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Ensayo

Vallejo y cierta literatura argentina

Borges
Las “cosas” (anverso sin reverso) del poema “Reliquias” (Los conjurados), de Borges, son semejantes a Trilce LXIX: “anverso/ de cara al reverso”. Es decir, para ambos poetas todo es puro significante; la membrana móvil del mar en Vallejo, o la Penélope ya sin cara –sin mirada y, por lo tanto, sin “reverso”– serían equivalentes.

Cortázar
Probablemente quien mejor ha aprovechado el legado vallejiano –no sólo de Trilce, sino desde Los heraldos negros— es la cuentística de Julio Cortázar. En lo fundamental nos referimos a la manera de aprovechar el oxímoron; el de aclimatar, de modo efímero, y no menos contraponer dos significados en una palabra o frase. Por ejemplo, en “Continuidad de los parques”, aquel principio de yuxtaposición semántica hace posible que, en efecto, estemos al final del cuento ante dos posibles desenlaces: el amante mata a su rival, por pasión, o no lo mata porque, en última instancia, duda de la sinceridad de la mujer, cae en la cuenta de la manipulación de ésta. El mismo título de este relato estaría ilustrando, didácticamente, tal recurso del oxímoron. Aquella “continuidad” no aludiría sólo a la estructura de dos espacios –el del “lector” y el de la “novela” o “cabaña del bosque”– los cuales, juntos, en realidad constituyen sólo uno  y abierto al espacio de cada lector ante el cuento de Cortázar.  Sino también, tal recurso al oxímoron, en la posible hermandad semántica intrínseca  entre los opuestos.

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César Vallejo musical

Mención necesaria y liminar, en este ensayo, merece el famoso artículo de Xavier Abril (“Vallejo, la música, exégesis del poema XLIV de Trilce, el influjo mallarmeano y la crítica”) (Abril 63-91).  Título y palabras claves, a un tiempo, que nos permiten asentir en lo sustancial con aquel talentoso crítico peruano, sobre todo con su postura contra la “incuria ultraísta” o vanguardista según la cual Vallejo –en Trilce— renunció a la música.  Aunque, no asentir, en el focalizado y sistemático fervor mallarmeano que Abril cree entrever en la poesía del autor de Los heraldos negros.  En síntesis, acierta el autor de Exégesis trílcica, cuando percibe aquel  poemario de 1918 en franco “acatamiento rubeniano” o verleniano y, no menos, pleno de “referencias musicales”.  Ni sólo Mallarmé –aquello de que no se trata ya más de “trozos sonoros regulares o versos, sino de subdivisiones prismáticas de la Idea”– ni únicamente la música culta o europea constituyen aquello que satisface a plenitud al “melómano” Vallejo.  Sino que fue también, y sobre todo, la música popular o cotidiana o incluso “mítica” (glosolalias cuyas ondas, según Paul Zumthor, persisten aunque la cultura que las originó haya históricamente desaparecido) a lo que César Vallejo, en lo fundamental, y en toda su riqueza y complejidad, supo prestar oídos.

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Vallejo/Oswald: Trilce antropofágico/ Amálio Pinheiro

O festim antropofágico da Lima de Vallejo era uma mescla dançante e musical que se insemina como pauta sonora em Trilce. Nem os traumas classistas da miscigenação (“Eres cholo y basta”, diziase na Colônia), poderia impedir essa abrupta confluência disonante de vozes populares e versos múltiplos ao mesmo tempo descentrados e compactados, em estado de máxima festa barroquizante. Pedro Granados chega acertadamente a falar “en el baile de jarana que es todo este libro” [2017], a começar pelas entranhas sonoras do próprio título.

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LOS NIVELES DE CREACIÓN LITERARIA EN LA NOVELA “EN TIEMPO REAL”/ Jesús Franco Salazar Paiva*

Los portaba de esta manera [sus poemas en la axila] porque aún no sabía si se animaría a mostrarlos en el taller de poesía que por ese entonces –y entendemos que hasta el presente– funcionaba en la facultad de letras de aquella casa de estudios (se refiere a la UNMSM). Imagínense, en plenos años setenta en el Perú y él con su porfiado mar y sus ingratas estrellas.

Es decir, un poeta que en medio de la conmoción social que significó el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, seguía componiendo a las estrellas y al mar. Para burla de los que sí se ubican en la “realidad”. Este contraste es curioso, pues refuerza la idea planteada sobre la simbiosis, desde otro nivel. Es decir, el mundo real, de la lucha social, del contexto real y la vida de Agüero, reforzada y viviente en la ficción, en la creatividad literaria.

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Borges y yo (II)/ Andrés Ajens*

En “Borges y yo” (in El Hacedor, 1960) Borges confiesa y/o finge confesar haber dado con algunas páginas válidas: “Nada me cuesta confesar que ha logrado [él, Borges; lo a-firma “yo”, tal “yo” no enteramente identificado consigo] ciertas páginas válidas” — que, desgajadas de toda ficción salvífica, a nadie salvan, pero, ni a sí mismo ni a Borges: “esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno [lo “válido”, etc.] ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino [sino en la punta de la lengua] del lenguaje o la tradición”.

Cómo no valorar lo bueno de ciertas páginas, la valía inesperada, invaluable del hallazgo “válido”. Y de paso: cómo no sobrevalorar, cómo no no ceder a esa —firma Borges— “perversa costumbre de falsear y magnificar” que el “otro”, “Borges” (“Al otro, Borges, es a quien le ocurren las cosas”, comienza “Borges y yo”) casi fatal previene: “Por lo demás […] solo algún instante de mí podrá sobrevivir  en el otro […]. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque  me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar”. Cómo no falsear ni magnificar. Cómo no ficcionar — Borges.

II

[Borges y Emma]

En Borges (2006), tal “Borges y yo” de Bioy Casares, los espejos de la valía, de la válida como de la inválida página, no hacen sino multiplicarse. Sobrevalorades todes, o casi, afirma Borges, apunta Bioy Casares: Mistral,  ibarbourou, Neruda, Arlt, Supervielle, Herrera y Reissig, etc., etc. El 26 de noviembre de 1976, por caso, a solo meses de su vuelta —“revés de la suerte” dirá “Piedras y Chile” (1984)— por Santiago, Bioy apunta: BORGES: “La lista de los sobrevalorados [overrated precisa pregunta introductoria: “¿Cuál será el escritor más overrated? ¿Shakespeare?”] incluye también a Herrera y Reissig, otro oriental me temo [poco antes habrá mencionado a Horacio Quiroga]; y a Gabriela Mistral; y también a Neruda, otro chileno, me temo”. (Parodia por doble partida irónica, doble “me temo”, doble  verónica). El 5 de julio de 1958, Bioy cuenta  que Borges le cuenta que se le acercó un tipo  a solicitarle su auspicio para la candidatura al Nobel  de Juana de Ibarbourou; “Le dije que Juana  de Ibarbourou no valía mucho” reitera Borges. Y aun el 5 de octubre de 1971: BORGES: “A Emita [Emma Risso Platero, escritora y diplomática uruguaya, casi pinche eterna casual de Borges (besos hubo, no omite Borges en Borges, así como indecibles recelos de doña Leonor, madre del cordero, quien ya en 1948 le prologa a Emma su novela Arquitecturas del insomnio: “Quizá lo más precioso de este volumen sea lo poético, no sólo perceptible en frases aisladas […], sino en el agradable horror [sic] de los argumentos, en las íntimas formas de la invención”, y al año siguiente  le dedica,  en El Aleph, “La escritura del dios”] le dije —retoma Borges— que Herrera [y Reissig] y Supervielle no valían mucho. Me contestó:  ‘Entonces, ¿qué nos queda?’”. (Por decir: aparte las consabidas ciertas páginas válidas de un hijo de uruguaya y nieto, por lado paterno, de uruguayo).  Más falso que Borges, “Borges y yo” incluido, más epidémico, habrá comarcado avant la lettre Vallejo (1927);  el santiaguino chuco cucho, Vallejo, por demás de tales escasísimxs poetas en lengua castellana que Borges estima, como a Shakespeare en inglés, nonada overrated.

III

[Vallejo, Borges]

A distancia notoria de Neruda, que, en cuanto a Vallejo, dice cosa y su contrario, tal vuelta de carnero en llave diáléctica (en carta desde Batavia el 1º de junio de 1931 comenta a su amigo Morla Lynch, en Madrid, sus primeras  impresiones: “El libro de Vallejo [Trilce; que Morla Lynch, desde el Consulado chileno en Madrid, le acaba de enviar (edición española de 1931, a su pedido; prueba al canto de que hasta entonces no lo había leído] me parece seco y espantoso. No veo qué objeto tenga escribir una literatura así. Es un libro cruel, literario y estéril”. Al cabo, lo inverso: en Confiesoque he vivido: “Vallejo, poeta […] de poesía grandiosa, sobrehumana” y convocará la “Oda a Cesar Vallejo” (Odas elementales), y “V”,de Vallejo como de Verso (Extravagario), Borges, con Vallejo fuera escritor de una sola línea, de una sola frase. O casi: “Un poeta nada más, porque cualquiera es un gran poeta”. La única vez que se refirió a Vallejo públicamente (pese a haberlo antologado ya con Huidobro e Hidalgo en el Indice de la nueva poesía americana (1926), Borges, paródica sino paradojalmente, brinda insólito tributo: si estamos llenos de “grandes poetas”, dice más “poeta” y a la vez más calla como “El Perú” de Borges (La moneda de hierro) extrema; “De la suma de cosas […] / El olvido / Y el azar nos despojan”. Estruendoso, el silencio de Borges (con respecto a Vallejo) no fuera menos marcado que lo dicho en una línea, una frase: “Un poeta nada más, porque cualquiera es un gran poeta”. Él mismo (Borges) se habrá considerado un poeta y nada más; entrevistado por L’Express en 1963, a la pregunta “Pour qui vous prenez-vous [¿por quién se toma usted?]: pour un écrivain ou pour un poète?”, responde: “Pour un poète […] Un poète maladroit [torpe, desmañado, etc.], mais un poète, j’espère”.

Más falso que Borges: la expresión (casi) la habrá acuñado Vallejo en “Contra el secreto profesional”, textil publicado en Variedades, Lima, el 7 de mayo de 1927. Siendo imposible reestablecer el contexto entero, vamos al fraseo medular en que, al paso, el santiagueño le hace también sus cariñitos a Gabriela Mistral: “Aparte de que ese Jorge Luis Borges [antes se habrá referido a “esa grotesca pandilla simiesca de los escritores de América (…) Un verso de Neruda, de Borges […], no se diferencia en nada de uno de Tzara, … o de Reverdy], verbigracia, ejercita un fervor bonaerense tan falso y epidérmico, como lo es el latinoamericanismo de Gabriela Mistral y […]” (subrayo). Cierto es que diez años después, “Contra el secreto profesional” aparecerá con modificaciones no menores en Repertorio Americano (Costa Rica), pero el falso y epidérmico  Borges se mantiene intacto. Se habrán escrito toneladas de páginas acerca de este aguayo de Vallejo, ya para elogiarlo, ya para condenarlo, o aún para “contextualizarlo”; no volvemos  sobre ello; quien se interese por demorarse en entrevero tal, le sugerimos desde ya comenzar por “El diálogo Borges-Vallejo:  un silencio elocuente” (2007) del limeño vecino Pedro Granados, por más que a ratos se deja llevar en extremo por las abigarradas teorías del caro crítico anarco-cochabambino Luis H. Antezana. Por decir: Cómo no entender a Borges — el silencio de Borges.

IV

[Yapa]

Muchos años después, póstumamente, Fundación Borges  habrá vuelto a revolver el gallinero al plantear que Vallejo y Borges habrían firmado juntos, cofirmado (y junto a otros  también) tres paródicos poemas en la revista Martín Fierro un año antes de “Contra el secreto profesional”, en 1926.  En Jorge Luis Borges, Textos recobrados 1919–1929, Emecé, 1997, Irma Zangara, profesora de literatura de la UBA y Vice-presidenta de la Fundación Borges, remitiendo a Monegal (1987: 196-178), le adjudica a Borges y a Vallejo (pero también a Marechal, Güiraldes y otros), los poemas “Soneto híbrido con envión plural” (Martín Fierro, n° 29-30), “Romancillo, cuasi romance del ‘Roman-Cero’ a la izquierda” (Martín Fierro, n° 30-31) y “Lo cacharon en Cacheuta” (Martín Fierro, nº 33). Vienen respectivamente firmados por “M. B. V. G.” (anota la edición: “Las iniciales de la firma serían de Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges, César Vallejo y Ricardo Güiraldes”), “Mar-Bor-Vall-Men” (Marechal, Borges, Vallejo, Méndez) y “Ber-Bor-Guillj-Mar-Per-Vall” (Bernárdez, Borges, Guillermo Juan, Marechal, Pereda Valdés y Vallejo). ¿Más falso que Borges — cuento de Fundación Borges? Vallejo jamás colaborara con Martín Fierro; en 1926  por demás moraba en París y huele inverosímil una (secreta) colaboración a distancia en una revista de periodicidad mensual.  ¿Entonces? La edición de Fundación Borges a todas luces confunde un Vallejo con otro, otro Vallejo; Antonio (Vallejo), para el caso, autor de Pan y la fuente (1925), Los turistas del alba (1927) y una sabrosa “Carta abierta de Manuel de Rosas a Jorge Luis Borges” (Revista de América nº 6, Buenos Aires, 1926). Uy, Rosas. Otra vez.  Cómo  no falsear ni magnificar. Cómo no coficcionar — a Borges.

[2.5.20]

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Trilce, según Pedro Granados: Recepción

TRILCE NUEVAMENTE CON PEDRO GRANADOS/ VLADIMIR HERRERA DELGADO

Vallejo para Granados y Granados  para el contrapunto y la marinera.  Dos poetas bajo el mismo signo zodiacal jugando a las escondidas. Pero Granados nos ayuda a hundirnos en la solaridad  del vate de Santiago de Chuco, si cabe, y también a caer de pie en una fonda de ritmo y sabor insospechada para quienes habíamos hecho una lectura circunspecta de nuestro poeta universal. Granados descubre el juego y las canicas, con pelos y señales como académico que es, aunque adolezca de cierto gamberrismo. Es el muchacho que toca el timbre de la puerta y corre para encontrarse con algo menos que Dios: esa nada que ríe en el dintel  de la época epocal misérrima del tiempo de nuestros padres en Poesía y en Rumba.  V.H

 

(N)húmeros para (des)cifrar un pambiche/ Pedro Delgado Malagón

Húmero (del lat. Humerus): Hueso del brazo, que se articula por uno
de sus extremos con la escápula y por el otro con el cúbito y el radio.
Diccionario de la RAE

Conocí hace poco a Pedro Granados, ensayista, poeta y novelista peruano (Lima, 1955), a quien el Ministerio de Cultura invitó para conducir en Santo Domingo un Taller sobre la gesta poética del gran César Vallejo. Granados es un penetrante exégeta del culto vallejiano, de sus modulaciones sensibles y del registro de un discurso con misteriosos influjos, casi míticos, en el que algunos piensan que “Vallejo no elige sus vocablos”.

Siempre me aproximé al poeta de Los Heraldos Negros bajo las nociones sombrías de José Carlos Mariátegui: “Nostalgia de exilio; nostalgia de ausencia”. Confieso que fue en el libro de Granados (Trilce: húmeros para bailar) donde por primera vez leí una reflexión (cierta, sorprendentemente clara) acerca de la chispa y del humor que subyacen (“…quizá sin que él lo sepa ni lo quiera”, agazapados y en ademán de saltar) en esa oscura melopoeia permutante de la palabra/cadencia que aflora en Trilce.

 

Prólogo a Trice: húmeros para bailar/ Amálio Pinheiro

Ao nos propor um con-viver performático com César Vallejo (não se trata já de apenas ler), a partir de uma partitura de inscrições (não se trata mais de escrever) musicais (a marinera e suas fugas e síncopes etc.) e sexuais (amores com Otilia e suas ramificações) vinculada organicamente à cultura andino-mestiça dos arrabaldes festivos em formação e movimento da Lima dos 1900 e poucos, Pedro Granados impugna, de chofre, as consabidas interpretações político-essencializantes e nos abre, em leque risonho, o vaivém diagramático de Trilce aos textos de antes e depois. O mesmo Vallejo viria a dizer mais tarde, nos Poemas Humanos: “Quiero escribir, pero me sale espuma” /(…) “Quiero escribir, pero me siento puma”, como a mencionar essa coisa toda vinda de baixo, dos lados e de dentro que abalroa as palavras.

Desse modo são postos em ação e presença, através de glossolalias e mesclas rítmico-poéticas represadas no papel (em ziguezague com a rua e suas gingas e cadências), aquilo que uma crítica acabrunhada não consegue ver: os aspectos gozosamente múltiplos e variantes de uma cultura índio-mulata que não se explica pelos dualismos ocidentalizantes (interno e externo, cultura e natureza, signo e referente) de plantão e ainda em voga. Trilce (todas essas aves falando dentro da boca) seria o espaço mítico de máxima concentração e contração sintáticas desse excesso metonímico em que, “a modo de un indigenismo minimalista incluyente”, não se produz sentido, mas um território de possíveis que encadeia as alteridades (mapeado pela tendência dos povos ameríndios à incorporação barroquizante do exógeno assimétrico).

Mais ou menos: nunca podemos saber o que é o outro, mas podemos tê-lo em nós. Ou como diria o próprioVallejo: “Índio después del hombre y antes de él!”. Por isso, vai desdobrando o vallejista peruano, não se pode pensar uma filosofia ameríndia, já que não podemos ser pensados a partir da “evolução” do pensamento do Ocidente, e a partir de um modo de conhecimmento apenas humano-racional, o que é poética e antropologicamente grave. Daí serem tão importantes, com Pedro Granados, as análises erótico-numéricas (“h(n)úmeros para bailar”), em que o cholo de Santiago de Chuco/Trujillo/Lima/Paris destrincha e dissipa, na confluência das comissuras do sexo, dos contornos da dança e da marchetaria oralizante, e junto a pertinentes acontecimentos biografemáticos (veja-se a saga Otilia/mãe/filho abortado etc.), as batidas sínteses e dialéticas pós-coloniais, pós-hegelianas e pós-modernas, sempre sucessivas e epocais, em curso. Sequer o conceito de modernidade pode conter um campo de relações em contínua reversão progressivo-regressiva, visto que as transformações desviantes e as metamorfoses impedem toda ordenação estrutural fixa.

Daí ser de tanto interesse, neste Trilce de Pedro Granados, a interação, na acupuntura dos versos e estrofes, entre um devir-índio, um devir-crioulo e o devir-qualquer-coisa, essa entrada dos objetos da paisagem nos corpúsculos e interstícios (Lezama Lima) do poema, mapeados rizomática e silabicamente pelos ensinamentos, cromatismos e gestos gráficos do sol e do mar.

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El Capitalismo de vigilancia conquista el shock/ Rosa Pérez Mandeu

“Los GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) son los emperadores del nuevo mundo. La distancia social es su nuevo territorio de conquista. El confinamiento nos encierra en casa y los dispositivos tecnológicos ponen el cerrojo a la celda virtual. El teletrabajo. Las clases online. Las video llamadas. Las compras en Amazon. La alianza entre Google y Apple para ofrecer la tecnología de las aplicaciones gubernamentales de rastreo del movimiento. El capitalismo digital es el mayor beneficiado de esta situación y su mayor soporte. Al mismo tiempo, ha impuesto nuevas lógicas que amenazan con trascender la excepción y devenir la norma” (Rosa Pérez Masdeu)

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La soledad del peruano, Adolfo Suárez, ganando el campeonato mundial de billar a tres bandas en Amsterdam:  A propósito de la novela de Isaac Goldemberg, Acuérdate del escorpión

Esta novela de Isaac Goldemberg,  publicada originalmente el 2010 –aunque pronto, en una nueva versión, estará nuevamente en librerías–, la constituyen varios homenajes; como si el escritor, adrede y de modo explícito, comunicara al lector que no le gusta escribir “solo”.  No únicamente a autores en general, sino a obras específicas:  Sol de Lima, de Luis Loayza, por lo “legañoso” del mismo; Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato, porque Harry Pomerov, marido de Olga, ama y ve más lejos incluso que el protagonista, Simón Weiss; Aura, de Carlos Fuentes, por aquello de “Me voy Simón, mis fuerzas están cayendo”; entre varias otras.

Claro, lo último, constituye un homenaje a sus lecturas; a las humanidades entendidas como libros.  Pero también, una constante en la obra de Goldemberg –tal cual o por sinécdoque con Perú– asimismo encontramos un hondo homenaje a su cultura:

La Lima de Simón Weiss era un pañuelo, una ciudad dentro de una ciudad: el Centro —donde había vivido desde que llegó de niño al Perú—, los Barrios Altos y el Rímac, donde Margarita tenía su casa de citas. Esa Lima abarcaba también otros espacios vitales para el capitán: el colegio judío en Breña; el prostíbulo donde conoció a Margarita en Jesús María y, en La Perla, el colegio militar, cuyos altos muros amarillos empezaban a asomarse sobre la Costanera, a escasos veinte metros del acantilado que caía al mar por detrás del velo de la neblina.

Bueno, a su cultura peruana filtrada constantemente por la judía.  Parecieran, ambas, fundidas y compartiendo similar errancia.  O semejante sueño o  ilusión.  Tal como en la novela lo dice, Siu Komt, astrólogo y filósofo aficionado:

—El ser humano solo ve lo que cree que es, no la verdad. Y la verdad es que todo lo que estamos viviendo es un sueño.

Sueños, por lo demás, que el capitán Weiss sabe muy bien apurar recurriendo al opio y a la cocaína. Scherlock Homes inyectándose directamente a la vena un poquito de esperanza.

Y completan, al menos en parte, el retrato del detective Weiss y el de toda esta imantada novela de Goldemberg, la presentación de la “prostituta” de la cual aquél se enamoró y que luego, por infidelidad del capitán,  tiene que apartarse:

Una lágrima rodó por la mejilla de Margarita: —¿Pero sabes por quién siento más pena?

Weiss alzó los ojos y su mirada se hundió en la de Margarita.

—Por el niño que hay en ti —dijo ella.

Ahora, la relación de la novela con Adolfo Suárez, personaje citado en Acuérdate del Escorpión, y su campeonato mundial –en las tres bandas– logrado en Amsterdam en 1961, obedece tanto a la sapiencia e inspiración para jugar o también escribir, en el caso de Goldemberg.  Tanto como, y esto es tan o más importante que lo anterior, la dignidad personal y el orgullo de origen que, ante la mesa de billar, siempre transmitió Suárez y, no menos, lo ha venido demostrando Goldemberg en su ya dilatado recorrido literario.  ¿Cómo ser peruano overseas?  Ha sido y es la pregunta fundamental en medio de todas las soledades.  ¿Cómo no chuparse antes de llegar a la meta, a alguna de éstas sea real o imaginaria?  ¿Es esto posible?  ¿Es esto necesario?  ¿Es esto mera melancolía?  Son otras preguntas que quedan planteadas aquí.  A esperar, pues, Acuérdate del escorpión en su versión nueva; estamos seguros que será tan intensa o incluso más que la “original”.

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