BOJEAR/ Enriquillo Sánchez

 

“Bojear (‘bojar, costear, navegar, rodear, circunvalar’). Sin embargo, título el de esta poesía reunida, que también puede juntar opuestos y actuar cual un oxímoron, al modo en que lo ensaya César Vallejo, de boca (voz) y página (hojear); y, acaso no menos, de golpes al “hipócrita lector” (‘bokear’) tanto como su simultáneo y reparador “hechizo” (‘ojear’ o ‘mal de ojo’).” P.G.

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El último Vallejo

Efectivamente, el último Vallejo

Es el de María la virgen

La cual es Dios-mujer ahora

Y, al mismo tiempo, de Inkarrí

El animal del tacto

Explosión y, no menos, orden

De todos nuestros paradigmas

Las aves tan juntas

Los cuerpos tan cercanos

Los pensamientos tan  conectados

concertados  entre sí

Tal como uno solo

Tal como ninguno

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AMARUS

Amarus, antología personal (2015 ), en digital, que a su modo anuncia otra nueva antología, esta vez en papel y a punto de ir a la imprenta, Inkarrí (Lima: VASINFIN ediciones, 2024).  Lemas, ambos, los cuales ante todo apuntan a una anagnórisis, la de nuestra identidad amerindia-universal.  Anagnórisis, semejante a la que experimentara César Vallejo, de modo automático, en sus años en Perú; y la que, ya viviendo en París, lo hiciera de modo un tantito más voluntarioso, aunque nunca menos lúcido, y atizara sus poseía póstuma.

AMARUS

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Georgette asesinó a Vallejo

Vía un  almuerzo casero envenenado, a solo tres días del cumpleaños número 46 del poeta,  el día 13 de marzo de 1938; y luego de un mes, lapso en que por lo regular los venenos rusos causaban su inexorable efecto, el autor de Trilce (1922, 1930) falleció el 15 de abril de aquel mismo año en la clínica Arago de París.  Fiel a su causa, stalinista antes que esposa de nadie, Geogette Phillipart tomó esta medida  por órdenes directas del Kremlin.  Las sospechas del rebrote trostkista en el peruano no las habría tolerado el régimen soviético; ya que, según el NKVD (Comisariado Popular de Asuntos Internos), luego de “auténtico amigo” (primer viaje a Rusia en 1929),  Vallejo se habría tornado en uno “falso”; con claridad a partir de su tercer viaje allí (1931) y consecuente decepción política.  Pablo Neruda, miembro secreto del NKVD, entre las sombras habría participado en todo esto.  Georgette, por cierto,  se arrepintió muy pronto de tan insensible determinación; en realidad, esto lo manifestó casi enseguida: destruyó la máscara mortuoria de su recién finado esposo estrellándola  contra el piso; a modo de recriminarse por su propia conducta y, de paso, destruirse a sí misma.  E hizo la promesa, motu propio, de irse a vivir al Perú y no volver a casarse a pesar de su aún lozanía y, no menos, atractiva belleza.  Que Vallejo se supiera blanco de la NKVD, aunque jamás sospechara de su propia esposa, era lo que lo apuró a escribir con tanta urgencia sus últimos poemas (desde 3 de septiembre hasta el 8 de diciembre de 1937), incluidos aquellos que dedicara a España. P.G.

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CÉSAR VALLEJO: CONCLUSIONES-CONTINUACIONES

A continuación intentaremos resumir los planteamientos centrales de nuestra lectura de la poesía de César Vallejo:

  1. En Los heraldos negros predomina una lógica de inclusión; en realidad, ideal o utopía constante en toda la poesía de César Vallejo, y que solo va a cristalizarse en España, aparta de mí este cáliz donde todo queda literalmente incluido: tiempo (pasado, presente, futuro), espacio (macrocosmos y microcosmos), géneros (masculino y femenino), lenguaje (simbólico-icónico y oralidad), voces, realidad y mito. De esta manera, distinguimos dentro del poemario de 1918, digamos, otro poemario: «Los heraldos blancos». Estos ‘mensajeros’ blancos, a posteriori, serán los que coparán el imaginario (temas e imágenes) de Trilce y de los Poemas de París.
  2. Partiendo de la observación detenida del cero (0) —guarismo no atendido lo suficiente por la crítica— descubrimos que este no solo representa la «tumba» como en Los heraldos negros, sino que pasa a Trilce, digamos, con características positivas: representa nada menos que al mar, y adquiere autonomía y complejidad icónica. Ahora, la acción del mar-cero (poética de la circularidad) es sobre todo ser dadora de vida; en este sentido es la responsable de la abundancia, proliferación y metamorfosis que constatamos en cada uno de los planos del poemario (estructural, estilístico, temático). Por lo tanto, permite la misma existencia de los números, vale decir, de la fragmentación tan característica de Trilce. Mas, por otro lado, la acción del mar-cero es factor fundamental de síntesis y cohesión —sustancia común— de todo aquello que se encuentra disgregado o diferenciado. En este último sentido, el mar-cero es análogo a un vientre materno, ámbito de inclusión y origen por antonomasia.
  3. En los Poemas Póstumos I es patente un propósito de mayor «comunicación» por parte del yo poético. Los números reducen su paradigma al uno y al dos. El aliento de los versos es mayor tratando, a su vez, de encontrar desde ya un héroe para un gran fresco (ejemplo, los «niños» o la «Sierra de mi Perú»). Asimismo, constatamos que un culto solar se toca con el culto marino (mariano) de antes; que ahora al 0 de Trilce lo define mejor esta confluencia (marino-solar) y que, además, aquel dígito de alguna manera se corporeiza en forma de piedra. En general, sin embargo, los Poemas Póstumos I son una indagación sobre el universo que obedece todavía a un proyecto ilustrado o iluminista (semejante al Canto general de Pablo Neruda) ya que intenta clasificar y articular todo bajo la estructura de un gran árbol, símbolo logofalocéntrico de primer orden, aunque con la atingencia de que el árbol también representa simbólicamente la unión de los opuestos. Sinónimo de convergencia ideal que mutará —siguiendo la irresistible atracción del cero o del círculo (0) en Trilce— y se perfeccionará en la piedra de los Poemas Póstumos II.
  4. En España, aparta de mí este cáliz, la piedra le gana al árbol; es decir, como en la teoría de la recta, lo vertical finalmente es solo un segmento de la curva. La madre («España»), entonces, asimila al padre (Dios Creador) en este poemario; apoteosis de lo femenino, por lo demás, que ya lo advertíamos delineado desde Los heraldos negros. La poética de la fusión encuentra aquí, pues, expresión plena. Esto se debe a que, percibida mejor desde los Poemas Póstumos II la dinámica de la maternidad, presente ya en el libro de 1918 y que involucra al propio yo poético, constatamos que ahora la piedra ha transgredido y, al mismo tiempo, pareciera haber superado una especie de tabú que estuvo expresado en la ausencia del número 8 en toda esta poesía. En otras palabras, el círculo superior (sol) e inferior (mar y tierra) del 8 son ahora uno solo y, por ende, también son ya otra cosa. Confluencia que, como dijimos, incorpora al yo poético (microcosmos) y lo integra y resuelve, asimismo, en su propia intimidad —masculino/ femenina—, en ‘madre’. De alguna manera todo confluye hacia ese vientre preñado en que se ha convertido la poesía de César Vallejo (poética del nuevo origen) y, obviamente, hasta el yo poético también está en vísperas de dar a luz. Otros signos de esta integración son, por ejemplo, que Darwin, Marx y Freud —de modo muy claro desde los Poemas Póstumos I— no se excluyen, sino que se contradicen productivamente; recuperando de esta manera, aunque ya transformadas, mucho de su poder inspirador o sugerente de virtualidades.

Finalmente, no cabe sino puntualizar la actualidad y vitalidad de esta poesía. Leer a Vallejo puede ser una auténtica cantera de hallazgos para el lector aficionado y, especialmente, para otros poetas. Hallazgos de tipo no solo emocional, sino también intelectual. La poesía de Vallejo —quizá como ninguna otra entre los clásicos hispanoamericanos—, funde de un modo intensísimo ambas vertientes. Su poesía es flor del pensamiento, pero arrancada al ojo de un huracán.

El neobarroco (tan extendido últimamente entre nosotros) resulta —ante la sombra de Vallejo— mera tecnología; es más, intento parnasiano, racionalista y policial al inhibir una franca apertura de la sensibilidad hacia el mundo exterior. Sin capacidad metamorfoseante, el neobarroco —salvo alguna rara excepción— es en sus versos solo una lista invertebrada de inhibiciones. Otro tanto, aunque nos hallemos en el polo opuesto, podríamos decir de los amaneramientos de la nueva sentimentalidad o de la poesía de la experiencia que no son —en general, y tal como sostiene Jorge Rodríguez Padrón al hablar de la reciente poesía española— sino machacona retórica narrativa de los sentimientos y de la moral (1993: 344). Esto sin mencionar a los «agudos teorizadores; pero nunca creadores de lenguaje» (1993: 339).

Sin duda, todo aquello está muy lejos del espíritu que anima la poesía de Vallejo. Tratando nosotros de explicarnos la capacidad materializante de los poemas del peruano, quizá Lezama Lima esté nuevamente en lo cierto cuando dice que «En ninguna cultura como la incaica la fabulación adquirió tal fuerza de realidad» (1969: 122). Por lo tanto, apego singular a su cultura, viva curiosidad intelectual por todo lo que lo rodeaba —lo demuestran sus crónicas que versan sobre temas desde moda parisina hasta descubrimientos científicos y la política de su tiempo— y «nuevo espíritu de pobreza irradiante» (Lezama Lima 1971: 49-50) parecerían ser la fórmula de Vallejo. «Pobreza irradiante»; es decir, arriesgada, generosa y no carente de sentido del humor.

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Visa por la eternidad/ Frankétienne

Foto con el poeta, Port-au-Prince (2016)

I

Alas

frágiles

de mi isla

en los flancos de mi dolor.

Ella

rebelde

y bella

en los centelleos de mis quemaduras.

Yo inclino mis palabras

lentamente

pacientemente

entre la tristeza de las ruinas

y el polvo del silencio.

Por la luz de mis heridas

aún estoy vivo.

II

De la rabia

a la margen

yo digo el riesgo

yo escribo la desgarradura extrema

el azar cleptómano

donde envuelvo

mi frágil desnudez.

Otra vez tu cuerpo de sílex

que tiembla

en una sueño erótico

bajo mi sexo azul de noche.

Abstraída el alba inaudible

la leche inagotable

entre el caos de las sombras

y la cópula

de los espejos y el viento

III

Secreta

y pura

mi herida musical

mestizaje de sol y  luna.

Vulva abierta

enrojecida

ruptura de luz atroz

así marcha el dolor.

Y cuando la noche vuelve

más espesa

más oscura

más cruel

yo recojo mis vocales

y retorno

a mi reino imaginario.

Esta puerta entreabierta

esta sombra hermafrodita

esta imagen andrógina

es una vagina que sangra

o un pene que quema?

Traductor: Pablo Montoya 

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Trilce in situ

Objetivo:

Leer el poemario de 1922 desde el mito inscrito en el paisaje que reproduce; en este caso, la playa de la costa norte del Perú vinculado a la cultura Mochica-Chimú.  Asimismo, ensayar el desenvolvimiento de un prototipo: “trilceana ciudadanía” (Granados 2020).

Metodología:

El curso se enmarca, aunque no de modo compulsivo, dentro de las humanidades digitales; es decir, aquellas que aglutinan “la cultura del diseño, la cultura de la computación y la cultura de la erudición” (Lafuente 2021).  Más, lo que ha venido a denominarse “Laboratorio ciudadano” (no sólo para personas vinculadas a la academia) comprometido en encontrar y desarrollar Prototipos de convivencia que no son otra cosa que “ensayos de política experimental (Lafuente 2018).  Por lo tanto, se propondrán para el análisis y debate tanto imágenes como textos (alrededor de cada uno de los poemas de Trilce).  Y se revisarán y compartirán y adicionaran, para cada reunión virtual y semanal, los micro-ensayos (textos, láminas, videos) que propongan los participantes de este Laboratorio.

Público general.

Duración: Desde la segunda quincena de abril  a la primera quincena de julio; una reunión de hora y media un día de la semana (a coordinar)

Certificados a nombre de VASINFIN, a los inscritos que asistieron y trabajaron con regularidad.

Costo: 200 soles por participante, en dos cuotas, por las 12 reuniones.

Contacto: vasinfin@gmail.com. Asunto: “Laboratorio: Trilce in situ”. Mensaje: Un párrafo con indicación de por qué le interesaría participar.

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