Archivo de la categoría: Poesía

Poesía

PIERNA SILVESTRE/ Nicomedes Suárez Araúz

La pierna se lava y se raspa
el exceso de gordura que hubiera.

Se pone en una asadera al horno.
Una vez que larga un poco la gordura,
se cuece hasta secarse y se cubre
en azúcar y caldo de piña.

Se deja en horno fuerte
cociendo unos veinte minutos.

Al retirar del horno
se corta la pierna de indio formando rombos
colocando un clavo de olor
en cada uno.

Los rombos se comen
con yuca hervida
y una tajada de silencio.

Tomado de Recetario amazónico de Dios (Fayetteville, NY, EUA: Editorial 3600, 2014)

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La Ballena/ Eduardo Tokeshi 

Una enorme ballena se tragó a mi abuelo
cerca de las playas de chilca en el año 1928.
mi abuelo fue uno de los primeros inmigrantes japoneses venido de Okinawa.
Tenia 23 años.
Muchos lo lloraron según consta en un documento, hallado en casa al lado de miles de sobres negros vacíos.
En 1983 cuando cumplí 23 años, es decir la misma edad de mi abuelo al momento de desaparecer, una ballena gigante fue varada en las costas de paracas.
Viajé unas tres horas para ver a ese enorme animal.
no es difícil encontrar una ballena varada te diré.
Aún respiraba y los curiosos eran pocos.
A eso de las seis de la tarde la ballena convulsionó y de pronto empezó a vomitar peces pequeños, algas y basura.
Mi abuelo asomó asustado por la boca de la ballena.
nos miramos sorprendidos.
él estaba desnudo
le ofrecí mi ropa
él se la puso entre apurado e intrigado
como siguiendo instrucciones secretas
mi abuelo me abrazó y emprendió camino
hacia la carretera.
segundos después
entré en la ballena
totalmente desnudo.

Desde ahí te escribo.

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[Pasé el muro]

Para Rosario

Pasé el muro

Vuelvo a él y lo atisbo

Viejas serpientes levantadas

Sobre la piel de la piedra

Serpientes después del barro

El fuego el amor

El descuartizamiento

Juguetes de la infancia

Que abren sus ojos

Mientras atónitos

Los integrábamos

Nos integraban

A sus juegos

Aquellos del gozo

De la más sencilla

Y cotidiana eternidad

Vuelvo pues a mí mismo

Al olvido

A la muerte de mí mismo

Con el rabillo del ojo

Más bien lo oteo

Entre el fango

Entre la piedra

Entre las sobras de mi corazón

Todavía erguido

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LO QUE ES DE CÉSAR/ Pedro Granados (trad.)

un huracán de soles
peruanos controla
los horrísonos
grafemas
derrocadas
nieves incendian
de frío
papel y
tinta
!desciende
del vasto cielo
topazion-flor!
evoco el
nombre griego de
sousândrade — genio
de letras afiladas
hasta la undécima:
sha-kes-pea-re–
para loar al césar!
y aguanto sobre el
pecho abierto de
esta página
vallejo — una
bala a quema ropa.

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El día que Roberto se convirtió en libro/ Edgar Artaud Jarry

Aún lo recuerdo, sucio, con el cabello largo
leyendo poemas
en la torre de Rectoría
parecía el hermano gemelo de Mario Santiago
caminábamos bajo la lluvia, un grupo de jóvenes poetas
que mas bien parecíamos, una pandilla de maleantes;
en busca de alcohol y un poco de tabaco, para
paliar el frío en Ciudad de México
en los años setentas, cuando la inconformidad estudiantil
se mostraba en los mercados, con altavoces
hablando mal del gobierno, por supuesto
que los jóvenes siempre tuvimos la razón de nuestro lado.

En la glorieta de Tlalpan, con José Peguero, bebiendo pisco
en espera de la luna, para leer poemas que inventábamos
mirando a los sonámbulos trasvestis, discutiendo
sobre Poesía y Poetas. Todos compartimos
aquel viejo amor por la Poesía que nos corría en las venas
pues creímos, que todo Poeta era inmortal.

En los muelles de Cataluña, pensando en las muertas de Juárez,
taciturno, mirando el mar mediterráneo, respirando el pasado
esperando a que lloviera, en espera del milagro
trabajando para ello, así ocurrió, Roberto Bolaño, se
convirtió en libro, en el Hospital de Vall d’Hebron
cerca de la salida de la estación del Metro con el mismo nombre
en Barcelona.

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O medo adentra/ Indran Amirthanayagam

Frankétienne, Pedro e Indran Amirthanayagam

Eu sinto o menino nas entranhas

do meu corpo. Estira, vira, come.

Devo ser feminino como a terra,

Mas, identifico também com a chuva

recaindo ao mar. Sou poeta! Aceito

agüentar a criança. Aceito ser

homem e mulher. Deus entende

o porquê, mas não diz nada.

Ele representa o mistério enquanto

sinto um barco com suas velas

construidas pelo vento e o tesouro

adentro que depende da minha alimentação.

Mas, eu não posso saber quando tombara

o barco acabando também com nosso futuro.

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