Escribir con los pulmones: a propósito de Soledad impura/ Carlos Eduardo Quenaya

Entre el tropel de propuestas poéticas existentes en la actualidad es difícil encontrar una poesía que sepa guardar distancia de la gimnasia verbal, el colorido experimental, los buceos narcisistas, el exhibicionismo culturoso y , por contrapartida, se empeñe en ser fiel a sus impulsos más originales y ciertos. Porque la poesía es, como dice Granados, arte de adolescencia y los que pretenden atender su llamado deben estar dispuestos a prolongar la alegría del caminante que no sabe bien adónde va y que transpira, con lucidez y júbilo, el inexplicable hálito de lo desconocido. Julio Ortega, en el prólogo a un poemario de 1989, El muro de las memorias, escribió lo siguiente: “Entre el drama de lo inmediato y la ironía de su recuento, Pedro Granados, deja en este libro (como Tàpies en la grisura errática del mundo) los signos de su habla grabada a pulso, esto es, con zozobra y verdad.” Pienso que este juicio sigue siendo válido para el libro que hoy presentamos.

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“No hagas lo que puedas hacer mañana”/ Bibiana Vélez Cobo

Pintora colombiana Bibiana Vélez Cobo

“Mientras [Raúl Gómez Jattin] compartió la vida con los poetas de la revista Prometeo [año 1993], en el centro de la ciudad del Valle de Aburrá, en Cartagena, con el juicio de Pedro Granados, poeta peruano que se quedó un tiempo en Colombia, después del festival [Internacional de Poesía de Medellín, de aquel año], decidimos editar su libro El esplendor de la mariposa, cuyo machote ya tenía Raúl”

“No hagas lo que puedas hacer mañana”/ Bibiana Vélez Cobo

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Sobre Bolivia: “rígido ice cream del mundo”

Homenaje a Rubén Vargas (1959-2015)

Visión de La Paz

Sobre los cuatro mil
metros de altura
te escribo. Sobre
las treinta mil
personas que he visto
en el camino.
Inhóspito el aire
para la poesía.
Enorme atalaya es ésta
para el control de
vidas y almas
y sexualidades.
Toda Bolivia se halla
en el ropero. También
el Perú. Y probablemente
el completo casco andino.
Encerrados en el ropero
de nuestros deseos
y de nuestra aplazada dignidad.
Un gigantesco amaru se ahoga
por la dura costra
que lo separa de la superficie.
Un flamante neumático
ahora mismo lo pisa.
Ver y correr y ser derrotado
enésimas veces.
En qué onda
pillar el aire.
A través de qué escondrijo
palpar finalmente tus piernas,
tu culo redondo,
tu espumosa vagina.
Todos somos salvos.
Todos somos inocentes
sobre tan rígido ice cream del mundo.
Ni todas las muecas del diablo pueden disimular
nuestros dientes de leche.
El mundo andino pasa todo
por un agudo periodo de refrigeración.

Un poema para Alexander Coffee

Chairo con alguna notable poesía boliviana última

Juvenal Agüero en Bolivia

Jaime Saenz en el teleferico paceño: Algunos cables de su poesía

César Vallejo, nuestro “hermafrodita universal”

Pedro Granados: “Lo que importa es escribir”

¿Pedro Susz K. o Jesús Martín-Barbero?

RECUERDO DE JESÚS URZAGASTI (1941-2013)

La Ciudad Trilce de Christian Vera Ossina

Poesía de Bolivia para el mundo

ÚLTIMA ENTREVISTA DE RUBÉN VARGAS (La Razón)

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Amalio Pinheiro respecto a nuestro “archipiélago” vallejiano

Mi amigo, este es un excelente análisis. Para los amerindios de Brasil
y sus vecinos el yo también se entrega a los otros múltiples y solo
actúa dentro del movimiento de intercambio plural interespecífico: el
archipiélago. Tu logras ahí, en contra de las autonomías textuales, un
zigzag interno/externo entre los acontecimientos amorosos (y mucho
más) y la aventura fónico-gráfica del poema, siempre, por lo tanto,
biografemático. Supéranse así los sociologismos identitários y los
formalismos. Interesante, de otra parte, como la palabra o el nombre
Trilce, fuera todo lo demás, es también una pauta o anagrama
gráfico-sonoro en palimpsesto que incluye los nombres de sus amantes:
Otilia, Rita, Mirtho… Y tantos otros pájaros y bailes.

De paso quiero decir que mi “Vallejografía” fue hecha como un
archipiélago barroco-rotatorio. Yo pensaba en el significado tupí de
la palabra “samambaia” (helecho): “Lo que se tuerce en espirales
arriba-abajo”.

Si quieres, me puedes poner esto en los comentarios? No supe hacerlo.

Mi mejor abrazo. Amálio.

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EL ARCHIPIÉLAGO VALLEJO: Trilce XLVII

Insumos para una biografia “multinaturalista” –en este caso– la de un autor tan importante y ya tan mediagrafiado e icónico como César Vallejo.  Hacia otra perspectiva de biografia en la que se tornarían visibles las identidades múltiples del personaje.  Es decir, una que en vez del secuencialismo historiográfico acostumbrado (Muniz Sodré), guiado por la ficción de la identidad única y por una perspectiva positivista o psiciologista; pueda, más bien, percibir al personaje biografiado en sus múltiples roles o dimensiones y, algo fundamental y prácticamente inexistente en las más conocidas biografias de César Vallejo, en su específicidad cultural o multinatural.

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A los treinta años de nuestra tesis, “Estancias, síntesis de imágenes aéreas en la poesía de Javier Sologuren (1944-1960)” (Bachiller, PUCP, 1987)

Algunas reflexiones:

Ensayamos allí un estructuralismo sui generis, adaptado para leer poesía –en particular fanopea (Ezra Pound)–,  inspirado en Levi-Strauss; y auxiliados por Gastón Bachelard, que nos permitió otorgar movimiento a los discretos elementos –y entre estos mismos– hallados en nuestro análisis    Práctica, no el estructuralismo entendido como tediosas y por lo general estériles “arborizaciones”, absolutamente ausente en la academia del Perú de la época.  El nuestro fue un ejercicio de inmanencia, a nivel teórico; y de producción de sentido, a nivel metodológico.  Lo básico fue iluminar, en los poemas de Javier Sologuren, la lógica de las relaciones, dinámica en sí misma, y predominantemente metonímica.  De algún modo, e invitados por el mismo Sologuren, hicimos además que se tocaran budismo zen y perspectivismo (multinaturalismo).   Resulta obvio que, al presente, observo mi estudio desde coordenadas académicas más o menos recientes: Descola, Viveiros de Castro, Latour, un rescatado Levi-Strauss… y Spinoza; pero no  oportunistas, sino que pueden dialogar y de hecho dialogan con nuestra tesis de 1987. Acaso no está demás mencionar que aquel ejercicio, en el rigor y la imaginación, modeló el sustrato de mi modo de leer poesía; el mismo que hoy por hoy se implementa de una manera un tanto más expeditiva y a la que se añaden, obvio, otros aportes teóricos.  Lectura íntima y no menos gozosa, asimismo, que seguimos recomendando como una opción o como antesala a otros modos de leer acaso más sesudos o más graves.  Leer estableciendo relaciones metonímicas –lo más justificadas posibles– entre texto y contexto; y sin soslayar el contexto más inmediato que es uno mismo.  Entre los estudiosos peruanos, nuestro condiscípulo, Luis Rebaza Soraluz, es el que se ha percatado de la especificidad y, seguimos confiando, virtual productividad de nuestro trabajo; va nuestra simpatía y gratitud por ello.

Pedro Granados, mayo 2017

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PREPUCIO CARMESÍ

Prepucio carmesí (2000).  Diecisiete años de la primera novela del siglo XXI –escrita por un migrante peruano– trasandina, archipiélica o multinatural.  Sin melancolias ni con el espíritu –típico o, peor todavía, profesional– de  un sujeto andino damnificado.  Post-exótica y post-indigenista  (Indigenismos 1 y 2); la cual, apuesta más bien por la complejidad desde el origen, por la opacidad.

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En tránsito: Antología de la cuentística dominica actual/ Nan Chevalier

En tránsito: Antología de la cuentística dominica actual (1970-2017) (Amargord Editores, 2017), incluye escritores de tres generaciones, desde la posguerra de 1965 (especialmente los autores que empezaron a publicar en la década de los años setenta, años de represión estatal) hasta el presente año 2017. Tres períodos diferentes: Posguerra y años setenta, primero; Generación de los ochenta y promoción de los años noventa, después; Generación de la Internet y nativos digitales, al final.

Es necesario señalar, como escribiera Luis Harss en Los nuestros, que en cada generación hay corrientes subterráneas que ofrecen otra visión del mundo, aparte de la cara de la realidad que presentan otros miembros de la misma generación. Esta idea cobra valor cuando leemos los textos de escritores que coexisten en una misma época, pero que presentan universos literarios distintos. En ese sentido, podemos distinguir rasgos diferenciadores notables entre, por ejemplo, los primeros escritores de la Generación de los ochenta y la segunda parte de esa generación: la promoción de los años noventa o, para llamarles de otro modo, la promoción Final de Siglo. Lo mismo ocurre con los escritores que empezaron a publicar en la primera década del siglo XX y aquellos que publicaron a partir del 2010. Por supuesto, separar las promociones cada diez años no es una ley universal; es, más bien, una manera de subrayar que ese lapso es suficiente para que la mentalidad de un escritor varíe debido a diversos factores: acontecimientos históricos estremecedores, avances tecnológicos, influencias literarias y artísticas.

Si realizáramos un breve recorrido por la historia del cuento dominicano notaríamos que lo que estoy planteando no es nada nuevo; la única novedad la constituye el ritmo vertiginoso con que los eventos se suceden uno tras otro en la época actual. Los cambios de paradigmas ocurridos, por ejemplo, durante la dictadura trujillista, exigían largos períodos, sobre todo por el aislamiento al que estuvo sometida la República Dominicana.

El origen de la cuentística dominicana es tan remoto como el nacimiento de la República, a mediados del siglo XIX, si bien se trataba de manifestaciones elementales, generalmente fábulas y textos infantiles. Otras manifestaciones, escritas durante las tres primeras décadas del siglo XIX, más elaboradas, corresponden a Virginia Elena Ortea, Fabio Fiallo y José Ramón López, quienes se destacaron por la creación de cuentos folkloristas y modernistas.

Es en los años treinta —la década de El pozo, de Onetti—  cuando surge la figura de Juan Bosch. La presencia de Bosch representa un cambio importante en el curso de la cuentística dominicana. Son notables sus aportes a la narrativa corta, sobre todo si tomamos en cuenta el período histórico en que produce la mayor parte de su obra. Como señala Alejo Carpentier: “La época 1930-1950, se caracteriza, entre nosotros, por un cierto estancamiento de las técnicas narrativas. La narrativa se hace generalmente nativista. Pero en ella aparece el factor nuevo de la denuncia”.

Es Juan Bosch quien encabeza, en los planos creativos y conceptuales, el curso del cuento dominicano previo a la caída de la dictadura trujillista. Durante ese período también sobresalen otros cuentistas, pero no alcanzan la dimensión internacional de Bosch. Ellos son: Ramón Marrero Aristy, José Rijo, Néstor Caro, Hilma Contreras, Tomás Hernández Franco, Ramón Lacay Polanco, José María Sanz Lajara; Ángel Rafael Lamarche.

Aun durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX, la novelística hispanoamericana sigue el mismo patrón del siglo anterior: centraba su atención en el ambiente rural y en la lucha del hombre contra los elementos de la naturaleza.    

Después que cae el régimen de Trujillo, emergen otros narradores, con una visión diferente de la literatura: Virgilio Díaz Grullón, René del Risco Bermúdez, Enriquillo Sánchez, Marcio Veloz Maggiolo, Aída Cartagena Portalatín. Todas, figuras de primer orden. El desencanto existencialista de René del Risco; la prosa nítida de Enriquillo Sánchez, la apertura a todas las posibilidades expresivas de Marcio Veloz Maggiolo; la experimentación con nuevas formas de Aída Cartagena Portalatín; y la inclusión de las corrientes sicológicas y existenciales en Díaz Grullón, ofrecen una idea de la riqueza creativa de la época.

Mención aparte merece Virgilio Díaz Grullón. Desde la publicación, en 1958, de Un día cualquiera (Santo Domingo, Editora Taller) definió un camino, hasta cierto punto inédito en nuestra narrativa, que iría perfeccionando en el transcurso de cuatro décadas: el sendero del cuento y la novela sicológicos, mezclados con elementos existencialistas y fantásticos. Admirador confeso del psicoanálisis freudiano, encaminó sus narraciones hacia la complejidad sicológica de los personajes. Se convirtió en una de las personalidades literarias más influyentes en las siguientes generaciones, especialmente en la de los años ochenta.

La Guerra de Abril de 1965, librada contra la mayor potencia económica y militar del mundo, constituye el acontecimiento histórico de trasfondo para los escritores que empezaron a publicar durante esa etapa. La resistencia contra el ejército invasor —con la palabra y con los fusiles— signó la personalidad de gran parte de los artistas. Si ese evento histórico sumamos el escepticismo y la falta de fe en cualquier proyecto desencadenados a raíz de las propuestas teóricas del Existencialismo, podemos hacernos una idea parcial de la ideología preponderante en la literatura dominicana de más de una década. Sólo resta anotar que era una ficción erigida sobre el influjo de las propuestas del boom literario latinoamericano, de aportes inconfundibles en las técnicas, los temas, y las posiciones políticas.

La frontera entre la generación de posguerra y los escritores que empiezan a publicar en los años setenta del siglo pasado no es muy notable. El régimen instaurado por el Dr. Joaquín Balaguer (los llamados Doce Años) constituye el acontecimiento político más importante que sirvió de trasfondo para los nuevos autores. En ese período se destacan, entre otros, Armando Almánzar, José Alcántara Almánzar, Roberto Marcallé Abreu, Diógenes Valdez y Pedro Peix. Precisamente con esa generación de escritores empieza esta antología.

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Aprendiz de mago

La risa de Flora destemplaba las vigas que sostenían el altillo de la cocina.  No tenías noción del tiempo transcurrido y la temperatura era muelle.  Ese altillo, donde tú eras un intruso que había llegado poco después del desayuno, estaba recubierto de quitina, y todo él se sacudía, se elevaba, se posaba y volvía a elevarse con la torpe risa de Flora.  Afuera, en el corredor de la quinta, al otro extremo del departamento donde te encontrabas, quizá alguien lavaría su ropa o las muchachas más grandes harían puntadas con los acontecimientos del barrio.  No era fin de semana, de eso crees estar seguro, pues la familia no estaba reunida, y sólo de vez en cuando se escuchaban ruidos de platos, de ollas, chorros de agua que parecían indiferentes al coleóptero.

Más afuera, tus padres, empeñados en no creer las caras de lástima de sus fieles clientes, dibujaban hilachas de mercadería, que no engañaban a los gatos del mercado, improvisaban adornos, hacíanse de cajas vacías para llenar su gris mostrador, para intentar disimular su raleada estantería.  Pero más cerca, la calle, inmediatamente la casa ajena y tú dentro de ese bicho, haciendo de gusano para Flora, de larva, para aquella niña extraña que siempre estaba rodeada de golosinas y de juguetes y de caprichos.

De pronto la larva pretendió transformarse en un mago, con la misma ingenuidad que la de sus padres, ante aquella niña de probada magia, e hizo desaparecer cinco soles (que en realidad él sabía eran cincuenta) aprovechando que el insecto planeaba.  El mago asomó por la borda despidiéndose del billete.  Quiso que Flora viera, desprendida de los cargados artejos, sólo una partícula de polen en el vacío.

El regocijo fue unánime entre el mago y los gastados padres del mago, que en ese hallazgo veían surtir con algo de verdad el verdadero y arruinado puesto del mercado.  Mas la alegría duró las contradicciones en que puede caer un niño de seis años: la suerte no se encuentra, necesariamente, oculta en el piso de madera desde donde husmeaban los gatos, y justo debajo de los pies de sus propios padres.

La guerra avisó, el puesto se hundió del todo luego de un año.  Los padres de Flora reclamaron su billete convulsivamente a los padres del aprendiz de mago.  Fue una sorpresa ver aparecer las calles nítidas, los hombres nítidos, los insectos que no se prestan a ser un altillo.

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