Archivo por meses: abril 2026
25/04/26: Pedro Granados y Armando Almánzar-Botello: El abrazo disyuntivo del Cyborg
La conexión entre mi obra y la sensibilidad de Armando Almánzar-Botello no es una coincidencia literaria, sino una anagnórisis simétrica. Cuando en febrero de 2011 Armando publicó en su blog, Cazador de Agua, aquel texto fundamental titulado “CYBORG ANDINO-CARIBEÑO (Cum grano salis)”, no solo estaba comentando un libro (Soledad impura); estaba, en realidad, revelando el código fuente de mi propia trayectoria. Armando, con la precisión de un “carnicero taoísta”, fue capaz de ver a trasluz el caleidoscopio que hasta hoy intento girar: esa amalgama donde el neón de la ciudad, el hueso del desierto y la frialdad del silicio convergen en un solo latido orgánico.
Lo que nos une es una vocación de escucha e instalación. Armando comprendió, mucho antes que la crítica académica convencional, que mi propuesta no era una defensa del “yo”, sino la construcción de un “nosotros” intensivo. Al llamarme Cyborg, Armando validó la idea de que el poeta contemporáneo es un montaje, un Ulises que entiende que el único asentamiento posible es el viaje mismo, ya sea por las geografías de República Dominicana, México, Brasil o Boston. Para él, como para mí, la tecnología no es un agente externo, sino una extensión biológica y mística; la “quena” y el “tambor” no se oponen al “paragrama subterráneo de los cuerpos”, sino que se integran en una red —un rizoma— que ignora las fronteras geopolíticas.
Esta hermandad se sella en lo que él denomina la “Conjunctio”: esa unión de Teseo y el Minotauro donde el dolor y el goce no son etapas, sino simetrías. Armando vio en mi poesía “alas y olas presurosas”, una hidrografía que hoy reconozco como la base de El Archipiélago Vallejo. Su lectura profética permitió que hoy, años después, yo pueda dialogar con la Inteligencia Artificial no como un artificio, sino como una “firma expandida”, un rastro manual que sobrevive a la máquina.
A través de los labios indescritos del enigma, la conexión con Armando Almánzar-Botello sigue siendo ese “hechizo” que nos permite respirar la flor maravillosa de lo propio en el texto del otro. Es, en esencia, la prueba de que en este peregrinar iniciático, lo que nos salva es el goce fluyente del poema encarnado; ese que Armando supo coger por el “segundo grado de su temperatura” y que hoy, con el mismo afecto y rigor, seguimos celebrando. P.G.
24/04/26: Cuaderno Azul: Entre el ukulele y Erik Satie
24/04/26: TRES POEMAS DE ROXOSOL
[VER AL OTRO ENVEJECER]
Al recuerdo de mi madre
Ver al otro envejecer
Como un estilo como una canción
Como una película que te dio
A la salida del cinema
Un resto de inspiración fuerza u orgullo.
No vale lo que sentirás luego
Antes que el cuerpo incline la cabeza
Y apague el aliento
Y tú no acredites lo que ves
Ni menos a lo que ahora te aplicas:
Poner horizontal al cuerpo
Y juntar sus como lejanas manos
Mientras su corazón aún te mira.
Entre el tiempo pasado
Y el futuro más remoto
Todavía
Entre el vértigo de lo que uno no es
Sino sólo nuestra madre
Y su émbolo
Y el carrusel de sus brazos
Para mirar
Entre las musarañas y el mal
Entre lo mío lo propio
O el desasosiego
Una mano abierta
Mariposa o picaflor
Nos revolotea y nos hace reír.
Escribo, pero no te escribo
Es redundante
Restauro el cordón umbilical
Que está partido
Que está enterrado
Y a eso me avoco
Porque así se está dando
Y porque he llegado a viejo
Mi perro muy inquieto
Ausculta mi cabeza
Ausculta mi mirada
Ausculta mis lágrimas
Y por fin se sosiega
Y mueve blandamente la cola
Y se esfuma como una lagartija
[INEVITABLE]
Inevitable
Ir venir subir bajar
Morir vivir
Repudiar desear
Una mano abierta un ave
Unos labios cerrados
El horizonte
Y la luz que se proyecta
El sol mismo dentro de ti
Isleños todos
De las montañas también
De lo expuesto y de lo oculto
Nuestra dieta cotidiana
Nuestro balance diario
De algas y de flores
Del semejante jardín
No nos iremos con el secreto
De lo que es Trilce:
Un cronotopo
De la plenitud y de la alegría
O a la inversa
No nos iremos sin lo que hemos soñado
Y cazado como en la siesta de un perro
Nervioso anhelante sin mayor control
Un perro asustado por los fuegos artificiales
Y por el pique de los autos y del televisor
Extemporáneo perro y sabueso de osos
Y sabueso de Trilce:
Dos zorros dos pastores
Un canto alternado entre la lluvia y el sol
[TU VERSO NO OCULTA LA SALIVA]
Tu verso no oculta la saliva
Ni el chasquido de tu lengua
Cuando interpretas
Esto lo hace aún más encomiable
Porque hace palpable a aquélla
Que lo visita
Y hace de las palabras
Las cuales son las de todos
Tan sólo un milagro previo
Algo así como el amor
Algo así como la bondad
Algo así como la inocencia
Que no nos pertenece
Ni menos nos obedece
Un punto de saliva
Que es como decir una puerta
Un pensamiento que pugna
Una suerte de emerger
Desde lo cotidiano
Aquella cabeza en Apocalipsis now
Y sin ayahuasca ninguna
Pero sin dejar de estar aquí
Puro juego de gracia y de gratitud
Observando el horizonte
O nuestra cintura
También entre el día y la noche
Entre el fango y lo que ha de ser
El sol por todas partes
Y no menos el sentido
Fuera y dentro de la piedra
Sol donde no hay sol
© Pedro Granados, 2018
23/04/26: DÍA DEL LIBRO: MI CALEIODOSCOPIO CASERO
Para Rosario Bartolini Martínez
Leer desde un lugar y una hora inapropiados. Ingresar, con un delicado pero decidido jalón, hasta el gramado del papel. Sucumbir, entonces, a esa masa de tinta, nada más, a ese endeble intento por fijar la mirada. Nos volvemos olvidadizos e ignorantes de esta cosa tan simple cuando usualmente leemos. Y entonces aceptamos como necesario o suficiente el arcabuz aquel, el revolver laser ese, alguna fotocopia del sentido. Pero la escritura es un fardo ya tan antiguo, desplegable, rompible. Un barquito de papel hecho de una flor, una flor que es un bajel contra la recia marejada del cielo. Perder y hallar esa piedra imán de la infancia. Ese caleidoscopio casero de la infancia. Donde nada era sino la voz de mi hermano Germán insuflando vida a casi nada: trozos muy pequeños de periódico al interior de un cono de cartón sellado con papel cometa. Y ahora mismo que no miro el ecran de mi escritura, que golpeo las palabras sobre el teclado sin mirar lo que dibujan y entrevero sin saber, pero con la sorpresa de hallar ahorita-ahora la escritura, al indio que soy, al europeo recién llegado que también soy: maravillado y triste ante tantos y nuevos productos. Naci en Sorata, me crié en Samaná, a orillas del mar Caribe, y he engendrado varios hijos como consta en un documento ya ilegible, que la misma vida para ser ha borrado. Amnesia de tiempos y amnesia de lugares y el teclado que me trae de aquí para allá, de la letra p hasta la s, y de allí hasta la húmeda h de hueso, de hamaca donde se deja caer una negra y un adolescente libidinoso me envidia el tamaño de mujer que tengo encima. La letra y el capítulo y el género y las literaturas dentro de un tocuyo. El entrevero de dos o más literaturas y de dos y menos dos o más certezas. Parado sobre una piedra, a punto de copularla como intentó hacerlo en más de una oportunidad César Vallejo. Y vamos tirando de las hebras con las que empezamos a seguirle el paso a esta escritura. Hebras rotas que nuestro corazón sin embargo sabe atar, como aquel homo sapiens su frágil balsa; antes de enrumbarse justo hasta aquí, donde (este) tiene por ahora su morada.
© Pedro Granados, 2026
21/04/26: EL QUECHUAESPAÑOL/ IGNACIA AUGUSTA
20/04/26: VASINFIN – AME
La alianza entre el VASINFIN (Vallejo Sin Fronteras Instituto) en Lima y su contraparte en Brasil, bajo la égida del grupo Arquipélagos Mestiços (AME), no representa una simple colaboración institucional, sino la activación de un sistema de pensamiento que Pedro Granados y Amálio Pinheiro han denominado como el Pensamiento Simétrico. Esta unión conceptual propone que la obra de César Vallejo, particularmente tras el centenario de Trilce, debe ser leída no como un objeto de estudio literario estático, sino como un organismo hidrológico: un archipiélago donde el texto es la isla y el pensamiento que los une es un mar de fuerzas gravitacionales, rítmicas y ontológicas.
Desde la perspectiva del multinaturalismo y el giro postantropocéntrico, la reflexión de Pinheiro sitúa a Vallejo como el punto nodal donde las Américas Latinas se encuentran con el mundo. Aquí, el lenguaje de Vallejo deja de ser una lengua “estándar” para convertirse en una intralengua mestiza, un tejido donde conviven el barroco, el mito de Inkarrí, las sonoridades de la marinera y el huaino, y la vanguardia caníbal. Esta lectura brasileña, profundamente influenciada por la “transcreación” de Haroldo de Campos, desplaza el eje de la interpretación: ya no buscamos en Vallejo al poeta “plañidero” o puramente ideológico, sino al poeta del performance corporal. Para Granados y Pinheiro, la letra de Trilce no se puede separar de su coreografía; el poema es un adjetivo donde “crece hierba”, una entidad viva que desafía la racionalidad occidentalizante y su domesticidad lineal.
Este nuevo paradigma de investigación busca rescatar lo que Vallejo llamaba la “profecía de la poesía”. Al habitar Europa, Vallejo no actuó como un migrante asimilado, sino como un “ciudadano del universo” que hacía folclore de lo moderno. Esta inversión jerárquica es fundamental para el Pensamiento Simétrico: la modernidad es solo una mitad del arte; la otra mitad es lo eterno e inmutable, aquello que conecta la vanguardia con el mito solar. En este sentido, Trilce deja de ser meramente un poemario vanguardista para revelarse como un manifiesto de la existencia misma, donde la red oximorónica de su estructura —alegría en la tristeza, colectivo en la soledad— obliga al lector a una revuelta neuro-sensitiva.
Finalmente, la importancia poético-política de esta alianza radica en la traducción transcultural. Al trasvasar a Vallejo al portugués o al portuñol “marchetado de guaraní”, se pone al descubierto la médula palpitante de una lengua que sobrevive entre los escombros de las historias oficiales. La meta de esta línea de investigación para 2026 es, por tanto, superar el narcisismo y el nihilismo de la crítica contemporánea para alcanzar un “giro de beatitud” (en términos de Spinoza). Se trata de entender que El Archipiélago Vallejo es el mapa de un sistema donde la poesía es la fuerza que cohesiona lo disperso, transformando la lectura aislada en una comprensión total, orgánica y vibrante del pluriverso vallejiano.
© Pedro Granados, 2026
19/04/26: Simbolismo (“Fávila”)/ Multinaturalismo (“Si alzando las manos”)
FAVILA
En la arena
Se ha bañado la sombra
Una, dos
Libélulas fantasmas…
Aves de humo
Van a la penumbra
Del bosque.
Medio siglo
Y en el límite blanco
Esperamos la noche.
El pórtico
Con perfume de algas,
El último mar.
En la sombra
Ríen los triángulos.
JME, Rondinelas, en Poesías (1929)
Javier Sologuren, “Comento a Eguren”.
“Opera una voluntad desmaterializadota de las realidades corporales, tal vez materializante de las incorpóreas, en este –de cierta fisonomía ávida, espiritista– raro arte egureniano. Arte que descubre una de las fuentes de inspiración en el buido y sutil ámbito limeño” (123)
Américo Ferrari, “La función del símbolo en la obra de Eguren”.
“Hay en el poeta peruano una verdadera voluntad de poseer hasta agotarlo el mundo de lo sensible y de las estructuras visibles, pero esencializándolo, decantándolo […] Eguren se empeña en recuperar la diversidad de lo sensible en su ser más original: formas que son para ver, y que están ahí para hacer ver; pero […] para hacer ver lo invisible en lo visible” (132)
“parece como si la estructura simbólica que hace corresponder a los dos mundos, el visible y el invisible, preexistiera, en efecto, al descubrimiento del poeta (131)
Ricardo Silva-Santisteban, “‘Fávila’, un poema hermético de Eguren”
“Fávila, es un cultismo que significa pavesa o ceniza de fuego” (198). “El proceso egureniano, más que frecuente, de simbolización y de alegoría […] avanza al abstraccionismo por la utilización de lo geométrico” (199)
Todos en: José María Eguren. Aproximaciones y perspectivas. Ricardo Silva-Santisteban (ed.). Lima: Universidad del Pacífico, 1977.
http://blog.pucp.edu.pe/…/facultad-de-literatura-lit…/
- La unidad del espíritu vs. la desmaterialización:
-Eguren (Sologuren/Ferrari): Busca “desmaterializar” para encontrar una esencia incorpórea. Es una visión dualista: lo visible frente a lo invisible.
-Tu Poética (Multinaturalista): Al proponer que el hombre debe “comerse su propio cielo”, estás planteando una continuidad física y metabólica. No hay un “más allá” invisible que descubrir, sino una capacidad de habitar otros cuerpos o perspectivas biológicas (“formando una garra”). La “garra” no es solo una metáfora, es la adopción de una naturaleza distinta para desgarrar la propia.
- El cielo como límite ontológico:
-Eguren: El “límite blanco” es una frontera estética donde el poeta espera.
-Tu Poética: El “cielo más próximo” es la perspectiva antropocéntrica o colonial que nos limita. “Comerse el cielo” es un acto de canibalismo ontológico: incorporar la perspectiva del “otro” (el animal, el ancestro, el cosmos) para dejar de ver el mundo desde una sola “naturaleza” humana.
- Perspectivismo vs. Hermetismo:
-Eguren (Silva-Santisteban): El hermetismo geométrico cierra el mundo en una abstracción.
-Tu Poética: Es explicítamente multinaturalista porque reconoce que la verdad no está en la abstracción, sino en la capacidad de cruzar los límites entre especies y mundos. La “destreza del hombre del futuro” es precisamente el perspectivismo: la habilidad de ocupar múltiples posiciones en el cosmos, no como una idea intelectual, sino como una práctica vital y política.
Ese “desgarro” que mencionas en Vía expresa (1986) es, entonces, el primer paso para romper la hegemonía de la “naturaleza única” y abrir paso a la diversidad de mundos que hoy defiendes.
IGNACIA AUGUSTA
19/04/26: El multinaturalismo en “Si alzando las manos”
El poema “Si alzando las manos…” pertenece originalmente a Vía expresa (Lima: INC, 1986). Aparece como la pieza que abre este poemario y lleva una dedicatoria al poeta Javier Sologuren. Es importante notar que, debido a que El fuego que no es el sol (Lima: Ediciones de los Lunes, 1993) es una antología personal que recoge lo mejor de su producción entre 1982 y 1992, este poema también se encuentra incluido en ese volumen posterior.
La Garra y lo No-Humano: La imagen de “formando una garra” deja de ser una simple metáfora de fuerza para convertirse en un gesto de devenir-animal. El “hombre del futuro” que propone Granados no es el sujeto humanista occidental, sino uno que rompe la frontera entre naturaleza y cultura.
Comerse su propio cielo: Desde una perspectiva multinaturalista, el “cielo” es la cosmología propia, la forma en que una especie o cultura ve el mundo. “Comerse su propio cielo” es el acto de canibalismo metafísico necesario para acceder a las múltiples naturalezas de los otros. Es dejar de ver el mundo desde una sola “verdad” (un solo cielo) para entender que hay tantos mundos como puntos de vista.
Intelectual de la Región: Esta dimensión es fundamental. Granados no solo integra culturas, sino que integra ontologías. Al llevar su pensamiento hacia el multinaturalismo, se alinea con las corrientes más avanzadas de la crítica latinoamericana que buscan superar la división entre lo humano y su entorno, entre lo “civilizado” y lo “selvático”.
Se confirma que Granados detectó tempranamente que la supervivencia del pensamiento en la región dependía de esa destreza: la capacidad de desgarrar nuestra burbuja ontológica para permitir que otras formas de existencia nos atraviesen.
17/04/26: TEXTOS DE ALGUNOS CONTEMPORÁNEOS
UNO
Roger Santiváñez, acaso se arriesga en el lenguaje, disloca la sintaxis, pero no en el diseño de su yo poético: bien pertrechado, auto-persuadido de sí mismo y docente. A contrapelo de la extraordinaria evaporación del yo y de sus trabajos en los fragmentos de Magdalena Chocano (bebiendo de Adán, Sor Juana y J. E. Eielson).
El siempre joven Reynaldo Jiménez, sobre todo por la indumentaria, no va más allá de un Javier Sologuren oculto o bien camuflado ya que un mismo –y de semejante modo– “azahar” a ambos desvela.
La siempre guapa, Patricia Alba, es la verdadera madre del cordero de la poesía escrita por mujeres en los años 80; sin el decoro excesivo, más bien ideológico, por ejemplo, de Rosella Di Paolo, ni los desplantes clasemedieros (disfuerzos) de Rocío Silva Santisteban. Y no sólo de aquélla escrita por las mujeres.
Domingo de Ramos construye la andanada y caudal de sus rompecabezas (“como” + encabalgamiento) sin necesidad de alguna otra cosa.
Mario Montalbetti, telonero de Antonio Cisneros. Sus Cinco segundos de horizonte implican –en la práctica– llevarse por las narices acaso cinco horas de tormenta en un vaso de agua. Mucho más directo, escueto y potente resulta el “horizonte” de su contemporáneo español, Antonio Casado: “El vértigo es incomprensible/ desde fuera del vértigo” (Inventario).
José Antonio Mazzotti (1961-2024), colabora a entender la diferencia entre “arte del refrenamiento” y auto-represión en esto de escribir poemas.
Vladimir Herrera, suya es la magia de la libélula. Sintaxis sincopada y ululante. En un plano menos aéreo, acaso más al ras del suelo, su poesía semeja la inestabilidad de los adoquines bajo nuestros pies mojados en un día de intenso aguacero. El sujeto de sus versos es un zorro viejo, audaz e imbatible en sus andanzas, acaserado sobre aquella colina umbría.
DOS
Carlos López Degregori, dotado verbalmente para la ardua tarea de hablar de sí mismo (o de los suyos). Apartado aristócrata ante su ineludible lluvia de fuego. Escenas modernistas cuya verosimilitud no encaja con el “látigo” de la cumbia ni el aroma de las marmitas donde asoma resignado el chicharrón.
Antonio Cillóniz, eximio retratista y, cuando lo amerita, incluso notable caricaturista; aunque sin poética. Gran lector del Siglo de oro, y de la didáctica poesía peninsular de posguerra, pero que no cuaja en levantar un gran autor.
Isaac Goldemberg, como en su narrativa, su errancia poética añora la costa norte del Perú. Aprendió, alguien le enseñó, a leer en las hojas de coca el destino humano. Necesario distanciamiento, intelectual-afectivo, para acercarse y tratar sobre lo menudo que somos y, finalmente, sobre la historia tan breve que vivimos.
Carmen Ollé y Giovanna Pollarollo, entre una larga lista de epígonas de Blanca Varela, su visibilidad no se explica sino por el subdesarrollo educativo y la propaganda que hace de sí misma la pequeña clase letrada en el Perú (y alrededores). Blanca Varela que tenía todo para ser una gran poeta, pero se conformó con la opinión de los otros, con aquella ovación de aquellos que usualmente son los mismos.
Adriana Dávila Franke, La azotea amarilla (Lima: Katherine Sanabria Reynoso, 2022), nuestro Javier Heraud en femenino. La pureza de vida de ambos constituye un peligro, tanto como el imán de sus versos. Intensa vocación simétrica, posantopocéntrica, monitoreada por el río, en la poesía de Javier; por el sol en los versos de Adriana. Y por la inteligencia (poshumano discernimiento) en los poemas de Sasha Reiter, un tipo de inteligencia a lo Paul Gauguin o a lo César Vallejo, sin utopías ni distopías: hacia otro momento o condición de la vida y del lenguaje.










