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Poesía

Martín Adán, porque eres la madreselva

Martín Adán (gafas).  Probablemente en la puerta de Hospital Larco Herrera (s/f)

Madreselvas para Martín Adán

Ahora que somos
sombra y paso,
mirada y desvío,
sermón y pecado.
Ahora que el mudo muda
por enésima vez de expresión
y hecha humo la impasible chimenea.
Ahora que quizá rubricarías
como hace ya algunos años:
Con viva gratitud
por el envío de
sus bellos poemas.
Y yo no soltara el mango
de esa sartén
aunque harto quemara;
y fuera de pronto,
siendo apenas un muchacho,
un adulto ya, ya un anciano.
Un muchacho solamente, Martín,
no un poeta. Un muchacho
de la ancha base, Martín,
de sobrio segundo
y de mamá por cocinera.
Ahora que me espera la muerte
tal como a mí. Tal como a ti
no
porque eres la enredadera.
La enredadera sobre la vid
y hasta lo alto del muro.
La enredadera sobre la más imponente higuera.
Tal como a ti no
porque eres la madreselva.

Pedro Granados, El corazón y la escritura (Lima: Ediciones de los Lunes, 1996)

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[A ver vamos a probar]

Para mi esposa Charo

I

Te amo como si fuera un viejo

Que hubiera muerto

Sonrío solo viendo a la niña

En que te has convertido

Sonriendo a los niños que somos

II

Caminé por donde antes caminara

Percibí idéntico sabor de antaño

En un arroz con leche

Ni en Lima ni en otra zona del Perú

Sino en un quiosco impensado

Sobre una carretera Paraná adentro

Así, entre todas las veces,

Amé una sola vez

Y a mi amor he regresado

Como el cabello o como la uña

Así mismo he regresado

III

Me amó la poesía

Amo a la poesía

Se parece a mi amor

Pero no es mi amor

Se parece a mi madre

Pero no es mi madre

Se parece a la poesía

Pero no es la poesía

La curiosidad nos mantiene en vilo

Y en vida

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CUATRO POEMAS DE ISAAC GOLDEMBERG

 

(del libro inédito “El gusano saltarín y otros poemas”. Las traducciones al inglés son de Sasha Reiter)

EL GUSANO SALTARÍN

El gusano

saltarín

aterriza

en la cuenca

del ojo

que no vela.

Casa

de una sola

pieza,

apretadita.

Espacio

de un único

cuerpo,

decúbito.

Sin vistas

panorámicas

en la cabeza,

calva

por la edad,

bastante

amarillenta.

Le huelgan

el pantalón,

el saco

y la camisa.

Una flor

el pecho

le marchita.

Lo miran

las puntas

de los zapatos.

 

THE LEAPING WORM

The leaping

worm

lands

in the socket

of the eye

no longer watchful.

House

of one room

only,

quite snug.

Space

of a single

body,

decubitus.

No panoramic

views

in the head,

bald

from age,

quite

yellowish.

His pants,

jacket

and shirt

hang loose on him.

A flower

withers

his chest.

The tips

of his shoes

are watching him.

 

DESPERTAR

Abierto el ojo,

está oscuro,

no ve

las sombras.

Escucha el eco

de siseos

que llaman

al descanso.

Quietud,

refleja

el pensamiento.

Fluye

el tiempo

en alados

alaridos.

Sobre la piel,

casi hueso,

se chantan

los recuerdos,

pajarillos sobre

el tendido

eléctrico.

Se siente

a punto

de no más,

aquí me quedo.

Polilla

cenicienta

sobre

la lámpara

apagada,

revolando.

 

AWAKENING

Open eye,

it’s dark,

he does not see

the shadows.

He hears

the hissing

echo

calling

rest.

Stillness

is reflected

in thought.

Time

flows

on winged

howls.

Over the skin,

almost bone,

memories

are planted,

birdies

atop the power

lines.

He feels

on the verge

of enough,

here I stay.

Ashen

moth

over

the unlit

lamp,

hovering.

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La soledad impura de Pedro Granados/ Juan de la Fuente Umetsu

Desde el inicio, Granados nos habla sin medias tintas, apuntando al blanco y dándonos en el centro del pecho. Su narrativa y sus reflexiones se valen de las ideas como vehículo de contención y de la emoción como una puerta abierta para la sensibilidad, sin límites (quien pueda sentir, que sienta). Un tajo de verdad, de autenticidad, de sinceridad en el punto vital de este reino de las apariencias y de los estados unidos virtuales.

No hay nada político en lo que dice, pero todo es político. Como los herméticos italianos se vale de la poesía para denunciar, pero se asienta más allá de lo panfletario, en la esencia de la poesía, en ese lugar que trasciende épocas como un río perpetuo, y que va recorriendo las diversas realidades históricas a través de un hilo conductor: custodiar la belleza-verdad, cuya peculiaridad es cambiar siempre de rostro: somos uno siempre, y esta es la razón por la que podemos realmente ser todos.

En la primera parte “De nuevo a casa”, hay un poema notable el número 3 (A Germán, i.m.). Me tomo la libertad, de citar un fragmento:

“Estás muerto. Muertísimo.
Hecho todo un cadáver
No lo niegues.
Muertos tus recuerdos.
Muerto el amor
desde hace mucho tiempo.
Mano que se abre
y exhibe las entrañas.
Mano que se cierra
y escribe,
Has dosificado las palabras.
Pero tu corazón gira
sobre la estepa. Va dando tumbos.
Pero ahora es solo la muerte.
Te llamo porque me muero.
Te digo adiós para siempre.
Juntos y disciplinados
todos. Calzados incómodamente
para esta nueva civilización.
Te llamo desde una ventana.
El Perú ha sido una trampa.
Trampa para los afectos,
para dejar la lengua
a la intemperie.”

En la nota de prensa que nos invita a la presentación del libro, el poeta Julio Heredia señala sobre Pedro Granados, lo siguiente: “Desde que publicará en 1978 su primer poemario, “Sin motivo aparente”, no ha dejado de producir guiado por una ética de la justicia y una vocación innata por explorar las entrañas de la palabra. “Soledad Impura” es su más reciente aventura literaria y el décimo libro de poesía que publica. Se trata, una vez más, de constatar la realidad mediante la inasible palabra. Nombrar las cosas y el acontecer es aquí otorgarles unas alas que llevan más allá de lo tangible”.

http://jc-noticiasdelinterior.blogspot.com/2009/06/la-soledad-impura-de-pedro-granados.html

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[La palabra no es lo de menos]

La palabra no es lo de menos

Por cierto

Nadie quiere acostarse

Con una pequeña

Que ya no está una en el colegio

Según aquella porn star

En medio de las redes

Para qué empequeñecer

Por qué decir que somos buenos

O sobre lo bien que pensamos del otro

Y de los malos poetas y de los mezquinos

A los cuales siempre hemos aborrecido

Jamás me acostaría con una palabra de ellos

Se están por morir se acaban de morir incluso

Luego de celebrar la manera en cómo ahorraron

Un par de monedas en combustible

De lo astutos que fueron

Porque a ellos aunque podríamos ser nosotros

Sí que la chingada se los llevó

Que la pelona se los hundió hasta el tuétano

Así que poetas queridos los amo a todos

Hasta que no demuestren lo contrario

Si logran mover el perfil de los cerros

A las cinco de la tarde

Aprueban

Asimismo si las ramas de los árboles

Absorben cada una de sus palabras

Como si de agua como si de sol

Como si de una mirada humana se tratara

Si no lo logran

El premio consuelo

Es que aparezcan en la Internet o en la Tele

Y absuelvan con brillo

Todas y cada una de las preguntas

De los displicentes periodistas

Y se beban para el futuro

La andana de flashes reservados

Y que con su pan se lo coman

Si pan encuentran para ello

Los desaprobados los diletantes los confusos

Los desde chiquitos apegados a la letra

No teman

Ustedes sí o sí verán a Dios y ocuparán

Las primerísimas filas al rededor

A ver si de este modo

Aprenden a no escuchar se ejercitan en no ver

Tampoco en sentir de modo obligatorio

El poema viene de los derrochadores

Desde aquello que sobra y se levanta

Solito

Gratuita natural impensadamente

De gratis de dádiva de tozudo regalo

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¿CÉSAR VALLEJO POR BULERÍAS?

Creemos que es tan pertinente y lograda la propuesta del músico Miky González (Landó por bulerías, 2009), de fundir el landó a la bulería, como puede ser observar ya no sólo qué tanto de ritmo afroperuano existe en Trilce, sino también de fusión con los palos flamencos –en voz y versos– y, obvio, con los tópicos medievales que directa o a través de sus lecturas de los autores del Siglo de Oro (Góngora o Quevedo, por ejemplo) pasaron a la poesía del peruano.  “¿César Vallejo, por bulerías?” (Granados 2010).

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Pasos de un peregrino son errante(s)

Pasos de un peregrino son errante(s), hasta la mesa del café en donde escribo. Enfocado por una minúscula cámara, de pestañas vulcanizadas, que vigila mis pasos, la manera en que bebo este líquido humeante, el estilo con que sin prisas voy devorando mi atónito panecillo. El modo –no olvidado aún del todo– en que celebro el culo de alas de ángel de aquella fugitiva muchacha; su talle limpio, sin peca ninguna, salvo en los besos que me roba, en los dientes de morsa que me afila. Hasta que me encuentro con ese Polifemo –convertido ahora en Nadie también– que me arroja una roca y me hace retornar intempestivamente y herido hacia mi taza de café. A beberme mis oscuros deseos, a oler solamente en el ámbito de sus reducidos contornos, a imaginar –si es que esta miseria la podemos denominar así– del modo en que aquel monstruo propicia, en inmensos carteles puestos muy en alto por toda la ciudad, a “think different”, y la cara de tanto circunspecto o castrado o diz que genio se nos desea hacer calzar como una indeleble careta, pero que no nos va de ningún modo y en nada tampoco viene al caso.
Soy una “minoría” en los Estados Unidos, mas también, por ejemplo, en el Perú y en España. Entre homosexuales, heterosexuales, velludos, lampiños, y entre los otros poetas. Los acercamientos científicos, metafísicos, sentimentales, cibernéticos, utópicos, ninguno de ellos satisface a nuestro distraído corazón: viscosa rana de estanque ciega y cantarina. Pero no soy un hombre triste, sí, en realidad, un caminante muy feliz. Feliz contra los datos de las estadísticas, de los usureros, de los piropeadores de puestos, de aquellos descontentos, por pura falta de valentía, en el mundo entero. Obviamente, no confío en los jóvenes sólo por ser menores de edad, pero –aunque prefiero hacer el amor con una adulta inspirada– es fácil percatarse que en sus ojos existe otra cosa, que puede existir alguna otra cosa. No sólo para el ámbito de la poesía, se entiende, el otro mundo, el más allá que es siempre la poesía (la rana viscosa adquiere el aspecto de un príncipe auténtico al escucharme elucubrar así) y que da título a Desde el más allá, manojo de poemas que tienen al frente.
La calle por donde ya he tratado otra veces de escapar se abre a mi paso; la indumentaria de pobre y el talante tan digno de mi padre (demasiado digno de mi padre); el amor que insistente busqué –torpemente y suicidamente busqué– detrás del rostro de más de una serena muchacha; la amistad hecha del mismo chorro de mi corazón, de la fuga en la pluma rota de mi alma pulcramente galvanizada; de la soledad que como una mano amiga nos busca y –a veces– oportunísima nos alcanza. Pero, todo esto no son más que origamis construidos, a escondidas, en el lugar a donde nos han traído nuestros involuntarios pasos. Cuando me paro a contemplar mi estado. Pero cuando a mi oído llega también una fiesta de carnaval o del caribe y, de inmediato, mi cuerpo reacciona arrecho. O cuando nuestro cerebro se emociona con la insignificancia de lo que algún verso de Trilce quiere decir para nosotros, de lo que alguna dolorosísima confesión de Borges, quiere decir para nosotros; si no también nuestro corazón, a esta hora ya, y engreído, arisca rana de altura convertida en sapo comestible.

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