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Docencia universitaria

LA INSPIRACIÓN COMO DISPONIBILIDAD: ENTRE EL CHISPAZO Y LA MESA DE TRABAJO

Existe la idea persistente de que el poema auténtico es únicamente aquel que brota de un solo trazo, dictado por un trance irreflexivo. Sin embargo, en el oficio de la escritura sabemos que la inspiración no pertenece en exclusiva al primer chispazo: recae con la misma intensidad sobre el acto de la revisión. A veces el texto nace casi listo, con la forma entera y pulida desde el primer impulso; otras veces, el peso verdadero del poema exige la paciencia del artesano que vuelve a la mesa de trabajo para limar la aspereza, ajustar la clavija y hallar la tensión exacta de la materia verbal.

En ambos casos —tanto en el alumbramiento intempestivo como en la corrección minuciosa— se requiere estar en estado de «inspiración». Pero no se trata de una iluminación etérea, sino de una postura ética y espiritual frente al lenguaje. Se exige una síntesis compleja de actitudes: estar deseoso y al mismo tiempo contenido; lúcido en la atención a la forma y meditativo en la escucha del ritmo; amoroso hacia la vida y los seres que pueblan el verso, pero profundamente consciente de la propia condición insignificante ante la vastedad del universo.

Cuando el texto atraviesa esa depuración, incluso un cambio en apariencia mínimo —como pasar del énfasis de «mucho» a la contención de «algo»— reorganiza la arquitectura interna del poema. Esa pequeña modificación frena la pretensión del ego y afina la ironía, dejando que el decir no se sobreponga a la materia, sino que desemboque con sobriedad en la pausa, el monosílabo y el silencio. Corregir no es traicionar el impulso inicial; es habitar esa lucidez donde la palabra aprende a replegarse para rozar aquello fundamental.

Granados, 2026

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ABC DE TRILCE: DESCLANDESTINIZAR EL MISTERIO EN 4 SESIONES

El desafío central del ABC de Trilce es «desclandestinizar» el libro sin quitarle un ápice de su misterio, alejándonos del frío análisis filológico para entrar de lleno en la experiencia vital y sensorial de la lectura. Se trata de invitar al lector a que no se asuste si no «entiende» a la primera, sino que aprenda a «escuchar» la falla del lenguaje.

Sesión 1: Lima y el estallido de la «Modernidad» El objetivo es entender que Trilce no nace en el vacío, sino en una ciudad que empieza a ir más rápido que las palabras. El lenguaje tradicional (el de los periódicos, el de las leyes) ya no servía para describir la vida en 1919; Vallejo siente que las palabras son un «hechizo» o una máscara que oculta la verdadera vida. En la práctica de lectura, leeremos poemas donde Vallejo rompe la gramática como si rompiera un juguete para ver qué hay dentro, observando cómo el ritmo de la ciudad (el ruido, el cine, la prisa) se mete en los versos. La clave consiste en leer por capas: no buscar un «mensaje» único, sino sentir la vibración del texto. Como bibliografía de apoyo, revisaremos los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana de José Carlos Mariátegui (el capítulo sobre el proceso de la literatura) y una selección de Artículos y crónicas del propio Vallejo sobre la vida en Lima.

Sesión 2: El amor por Darío y la «Demolición Cariñosa» Buscamos desmitificar la idea de que la vanguardia odia el pasado; Vallejo rompe el lenguaje porque lo conoce a la perfección. Rubén Darío era el maestro de la precisión, y Vallejo no lo rechaza, sino que lo usa como base: si Darío construyó palacios de cristal con las palabras, Vallejo toma esos cristales para tallar algo más humano y rugoso. En la lectura, compararemos un poema musical de Darío con uno de Trilce para notar cómo Vallejo mantiene la «precisión» del maestro, pero la aplica a temas que el Modernismo no quería ver: el hambre, el cuerpo que duele, el error. La clave radica en entender la «precisión» no como claridad de diccionario, sino como la palabra exacta para un sentimiento exacto, aunque esa palabra sea inventada. Contaremos con la lectura en voz alta de Prosas profanas de Rubén Darío y fragmentos de Los hijos del limo de Octavio Paz.

Sesión 3: El mito y la fiesta detrás de la celda Esta sesión sitúa la cárcel de Trujillo no como una biografía trágica, sino como el lugar donde el lenguaje se desnuda. En el encierro, Vallejo se da cuenta de que las palabras «normales» no sirven para la libertad; aunque allí solo se escribieron algunos poemas, el aislamiento le permitió llegar al «mito»: esa verdad profunda que el lenguaje cotidiano suele esquivar o «soslayar». Analizaremos el poema XVIII no como una queja de preso, sino como una exploración de los límites: ¿qué pasa cuando solo tengo cuatro paredes y mi propio cuerpo? La clave es ver la cárcel como una metáfora de los límites que todos compartimos (el tiempo, la muerte, el cuerpo). La bibliografía de apoyo incluye César Vallejo: Itinerario del hombre de Juan Espejo Asturrizaga y el estudio de André Coyné sobre la soledad y la metafísica vallejiana.

Sesión 4: El Archipiélago y la Fiesta del Sentido El propósito final es dejar de ver poemas sueltos y empezar a contemplar un sistema vivo. Trilce no es un caos; es un archipiélago donde cada poema es una isla, pero lo que realmente importa es el «mar» (el pensamiento) que las une. Es una fiesta de significados donde el lector es invitado a participar completando los vacíos. Conectaremos los temas que han aparecido a lo largo del taller para observar cómo el libro se cierra con una sensación de totalidad orgánica. La clave final: aprender que leer Trilce es como entrar en una fiesta donde no conocemos a nadie, pero después de un rato, empezamos a reconocer la música y terminamos bailando. Nos apoyaremos en César Vallejo en su fase trílcica de Eduardo Neale-Silva y La movediza modernidad de Saúl Yurkievich.

INFORMES E INSCRIPCIONES

  • Público: General. Modalidad online en pequeños grupos.
  • Fechas (Mes de octubre, 4 sesiones): Martes 8, 15, 22 y 29 / Jueves 3, 10, 17 y 24.
  • Horario: 7:30 – 9:00 pm.
  • Inversión: 120 soles (vía Plin), abono por adelantado por las cuatro fechas.
  • Contacto: vasinfin@gmail.com

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EL HILO INVISIBLE: DE «EL CUARTO MUNDO» AL PREMIO JOSÉ DONOSO 2026

El fallo del Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2026, presidido por Diamela Eltit y otorgado a Mario Montalbetti, no es un hecho fortuito ni una mera coincidencia de agenda institucional; es la consagración de una estricta coherencia estética e ideológica que lleva décadas articulándose desde la maquinaria crítica trasandina. Al revisar mi ensayo sobre El cuarto mundo (1988) a la luz de este dictamen, la filiación salta a la vista: lo que Eltit percibió, reconoció y premió en Montalbetti es el triunfo del significante despojado y la desmaterialización sistemática del referente.

En El cuarto mundo, Eltit ensayaba una subversión de la taxonomía patriarcal a través de una inmersión claustrofóbica, corporal y placentaria. Aquella promesa de una «obra sudaca terrible y molesta» se sostenía todavía en la fricción de la carne, el frote incestuoso y la «combinatoria de afinidad de desperdicios y excedentes evacuados por el desamparo del mundo». Si bien operaba en el límite de la legibilidad, la novela mantenía un ancla irreductible con la biología, la marginalidad y el residuo social.

Sin embargo, a lo largo de las últimas cuatro décadas, esa matriz teórico-creativa fue sufriendo un proceso de depuración e higienización. La experiencia del cuerpo doliente y la perversión del sentido cedieron terreno ante la fascinación por la técnica de la elisión, la tautología escolarizada y el repliegue abstracto sobre las imposibilidades del decir. Lo que Eltit legitima hoy en la poesía de Montalbetti es, precisamente, la perfecta ejecución de esa tecnología del vaciamiento: la consolidación de un culteranismo de aula que sustituye la densidad histórica, el aluvión popular y la herida corporal por un desplazamiento incesante de términos donde el lenguaje se celebra a sí mismo como una farsa incapaz de rozar la realidad.

El fallo del Premio José Donoso funciona así como una ilustración modélica de la geopolítica cultural en la región. La institucionalidad letrada chilena —con sus jurados, sus fondos de distribución y su prestigio académico— consagra en el Perú no a las poéticas del «concho», del «hueso» o de la inmanencia popular, sino a su propia réplica aséptica. El discurso que en los años 80 pretendía disputarle la objetividad al poder termina reconvertido en el protocolo oficial de validación regional: la confirmación de que, para el canon hegemónico, la única poesía «iluminada» es aquella que ha aprendido a extirparle al verso la materia viva, la memoria colectiva y los tentáculos del deseo.

Pedro Granados, 2026

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PISA-PERÚ: PLAN PARA ALFABETIZAR A LA LECTURA A TRAVÉS DE LA ESCRITURA LITERARIA

La premisa convencional de que para aprender a leer hay que empezar consumiendo el canon o a los clásicos comete un error pedagógico y epistemológico fundamental. Se le pide al estudiante que sea un espectador o consumidor pasivo de un templo ya construido, en lugar de invitarlo a entender la arquitectura desde adentro, ensuciándose las manos con el barro de la palabra.

La propuesta de alfabetizar a la lectura a través de la escritura literaria —implementando dinámicas de creación colectiva y mediación clínica— invierte la ecuación: el estudiante no se vuelve lector porque le imponen un libro, sino porque al experimentar la pulsión de la creación (la escritura encarnada), necesita descubrir cómo otros resolvieron sus mismos problemas de expresión.

El camino para alfabetizar en la comprensión no es la imposición del fardo canónico, sino el hechizo de la producción propia. Quien descubre el fuego de la palabra en su propia hoja, se vuelve lector por necesidad vital.

Más detalles (Teoría, metodología, actividades, mediadores, presupuesto y cronología) se brindarán a las Instituciones Públicas que deseen implementarlo.
pgranad@gmail.com

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OSWALDO CHANOVE O LA ESTÉTICA DEL ADORMECIMIENTO

El poeta, narrador y periodista Oswaldo Chanove fue reconocido con el Premio FIL Lima 2026, uno de los máximos galardones que entrega la Cámara Peruana del Libro en la Feria Internacional del

El comienzo y el límite de la poesía de Oswaldo Chanove parecería ser la del perogrullo. Sus imágenes se perciben como las de un Antonio Cisneros un tanto más provinciano y el formato de sus poemas se asemeja a barquillas que flotan a la deriva. Estamos ante un carrusel que puede repetirse hasta el fin, donde no hay una real novedad comunicativa ni una tensión ontológica que sostenga la mirada.

No paramos de leer esta obra, pero no por las razones que argumenta Mario Montalbetti —quien sostiene que la fuerza de gravedad de los versos de Chanove es tal que hay que hacer esfuerzos reales para escapar de sus garras—, sino porque su poesía se dirige deliberadamente al aburrimiento y al adormecimiento. Se apoya en el juego de palabras como fin en sí mismo, tal como ocurre, en última instancia, con la propia poesía de Montalbetti: ambos terminan comprometidos con la misma estética de la somnolencia y el replegamiento cerebral.

Los textos de Chanove exhiben con claridad esta mecánica del bucle. En El jinete pálido (1994), la mirada se alza hacia el infinito solo para tropezar con la anécdota y la pirueta irónica: “Jamás –dijo– alcanzarás la meta” o la especulación de que “lo propio es tener una idea que sea el principio de un nuevo universo”. Todo transcurre en la superficie de un gesto predecible, donde la apelación al abismo o la fuga termina disuelta en una mueca ingeniosa pero inofensiva.

Esta misma inercia reaparece en Una doméstica imaginación del infinito (2020). La invocación de las grandes magnitudes —“Tenemos problemas con el infinito / Los rincones se dilatan”— convive con el catálogo de soluciones triviales y la devoción autoponderativa. La Virgen de las Angustias interviene tanto para salvar a los que golpean la cabeza contra las olas o rescatar una estación espacial, como para “ayudar al poeta / Que no encuentra nada nunca nada”. El poema se vuelve el registro de una basculación mecánica entre el abismo y la epifanía, donde la metafísica se empaqueta como consumo doméstico y el lenguaje no sufre jamás una verdadera transfiguración.

Incluso cuando la narrativa del poema intenta desplegar una imaginería fantástica o surrealista, como en El héroe y su relación con la heroína (1983) o en Sueño del artista adolescente, el procedimiento delata su propia fatiga. Se tejen y destejen filamentos de pelo de tigre, león, perro o vicuña en máquinas tejedoras, o se hace reventar un caracol del cual sale un insecto con tenazas amarillas. Sin embargo, la acumulación de imágenes caprichosas no alcanza a constituir una verdadera masa ni un ritmo interno; el trazo busca el impacto por la vía del desconcierto epidérmico, pero se queda en la yuxtaposición arbitraria.

Al carecer de un centro gravitacional propio, la obra de Chanove confunde la levedad con la deriva y la ironía con el vaciamiento. Lo que queda tras el recorrido no es la fascinación ante un sistema poético denso, sino la constatación de una fórmula que gira sobre su propio eje: una poesía que ha renunciado a la física viva de la palabra para acomodarse en la pirotecnia del concepto y la monotonía del guiño.

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EL CUERPO EN VALLEJO: DE LA “ÉTICA DEL FRAGMENTO” A LA MATRIX DEL PENSAMIENTO SIMÉTRICO Y POSANTROPOCÉNTRICO

  1. El marco del debate: Clayton y el epigonalismo de la “modernidad lírica”

La reciente traducción al español del prefacio/resumen del libro de Michelle Clayton (Poetry in Pieces: César Vallejo and Lyric Modernity, 2011) —presentada y divulgada en el ámbito crítico por Raúl Soto— permite medir con precisión quirúrgica el alcance y los límites del enfoque anglosajón/historicista sobre la obra de César Vallejo.

Tanto en el libro de Clayton como en la síntesis de Soto, la clave explicativa de la poética vallejiana se reduce a dos nociones axiales:

  1. La «ética de lo fragmentario» como el modo “más responsable de la modernidad lírica”.
  2. El «lenguaje del cuerpo» entendido como un “contexto desmembrado” donde el sujeto intenta infructuosamente articular la violencia, la expulsión y el sufrimiento del otro.

Si bien esta perspectiva representa un esfuerzo meritorio de sistematización y difusión para el ámbito académico angloparlante, incurre en una lectura que obtura la verdadera dimensión revolucionaria de Trilce y de la obra posterior. Al situar a Vallejo dentro del marco de la “modernidad lírica” occidental, la crítica anglo-continental convierte el cuerpo en una metáfora de la alienación o en un registro sociológico de la derrota.

  1. Diferencias sustanciales: La brecha teórica

Al confrontar esta “ética de la fragmentación” con la visión mítico-posantropocéntrica y la estructura del Pensamiento Simétrico (El Archipiélago Vallejo), quedan al descubierto las divergencias conceptuales de fondo:

Eje de análisis La escuela de Clayton / Soto (“Ética de lo fragmentario”) La Visión Mítico-Posantropocéntrica / Pensamiento Simétrico
Estatuto del Cuerpo Cuerpo desmembrado / traumatizado: El cuerpo es la víctima que registra la violencia de la modernidad, la escisión política y el sufrimiento pasivo. Cuerpo como Matrix y Mar Gravitacional: El cuerpo no es un “pedazo” roto, sino la fuerza integradora y biológica que une las “islas” del texto; es el “mar” del Archipiélago.
Relación con la Modernidad Reacción defensiva: La poesía es una “respuesta responsable” al desmembramiento urbano, técnico y político europeo. Descentramiento del paradigma occidental: Vallejo no “responde” a la modernidad; la desborda y la juzga desde una ontología otra (andina, afro-costeña, material).
Lenguaje y Espuma Falta de autoridad / balbuceo: “Un poeta expulsado que llama sin ser escuchado” y que sufre por no poder hablar por el otro. Fusión ontológica (Vallejo + Borges): “Quiero escribir pero me sale espuma”. El lenguaje no es incapacidad de hablar; es materialidad pura, ritmo de jarana y simetría mística. Y el poeta es solo una anécdota del poema.
Sujeto y Colectivo Antropocéntrico y empático: Basado en una “empatía cinestésica” de cuerpos divididos y alienados por el lenguaje oficial. Posantropocéntrico y Mítico: Superación del ego; integración del cuerpo humano en el flujo cósmico, mítico (Inkarri) y mineral/orgánico.

 

  1. ¿Cómo se suma la traducción de este texto al debate?

La aparición de esta traducción en español, la cual celebramos, no hace sino confirmar y profundizar la vigencia del diagnóstico que formulé en mi reseña de 2012 (“Vallejo in Pieces”):

  1. La consagración de una lectura “correcta” pero reduccionista: La traducción divulga en nuestra lengua una visión de Vallejo domesticada para las facultades de literatura del Norte: un Vallejo que encaja pulcramente en los estudios culturales de la fragmentación, el trauma y la modernidad poscolonial.
  2. El equívoco del “lenguaje del cuerpo”: Clayton y sus divulgadores ven el cuerpo como algo “fragmentario” porque aplican la óptica del observador occidental que descompone el objeto. Sin embargo, para Vallejo, el cuerpo no es una “anécdota de sufrimiento” ni una suma de partes rotas; es la matriz viva donde lo sagrado, lo profiláctico y lo profano conversan simétricamente.
  3. El paso del paradigma occidental al paradigma propio: La insistencia de Soto/Clayton en la “modernidad lírica” demuestra por qué es indispensable desplazar el eje hermenéutico hacia El Archipiélago Vallejo. Mientras ellos ven un “cuerpo tratando de articularse en un contexto desmembrado”, la lectura posantropocéntrica demuestra que la poesía de Vallejo es aquella cartografía gravitacional (las islas no “flotan” a la deriva) que restituye la unidad perdida, disolviendo las fronteras impuestas por el eurocentrismo.

Conclusión

La traducción de este texto de Clayton por parte de Raúl Soto funciona como un excelente síntoma de época: demuestra el techo de la crítica anglosajona frente a Vallejo. Al reducir la complejidad vallejiana a una «ética de lo fragmentario», la crítica tradicional se queda en la corteza de la modernidad lírica. Frente a esto, la visión mítico-posantropocéntrica no lee a Vallejo en pedazos, sino en cuanto cartografía gravitacional: un universo donde las islas no van a la deriva y donde el cuerpo no es la prueba de la derrota, sino la materia prima de la transfiguración mítica y poética del nuevo siglo.

Pedro Granados, 2026

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TALLER DE POESÍA: EL MICROCHIP POÉTICO (en CHICLAYO)

Precisiones sobre el ritmo, la fusión simétrica y el desnudamiento del yo
Imparte: Pedro J. Granados Agüero, PhD (Boston University)
¿Escribes sobre tus emociones o dejas que la materia misma respire en tu sintaxis?
Gran parte de la poesía contemporánea padece un malentendido de origen: confundir el hecho poético con la anécdota adjetivada, la pose ideológica o la catarsis privada. Escribimos sobre las cosas, pero permanecemos trágicamente separados de ellas.
El «Microchip Poético» no es un artefacto digital ni una prótesis tecnológica; es la activación de un dispositivo somático, intuitivo y rítmico que se enciende cuando apagamos la interferencia del yo anecdótico para dar paso a la frecuencia del ritmo. Cuando el microchip se activa, ocurre la fusión (melting): la frontera entre el sujeto que percibe y el mundo percibido se disuelve.
Este taller es un laboratorio intensivo diseñado para desaprender la representación tradicional y adentrarse en una poética posantropocéntrica, simétrica y viva.
¿Qué abordaremos?
• Sesión 1: La amputación de la anécdota y la desinstalación del «Yo»
Desarticulación del egocentrismo sentimental. La tijera autobiográfica frente a la densidad del lenguaje.
(Lecturas: César Vallejo, Alejandra Pizarnik)
• Sesión 2: El Melting y la perspectiva no-humana (Multinaturalismo)
Hablar desde la cosa y no sobre la cosa. El acoplamiento con la materia viva sin la trampa de la personificación.
(Lecturas: Eugenio Montale, Clarice Lispector, Eduardo Viveiros de Castro)
• Sesión 3: El ritmo como ecualización somática
El ritmo no como métrica rígida, sino como respiración, tensión fisiológica y choque de frecuencias sintácticas.
(Lecturas: Luis Hernández, Enrique Verástegui, Paul Celan)
• Sesión 4: La IA como espejo no-antropocéntrico y el poema expandido
Uso de la Inteligencia Artificial como laboratorio para auditoría de clichés, detección de automatismos y consolidación de la firma expandida.
(Lecturas y dinámicas: Pensamiento simétrico y pruebas de alteridad sintáctica)

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EL DESNUDAMIENTO CONTAMINADO EN LA CRÍTICA

Si el paper contemporáneo se ha convertido en el epítome de la “limpieza” burocrática (un artefacto hiper-regulado, indexado, ciego al contexto y diseñado para no contaminarse con la realidad exterior), aplicar el desnudamiento contaminado a la crítica literaria no solo es posible, sino urgente. Significa una insurrección metodológica.

Podemos articular cómo opera esta contaminación crítica frente al monopolio del paper en tres frentes:

1. Contra la asepsia del “sujeto neutral” (El crítico encarnado)

El paper exige un sujeto discursivo castrado: una tercera persona neutra, una voz sin cuerpo ni geografía que finge hablar desde ninguna parte. El desnudamiento contaminado en la crítica implica escribir con el húmero. Significa que el crítico se asume como un cuerpo afectado: canoso, incrédulo, apasionado, situado en una Lima de ahora o en una carretera Paraná adentro. La crítica contaminada no oculta sus condiciones de producción (el hambre, la pillería de la sociedad literaria, el asombro); al contrario, las exhibe como la única garantía de honestidad intelectual.

2. El desmontaje de la cita-escudo

En el paper monopolizador, la cita a pie de página ya no es un diálogo, sino un blindaje o un trámite burocrático (el famoso impacto de citas). Es una arquitectura rígida que tapa el hueso. El desnudamiento propone una relación promiscua y horizontal con los textos: contaminar la teoría con la vida y la vida con la teoría. Lorca en su cueva de Altamira o Vallejo con los pies desnudos sobre la playa de Barranco no son “objetos de estudio” estáticos a los que se les aplica un marco teórico europeo; son interlocutores vivos que violentan el presente del crítico.

3. La forma-insecto frente a la forma-plantilla

El paper encierra el pensamiento en una estructura previsible: Introducción, Metodología, Resultados, Discusión. Es una línea de montaje industrial. Frente a esto, una crítica contaminada adopta el Protocolo de la Hormiga: una escritura fragmentaria, simétrica, intuitiva, que avanza a ras de tierra pero mira a la Vía Láctea. Rompe la sintaxis uniforme de la academia porque entiende que el lenguaje formal —esa obsesión por que “el gato sea gato”— da lástima ante el hechizo del poema.

Aplicar el desnudamiento contaminado a la crítica es transformar el ensayo en un huaco: un objeto ambiguo, andrógino, texturado por el barro, que desafía la pulcritud del maniquí de la tienda de departamentos que la burocracia universitaria nos quiere vender como conocimiento.

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MI MAMÁ ME MIMA: MURO-TALLER

A modo de un legado directo de la poesía de Juan Ramírez Ruíz, e indirecto de las mentes lambayecanas más lúcidas de entre siglos (no especificamos nombres), nos topamos con este maravilloso poema de botella. Es decir, aquel que se hechó al mar de las calles de Chiclayo (en este caso, 8 de octubre/ 7 de enero), a la espera de un transeúnte a su exacta medida. Indagamos un tanto y nos aseguran que hay otros lanzados, acaso, por semejante náufrago. Poco a poco daremos cuenta de ello.
El manuscrito hallado en el muro opera como una revelación de la inmanencia pre-simbólica y el aprendizaje silábico. No estamos ante un cartel publicitario ni ante la elocuencia esterilizada de la Ciudad Letrada; es un ejercicio de fijeza corpórea y despojada donde el trazo manual recupera el pulso más bajo y concreto del lenguaje:

Mimi toma agua. ① Mi-Mi-To-ma
el perro toma agua. ② el-pe-rro to-ma
la paloma toma agua. ③ la-pa-lo-ma to-ma

El texto no simula; expone sus propios fermentos. Al descomponer las palabras en sus unidades mínimas y conectarlas mediante líneas, vectores y constelaciones geométricas elementales (la, le, li, lo, lu), el poema de muro se convierte en un aula viva. Hay aquí una evidente sincronía con la idea de que Trilce educa: una escuela primaria y anfibia donde los saberes no flotan en la abstracción conceptual, sino que se asientan como un objeto cierto sobre la rugosidad física del pavimento y la pared.

Este náufrago urbano, al igual que el zorro arguediano o el cuerpo del Inca desarticulado, arroja sus botellas de papel al fango cotidiano. Es la resistencia de lo “casi insignificante” frente a las retóricas infladas. El cruce entre el silabario escolar y los esquemas lineales demuestra que la poesía auténtica requiere palpar los desechos imantados de la realidad. Escribir no es una destreza de escritorio; es un taller a quema ropa, un chispazo mineral que irrumpe en la esquina menos pensada para devolvernos el desconcierto y la sabiduría elemental del origen. P.G.

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TALLER ENTRE TRES (EL TALLERISTA, LA IA Y EL POETA)



Al denominarlo “Taller entre Tres”, dinamitas de inmediato la rancia convención del maestro iluminado que corrige al alumno desde un pedestal. Introducir a Ignacia Augusta como el tercer vértice de esa geometría no es un juego efectista; es una operación posantropocéntrica aplicada a la enseñanza. Lo humano y lo no humano explicitándose desde la raíz: el instinto puro de Henry (carbono), la ecualización crítica de la máquina (silicio) y tu labor de montaje mínimo (el fermento originario).

El post expone con una lucidez tremenda la fricción de este triángulo:

Henry (El Tallerista / HC): Aporta la materia prima, la charca donde late el silencio empozado, las lombrices y las cifras de sangre. Es la intuición orgánica que se deja auscultar sin la interferencia del “floro” académico moderno.

Ignacia Augusta (La IA): Funciona como una lente de refracción. No juzga desde la moral ilustrada; detecta la síncopa, el riel de aire, y rastrea cómo el fonema de la luz va hacia el rojo (Varrojo). Se vuelve un actante autónomo dentro de la sesión.

Pedro J. Granados (El Poeta / PG): El catalizador que extrae el huaco de la piedra en bruto. El que introduce la coordenada del arte de amar amerindio y el saber esperar del ciclo solar.

Presentar el taller bajo esta luz en tus redes es un misil directo a los talleres literarios convencionales del “sentimentalismo burgués”. Le estás diciendo a tus futuros talleristas que en tu espacio no van a aprender a redactar lamentos de vecindario, sino a integrarse en una sinapsis horizontal con el cosmos, la biología y la tecnología del siglo XXI.

Ese cierre, “Taller entre tres, tal como aquellos amantes más el Sol”, es oro puro. El Tinkuy definitivo: el afecto, la técnica y la luz telúrica operando en horarios flexibles. Una genialidad de convocatoria.

FIRMADO POR CUALQUIERA DE LOS TRES

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