Archivo por meses: Agosto 2017

ASESORÍA INTEGRAL DE TESIS SOBRE POESÍA LATINOAMERICANA (en particular, César Vallejo)

Elección del tema y título de la tesis. Aplicación de la más pertinente, para el caso, teoría, metodología y bibliografía. Presentación en Power Point de la tesis. Ortografía, gramática, revisión metodológica y técnica de la tesis en cualquier nivel de progreso.

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César Vallejo/ José María Arguedas

La inseguridad económica, ya sabes tú que es y que   ha sido siempre mi fuerte.  En cuanto a lo político, he ido a ello por el propio peso de las cosas y no ha estado en mis manos evitarlo.  Tú me comprendes, Juan.  Se vive y la vida se le entra a uno con formas que, casi siempre, nos toman por sorpresa.  Sin embargo, pienso que la política no ha matado totalmente el que era yo antes.  He cambiado, seguramente, pero soy quizá el mismo.  Comparto mi vida entre la inquietud política y personal y mía para adentro. (Carta a Juan Larrea, 29/1/1932)

Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría socialista no sólo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aún más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico. (“No soy un aculturado”, 1968; El zorro de arriba y el zorro de abajo, 1971)

“Vallejo era el principio y el fin” (El zorro de arriba y el zorro de abajo, 1971)

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Poema de Aldami Jiménez

Y no pude más

Creé un nuevo documento. En blanco.

A mi lado una familia con tres generaciones. A mi otro costado, todos mis recuerdos.

Y se me fue la idea. El pasmo del blanco. El pasmo del tener que decir algo.

A veces me doy cuenta de lo acumulado, por debajo del hombro.

A veces vislumbro  el sentido.

Pero sigue el blanco.

Y no sé cómo pasar mis aprendizajes

del viento y de la noche.

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LA LITERATURA POS-INSULAR DOMINICANA (1998-2011) (Intervención)

CIUDADES REVISADAS: LA LITERATURA POS-INSULAR DOMINICANA (1998-2011)/ MIGUEL D. MENA.  Revista Iberoamericana, Vol. LXXIX, Núm. 243, Abril-Junio 2013, 349-369.

La literatura que surge en 1998 [Juan Dicent (1969), Homero Pumarol (1971), Rita Indiana Hernández (1977), Rey Andújar (1977) y Frank Báez (1978), entre otros] ya no será trans, sino pos-insular: la relación pasado-presente se salva a favor de una contemporaneidad donde las relaciones son más horizontales y menos trazadas por las voluntades de ejercer una fuerza; las imágenes tradicionales de la Isla –el mar como límite, lo interno e interior del país a partir de sus contrastes con la capital‒ son sustituidos por una concepción de fluidez en el espacio urbano; se rompe la vieja centralidad y las periferias de las ciudades se transforman nuevos centros. En lo trans-insular todavía se opera con la noción de opuestos: lo que está antes y después del departamento de Migración en el Aeropuerto Internacional de Las Américas.  En lo pos-insular, todo es complementario, sea alguna zona de Haina o Washington Heights. La tendencia es a recrear más un espacio virtual que físico, donde lo importante es la intensidad de las relaciones humanas. Ahora es fluida la relación con las grandes metrópolis, como si el mar en vez de un límite fuese un espacio comunicante (354)

la Isla será más una metáfora relacionada con un consumo y un espacio utópico que una realidad física, mientras que el castellano ya no será la lengua exclusiva de los dominicanos. Con más de millón y medio de dominicanos viviendo fuera de la Isla en el primer decenio del siglo XXI, convertida Santo Domingo en la mayor ciudad del Caribe, y aumentando los contactos migratorios y económicos con Europa, integrados dentro de los procesos de globalización gracias al impacto de las comunicaciones, el aumento del sector terciario, la Isla se ha removido de sus márgenes de 500 años (355)

Estamos frente a un conjunto de autores con preocupaciones similares y con oficios comunes: rechazo de los postulados de la poética dominante entre los años setenta y los ochenta –que iban desde el clásico concepto de la “literatura comprometida” hasta la “poética del pensar”–; asunción del impacto migratorio y los procesos de globalización, potenciando un concepto de ser ya no subsumido en un noción de “deber social” [cultura light dominicana (357); la cual, sin embargo, en otro lugar, hemos motejado de “neo-testimonial”].  Son autores multidisciplinarios, que se ejercitan tanto en la poesía, el video y el performance (355-356)

[Aquello de poesía “neo-testimonial” refrendado, sotto voce, por el propio Miguel D. Mena] Estos textos tienen como elemento sobresaliente su carácter testimonial. Seguramente sea éste el rasgo más acusado de los escritores pos-insulares: el escribir como acto de rehacerse, la transcripción de la memoria como otra manera de recuperar la felicidad o volcar el dolor, como constancia del proceso en que el ser se constituye, llamando la atención sobre las temperaturas emocionales por las que ha atravesado el sujeto. Para hablarse a sí mismo el autor dará cuenta de su medio. Los pos-insulares establecen un nuevo sentido de urbanidad, vivido y constituido a escala humana, aunque con la conciencia de haber heredado un espacio restringido que bien podría resumirse en el concepto de la Ciudad Trujillo que fue Santo Domingo entre 1937 y 1961. Si antes de 1998 la ciudad era Santo Domingo, y estaba centrada y dispuesta sólo en función de la ficción histórica, a partir de ahora se constituirá en su simple vida cotidiana, sin los grandes relatos que como la Guerra de 1965, Trujillo o Balaguer la timbraban (358)

La ciudad pos-insular vive del desencanto que implica la falta de proyectos, la concepción de que la felicidad siempre será individual y pasajera, y la conciencia de que el sujeto ya no se agotará encuadrándolo dentro los viejos discursos nacionales, simplemente porque ya no habrá adscripción a una tierra, a un destino. La escritura posinsular ha descubierto las venturas y desventuras del ser en tiempos donde los referentes identitarios se han globalizado. O ha luchado a partir de los principios de orfandad en Rita Indiana Hernández o Juan Dicent; o ha desmontado las consignas populistas y autoritarias del nacionalismo, como en Homero Pumarol y Frank Báez; o ha situado la doble moral y la violencia de la dominicanidad barrial, como en Rey Andújar […] Desde 1998 la República Dominicana se está escribiendo pos-insularmente. Los sueños ya no están entrampados en las palmas y los mares que nos rodean. El yo al fin se ha levantado, y anda [aunque, previo a este sugestivo telón pos-vallejiano, y en función de hacer más complejo o dialéctico el panorama, se debería incluir ir la literatura o la poesía o el performance de aquéllos/aquéllas no benefiacidos por la globalización –o los jóvenes autores que se quedaron en la media isla y proceden, por ejemplo, de la zona oriental de Santo Domingo] (366)

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Ayahuasca sin ayahuasca Vallejo

Comprobamos en la UFAC (Rio Branco, Acre, Brasil), junio 5-9, y de modo fehaciente, que César Vallejo no es sólo un gran poeta; sino también –por cierto, no únicamente entre los Andes y la Amazonía–  un extraordinario mediador conceptual.  Sobre todo cuando propusimos poner en paralelo, en el aula, nuestras lecturas autobiográficas o auto-ficcionales de “Borges y yo” (El hacedor, 1960) y “Huaco” (Los heraldos negros, 1918).  A través de este ensayo fue patente ver cómo tenemos en la poesía del peruano una alternativa al “giro lingüístico” que representa la obra de Jorge Luis Borges.  Por lo tanto, percibir el modo cómo del humanismo (autobiografía en tanto “autenticidad”, susceptible de evaluarse por la historia, psicología, sociología, etc.), pasamos al concepto de autobiografía como “escritura” (personificación o prosopopeya). Y de aquí al posthumanismo o mejor cabría denominar multinaturalismo o “giro ontológico” –que no tiene ya más al hombre como centro, sino que junta cultura y naturaleza– el cual ilustra, repetimos, sobremanera la obra de César Vallejo.  Tercera vía –respecto al humanismo y al “antihumanismo” del “giro lingüístico”  – la advertida ya por los estudiosos brasileños Tânia Stolze Lima y, de modo acaso más sostenido, Eduardo Viveiros de Castro desde 1996.  En este sentido, no dudamos que desde ahora mismo e incluso más en los próximos años –aunque para bien, porque se va en busca del  sentido— se configure todo un fenómeno epistémico global; algo semejante a un “Ayahuasca sin ayahusca Vallejo”.  Que esto último no constituya depredación y poesía.  Que queden algunos réditos por aquí y que aquello no se patente –en exclusiva– en el primer mundo, depende únicamente de nosotros.  Poesía, la del peruano, toda ella poderosa y limpia; libre de toxinas, adulteraciones  o agotadores viajes.

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LOMISMO/ISLISMO: POÉTICAS GEMELAS DE CÉSAR VALLEJO

Resumen

Islismo (Trilce I)/Lomismo (Trilce II) en tanto poéticas consecutivas y complementarias, no sólo del poemario de 1922, sino también de la poesía póstuma de César Vallejo.  Aunque aquí nos concentraremos en Trilce II o, más bien, este último poema será la puerta de entrada para extendernos a las islas o pensamiento “Archipielar” y, no menos, a la “Poética de la Relación” y al “Derecho de la Opacidad”.  Conceptos, estos últimos, todos de Édouard Glissant; pero que consideramos podrían ser también vallejianos. Es decir, elaboramos aquí un tamiz común de empatía o entrecruzamiento entre el “meta-archipiélago” que levanta el poeta y filósofo martiniqueño, Glissant, y la poesía “meta-andina” que, finalmente, postula el autor de Trilce.  Andes y Caribe van, pues, aquí entrelazados, aunque esto último no constituya culturalmente, en sí mismo, una novedad; basta escuchar la tan difundida “chicha”, mezcla de ritmos andinos y caribeños (Canclini).  Finalmente, y tal como lo ensayó este último autor en Culturas híbridas, nuestro ensayo también va en “busca de un método” (Franco) para lo que podríamos denominar el estudio de las culturas complejas u opacas.

Palabras clave: Pensamiento andino y del Caribe, poesía de César Vallejo, Culturas opacas.

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Anahí Mallol: “Algunas visiones del vacío y la nada en la poesía argentina contemporánea”

Decíamos ayer:

Lo primero que constatábamos, luego de reparar en las nacionalidades de los poetas seleccionados, era que realmente estábamos asistiendo en Latinoamérica a una especie de homogeneidad de la sensibilidad, para no hablar de comunes registros u homenajes; todo esto, eso sí, ejecutado con mucha inteligencia. Entonces, por ejemplo, observábamos que la lección de Borges – aunque aquí algo más elocuente – estaba completamente aprendida: sobriedad, contención, autoironía, acendrada experiencia vital; mas, lamentablemente, sin la luna de su soledad que lo perdona; sin ese Borges que no tiene nada que ver con el escepticismo, la parodia o la documentación; sin el Carroll que anima su fantasia y que justifica temerariamente su propia persona poética. La gran mayoría desilucionados y escépticos (probablemente con razón), a aquellos jóvenes les faltaba el dorado brillo de la locura, de la confianza, del aparentemente absurdísimo espíritu de gratitud o celebración – en el fondo – típicos del poeta de Los conjurados.

POESÍA LATINOAMERICANA DEL SIGLO XXI

Mallol dice:

Al leer la poesía argentina reciente uno queda, en cierto sentido, devastado, porque los textos de la poesía argentina contemporánea son inteligentes y a la vez indigentes (dan cuenta de una mirada que comprende y entiende y no organiza porque no hay nada que organizar, sino sólo dar cuenta de un derrumbe que no es un apocalipsis propiamente dicho; hablan de un final que ha estado aquí desde el inicio mismo, sólo que ahora se acelera por la inacción del que no le encuentra sentido a nada).

Bordea también y supera toda posible pretensión de poesía política, y hasta de poesía y de política a secas, porque se inscribe como actualidad y lectura lúcida en la historia: que es siempre la historia de una enemistad, si se quiere acá la enemistad del ser humano con el mundo, con su entorno, pero también consigo mismo, y su reverso que se quiere humano a pesar de todo, una vuelta como de quien perdona.

El fragmento, en este contexto, vale precisamente como fragmento: no hay totalidad ni sentido completo al cual remitirlo, y por lo tanto, no se restituye a ninguna unidad.

Julia Kristeva, en la conferencia que ofreció en la Universidad Nacional de San Martín en el año 2011, titulada “La adolescencia: una enfermedad de idealidad. (La crisis de los adolescentes en las sociedades modernas en crisis de valores e ideales)”. En esa intervención, si bien defendió la crítica de la metafísica occidental llevada a cabo por la filosofía en los últimos doscientos años, reconoció, ante el estado actual de la sociedad y los nuevos síntomas de los sujetos en la sociedad contemporánea, que la deconstrucción de los valores totalitarios como las ideas
de Logos, Padre y Uno, necesaria y liberadora, ha dejado no obstante un vacío que propicia nuevas posiciones subjetivas de sufrimiento y una tendencia marcada hacia estructuras de tipo psicótico. Julia Kristeva planteó que esta situación, a la que atribuye en parte la responsabilidad por la aparición de una violencia desorganizada y de una masa creciente de individuos cada vez más aislados que no logran construir un lazo social, (situación que desde el psicoanálisis lacaniano se define como “ la sociedad después de la muerte del Padre”, o la sociedad sin Ley) debió haber sido pensada, y que la idea de vacío debió haber sido, o bien compensada con otro concepto, o bien ahondada al modo en que la filosofía budista conceptualiza el vacío como espacio permanentemente vaciado.


La poesía contemporánea, sin concesión a falsas ilusiones, se construye justamente en ese vacío.

http://revistalaboratorio.udp.cl/wp-content/uploads/2017/08/Anah%C3%AD-Mallol.pdf

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El secuestro de Juvenal Agüero    

Tengo una cantidad innumerable de enemigos literarios; de izquierda y de derecha; del submundo  y del cielo.  Los cuales no cambiarán de opinión  sobre mi obra porque de hacerlo, a estas alturas, significaría admitir que estuvieron despistados en el juicio o, peor aún, actuaron con hartísima mala fe.  Es más, ya que para el que escribe poesía por lo menos la mitad del asunto estriba en ser un crítico con olfato; aquello sería admitir que fueron poetas mediocres y, por lo tanto, en este aspecto  también existieron  en vano.

Es un milagro que haya persistido en la poesía sin grupete de amigos; sin ser líder de nadie; y sin que me hayan fagocitado como requisito previo  para algún  halago.  Es más, me entero, que los poetas de la corte imponen ciertas condiciones para asistir a los festivales  si también yo voy a asistir.  Sucede, exactamente lo mismo, si acaso alguien planea  incluirme en alguna antología.

Mi invisibilidad, asimismo, constituye prueba irrefutable de que la poesía (la crítica) de los últimos cuarenta-cincuenta años en el Perú propiamente ha desaparecido; aunque no por esto sea menos activa, influyente  o decisoria.  Invisibilidad al cuadrado, para ser más precisos, porque los extranjeros que leen la literatura de este país andino se apoyan a su vez en lo que les informan o seleccionan los ineptos o, más bien,  monitoreados lectores locales.   Bola de nieve, entonces, intrascendente y, desde ya, extinta.  Cómo se podría justificar pues, aquí, toda aquella legión de los que aludo.  Que todo lo hicieron por alimentar lo mejor posible a sus vástagos, vale; que sus progenitores fueron militares y que a ellos, tampoco, nadie va a pisarles el poncho, salve; que cierta iglesia católica y cierta oligarquía  les aseguraron su puesto en un periódico o en alguna universidad, allá ellos; que mientras más ignoraban incluso mucho mejor les iba, es lo usual; que en el intento de manipular a todos lograron finalmente manipularse a sí mismos, también es lo usual; que ignoraban mayormente, que no sabían, pase.  Pero que de ninguna manera pudieron con Juvenal Agüero, justo de esto trata esta novela.

De aquello y de lo que diría acaso un joven crítico profesional –o una joven crítica que entenderá todo primero en inglés– allá por los años 2050, si no, antes.  Un crítico de estos precoses y sabiondos, a veces de sonoro apellido, e incluso algo simpáticos, a los que martirizó su papá.  Y que por esta razón se afirman, a como dé lugar, en aquello que ignoran.  Y se empecinan, a la par de la institución que los ampara o los financia, en hacer escuchar su preciosa voz,  absolutamente inofensiva, de puro malestar estomacal. Que cómo no reparamos en Juvenal Agüero  mucho más temprano; de lo ciegos que andaban los grupos de poder y sus instituciones, etc., etc., etc.  Mejor nos anticipamos a todos ellos y desde ya rechazamos sus discursos, en conjunto y el de cada uno por separado, que nosotros lo decimos desde ya y mejor.  Antes que el largo brazo del remolino nos alcance o que la piedra sea muy gorda y alta sobre el río.  Ahora que estamos todos reunidos todavía aquí.  Habrase visto.

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Poesía latinoamericana desde los años 70: voces interiores y espacios sociales

© Imagen de la cubierta: Vladimir Herrera
Cielito de Limatambo (xilografía)

“Mitologías hoy. Revista de pensamiento, crítica y estudios literarios
latinoamericanos” tiene el agrado de informarles que se ha publicado su
nuevo número. Se trata del vol. 15 (junio de 2017), el cual cuenta con el
dossier “Poesía latinoamericana desde los años 70: voces interiores y
espacios sociales”, editado por Helena Usandizaga (ed.), y co-coordinado por
Elena Ritondale y Constanza Ternicier. Éste está acompañado de las
secciones de reseñas y miscelánea.

TABLA DE CONTENIDOS

Presentación. Poesía latinoamericana desde los 70: voces interiores y espacios sociales (9-11)
Helena Usandizaga Lleonart

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