” (Pregón popular)
Grosso modo, la diferencia entre poesía y publicidad estriba en que en esta última nosotros hablamos y, en la poesía, permitimos más bien que –según Lacan o César Vallejo– el lenguaje hable por nosotros. Es decir, podemos lograr imágenes muy bellas o efectos sorprendentes e incluso originales, a fuerza de novedad, pero –para un oído aguzado– todo eso será prescindible y aquél quedará como esperando, aguardando, que al fin suceda algo. Que afloren, sobre las secas arenas del desierto, los viejos canales rebosantes de agua.
Sin embargo, cuando repasamos la producción reciente de América Latina, literatura en tanto publicidad –moldes preconcebidos y lenguaje efectista– es lo que por lo general encontramos. Por ensayar una caricatura, esto ocurre tanto en los poemas “privados” de la pequeña o mediana burguesía urbana; como en aquellos “públicos y comprometidos” tipo “Acción Poética”. Uno ve esos paneles y se pregunta quién está detrás manipulando y acaso lucrando con todo eso… y no constituyen, en absoluto, una excepción los poemas “privados” tipo Clarice Lispector o Alejandra Pizarnik elevados a la cuarta potencia; es decir, desfigurados de tan manidos y banalizados hasta la involuntaria frivolidad.
Otro tanto acurre con nuestro neo-barroco, que acaso alcanzará a que sus principales administradores, aún en vida, vean el desplome definitivo del negocio. Y, asimismo, con una especie de coda del mismo que se escribe en monemas, particularmente en la triple frontera (Brasil, Argentina, Paraguay); una cosa son Wilson Bueno o Douglas Diegues, y otros los diletantes o hipnotizados con aquella cajita de música. Y sucede otro tanto con los declamadores –tipo Raúl Zurita– porque ya se sabe que lo suyo fue todo un tinglado, apoyado por su gobierno, para demostrar el poder expansionista de su país incluso en este ámbito de cosas, el de la poesía. Y, a modo de continuar tomándole el pulso a esta espesa y contaminada marea, toda la poesía hecha (no sólo escrita: pintada, bailada, declamada) nada más que por encargo: la del PT, la de la violencia en el Perú, la chavista o –¿por otro lado?– aquella que auspició y auspicia sistemáticamente la fuga de la realidad, tipo la del “pensar” o la del “giro lingüístico” o la “preciosista”; con abundantes ejemplos de esta última, por ejemplo, en Colombia, y en particular en Bogotá.
Para no hablar, por último, de lo que ocurre con nuestros profesores-poetas, escribiendo desde algún país metropolitano –donde fueron a estudiar y a costa de todo, incluso de entregar el alma, se quedaron– que no la ven. Que, por ejemplo, una cosa es el neo-barroco y otra, muy distinta, escribir reprimido o en complicado.










