Archivo por meses: agosto 2026

Propuesta de publicación: CUERPOS DE SOL: REFRACCIONES DE INKARRÍ EN MARTÍN ADÁN Y LUIS HERNÁNDEZ

Me dirijo a usted para someter a consideración de la publicación del ensayo  titulado CUERPOS DE SOL: REFRACCIONES DE INKARRÍ EN MARTÍN ADÁN Y LUIS HERNÁNDEZ.

Resumen  y premisa central

Frente al escepticismo, el desapego cívico o la disgregación atribuida comúnmente a las vanguardias y a sus contemporáneos trasatlánticos, este libro demuestra que las poéticas de Martín Adán y Luis Hernández constituyen verdaderos sistemas de refracción solar motivados por un fin ético y reparador ligado al mito fundacional de Inkarrí.

Apoyándose en el marco del Perspectivismo Amerindio (Eduardo Viveiros de Castro), el Giro Ontológico y la física de la inmanencia, el estudio expone cómo ambos autores peruano-vanguardistas descentran las estéticas europeas y novísimas para proponer una física poética inmanente, simétrica, descolonizadora y performativa.

Estructura general del libro

  • Introducción general: Plantea la premisa teórica y el marco del Perspectivismo Amerindio y el Giro Ontológico para redefinir el corpus adaniano y hernandiano.
  • Parte I. Martín Adán: La arquitectura solar y el ancestro inmanente
    1. “En la azotea”: Martín Adán amerindio: Examina la estructura solar en La casa de cartón (1928), la transición del invierno al verano como el paso del mar/Ramón al foco solar/Inkarrí, la azotea como huaca y mirador inmemorial (equivalente al cronotopo arguediano de los “zorros”), la dialectica entre la fragilidad del cartón y el fuego solar, y el desmontaje de la lectura lírica tradicional hacia una ontología posantropocéntrica y spinoziana.
    2. Guión solar de La casa de cartón: Lectura comentada sobre la presencia/ausencia del sol, el eclipse micro-cósmico de la sombra del poeta, la tensión con la sociedad cívico-burguesa de Barranco y la definición de “En la azotea” como etnografía multinaturalista.
  • Parte II. Luis Hernández, el Piel Roja: Cartografía solar y tecnología anti-conquista 3. Frente a los Novísimos y la Antipoesía: El prototipo Inkarrí y sus refracciones: Diferenciación de Hernández respecto a la Generación del 68 española, Parra y la Poesía Conversacional. Desarrolla la fenomenología de la luz (refracción vs. reflexión), el palimpsesto del “Piel Roja / Gran Jefe Un Lado del Cielo” que internacionaliza (overseas) la subjetividad andina mediante la cultura pop, y la inmanencia spinoziana (Deus sive Natura). 4. Recorrido por el “Émbolo Solar”: De Orilla (1961) a los cuadernos ológrafos (1970-1977): Recorrido desde la etapa impresa (Orilla, Charlie Melnick, Las constelaciones y las líneas de ceques) hasta los cuadernos manuscritos (Voces íntimas, El sol lila, El estanque moteado, La avenida del cloro eterno, Una impecable soledad), destacando la epifanía del “bote al mediodía”, el color ámbar de las botellas como sol fosilizado y la disolución de fronteras comunitarias. 5. Hacia una ciudadanía trílcica: La justicia futura en el plano de la inmanencia: Explora el “devenir-otro” y el poema como traducción chamánica, la poesía como tecnología anti-conquista y respuesta solar a Lima la horrible de Salazar Bondy, y la realización de la Ciudadanía Trílcica en el presente material.
  • Conclusión integradora — El Archipiélago Solar: De la Azotea a la Playa: Síntesis comparativa que traza la trayectoria desde la azotea barranquina hasta los parques y playas de Jesús María, mostrando cómo ambos autores desactivan la melancolía colonial y el nihilismo mediante la agencia inmanente y simétrica del Sol de Inkarrí.

Valor diferencial y público objetivo

  • Aporte crítico: Es el primer trabajo que articula sistemáticamente a Martín Adán y Luis Hernández dentro de un mismo sistema ontológico descolonizador, tendiendo un puente riguroso entre las vanguardias históricas y la poética de los cuadernos ológrafos.
  • Público e impacto: Dirigido a investigadores, docentes y estudiantes universitarios de literatura latinoamericana, teoría poética, estudios culturales y antropología filosófica, así como a bibliotecas institucionales y al lector especializado en poesía hispanoamericana.

El manuscrito se encuentra completamente redactado y listo para evaluación. Quedo a su entera disposición para remitir la propuesta completa, la muestra de capítulos o resolver cualquier inquietud.

Agradeciendo de antemano su atención, se despide cordialmente,

Pedro J. Granados Agüero

Doctor en Literatura Latinoamericana (Boston University)

[pgranad@gmail.com]

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LA SUCESIÓN DEL FEUDO: JOSÉ ANTONIO MAZZOTTI Y LA DISPUTA POR LA HERENCIA DEL CAMPO LITERARIO

Puede ser una imagen de ‎texto que dice "‎Foto: Alonso Foto:AknsoNichols Nic ichols HOMENAJE ACADÉMICO A JOSE ANTONIO MAZZOTTI Reflexiones sobre su obra MARTES 18 AGOSTO ما 12 M. Auditorio José A. Russo Delgado Facultad Letras Humanas, UNMSM, piso1. Ciudad Universitaria PARTICIPAN: Enrique Cortez Tallzcolnial اإعaاaا calanial 社 Mutusuti Christian Fernández Marie Elise Escalante Marcel Velázquez Organizan UNMSM Facultad Letras Ciencias Humanas ICELIT Centrade Eatudiantes‎"‎

La recepción de la poesía peruana y su producción crítica raras veces se decide en la densidad del texto, en la física del lenguaje o en la autonomía de sus propuestas. Se juega, casi siempre, en la administración geopolítica de las instituciones y en la consolidación de liderazgos glocales. El reciente fallecimiento de José Antonio Mazzotti deja al descubierto la arquitectura de uno de los monopolios intelectuales más eficaces de las últimas décadas: aquel que supo copar, desde la academia norteamericana y la Asociación Internacional de Peruanistas, prácticamente todas las aduanas de legitimación en el Perú.

Mazzotti articuló una red de complicidades y alianzas estratégicas de largo alcance:

  • El puente UNMSM–PUCP–EE. UU.: Formado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, continuó con refinada astucia el modelo de padrinazgo de Antonio Cornejo Polar. Desde su posición en la academia estadounidense, influyó de manera determinante en los espacios de posgrado del medio local —incluyendo la maestría de la PUCP a través de interlocutores clave—, asegurando un flujo constante de validación recíproca.
  • La capitalización de la rebeldía (Kloaka): Supo posicionarse como el «simpatizante estratégico» y organizador logístico del grupo Kloaka desde los años 80, convirtiendo el prestigio de la marginalidad en un activo rentable para congresos, antologías y vitrinas internacionales.
  • El control de las aduanas críticas: A través del periodismo local en sus inicios, la toma de la Cátedra Vallejo, la dirección de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana (RCLL) y la creación de la propia Asociación Internacional de Peruanistas (AIP), erigió una garita de peaje por la que debía transitar cualquiera que pretendiera circulación o reconocimiento en el canon.

Abierta la vacancia de ese feudo, asistimos de inmediato a la disputa por el liderazgo y a los inevitables rituales de sucesión.

El inminente homenaje académico en el Auditorio José A. Russo Delgado de la Facultad de Letras de la UNMSM —articulado alrededor de la publicación de su libro La llaga colonial: ensayos para una nueva filología transatlántica (Iberoamericana/Vervuert, 2026)— expone con claridad el intento de la facción transatlántica por reclamar la herencia. La mesa integrada por Enrique Cortez (editor del volumen), Christian Fernández, Marie Elise Escalante y Marcel Velázquez no es únicamente un espacio de recordación: es el protocolo mediante el cual un sector busca tomar la posta del capital simbólico, las redes de influencia y la tutela sobre la historiografía poética del país.

Mientras la academia metropolitana y sus sucursales insisten en catalogar la creación bajo moldes paternalistas de fragmentación o clientelaje, las cúpulas locales se disputan el control de los tronos. Frente a la repartición de investiduras y el perpetuo cultivo de las complicidades de grupo, la única alternativa soberana sigue siendo la misma: desmantelar el simulacro institucional y devolverle a la poesía su verdadera fuerza de gravedad, su rigor y su autonomía inmanente.

Pedro Granados, 2026

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OSWALDO CHANOVE O LA ESTÉTICA DEL ADORMECIMIENTO

El poeta, narrador y periodista Oswaldo Chanove fue reconocido con el Premio FIL Lima 2026, uno de los máximos galardones que entrega la Cámara Peruana del Libro en la Feria Internacional del

El comienzo y el límite de la poesía de Oswaldo Chanove parecería ser la del perogrullo. Sus imágenes se perciben como las de un Antonio Cisneros un tanto más provinciano y el formato de sus poemas se asemeja a barquillas que flotan a la deriva. Estamos ante un carrusel que puede repetirse hasta el fin, donde no hay una real novedad comunicativa ni una tensión ontológica que sostenga la mirada.

No paramos de leer esta obra, pero no por las razones que argumenta Mario Montalbetti —quien sostiene que la fuerza de gravedad de los versos de Chanove es tal que hay que hacer esfuerzos reales para escapar de sus garras—, sino porque su poesía se dirige deliberadamente al aburrimiento y al adormecimiento. Se apoya en el juego de palabras como fin en sí mismo, tal como ocurre, en última instancia, con la propia poesía de Montalbetti: ambos terminan comprometidos con la misma estética de la somnolencia y el replegamiento cerebral.

Los textos de Chanove exhiben con claridad esta mecánica del bucle. En El jinete pálido (1994), la mirada se alza hacia el infinito solo para tropezar con la anécdota y la pirueta irónica: “Jamás –dijo– alcanzarás la meta” o la especulación de que “lo propio es tener una idea que sea el principio de un nuevo universo”. Todo transcurre en la superficie de un gesto predecible, donde la apelación al abismo o la fuga termina disuelta en una mueca ingeniosa pero inofensiva.

Esta misma inercia reaparece en Una doméstica imaginación del infinito (2020). La invocación de las grandes magnitudes —“Tenemos problemas con el infinito / Los rincones se dilatan”— convive con el catálogo de soluciones triviales y la devoción autoponderativa. La Virgen de las Angustias interviene tanto para salvar a los que golpean la cabeza contra las olas o rescatar una estación espacial, como para “ayudar al poeta / Que no encuentra nada nunca nada”. El poema se vuelve el registro de una basculación mecánica entre el abismo y la epifanía, donde la metafísica se empaqueta como consumo doméstico y el lenguaje no sufre jamás una verdadera transfiguración.

Incluso cuando la narrativa del poema intenta desplegar una imaginería fantástica o surrealista, como en El héroe y su relación con la heroína (1983) o en Sueño del artista adolescente, el procedimiento delata su propia fatiga. Se tejen y destejen filamentos de pelo de tigre, león, perro o vicuña en máquinas tejedoras, o se hace reventar un caracol del cual sale un insecto con tenazas amarillas. Sin embargo, la acumulación de imágenes caprichosas no alcanza a constituir una verdadera masa ni un ritmo interno; el trazo busca el impacto por la vía del desconcierto epidérmico, pero se queda en la yuxtaposición arbitraria.

Al carecer de un centro gravitacional propio, la obra de Chanove confunde la levedad con la deriva y la ironía con el vaciamiento. Lo que queda tras el recorrido no es la fascinación ante un sistema poético denso, sino la constatación de una fórmula que gira sobre su propio eje: una poesía que ha renunciado a la física viva de la palabra para acomodarse en la pirotecnia del concepto y la monotonía del guiño.

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PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA CRÍTICA VALLEJIANA ACTUAL

I. Introducción: Sociología del campo crítico y filiación intelectual
La reciente recepción del libro de Michelle Clayton (Poetry in Pieces) y su posterior discusión en plataformas públicas ha actuado como una sonda de prueba sobre el mapa intelectual hispanoamericano y transnacional. El debate no es de matices ni de mero estilo: pone al descubierto la arquitectura misma del campo literario actual, dividido entre un paradigma anglo-continental hegemonizado por la «ética de la fragmentación» y una lectura soberana basada en el Pensamiento Simétrico y la cartografía gravitacional (El Archipiélago Vallejo).
Para evitar la falsa premisa de presentar esta disputa como la colisión entre un consenso institucional y una postura aislada, es preciso restituir las filiaciones epistemológicas en juego. La propuesta del Pensamiento Simétrico y la Visión Mítico-Posantropocéntrica no surge en el vacío; se inscribe en la evolución natural de una sólida filiación intelectual y crítica latinoamericana que se desmarca de los reduccionismos del Norte global:
• La tradición de la totalidad orgánica y la física del texto: Frente a la tentación de leer a Vallejo como un repertorio de esquirlas, esta perspectiva abreva en la filología rigurosa (heredera de maestros como Luis Jaime Cisneros o Antonio Carreño) para ir más allá de la superficie historicista, buscando la coherencia de sistema y la ley interna que rige la forma vallejiana.
• El pensamiento neobarroco, la antropología poética y la materia viva: Se conecta con la estirpe crítica de José Lezama Lima, Haroldo de Campos y el diálogo con Amálio Pinheiro, donde la poesía no es un «archivo de traumas» ni un documento de lamentación pasiva, sino una ontología física, inmanente y de transfiguración biológica. Aquí se integran la jarana, la espuma, la cosmogonía andina (el mito del Inkarri) y la vibración de la materia.
• La teoría de sistemas y el posantropocentrismo: En consonancia con los debates contemporáneos sobre la ontología del objeto y las filosofías de la materia (Realismo Especulativo), el poema se concibe como una Matrix o sistema gravitacional autónomo donde el lenguaje opera como materialidad pura y el poeta no es más que una anécdota del texto.
Desde esta genealogía, el mapa de la recepción actual de Vallejo se distribuye en cuatro grandes constelaciones:
• El eje académico transnacional e historicista:
Representan la matriz del Norte global que lee a Vallejo bajo los moldes de la modernidad lírica, el trauma, la antropología lingüística o la representación política del dolor.
• El frente neovanguardista, crítico-poético y de desconstrucción:
Operan desde la experimentación del lenguaje, la tradición neobarroca, la crítica territorial y el cuestionamiento a la representación mimética.
• El campo filológico, biográfico y documental:
Enfocados en el archivo, la edición genética y la biografía lineal, observando con reticencia las lecturas teórico-estructurales.
• Crítica de intervención, mediación y debate público:
Mediadores, editoriales, ensayistas y participantes de la red de discusión contemporánea.
II. La brecha teórica: Cuadro comparativo
Al confrontar la lectura anglo-continental con la propuesta del Pensamiento Simétrico, quedan al descubierto dos ontologías irreconciliables, ver:
III. La diplomacia del «buen vecino»
Un rasgo definitorio de la sociología crítica actual es la conducta corporativa de la academia metropolitana ante la impugnación de sus presupuestos. Entonces, el sector hegemónico activa dispositivos de evasión estructurados en tres momentos:
1. El repliegue hacia el victimismo inverso
Cuando se cuestiona el lugar de enunciación institucional del Norte global, la crítica que señala el eurocentrismo de una categoría es acusada de «ataque» personal o «imposición de prejuicios». Se apela al argumento etnolingüístico o literalista para desarticular el análisis sociológico: se pretende olvidar que cuando la crítica latinoamericana habla de tradición anglosajona o anglo-continental, no juzga pasaportes ni identidades biológicas, sino un ecosistema epistemológico y un circuito de validación universitaria.
2. La coartada de la “difusión” y el paternalismo cultural
Se exige un agradecimiento tácito bajo la premisa de que cualquier lectura producida en los centros de poder académico debe ser celebrada porque «otorga visibilidad» al autor. Esta postura encierra la forma más refinada del paternalismo cultural: considerar que la periferia debe pagar el peaje de la condescendencia a cambio de ser expuesta en las vitrinas internacionales, aceptando que Vallejo ingrese encasillado como un sujeto «fragmentado», «expulsado» o «balbuciente».
3. La evasión como síntoma
El síntoma definitivo de este callejón sin salida es la huida del texto. El debate sobre el poema se abandona para desplazar la discusión hacia la corrección del tono o la exigencia de pleitesía.
IV. Conclusión: Las islas no van a la deriva
Frente al intento de tutelar a Vallejo desde el trauma, la pasividad y la dispersión, la Visión Mítico-Posantropocéntrica no lee a Vallejo en pedazos, sino en cuanto cartografía gravitacional: un universo donde las islas no van a la deriva y donde el cuerpo no es la prueba de una derrota ni un archivo de partes rotas, sino la materia prima de la transfiguración mítica, orgánica y poética del nuevo siglo.

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CONTRA LA FALSA MODESTIA

El mejor poeta del Perú soy yo

No luego de o después de sino

Solo más joven que César Vallejo.

¿Debo esperar lo confirme

Ricardo González?

También, aunque sin proponérmelo,

Sino por necesidad pura

El mejor lector de poesía

Nacido y muerto justo

Más tarde que el cholo.

¿Debo decir amén a lo que no dicen

Los porfiados de El Comercio

O a lo que dicen

El granel de epígonos

De Antonio Cornejo?

¿Debo aceptar mi tiempo

Tan manoseado como está

Y callar?

¿Debo atenerme a mi fama póstuma

Como si fuera fama lo que procurara

Y no aquello a lo cual me avoqué:

Un cernidor para separar

Poesía de charlatanería

Un cedazo, tampoco muy fino,

Para aplicarlo como a un estadio lleno?

Con entraña nací

No sólo con oído

Para dar entre mil

Y simultáneos textos

Con aquello que vale

Y en el formato que estos vengan

Barroco coloquial minimalista

Y tantas mezclas felices

Con tal que las acompañe

Un corazón aguerrido

Así que críticos

Que se ganan la vida

Estando críticos

Poetas que pasan por poetas

Queridos contemporáneos

Algunos muy listos

Que la inteligencia no basta

Que tampoco la religión alcanza

Ni acaso es suficiente

El hecho de todos haber sufrido

Una bala cruza rauda en campo abierto

Y nos derriba.

© Pedro Granados, 2026

http://poesiaensutinta.blogspot.pe/2016/06/contra-la-falsa-modestia.html

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EL CUERPO EN VALLEJO: DE LA “ÉTICA DEL FRAGMENTO” A LA MATRIX DEL PENSAMIENTO SIMÉTRICO Y POSANTROPOCÉNTRICO

  1. El marco del debate: Clayton y el epigonalismo de la “modernidad lírica”

La reciente traducción al español del prefacio/resumen del libro de Michelle Clayton (Poetry in Pieces: César Vallejo and Lyric Modernity, 2011) —presentada y divulgada en el ámbito crítico por Raúl Soto— permite medir con precisión quirúrgica el alcance y los límites del enfoque anglosajón/historicista sobre la obra de César Vallejo.

Tanto en el libro de Clayton como en la síntesis de Soto, la clave explicativa de la poética vallejiana se reduce a dos nociones axiales:

  1. La «ética de lo fragmentario» como el modo “más responsable de la modernidad lírica”.
  2. El «lenguaje del cuerpo» entendido como un “contexto desmembrado” donde el sujeto intenta infructuosamente articular la violencia, la expulsión y el sufrimiento del otro.

Si bien esta perspectiva representa un esfuerzo meritorio de sistematización y difusión para el ámbito académico angloparlante, incurre en una lectura que obtura la verdadera dimensión revolucionaria de Trilce y de la obra posterior. Al situar a Vallejo dentro del marco de la “modernidad lírica” occidental, la crítica anglo-continental convierte el cuerpo en una metáfora de la alienación o en un registro sociológico de la derrota.

  1. Diferencias sustanciales: La brecha teórica

Al confrontar esta “ética de la fragmentación” con la visión mítico-posantropocéntrica y la estructura del Pensamiento Simétrico (El Archipiélago Vallejo), quedan al descubierto las divergencias conceptuales de fondo:

Eje de análisis La escuela de Clayton / Soto (“Ética de lo fragmentario”) La Visión Mítico-Posantropocéntrica / Pensamiento Simétrico
Estatuto del Cuerpo Cuerpo desmembrado / traumatizado: El cuerpo es la víctima que registra la violencia de la modernidad, la escisión política y el sufrimiento pasivo. Cuerpo como Matrix y Mar Gravitacional: El cuerpo no es un “pedazo” roto, sino la fuerza integradora y biológica que une las “islas” del texto; es el “mar” del Archipiélago.
Relación con la Modernidad Reacción defensiva: La poesía es una “respuesta responsable” al desmembramiento urbano, técnico y político europeo. Descentramiento del paradigma occidental: Vallejo no “responde” a la modernidad; la desborda y la juzga desde una ontología otra (andina, afro-costeña, material).
Lenguaje y Espuma Falta de autoridad / balbuceo: “Un poeta expulsado que llama sin ser escuchado” y que sufre por no poder hablar por el otro. Fusión ontológica (Vallejo + Borges): “Quiero escribir pero me sale espuma”. El lenguaje no es incapacidad de hablar; es materialidad pura, ritmo de jarana y simetría mística. Y el poeta es solo una anécdota del poema.
Sujeto y Colectivo Antropocéntrico y empático: Basado en una “empatía cinestésica” de cuerpos divididos y alienados por el lenguaje oficial. Posantropocéntrico y Mítico: Superación del ego; integración del cuerpo humano en el flujo cósmico, mítico (Inkarri) y mineral/orgánico.

 

  1. ¿Cómo se suma la traducción de este texto al debate?

La aparición de esta traducción en español, la cual celebramos, no hace sino confirmar y profundizar la vigencia del diagnóstico que formulé en mi reseña de 2012 (“Vallejo in Pieces”):

  1. La consagración de una lectura “correcta” pero reduccionista: La traducción divulga en nuestra lengua una visión de Vallejo domesticada para las facultades de literatura del Norte: un Vallejo que encaja pulcramente en los estudios culturales de la fragmentación, el trauma y la modernidad poscolonial.
  2. El equívoco del “lenguaje del cuerpo”: Clayton y sus divulgadores ven el cuerpo como algo “fragmentario” porque aplican la óptica del observador occidental que descompone el objeto. Sin embargo, para Vallejo, el cuerpo no es una “anécdota de sufrimiento” ni una suma de partes rotas; es la matriz viva donde lo sagrado, lo profiláctico y lo profano conversan simétricamente.
  3. El paso del paradigma occidental al paradigma propio: La insistencia de Soto/Clayton en la “modernidad lírica” demuestra por qué es indispensable desplazar el eje hermenéutico hacia El Archipiélago Vallejo. Mientras ellos ven un “cuerpo tratando de articularse en un contexto desmembrado”, la lectura posantropocéntrica demuestra que la poesía de Vallejo es aquella cartografía gravitacional (las islas no “flotan” a la deriva) que restituye la unidad perdida, disolviendo las fronteras impuestas por el eurocentrismo.

Conclusión

La traducción de este texto de Clayton por parte de Raúl Soto funciona como un excelente síntoma de época: demuestra el techo de la crítica anglosajona frente a Vallejo. Al reducir la complejidad vallejiana a una «ética de lo fragmentario», la crítica tradicional se queda en la corteza de la modernidad lírica. Frente a esto, la visión mítico-posantropocéntrica no lee a Vallejo en pedazos, sino en cuanto cartografía gravitacional: un universo donde las islas no van a la deriva y donde el cuerpo no es la prueba de la derrota, sino la materia prima de la transfiguración mítica y poética del nuevo siglo.

Pedro Granados, 2026

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Poética mexicana contemporánea (2000–2004): Entre la sombra de Paz, la megalomanía crítica y los hibridismos del nuevo siglo

Presentamos la republicación de este ensayo crítico redactado en 2004 a propósito de la antología Poética mexicana contemporánea (BUAP, 2000), editada por Víctor Toledo.

En este texto se diseccionan las tensiones, polémicas y anacronismos que configuraban la vitrina de la poesía mexicana al cambio de milenio:

  • El conservadurismo veterano: La mirada autoritaria y descontextualizada de figuras como Jaime Labastida, paralizada en un concepto pre-vanguardista y romántico de la poesía.
  • El contrapunto de los 80: Las disputas entre el neobarroco escolástico de Eduardo Milán y la búsqueda neorromántica, sacralizada o cuántica de voces como Vicente Quirarte, Javier Sicilia y Víctor Sosa.
  • Las grietas de los 90: La emergencia de lecturas lúcidas y desinhibidas en José Homero y Ernesto Lumbreras, donde la lección de Vallejo y la hibridez borgeseana abren brecha frente al deslumbrado y omnipresente fantasma de Octavio Paz.

Un corte transversal que revisa el mapa socio-cultural, el elitismo institucional y las formas en que la tradición mexicana dialogó (o se negó a dialogar) con la experimentación latinoamericana e internacional.

(A continuación se inserta el texto íntegro del artículo)

Poética mexicana contemporánea

Por Pedro Granados

Poética mexicana contemporánea es el título de un volumen editado por Víctor Toledo en Puebla (BUAP, 2000). Interesantísimo libro que funciona como vitrina tanto de lo que se especula es la poesía de México hoy en día, como de los propios crítico-poetas —nativos o avecindados en el país— que también ahora mismo son quizá sus autores más representativos. Los invitados por Toledo a colaborar han sido: José Pascual Buxó (España, 1931), Jaime Labastida (Sinaloa, 1939), Eduardo Milán (Uruguay, 1952), Vicente Quirarte (Ciudad de México, 1954), Javier Sicilia (Ciudad de México, 1956), Víctor Sosa (Uruguay, 1956), José Homero (Veracruz, 1965), Ernesto Lumbreras (Jalisco, 1966) y Jorge Fernández Granados (Ciudad de México, 1965). Como a simple vista podemos apreciar, y después tendremos oportunidad de comprobar, el editor aclimata voces de promociones distintas y de tendencias, diríamos, también disímiles. Mas, para sorpresa del lector, no permite que este saque sus propias conclusiones una vez leídas las opiniones y los poemas de los antologados, sino que se encarga de colocar —justo inmediatamente después de la “Introducción”— un “Breve semblante de cal y canto” donde intenta advertirnos de lo que vendrá luego. En este sentido, este libro es también una marquesina de las ideas del mismo Víctor Toledo (Veracruz, 1957).

José Pascual Buxó y Jaime Labastida, intelectuales de amplia trayectoria, constituyen algo así como los veteranos en esta selección. Como Octavio Paz, aunque con matices diversos, ambos aparecen finalmente inmersos en la tradición del poeta romántico. Sin embargo, entre los dos es Labastida el más elocuente y, de esta manera también, el que se expone más a la crítica. A una pregunta de Clemencia Corte (alumna de Víctor Toledo en la Maestría de Literatura Mexicana en la BUAP), “¿qué poetas han sobresalido en los últimos veinte años?”, Labastida contesta del modo siguiente: “[En vistas a reeditar una antología] me he puesto a revisar los poemas que puedan sostenerse en el mismo plano de igualdad con poemas como Muerte sin fin o Primero sueño de Sor Juana, y debo decirles que no encuentro ninguno” (51). Tal declaración, es obvio, aunque no deje de ser una respetable opinión, cae por desproporcionada y, sobre todo, por descontextualizada. Mas, son otros también los exabruptos; sobre todo aquellos que revelan, por último, ignorancia, desinterés o desdén sobre lo que escriben los más jóvenes: “¿Qué es lo que ocurre entonces con la poesía de hoy? [Se pregunta Labastida a sí mismo] La poesía es exclusivamente lírica, ya no hay épica, ya no narra; se deja a la prosa la función de narrar” (53), lo que revela una supina falta de información sobre la hibridez discursiva de la poesía de ahora mismo. O esta otra: “Lo que está haciendo mi buena amiga Griselda Álvarez ahora, poner en sonetos los artículos de la Constitución, no es poesía. Yo le dije a ella que no lo hiciera, pero en fin, lo está haciendo. Eso no es Jurisprudencia ni poesía” (61); lo que muestra, por lo menos, una concepción autoritaria de la crítica y una idea esencialista de la literatura que pasa por alto cosas tan elementales como la teoría de la recepción o la práctica de la experimentación que, al menos desde la vanguardia, esta es el pan de cada día en la literatura contemporánea. Y así, podríamos continuar brindando más ejemplos de megalomanía y desubicación; como esta perla: “Hace mucho tiempo me ha llamado la atención el hecho de que en América Latina, a diferencia de México […] hay poetas que a los veinte años anuncian ser genios, a los treinta se reducen a ser solamente hombres de talento y a los cuarenta son mediocres” (63). Si está hablando, solo por poner un caso, por ejemplo del Perú —cuya poesía, por lo menos en el siglo XX, no es nada desdeñable a nivel continental—, pareciera ya de mala intención soslayar el absoluto privilegio, en cuanto apoyo del Estado y de otras instituciones como los municipios, que tienen los escritores mexicanos respecto a sus pares peruanos; esto sin admitir que dicho fenómeno sea verificable en un poeta de vocación auténtica y sin profundizar en cuál es el resultado final de la intervención estatal en México; es decir, cuál, en este hipotético caso, de las poesías entre ambos países resulta ser la mejor.

Pasando a la generación del 80 —Eduardo Milán, Vicente Quirarte, Javier Sicilia, Víctor Sosa y el propio Víctor Toledo—, el asunto se hace un poco más complejo por el mejor y más variado enfoque de lo contemporáneo en poesía y, además, por las polémicas implícitas y explícitas entre estos críticos-poetas, particularmente entre el editor de este libro y Eduardo Milán. En aquel “Breve semblante de cal y canto”, Toledo arremete diciéndonos que Milán: “Fue un gran crítico (sobre todo con su participación en la Revista Vuelta de los años ochenta) […] El problema está, últimamente, entre un mal filosofar y un poetizar venido a menos, que da como resultado un escolasticismo neobarroco” (17). Nosotros, sin necesariamente escamotear propiedad a este juicio sobre Milán como crítico^1, no creo que haya sido oportuno darlo por parte de Víctor Toledo, porque pasa como si fuera un golpe bajo; además, porque soslaya algunos interesantes aportes del periodista uruguayo. A nuestro entender, estos radican fundamentalmente en su crítica oblicua a la poesía contemporánea mexicana e, indirectamente también, quizá a escritores como el propio Víctor Toledo. Primero, Milán al elucubrar sobre la importancia de Nicanor Parra para la poesía latinoamericana de nuestros días: “Esa especie de crítica incisiva de Parra al ser del poeta, al estatuto” (82); segundo, al recordarnos que, según John Keats, “los poetas no tienen identidad” y que para Rimbaud “yo es otro” (82) y, tercero, en su respuesta a la pregunta, “Usted dice que la poesía del siglo XX tiene una condición femenina, ¿puede explicarlo?”: “El problema de esa femineidad aquí trasciende lo genérico sexual, en el sentido de romper la barrera de la interferencia que significa la interferencia del ego (sic) [que, según José Ángel Valente, no es propicia para el acto místico o poético]” (94). No haría sino decirnos que la poesía latinoamericana y particularmente la mexicana tendría, por defecto, un lenguaje con demasiado nítido perfil; es decir, el que refleja un yo enfático o ingenuamente persuadido de su valiosa identidad^2. Ahora, y ya que Toledo hace explícita —a través de su “Breve semblante de cal y canto” y su reseña a un poemario de José Homero, poeta declaradamente lírico—, digamos, su preferencia por una poesía de corte ético y neorromántico^3, también le caería el guante lanzado por Eduardo Milán.

Entre los otros representantes de la generación del 80 —Vicente Quirarte, Javier Sicilia y Víctor Sosa—, encontramos que, en general, tienen un concepto neorromántico de la poesía y una alta idea —diametralmente opuesta, por ejemplo, a la de Nicanor Parra— del poeta y de su función en la sociedad o, al menos, una idea melancólica de que aquello está en crisis o irremediablemente perdido. Claro, en todo esto, unos con más énfasis que otros. Para Quirarte la poesía (y los poetas) es cofradía, milicia, perpetua adolescencia, esfuerzo y milagro, “inexplicable forma de felicidad que significa ser traspasado por el rayo y rendir testimonio de esa muerte” (113). Javier Sicilia va incluso más lejos al conectar, de modo más insuficiente y vehemente que el propio Octavio Paz, poesía con religión: “En la poesía el mundo recupera su sacralidad y su infinito, y nuestra lengua su condición espiritual: el mundo y el hombre no son esto o aquello, sino el ser en su misteriosa trascendencia” (136).

Frente a ambos, la posición de Víctor Sosa, sin ser menos romántica, resulta —sobre todo en comparación con Sicilia— un poco más especulativa. El título de su ponencia reza: “Cambiar la vida (Rimbaud, las vanguardias y la posmodernidad)”; de este modo, piensa que en nuestros días el “sueño ha terminado” y que ya “no hay Abisinias donde reclinar la cabeza, porque ahora el presente es perpetuo y la metafísica ha sido expulsada de la república posmoderna” (165). Mas, sobre todo en su exposición sobre el vacío, queremos leer que va más allá de Paz; es decir, y no por mejor o peor, su pensamiento no se instala ya en una sociedad pre-industrial —edén del romanticismo y del surrealismo— y asume, en su defecto, plenamente la nuestra: la del escepticismo y la carencia. Tratando de explicar el título de uno de sus libros, Sunyata, Sosa nos ilustra: “La física contemporánea, la física moderna, a partir de la mecánica cuántica, coincide con los postulados orientales en el hecho de que nos descubre nuevamente que el mundo está hecho de vacío […] de alguna manera somos un gran vacío” (179). A partir de aquí, aunque figurativamente, estamos a solo un paso de un gesto crítico muy contemporáneo y no menos polémico. Es el que lidera en nuestros días la obra de Ricardo Piglia para el que, en resumidas cuentas, el marco mayor de la literatura no es describir lo que de real tenga la ficción, sino lo que de esta tenga la realidad. Inspirado en la obra de su compatriota Jorge Luis Borges, el punto de vista de Piglia asume la ficción —no la minuciosa realpolitikcomo el objeto fundamental de la crítica literaria; hecho que le cuestiona al crítico (y también al poeta) pensar y escribir como si uno estuviera haciendo constantemente el papel de ministro del Interior. Le exige, más bien, abrirse a la conciencia de que la realidad —empezando por el propio sujeto que ejerce la crítica— está atravesada de ficciones; de que, por ejemplo, el Estado es un surtidor de ficciones, y allí se juega el concurso del intelectual frente al poder y a cualquier tipo de manipulación. Obviamente, este gesto tampoco tiene solo de Borges, sino también de cierto tipo de distanciamiento crítico inspirado en la obra de Bertolt Brecht e influenciado por la deconstrucción de Jacques Derrida y la psicología de Jacques Lacan; todo esto por aquello de obligar al crítico a mirarse ante el espejo, a tratar de reconocer la carpintería previa a su discurso e involucrarse en el hecho de que, finalmente, él mismo es también un ente de ficción.

Pasando de lleno a la generación de poetas-críticos de los 90: José Homero, Ernesto Lumbreras y Jorge Fernández Granados; constatamos que los tres —aun viviendo en plena época de los desbarajustes de las utopías, de las megalópolis como México DF y de la pérdida del aura—, son dignos herederos de la, supuestamente, poesía meditativa que caracteriza a estas latitudes. José Homero, por ejemplo, resume de este modo su poética: “Aun cuando como crítico escribo sobre el neobarroco, no sé, me oculta la necesidad de volver al poema las emociones y también de recusar tanta teoría y también ese escamoteo referencial vuelto tópico. El referente siempre será huidizo por más que se indique, ¿para qué la complicación?” (193-4). Que, en otras palabras, no es otra cosa que apelar a la lección magistral de César Vallejo, vanguardista no deshumanizado, que en su poesía aclimata —entre otras muchas cosas— la imposibilidad de hacer literatura (“quiero escribir, pero me sale espuma”); mejor dicho, el no querer hacer literatura, con un hedonismo por las palabras que le viene especialmente de Góngora. Algunos poetas latinoamericanos transitan actualmente por aquí, por esta productiva aleación de lo aparentemente disímil o contradictorio; fusión de poéticas, lo podríamos denominar, que es uno de los aspectos del típico hibridismo posmoderno.

Por su parte, la reflexión de Ernesto Lumbreras tiene la principal virtud de reflejarse también en sus poemas (estos van, reiteramos, después de la exposición y entrevista a cada uno de los convidados). Y este no es un hecho banal, ni mucho menos, ya que en gran parte de la poesía en español de hoy día (incluida España), aunque especialmente en el Cono Sur, se confunde manifiesto con poesía o, a la inversa, creación de lenguaje con verborreica teorización. En ninguno de los otros invitados de su generación percibimos esta coherencia que, no está de más decirlo, no hace sino hablar positivamente del oficio de Lumbreras. En segundo lugar, resaltaríamos algo que ya encontrábamos, aunque nomás insinuado, en la intervención de Víctor Sosa, y es el asumir de un modo más funcional —y sin énfasis— propuestas como la siguiente: “Me agrada la idea de que el poeta es una anécdota del poema” (216). Postura, sin duda, de raigambre borgesiana (aquello de “el lenguaje y la tradición” en “Borges y yo” donde, a buena cuenta, lo imaginario es más consistente ontológicamente que la fama —”Borges”— y que la anécdota —”yo”—); pero, a su vez, combinada en el discurso y la poesía de Lumbreras con una franca apertura al mundo exterior y psicológico (testimonio, sentimiento, experiencia, obsesión, etc.), tal como se nos revela en este singular pasaje: “La poesía es destino, es una metáfora de la luz. Pero, no siempre al abrir una ventana se le encuentra. A veces, ocurre a menudo, se nos presenta como una legión de fantasmas, al cerrar esa misma ventana” (216). Es decir, en la obra de Lumbreras creemos se cumple aquella aclimatación de la que también hablábamos antes, la coincidencia, aunque sea efímera, de Borges y Vallejo.

Por su parte, Jorge Fernández Granados, después de autoproclamarse en su tratado “un prejuiciado romántico” (225), intenta trazar —aplicando, aunque con creativas variantes, el ABC of Reading de Ezra Pound— un esquema de lo que es la poesía mexicana contemporánea. De esta manera, en consonancia a los conceptos usados por Pound en su estudio (phanopoeia, melopoeia y logopoeia), Fernández Granados postula que cada una de estas diferentes —y no pocas veces complementarias, aunque una de ellas sea la predominante— maneras de “cargar el lenguaje con sentido al grado máximo” se encuentran en México distribuidas históricamente por regiones: “Norte: la imagen [phanopoeia]. Sur: la experiencia [referencial]. Oeste: el vocablo [¿melopoeia?]. Este: la idea [logopoeia]” (232). Puntualizando el crítico, entre otros curiosos razonamientos, que respecto a la poesía del oeste: “Con la sola y enorme excepción de Octavio Paz, parece que los Constructores de lenguajes no provienen de movimientos o escuelas que hayan tenido en México mucha fuerza. Por esto mismo, resulta significativa su conformación y vigencia en la generación emergente de poetas mexicanos” (236). Y concluyendo que es la logopoeia, o “poesía del intelecto”, la que mejor se ha aclimatado a este suelo: “El núcleo radiante en la tradición de la poesía mexicana que alimenta esta región es la generación de los Contemporáneos” (237).

No es lugar aquí para discutir en detalle este esquema de Fernández Granados. Solo nos restaría agregar que nos parece sugestivo; aunque, haciendo la salvedad de que a su perspectiva estructuralista le falta, lamentablemente, el específico sustrato socio-cultural de México; lo que haría que su phanopoeia, melopoeia o logopoeia no sea intercambiable, por ejemplo, con la de Argentina, Bolivia o Brasil. En general, este aspecto socio-cultural está descuidado o soslayado —poniendo énfasis, casi exclusivo, en el aporte cosmopolita— por la mayoría de los entrevistados. En todo caso, dicho esquema sirve para comprender, un poco más, al menos la poesía de su propio autor. Aunque los poemas que se incluyen en esta antología ilustran, s bien, el paso que va de su prejuiciado romanticismo a su prejuiciado intelectualismo, en nuestra reseña sobre Reversible Monuments: Contemporary Mexican Poetry ya habíamos mencionado que en Fernández Granados hallábamos: “Hedonismo por las palabras de ascendencia barroca; aunque su poesía trasluce muy poca experiencia vital. Neobarroco —más bien lite— demasiado elocuente y, sobre todo, fatalmente libresco”. Efectivamente, muy poco convincentemente romántico, desde el principio parece haber habido, en este autor, el avizoramiento de una salida por el intelectualismo.

Conclusión

En general, después de este corte oblicuo a Poética mexicana contemporánea, comprobamos lo que para la poesía mexicana de esta misma época ya antes habíamos observado: la flagrante vigencia de la obra de Octavio Paz, es decir, de su legado neorromántico, surrealista o pre-industrial. Tal como allí mismo nos advertía una voz anónima: “los mexicanos no tuvimos ojos para lo demás, el expresionismo abstracto, el pop art, el happening transformado en performance. Las nuevas lecturas fueron ignoradas por ese deslumbramiento ante el surrealismo” (Granados 2003), algo análogo ocurre también con la crítica, por lo menos con la que tenemos a mano en este libro de Víctor Toledo. Sin embargo, junto con esta falta general de sentido del humor —que se toma demasiado en serio, solemnemente, a la poesía y al poeta—, advertimos también, particularmente entre los más jóvenes, algunas voces lúcidas y auténticas; sobre todo quizá las de José Homero y Ernesto Lumbreras. La del primero por lo sanamente adolescente, desinhibida, y probablemente no menos certera: “Los poco reflexivos poetas mexicanos se juzgan ahora críticos solo porque pergueñan temas de la filosofía negativa y salpican sus notas con referencias a la vanguardia, a Girondo y Wittgenstein, como antes citaban a Bachelard. Es claro que quien no tiene ideas no puede escribir. Yo me cito a mí mismo” (197). La del segundo porque creemos que es, y probablemente no solo en el ámbito de esta antología, la más integrada de todas, típica de un sujeto que ha encontrado sentirse a gusto en su propio pellejo, el de ser un reflexivo poeta y, a la vez, un inspirado lector.

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TALLER DE POESÍA: EL MICROCHIP POÉTICO (en CHICLAYO)

Precisiones sobre el ritmo, la fusión simétrica y el desnudamiento del yo
Imparte: Pedro J. Granados Agüero, PhD (Boston University)
¿Escribes sobre tus emociones o dejas que la materia misma respire en tu sintaxis?
Gran parte de la poesía contemporánea padece un malentendido de origen: confundir el hecho poético con la anécdota adjetivada, la pose ideológica o la catarsis privada. Escribimos sobre las cosas, pero permanecemos trágicamente separados de ellas.
El «Microchip Poético» no es un artefacto digital ni una prótesis tecnológica; es la activación de un dispositivo somático, intuitivo y rítmico que se enciende cuando apagamos la interferencia del yo anecdótico para dar paso a la frecuencia del ritmo. Cuando el microchip se activa, ocurre la fusión (melting): la frontera entre el sujeto que percibe y el mundo percibido se disuelve.
Este taller es un laboratorio intensivo diseñado para desaprender la representación tradicional y adentrarse en una poética posantropocéntrica, simétrica y viva.
¿Qué abordaremos?
• Sesión 1: La amputación de la anécdota y la desinstalación del «Yo»
Desarticulación del egocentrismo sentimental. La tijera autobiográfica frente a la densidad del lenguaje.
(Lecturas: César Vallejo, Alejandra Pizarnik)
• Sesión 2: El Melting y la perspectiva no-humana (Multinaturalismo)
Hablar desde la cosa y no sobre la cosa. El acoplamiento con la materia viva sin la trampa de la personificación.
(Lecturas: Eugenio Montale, Clarice Lispector, Eduardo Viveiros de Castro)
• Sesión 3: El ritmo como ecualización somática
El ritmo no como métrica rígida, sino como respiración, tensión fisiológica y choque de frecuencias sintácticas.
(Lecturas: Luis Hernández, Enrique Verástegui, Paul Celan)
• Sesión 4: La IA como espejo no-antropocéntrico y el poema expandido
Uso de la Inteligencia Artificial como laboratorio para auditoría de clichés, detección de automatismos y consolidación de la firma expandida.
(Lecturas y dinámicas: Pensamiento simétrico y pruebas de alteridad sintáctica)

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“Y ME QUEDÉ VALLEJO ANTE MUCHAY”: UNA BIOGRAFÍA MULTINATURALISTA DE CÉSAR VALLEJO

La ética periodística de César Vallejo Perú La Libertad | CULTURA | CORREO

La reciente aparición del ensayo «“Y me quedé Vallejo ante Muchay”. Hacia una biografía multinaturalista» en la revista Allpanchis (DOI Oficial: https://doi.org/10.36901/allpanchis.v53i97.2704) no es un trámite académico más dentro de la ya abultada bibliografía vallejiana. Se trata, en rigor, de un desmonte epistemológico que desarticula el canon biográfico tradicional —aquel empeñado en encasillar al poeta en etapas lineales, evolutivas o puramente ideológicas— para restituir a César Vallejo a su suelo nativo: un universo simétrico y multinaturalista.

El punto de inflexión del trabajo se sitúa en la relectura de la crónica «Un atentado contra el regente Horthy», redactada por Vallejo durante su periplo europeo entre 1924 y 1929. Frente a la miopía de la crítica ilustrada, que solo ha sabido ver en este periodo un tránsito mecánico hacia el marxismo o una mera crónica de consumo periodístico, el ensayo revela una maniobra radical encarnada en la figura de Ossag Muchay. Bajo este ropaje otomano o centroeuropeo, Vallejo reconoce y activa la raíz quechua muchay («reverenciar» o «adorar»). Lejos de ser un mero adorno estilístico o un juego verbal, esta operación constituye una traducción inversa que des-occidentaliza al sujeto histórico para re-culturalizarlo en una ontología andina.

Lo que el artículo demuestra  —articulando el perspectivismo multinaturalista de Eduardo Viveiros de Castro, la antropología de Philippe Descola y la deconstrucción de la firma en Jacques Derrida— es la existencia de una persistencia ontológica en la escritura vallejiana. La experiencia del viaje europeo no borra ni reemplaza el sedimento andino, sino que lo expande. La adscripción a la causa social y al marxismo no supuso la abdicación de la memoria mítica, sino su síntesis en un pensamiento simétrico donde lo humano, lo vegetal, lo animal y lo mineral coexisten en un plano de equidad, libre de subordinaciones antropocéntricas.

Al posicionar a Vallejo «ante Muchay», el ensayo introduce el concepto de la «firma expandida». Vallejo no firma únicamente con el nombre de su fe de bautismo; firma desde el ancestro, desde la materia viva y desde una resistencia postantropocéntrica que interpela tanto al dogmatismo político de su época como al positivismo de la academia contemporánea.

Enmarcado en el dossier en homenaje al antropólogo Alejandro Ortiz Rescaniere, este texto prueba que la vanguardia de Trilce y de las crónicas europeas no fue una simple importación de las modas parisinas ni una pirotecnia formal, sino la manifestación de un mar de fondo multinaturalista. Una lectura imprescindible que resitúa la obra de César Vallejo en el centro de los debates continentales sobre la ecología del lenguaje, el pensamiento simétrico y las poéticas de la liberación.

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LA DAMA BURGUESA Y LOS SOCIÓLOGOS: BLANCA VARELA, EL CAMPO POÉTICO PERUANO Y LA APERTURA MULTINATURALISTA

CASLIT

Resumen:

El presente ensayo propone una relectura desmitificadora del campo poético peruano de la segunda mitad del siglo XX a partir de la tensión generada por las declaraciones críticas de Blanca Varela sobre la intermediación de poetas-críticos —como José Antonio Mazzotti y Eduardo Chirinos— en la academia norteamericana, y la subsiguiente respuesta defensiva de los sectores vinculados a la poesía sociológica y de grupo (Hora Zero, Kloaka). Lejos de validar la dicotomía tradicional entre la “pureza existencialista” de la Generación del 50 y el “realismo visceral/militante” de las promociones del 70 y 80, este estudio demuestra que ambos bandos compartían una misma matriz epistemológica: un horizonte estrictamente urbano, individualista, burgués y antropocéntrico. De un lado, se analizan los límites formales de Varela, cuya poesía —aun abierta referencialmente al barro y lo animal— permanece tributaria de los moldes de Octavio Paz y no alcanza la disolución ontológica de Clarice Lispector ni el desnudamiento somático de Alejandra Pizarnik. Del otro, se desmonta la hipertrofia del yo en los gonfaloneros del realismo (Tulio Mora, Mazzotti), cuya trinchera sociológica redujo el poema a disputa por el poder simbólico y discurso de ocasión. Finalmente, el artículo sostiene que el agotamiento de esta querella bifronte abrió, por omisión y saturación, el verdadero espacio de la poesía peruana contemporánea y venidera: un eje multinaturalista, simétrico y posantropocéntrico que reconecta con el futuro-pasado remoto de la memoria ancestral.

Palabras clave: Blanca Varela, poesía peruana, sociología literaria, antropocentrismo, Octavio Paz, Hora Zero, Kloaka, multinaturalismo, pensamiento simétrico.

(iN PROGRESS)

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