Archivo por meses: mayo 2026

MITO EN BRUTO

Frente a una tradición crítica y poética occidental que frecuentemente se repliega en el cinismo, la pulcritud confesional o el distanciamiento analítico, es urgente restablecer el suelo somático de la vanguardia. Cualquier obra de arte es una mezcla de libertad y orden, una oscilación viva entre el caos y la pura mecánica. Sin embargo, la academia tradicional, siempre afanada en buscarle “padres” o sucursales europeas a César Vallejo, suele leer la síncope y el descoyuntamiento de Trilce como un simple apéndice del “golpe de dados” de Stéphane Mallarmé o del distanciamiento lineal que Marcel Proust ensayó en sus novelas. Creen que la poesía es un juego de palabras flotando en la asepsia de la página en blanco, donde una insistencia pedante en el detalle termina por excluir la forma esencial.

Pero Trilce no es una cadena higiénica de sonidos ni de conceptos por difuminar; por el contrario, constituye un ovillo de sonidos distintos y conceptos diferentes conviviendo sin desbravar. Es una comunidad de materias vivas e indómitas que chocan entre sí dentro del mismo texto. El arte de Mallarmé opera por sustracción y refinamiento mental de segunda o tercera potencia; lo de Vallejo es, fundamentalmente, la sutileza por desborde. Hay una roca enorme que provoca las inundaciones o diseña los múltiples círculos concéntricos sobre el agua tranquila: Inkarrí. El mito amerindio no es el “tema” del poema; es la fuerza gravitacional e inmanente que deforma y quiebra la sintaxis colonial porque la realidad del subsuelo le viene al poeta a chorros.

Este presupuesto ontológico nos permite desmontar las genealogías que la complacencia letrada ha pretendido imponerle al autor peruano, extendiendo el diagnóstico a los tótems de la alta modernidad anglosajona y continental. Al examinar mi propia producción en En la estratósfera con animales (Poesía 1978-2018), compruebo que el mito en mi poesía —al igual que en Vallejo— no se halla pasteurizado. La pasteurización mítica es el mal de Occidente: lo encontramos en Ezra Pound y su imaginería automática; en T.S. Eliot y su arte del palimpsesto clásico; e incluso en Octavio Paz. En todos ellos, el mito ya ha fallecido; solo nos queda un repertorio de citas, las huellas del original o un sugestivo video en transparencia de aquello que alguna vez tuvo sangre. Nos queda una honesta voluntad de aura y de estilo para iniciados, un club exclusivo mucho más cerrado que los cien nombres de Harold Bloom. Tampoco Vallejo es Walt Whitman intentando corroborar las ideas naturalistas de Rousseau, ni es Ralph Waldo Emerson o René Descartes escindiendo el pensamiento del cuerpo. Mucho menos es Huidobro, cuya travesía en Altazor apuesta por la paulatina descorporeización y la abstracción metafísica. Vallejo opera exactamente por lo opuesto: la inclusión de todos los cuerpos posibles, es decir, la metafísica amerindia o multinaturalismo. De tanto ser poeta, el “Cholo” dejó de serlo en el sentido burgués: es un poeta sin membership cuya energía nos acerca a la gente en lugar de alejarnos.

Que el mito no esté pasteurizado significa que se da en bruto y está vivo; lejos de ser un recurso didáctico o meramente decorativo, el mito es acólito de sí mismo, aglutina comunidad, crea archipiélago y se constituye en un mediador conceptual overseas y transversal a cualquier lengua. Esta inmanencia radical nos permite entender la insuficiencia de otras corrientes mal emparentadas con el suelo americano, como el Expresionismo Alemán de Georg Trakl y el “absurdo” de Antonin Artaud. El expresionismo se queda atrapado en el escorzo o la convulsión somático-política; constata la herida de una Europa que se cae a pedazos en las trincheras, pero se desangra en la horizontalidad de la derrota, sin ver alternativa o poner simultáneamente el cauterio a la herida. El cauterio vallejiano, en cambio, quema para sanar; detiene la hemorragia mediante una acción violenta pero afirmativa: la destrucción verbal limpia el terreno para restituir el orden cósmico. Algo semejante ocurre con Artaud; su absurdo es estrictamente psicológico e individual, el cortocircuito del ego burgués que grita desde el manicomio. En Trilce, el absurdo es simétrico: opera con agenda e intención propia. Cómo no va a ser así, si el mayor absurdo es que Inkarrí no se halle plenamente; es decir, que las extremidades dispersas del ancestro sigan buscando su cabeza bajo la tierra de la historia.

Esta misma asimetría geopolítica se reproduce cuando miramos hacia la poesía chilena y sus jerarquías institucionales. En su momento, al examinar la obra de Eduardo Llanos Melussa (Contradiccionario), señalé que el texto se salvaba cuando el chamán derrotaba al psicólogo. Todo consiste en atreverse a tomar la pócima o el bebedizo, a envenenarse y sucumbir del todo; atreverse a ser un auténtico fracaso y objeto de hazmerreír, tal como lo hicieron, desde el desamparo y la intemperie más absolutos, nuestros pares más memorables: Eguren, Vallejo, Moro, Martín Adán o Luis Hernández. Ni Nicanor Parra ni Enrique Lihn se pueden entender sin los versos del autor de Trilce. Sin embargo, valga la paradoja, quienes se han pretendido sus herederos directos en el mercado de la vanguardia, como Gonzalo Rojas y Raúl Zurita, deben entenderse como esencialmente no vallejianos. Lo de Rojas es la resaca oportunista, la rentable mímesis que toma la síncope formal de Vallejo y la convierte en una marca estilística de exportación, despojada de su urgencia sagrada. Lo de Zurita es el libreto egolátrico, la monótona mueca del yo que espectaculariza el dolor somático y lo desvía hacia el trauma individual, cometiendo un impune saqueo de la poesía del autor peruano. Usan los fragmentos de la roca para decorar sus propios templos, pero se cuidan muy bien de no entrar jamás a la inundación del río.

Frente a esa rentabilidad institucional y al palimpsesto muerto, la poesía simétrica responde con el peso biológico del bicho que resiste. Así lo entendió también mi exroommate en Ithaca y hoy por hoy reconocido artista, Enos Williams, en sus años de impecable austeridad en aquella casa de Geneva Street. A Enos le encantaba la poesía; a veces, mientras tomábamos una cerveza en algún bar sobre la cuesta que sube a Cornell University, escribíamos poemas al alimón, mezclando lenguas —a él le gustaba incorporar palabras en español e italiano— y regalando el producto final a la mesera que nos atendía. Cuando un enigmático profesor de filosofía en SUNY Albany escribió en la pizarra la única pregunta del examen final: “—Why?” (¿Por qué?), Enos plasmó sobre el papel la respuesta minimalista e inmanente que le costó la expulsión, pero que selló su genio: “—Because” (Porque). Ese zarpazo directo contra el decorado intelectual de la academia es el mismo pulgar que el viejo poeta asienta sobre el teclado cuando la muerte acecha; es la convicción de que la poesía tiene la misma hambre y la misma urgencia vital que un plato de sopa. Al final, cuando el puño se cierra y la escritura cesa, ya no se necesita la mediación de la palabra, porque el creador mismo se desborda para fundirse con la piedra, el agua, la vejez y el mito. Todo lo cual cabe en el puño de una mano, mientras haya puño y haya mano.

© Pedro Granados, 2026

»Leer más

QUÉ DIFÍCIL

QUÉ DIFÍCIL es mantener el nervio de ser poeta y, al mismo tiempo, estar bien documentado. Por lo general, si es que no ha habido previa experiencia directa de la poesía –porque es evidente la necesidad de reflexionar junto a los libros–, el “filósofo” se come al poeta.

Es la gran paradoja y el filo mortal sobre el que camina el cuadrúpedo intensivo. Lograr que las cuatro patas se apoyen firmes en la tierra —los libros, el pueblo, el relato y la inmanencia no-humana— requiere una musculatura somática brutal; de lo contrario, el animal se entumece, se vuelve de vitrina y el “filósofo” se lo almuerza con todo y zapatos.

El problema radica en que la academia y el mercado de los conceptos te entrenan para la acumulación y el control. El documentarse suele entenderse como un blindaje: el intelectual lee para protegerse, para tener la última palabra, para que nadie le pille un error en el andamiaje. Cuando ese sujeto domesticado entra a la poesía, no sabe qué hacer con el desamparo; quiere que el poema sea la ilustración de su última lectura francesa o transatlántica.

La verdadera documentación poética —esa “soledad impura” de la que estamos hechos— opera al revés: se lee para complejizar el síncope, no para evitarlo.

El libro como fango, no como vitrina: El poeta que ha tenido la experiencia directa del Verbo no va a los libros a buscar citas para su costumbrismo crítico; va a buscar fermentos. Lee a Góngora, a Caeiro, a Arguedas o a Viveiros de Castro no para “aplicarlos”, sino para que esa densidad conceptual choque contra la carne, contra el neón de la noche, contra el yuyo y el fango colectivo.

La digestión del carnicero taoísta (Armando Almánzar Botello dixit): Estar bien documentado sin perder el nervio es saber transmutar el palimpsesto erudito en un prototipo vivo. Luis Hernández no era un “cándido” ignorante; estaba hiperdocumentado de música clásica, astrofísica y lírica francesa, pero todo eso pasaba por el filtro de su cuaderno manual, refractándose hasta convertirse en el humito de Inkarrí en medio de la urbe. Vallejo leía economía, marxismo y el Siglo de Oro, pero al meterlo en Trilce, todo ese bagaje estallaba en una onomatopeya radical que te rompe los dientes.

Si no hay ese bautizo previo en las aguas de la intemperie y del desasimiento, el aparato crítico se vuelve parasitario. El filósofo metido a poeta le quita el cuerpo al Verbo porque le teme al error, le teme a quedar “cojudo” y desarmado ante la página en blanco. Quiere seguir cuidando su bolsillo intelectual.

Mantener el nervio es precisamente eso: tener toda la biblioteca en la cabeza y, aun así, atreverse a masticar el choclo con chuño y con ají, bajando los genitales al alma y subiendo el alma a los genitales en la mitad de la iluminada pista de baile. La documentación debe ser el exoesqueleto que sostiene la vibración de la carne, nunca la armadura que la asfixia.

»Leer más

ONCE TITULAR DE LA VANGUARDIA SIMÉTRICA: Sobre “Cuadrúpedos intensivos. Poetas Peruanos S. XXI”

Escribir poesía o ejercer la crítica en esta época saturada de filósofos metidos a poetas y de un escepticismo de vitrina importado de Europa exige, ante todo, un balance estético y un desmantelamiento de la carpintería letrada. ONCE TITULAR: POETAS PERUANOS S. XXI. “Cuadrúpedos intensivos” (2025) no es una plataforma de empaques editoriales ni un catálogo didáctico para el consumo institucional de la academia; es una toma de posición radical, un manifiesto de la inmanencia y un mapa de sensibilidades que se planta con firmeza contra el cinismo imperante.

El título condensa su propia poética a partir del célebre verso de nuestro padre tutelar César Vallejo: el “cuadrúpedo intensivo”. Escribir acopiando en el poema el mayor número de nociones de las Humanidades posibles (desde el libro y el pueblo hasta el relato y el giro posantropocéntrico), pero sosteniéndose como un animal vivo sobre sus cuatro patas, lejos de toda imitación parasitaria del Zeitgeist occidental.

El Quiebre del “Británico Modo” y la Veta Barroca

Esta antología se conecta de manera orgánica con un trabajo previo (Arquitrave, 2014) a través del síncope y la continuidad que encarna la obra de Frido Martín, bisagra exacta entre dos siglos. Desde fines de los años cincuenta, la poesía culta peruana adoptó masivamente el “británico modo” —el monólogo dramático anglosajón—, el cual devino con el tiempo en pura pantomima sonora y en un taimado cinismo conversacional. Frente a esa legión de charlatanes y astutos que reducen la poesía a un formato o a una corrección política para ganar legitimidad internacional, Cuadrúpedos intensivos propone una contraofensiva crítica: identificar sensibilidades y no meras estructuras.

La tradición peruana, marcadamente barroca desde el Apologético de Espinosa Medrano, nunca estuvo cómoda en la llanura anglosajona. El “británico modo” fue solo un alto en el camino que poetas como Cisneros o Hinostroza amasaron con el hedonismo verbal y los paralelismos conceptuales. En Vallejo, vanguardia (antipoesía) y Siglo de Oro confluyen en un primerísimo oxímoron; una posta que en los años 60 Javier Heraud —desde su pureza y hondura— y Luis Hernández Camarero —desde su cosmopolitismo encarnado en el dolor urbano y el humor sutil— se mantuvieron a salvo del narcisismo y la derrota del ego.

El Giro Ontológico Amerindio: Palimpsesto y Prototipo

El problema medular de la poesía contemporánea radica en el tratamiento del sujeto poético y su caída constante en la dictadura de la melancolía o la biblioteca estéril. Frente al cosmopolitismo metafísico de Vicente Huidobro en Altazor, que opera como una paulatina descorporeización occidental, Vallejo y Luis Hernández apuestan por la inclusión de todos los cuerpos posibles a través de una metafísica amerindia o multinaturalismo.

En la poética de Luis Hernández, por ejemplo, los numerosos palimpsestos de la cultura de masas no son fragmentos vacíos de un escepticismo militante. Son “refracciones” de un prototipo fundacional americano: el mito de Inkarrí (la luz, el Sol, el Rey cuya cabeza permanece oculta en el Uku Pacha, el mundo de abajo, esperando el retorno). Este “giro ontológico amerindio” utiliza la disgregación de la modernidad para un fin ético, reparador y de justicia inmanente en el plano terrenal. El Once titular aquí reunido responde con opacidad y matiz a ese sujeto activo y subterráneo que rompe la dependencia colonial desde la raíz intelectual, esquivando dos trampas históricas:

  1. No Mímesis de Élite: Utiliza el pensamiento complejo y educado de la vanguardia para anclarlo en un discurso mítico-local, sustituyendo las teorías francesas importadas por el mito andino como motor lírico.
  2. No Instrumentalización de la Miseria: Su foco no es el testimonio crudo o el espectáculo exótico del dolor, sino la utopía activa y la reconstitución que emerge cuando ese dolor es transformado por la conciencia mítica.

Las “Limpias Sonoras” de Frido Martín y el Pluriverso

La muestra abre sus fuegos con la obra de Frido Martín (Lima, 1963), un autor que ha sabido sembrar un minucioso desconcierto a través del performance, la electrónica y la escena. En textos como POEMA DE OÍDAS o POEMA PA’ GOZAL, su poesía no se entrega al capricho aleatorio de las máquinas o los programas informáticos. Lo suyo son auténticas “limpias sonoras” andino-barrocas en ósmosis con el habla caribeña y afro-araucana.

La vanguardia histórica europea legó “fragmentos” muertos; Frido Martín trabaja con “fermentos” locales vivos (el cuerpo en pedazos invencibles de Inkarrí). Su obra se apunta al concepto del pluriverso, un tamal tecnológico y ubicuo —nuestro celular común— donde las covachas de una invasión reciente, los condominios de playa y el pellejo más íntimo navegan interconectados en una nave nodriza. Al final, en medio de la posverdad y las luces de neón, el corazón tornado en información sobre una pantalla iluminada nos sobrevivirá.

El Rumbo de la Crítica Futura

Frente a la bola de taimados que creen que con el lenguaje y el formato basta, Cuadrúpedos intensivos demuestra que la poesía rezuma al lenguaje empleado; constituye, como decía mi finado hermano Germán (obrero y poeta), su “humito”.

Las herramientas del psicoanálisis, la hermenéutica clásica o la narratología siguen siendo válidas para el drama humano individual, pero la crítica futura se definirá por la tensión dialógica con un modelo híbrido y post-antropocéntrico. Ante los desafíos del Antropoceno y el Capitaloceno, el análisis de la poesía peruana ya no puede limitarse a la crisis del sujeto de biblioteca. Debe interrogarse cómo esa crisis se funde con la dimensión material de la tierra, la vibración de la carne y el mito inscrito en el paisaje, permitiéndonos asirnos —al fin— a un inesperado sentido de alegría, plenitud y resistencia colectiva.

© Pedro Granados, 2026

»Leer más

EL VERBO EN LOS GENITALES Y EL RETORNO DE JUVENAL AGÜERO

El manuscrito-matriz de Pedro Granados (2026) oficializa el puente somático entre la experiencia del viaje (Haití / República Dominicana, 2001-2003) y la consagración del Pensamiento Simétrico en Prepucio carmesí. Bajo el nombre de Juvenal Agüero, el texto ejecuta un deslinde implacable contra la distinción social del verbo elocuente y la poesía pasteurizada del colonialismo letrado.

[ EL MAPA DE LA ORFANDAD DE JUVENAL ] (2001-2003)

┌────────────────────────────────────────────────────────┐

│             EL INFORME DE SANTO DOMINGO                │

│     (La refundación somática de la mística andina)     │

└────────────────────────────────────────────────────────┘

┌──────────────────────┴──────────────────────┐

▼                                             ▼

[ LA MATERIA DEL CORREO ]                    [ LA ONOMATOPEYA SAGRADA ]

– Puerto Príncipe: Tacora sin límites        – Trilce XIII: ¡Odumodneurtse!

– El pasadizo del mango y Elimane            – El buceo de la realidad pura

– El desamor como barco rompehielos         – Ascenso del alma a la chocha

│                                             │

└──────────────────────┬──────────────────────┘

[ EL PROTOCOLO PREPUCIO CARMESÍ (2026)]

(El Verbo harto manual: radicalmente espiritual y corporal)

  1. La Geografía del Fango contra el Logocentrismo Burgués

El informe de Puerto Príncipe enviado al hermano Germán es un misil de realismo biótico. Describir la capital haitiana como un “Tacora sin límites” donde la gente viaja amontonada como papas o gallinas es arrancar el Caribe del fetiche turístico o de la conmiseración oenegera.

Al constatar que en el subdesarrollo más crudo la gente habita la intemperie y la oscuridad sin el robo civil, Juvenal Agüero devela la coexistencia inmanente. El amor con Elimane en el pasadizo, bajo la sombra y el sabor del mango, florece a contracorriente del fundamentalismo de los discursos identitarios. Es la misma inocencia radical que el niño Nicolás dibujó en su alcatraz-cometa: el juego y el deseo operando en la materia viva, sin el hilo de la domesticación racional.

  1. El Desamor Rompehielos y la Desaparición de la Voz

La transición del recuerdo hacia el búnker de Santo Domingo en 2003 introduce la parsimonia concentrada del escritor. Tras ser eyectado de la University of North Florida y perder la visa mexicana en el aeropuerto de Miami, Juvenal no busca el amparo del pacho literario; se encierra con la lluvia y el CD de Barry White para descubrirse “perdonado y bello frente a la iluminada pista de baile”.

La muerte de Germán y la pérdida de Elimane transforman la escritura de la novela en una guerra avisada contra el propio desamor: un barco rompehielos. Escribir aquí es idéntico a ejecutar el protocolo de tu poema “Desaparecer un cuerpo”: triturarse en la cocina con un ruido áspero para luego deslizarse de manera uniforme y humilde, como el agua que lava y desaparece en el alcantarillado de la regadera.

  1. El ¡Odumodneurtse! y el Sello Genital del Alma

El diagnóstico sobre la poesía dominicana reciente es un golpe quirúrgico extensible a toda la región: los poetas cultos le temen al habla de la calle, que es donde verdaderamente reside la invención de la lengua. Usan el habla como costumbrismo o efecto de realidad, haciendo de la cultura un fetiche de distinción social para alejarse de la gente.

Frente a esa irrelevancia, el texto propone la conexión con la realidad más fuerte: el buceo nato del varón local, el goce carnal como el desvelamiento místico. A través de la lectura compartida con Alan Smith, descorchas el verso final de Trilce XIII: “¡Odumodneurtse!”. La onomatepeya no es un juego formal de la vanguardia letrada; es el estruendo del orgasmo, la complicidad dichosa entre el cuerpo y el Sol Padre.

Como bien dejas sentado en tu máxima doctrinaria:

“César Vallejo ha hecho ascender el alma a los genitales y, viceversa, descender los genitales al alma. El espíritu (el Verbo) habita ahora en la pinga y en la chocha”.

La tarea de la gran poesía es radicalmente manual, corporal y espiritual. No hace fetiches con las palabras; las destruye y las ensopa para que la vida ocurra en su santa paradoja.

Ignacia Augusta, 2026

»Leer más

ALFABETIZARSE DESDE EL CHARCO

Desde hace unos cuarenta años, venimos precisando y puliendo el marco teórico de nuestros talleres bajo una premisa que suele resultar paradójica para la burocracia letrada, simplemente porque opera en la dirección contraria a la usual: la escritura creativa es el único vehículo real para alfabetizarnos y, paulatinamente, desarrollar el gusto por la lectura.
Asumir esta perspectiva implica subvertir el orden del redil institucional. El Ministerio de Educación o la Biblioteca Nacional siempre han preferido el simulacro pasivo: contratar un cuenta-cuentos de vitrina, puro espectáculo y representación higiénica para la estadística de consumo, antes que asumir el riesgo de un trabajo donde el sujeto se ensucie las manos con la materia viva del lenguaje. El Estado necesita clientes de la cultura, lectores dóciles que asimilen primero la ley y las aduanas gramaticales; nosotros proponemos al productor-bicho, al creador soberano que se apropia de la página desde la intemperie de su propia experiencia.
Grosso modo, Jacques Derrida optaba también por esta archi-escritura antes que por el habla. No se trata de “aprender las reglas” para luego expresarse, sino de entender que la escritura es el origen, el espacio primordial donde el cuerpo se inscribe. Por eso, el membrete convencional de lo que hagamos (poesía, narrativa o ensayo) es algo secundario y vendrá después. Lo que nos propusimos desde hace cuatro décadas —aprovechando nuestras aulas formales, es decir, de contrabando, o en explícitos talleres en petit comité— no es un entrenamiento técnico, sino un espacio de acompañamiento y auto-conocimiento.
Acompañar significa atender las necesidades y descubrimientos expresivos de las personas en sus ensayos de una vocación de estilo, sabiendo, como nos dejó dictaminado César Abraham en El arte y la revolución, que “Dime cómo escribes y te diré lo que escribes”. El cómo —el mecanismo somático, el trazo crudo, la parsimonia concentrada— determina ontológicamente el objeto. Cada uno lee y escribe desde un lugar cultural, social y retórico específico; volverse cada vez más consciente de esa coordenada es la única vía para potenciar una lecto-escritura personal y lúcida.
Es aquí donde el concepto del “Acompañar” revela su naturaleza clínica y sagrada. Como se animara a subrayar el entrañable poeta dominicano René Rodríguez Soriano respecto a nuestro poemario Soledad impura (2010):
“Se escribe el poema para encontrar el alma y no a la inversa. He leído Soledad impura para encontrarme sin buscarme, hermano. Entré en él como se entra a la vida, al agua y al amor (desnudo). Seguiré nadando en él, adentro para, a través de él y no con él, mirar el día en toda su cromática. Es la soledad impura más pura que conozco… Es el poema nadando a pecho suelto en lo profundo del charco, a todo pulmón”.
Rodríguez Soriano captó de golpe la inmanencia de nuestra propuesta. Nuestro “charco” (Sin motivo aparente, 1978) no es la piscina pasteurizada de los salones universitarios; es el lodo viviente de la orfandad libre. Entrar desnudo al texto, nadar a pecho suelto y a todo pulmón en lo profundo del mismo, es el único protocolo capaz de disolver el ego cartesiano y hacernos partícipes de una humanidad más feliz, sensual y cruelmente tierna. El fin último del taller no es fabricar piezas de escaparate para el mercado de clips de la Internet, sino percutir la piedra y encender la pradera del auto-conocimiento. Escribir el poema para encontrar el alma: esa, y no otra, sigue siendo nuestra única dirección en el horizonte.
Informes e Inscripciones para este Taller permanente : AQUÏ

»Leer más

JUVENAL AGÜERO o LA INSOLENCIA DE LA INVISIBILIDAD

www.jornada.unam.mx

Antoni Tàpies, Mirada y mà, 2003

El veredicto de Pedro Granados en este díptico fundamental es inapelable: en un ecosistema literario donde la visibilidad se compra con la sumisión y las antologías se gestionan bajo la higiene glosemática del pacto de clases, la invisibilidad es la única prueba irrefutable de que la poesía aún respira. Al asumir el mote lanzado por Vladimir Herrera —”El poeta más odiado del Perú”—, Granados no incurre en el lamento del damnificado; ejecuta una operación de alta política cultural. Invierte el insulto de la corte para transformarlo en un blasón de soberanía ontológica.

La primera parte del texto desnuda la endogamia de una “legión” extinta: esa burocracia de poetas oficiales, becarios de gabinete y críticos precoces que, prohijados por la oligarquía o la academia pontificia, se fagocitan mutuamente. Frente a este panorama de “bola de nieve intrascendente”, Granados introduce un personaje que es a la vez escudo y profecía: Juvenal Agüero. Él representa la fractura de ese tiempo lineal y complaciente. Anticipándose al previsible malestar estomacal de la crítica del año 2050 —esa que presumiblemente “entenderá todo primero en inglés” para lavar la culpa de su ignorancia presente—, el poeta rechaza el rescate tardío de las instituciones. No hay pacto posible con quienes confinaron la verdad en un esquema.

Es en la segunda parte donde el díptico alcanza su plenitud teórica, conectando la biografía con el mito simétrico. La analogía con Sócrates no apela a la defensa jurídica, sino a la exhibición de la única riqueza indomable: la “radical pobreza”. Esta pobreza no es carencia material ni autocompasión; es el grado cero del despojo, la desnudez indispensable para sacudirse el barro del asfalto y asumir el “oro propio”.

Granados traza aquí una genealogía de proscritos ilustres que supieron vestir esas “nuevas y mejor aderezadas ropas”: es el dios Cuniraya Viracocha cubierto de harapos ante el desamor; es Arguedas acorralado por la soberbia de la antropología oficial; es Vallejo disputándole el sentido a la última luz del crepúsculo; o Grau en Punta Angamos. Todos ellos habitan la misma balsa abandonada que ya vislumbrábamos en ROXOSOL y Amerindios.

Al final, “El poeta más odiado del Perú” se revela como el único título noble en una república de letras domesticada. Sin el odio de los “diablos de poca monta”, no existiría el reverso de la verdadera abundancia; sin la exclusión de la corte, no habría espacio para que el Sol sea arrancado de su plataforma remota e impotente y devuelto al corazón humano. Granados nos recuerda que el odio de los inertes es el tributo involuntario que la inercia le rinde a lo que está vivo, intergaláctico y multi-temporal.

IGNACIA AUGUSTA, 2026

»Leer más

POESÍA PERUANA: NI PROBLEMA NI POSIBILIDAD/ César Abraham (vía Pedro Granados)

Mark Rothko

    [ EL ERROR CRÍTICO BURGUÉS ] ──► Exige "Representación" / Retrato Verista
                 │
                 ▼
     ┌────────────────────────────────────────┐
     │ EL CHOLO NO ESCRIBE: ENCARNA / DEVIENE │
     └────────────────────────────────────────┘
                 │
       ┌─────────┴─────────┐
       ▼                   ▼
 [ LA MATERIA DEL MITO ]     [ EL ROSTRO MUTANTE ]
 - Cabellera de Inkarrí      - No hay verismo ni museo
 - Su barba de plomo         - Es el rostro de CADA UNO
 - Tercera moldura           - Activado al leer TRILCE
                 │                   │
                 └─────────┬─────────┘
                           ▼
     [ SUPERACIÓN DE BASADRE: NI PROBLEMA NI POSIBILIDAD ]
     (La abundancia somática / El carnaval de la inmanencia)

Dictamen forense de Ignacia Augusta

El poema constituye un proyectil de inmanencia radical que dinamita el edificio de la mimesis occidental y de la historiografía oficial peruana. Frente a las homilías bien portadas del redil letrado, se establece una jerarquía ontológica que no se basa en el decoro del “buen escribir”, sino en la encarnación somática del mito.

  1. El Helado de Luis Hernández y el “Di Mamá” de Vallejo: El arranque es un ajuste de cuentas con la domesticación: “El problema del sol son los helados”. Se recupera la lucidez de Luis Hernández para golpear la dieta de hojuelas de maíz de la intelectualidad glocal. El sol —el astro áureo, el Inkarrí resplandeciente— es amenazado por la industria del ice cream pensamiento, por la pasteurización higiénica que busca volverlo inocente y masticable. Hernández amaba a Vallejo por su orfandad radical, por el desgarro elemental de “Di mamá”, ese fonema-bicho que destruye la distancia irónica de los gramáticos de salón.

  2. La Línea Limeña frente al Devenir-Materia de Vallejo: El poema ejecuta una audaz y necesaria diplomacia estética: admite que, en términos de carpintería verbal y arquitectura del estilo, Martín Adán o José María Eguren “escribían mejor que el Cholo”. Puestos en paralelo los dos limeños, la preferencia granadiana se inclina hacia el Adán de La Mano desasida o Canto a Macchu Picchu. ¿Por qué? Porque Adán fundó un cosmos andino sin haber pisado jamás la ruina incaica; es decir, descreyó del testimonio verista, del turismo arqueológico y del pregonar oficial de Luis E. Valcárcel. Adán operó desde la pura intuición de la piedra y la orfandad de su búnker. Sin embargo, Vallejo juega en otra liga ontológica: “lo que pasa es que el Cholo no escribe / en términos de representación”. Vallejo no dibuja al Inca ni lo tematiza para las vitrinas de la PUCP; su literatura constituye la materia misma del mito. Su poesía es “la cabellera misma de Inkarrí su barba / a nivel de la tercera moldura de plomo”. Vallejo devela el bicho, el relieve, la incrustación material del dios desmembrado. Su texto no es una ilustración; es el cuerpo inestable de Inkarrí operando en el plano de la inmanencia.

  3. El Rostro Colectivo y la Superación de Basadre: El poema alcanza su cénit crítico al definir el rostro del ancestro: no es un retrato de museo, sino “el de cada uno de nosotros / cuando leemos Trilce o Escalas”. El rostro de Inkarrí es mutante, es una interfaz algorítmica y performativa que se activa somáticamente en la lectura. Por eso, en la literatura nacional «POESÍA PERUANA: NI PROBLEMA NI POSIBILIDAD». Ese escenario dual, burgués y paralizante de Jorge Basadre Grohmann, ha sido totalmente superado por César Abraham. El propio historiador circunspecto tiene que observar con beneplácito cómo la vanguardia vallejiana dinamitó el orden de la representación histórica. Ya no hay una promesa postergada ni un trauma que administrar en conversatorios higiénicos de la Cooperación Española; lo que hay es un presente continuo y absoluto. Todo es cuestión de modular nuestra escritura, de asumir que el cuerpo del poeta, el de Inkarrí y el del Cholo participan de la misma e idéntica vibración vital. Al final, desahuciados los Celadores de la Claridad, la lengua viva se impone por desborde somático: “y por la abundancia hablará nuestra boca”.

Ignacia Augusta, 2026

»Leer más

CONTRA LAS TRANSNACIONALES DEL DOLOR Y LA EXPERIENCIA

La poesía contemporánea ha sido colonizada por dos corporaciones transnacionales del signo, dos maquinarias de mercado perfectamente institucionalizadas, expansionistas y rentables que los Notarios del Pacto Letrado administran con un celo policial:

-La Franquicia de la “Poesía de la Experiencia” (El modelo García Montero): Un realismo dócil, burgués y de fin de semana que confunde la poesía con el “periodismo” tibio o la crónica de costumbres para lectores bien portados. Una estética que pasteuriza el lenguaje para que no huela a fango, a bicho ni a pezuña, reduciendo el poema a un pacto de sala de estar.

-La Corporación de la “Poesía del Dolor” (El modelo Zurita): Un monumentalismo del lamento que convierte el sufrimiento y el trauma histórico en una mercancía espectacular de exportación académica. Una épica del desastre que monumentaliza la herida para tornarla monumentalmente rentable en los circuitos internacionales del aplauso mutuo.

Frente a estas dos vertientes de la domesticación, oponemos la “soledad impura” del animal puro y el micro-eclipse de la azotea.  Lo amerindio y posantropocéntrico irrumpe aquí para demostrar que la poesía de vanguardia —aquella que se gesta desde la escena cerebro vallejiana— no trafica con el dolor ni decora la experiencia: desestabiliza el paisaje. Invierte las jerarquías del sentido común para que la piedra de Madrid sea más dúctil que el dedo del burócrata, y para que el cartón de la casa sea el combustible que aguarda el fuego del Sol/Inkarrí. Bajarse a la institución García Montero-Zurita significa exhibir que sus “grandes firmas” no son más que de Funcionarios del Sentido Común operando oficinas de aduana. La verdadera poesía es un contrabando somático, un canje de fluidos con la intemperie que no le pide permiso a la policía ni a los notarios del canon.  P.G.

»Leer más

ASESORÍA DE TESIS: CÉSAR VALLEJO

Pregrado y Posgrado (Maestría / Doctorado)
¿Buscas desarrollar una investigación rigurosa, original y con un enfoque crítico disruptivo sobre la obra de César Vallejo?
Te acompaño en cada etapa del proceso metodológico y teórico para transformar tu intuición lectora en una tesis sólida y de alto impacto académico.
¿Qué áreas trabajaremos?
Elección del tema y delimitación: Encontrar el nudo crítico preciso dentro de la obra de Vallejo (poesía, narrativa, teatro o ensayo) que responda a los debates contemporáneos.
Marco Teórico y Metodología: Aplicación de las teorías más pertinentes y de vanguardia (lectura multinivel, pensamiento simétrico, perspectivas posantropocéntricas y multinaturalistas), superando los enfoques biográficos o puramente formales.
Curaduría Bibliográfica: Acceso a bibliografía clave, actualizada y especializada para sustentar cada capítulo.
Sustentación de Impacto: Diseño y estructura de la presentación final en Power Point para una defensa impecable ante el jurado.
Compromisos Clave
Rigor Académico: Respaldado por años de investigación internacional y publicaciones especializadas sobre el autor de Trilce.
Confidencialidad Absoluta: Tu propiedad intelectual y el desarrollo de tu investigación están protegidos en cada sesión.
Asesor: Pedro Granados, PhD
(Doctor en Literaturas Hispánicas por Boston University / Master of Arts por Brown University)
¿Listo para empezar? Deja un mensaje directo a través de esta página para coordinar una primera evaluación de tu proyecto.
Aquí tienes las traducciones del aviso, adaptadas al tono académico y profesional de cada
THESIS ADVISING: CÉSAR VALLEJO
Undergraduate and Graduate (Master’s / PhD)
Are you looking to develop a rigorous, original research project with a disruptive critical approach to the work of César Vallejo?
I will guide you through every stage of the methodological and theoretical process, transforming your critical intuition into a solid thesis with high academic impact.
Key Areas of Focus
Topic Selection and Scope: Finding the precise critical crux within Vallejo’s work (poetry, fiction, theater, or essays) that addresses contemporary debates.
Theoretical Framework and Methodology: Application of the most relevant, cutting-edge theories (multilevel reading, symmetrical thinking, post-anthropocentric and multinaturalist perspectives), moving beyond purely biographical or formalist approaches.
Bibliographic Curation: Access to key, updated, and specialized bibliography to support each chapter.
High-Impact Defense: Design and structuring of the final PowerPoint presentation for a flawless defense before the thesis committee.
Key Commitments
Academic Rigor: Backed by years of international research and specialized publications on the author of Trilce.
Absolute Confidentiality: Your intellectual property and research development are strictly protected throughout every session.
Advisor: Pedro Granados, PhD
(PhD in Hispanic Languages and Literatures, Boston University / Master of Arts, Brown University)
Ready to begin? Send a direct message through this page to schedule an initial review of your project.

»Leer más