Archivo por meses: Mayo 2009

Poesía dominicana en tiempo real: “El que fuera secreto mejor guardado del Caribe”

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laverdadinformativa.blogspot.com

“Tan sugestiva y, creemos, no menos afortunada frase de Alexis Gómez-Rosa, La poesía dominicana: “el secreto mejor guardado del caribe”, nos da pie y sirve de marco para reflexionar sobre los trabajos de algunos de los poetas dominicanos más interesantes de las últimas promociones. Y aquello de “en tiempo real”, ilustra –por un lado– la actualidad del corpus de nuestro trabajo (poetas que escriben su obra desde los años 80 al presente) y, por otro lado, la difusión ascendente y no menos merecida que va teniendo en la web [y también ahora mismo fuera de ésta, ejem. BLANCO MÓVIL NÚM. 110, ‘POETAS DOMINICANOS’ ] dicha poesía (por ello lo de “que fuera secreto mejor guardado del Caribe”). Esto, para no remarcar que una fuente de consulta fundamental –y ya ineludible para cualquier estudioso– ha sido precisamente la Internet.” (p. 3)

Índice

INTRODUCCIÓN

Capítulo I: Gestación, matices y límites de la “poesía del pensar”. Representantes:
Armando Almánzar Botello (1956), José Mármol (1960), Marta Rivera (1960), Manuel García-Cartagena (1961), Aurora Arias (1962), Rannel Báez (1963), León Félix Batista (1964), Ylonka Nacidit-Perdomo (1965), Nan Chevalier (1965), Basilio Belliard (1966)

Capítulo II: “Muchachos del barrio de Gazcue para el mundo”: La poesía neo-testimonial. Representantes:
Juan Dicent (1969), Néstor E. Rodríguez (1971), Homero Pumarol (1971), Rita Indiana Hernández (1976), Rosa Silverio (1978), Frank Báez (1978) , Patricia Minalla (1983)

Capítulo III: “Erranticistas”: El retorno de la plaza pública. Representantes:
Glaem (“Pippen”) Parls, Isis Aquino, Carlos Ortiz

CONCLUSIÓN

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El oro y la paz, de Juan Bosch: En busca de un líder latinoamericano

Ponencia leída el día de ayer, viernes 29 de mayo, en el marco de la Celebración del Centenario de Juan Bosch en Lima; que organizara la Embajada de la República Dominicana en el Perú junto a un Comité Peruano conformado para tan singular evento.

www.juanbosch.org

“es en medio de este contexto simbólico –inhóspito e indomable, pero tal vez no menos humano o humanizable (la selva, nuestro sub continente americano)– que Juan Bosch mueve sus fichas en busca de representar o imaginarse, y no menos proponer al lector, un héroe civilizador a la medida de las circunstancias. Acaso un “príncipe” latinoamericano, en referencia a la obra de Nicolás Maquiavelo (Florencia, 1513), adecuado a nuestros tiempos; pero cuyo trazado del perfil no quiere ser obra didáctica de un solo individuo o autor (Maquiavelo), sino –al escribirse El oro y la paz en clave de novela y no de tratado — elaboración acaso mancomunada, libre de autoritarismo o imposición; en suma, solicitando para ello tan solo una buena voluntad y un buen entendedor” (p. 2-3)

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Una foto/ Milia Gayoso Manzur

www.cervantesvirtual.com

Vestido rojo y botas de lluvia. Cuatro años y mi peso sobre sus rodillas. La foto en blanco y negro debió ser descrita una y otra vez, para que fueran satisfechas mis curiosidades sobre el color de mi indumentaria. Piqué rojo. ¿Qué es piqué, mamá?

Seguramente llovió aquel día, por eso también él tenía botas de goma, pero altas y negras que le permitían entrar en el río para acomodar sus canoas. Olvidé preguntar por el color de las mías. ¿Serían las grises? ¿Las celestes? ¿La amarilla y roja? Posiblemente me hayan puesto la amarilla con patos rojos y un par de nubecitas sin color.

Los dos sonreíamos. Mi cara redonda como una toronja, y sus ojos verdes que eran puro hechizo. (¿Habrás dejado un rato tu trabajo para venir a mimarme abuelo?) Quizás llovía mucho y no había pasajeros.

Me parece oler los buñuelos fritos bajo el galpón del fondo. Puedo verla a ella sentada en su silleta más grande que la mía con infinita paciencia dando vuelta una y otra vez a sus redondas bolitas de harina, huevo casero, azúcar y limón rallado, que luego bañará en azúcar morena y llevará a la mesa con su cafetera enlozada de color verde, exhalando el exquisito olor a cocido quemado.

Miro la foto y creo escuchar el golpeteo de las olas, en la costa del río y el salto de los peces festejando la caída de más agua. ¿Quién nos sacó la foto? Quizás algún fotógrafo viajero con su máquina vieja con manivela y caja oscura y misteriosa. ¿Quién me puso la ropa? Veo a mamá adolescente arreglándome el pelo y limpiando el barro de mis botas, para que no se viera en la foto.

E imagino a abuela corriendo desde el fondo a la sala, para ver a su «princesa» posando sobre el trono. Mirándonos con esa ternura tan honda que transmitían sus ojos, mirándonos feliz, mientras sus buñuelitos se quemaban en la paila.

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Poeta limeño y ¿poeta peruano?/ Juan Carlos Ramiro Quiroga

http://http://www.flickr.com/photos/jcrquiroga/3536882764//
Pedro Granados y Humberto Quino M.
Biblioteca del poeta Quino, La Paz, 15/ 5/ 09
Foto de Juan Carlos Ramiro Quiroga

HÓRRIDO CLAUSTRO ES MI ASADURA

A María del Carmen Luna T

Amo a esas mujeres que la noche fecunda
Que la oscuridad devora
Y el alcohol sus vientres mordisquea.
Amo esa madrugada
En que la ronca queja
Creció entre mi pelo blanco
Por la muerta y su miseria de baraja.
Amo ese cuerpo de sol naciente
Su laica desnudez como una espina
Su balar de bestia enfurecida
Saber que ella será cuando yo ya no sea más.
Amo esa arteria de la desdicha
Sentada en mi mirada con su tajeada belleza
Caracol y hollín del desencanto
Guijarro que acribilla la ceremonia de la vida.
Amo la poesía herida de muerte
Su desquiciado rostro que aniquila el desamparo
Su maligno tacto de animal en celo
Su incandescencia que me devuelve a la vida.
Pero amar es caer bajo su designio
Que engendra / Hiere y mata

De COITUS ERGO SUM

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“Soledad impura” entre pulp fiction y la gripe A/ Juan Carlos Ramiro Quiroga

flickr.com
J.C.R.Q.

1. Vivimos tiempos violentos y rápidos en un mundo regido por la velocidad y por las conexiones infinitas, donde acaso no existiría ni la autoridad ni los valores de la ética. Un tiempo de múltiples espasmos y convulsiones, sin centro ni poesía y acaso sin poetas. Enfermo, cada vez más enfermo de sí mismo.

2. En otras palabras, vivimos el tiempo de la “Soledad impura (poemas 2003-2009)”. “Con las heces/ de la poesía”, diría Pedro Granados (54), quien ha trepado a La Paz para darnos un regalo de dos palabras, que son cuatro, que son toda una vida vivida en la intemperie de Lima, la horrible, o en cualquier otro punto del Planeta.

3. “Con eso es que escribo”, remataría el poeta limeño, acaso para que estemos más seguros de lo que avizoramos en su poemario.

4. ¿Qué hemos hecho para merecer este tipo de éxtasis?

5. Ni la poesía de “Soledad impura” nos salva de ese estremecimiento verbal esgrimido por Granados que parece tantear las alturas de Samaypata, Lima y Santa Cruz de la Sierra en un instante, Perú y la República Dominicana de Haití en un momento.

6. Una y otra vez nos fatigamos en encontrar el punto de reposo a ese vértigo llamado “Soledad impura” en la que yacemos generalmente o la mayoría de las veces conscientes, muy conscientes o con los ojos abiertos, muy abiertos a lo Naranja Mecánica.

7. Imposible la sordera o la ceguera o la insensibilidad ante este espectáculo que nos ofrece “Soledad impura”, que atraviesa nuestra humanidad y nos deja adelantados a nuestro cuerpo, emocionalmente siempre salvaje y torpe al movimiento del espíritu.

8. Allí donde creemos que anida la poesía, las palabras de Granados nos desmiente y nos dice enfático: “no han sido”.

9. “Soledad impura” es la ola de la tormenta perfecta que está por tumbarnos en su aparente quietud, pero que contrariamente nos mantiene maniatados en la zozobra: la de nuestra memoria, la de nuestra experiencia amorosa y la de nuestra vagancia trascendental por el mundo.

10. “Soledad impura”, de Pedro Granados, es eso: un tiempo violento y rápido. Violento porque amordaza las palabras a una sensatez insensible, casi realista (la vida); y rápido porque compendia el tránsito existencial en el mundo a meras caducidades de aquí y acullá (la familia, los amores pasajeros, los viajes).

11. El mayor atributo de “Soledad impura” no es ninguna palabra en especial, salvo aquella palabreja excrementicia, mero pellejo verbal, que está despojada precisamente de lo que hace que la vida no sea sólo pasión y muerte, sino otra cosa más humana, quizás demasiado humana.

12. En esa otra cosa, despojado de metáforas y barroquismos, Pedro Granados bordea el descontento verbal o ese cinismo poético made in Rimbaud ante lo que otros (la legión de poetas chirles o célebres de Lima o del mundo) consideran que es lo sagrado e inmutable de la poesía:

“Hemos llegado a la conclusión
Que no escribimos poesía.
Que no somos poetas.
Es más, que la poesía
Para nada nos interesa.”

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Soledad impura en La Paz

http://www.boliviaentusmanos.com/agendacultural/agenda.php?act=1121
Diseño de carátula: Marita Ibáñez

Allí donde creemos que anida la poesía, las palabras de Granados nos desmienten y nos dice enfático: “no han sido”. Soledad impura es la ola de la tormenta perfecta que está por tumbarnos en su aparente quietud, pero que contrariamente nos mantiene maniatados en la zozobra: la de nuestra memoria, la de nuestra experiencia amorosa y la de nuestra vagancia trascendental por el mundo.
Juan Carlos Ramiro Quiroga, “Soledad impura entre pulp fiction y la gripe A” (fragmento)

La voz poética es consciente de que la vida es una narración, es consciente de esa tensión entre muerte y lenguaje, entre vida y lenguaje. La vida es escritura y lectura, es un libro. […] No deja de latir un tono irónico e irreverente en los poemas de Granados, ya se trate de la muerte, del amor o de la escritura misma. Los poemas se tensionan para luego relajarse en aparentes “trivialidades”, cruzando lenguajes cotidianos con afirmaciones extremas, conformando un lenguaje de contrastes.
Jessica Freudenthal, “Pedro Granados, Apántropo” (fragmento)

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En la muerte de Idea Vilariño/ Ana Inés Larre Borges

www.ucm.es

Sola, sola y triste, lejos de todas las almas, / De todo lo tierno, de todo lo suave. Idea Vilariño, 1937, a sus 17 años.

Sola de toda soledad estará Idea. A pesar de la altivez delicada con que supo buscarla, esa soledad duele ahora porque somos nosotros los huérfanos. Aunque estuviese retirada del mundo y reticente, saber que estaba todavía y era, daba intensidad a la vida. Y cierta fuerza sabernos sus contemporáneos. De pronto se hacía presente en una nota sobre los que se buscan alimento en la basura de los contenedores, porque “como dice Idea, acaso tiene delicadeza, vivir, romperse el alma”, o privadamente la convocaba una secreta pérdida, el fin de algo, o aparecía, en cambio, su imagen proyectada sobre las multitudes en un concierto de rock, como una marca de la renovada adolescencia de sus lectores que, en ella como en Onetti, encuentran en estos tiempos de hastío y desencanto, una fuerza subversiva ajena a programas, porque nace desde la más honda subjetividad. Ese universo sin dioses es el legado de Idea. Esa poesía nocturnal hecha también de silencios, es la piedra pulida, dura y contundente que nos arroja desafiante al rostro. Pero esa dureza no lastima, sino que tienta (¿alienta?) a pedir lo imposible, a vivir sin cálculo, a amar sin reposo. Y a sufrir bellamente. Sí a enamorarse del dolor, esa invitación de juventud y rebeldía que procura lo más puro de cada uno de nosotros. Es por eso quizás que a pesar del pesimismo y la amargura, su poesía libera. No consuela, pero da dignidad y derecho al dolor de vivir. Y reivindica la olvidada pasión.

Contra corrientes hegemónicas en la poesía de su tiempo, Idea fue también en eso una figura solitaria y escribió de los grandes temas de la gran poesía de siempre (no del lenguaje que los dice). Tal vez por eso es difícil advertir la evolución de una obra que parece nacida enteramente ya, de una poeta que no exhibe fácilmente sus aprendizajes. Y aunque haya ordenado sus poemas en las ya famosas categorías de Poemas de amor, para sus cantos de desamor y sensualidad (Un pájaro me canta y yo le canto/ me gorjea al oído y le gorjeo/…y me vence y lo venzo/ y me acaba y lo acabo”; “Te estoy llamando amor, como a la muerte”) , Nocturnos para los más metafísicos, “Noche sin nadie, noche en la espesura..”; “Como una sopa amarga, como una dua cucharada atroz/ empujada hasta el fondo de la boca”…; Pobre Mundo para la poesía social y el éxtasis de la naturaleza (“Con los brazos atados a la espalda/ un hombre/ feo y joven…/ lo hundían en el agua de aquel río…/ahora mismo/ hoy/ lo están pateando”);y No para el brevísimo escepticismo, su decir es siempre incondundible, su obra sostiene una desusada unidad. Eros y thanatos, el amor y la muerte sutilmente enredados, fueron dichos, sin ampulosidad con las palabras sencillas del español rioplatense, con el tono austero y delicado de una música interior. Construyó así una poesía antiretórica y lacónica, -del temblor austerio, la llamó Gelman- hecha también de silencios, de espacios vacíos. Con ella la grandeza se hacía cercana y doméstica. Ahí en sus versos, decía su amigo argentino Gregoric “está el amor, puro, elemental y condenado, no ya en el jardín del Paraíso, ni en el pasado vertiginoso, sino en el duro presente de la ciudad americana, asediado por la tristeza, la ropa sucia, la rutina y el dinero”.

Tal vez su ausencia, la lectura de Idea sin Idea, permita otras interpretaciones de su obra. Tal vez, liberada de su presencia poderosa (y soberana), la crítica de su poesía aprenda a articular una evaluación más rica y compleja y conflictiva. Queda todavía por explorar su tarea de traductora, sus filiaciones inconfesas, sus diálogos con otros poetas. Beatriz Végh ha hecho un estudio revelador sobre Idea traductora festiva de Quéneau. Queda por explorar su biografía, atravesar el corpus espiralado de una correspondencia inmensa y rica. Queda la herencia del diario que inició a sus 18 años, y dispuso que fuera publicado a su muerte. Otra Idea nos espera. Intuyo, sin embargo, que cuando todo pase, estas piedras pulidas de sus poemas, estos golpes como de dios, volverán a imperar, sobre su tránsito, sobre la leyenda que también construyó, sobre lo que hayamos podido desplegar de su tránsito. Y quedarán las palabras simples e irrevocables para que aprendamos a amar y a sufrir bellamente. A aceptar el deseo de “loco amor, que todos o que algunos, siempre, tras la serena máscara pedimos de rodillas”

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Lluvia de estrellitas a la orilla del mar/ Rosario Bartolini Martínez

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Canta Niwen Bea, el racimo de sus hojas habla también al ritmo de su mano y todos los objetos de su mesa resuenan, como un eco del monte…y acompañada de hojas y piedras navego bajo la cúpula estrellada que llevo dentro.

Nací en una bella zona de selva alta del norte del Perú. Crecí cercana al monte, caminé sobre pisos de hojas en descomposición, bajo la sombra de enormes guabos y del hermoso cafetal. Me capturaron para siempre las piedras del Chinchipe, su hermosa canción; los misterios de los palos y raíces que se ofrecían a mi mano; las flores y el musgo escondidos del sol; la desbordante energía de esa mezcla de árboles, lluvia y luz protectora. En casa de mi abuela, conocí al fuego guerrero y sinuoso, contador de historias en la oscuridad. Con ellos anduve por la ciudad cuando migré. Con ellos, pero entre paréntesis; con ellos en el brillo de mis ojos y en mi tacto, como un bello recuerdo, como un burbujeo que acompañaba mi risa, sin saberlo.

Regresé a otro monte profesionalmente y aunque caminé y gocé de sombras vírgenes mi razón aquietaba mi deslumbramiento. Me apegué a mis amigos Nomatsiguenga y aprendí a reír y su canto de árboles, presencias, animales y monte se grabaron en mi delicadeza. Brillaron mis ojos, se enternecieron mis manos, guardé silencio y acompañé a chicharras y grillos. Sentí enormes y profundas compañías. Mi razón las almacenaba en fólderes de sincretismo, de salud nativa, de estrategias de sobrevivencia, de transnacionales y cambio irreversible en la selva.

Los quietos y sobrios, pero hermosos, árboles del parque circular donde vivo, en esta ciudad de Lima, adorados por el grass, me devolvieron al tacto el misterio de su compañía. Fueron abrazados y tocados, y me donaron tranquilidad, fortaleza y acompañaron decisiones importantes en mi vida. Mis hermanos del parque. Uno enorme, el más grande, se convirtió en cascada y en misterioso camino hacia el cielo; lo visité como enamorada.

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La poesía acéntrica de Carlos Oquendo de Amat* / Gema Areta Marigó

www.babab.com

“Oquendo resuelve el misterio poético que Eguren había planteado transformando el humorismo trágico de su innegable grotesco en un paisaje desdoblado por una modernidad optimista y desinhibida. De la canción de las figuras y el gótico modernista del poeta de Barranco a la composición de espacios subconscientes / exteriorizadamente inconcretos, la poesía de Oquendo con la misma austeridad verbal conseguirá el restablecimiento de la concordia perdida, posición estética abierta a una determinada vocación política y activismo revolucionario que lo llevó en 1935 a ser nombrado secretario general del Partido Comunista en Arequipa. Junto a la ascendencia materialista de los objetos o lo real absoluto aparece el poema acéntrico: ese readymade captado por el poeta, porque “somos buenos / y nos pintaremos el alma de inteligentes” para transformar las imágenes económicas (“nos llenamos la cartera de estrellas / y hasta hay alguno que firma un cheque de cielo”) y limpiar todos los paisajes en una comprensión más precisa de las fuentes y los límites del pensamiento: “se ha desdoblado el paisaje / todos somos enanos / Las ciudades se habrán construido / sobre la punta de los paraguas / (Y la vida nos parece mejor / porque está más alta)”

* Este ensayo, con algunas correcciones imperceptibles [por parte de la autora], ha sido publicado con anterioridad en Poesía Hispanoamericana. Imagem, imagem, imagem, Edición de Mariluci Guberman, Río de Janeiro, Universidad Federal de Río de Janeiro, 2006, pp. 69-80.

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Antologías [Máscaras de Orfeo ] / Frank Báez

elarlequindehielo.obolog.com

Recibo un email donde leo que me han incluido en una antología dominico – brasileña llamada Máscaras de Orfeo. Mi segunda aparición en antologías en menos de dos meses. Si continuo con ese ritmo, de seguro para el 2020 le ponen mi nombre a una calle de la Feria del Libro. Pero bueno, entro a Facebook y le pregunto a Homero [Pumarol], quien también sale en la antología, si va a la presentación en el teatro nacional. El escribe que nos vemos a las seis, pero como llego a esa hora y no lo veo por parte, camino por los alrededores de la Feria. Me pongo a ver libros. Compro dos libros de Fernando Vallejo que me faltan. Le digo que no a las vendedoras que salen de los stands y tratan de convencerme de que compre libros de cocina o enciclopedias.

– Compre ete.

– ¿Cómo evitar la eyaculación precoz?

– Sí.

– No, gracias.

– Tengo: Todas las Posibilidades. El libro de Banintel.

– No.

De ahí cojo hacia el stand del Fondo de Cultura Económica. Me paro y estoy a punto de ver los libros cuando oigo toser a uno de los mexicanos que antienden. Mejor prevenir que lamentar, digo pensando en la gripe porcina. Doy la media vuelta y sigo de largo al teatro. En la entrada me topo con Yuli, Emelio y Miguel. Subimos y frente a la puerta de la sala hay una mesa con varios libros de la antología desplegados. La están vendiendo a cien pesos. Entramos a la sala. En una larga mesa, un tipo con boina y Basilio ensacado están sentados de cara al público. La actividad está a punto de iniciar. Como siempre, hay más poetas que público general. Veo a uno que otro poeta que sale del salón al verme sentado en la sexta fila. Basilio lee la introducción que hizo para el libro. A Homero, quien llega de pronto, lo pone en la generación de los noventa. A mí, en la de los neotestimoniales, que se supone es la del nuevo milenio y que por cierto suena a nombre de iglesia evangélica.

Tan pronto termina Basilio [Belliard], le pasan el micrófono al brasileño. Este habla en un español impecable y emprende a decir que su discurso va a ser pesimista. Dice que la sociedad brasileña es una sociedad cerrada, que no circulan obras extranjeras, que su literatura casi no se conoce y que allá no se traduce. Espero a que contradiga esto, sin embargo, increíblemente él parece secundar esta postura. Se mofa de la referencia que hizo Basilio sobre los concretistas brasileños. Cuenta de dos poetas brasileños que aparecen en la antología y que vinieron al país, pero que no se encuentran en la sala, de seguro porque andan por Boca Chica o con par de jevitas o jevitos sentados en las rodillas. Que cool son los poetas. Tan importantes y ocupados son que no participan en las actividades a las que se les ha invitado. Que cool se portan, sobre todo cuando vienen a un país tercermundista donde se les paga la estadía y los boletos de avión, dinero que se pudiera usar para comprar pupitres o comprar sueros en los hospitales donde los médicos están en huelga, una huelga infinita, por cierto. Aunque si estuvieran en la de Nueva York o en la de Guadalajara, de seguro estuvieran sentaditos y tranquilitos ahí. Pero bueno, el antologador toma la antología y lee unos poemas en portugues que se hacen largos e incomprensibles. ¿Por qué incomprensibles? Porque están en portugués.

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