La poesía dominicana y este pechito

“De tanto quejarnos del aislamiento de la literatura dominicana en el Universo no se sabe quién envió a Pedro Granados, el poeta peruano, a Santo Domingo, por allá por los años 90 del siglo pasado. Granados se encandiló con la poesía y con la gente dominicana y se jodió para siempre, que está preso por la guardiemón” Clodomiro Moquete (Revista Vetas)

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El periodista César Vallejo/ Eugenio Chang-Rodríguez (Fichas)

“prosa posmodernista que escribió los últimos 13 años de su vida” (Chang 11)

“publicadas entre 1918 y 1938 conforman un corpus de cerca de 250, de las cuales 178 fueron escritas entre 1926 y 1929 en un promedio de dos semanalmente […] Los rezagos modernistas son evidentes en una crónica suya de 1925 [“Desde Europa”]” (Chang-Rodríguez 12)

“En 22 crónicas posmodernistas se ocupa de la puesta en escena de obras teatrales o de sus autores… Vallejo fue testigo de la crisis del teatro, agravada entonces por el rápido desarrollo de la cinematografía… Vallejo apreció la inyección tonificante del vanguardismo [Seis personajes en busca de un autor] (Chang-Rodríguez 14)

“Influido por Nietszche, el poeta-cronista llegó a creer que el espíritu de heroicidad y el sacrificio personal eran características esenciales del intelectual revolucionario.  Las crónicas muestran cómo el poeta enfrentó los rigores del stalinismo y cómo la revolución no lo satisfizo plenamente […] Sin embargo, al examinarlas rigurosamente, se percibe la concepción espiritualista de la realidad última que subyace en el mundo fenomenológico de Vallejo, el sustrato explicativo de su visión del universo y la complejidad de su arte y filosofía” (Chang-Rodríguez 15)

“A diferencia de Mariátegui, Vallejo, vanguardista desde 1919, cuando escribió la mayor parte de Trilce (1922), fue adverso al surrealismo […] y observa que semejante anarquía y desagregación no se había visto sino entre los filósofos y poetas del ocaso de la civilización grecolatina […] Vallejo le niega su aspecto constructivo y resalta la falta de originalidad de esta pomposa teoría y abracadabrante método  esbozado y condensado por Apollinaire […] cuyos pesimismo y desesperación –etapas y no metas– ‘se perennizaron en su inercia estéril y desarrollaron en el movimiento una psicopatía de bufete y se atomizaron y a la postre lo divorciaron del marxismo con refinamiento burgués’” (Chang-Rodríguez 16)

“Antes y después de ingresar al partido comunista español (1931), Vallejo tuvo expresiones duras para el movimiento hacia el cual abrigó por muchos años un sentimiento ambivalente y contradictorio […] Al ocuparse de “Los doctores del marxismo” [El arte y la revolución], Vallejo fue claro al expresar su independencia de criterio y libertad artística” (Chang-Rodríguez 17-18)

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La mirada

A la sombra del poeta

Al que no suelo encontrar

Estando sentado

Aunque así ha sucedido hoy día

Hurgando sus poemas

Leyendo sus crónicas

Un dado de ocho lados

Multiplicado por otros ocho

Pero reducido también

Si fuese necesario

A cuatro ojos sobre tres rostros

Y de modo penúltimo

A una mirada

Sumergida

Hasta el párpado inferior

Bemol (es) contra Bulla

Así es Trilce

Puñal o península

A quema ropa

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El Dinosaurio. Antología del minicuento/ Selección y prólogo de Homero Carvalho Oliva

Un chin de amor

Juvenal Agüero aspiraba parsimoniosamente el perfume de su mujer. Lo interrumpía,
encandilándolo más aún, el resplandor que emergía de aquel mar tan moreno.
–¡Qué bonita es la vida, por la crica de la madre!, decía para sus adentros.
Recordaba que no esperó a que Isabel se deshiciera de su bien entallado sastre pantalón.
Lino azul claro que le ceñía el toto como si éste fuera un bien estudiado mohín, la osada
travesura de unos labios ávidos y carnosos. Allí mismo, en el taxi que los conducía al hotel del peruano, palpó concienzudamente ese lino y –en silencio y con todo detalle– le dijo a los ojos muy abiertos de la morena lo que les esperaba a ambos en toda aquella vasta noche.

Pedro Granados

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Tamil peruano

Sin café pasado, sin una pierna y su encuentro,

sin una llovizna por la mañana y una caminata

por el malecón, el océano pacífico emitiendo

los gritos de las gaviotas, sin bailar en las calles

la noche que el país le ganó a Chile de manera

abrumadora, sin choripan, sin chifa, sin la energía

del sol que vislumbra a través de las nubes

sin las nubes que se van con la niebla matutina

sin la flauta andina aterrizando en la capital

en la costa, sin los frutos del mar, el bonito,

los camarones, los ostiones, y ese misterioso

pulpo cocinado en limón y salpicado

 

con rocoto nos da un ceviche mixto,

y ni siquiera he probado el suspiro limeño

en este breve reencuentro con el Perú

que tanto extrañaba en mis andanzas

en el extranjero en un mundo donde nada

me extraña, porque como dice un amigo,

donde me encuentre echo raíces

y me llamo indígena, un indio moderno,

un Tamil que ya no pertenece a aquella isla

salvo en mis sueños y nostalgias a lo lejos

en la costa peruana que vuelve clara la costa

de Wellawatte, de Galle, de Point Pedro.

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Alexis Gómez Rosa, desde “el corazón de la auyama”

Reencuentro de unos viejos poemas a los que “he lavado la cara”, según nuestro autor (República Dominicana, 1950).  Escritos desde el diámetro y hondura del volcán de los  años.  La emoción no gana al fabbro, aunque aquella sobrepuje como una ventolera; ráfaga muy próxima a una esquina o, mejor dicho, al que a la larga ha constituido su ángulo en el ring: Duarte con Paris.  Que es como decir el cruce entre las antillas mayores y menores; la raya que divide lo conocido, de lo otro; el punto brillante, aunque desdibujado, porque allí se concentra todo lo vivido.

Duarte con Paris como en mi casa  

En el concho, en el carro de concho

como sardinas en lata,

comparto un aire fétido sube de la cloaca

al cielo de la boca.

En línea, frecuencia de WhatsApp

en tiempo real:

intercambiando luces se apagan

de un mensaje a su opuesto,

queda una metáfora

polvorienta; cambio cangrejos  por espejitos.

En el otro, los otros,

estoy superponiendo

las imposturas que al desnudarme me anulan,

porque me inculpan.

Al oeste, larga la carretera

crece a cuchillo y es mi corazón la auyama

detestable ya para sancocho.

Así en oriente como en la muerte,

estoy oficiando la misa de tus víctimas,

que se arrastran

como serpientes se arrastraron.

(Una voz recóndita se oye en esta puerta).

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César Vallejo y las vanguardias: hacia una reconstrucción de la ‘estética del trabajo’/ MORENO HERNANDEZ, DANIEL ALBERTO

RESUMEN

César Vallejo (1892-1938) figura en la literatura universal como uno de los escritores más importantes de Hispanoamérica. Entre autores como Rubén Darío, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Nicolás Guillen u Octavio Paz, César Vallejo continúa siendo referente de estudios literarios debido a su innovación estética y extraordinaria producción artística, una producción que desde su lectura plantea dificultades cronológicas, pues buena parte de ella fue publicada con posterioridad a la muerte del escritor. Este es el caso de Hacia el reino de los Sciris, Poemas en prosa, Poemas humanos, Contra el secreto profesional y El arte y la revolución. Mitificado como un poeta religioso o un existencialista cristiano, otras veces como un escritor atormentado y contradictorio –antagónico de las vanguardias artísticas o marxista heterodoxo–, lo cierto es que aproximarse a la obra de César Vallejo implica un desafío que difícilmente concede cómodas valoraciones, puesto que además de abarcar cualesquiera géneros literarios (narrativa, poesía, teatro), la producción artística del escritor se inició en las postrimerías del modernismo hispanoamericano y durante una etapa modernizadora en el Perú. A grandes rasgos, es posible situar la obra de Vallejo en un periodo histórico de entreguerras e ideologías que transformaron decididamente el rol del arte y del artista del siglo XX. Este hecho es de por sí interesante y ha sido abordado desde múltiples perspectivas. A partir de trabajos biográficos cuya aportación ha favorecido al conocimiento de la vida intelectual de Vallejo –como son las contribuciones de Georgette de Vallejo, Thomas Merton, André Coyné, Xavier Abril, Juan Larrea o hasta análisis cuyo eje central gira en torno a la temática del escritor –grupo al cual se suscriben Alberto Escobar, Nöel Salomón, Roberto Paoli, Américo Ferrari, José Miguel Oviedo, Cintio Vitier o Stephen Hart–. De igual forma también es posible encontrar otro tipo de estudios enfocados a la poética vallejiana –desde Los heraldos negros hasta España, aparta de mí este cáliz–, conjunto donde figuran Saúl Yurkievich, Julio Ortega, James Higgings, George Lambie, Walter Mignolo y Pedro Granados.

UAM (Cuajimalca), Tesis, Maestría en CCSS y HH.

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