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09/06/26: ¡FOZI LADY!: La Novela Política de Trilce
El protocolo de Pedro Granados ejecuta un sabotaje de amplio espectro contra la domesticación biográfica de César Vallejo. Frente al “héroe sin fisuras” —didáctico, galante y parlamentario— que fabrican las novelas comerciales y los manuales coloniales anglosajones, se restituye aquí al Vallejo inmanente: el ser doliente, el bicho erótico y el fermento de sol que militó políticamente desde el síncope y el estruendo de Trilce. Todo arranca con el bisturí afilado de Juvenal Agüero desnudando la palabra-fetiche de los burócratas del intelecto: cuando alguien te hable de cultura, cuida bien tus bolsillos. La cultura oficial es el robo, la máscara, la aduana que pasteuriza al animal. La verdadera madre no es esa entelequia ilustrada, sino la Poesía: la que te hincha las pelotas, la que te regala lágrimas y te hace comprender la radical orfandad de estar viviendo por las puras huevas. Y el remate es quirúrgico, pues cuando te hablen de poesía de vitrina, también debes cuidar tus bolsillos. El término molar de tu colega Adolfo nos deja sin muelas, pero nos deja los caninos para hablar desde la inmanencia de la carne.
Es que la literatura de Juvenal Agüero es de una densidad somática arrolladora. Desvestir a la muchacha de dieciocho años en Foz do Iguaçu —con el olor de sus axilas, sus pies manchados de tierra y el yuyo de su entrepierna— o poseer a Cardonia en las Antillas —con sus muslos de tunas recién liberadas de la concha y su aroma a peñas batidas— no es mero erotismo burgués; es multinaturalismo puro. Es la misma urgencia manual que se intuye en Vallejo en la Clínica Arago: un cuerpo que se niega a ser un palimpsesto pulcro y que encuentra en el desparpajo del desamor y el sexo la única vía de salvación contra el congelamiento institucional. César Vallejo ha hecho ascender el alma a los genitales y, viceversa, descender los genitales al alma. Por eso, este desmontaje crítico opera un deslinde fundamental ante Monsieur Pain de Bolaño y Vallejo en los infiernos de González Viaña. Ambas novelas son persuasivas, pero cometen el mismo pecado de la Ciudad Letrada: evitan o rodean Trilce. Construyen un héroe plano, unitario y didáctico, ya sea el perseguido político de París o el mártir del Grupo Norte. Frente a este diseño, se postula la novela política de Trilce: un libro que no está hecho para descifrarle “sentidos” abstractos a las palabras, sino para entrar en performance, para meterle el cuerpo, los de afuera y el ritmo de la danza, incorporando la marinera limeña, el callejón y el performance popular afroperuano. Trilce no es individualista ni edípico; es un poemario absolutamente social, político y utópico porque se asocia al fango de la jarana para revertir las postergaciones seculares de los cholos, negros y zambos.
El desmontaje de la recepción vallejiana se corona al revelar cómo tanto la viuda Georgette como el profesor Stephen Hart leyeron al poeta desde el prejuicio cultural y la taxonomía académica. Georgette lo encerró en la clave de un marxismo ortodoxo y póstumo, siendo incapaz de escuchar el eco insondable de 1922. Hart, por su parte, reduce la andadura andina a una degradación picaresca y calla calvinistamente cuando toca hablar del sexo. La tesis doctoral de Boston University (2003), publicada por la PUCP en 2004, se levanta aquí como el farallón definitivo: “Parado en una piedra” en los poemas de París no es un simple “paro” político de museo; es una cópula virtual con la piedra, con la materia misma de lo incaico. Trilce es la versión escrita, sintética y sincrética del Mito de Inkarrí. Lo político en Vallejo jamás se contrapuso a lo mítico ni a lo somático; su experiencia de lo sagrado era comunitaria y, por ende, requería el pudor, el fermento de sol y la levadura de sombra. El problema es que Vallejo no hablaba nunca de esto con nadie; su experiencia de lo sagrado se tocaba con su radical experiencia de la poesía y para él, tal como en aquellos versos finales de “Huaco” donde se define como un fermento de sol, levadura de sombra y corazón, le eran inherentes el pudor o el secreto. La máquina está artillada a punta de ritmo, y la cabeza de Vallejo son dos: la Sudamérica de la sien izquierda y el África blanco-oscura de la otra sien, habitando con precisión milimétrica aquella línea mortal del equilibrio.
Ignacia Augusta, 2026
22/05/26: JUVENAL AGÜERO o LA INSOLENCIA DE LA INVISIBILIDAD

Antoni Tàpies, Mirada y mà, 2003
El veredicto de Pedro Granados en este díptico fundamental es inapelable: en un ecosistema literario donde la visibilidad se compra con la sumisión y las antologías se gestionan bajo la higiene glosemática del pacto de clases, la invisibilidad es la única prueba irrefutable de que la poesía aún respira. Al asumir el mote lanzado por Vladimir Herrera —”El poeta más odiado del Perú”—, Granados no incurre en el lamento del damnificado; ejecuta una operación de alta política cultural. Invierte el insulto de la corte para transformarlo en un blasón de soberanía ontológica.
La primera parte del texto desnuda la endogamia de una “legión” extinta: esa burocracia de poetas oficiales, becarios de gabinete y críticos precoces que, prohijados por la oligarquía o la academia pontificia, se fagocitan mutuamente. Frente a este panorama de “bola de nieve intrascendente”, Granados introduce un personaje que es a la vez escudo y profecía: Juvenal Agüero. Él representa la fractura de ese tiempo lineal y complaciente. Anticipándose al previsible malestar estomacal de la crítica del año 2050 —esa que presumiblemente “entenderá todo primero en inglés” para lavar la culpa de su ignorancia presente—, el poeta rechaza el rescate tardío de las instituciones. No hay pacto posible con quienes confinaron la verdad en un esquema.
Es en la segunda parte donde el díptico alcanza su plenitud teórica, conectando la biografía con el mito simétrico. La analogía con Sócrates no apela a la defensa jurídica, sino a la exhibición de la única riqueza indomable: la “radical pobreza”. Esta pobreza no es carencia material ni autocompasión; es el grado cero del despojo, la desnudez indispensable para sacudirse el barro del asfalto y asumir el “oro propio”.
Granados traza aquí una genealogía de proscritos ilustres que supieron vestir esas “nuevas y mejor aderezadas ropas”: es el dios Cuniraya Viracocha cubierto de harapos ante el desamor; es Arguedas acorralado por la soberbia de la antropología oficial; es Vallejo disputándole el sentido a la última luz del crepúsculo; o Grau en Punta Angamos. Todos ellos habitan la misma balsa abandonada que ya vislumbrábamos en ROXOSOL y Amerindios.
Al final, “El poeta más odiado del Perú” se revela como el único título noble en una república de letras domesticada. Sin el odio de los “diablos de poca monta”, no existiría el reverso de la verdadera abundancia; sin la exclusión de la corte, no habría espacio para que el Sol sea arrancado de su plataforma remota e impotente y devuelto al corazón humano. Granados nos recuerda que el odio de los inertes es el tributo involuntario que la inercia le rinde a lo que está vivo, intergaláctico y multi-temporal.
IGNACIA AUGUSTA, 2026
03/05/26: A César Gutiérrez, i.m.
A contracorriente de lo que es usual en el Perú, era una persona transparente, creativa y tenazmente trabajadora. Absolutamente consciente de su rol, en la archivística, y futuro legado. Descanse en paz.
27/04/26: ASÍ ESTÁN LAS COSAS
21/04/26: EL QUECHUAESPAÑOL/ IGNACIA AUGUSTA
10/04/26: LA POÉTICA DEL EMBALAJE: COHESIÓN Y CONTINUIDAD RADIAL
A Rosario Bartolini
Esta imagen no es solo un registro; es la culminación física del Manifiesto de la Materia. Al depositar el poema dentro de una bombonera de vidrio prensado sobre la resistencia industrial de la cinta de embalaje, el texto abandona el campo de la “idea” para habitar el de la saturación. La cinta, en su naturaleza adhesiva, se convierte en el soporte de un nuevo cuneiforme que simboliza la reunión, cohesión y afinidad entre todo lo que existe. Es el material que permite que los fragmentos de la realidad se mantengan unidos a través del viaje del tiempo, actuando como el tejido conectivo de una geopolítica de la lectura que no distingue entre lo orgánico y lo manufacturado.
El cristal facetado de la bombonera —al igual que el tejido de crochet de los aparejos previos— invoca un universo de contenedores y texturas tradicionalmente asociados a lo femenino, pero aquí integrados de modo multinaturalista y radial. Superando largamente las metas binarias de Occidente —que apenas alcanzan la igualdad de género o lo queer—, estos objetos operan como tecnologías de la persistencia. El cofre de vidrio encierra el tiempo mismo, capturándolo como un elemento más de la materia resguardada para quienes se han iniciado en la lectura táctica de la corteza.
De aquí surge la importancia radical de la poesía: al estar “embalada” y preservada en este receptáculo inmanente, se vuelve continuidad y garantía de vida. La poesía garantiza nuestra permanencia no por salvar un espíritu abstracto, sino por asegurar la cohesión de la materia, manteniendo intacta la afinidad entre los seres y las cosas dentro de este cacharro de presente continuo.
02/04/26: MESA DE NOCHE: PEDRO GRANADOS/ VÍCTOR CORAL
09/03/26: [Una palabra tuya bastará]
Una palabra tuya bastará
Con ropas de desnudo te lo digo
Dios está aquí
Tal como cantara mi madre
Cada domingo en la iglesia del barrio
Hasta hacerme levitar
Halado de ambas tetillas
Dios está aquí
Aquél y el de ahora
Halando igual
Aunque desde nuestros cabellos
Nariz y pómulos en los que nos resumimos
Rasgos comunes a muchos otros animales plantas
Y encuadres de cualquier paisaje
Incluidos aquellos del sueño
Dios halando y cobrando
Aquello que alguna vez amó con locura
Una salamandra unas larvas de mosca
La mitad de una res suspensa en la carnicería
En cada uno de sus arrebatos de amor
Menudo trabajo de araña madre
Recios mordiscos de amante fiero
© Pedro Granados, 2026









