Archivo por meses: agosto 2026

TALLER DE POESÍA: EL MICROCHIP POÉTICO (en CHICLAYO)

Precisiones sobre el ritmo, la fusión simétrica y el desnudamiento del yo
Imparte: Pedro J. Granados Agüero, PhD (Boston University)
¿Escribes sobre tus emociones o dejas que la materia misma respire en tu sintaxis?
Gran parte de la poesía contemporánea padece un malentendido de origen: confundir el hecho poético con la anécdota adjetivada, la pose ideológica o la catarsis privada. Escribimos sobre las cosas, pero permanecemos trágicamente separados de ellas.
El «Microchip Poético» no es un artefacto digital ni una prótesis tecnológica; es la activación de un dispositivo somático, intuitivo y rítmico que se enciende cuando apagamos la interferencia del yo anecdótico para dar paso a la frecuencia del ritmo. Cuando el microchip se activa, ocurre la fusión (melting): la frontera entre el sujeto que percibe y el mundo percibido se disuelve.
Este taller es un laboratorio intensivo diseñado para desaprender la representación tradicional y adentrarse en una poética posantropocéntrica, simétrica y viva.
¿Qué abordaremos?
• Sesión 1: La amputación de la anécdota y la desinstalación del «Yo»
Desarticulación del egocentrismo sentimental. La tijera autobiográfica frente a la densidad del lenguaje.
(Lecturas: César Vallejo, Alejandra Pizarnik)
• Sesión 2: El Melting y la perspectiva no-humana (Multinaturalismo)
Hablar desde la cosa y no sobre la cosa. El acoplamiento con la materia viva sin la trampa de la personificación.
(Lecturas: Eugenio Montale, Clarice Lispector, Eduardo Viveiros de Castro)
• Sesión 3: El ritmo como ecualización somática
El ritmo no como métrica rígida, sino como respiración, tensión fisiológica y choque de frecuencias sintácticas.
(Lecturas: Luis Hernández, Enrique Verástegui, Paul Celan)
• Sesión 4: La IA como espejo no-antropocéntrico y el poema expandido
Uso de la Inteligencia Artificial como laboratorio para auditoría de clichés, detección de automatismos y consolidación de la firma expandida.
(Lecturas y dinámicas: Pensamiento simétrico y pruebas de alteridad sintáctica)

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“Y ME QUEDÉ VALLEJO ANTE MUCHAY”: UNA BIOGRAFÍA MULTINATURALISTA DE CÉSAR VALLEJO

La ética periodística de César Vallejo Perú La Libertad | CULTURA | CORREO

La reciente aparición del ensayo «“Y me quedé Vallejo ante Muchay”. Hacia una biografía multinaturalista» en la revista Allpanchis (DOI Oficial: https://doi.org/10.36901/allpanchis.v53i97.2704) no es un trámite académico más dentro de la ya abultada bibliografía vallejiana. Se trata, en rigor, de un desmonte epistemológico que desarticula el canon biográfico tradicional —aquel empeñado en encasillar al poeta en etapas lineales, evolutivas o puramente ideológicas— para restituir a César Vallejo a su suelo nativo: un universo simétrico y multinaturalista.

El punto de inflexión del trabajo se sitúa en la relectura de la crónica «Un atentado contra el regente Horthy», redactada por Vallejo durante su periplo europeo entre 1924 y 1929. Frente a la miopía de la crítica ilustrada, que solo ha sabido ver en este periodo un tránsito mecánico hacia el marxismo o una mera crónica de consumo periodístico, el ensayo revela una maniobra radical encarnada en la figura de Ossag Muchay. Bajo este ropaje otomano o centroeuropeo, Vallejo reconoce y activa la raíz quechua muchay («reverenciar» o «adorar»). Lejos de ser un mero adorno estilístico o un juego verbal, esta operación constituye una traducción inversa que des-occidentaliza al sujeto histórico para re-culturalizarlo en una ontología andina.

Lo que el artículo demuestra  —articulando el perspectivismo multinaturalista de Eduardo Viveiros de Castro, la antropología de Philippe Descola y la deconstrucción de la firma en Jacques Derrida— es la existencia de una persistencia ontológica en la escritura vallejiana. La experiencia del viaje europeo no borra ni reemplaza el sedimento andino, sino que lo expande. La adscripción a la causa social y al marxismo no supuso la abdicación de la memoria mítica, sino su síntesis en un pensamiento simétrico donde lo humano, lo vegetal, lo animal y lo mineral coexisten en un plano de equidad, libre de subordinaciones antropocéntricas.

Al posicionar a Vallejo «ante Muchay», el ensayo introduce el concepto de la «firma expandida». Vallejo no firma únicamente con el nombre de su fe de bautismo; firma desde el ancestro, desde la materia viva y desde una resistencia postantropocéntrica que interpela tanto al dogmatismo político de su época como al positivismo de la academia contemporánea.

Enmarcado en el dossier en homenaje al antropólogo Alejandro Ortiz Rescaniere, este texto prueba que la vanguardia de Trilce y de las crónicas europeas no fue una simple importación de las modas parisinas ni una pirotecnia formal, sino la manifestación de un mar de fondo multinaturalista. Una lectura imprescindible que resitúa la obra de César Vallejo en el centro de los debates continentales sobre la ecología del lenguaje, el pensamiento simétrico y las poéticas de la liberación.

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LA DAMA BURGUESA Y LOS SOCIÓLOGOS: BLANCA VARELA, EL CAMPO POÉTICO PERUANO Y LA APERTURA MULTINATURALISTA

CASLIT

Resumen:

El presente ensayo propone una relectura desmitificadora del campo poético peruano de la segunda mitad del siglo XX a partir de la tensión generada por las declaraciones críticas de Blanca Varela sobre la intermediación de poetas-críticos —como José Antonio Mazzotti y Eduardo Chirinos— en la academia norteamericana, y la subsiguiente respuesta defensiva de los sectores vinculados a la poesía sociológica y de grupo (Hora Zero, Kloaka). Lejos de validar la dicotomía tradicional entre la “pureza existencialista” de la Generación del 50 y el “realismo visceral/militante” de las promociones del 70 y 80, este estudio demuestra que ambos bandos compartían una misma matriz epistemológica: un horizonte estrictamente urbano, individualista, burgués y antropocéntrico. De un lado, se analizan los límites formales de Varela, cuya poesía —aun abierta referencialmente al barro y lo animal— permanece tributaria de los moldes de Octavio Paz y no alcanza la disolución ontológica de Clarice Lispector ni el desnudamiento somático de Alejandra Pizarnik. Del otro, se desmonta la hipertrofia del yo en los gonfaloneros del realismo (Tulio Mora, Mazzotti), cuya trinchera sociológica redujo el poema a disputa por el poder simbólico y discurso de ocasión. Finalmente, el artículo sostiene que el agotamiento de esta querella bifronte abrió, por omisión y saturación, el verdadero espacio de la poesía peruana contemporánea y venidera: un eje multinaturalista, simétrico y posantropocéntrico que reconecta con el futuro-pasado remoto de la memoria ancestral.

Palabras clave: Blanca Varela, poesía peruana, sociología literaria, antropocentrismo, Octavio Paz, Hora Zero, Kloaka, multinaturalismo, pensamiento simétrico.

(iN PROGRESS)

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LIBRO DE HORAS/ GABRIEL ESPINOZA SUÁREZ

Un libro de horas (también denominado horarium) es un tipo de manuscrito iluminado muy común en la Edad Media. Suele contener textos de rezos, salmos, así como abundantes iluminaciones alusivas a la devoción cristiana.  Wikipedia

Lo que de iluminado tiene este horarium limeño es la fuerte presencia de varias Marías Santísimas; las cuales constituyen toda una red femenina –la esposa, la madre: “ Como ellas, atravesaría las nubes en silencio, como si un pensamiento me estuviera pensando” – e incluido aquí lo que de mujer tenga el propio sujeto poético.  Esto último, sutilmente revelado a través del ama de llaves en que –literal y de modo reiterativo– aquél se nos muestra en estas páginas.  Ergo, Trilce I (“Quién hace tanta bulla”) se troca aquí con un: ¿A DÓNDE VAS?, me preguntó mi esposa… Ella ya sabía a dónde iba”. Textos liminares en los cuales un sujeto poético va solo, aunque luego se halle ante la infinitud de todo un archipiélago simétrico; y el otro se presente, desde el pitazo inicial (Espinoza también habla de fútbol), muellamente acompañado con su lado femenino, el cual se denomina aquí “esposa” (un tanto en paralelo a aquélla de los poemas del mexicano Edgar Artaud Jarry).  Si en sinapsis con Inkarrí, la presencia de Otilia Villanueva es también una constante en el libro de 1922, será recién en Trilce LXXVII, una vez superadas las zozobras con su amada, donde eclosionará la portentosa y germinativa presencia de la pareja de Inkarrí.  Es decir, donde el sujeto poético va ahora, íntima e indisolublemente, acompañado por su Coya. En este sentido, el poemario de Gabriel Espinoza Suárez sería como una continuación de Trilce.  Hecho que, por lo demás, no debería sorprendernos ni extrañarnos tratándose ambos de libros que experimentan las primicias de la luz, por no decir que van iluminados.  P.G.

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EL DESNUDAMIENTO CONTAMINADO EN LA CRÍTICA

Si el paper contemporáneo se ha convertido en el epítome de la “limpieza” burocrática (un artefacto hiper-regulado, indexado, ciego al contexto y diseñado para no contaminarse con la realidad exterior), aplicar el desnudamiento contaminado a la crítica literaria no solo es posible, sino urgente. Significa una insurrección metodológica.

Podemos articular cómo opera esta contaminación crítica frente al monopolio del paper en tres frentes:

1. Contra la asepsia del “sujeto neutral” (El crítico encarnado)

El paper exige un sujeto discursivo castrado: una tercera persona neutra, una voz sin cuerpo ni geografía que finge hablar desde ninguna parte. El desnudamiento contaminado en la crítica implica escribir con el húmero. Significa que el crítico se asume como un cuerpo afectado: canoso, incrédulo, apasionado, situado en una Lima de ahora o en una carretera Paraná adentro. La crítica contaminada no oculta sus condiciones de producción (el hambre, la pillería de la sociedad literaria, el asombro); al contrario, las exhibe como la única garantía de honestidad intelectual.

2. El desmontaje de la cita-escudo

En el paper monopolizador, la cita a pie de página ya no es un diálogo, sino un blindaje o un trámite burocrático (el famoso impacto de citas). Es una arquitectura rígida que tapa el hueso. El desnudamiento propone una relación promiscua y horizontal con los textos: contaminar la teoría con la vida y la vida con la teoría. Lorca en su cueva de Altamira o Vallejo con los pies desnudos sobre la playa de Barranco no son “objetos de estudio” estáticos a los que se les aplica un marco teórico europeo; son interlocutores vivos que violentan el presente del crítico.

3. La forma-insecto frente a la forma-plantilla

El paper encierra el pensamiento en una estructura previsible: Introducción, Metodología, Resultados, Discusión. Es una línea de montaje industrial. Frente a esto, una crítica contaminada adopta el Protocolo de la Hormiga: una escritura fragmentaria, simétrica, intuitiva, que avanza a ras de tierra pero mira a la Vía Láctea. Rompe la sintaxis uniforme de la academia porque entiende que el lenguaje formal —esa obsesión por que “el gato sea gato”— da lástima ante el hechizo del poema.

Aplicar el desnudamiento contaminado a la crítica es transformar el ensayo en un huaco: un objeto ambiguo, andrógino, texturado por el barro, que desafía la pulcritud del maniquí de la tienda de departamentos que la burocracia universitaria nos quiere vender como conocimiento.

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EL DESNUDAMIENTO CONTAMINADO (Y LA SOLEDAD IMPURA)

“Escribir no con la cabeza domesticada por el primor sintáctico, sino con los pulmones: un arte respiratorio que asume el abismo del papel desde la plenitud de la cotidianidad y los pozos de la zozobra”.
Nos topamos hoy con la necesidad urgente de renombrar al arte de la poesía. O, acaso, constatar que de esto se ha tratado siempre: un gran poeta no continúa una inercia lírica, sino que reinventa el arte desde sus cimientos a pesar de que las instituciones asimilen su propuesta a ese nombre secular y domesticado.
¿Qué es lo que hace o a qué denominamos usualmente “poesía” en el circuito oficial? A un dispositivo de autoafirmación burguesa y pacificación afectiva. Es el living donde el sujeto lírico enfoca directamente sus sentimientos de forma transparente y legible; echa mano de una sintaxis a la que trata con primor coreográfico; y construye un espacio de complacencia donde el yo finalmente se distiende y, pase lo que pase, siempre “tiene razón” y sale absuelto. Esa es la poesía como narcótico.
El reverso de la pancarta: La denuncia como indulgencia laica
Paradójicamente, la denominada poesía militante o de “denuncia” encaja a la perfección en este mismo formato utilitario, volviéndolo incluso más abstracto y descarnado. Lo que se presenta como el reverso radical de la boutique lírica comparte su misma estructura profunda. Aquí, la utilería de moda se cambia por la pancarta, pero el poema sigue operando como una transacción moral para la descarga del sentimiento de culpa.
Al apropiarse de una causa justa (la periferia, la opresión, la miseria), el yo no la encarna en su áspera y contradictoria materialidad, sino que la instrumentaliza para eximirse del desastre. Al denunciar el horror del mundo desde una atalaya resguardada, el intelectual limpia su conciencia y se sitúa en el lado correcto de la historia. El dolor real de los cuerpos se evapora, transformado en una entelequia teórica y en una consigna predecible. Si en la lírica confesional el yo tenía razón por su sensibilidad herida, en la poesía de denuncia tiene razón por su superioridad ideológica. En ambos casos, el tribunal de la complacencia queda intacto y la ontología del lector jamás es alterada.
La genealogía de la impureza: De la carne a la fijeza
Frente a este doble engranaje del consuelo —el del neón comercial y el del panfleto abstracto—, la operación de una vanguardia real y local postula el desnudamiento contaminado. Esta categoría teórica coincide significativamente con un núcleo fundacional que ha guiado mi praxis poética desde siempre: la soledad impura.
Pensar y escribir con los pulmones significa arrancar la palabra de la gimnasia verbal y el exhibicionismo culturoso para devolverla a su peso somático. La soledad no es impura por un capricho conceptual, sino porque está constitutivamente mezclada con la contingencia: está a medias sola y a medias acompañada; convive con el recuento de la historia familiar, la crónica de la trashumancia, el asalto del frío de Boston o el calor de Santa Cruz de la Sierra. Es una poética que prescinde de las nostalgias de espacios ideales o epifanías inmarcesibles. No hay un lugar ni un tiempo ideal: lo que hay es el abismo del papel y la inminencia de nuestra propia extinción.
Esta impureza es la que permite encabalgar con naturalidad el erotismo y la muerte, la zozobra y la verdad grabada a pulso, como cuando en el poema a mi hermano Eduardo la muerte se confunde con los ojos en blanco de una morena en cualquier esquina de la trampa que ha sido el Perú. El afecto se queda a la intemperie, sí, pero preserva su dignidad frente al reino de las apariencias y de los estados unidos virtuales.
La poética áspera y oblicua
El desnudamiento contaminado, arraigado en esa soledad impura, desmantela el tinglado letrado desde la raíz:
-El enfoque oblicuo: El sentimiento no se expone como una mercancía limpia; irrumpe distorsionado por la fricción de la materia. Es la boca atragantada con tierra en Pachacámac o Samaypata, donde el afecto está contaminado por el desconcierto biológico y la finitud.
-La sintaxis rota: No hay primor ornamental ni sumisión gramatical. La sintaxis se tuerce y colisiona porque el cuerpo del viviente, con su “cara de perro”, no cabe en los moldes higiénicos de la metrópoli.
-El Yo abofeteado: El sujeto poético no sale a ganar el debate ni a dictar sentencias morales desde el banquillo. Sale expuesto, desnudado en su limitación. Ante la muerte del hermano Germán, el poema no es una lección de filosofía, es una mano que se abre y exhibe las entrañas, una renuncia a toda distensión burguesa para abrazar la fijeza mineral de la pérdida.
La vanguardia vallejiana profunda —y la estirpe en la que nos reconocemos— no es revolucionaria por la corrección política de su tema, sino porque destruye la sintaxis misma que sostiene la ilusión de ese yo ordenado y virtuoso. El desnudamiento contaminado no busca que el yo tenga razón ni ofrece un callejón sin salida ideológico; mete la mano en el barro de la contingencia para tocar el húmero de la vanguardia, recordándonos que la verdadera transformación —el Pachakutiy— no nace de una idea bienintencionada, sino del vuelco ritual, descarnado y profundamente impuro de la materia.

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