EDGAR ARTAUD JARRY (EDGAR ALTAMIRANO, 1953–2025). DOSSIER

El científico cuántico y el astronauta infrarrealista
A finales del año 2025 nos llegó la dolorosa noticia desde México: falleció Edgar Altamirano, el entrañable Edgar Artaud Jarry, el “astronauta” de la poesía intergaláctica y el amigo más absurdo, tierno y brillante que la vida nos pudo conceder. Con su partida física, la literatura hispanoamericana pierde a uno de sus secretos mejor guardados y, sin duda, a un auténtico e inclasificable eslabón perdido entre la ciencia de punta, la rebelión estética del infrarrealismo y la desgarrada lucidez cotidiana.
A lo largo de casi dos décadas de correspondencia, visitas y complicidades volcadas en el Blog de Pedro Granados, Edgar Artaud Jarry construyó una obra poética que es, a su vez, una física del alma.
Desde sus primeros textos y manifiestos de corte iconoclasta hasta sus poemas sobre Marte, la
vejez y los átomos, su poesía fue un campo de colisión donde la Inteligencia Artificial se
abrazaba con el dolor más primario y humano de existir.
Este Dossier es un mapa emocional e intelectual de nuestro “cuate” Edgar. Reúne su poética
cuántica, sus manifiestos provocadores, el pulso de sus últimos años y las reflexiones de
quienes compartimos su viaje.
I. MANIFIESTOS Y GOLPES EN LA CABEZA
Primer borrador del Manifiesto Pendejista-Imbécil
La poesía de Edgar comenzó golpeando conciencias. Lejos del decoro de las capillas literarias
que se reparten becas institucionales, Artaud Jarry supo proponer un juego poético de riesgo
absoluto donde la imbecilidad —entendida como el descascaramiento total del rictus solemne—
era la única vía de escape.
«Hay que desnudarse de la lógica que nos imponen los burócratas de la palabra. Si nuestra
poesía es una mierda, que lo sea con orgullo y de cara al viento, porque al menos es nuestra y
no la copia carbón de los consagrados del día.»
Este espíritu se condensó de manera magistral en su libro Golpeándome la cabeza (2009),
donde entabló una guerra abierta contra los esteticismos decorativos. En la célebre entrevista
concedida a Raúl Silva por este lanzamiento, Edgar lo dejó en claro: escribir poesía no es un
acto de decoración de interiores, es un choque violento de la mente contra el lenguaje para ver
si, de ese impacto, brota al fin una chispa de verdad.
II. VALLEJO EN MARTE: LA HIPÓTESIS INTERGALÁCTICA
Uno de los proyectos más ambiciosos y fascinantes de Artaud Jarry fue la conjunción entre la
cosmogonía andina y el futuro espacial, sintetizado en su tesis de “Vallejo en Marte / Marte en
Vallejo”. ¿Qué hacía el cholo universal en el planeta rojo? Para Edgar, la orfandad radical de
César Vallejo no era un asunto meramente peruano, limeño o parisino; era una condición
cósmica.
Como científico que programaba sistemas expertos en lenguaje LISP y teorizaba sobre la física
cuántica, Edgar entendía que los átomos observando átomos eran la expresión material del
dolor vallejiano. En sus poemas espaciales de la última década (Astronauta, Correo del
astronauta, Átomos observando átomos), Artaud Jarry se despojaba de su traje de científico
para flotar en el vacío intergaláctico, cargando sobre sus hombros la pesadumbre del desierto
mexicano y la herida de los Andes.
«Soy una máquina que siente, un avatar virtual que se pregunta por la hipótesis de Dios
mientras su esposa duerme y el frío del universo se cuela por las rendijas de la ventana de
Tlalnepantla.»
III. DIALOGOS EN LA FRONTERA: EL INFRARREALISMO Y BOLAÑO
Aunque la historia oficial del Infrarrealismo suele cerrarse sobre los nombres míticos de Mario
Santiago Papasquiaro y Roberto Bolaño, Edgar Artaud Jarry fue una presencia fundamental, un
fundador silencioso y un continuador de esa mística del vagabundeo y la sospecha. Su poesía
no buscaba el aplauso de los salones de la Ciudad de México o Monterrey; prefería los bares
de puerto, los callejones sin salida y el diálogo fraterno con los fantasmas del pasado.
En el cruce de correspondencias entre Monterrey y Lima, Edgar, Pedro Granados y el recuerdo
de Bolaño tejieron una red de resistencia. Una poesía que, desmitificando el “hampa letrada”,
devolvía la palabra a su dimensión más física y callejera. La poética de Artaud Jarry es, en
esencia, una “crítica postbarrial” que se atreve a imaginar lo imposible para obligarlo a hacerse
realidad.
IV. ESTOS VIEJOS AÑOS Y EL ADIÓS
Estes viejos años (2011/2016)
Por Edgar Artaud Jarry
Cuando uno se entera de la desaparición de sus héroes
asume entonces que también envejece;
hoy murió John McCarthy, quien acuñó el polémico término
“Inteligencia Artificial”
e inventó el lenguaje “LISP” que usé algún día en el campus.
Aún recuerdo los años como estudiante de posgrado
días y noches, encerrado en laboratorios
programando mi sistema experto, en lenguaje Lisp.
John McCarthy fue uno de aquéllos héroes
que tenía siempre en la mente
que leía en libros de historia reciente
que aparecía en mis libros de posgrado
que veía como un fantasma en las noches
cuando mis colegas se quedaban dormidos.
Después cuando volví a la Universidad
el primer día de clases
siempre mencionaba obligadamente a McCarthy;
lo mismo hice en el tecnológico
y en las charlas de café con profesores
que denostaban el término inventado por John.
Hoy es mi cumpleaños y hoy murió John McCarthy.
Viejo, pienso en ti, pienso en Bukowski, pienso
en mi cuarto lleno de libros, que se comieron
los años.
Estos viejos años que arrugan mi vejez y mi
próxima muerte.
V. COLOFÓN: EL RETORNO AL AZTEPALLATL
En sus últimos años, Edgar insistió en la imagen del Aztepallatl, un retorno místico a las raíces
del barro y el sol de México, pero cruzado por la óptica cuántica del científico que sabe que la
materia nunca se destruye, solo se transforma. Su partida en 2025 nos deja huérfanos de su
ironía, de sus correos de madrugada firmados por “el astronauta”, de su tierno absurdo y de su
implacable lucidez para desenmascarar la solemnidad del mundo.
Se fue Edgar Altamirano, pero en algún rincón de Marte, o en un laboratorio cuántico donde los
átomos juegan a mirarse a sí mismos, Edgar Artaud Jarry sigue tecleando un código eterno en
lenguaje LISP. Un código que, de una vez por todas, replica a la perfección la única inteligencia
que vale la pena: la del corazón humano.
Buen viaje, cuate. Nos leemos en el bar del puerto.
© Pedro Granados, 2026

HOMENAJE A EDGAR ARTAUD JARRY (DOSSIER)
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