Archivo por meses: septiembre 2023

Novelas de Pedro Granados

 

La saga la inició hace 23 años  Prepucio carmesÍ (New Jersey: ENE, 2000).  Primera novela del siglo XXI –escrita por un migrante peruano– trasandina, archipiélica o multinaturalista.  Sin melancolías ni con el espíritu –típico o, peor todavía, profesional– de  un sujeto andino damnificado.  Post-exótica y post-indigenista; la cual, apuesta más bien por la complejidad desde el origen, por la opacidad.

Luego se han sucedido:

Prepucio carmesí y otras novelas cortas (Lima: Tribal, 2012).  Reúne: Prepucio carmesí (2000), Un chin de amor (2005), En tiempo real (2007), Una ola rompe (2012) y Boston Angels (2012).  Posteriormente, he publicado directamente en la Web ¡Fozi Lady! (2016) [2013], sobre los últimos momentos de la vida de César Vallejo y, casi, de Juvenal Agüero; y Poeta sin enchufe (2018).

RESEÑAS

Nos encontramos ante un texto que no es fácil de leer y sin embargo su lenguaje nos resulta sumamente familiar. Es un texto que evoca a los fantasmas de la escritura. Un algo nostálgico inunda sus páginas. Un texto deforme e impredecible como lo es el mar. Es un texto que cuenta pero que también nos muestra lo invisible escondiendo la trama y lo evidente en una urdimbre de momentos y anécdotas. Un texto que resulta una fiesta para el lenguaje. Una celebración de la palabra. Un texto que nos remite al pasado. Ese tiempo pretérito que aún respira entre los acantilados de la existencia. Un texto que nos abandona dejándonos con el deseo de volver a la obra de Pedro Granados que es un futuro que él ha construido y que no existe salvo en la palabra.

Davo Valdés de la Campa (México)

Novelas breves, inmediatas, que hacen de la historia de Juvenal Agüero, la historia de cualquier hombre de letras arrojado a la intemperie de una existencia cada vez más intrincada, a caballo entre los retazos sincopados de Internet, ya todos entran en casa sin llamar, y el salto permanente entre imágenes y textos que contemplamos sólo por un instante. ¿De qué manera puede encarar el que vive del sueño y de la tecla semejante pandemonium de pulsos culturales? Pedro nos lo cuenta en un párrafo y sin apenas despeinarse, nada como su falta de afectación para decir las cosas desde la altura de quien ha experimentado seriamente con ello.

Juan Granados (España)

El humor es uno de los rasgos más logrados. El autor emplea y dosifica el humor a lo largo de la obra. Incluso en los momentos de mayor seriedad hay una pequeña cuota de ingenio humorístico.

El Prepucio viene a significar la cubierta que nos separa del mundo y nos mantiene encerrados y sin luz. La ruptura de ese prepucio es la salida al mundo para desenvolvernos como pensamos y sentimos y, sobretodo, para ejercitar nuestra libertad.

Edson Pacheco Briceño (Perú)

Una prosa cautivante, secreta, como un río de petróleo indescifrable que transita por el subterráneo y aúlla: Desaparecer bajo el triturador de mi cocina primero con un ruido áspero, pero después como un sonido uniforme, tan uniforme como el agua que lava y tan humilde desaparece. Versátil. Fuerte. Ya nadie usa tinta -es increíblemente costosa- ahora es el parpadeo de las teclas del escritor las que anuncian un estilo particular.

Daniel Beteta (Perú)

Bueno, así pues, me di cuenta de que muchos de nosotros podemos llegar a vivir en un prepucio. A veces no se remanga bien y la cabeza apenas se asoma, o a veces se remanaga tanto que hay que mantenerla afuera un rato hasta que se canse. Lo malo sería nunca echar un vistazo; quedarse envuelto en lo que uno cree que es aceptable y juzgar a los demás desde esa cubierta, sin tratar de entender de que hay otras posibilidades allá afuera.

Entouchantlesmots

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Jornadas Bolaño – 18 y 19 de octubre (ILH-UBA/ MALBA)

El Instituto de Literatura Hispanoamericana (ILH-UBA) y el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA)

18 de octubre (virtual)

10 a 10.30 – Apertura

10.30 a 13 – Mesa 1

Olivier, Florence – Rescatar, reanimar, redistribuir: algunos gestos memoriosos y críticos en la obra de ficción de Roberto Bolaño

Kutasy, Merci – Traducir Bolaño. La recepción de la obra de Roberto Bolaño en Hungría

Flores, Darío – Profanaciones. Roberto Bolaño y el canon literario

Pomareda Céspedes, Fernando – Recentrando el canon: Una lectura de La literatura nazi en América y “El gaucho insufrible” de Roberto Bolaño a la luz de la figura de Jorge Luis Borges

Ramírez, Susana Florinda – Roberto Bolaño en su narrativa: un diálogo controversial con la tradición literaria hispanoamericana

14 a 16 – Mesa 2

Granados, Pedro – Edgar Artaud Jarry: Fundador del Infrarrealismo

Bolaño, en México, no sólo utilizó a su muy joven compatriota, Bruno Montané Krebs, ávido y curioso lector, a modo de ósmosis o mayéutica poético-intelectual permanente; sino que también empleó y manipuló, esta vez como pantalla, a José Rosas Ribeyro —poeta peruano absolutamente menor de Hora Zero— para intentar canibalizar este último Movimiento: ponerlo a la par del mexicano o incluso hacer preeminente al Infrarrealismo a nivel continental (cosa que, a fin de cuentas, logró con la publicación de Los detectives salvajes). José Vicente Anaya —junto con Bolaño y Papasquiaro otro de los fundadores del Infrarrealismo o, al menos, de alguno de ellos; y el que moteja de modo errado a Edgar Artaud Jarry como «infra-mariosantiaguista»— ante tan fulminante expansionismo del chileno (paralelo, consistente y mayormente incuestionado ante la crítica como los de Raúl Zurita o Pedro Lemebel, sus paisanos) queda atónito y no tuvo más remedio que quedarse, mayormente, de ensayista y traductor (poetas beats, haiku japonés, Marge Piercy, Allen Ginsberg y un largo etcétera). Es decir, Anaya en aquel exacto momento, careció del oportunismo y malicia de Bolaño —aunque luego éste, en la novela, encontrara el mejor formato para su escritura— y de la persuasiva zozobra que lograban comunicar los versos de Mario Santiago Papasquiaro.  En definitiva, postulamos al poeta y científico mexicano, Edgar Artaud Jarry, como un más plausible –y no menos opaco– fundador del Infrarrealismo; sin los pliegues ni las frustraciones de Bolaño o Anaya.

Loy, Benjamin – Del infrarrealismo a lo ‘infra-ordinario’: estéticas y políticas de lo cotidiano en Bolaño

García Gutiérrez, Rosa – Cesárea Tinajero y ‘La Emergida’: la leyenda de Concha Urquiza en Roberto Bolaño y Cristina Rivera Garza

Núñez, José – Una aproximación a la figura de Poeta maldito en la narrativa de Roberto Bolaño a partir de Los Detectives Salvajes

16 a 18 – Mesa 3

Espinosa, Patricia – Trànsitos de la mujer en Los detectives salvajes y 2666 de Roberto Bolaño

Tomic, Marta – La aporía de la búsqueda del centro en los espacios fronterizos de Santa Teresa de Roberto Bolaño y Comala de Juan Rulfo

Tocco, Fabricio – Bolaño contra el invidualismo y el Estado

Fernández, Eugenia – Literatura del absurdo, música bebop y películas de carretera en novelas de Roberto Bolaño

18 a 20 – Mesa 4

Candia-Cáceres, Alexis – Rojas, Bolaño y Zambra: chilenos perdidos en el ocaso

López Martínez, Rodrigo – La vanguardia después de Bolaño: El círculo de los escritores asesinos (Trelles

Paz, 2006) y Poeta chileno (Zambra, 2020)

Rodríguez Reyes, Roberto – Contra Bolaño: formas alternativas de lidiar con el monstruo

Lèal, Alfredo – Después de Herralde. Transformaciones económico-materiales en la obra de Roberto Bolaño

20 a 21 – Plenaria

Álvaro Bisama

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[El círculo se estrecha]

El círculo se estrecha

Todo se facilita

La liebre de los días

Su aire casi mentolado

De tan vertiginoso

Aunque también el zorro diligente

Se va congregando todo

Y tú a ello te ajustas

Sin siquiera pensártelo

Sólo por el acuerdo y la soberanía

De los hechos de lo hecho

Sobre lo planeado o pensado

La vida es un parpadeo sobre lo mismo

Y aquel troglodita supongo murió

De modo semejante a como yo mismo moriré

Hoy o de aquí a poco

El cuerpo como pesado

Y sin poder  arrancarse del lecho

Y ganar la salida más próxima

Y continuar con esta pequeña historia

Que a cada cual y a cada uno

Ineludible corresponde

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Algo más de poesía peruana: A propósito de Carlos Llaza

Acierta Julio Ortega, en sus oscilaciones críticas[1], sobre la poesía peruana que viene desde los años sesenta hasta, añadiríamos nosotros, incluso nuestros días:

Me doy cuenta ahora de que cada tanto yo cambiaba de opinión, y me llenaba de remordimientos: después de preferir la poesía de Rodolfo [Hinostroza], me resultó algo sobrescrita; después de preferir la de Antonio Cisneros, me pareció algo astuta; y después de preferir la de Lucho Hernández, me sorprendió la candidez de su ingenio (La comedia literaria)

No existe sobrescritura ni astucia en ningún poema de Martín Adán.  Tampoco en Vallejo; aunque, sí, acaso algo de sobrescritura en sus dos extremos: Los Heraldos negros y España, aparta de mí este cáliz ya que,  en ambos a veces, lo excede o el drama de su orfandad o lo humano de su emoción.  Tampoco es para nada astuto, aunque sobrescriba por exceso de virtuosismo, Jorge Eduardo Eielson.  Wetsphalen sobrescribe por doquier.  Varela es la soberana astucia porque siendo una auténtica poeta, en realidad, no le interesó la poesía; se conformó en representar, por primera vez en el Perú, a una mujer burguesa, educada e insatisfecha.  La prudencia encorsetó sus naturales alas; Varela daba para muchísimo más.   Watanabe, en cuanto se acordó de su fe o se reconcilió con su cristianismo patinó hacia aquellas dos falencias; cuando estaba desde ya henchido de Dios a través de la sabiduría de su pueblo (Laredo) que su poesía con brillo extraordinario ventilaba.  Watanabe como gozne o a mitad de camino entre los poetas políticos o civiles –todos, necesariamente, van a ser astutos y sobrescribir; sino contemplémonos en José Santos Chocano– tipo Antonio Cisneros (muy pronto prescindible para la poesía) o Rodolfo Hinostroza que confundió el tono o la tonada de época (verso proyectivo o composición por campos en su versión latinoamericana) con la poesía y de él va quedando, más bien y entre líneas,  el auténtico y hondo fervor por su padre.  Y los poetas que Julio Ortega describe aquí, aunque sólo refiriéndose a Luis Hernández,  con la palabra “candidez” (léase, histórica o política).  Entre esta última, y en tentativa urdimbre: Eguren, el primero de todos, Chariarse, Sologuren y, claro, el mismo Luis Hernández Camarero conformando tal una asordinada continuidad[2].  No se trata aquí de distinguir, como en los 50′, entre poetas “sociales” y poetas “puros”; sino únicamente advertir que tanto “sobrescritura” como “astucia” pertenecen a un campo semántico distinto al de “candidez”.  En el primer caso se trata de la carpintería o formato de los poemas que, obviamente, implica asimismo un sujeto poético detrás, más bien taimado.  En el segundo caso, el de “candidez”, no aludiría a la factura de los textos; Eguren ni sobrescribiría ni precisaría ser astuto, sino a la mirada.  Ergo, a juicio de Ortega, “candidez” alude sobre todo a la mirada; acaso naif o por lo menos poco crítica.

            Pues desde los años 60 (Cisneros, Hinostroza), pasando por Hora Zero (70) y Kloaka (80), hasta el presente, los poetas peruanos constituimos una verdadera bola de taimados; es decir, creemos que con el lenguaje supuestamente basta –el formato, el tema, lo referido– y no reparamos en la calidad de sujeto que proponemos al lector.  En otro lado, “Aguas móviles de la poesía peruana: De los formatos a las sensibilidades”, ya lo hemos puntualizado:

acaso es tarea de la academia, hoy más que nunca, intentar superar –a modo de un salto cualitativo– las clasificaciones y taxonomías y atrevernos a evaluar la “poesía nueva” en cuanto y en tanto “sensibilidades nuevas” en o para un contexto determinado.  Y, asimismo, atrevernos a trabajar  en el aspecto cultural con opacidades (mixturas, hibrideces, simultaneidades) ya que, de modo casi unánime, partimos de esencialismos o privilegiamos temas o motivos: esta poesía es andina — incluso ‘quechua’– porque habla de determinados temas o con determinado vocabulario; esta otra es del “lenguaje” porque es más o menos metalingüística; o esta otra es “meramente” coloquial o anticuada; etc.  Así no llegamos a ninguna parte

Es decir, y si cabe, hoy por hoy añorararíamos un Eguren lúcido  –no alienado ni evadido de la realidad– frente a la legión de sobrescribas (charlatanes)  y astutos que por oleadas nos asolan.  Charlatanes o bobos (aquellos del close up de Hernández sobre la remera de moda) para ser más exactos.  Es decir, constatamos ahora, y en toda nuestra región, una suerte de sed de fantasía, pero de no ficción .  Por cierto, Borges o Vallejo, solos o actuando en dupla, constituyen una espléndida alternativa.  Sin embargo, y justo desde los poetas con más potencia creativa, se ensayen éstas u otras opciones ante la noria de los que no tienen absolutamente nada que decir, pero escriben.

Uno de estos nuevos poetas peruanos es, sin duda, Carlos Llaza.  Acaso de modo prematuro, nació en 1983, desvicera pulcramente a la poesía o al animal elegido; es decir, sin revolver o dañar la entraña.  Arte decididamente simétrico o postantropocéntrico.  Por lo tanto, donde el parentesco:

no es esencialmente un fenómeno social; por medio de él no se trata exclusivamente, o siquiera primordialmente, de regular y determinar las relaciones de los seres humanos unos con otros, sino de velar por lo que podría llamarse la economía política del universo, la circulación de las cosas de este mundo del que formamos parte (Eduardo Viveiros de Castro, Metafísicas caníbales.  Líneas de antropologia postestructural. Stella Mastrangelo (ed.).  Madrid: Katk Editores, 2010. 195)

Cultura, sensibilidad, lenguaje, política, pedagogía, se conjugan y reúnen –jamás ingenua o inocentemente– sobre la piel:

La piel es nuestro punto

de encuentro.

Aquí venimos a parir.

En este acantilado

compartimos la lengua.

(“Hueso y pellejo”)

El habitáculo es un cajita

de cartón en que no hay sitio

para mis alas de cuervo.

El cofre mágico, baúl de abuelo

féretro de niño según

quien desempolve las esquinas.

La calle se retuerce ante el silencio

de los gatos y se eriza

con la luna de los huérfanos.

Anoche renunciaron las ventanas;

dicen que hay sol en el país de los espejos,

que el mundo no tiene cortinas.

(“Concierto vagabundo”)

Carlos (“Cae”) Llaza o, también, Carlos Quenaya o Sasha Reiter; todos ellos en sus veintes o en sus treintas.  Las nuevas generaciones de poetas peruanos tienen muy poco que aprender de su tradición desde los años 60′ para acá, mejor remitirse a las fuentes.  O, tal como también lo hicieron aquellos mismos maestros, catalizarse con otras tradiciones u otras culturas.  No para inventarse o militar en una globalización que, además, con esta crisis del coronavirus ya fue; sino más bien, a contracorriente del espejismo de lo centrífugo, multiplicar las patas y alargar el hocico.  Alimentarse por dentro.

NOTAS

[1] Fino comentario de parte del que desde hace tiempo es un claro maestro.  Fino y oscilante y tentativo y no menos exacto.  Por este motivo Julio Ortega, a diferencia de otros críticos y contemporáneos suyos, que más bien calculadamente  la auspiciaron, no ha creado escuela ni discípulos directos.

[2] Aunque la poesía de Luis Hernández resulte inimitable; en este sentido su poesía sería en el Perú como la de Vallejo, valga la comparación, pero como un Vallejo de signo contrario: “acorde con la tradición egureneana apuntada más arriba (Carlos Oquendo de Amat, el Martín Adán juvenil, Emilio Adolfo Wesphalen, Jorge Eduardo Eielson, Javier Sologuren, etcétera); y esto porque renueva y otorga contemporaneidad ilimitada -vía el humor- a una estética signada por el refinamiento, la paradoja y el misterio de raigambre simbolista o existencial” (“La poesía de Luis Hernández: Treinta años después”).

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MINI CURSO: AUTOFIGURACIONES AMERINDIAS

VALLEJO, ADÁN Y EIELSON-SOLOGUREN: ESTANCIAS AMERINDIAS

(Autofiguraciones amerindias en el contexto de la migración y la interculturalidad)

MINI CURSO

Mediador: Pedro Granados, Ph.D. (VASINFIN)  

https://orcid.org/0000-0001-8359-397X

Sumilla

Aquello de auto figuraciones alude, sobre todo, a anagnórisis o, también, a deseo.  Estos poetas, representantes de la poesía peruana letrada-culta o experimental-vanguardista canónica del siglo pasado, las encarnan todos en sus obras.  Viajeros sin excepción, incluido aquí el supuesto “exilio” predominantemente interior de Martín Adán, a pesar de su clase social o del color de piel o de sus simpatías u oscilaciones políticas, repararon en que  —aunque con premeditada opacidad– escribían en tanto mediadores o, màs bien del todo, autores amerindios; es decir, aquello constituyó una suerte de autodescubrimiento y autodeterminación ontológica.   ¿Por qué empezamos con César Vallejo?  Porque este autor representa, en el Perú, este giro ontológico por excelencia.

Descripción   

Vallejo, Adán y Eielson-Sologuren: Estancias amerindias

De los formatos a las sensibilidades y de éstas a los espacios (“estancias” aquí) es de lo que trata el presente mini-curso.  Traducible este último, de manera intersemiótica y del modo más económico, acaso al dibujo de una ola y un rayo de sol.  El riel César Vallejo se halla presente por aquello que éste acuñara sobre “poesía nueva“ (1926).  El otro riel es una lectura de la tradición de la poesía peruana ya no como formato/s ni, tampoco, en tanto “sensibilidad” (individual, grupal) sino, en cuanto imposición o consagración en ella de un espacio amerindio (Ingold).  Gesto simétrico o multinaturalista (Viveiros de Castro) y, asimismo, no menos contra instrumental respecto a nuestro intento de tomar posesión del texto poético.

Superada la “escenografía” modernista, la poesía latinoamericana recupera el paisaje; aunque no precisamente el telúrico y, sí, considerando a la complejidad y virtualidad del espacio como un soporte más adecuado para lo humano: “Perception, Gibson argued, is not the achievement of a mind in a body, but of the organism as a whole in its environment, and is tantamount to the organism’s own exploratory movement through the world. If mind is anywhere, then, it is not ‘inside the head’ rather than ‘out there’ in the world” (Ingold 3).  Ejemplos: Escalas, de César Vallejo, o Fervor de Buenos Aires, de Jorge Luis Borges, ambos libros de 1923.

En consecuencia, entendemos “estancias amerindias” en tanto íconos o conceptos localmente motivados; aunque, de modo simultáneo, de relevancia o proyección universal.  Es decir, “estancias” en tanto frutos de una mediación conceptual amerindia para el mundo (Granados 2019).  Y, asimismo, mediación conceptual vinculada a una tradición –en este caso específico– el de la poesía peruana culta.

Por último, aunque no sería lo menos importante, trabajar con poesía nos parece metodológica y epistemológicamente urgente para, en específico, el actual contexto académico internacional.  No leemos poesía culta por perjuicio de hallarnos ante un objeto decorativo o propio de una clase social privilegiada; o porque carece de la suficiente información para aplicarle, en automático, nuestros esquemas realistas (históricos e ideológicos); o porque simplemente no la entendemos, particularmente la de la vanguardia para aquí, y en consecuencia mejor la evitamos.  Este minicurso, a pesar de su brevedad, pretende echar luces y desterrar, en algún grado, dichos prejuicios.

TEMAS

-César Vallejo: Muros melografiados

a. “Cuneiformes”

b. Vallejo a caballo

c. Vallejo + Barroco: Varrojo

-Martín Adán: “En la azotea”

-Jorge Eduardo Eielson: “Instalación sobre Vallejo”

-Estancias (1960), de Javier Sologuren.  Nueva visita.

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EL FAICAL Y LA UNATEFSIL

Esperamos que animados, es nuestro mayor deseo, por estos extraordinarios testimonios de vida que hallamos plasmados en las pinturas rupestres de Faical (San Ignacio, Cajamarca), ha echado a andar la constitución de la Universidad Nacional Tecnológica de la Frontera (UNATEFSIL).  Testimonios, aquellos, de vocación universal, multidimensional, holística y asida de garras a las respuestas concretas por su existencia (comer, beber, reproducirse, asociarse para sobrevivir, adorar) que necesitaron los primeros habitantes en el ámbito de la actual cuenca del río Chinchipe.  Grupos humanos recolectores/cazadores que llegaron a Sudamérica por el flanco oriental de la cordillera de los Andes, hace seis mil años, y que hoy por hoy sus genes, problemas, desgracias, pero también ineludibles alegrías permanecen aquí.  Alegrías como las de contar con una universidad pública que democratice las posibilidades de estudios superiores en la región y enriquezca, en términos muy amplios, nuestra existencia tanto individual como comunitaria.  Institución, además, y dado que se halla enclavada en la frontera con el Ecuador, de entrada, con una visión de diálogo e integración.

Estas son algunas de las cosas –luego de reunirnos informalmente con su comisión organizadora, y aprovechando que nos hallamos en los principios o magma de la UNATEFSIL y hay espacio para soñar– que nos ha puesto a pensar el yuxtaponer las pinturas de Faical a esta naciente y prometedora institución educativa.  Por cierto, esperamos no equivocarnos P.G.

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Seres de la playa

*

La rama verde no puede contra la arena

A la tierra fértil el desierto devora 

Nada vemos que no sea duna y mar 

*

Una lagartija de la arena

No se parece a una iguana de la tierra

De aquellas lentas y tan fértiles

E indeleble máscara de carnaval

Ambas no son los mismo

Aunque sí mis dedos detenidos

Sobre este charco

Abrevando con los labios lo que escucho

Apurando con la lengua aquello que bebo

Desde niño bebí al sol

Como a través de un ombligo

*

No toco la arena tan sólo como arena

Bemoles y notas  permanecen allí

Arcos de sal transparentes

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