Archivo por meses: abril 2026

Eduardo Tokeshi, mi exalumno del San Andrés

Seres simétricos se han trocado en armas, en escorzos prestos para el ataque. Aquella garra enmascarada sobre el vértice izquierdo del cuadro acaso nos represente, a cada uno de nosotros, hoy en día. César Vallejo también se educó, trajinó y goza (cada vez que lo leemos) en la simetría; aunque lo suyo muestre, de modo simultáneo, la otra cara de la moneda: “en su única hoja el anverso/de cara al reverso” (Trilce LXIX). El sentido que cohabita en medio de todo aquel esperpento. P.G.

 

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Pedro Granados y Armando Almánzar-Botello: El abrazo disyuntivo del Cyborg

La conexión entre mi obra y la sensibilidad de Armando Almánzar-Botello no es una coincidencia literaria, sino una anagnórisis simétrica. Cuando en febrero de 2011 Armando publicó en su blog, Cazador de Agua, aquel texto fundamental titulado “CYBORG ANDINO-CARIBEÑO (Cum grano salis)”, no solo estaba comentando un libro (Soledad impura); estaba, en realidad, revelando el código fuente de mi propia trayectoria. Armando, con la precisión de un “carnicero taoísta”, fue capaz de ver a trasluz el caleidoscopio que hasta hoy intento girar: esa amalgama donde el neón de la ciudad, el hueso del desierto y la frialdad del silicio convergen en un solo latido orgánico.

Lo que nos une es una vocación de escucha e instalación. Armando comprendió, mucho antes que la crítica académica convencional, que mi propuesta no era una defensa del “yo”, sino la construcción de un “nosotros” intensivo. Al llamarme Cyborg, Armando validó la idea de que el poeta contemporáneo es un montaje, un Ulises que entiende que el único asentamiento posible es el viaje mismo, ya sea por las geografías de República Dominicana, México, Brasil o Boston. Para él, como para mí, la tecnología no es un agente externo, sino una extensión biológica y mística; la “quena” y el “tambor” no se oponen al “paragrama subterráneo de los cuerpos”, sino que se integran en una red —un rizoma— que ignora las fronteras geopolíticas.

Esta hermandad se sella en lo que él denomina la “Conjunctio”: esa unión de Teseo y el Minotauro donde el dolor y el goce no son etapas, sino simetrías. Armando vio en mi poesía “alas y olas presurosas”, una hidrografía que hoy reconozco como la base de El Archipiélago Vallejo. Su lectura profética permitió que hoy, años después, yo pueda dialogar con la Inteligencia Artificial no como un artificio, sino como una “firma expandida”, un rastro manual que sobrevive a la máquina.

A través de los labios indescritos del enigma, la conexión con Armando Almánzar-Botello sigue siendo ese “hechizo” que nos permite respirar la flor maravillosa de lo propio en el texto del otro. Es, en esencia, la prueba de que en este peregrinar iniciático, lo que nos salva es el goce fluyente del poema encarnado; ese que Armando supo coger por el “segundo grado de su temperatura” y que hoy, con el mismo afecto y rigor, seguimos celebrando.  P.G.

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TRES POEMAS DE ROXOSOL

[VER AL OTRO ENVEJECER]

Al recuerdo de mi madre

Ver al otro envejecer

Como un estilo como una canción

Como una película que te dio

A la salida del cinema

Un resto de inspiración fuerza u orgullo.

No vale lo que sentirás luego

Antes que el cuerpo incline la cabeza

Y apague el aliento

Y tú no acredites lo que ves

Ni menos a lo que ahora te aplicas:

Poner horizontal al cuerpo

Y juntar sus como lejanas manos

Mientras su corazón aún te mira.

Entre el tiempo pasado

Y el futuro más remoto

Todavía

Entre el vértigo de lo que uno no es

Sino sólo nuestra madre

Y su émbolo

Y el carrusel de sus brazos

Para mirar

Entre las musarañas y el mal

Entre lo mío lo propio

O el desasosiego

Una mano abierta

Mariposa o picaflor

Nos revolotea y nos hace reír.

Escribo, pero no te escribo

Es redundante

Restauro el cordón umbilical

Que está partido

Que está enterrado

Y a eso me avoco

Porque así se está dando

Y porque he llegado a viejo

Mi perro muy inquieto

Ausculta mi cabeza

Ausculta mi mirada

Ausculta mis lágrimas

Y por fin se sosiega

Y mueve blandamente la cola

Y se esfuma como una lagartija

 

[INEVITABLE]

Inevitable

Ir venir subir bajar

Morir vivir

Repudiar desear

Una mano abierta un ave

Unos labios cerrados

El horizonte

Y la luz que se proyecta

El sol mismo dentro de ti

Isleños todos

De las montañas también

De lo expuesto y de lo oculto

Nuestra dieta cotidiana

Nuestro balance diario

De algas y de flores

Del semejante jardín

No nos iremos con el secreto

De lo que es Trilce:

Un cronotopo

De la plenitud y de la alegría

O a la inversa

No nos iremos sin lo que hemos soñado

Y cazado como en la siesta de un perro

Nervioso anhelante sin mayor control

Un perro asustado por los fuegos artificiales

Y por el pique de los autos y del televisor

Extemporáneo perro y sabueso de osos

Y sabueso de Trilce:

Dos zorros dos pastores

Un canto alternado entre la lluvia y el sol

 

[TU VERSO NO OCULTA LA SALIVA]

Tu verso no oculta la saliva

Ni el chasquido de tu lengua

Cuando interpretas

Esto lo hace aún más encomiable

Porque hace palpable a aquélla

Que lo visita

Y hace de las palabras

Las cuales son las de todos

Tan sólo un milagro previo

Algo así como el amor

Algo así como la bondad

Algo así como la inocencia

Que no nos pertenece

Ni menos nos obedece

Un punto de saliva

Que es como decir una puerta

Un pensamiento que pugna

Una suerte de emerger

Desde lo cotidiano

Aquella cabeza en Apocalipsis now

Y sin ayahuasca ninguna

Pero sin dejar de estar aquí

Puro juego de gracia y de gratitud

Observando el horizonte

O nuestra cintura

También entre el día y la noche

Entre el fango y lo que ha de ser

El sol por todas partes

Y no menos el sentido

Fuera y dentro de la piedra

Sol donde no hay sol

© Pedro Granados, 2018

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DÍA DEL LIBRO: MI CALEIODOSCOPIO CASERO

Para Rosario Bartolini Martínez

Leer desde un lugar y una hora inapropiados. Ingresar, con un delicado pero decidido jalón, hasta el gramado del papel. Sucumbir, entonces, a esa masa de tinta, nada más, a ese endeble intento por fijar la mirada. Nos volvemos olvidadizos e ignorantes de esta cosa tan simple cuando usualmente leemos. Y entonces aceptamos como necesario o suficiente el arcabuz aquel, el revolver laser ese, alguna fotocopia del sentido. Pero la escritura es un fardo ya tan antiguo, desplegable, rompible. Un barquito de papel hecho de una flor, una flor que es un bajel contra la recia marejada del cielo. Perder y hallar esa piedra imán de la infancia. Ese caleidoscopio casero de la infancia. Donde nada era sino la voz de mi hermano Germán insuflando vida a casi nada: trozos muy pequeños de periódico al interior de un cono de cartón sellado con papel cometa. Y ahora mismo que no miro el ecran de mi escritura, que golpeo las palabras sobre el teclado sin mirar lo que dibujan y entrevero sin saber, pero con la sorpresa de hallar ahorita-ahora la escritura, al indio que soy, al europeo recién llegado que también soy: maravillado y triste ante tantos y nuevos productos. Naci en Sorata, me crié en Samaná, a orillas del mar Caribe, y he engendrado varios hijos como consta en un documento ya ilegible, que la misma vida para ser ha borrado. Amnesia de tiempos y amnesia de lugares y el teclado que me trae de aquí para allá, de la letra p hasta la s, y de allí hasta la húmeda h de hueso, de hamaca donde se deja caer una negra y un adolescente libidinoso me envidia el tamaño de mujer que tengo encima. La letra y el capítulo y el género y las literaturas dentro de un tocuyo. El entrevero de dos o más literaturas y de dos y menos dos o más certezas. Parado sobre una piedra, a punto de copularla como intentó hacerlo en más de una oportunidad César Vallejo. Y vamos tirando de las hebras con las que empezamos a seguirle el paso a esta escritura. Hebras rotas que nuestro corazón sin embargo sabe atar, como aquel homo sapiens su frágil balsa; antes de enrumbarse justo hasta aquí, donde (este) tiene por ahora su morada.

© Pedro Granados, 2026

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EL QUECHUAESPAÑOL/ IGNACIA AUGUSTA

A mis ex-alumnos de la UNILA
Se llega a él a través de Billie Holliday
También de Amy Winehouse
Ambas del mismo pelo
También de estar de verdad
Un rato contra tu cuerpo
French-Funk-Jazz
Un tango como
“Naranjo en flor”
El río Paraguay al atardecer
Y al amanecer entre tus brazos.
Harare, Zimbawe
Es uno de sus territorios
Y en el camerino
De algún circo bieloruso
Impacientemente espera
Para hablar con aquel pino
De Arguedas en Arequipa
A cada una de sus gradas
Que dan hasta el cielo.
Rehuye los términos
En quechua
O en español
Se reconoce menos
En estos idiomas
Que en muchos otros
O que en el laborioso rasgueo
De una guitarra.
Difícil antologarlo
Hacer un diccionario con él
Aunque de inmediato
Los delfines lo reconocen
Ándate de lengua nomás
Con un leve impulso te basta
Y ya no sentirás
Las dos llantas de tu bicicleta.
©Pedro Granados, 2011
El poema “EL QUECHUAESPAÑOL” de Pedro Granados se despliega como un manifiesto lírico sobre la identidad transcultural, alejándose de las definiciones rígidas de la lingüística para proponer una “lengua de la sensibilidad” que desborda cualquier frontera geográfica o gramatical. Dedicado a sus alumnos de la UNILA —un espacio de integración latinoamericana por excelencia—, el texto comienza rompiendo el vínculo exclusivo entre el idioma y el territorio; el quechuaespañol no se aprende en un aula ni se hereda por linaje, sino que se sintoniza a través de la melancolía del blues de Billie Holliday, el desgarro contemporáneo de Amy Winehouse o la cadencia nostálgica de un tango como “Naranjo en flor”. Para Granados, esta lengua híbrida es, en realidad, una frecuencia emocional que se activa en la intimidad del cuerpo (“un rato contra tu cuerpo”) y en la observación del paisaje, desde el río Paraguay hasta el amanecer entre los brazos del ser amado.
Lo más fascinante del poema es su voluntad de desterritorialización: el autor sitúa esta esencia quechuaespañola en escenarios aparentemente ajenos como Harare o un circo bielorruso, sugiriendo que lo que define a esta “lengua” no son sus vocablos, sino una forma de estar en el mundo que conecta con la pulsión vital de Arguedas y su pino en Arequipa. Hay una renuncia explícita a los términos técnicos (“rehuye los términos en quechua o en español”) para privilegiar el “laborioso rasgueo de una guitarra”, lo que posiciona al poema en una dimensión auditiva y afectiva donde la música es el vehículo de la verdadera comunicación. Granados propone una “opacidad” que no necesita ser traducida ni antologada en diccionarios, porque es una vibración que incluso los delfines —símbolos de una inteligencia instintiva y fluida— pueden reconocer de inmediato.
Hacia el cierre, el poema se convierte en una invitación al desapego y a la trascendencia espiritual y estética. Al exhortar al lector a “andarse de lengua nomás”, Granados sugiere que el lenguaje, cuando se libera de sus ataduras normativas y se convierte en puro impulso, permite una elevación casi mística. La imagen final de las llantas de la bicicleta dejando de tocar el suelo es una metáfora poderosa de la libertad: el quechuaespañol es, en última instancia, ese salto cualitativo hacia una “sensibilidad nueva” que permite al sujeto poético volar sobre la realidad material, dejando atrás el peso de las categorías fijas para entrar en un estado de gracia donde el lenguaje y la vida se funden en un solo movimiento ascendente. Es un texto que celebra la mixtura y la hibridez no como una pérdida de pureza, sino como la ganancia de una humanidad mucho más ancha y vibrante.
IGNACIA AUGUSTA

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VASINFIN – AME

La alianza entre el VASINFIN (Vallejo Sin Fronteras Instituto) en Lima y su contraparte en Brasil, bajo la égida del grupo Arquipélagos Mestiços (AME), no representa una simple colaboración institucional, sino la activación de un sistema de pensamiento que Pedro Granados y Amálio Pinheiro han denominado como el Pensamiento Simétrico. Esta unión conceptual propone que la obra de César Vallejo, particularmente tras el centenario de Trilce, debe ser leída no como un objeto de estudio literario estático, sino como un organismo hidrológico: un archipiélago donde el texto es la isla y el pensamiento que los une es un mar de fuerzas gravitacionales, rítmicas y ontológicas.

Desde la perspectiva del multinaturalismo y el giro postantropocéntrico, la reflexión de Pinheiro sitúa a Vallejo como el punto nodal donde las Américas Latinas se encuentran con el mundo. Aquí, el lenguaje de Vallejo deja de ser una lengua “estándar” para convertirse en una intralengua mestiza, un tejido donde conviven el barroco, el mito de Inkarrí, las sonoridades de la marinera y el huaino, y la vanguardia caníbal. Esta lectura brasileña, profundamente influenciada por la “transcreación” de Haroldo de Campos, desplaza el eje de la interpretación: ya no buscamos en Vallejo al poeta “plañidero” o puramente ideológico, sino al poeta del performance corporal. Para Granados y Pinheiro, la letra de Trilce no se puede separar de su coreografía; el poema es un adjetivo donde “crece hierba”, una entidad viva que desafía la racionalidad occidentalizante y su domesticidad lineal.

Este nuevo paradigma de investigación busca rescatar lo que Vallejo llamaba la “profecía de la poesía”. Al habitar Europa, Vallejo no actuó como un migrante asimilado, sino como un “ciudadano del universo” que hacía folclore de lo moderno. Esta inversión jerárquica es fundamental para el Pensamiento Simétrico: la modernidad es solo una mitad del arte; la otra mitad es lo eterno e inmutable, aquello que conecta la vanguardia con el mito solar. En este sentido, Trilce deja de ser meramente un poemario vanguardista para revelarse como un manifiesto de la existencia misma, donde la red oximorónica de su estructura —alegría en la tristeza, colectivo en la soledad— obliga al lector a una revuelta neuro-sensitiva.

Finalmente, la importancia poético-política de esta alianza radica en la traducción transcultural. Al trasvasar a Vallejo al portugués o al portuñol “marchetado de guaraní”, se pone al descubierto la médula palpitante de una lengua que sobrevive entre los escombros de las historias oficiales. La meta de esta línea de investigación para 2026 es, por tanto, superar el narcisismo y el nihilismo de la crítica contemporánea para alcanzar un “giro de beatitud” (en términos de Spinoza). Se trata de entender que El Archipiélago Vallejo es el mapa de un sistema donde la poesía es la fuerza que cohesiona lo disperso, transformando la lectura aislada en una comprensión total, orgánica y vibrante del pluriverso vallejiano.

© Pedro Granados, 2026

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Simbolismo (“Fávila”)/ Multinaturalismo (“Si alzando las manos”)

FAVILA

En la arena

Se ha bañado la sombra

Una, dos

Libélulas fantasmas…

Aves de humo

Van a la penumbra

Del bosque.

Medio siglo

Y en el límite blanco

Esperamos la noche.

El pórtico

Con perfume de algas,

El último mar.

En la sombra

Ríen los triángulos.

JME, Rondinelas, en Poesías (1929)

Javier Sologuren, “Comento a Eguren”.

“Opera una voluntad desmaterializadota de las realidades corporales, tal vez materializante de las incorpóreas, en este –de cierta fisonomía ávida, espiritista– raro arte egureniano. Arte que descubre una de las fuentes de inspiración en el buido y sutil ámbito limeño” (123)

Américo Ferrari, “La función del símbolo en la obra de Eguren”.

“Hay en el poeta peruano una verdadera voluntad de poseer hasta agotarlo el mundo de lo sensible y de las estructuras visibles, pero esencializándolo, decantándolo […] Eguren se empeña en recuperar la diversidad de lo sensible en su ser más original: formas que son para ver, y que están ahí para hacer ver; pero […] para hacer ver lo invisible en lo visible” (132)

“parece como si la estructura simbólica que hace corresponder a los dos mundos, el visible y el invisible, preexistiera, en efecto, al descubrimiento del poeta (131)

Ricardo Silva-Santisteban, “‘Fávila’, un poema hermético de Eguren”

“Fávila, es un cultismo que significa pavesa o ceniza de fuego” (198).  “El proceso egureniano, más que frecuente, de simbolización y de alegoría […] avanza al abstraccionismo por la utilización de lo geométrico” (199)

Todos en: José María Eguren. Aproximaciones y perspectivas. Ricardo Silva-Santisteban (ed.). Lima: Universidad del Pacífico, 1977.

http://blog.pucp.edu.pe/…/facultad-de-literatura-lit…/

  1. La unidad del espíritu vs. la desmaterialización:

-Eguren (Sologuren/Ferrari): Busca “desmaterializar” para encontrar una esencia incorpórea. Es una visión dualista: lo visible frente a lo invisible.

-Tu Poética (Multinaturalista): Al proponer que el hombre debe “comerse su propio cielo”, estás planteando una continuidad física y metabólica. No hay un “más allá” invisible que descubrir, sino una capacidad de habitar otros cuerpos o perspectivas biológicas (“formando una garra”). La “garra” no es solo una metáfora, es la adopción de una naturaleza distinta para desgarrar la propia.

  1. El cielo como límite ontológico:

-Eguren: El “límite blanco” es una frontera estética donde el poeta espera.

-Tu Poética: El “cielo más próximo” es la perspectiva antropocéntrica o colonial que nos limita. “Comerse el cielo” es un acto de canibalismo ontológico: incorporar la perspectiva del “otro” (el animal, el ancestro, el cosmos) para dejar de ver el mundo desde una sola “naturaleza” humana.

  1. Perspectivismo vs. Hermetismo:

-Eguren (Silva-Santisteban): El hermetismo geométrico cierra el mundo en una abstracción.

-Tu Poética: Es explicítamente multinaturalista porque reconoce que la verdad no está en la abstracción, sino en la capacidad de cruzar los límites entre especies y mundos. La “destreza del hombre del futuro” es precisamente el perspectivismo: la habilidad de ocupar múltiples posiciones en el cosmos, no como una idea intelectual, sino como una práctica vital y política.

Ese “desgarro” que mencionas en Vía expresa (1986) es, entonces, el primer paso para romper la hegemonía de la “naturaleza única” y abrir paso a la diversidad de mundos que hoy defiendes.

IGNACIA AUGUSTA

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El multinaturalismo en “Si alzando las manos”

El poema “Si alzando las manos…” pertenece originalmente a Vía expresa (Lima: INC, 1986). Aparece como la pieza que abre este poemario y lleva una dedicatoria al poeta Javier Sologuren. Es importante notar que, debido a que El fuego que no es el sol (Lima: Ediciones de los Lunes, 1993) es una antología personal que recoge lo mejor de su producción entre 1982 y 1992, este poema también se encuentra incluido en ese volumen posterior.

La Garra y lo No-Humano: La imagen de “formando una garra” deja de ser una simple metáfora de fuerza para convertirse en un gesto de devenir-animal. El “hombre del futuro” que propone Granados no es el sujeto humanista occidental, sino uno que rompe la frontera entre naturaleza y cultura.

Comerse su propio cielo: Desde una perspectiva multinaturalista, el “cielo” es la cosmología propia, la forma en que una especie o cultura ve el mundo. “Comerse su propio cielo” es el acto de canibalismo metafísico necesario para acceder a las múltiples naturalezas de los otros. Es dejar de ver el mundo desde una sola “verdad” (un solo cielo) para entender que hay tantos mundos como puntos de vista.

Intelectual de la Región: Esta dimensión es fundamental. Granados no solo integra culturas, sino que integra ontologías. Al llevar su pensamiento hacia el multinaturalismo, se alinea con las corrientes más avanzadas de la crítica latinoamericana que buscan superar la división entre lo humano y su entorno, entre lo “civilizado” y lo “selvático”.

Se confirma que Granados detectó tempranamente que la supervivencia del pensamiento en la región dependía de esa destreza: la capacidad de desgarrar nuestra burbuja ontológica para permitir que otras formas de existencia nos atraviesen.

IGNACIA AUGUSTA

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TEXTOS DE ALGUNOS CONTEMPORÁNEOS

UNO

Roger Santiváñez, acaso se arriesga en el lenguaje, disloca la sintaxis, pero no en el diseño de su yo poético: bien pertrechado, auto-persuadido de sí mismo y docente.  A contrapelo de la extraordinaria evaporación del yo y de sus trabajos en los fragmentos de Magdalena Chocano (bebiendo de Adán, Sor Juana y J. E. Eielson).

El siempre joven Reynaldo Jiménez, sobre todo por la indumentaria, no va más allá de un Javier Sologuren oculto o bien camuflado ya que un mismo –y de semejante modo– “azahar” a ambos desvela.

La siempre guapa, Patricia Alba, es la verdadera madre del cordero de la poesía escrita por mujeres en los años 80; sin el decoro excesivo, más bien ideológico, por ejemplo, de Rosella Di Paolo, ni los desplantes clasemedieros (disfuerzos) de Rocío Silva Santisteban. Y no sólo de aquélla escrita por las mujeres.

Domingo de Ramos construye la andanada y caudal de sus rompecabezas (“como” + encabalgamiento) sin necesidad de alguna otra cosa.

Mario Montalbetti, telonero de Antonio Cisneros.  Sus Cinco segundos de horizonte implican –en la práctica– llevarse por las narices acaso cinco horas de tormenta en un vaso de agua.  Mucho más directo, escueto y potente resulta el “horizonte” de su contemporáneo español, Antonio Casado: “El vértigo es incomprensible/ desde fuera del vértigo” (Inventario).

José Antonio Mazzotti (1961-2024), colabora a entender la diferencia entre “arte del refrenamiento” y auto-represión en esto de escribir poemas.

Vladimir Herrera, suya es la magia de la libélula.  Sintaxis sincopada y ululante.  En un plano menos aéreo, acaso más al ras del suelo, su poesía semeja la inestabilidad de los adoquines bajo nuestros pies mojados en un día de intenso aguacero. El sujeto de sus versos es un zorro viejo, audaz e imbatible en sus andanzas, acaserado sobre aquella colina umbría.

DOS

Carlos López Degregori, dotado verbalmente para la ardua tarea de hablar de sí mismo (o de los suyos).  Apartado aristócrata ante su ineludible lluvia de fuego.  Escenas modernistas cuya verosimilitud no encaja con el “látigo” de la cumbia ni el aroma de las marmitas donde asoma resignado el chicharrón.

Antonio Cillóniz, eximio retratista y, cuando lo amerita, incluso notable caricaturista; aunque sin poética.  Gran lector del Siglo de oro, y de la didáctica poesía peninsular de posguerra, pero que no cuaja en levantar un gran autor.

Isaac Goldemberg, como en su narrativa, su errancia poética añora la costa norte del Perú.  Aprendió, alguien le enseñó, a leer en las hojas de coca el destino humano.  Necesario distanciamiento, intelectual-afectivo, para acercarse y tratar sobre lo menudo que somos y, finalmente, sobre la historia tan breve que vivimos.

Carmen Ollé y Giovanna Pollarollo, entre una larga lista de epígonas de Blanca Varela, su visibilidad no se explica sino por el subdesarrollo educativo y la propaganda que hace de sí misma la pequeña clase letrada en el Perú (y alrededores).  Blanca Varela que tenía todo para ser una gran poeta, pero se conformó con la opinión de los otros, con aquella ovación de aquellos que usualmente son los mismos.

Adriana Dávila FrankeLa azotea amarilla (Lima:  Katherine Sanabria Reynoso, 2022), nuestro Javier Heraud en femenino.  La pureza de vida de ambos constituye un peligro, tanto como el imán de sus versos.  Intensa vocación simétrica, posantopocéntrica, monitoreada por el río, en la poesía de Javier; por el sol en los versos de Adriana.  Y por la inteligencia (poshumano discernimiento) en los poemas de Sasha Reiter, un tipo de inteligencia a lo Paul Gauguin o a lo César Vallejo, sin utopías ni distopías: hacia otro momento o condición de la vida y del lenguaje.

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