Archivo por meses: abril 2017

Aprendiz de mago

La risa de Flora destemplaba las vigas que sostenían el altillo de la cocina.  No tenías noción del tiempo transcurrido y la temperatura era muelle.  Ese altillo, donde tú eras un intruso que había llegado poco después del desayuno, estaba recubierto de quitina, y todo él se sacudía, se elevaba, se posaba y volvía a elevarse con la torpe risa de Flora.  Afuera, en el corredor de la quinta, al otro extremo del departamento donde te encontrabas, quizá alguien lavaría su ropa o las muchachas más grandes harían puntadas con los acontecimientos del barrio.  No era fin de semana, de eso crees estar seguro, pues la familia no estaba reunida, y sólo de vez en cuando se escuchaban ruidos de platos, de ollas, chorros de agua que parecían indiferentes al coleóptero.

Más afuera, tus padres, empeñados en no creer las caras de lástima de sus fieles clientes, dibujaban hilachas de mercadería, que no engañaban a los gatos del mercado, improvisaban adornos, hacíanse de cajas vacías para llenar su gris mostrador, para intentar disimular su raleada estantería.  Pero más cerca, la calle, inmediatamente la casa ajena y tú dentro de ese bicho, haciendo de gusano para Flora, de larva, para aquella niña extraña que siempre estaba rodeada de golosinas y de juguetes y de caprichos.

De pronto la larva pretendió transformarse en un mago, con la misma ingenuidad que la de sus padres, ante aquella niña de probada magia, e hizo desaparecer cinco soles (que en realidad él sabía eran cincuenta) aprovechando que el insecto planeaba.  El mago asomó por la borda despidiéndose del billete.  Quiso que Flora viera, desprendida de los cargados artejos, sólo una partícula de polen en el vacío.

El regocijo fue unánime entre el mago y los gastados padres del mago, que en ese hallazgo veían surtir con algo de verdad el verdadero y arruinado puesto del mercado.  Mas la alegría duró las contradicciones en que puede caer un niño de seis años: la suerte no se encuentra, necesariamente, oculta en el piso de madera desde donde husmeaban los gatos, y justo debajo de los pies de sus propios padres.

La guerra avisó, el puesto se hundió del todo luego de un año.  Los padres de Flora reclamaron su billete convulsivamente a los padres del aprendiz de mago.  Fue una sorpresa ver aparecer las calles nítidas, los hombres nítidos, los insectos que no se prestar a ser un altillo.

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Vallejo en Activado

[Podría salirme de Vallejo]

Podría salirme de Vallejo

Del estudio donde estudio

Su sonrisa

Y como siguiendo una cola de ratón

Derramar el pocillo para otro lado

Clavo y canela

Avena densa que poco a poco empapa

Y cubre el lienzo que te cubre

A lo lejos tu cabeza pequeña en el naufragio

De cerca tus labios comiendo despacio su avena

Todos tus padres muertos

Todas tus madres de igual modo

El único ser humano recién varado

Desde el vientre de un mango-papayo

Te cortas la respiración

Para no cortar con el poema

Para seguir para sembrar los bichos

Y las alimañas directamente contra tu cuerpo

Para probar hasta dónde resisten

Las alimañas que mueren

Contra el único ser humano vivo

(quedan otros pero eres tú y no otros)

Quedan otros en las sombras como todos

Levaduras de sombra, cojones  y corazón.

 

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A nuestro pueblo dominicano

 

Media-isla

Que habla en secreto

Desde cada uno de sus procelosos

Alephs

Sus maravillosas mujeres

Mis recuerdos a esa ciudad en la que me he sentido radicalmente solo y, asimismo, plenamente acompañado.  Ciudad y, yo mismo allí, de sangre ligera.  Sangre ligera que sólo a cuentagotas llega a su poesía culta.  Lo mejor de la invención popular se ahoga una vez que reciben talleres de creación literaria; talleres implementados, claro está, por algún gobierno de turno.  Maravillosa es la inteligencia e inventiva oral dominicana en ese gran teatro (no el pequeño y mezquino que constituye su élite letrada).  Teatro callejero donde, acaso, desde un viejo concho sale un “mardita” hacia aquella jeba que se puso un “chicle” recién masticado o una fardita de esas que –por la usura de la tela– constituye la metáfora misma  de una carencia social secular, aunque no menos atractiva, que el sol ilumina y el meneo del mar sin duda acompaña.  Todos te mienten en Santo Domigo, mujeres y hombres, y uno se hace el mentiroso mayor también  allí.  Por sobrevivencia; por los minutos necesarios para hundir bien las puntas de los pies ante una pegajosa bachata; y comer tus habichuelas con arroz –y guinea deseable– sin zozobras ni mayores sobresaltos.

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El “Cholo” Vallejo en agonía (A los 79 años de su sensible fallecimiento)

Acuarela por la artista peruana Norka Uribe

Qué inútiles tus pasos tan lejos de mi adolorida y lacerada espalda.  De tu chuchita todavía sin desbravar.  Sobre mis hombros se halla siempre el lugar de tus torneadas piernas.  Y la pose que más me gusta, tanto como a ti, es la del perverso pollito.  Entre estas imágenes deliraba Vallejo en su lecho de enfermo y justo a un par de días de irse.  De irse, pero no venirse sobre la enfermera de origen argelino que le hacía recordar a su Otilia limeña.  Tupidas cejas, entrenzadas y muy amplias; labios carnosos y siempre como en actitud de inflar un globo de feria.  Absolutamente, cejas y labios,  impúdicos para su tierna edad.   Vallejo desvirgó a ambas.  Es decir, a Otilia en la realidad; a su joven y diligente enfermera, Cardonia, sólo en el delirio de la fiebre.   De esta manera aquella eterna habitación en el solar de “El Chirimoyo”  –de los criollos Barrios Altos, distrito colindante al centro  de Lima– pasaba a adosarse a la aséptica de la parisiense Clínica Arago; y luego a confundirse por entero con ella.  Y, aunque efímeras, en las contadas y casi imperceptibles treguas que le dio  su postrer agonía, el “Cholo” fue de veras un hombre  muy, muy feliz.

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César Vallejo: Tiempo de opacidad

Comunicación en la PUC-SP (28 de marzo último), invitado por el Grupo de Pesquisa “Barroco e Mestiçagem” que coordina el Prof. Amalio Pinheiro, conmigo en la foto; quien, además de constiuirse en el más importante vallejólogo brasileño actual [César Vallejo: o abalo corpográfico, César Vallejo a dedo (tradução), “Prólogo” a Trilce: húmeros para bailar], ha ido elaborando un pensamiento de extraordinaria importancia para los estudios culturales, transárea y propiamente de mestizaje en toda nuestra región.

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Palavras perdidas em meios silêncios, de Gerson Albuquerque

“Diálogos com Drummond e Pessoa”, lema al inicio del poema “Veredas”, podría constituir una de las capas fundamentales del hojaldre que arma Palavras perdidas em meios silêncios (Rio Branco: Nepan Editora, 2017.141 p.); reciente y espléndido primer libro de  Gerson Albuquerque.  De Drummond le viene el fuerte sentido de pertenencia a un lugar y a una identidad; aquello de “Alguns anos vivi em Itabira./ Principalmente nasci em Itabira”. De Pessoa, mientras tanto, la invitación a considerar que esto último es — sino una completa invención– al menos sólo un leve diseño, un mapa a cuyas selectas aristas ilumina una frágil, aunque porfiada memoria: “minha filha/ re-desenha meu coração”.  Aquella dialéctica constituye, pues, el círculo concéntrico más amplio que enmarca  los diferentes motivos de esta compleja propuesta:

-el de la identidad: “Nasci em Manaus/e nem sei o gosto das águas sujas do rio Negro/ Sei que o mar passa longe/ e que essa Paris de puta sem dentes/ é minha fratria”

-el del desamor: “Nem a sombra de tuas palavras/ teus beijos frágeis/ teus prazeres instantâneos/ nem tuas obscenidades/ Percorro meu corpo/ e nada de cicatrizes”

-el del encuentro con la poesía: “Fundo de rede/ No fundo da tarde/ uma manhã/ No próximo da noite/ o mês de julho/ No não dito / o mal dito/ No fundo da rede/ uma tarde”.

Otros motivos complementarios, aunque no menos articulados o yuxtapuestos al principal en el conjunto del poemario, serían el del compromiso político-socio-cultural:

Consciência

O que mais detesto em mim

é essa inconsciência da fome alheia

Retóricas

Meu manifesto é uma dor

oposto ao desamor

Asimismo, por ejemplo, la perspectiva ecológica o post-humana; aunque no  como un mero o incluso entusiasta concepto políticamente correcto, sino ante todo como una necesidad particular, de concentrada y sutil fuerza metonímica: “Restam serenos/ a chuva encharcando as paredes de madeira/ os pés de jasmins”.  Haikus zen, entre varios otros en este poemario, pero no del Japón, sino de la amazonía.  Todo lo anterior, sin dejar de lado, felizmente para todos, la ironía o el humor; cauterio suave de las mismas heridas que levanta la lucidez:

“Digite uma palavra

Traduza minha senha

delete minha ausência

configure minha sombra

armazene meu sexo

Formate minha língua

imprima meus pensamentos

digitalize meus sonhos

grave minha voz

Word-me

Page make-me

Corel draw-me

Access-me”

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PUCP: Mediados 70/ 100

Porque allí pillé a Góngora
Leyendo a Góngora
En la voz de Luis Jaime Cisneros
Lo mismo que a Salomón Lerner
Incrédulo y de a pie
Repasando alguno de mis poemarios
Porque no por las huevas estuvo allí
Luis Hernández Camarero
Que estar allí, acompañar,
Es mucho más poderoso
Que el mero hecho de estudiar
Porque en la PUCP, y junto con algunos de mis profesores,
Ensayábamos explicar la verdad hasta confinarla
A un esquema
Algo mucho más humano que el solo hecho de creer
Y porque entre algunas de mis compañeras
De aquel entonces
Descubrí la bondad, la inteligencia
Incluso el amor
Porque desde el segundo piso de Letras
En el Fundo Pando
Mirando hacia la playa y por las tardes
Se ve a Trilce o a Inkarrí
Da exactamente lo mismo
Una sonrisa de tan amplia
Aparentemente horizontal
Dorada y abozaleada
Remando contra lo corriente

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La poeta ebria/ Edgar Artaud

 

Encerrada en la astronave carcelaria

se pierde la noción del tiempo y el espacio

mientras se aleja del planeta Tierra

conceptos como el día y la noche,

arriba y abajo, carecen de sentido.

Mientras su antiguo hogar oscurecía

y esa infinita soledad en sombras

el planeta aparece expulsado del sistema

la hermética astronave-prisión enmudecía

como un barco ebrio en medio de la nada.

Al extinguirse el cuerpo los humanos

mientras la consciencia permanece activa

se desprenden el género y sentimientos

como el amor, el deseo sexual

la pertenencia a la especie familiar

pensamientos, usos y costumbres

y la imagen personal desaparece;

el yo es semejante a la poeta ebria

extraviada e indiferente en el espacio;

esa terrible soledad en el vacío infinito

la realidad no existe

átomos observando átomos

el vacío de la nada

la extinción de la consciencia

no existe ningún objeto sólido

solo espacio inerte, quieto

inanimado, sin sentido,

sin vida

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