Archivo por meses: Noviembre 2017

PALESTRA: TRANSCRIAÇÃO E TRANSCULTURALIDADE/ Amálio Pinheiro 

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TRANSCRIAÇÃO E TRANSCULTURALIDADE

30 de Novembro de 2017 | 19h às 21h
Por Amálio Pinheiro 

(Centro de Estudos de Tradução Literária)

A transcriação, em Haroldo de Campos, abarca processos que vão de um conhecimento do signo poético (via Fenollosa, Jakobson e Peirce, por exemplo) ao movimento diferenciante e deglutidor das línguas e culturas/naturezas antropofágico-mestiças, que trazem na sua formação o germe tradutório da incorporação do outro. Daí a preferência por certos autores transbarrocos, desviantes da tradição sucessiva da história, como Gregório de Mattos, Lezama Lima, César Vallejo e Oswald de Andrade.

Esta atividade poderá contar como crédito de horas para o Programa Formativo para Tradutores Literários.

Grátis

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Premio Nacional de Literatura 2017: A los comisionados de la verdad

Marco Martos Carrera, Abelardo Sánchez-León Ledgard y Diego Alonso Sánchez Barrueto otorgaron, el año pasado, el “Premio José Watanabe” a Miguel Ildefonso  Huanca.  Flamante “Premio Nacional de Poesía” (2017), este último, y con igual libro (El hombre elefante y otros poemas), por un jurado integrado esta vez por José Gabriel Valdivia, Gonzalo Pantigoso, Carlos Germán Belli, Rosina Valcárcel y Carmen Ollé.  Es decir, en conjunto y acaso con la única excepción de Belli, aunque raspando: 0 poesía.  Ildefonso Huanca, husmeador empedernido de lo que no conoce y acaso jamás conocerá; entre esto, la calle y sus gentes (Humareda, la anónima prostituta, el  anónimo poeta) que no merecen ni su impostada filantropía ni su lenguaje de taller de literatura: pan resopado, y de melindres westphaleanos o cisnereanos, que de ninguna manera –caliente, molido o en pasta– llega a nosotros vivo.  Todo esto afectado por una vocación de comisionado de la verdad o de la justicia que solo existe en su cabeza; y también, obvio, en la de todo aquel “humanísimo” u holístico jurado. 

Con este breve rollo no estoy concertando ni abogando por las menciones honrosas de este mismo “Premio Nacional”: Mario Montalbetti y Antonio Cillónizpoetas de sobra conocidos y sobre los cuales, asimismo, algunos de ustedes ya conocen mis opiniones sobre sus trabajos.  De lo que dejo constancia es que, una vez más, no me callé ante tamaña mediocridad tanto de la crítica como de la poesía peruana de estos últimos y penúltimos años.  Corro el riesgo, ante asunto tan fresco y viviendo desde hace algún tiempo otra vez en el Perú, que me tilden –por lo menos– de envidioso.  Sin embargo, asumo el riesgo porque póstumo ya soy.  Con tamaño jurado no llegaría, salvo por providencial descuido, felizmente a parte alguna. Habla, piano.

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Exposición: archivo histórico de Martín Adán en acceso abierto

Lima no tiene alma, en algunas cosas, las casas y el Palacio de Rospigliosi son pura “quincha”.  Aquí  [en el Cuzco] es diferente, hay fortaleza.

En Lima tenemos muchos crepúsculos, uno de ellos soy yo.

Quiero seguir sufriendo y amando al Perú, yo solo, sin compañía de nadie.

-¿Trabajaste alguna vez?

-Bueno… como si lo hubiera hecho, porque cobraba sueldo.

El estilo es una de las formas de la edad.

¿A qué poetas clásicos peruanos admira usted?

Miramontes, Eguren y Vallejo, pronunció sin vacilar.

-¿Le angustia la idea de la muerte…?

-No… pero cuando muera no quisiera estar presente

-¿Por qué dice que su vida ha sido un constante error?

-Lo ha sido en el sentido real, en el sentido social.  Pertenezco a una antigua familia de Lima y debería ser ahora, por lo menos, un vocal de la Corte Superior.  ¿Y qué?: estoy de ex bohemio, ni siquiera de bohemio.

-¿Por qué adoptó usted el seudónimo de Martín Adán?

-No sea huachafo.

Como Borges, Adán tenía respuestas para la ocasión.  Pero no hacía distingos entre letrados y no letrados; sí, acaso, entre interlocutores  más y menos discretos.   No chupaba con letrados, eso sí; prefería los contertulios típicos de un bar modesto: empleados, desocupados, gente por el estilo.  Como una vez que, en el autobús, junto con Luis Eduardo Wuffarden y Álvaro Cruz Saco mencionamos al poeta y, de modo espontáneo, surgió una voz que sopesando cada una de sus palabras nos informó que conocía al poeta y opinaba que su obra le parecía “muy rica en verbos”.

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El oro y la paz, de Juan Bosch: En busca de un líder latinoamericano

“es en medio de este contexto simbólico –inhóspito e indomable, pero tal vez no menos humano o humanizable (la selva, nuestro sub continente americano)– que Juan Bosch mueve sus fichas en busca de representar o imaginarse, y no menos proponer al lector, un héroe [o, más bien, una heroína] civilizador a la medida de las circunstancias. Acaso un “príncipe” latinoamericano, en referencia a la obra de Nicolás Maquiavelo (Florencia, 1513), adecuado a nuestros tiempos; pero cuyo trazado del perfil no quiere ser obra didáctica de un solo individuo o autor (Maquiavelo), sino –al escribirse El oro y la paz en clave de novela y no de tratado — elaboración acaso mancomunada, libre de autoritarismo o imposición; en suma, solicitando para ello tan solo una buena voluntad y un buen entendedor” (pp. 2-3)

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[No soy un boy scout de la crítica]

No soy un boy scout de la crítica.  Tengo malos pensamientos y turbios deseos.  No sé leer como si en los poemas hubiera malos y buenos; dignos e indignos; gente que merecería ser escuchada y otra impresentable.  Por lo general, pillo al que se camufla entre las palabras; lo hallo en paños menores desolado o masturbándose las más de las veces.  En la literatura no hay inocentes.  Mayores o menores hijos de puta, nada más.  Arribistas y cortesanos.  Tontos ocupados a montón.  Holistas por recóndito  acomodo.  Uno, cualquiera, consciente o no, escribe sobre esta base miserable; humana y deleznable.  Hasta que a veces aparece la poesía, directamente y en apariencia por un capricho, y levanta esa harina seca; de los desechos improvisa un manjar.  Así que lo que debería ser historiable es la presencia de la poesía entre nosotros; bola de escépticos, secularizados y violentos/ tas.  Lo que debería ser estudiado de un modo en que nuestros profesores no nos han enseñado y tendremos como que empezar de nuevo.  Letrada o no, estudiar la literatura y la poesía desde su acontecimiento.

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