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Poesía

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 [En cierto momento]

En cierto momento

Aves altas lejanas
Gravedad
En el asiento del autobús
En todas estas cosas
Que nos mantienen en un trabajo
Donde no nos quieren
Salvo alguno que otro
Y donde desde ya
Preparamos la partida
Hacia aquellas aves
Sin muebles
Ni computador
Ni, mucho menos, poesía.
¿Qué sería de nosotros
Si en lo alto lejano
De aquellas aves
También existiese la poesía?

[Cachorros das ruas]

I
Pulpo
Diente de la rata
Descubierto infraganti
Acto oscuro antiguo
Radicalmente inmoral
Que ha marcado
Toda mi vida
Coger de los frutos
En la otra vida siempre
Pegado a tu cuerpo
Y sin manos
“Tanto maiz tirao
Y yo sin pico”
Viejo, anciano
Desde la tierna infancia
Colmado
Por cualquier mezquindad
Satisfecho y hasta feliz
Ante cualquier migaja
Si mi vida fue
Ya nada fue
Sólo ahora
Radiante y constante
A que te pillo
Lector
Aquetepillo
Alicate tijera martillo
Para penetrar la lata

II
Una linda ciudad
Ha aparecido esta mañana
En mi ventana
La observo como un gato
Observa al ratón
Salta la linda
Y no para llamar mi atención
Da cortos rodeos
Se muere sola del susto
Del susto sólo se muere
Quieta permanece
Ante mi ventana
Sin habitantes sin vida salvo
En su circulación de tránsito
En su encandilada y eterna mañana
Como eternos son mis ojos
Y mis manos de pulpo
Y mi mirada de gato
Y mi cuerpo pegado al tuyo
Impotente y estéril
Ante tu belleza de alfileres
De ahogos de lágrimas
Ya incontenibles

III
Doy de beber al cachorro
Que soy
Al perro da rua
Sahumerio de las ciudades
Única alma justa
Por la cual no se revienta
Esta pecaminosa ciudad
Perro que olfatea todos los días
Nuestras almas
Y por eso va gacha la cabeza
Y con vergüenza ajena
Nos otorga su perdón
Mientras la TV sigue dando
Consejos de vida
A voz llena
Y el pobre predicador
Pasa calor por su saco
Tanto por andar henchido de fe
Para de sofrer Jesucristo viene
Cristo te ama
Y las flores intocadas e intocables
De las ramas más arriba
De los árboles
Donde los ángeles se entretienen
Diminutos ángeles
De las ciudades subdesarrolladas
De ello dan fe.

IV
Bajo la voz al fin
No hay una nube más
En este cómic
Me retraigo
Como el pulpo
Como el gato aburrido
Que soy
Como la rata
Que guarda su diente
Para mayo.

Ángeles de la sombra
Y ángeles de la luz
Hacen migas
Sobre el marco
De mi ventana
Sobre el marco
Que es esta ciudad.

No los divide sólo
El color de la piel
Sino también el corazón
Pero son ángeles todos.
Perros vagabundos
Tolerantes con nuestra humanidad.
Cachorros das ruas.

El quechua español

Se llega a él a través de Billie Holliday
También de Amy Winehouse
Ambas del mismo pelo
También de estar de verdad
Un rato contra tu cuerpo
French-Funk-Jazz
Un tango como
“Naranjo en flor”
El río Paraguay al atardecer
Y al amanecer entre tus brazos.

Harare, Zimbawe
Es uno de sus territorios
Y en el camerino
De algún circo bieloruso
Impacientemente espera
Para hablar con aquel pino
De Arguedas en Arequipa
A cada una de sus gradas
Que dan hasta el cielo.

Rehúye los términos
En quechua
O en español
Se reconoce menos
En estos idiomas
Que en muchos otros
O que en el laborioso rasgueo
De una guitarra.

Difícil antologarlo
Hacer un diccionario con él
Aunque de inmediato
Los delfines lo reconocen
Ándate de lengua nomás
Con un leve impulso te basta
Y ya no sentirás
Las dos llantas de tu bicicleta.

Cusco: AUQUI, 2014.

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SPINOZA-VALLEJO

Mis manos juegan con el poema
Como con una pequeña piedra
Dedos sin huellas digitales
Piedra que un perrito lame
Mientras estropea
Todo lo delicado que toca.
Pero todavía así y a pesar de todo
Pequeñas piedras como las que
Lanzamos al cielo y éste
Invariablemente evita.
Piedras como el agua que recordaba
Como mi alegría entre las mariposas
Y los pájaros
Que se desprendían de aquel huerto.
Piedras como dados
Piedras como pezones
Que un día sustraje u otro día
Quedaron entre mis manos
Como sin darme cuenta.
La mente es todo nuestro cuerpo
Como lo entendieron Spinoza, el holandés,
Y César Vallejo, el de Santiago de Chuco.
Pensar con las manos
Recoger a través de ellas
Arrancar desbrozar uncir
Levantar muy en alto
Entre ambas el poema
Que también se va de manos
Y que es desde donde nos viene el alma
Pira de piedras
Precaria llama que activa
Pareciera que por capricho el poema.
Como sin darnos cuenta.

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Luis Cortes Bargalló y César Vallejo (intervención)

selva/ mudoestruendo.

El adentrado pétalo reanuda.  Fibra.

Cruzo el espesor del mirlo.  Cuerpo

piedra sobre piedra –piedra negra

sobre piedra blanca–

una blusa negra se unta

desabotonada contra

el cielo resbaloso.

En la casa hay un hombre

que juega con serpientes, que se autofecunda,

se divide y multiplica, encarga, silba.

Y a su boca como fosa

van a dar todos los rastros.

Baudelaire habló de “nervios

y color” [Vallejo habló de fisiología].

Atorados y en fila:

Una vagina que se abre, muslos;

Un ano como un sol garabateados;

Un pene con su ojo [Trilce I], baba,

Testículos, dos curvas.

Cuando el agua baja turbia

hasta besar el lodo de la orilla

entre el humus, cadenas boquiabiertas,

un labio a la deriva que se seca.

Para cuando todo

quede al ras al descubierto.

 

De La lámpara hacia abajo (México: Ediciones sin Nombre/ Secretaría de Cultura, 2016)

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DOS POEMAS DE ALEXIS GÓMEZ ROSA/ Rafael García

Aqui, en la ciudad de Santo Domingo, vive Alexis Gomez Rosa, un poeta de marca mayor cuyas obras completas (en ese momento) fueron recogidas en el año 2011 en un raro volumen de unas 1,500 páginas titulado El Festín (s)obras completas.
De vez en vez suelo sumergirme en este mar o universo poético del amigo Alexis, cuya poesía tiene la particularidad de dar cabida con fuerza al lenguaje oral.
Les presento un par de poemas cuyos temas son el céntrico Parque Colón de esta ciudad y un personaje que trató de triunfar en el boxeo.
Feliz lectura.
Feliz, feliz fin de semana.
Rafael García

PARQUE COLON

Vivo en un barrio de película

que ha visto desaparecer

sus héroes

al sur siempre galopan.

Son los parias del anochecer:

locos chamarileros,

luchadores,

asesinos de miradas en arcoiris;

gordos sacerdotes

y cutáfaras

para las que no hay cines

donde ventilar la cabeza.

Sparrings en retiro

y cueros de cortina para un llorado

film mexicano, ahora que Gardel murió.

El barrio sucumbió

a su esplendor.

Mi calle, la del arzobispo Meriño,

perpendicular a los barcos,

prolonga las incidencias

del parque Colón:

un cuadrilátero de frustrados políticos

que hacen patria en conteo

de tres bolas-dos strikes,

recetando en nutrida

soireé, elmagno credo

de la República de insignes

varones en celo.

Pero algo más digo

del barrio que me vió crecer,

en el parque

almirante también habrá de verme

morir.

Lentos fotogramas construyen

la película absurda

de un hombre

que salió de su mudez,

a dar cuenta

de los pormenores de la infamia.

(¿Si me atreviera a venderla?)

Compradores del mundo

vendrían solícitos y curiosos,

con los ojos hambrientos,

a dejar

su moneda de lenta

circulación.

 

ABEJA DE PIEDRA

Llegó al barrio con el tumbao de “Caja de Bolas”:

un boxeador culebro por ese indescifrable juego de cintura.

Carlos Caja de Bolas, el original, fuera del ring se llamaba Carlos Gil.

Este otro, de hablar meloso y embaucador, sabía (sabe)

tirar la cabeza y el codo mete a partir: “corrió la colorá”

salpicando a fotógrafos y chicos de la prensa.

No hizo muchas peleas en el ring, siempre ajeno a las reglas

y buenas maneras del ordenamiento social.

Su vida fue un desastre, podrido como está en un celda

del plan piloto de la Policía Nacional.

Su mujer lo abandonó; sus hijos no guardan memoria de su rostro.

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Poema de Aldami Jiménez

Y no pude más

Creé un nuevo documento. En blanco.

A mi lado una familia con tres generaciones. A mi otro costado, todos mis recuerdos.

Y se me fue la idea. El pasmo del blanco. El pasmo del tener que decir algo.

A veces me doy cuenta de lo acumulado, por debajo del hombro.

A veces vislumbro  el sentido.

Pero sigue el blanco.

Y no sé cómo pasar mis aprendizajes

del viento y de la noche.

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Lá menor/ Bruno Eliezer Melo Martins


Uma nota

Sustentada ao longo

De 16 compassos

Nota #

Sobe e desce

Em oitavas

Uma nota

Suicida

Menor

Ao inferno mais Intimo

Mar de janaina

Terreiro de Minas

Meu hotel se chama

Solidão

Minha pensão se chama

solidão

Minha rua se chama

Solidão

Minha casa se chama

Solidão

Em tom menor

A metafísica dos passos felinos

A boca aberta

À espera de mel

Decrescendo até o silêncio

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