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Ensayo

¿Cómo reconocer un poema hoy? ¿Cómo no pasar o pasarse gato por liebre? / Andrés Ajens

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POESÍA EN PAMPA

Un dedo de entrada, nomás un índice –otros hay– antiquísimo, moderno: Crise de vers, de Stéphane Mallarmé (1895), habitualmente traducido por Crisis de verso, o de versos, que el franco vers singular plural es. ¿Índice de qué? De una conmoción del carajo, de un trastorno de la gran puta, con licencia de putas y de carajos –al decir de Mallarmé, fundamental:
Lo remarcable es que, por primera vez, en el curso de la historia literaria de un pueblo [au cours de l’histoire littéraire d’aucun peuple; es decir, de un pueblo como ninguno, de un pueblo como de cualquier pueblo], conjuntamente con los grandes órganos generales y seculares en que se exalta, a partir de un teclado latente, la ortodoxia [luego se menciona en especial al verso alejandrino], quienquiera con su registro y oír individuales puede hacerse un instrumento, desde el momento en que sople, lo taña o golpee con ciencia; probarlo aparte y dedicarlo también a la Lengua.

Mallarmé habrá saludado tal crisis como un paso promisorio en la individuación literaria – individuación olvidada de sí, con todo, impersonal; más adelante apelará a la desaparición elocutoria del poeta que cede la iniciativa a las palabras y, al fin y al cabo, al genio anónimo y perfecto como una existencia de arte (dejo por ahora en suspenso esta última y no poco inquietante expresión –una existencia de arte–, aunque no evito remarcar que ella nos arroja ante la consumación del moderno proyecto identificatorio, desazonante: hacer de la vida una obra de arte). Individuación tal, de paso, erosionara toda común referencia formal en poesía.

En otras palabras: el franco decimonónico siglo (Baudelaire, Rimbaud, Lautréamont, Mallarmé et alli) habrá venido a subrayar la interrupción de la inveterada identificación entre poema y comunitaria configuración métrica y, a más abundamiento, entre poesía y forma. Desde entonces, la crisis no habrá hecho sino agudizarse. ¿Cómo reconocer un poema hoy? ¿Cómo no pasar o pasarse gato por liebre? ¿Cómo distinguir un poema de una tan vieja como nueva novela, de una generacional frase publicitaria, de un guión genéricamente formateado, de un puro cuento del drama o melodrama contemporáneo – si ningún criterio formal pudiera venir ya a zanjar nada?

Subrayando tal desmadre, Mallarmé subrayara también otra cosa: esto ocurre por primera vez, dice, en el curso de la historia literaria de un pueblo –de una cadencia nacional. Afirmar esto, ¿conlleva reponer sin más la convicción habitualmente dicha romántica que estipula que cada pueblo, que todo pueblo y/o nación tiene su literatura, que la literatura es eminente y universalmente cosa nacional-popular? No es tan seguro. Tal vez lo que se subraya ahí fuera antes que nada el carácter simplemente histórico o histórico-destinal de eso que llamamos literatura, su darse no ubicua ni atemporal ni universalmente sino en una proveniencia o destinación histórica dada – y Mallarmé distinguirá luego entre letradas o civilizadas eras (las europeas, eminentemente) del resto. Así, por primera vez, tal crisis: en el curso de la historia literaria de un franco pueblo – la France, de Occidente, moderna punta de lanza.
Ante crisis tal siempre cupiera la posibilidad de intentar negarla o reprimirla, retornando defensivamente al fondo, por caso, y, si no al fondo, al poder instituido.

Al fondo, a la identificación del poema con el fondo, con el contenido, con el tipo de contenido, que es sobre lo que la poética antigua, aristotélica, en parte, se irguiera (el poema trágico: mima de caracteres nobles; la comedia: mima de caracteres bajos, etc.). Y si no por el fondo, tentación de reprimir la crisis apelando al poder instituido: lo que la institución (literaria, académica y/o estado-nacional, pero no sólo ellas), su voluntad de poder, habrá reconocido.

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La ciudad en nosotros [La ciudad en la poesía dominicana] (Antología)/ Soledad Álvarez

Scaner

Santo Domingo es una y muchas. Ciudad antigua y nueva, ilustre en su blasón de Primada de América y plebeya en el desorden urbano y el deterioro de sus instituciones. Pretenciosa en casas y edificios magnificentes, y en la falsa modernidad de torres, elevados y túneles rodeados de callejones y patios mugrientos, de barrios que agonizan de pobreza, sin agua y sin infraestructura sanitaria. Santo Domingo es un entramado de opulencia y hambre, espacio fragmentado, universo en expansión contenido sólo por el mar, cuerpo abotargado, acuchillado una y otra vez por la mano artera de la desidia estatal y la voracidad de los políticos. Pero redivivo y bulllente de humanidad, de luz, de color, de olores y ruidos. (pag. 23)


Esta es la ciudad azul, azul.
Que vengan los que más dan.

A golpe de cálculos hemos aprendido
a saciar sus apetitos.
Para unos las fuentes y los jardines
el cundeamor dorado y el moreviví
que crece sin presentimientos.
Para otros la botella de cocuyos recogidos en los
caminos del amanecer
monumentos y retablos sombríos.
Que nadie dude de nuestros dones
ni de la fortuna de este presente ciego.
Hemos dejado atrás agravios y deslealtades.
Nada recordamos
y los días por venir importan menos
que un puñado de cenizas.
Vivamos.
Esta es la ciudad azul, azul
y estos son los fastos de su muerte.

De “Todo incluido” (pag. 188)

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Acerca de la novela Prepucio carmesí/ entouchantlesmots

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EN UN PREPUCIO
Las clases de taller de narrativa me han revelado algo. Bueno, en realidad la revelación no ha sido del tipo místico habitual, no hubo aparición alguna de algún ángel (menos de un demonio, aunque hubiese sido muy interesante, para variar), sino más bien ha sido una revelación así bien trivial, una cosa cotidiana cuya presencia se me hace extraña, pero a la vez comprensible.
Leyendo Prepucio carmesí, y mientras todos los alumnos formamos un círculo en el salón para opinar sobre la novela, me di cuenta de que Juvenal Agüero, el personaje principal, fue tomado como un machista, adicto al sexo y traumatizado por una decepción amorosa en su época escolar. Él y su prepucio pasaron a ser un estereotipo de hombre misógino que pensaba en sí mismo y cómo saciar su salacidad. Aparte de ser un poeta-profesor-trotamundos, también.
Antes de ir al punto de este post, hay algo curioso que me gustaría compartir: cuando comencé a leer la novela, y se la comentaba a algunos compañeros (ojo con esto, son de género masculino) y compañeras, haciendo hincapié en el título, nadie parecía reaccionar ante mi señal: “se llama prepucio carmesí, qué chiste ¿no?”… Resulta que tuve que explicar lo que es un prepucio casi al 100% de las personas con quienes hablé. Y la mayoría eran mujeres. Los hombres tampoco se quedan atrás; hay que informarse de lo que tienen pues chicos!
Entonces, cuando ya la mayoría estaba bien enterada de lo que era un prepucio y lo que éste hacía; mi mente, después de pasar por este recuerdo anecdótico, pasó a situarse en mi salón de clase y escuché a dos compañeras diciendo que Juvenal era machista, que le gustaba mucho acostarse con muchas muejeres todo el tiempo (cosificándolas) y que, bueno, básicamente ése era su perfil. Aparte de ser el ya mencionado poeta-profesor-trotamundos. Y yo, como llegué tarde, fui señalada por el profe para contestar la misma pregunta: “¿cómo crees que era Juvenal, machista? — Para nada, no creo que sea machista”.
No voy a poner exactamente lo que dije, porque tendría que citar partes de la novela. Pero, mi explicación iba por aquí: a mí no parece que el hecho de que Juvenal se acostara con varias mujeres lo hiciera machista; él menciona en varias partes de su historia cómo es que estas mujeres tuvieron un significado en su vida, cómo lo cambiaron (por un cierto tiempo y hasta un cierto punto), y cómo, actualmente, se econtraba enamorado de Manoli. Y es que, muy a pesar de las descripciones tan carnales que Juvenal hace de las mujeres, de cómo hay un enfoque en sus atributos físico (senos, nalgas, “un culo impresionante” y cosas así), Juvenal fue un hombre que simplemente vivía y se impresionaba de la belleza de las mujeres, lo cual, y creo que la mayoría entiende esto por experiencia, deviene en una atracción inevitablemente sexual.
Y vino la revelación: ¿por qué considerar a alguien machista porque se ha acostado con varias mujeres (y lo disfruta infinitamente) y porque las descripciones sobre el físico de ellas pareciera cosificarlas? ¿Es posible relacionar tales cosas para que una resulte de la otra?
Entonces me pregunté por qué no es posible que uno pueda pensar en sexo y tenerlo con varias personas, y llegar a querer a esas personas, considerarlas como individuos particulares y apreciarlas en diferentes grados (obviamente muchas de nuestras formas de afecto se definen por circunstancias, creo yo, así que nunca queremos igual a nadie). No por eso uno es promiscuo, digo yo, porque no estoy hablando de acostarse con diferentes personas al mismo tiempo. Hablo de un hombre que, a lo largo de su vida, puede conocer a diferentes mujeres y mantener relaciones a nivel intelectual y físico sin ponerse en riesgo a que lo consideren como machista o pendejo. Y mi profe, cuando ya casi todos salieron y le entregué mis preguntas, me dijo que le pareció que capté a Juvenal como personaje; que muchas personas, a veces, cuando dan sus críticas, las cargan mucho de valores cucufatos o de moral de aquello que es (o debe ser) éticamente correcto, etc, etc.

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PEDRO GRANADOS EN TIEMPO REAL/ Miguel Pachas Almeyda

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“Poseer una conciencia laxa va a crearte numerosos problemas”
PEDRO GRANADOS

La poesía de Pedro Granados denota una clara influencia vallejiana, trasluciendo en sus versos aquella variopinta realidad de deslinde con el status quo de una poesía peruana en especial ─y latinoamericana─ deslucida por no decir decadente, sin rumbos y lo que es peor, divorciada de la cruenta realidad que aprisiona los más elementales derechos del hombre y de los pueblos: una auténtica libertad y equidad en la administración de justicia.

La poesía de Granados no es solo el canto a la rebeldía de aquella situación mencionada y consabida, sino que se vislumbra como una poética vanguardista, emergente y apuntaladora de los últimos tiempos en nuestro país; estilo y calidad poética que es conocida en extramuros y desconocida aún en el Perú, a causa y consecuencia de este sistema imperante lleno de mezquindades y egoísmo que subsiste en nuestra intelectualidad.

Es que el vallejismo granadino pareciera tomar muy en cuenta algunos postulados del autor de Los heraldos negros cuando magnánimo nos dice:

“Hacedores de símbolos, presentaos desnudos ante el público y solo entonces aceptaré vuestros pantalones /Hacedores de imágenes, devolver la palabra a los hombres…”
Pedro Granados intenta, y con éxito, ubicar la poesía al servicio del hombre, traduciendo sentimiento, emociones y esperanzas a partir de su realidad, de nuestra realidad tal cual, cruda y lacerante, sin maquillarla o llenarla de vanos trasfondos románticos. A continuación sus inspiraciones encontradas en su novela En tiempo real.
No hables.
Mira como las cosas a tu alrededor se
pudren.
Confía solo en los niños y los animales
y de los ancianos aprende el miedo de haber
vivido demasiado.
A tus contemporáneos pregunta solo cosas
prácticas
y comparte con ellos tus fracasos, tus
enfermedades
tus angustias, pero nunca tus éxitos.

De tus hermanos ama al que está lejos
y teme al que vive cerca.
A tus padres nunca preguntes por su pasado
ni trates de aclarar con ellos tu niñez y
juventud.

Con tu patrón no hables, escríbele y nunca le
cuentes
tus planes futuros y miéntele respecto a tu
pasado.

Ama a tu mujer hasta donde ella lo permita
y si llegas a tener hijos, piensa que,
como en los juegos de azar,
podrás ganar o perder.

El destino no existe.
Eres tú tu destino.

Y si llegas a la vejez
da gracias al cielo por haber vivido largo
tiempo,
pero implora con resignación por tu pronta
muerte.

Los que no tenemos dinero ni poder
valemos menos que un caballo,
un perro,
un pájaro o una luna llena.

Los que no tenemos dinero ni poder
siempre hemos callado para poder vivir
largos años.

Los que no tenemos dinero ni poder
llegados a los cuarenta
debemos vivir en silencio
en absoluta soledad.

Así lo entendieron los antiguos,
así lo certifica el presente.

Quien no pudo cambiar su país
antes de cumplir la cuarta década,
está condenado a pagar su cobardía por el
resto
de sus días.

Los héroes siempre murieron jóvenes.
No te cuentes, entre ellos,
y termina tus días
haciendo el cínico papel de un hombre sabio.

Adagios y figuras convencionales que rescata el poeta, de aquel consensus general y popular, que con caminar silencioso se opta por generaciones: ¡Está prohibido hablar de éxitos! ¡Está prohibido hablar de verdades! ¡Está prohibido hablar de diferencias sociales!…Es el poeta que conoce el mundo y hace evidente su proclama, su lucha, su voz reivindicativa: el derecho a decir la verdad; como enunciara Joaquín Rico: “Conoce el poeta al mundo, y nace de ese encuentro la palabra”.

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El dramático monólogo peruano: Poesía del 60 al 2000

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ROBERT BROWNING (1812-1889)

Por un lado, nuestro título alude al monólogo dramático, reconocido recurso estilístico de prosapia británica (inventado por Robert Browning), que adoptaran algunos poetas peruanos de la generación del 60; por el otro, alude a las vicisitudes de este mismo recurso literario en su adopción por otros poetas peruanos de épocas posteriores a los años sesenta. Es decir, en este trabajo hacemos un rastreo y explicación de los avatares del “británico modo” entre nosotros; de su relevancia y éxito, por ejemplo, en la poesía de Antonio Cisneros, hasta su prolongado empleo –en otros contextos y por diferentes sujetos sociales– en lo que sería la poesía peruana que va de los 70 al 2000. En este sentido, tenemos la hipótesis de que si en un inicio el monólogo dramático permitió expresarse individual y creativamente a un grupo de poetas de un sector social determinado –urbano, culto y de clase media– en la impronta, típica de los años cincuenta en toda Latinoamérica, de tener que decidirse entre ser “puros” o “sociales”. Luego, superado este álgido contexto político-ideológico, “el británico modo” se habría perpetuado pero sólo como una noria retórica, una técnica o una institución para nada ya “dramática”; sino, más bien, puesto de lado paulatinamente el interlocutor (la revolución social y sexual) desde los años 80 a nuestros días, en algo que –quizá con una pizca de exageración didáctica– hemos denominado “El dramático monólogo peruano”.

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“Spasmo-Dolviran”: ¿el último cuaderno de Luis Hernández?

Scaner

“Poesía es evitar el dolor”
(Vox horrísona)

En primer lugar, nos hallamos ante un magnífico documento artístico –la denominada “libreta Bayer”, publicada en sus páginas escritas (96 de 172)– anexa a La harmonía de H (1); y que nosotros, de acuerdo a lo que se resalta en la página liminar de dicha libreta, vamos denominando más específicamente “Spasmo-Dolviran”. Ésta, tal como nos lo advierte la nota del editor, le fue regalada por un amigo en 1964 (año en que Hernández estaba de estudiante en Alemania), pero es recién en 1976 (uno previo a su voluntaria desaparición en Buenos Aires) cuando el poeta la utiliza para dibujar su ¿última poesía? (2) Decimos esto además porque, tal como sabemos, en la obra del peruano predomina la caligrafía multicolor y, no pocas veces también, el diseño lúdico de sus versos e incluso directamente la aplicación en la página de ilustraciones de trazos más bien infantiles o ingenuos. Dibujos, en suma, con los que el poeta intentaría –honrando la poética que ilustra nuestro epígrafe y ante el hecho de “doblar la última duna”– contrarrestar el dolor de todos; y, quizá para empezar, también el suyo propio. No está demás, por cierto, reparemos en el trazo con lapicero azul, justo al lado y en la parte superior derecha del impreso “Spasmo-Dolviran”; doble check o esbozo –a mano alzada– de alguna nota musical o simple ejercicio de los dedos justo antes de ponerse en plan de ensayar la escritura. Algunos de estos sentidos por separado o todos a una; anzuelo, bumerang o nariz también, otros posibles íconos de aquel protéico trazado, tratando de alcanzar algún urgente y eficaz alivio.

Insistimos, creemos que esta pequeña libreta es un lugar privilegiado para ver el arte de Luis Hernández de un modo sucinto y, acaso también, incluso un tanto más didáctico. Respecto de su obra hasta hoy publicada encontramos juntos otra vez, cómo no: la traducción libre de poemas en otros idiomas, los palimpsestos a los que habría que estudiar mucho mejor, las reelaboraciones –si no versiones– de otros de sus versos (en este caso, sobre todo de Una impecable soledad, El sol lila y Flowers) y –según también los presentadores de La harmonía de H– hallamos “uno de los más logrados pentagramas espaciales de todo Vox horrísona”. Sin embargo, aunque breve y abierta, si consideramos esta libreta una obra autónoma e independiente (3) nos topamos con una poética impensada y no menos sugestiva. Mejor dicho con dos artes poéticas, levemente distintas aunque complementarias, que corresponden a cada una de las partes de este escueto volumen.

Scaner

Poesía para comer: las funciones del “como”

La primera de estas poéticas está centrada en la anfibología del término “como” en tanto conjunción comparativa o en cuanto verbo:
Como la noche
Dime amigo
Grass de Kentucky
Como se llama
La mar al otro
Lado del río
Como la noche (Oktober 8)

De nadie
Como no me ves
No soy visto
De nadie (Oktober 15)

De esta manera, en “Como la noche” (Oktober 8) y “De nadie como” (Oktober 15), aquí comer es engullir o, más precisamente, intentar asir con la boca –y de hecho lograrlo– una materia asaz impalpable cual la “noche” o “nadie”. Sentidos, en nuestra opinión, que quedan refrendados por el poema quizá más entrañable de todo este conjunto; nos referimos al extraordinario:

Estoy solo
guardo la flor de ceniza
En el vaso pleno
De madura oscuridad:
5 Hermana boca:
Tú dices una
palabra
Que silenciosa
Asciende
10 Como he soñado
Y pervive
Ante las ventanas
Estoy en flor
De la hora
15 Marchita
Y conservo
Ámbar
Para un ave
Tardía. Ella
20 Traerá el hielo
En el ala roja
El granizo
En los labios
Ella llegará
25 A través
Del estío (Oktober 21-23)

Donde el verso 5 (“Hermana boca:”), de modo previo y paralelo a la consecuente capacidad de decir (“Tú dices”, del verso 6), implica la iconización de una paradójica oquedad: un “vaso pleno/ De madura oscuridad:” (versos 3 y 4) que contiene y desde donde se orienta hacia lo alto una “flor de ceniza” (verso 2). Poesía, entonces, donde la ofrenda de este ascendente incienso —acorde con otro de los versos claves de Luis Hernández (4) — vale más que mil palabras; mejor dicho, donde la palabra es material o necesita tener el peso específico para masticarse o comerse antes de meramente escucharse. Por lo tanto, donde la soledad del oficiante (verso 1) no es tal sino, más bien, cuenco donde se guarece de algún modo la plenitud (versos 2-4). En suma, acto de incorporación, asimilación o comunión –un ida y vuelta– con la noche o la plenitud a través de la boca.

“This excellent/ canopy (5): th`air”

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Los poetas “Erranticistas” de la República Dominicana: El retorno de la plaza pública

http://cristalycolores.blogspot.com/2008/06/la-poesa-al-parque.html
Parque Duarte, en la Zona Colonial de Santo Domingo, lugar donde suelen reunirse los “Erranticistas”.

Frente a los puristas o canónicos de los 80 (“poesía del pensar”) y a los que, de modo tentativo, vamos denominando “muchachos del barrio de Gazcue para el mundo” (promoción de los 90); los “Erranticistas” (en sus veintes) reivindican las raíces afro-dominicanas (“etnia”, así lo resume Glaem Parls, uno de sus nítidos líderes), aunque sin caer en lo folklórico ni, pareciera ser, tampoco en el prurito de la negritud (1). Subvierten creativamente la precariedad de sus economías (parecerían provenir, en su mayoría, de un estrato muy popular). Y, por último, ponen en práctica un concepto muy amplio de la literatura que no los inhibe de regresar –activa y participativamente– a la plaza pública (2).

La que practican los “Erranticistas”, como la de sus inmediatos antecesores, es también poesía urbana; pero ésta pareciera provenir, como identificamos en estas Instrucciones para usar la ciudad de Santo Domingo de Omar Rancier: “de gente que “vive del “otro lado”, entiéndase Ozama, Los Mina, Alma Rosa et alters [o de] un barrio marginal, como La Ciénaga, Los Guandules y La Zurza [ante lo cual es conveniente que uno] averigüe si está vivo y, si lo está, por qué carajo se encuentra en el infierno”. Es decir, y esta vez a diferencia de los neo-testimoniales, en sus versos no brindan testimonio de un deterioro, de algo que fue y de alguna manera ya no es; si no, por el contrario, parecieran testimoniar algo que –por postergación secular– nunca ha sido y en donde denunciar pareciera ocioso o no tener sentido. Dado lo cual, aprovechan su tiempo para conjurar y de antemano celebrar –vía, por lo general, un llano y expeditivo erotismo– lo concreto de una existencia que suele ser de por sí muy difícil o esquiva.

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La poesía de Ylonka Nacidit-Perdomo (Santo Domingo, R.D., 1965)

Revista Vetas

Su debate con el líder de la “poesía del pensar”, José Mármol, en el contexto del Festival Internacional de Poesía “Clima de Eternidad” (Santo Domingo, 26 al 29 de abril del 2007), resulta más que elocuente para orientarnos en la lectura de su propia obra:

“En el momento actual, en la República Dominicana, hay una competencia irracional entre intelectuales oficialistas y no oficialistas por obtener para sí el arbitrio de la literatura, desarticulando la identidad física, política, social, cultural y humana del pueblo dominicano. […] Los intelectuales dominicanos deberían tener como agenda pendiente debatir la situación de las clases empobrecidas por el modelo neoliberal, así como su adhesión a las estructuras de los partidos como agencias para el ascenso social”. [http://www.diariodigital.com.do/articulo,15662,htm]

Sin embargo, mal haríamos en tomar sus declaraciones de polemista al pie de la letra y reemplazarlas por su propuesta como poeta. En Nacidit-Perdomo hallamos una fabulista muy fina, feérica, desenredada del sentido común tal como sistemáticamente lo ensayaran los modernistas. Asi que, no sería nada raro tratándose de una autora neo-modernista , halláramos en su obra dos registros (tal como, por ejemplo, en Manuel González Prada en el Perú); uno para su prosa comprometida y otro, muy distinto, para su verso encantado.

Una vista del amanecer en una temporada de duendes

el tiempo no está de espaldas al pasado sino al presente. es un paisaje distinto al vacío. habita el invierno justo en la noche, el aire, este mirar donde el amor renace para crecer de nuevo con nombres, con vuelos sigilosos, aún cuando en las tardes busque (desde el norte o el sur) las fuentes de su amor, su amor, que es un sueño indiferente, el desenfado de las horas, naufragando en la irrealidad desnuda, en la quijotesca sensación del dolor y la duda. (desesperadamente te busco, desesperadamente sin múltiples sorpresas).

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“Apuntes sobre el water y el walkman”/ Víctor Samuel Rivera*

*Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía

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“Hay un toque de heroísmo invertido en la obra de Granados. Un toque vallejiano, de morirse el poeta en París haciendo el vicario del hombre y todo eso, pero al revés. Los poetas escriben –cito y vuelvo a citar–“aunque no queramos hacer el poema”, “aunque tengamos ganas de cagar”. Este toque descansa sobre una concepción del lenguaje, el arte y la poesía que reescribe la idea del arte como escenario del drama del hombre. Y no porque lo pretenda escenario de otros dramas con otros protagonistas, sino porque no lo busca más como escenario de nada”

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“Muchachos del barrio de Gazcue para el mundo”: La poesía neo- testimonial en la República Dominicana

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Barrio de Gazcue en Santo Domingo, R.D.

Tenemos la hipótesis que si en los 80 y 90 el “Taller Literario César Vallejo” permitió superar la estética social-realista predominante durante los 60 y 70; existe una muy reciente promoción de poetas que practica algo que nos animaríamos a denominar poesía neo-testimonial, claro que con distinta propuesta estética que los del 70 y en respuesta a un nuevo contexto histórico y cultural (local y planetario). En general, creemos que actualmente en la República Dominicana –tal como en otros países–, se constata un retorno de lo real (Hal Foster) y una suerte de escribir de cara a la complejidad (Edgar Morin). Representan, pues, la superación de la “poesía del pensar” y sus frutos nos ponen, embrionaria mas orgánicamente, quizá de cara ante la mejor poesía dominicana de todas las épocas por las siguientes razones: madurez artesanal o conciencia de su propio arte; apertura, sin complejos, de su temática al mundo entero y globalizado; liberación de compromisos político-ideológicos inmediatos; y, muchas veces también, un saludable –aunque no menos corrosivo– oportuno sentido del humor (1).
Elaboran, cada uno a su modo, propuestas equivalentes: lenguaje e ideas derivados de la vida inmediata. Es decir, cultivan el grado cero de las teorías, pero no de la inteligencia que se revela aguda y sedienta en todos ellos. Otros signos de su carnet de identidad podrían ser la honestidad y la lucidez de hacer carne en ellos mismos, primero y antes que en nadie, aquello que denuncian:

“Se salvara la isla?
Quedaremos a flote después de tanto bombardeo y tanta insistencia?
Quedarán aún brazos con ganas de construir un paisaje nuevo?
Quién la ama?
Quién realmente ama 48,671 km2 de espejismos?
Toda una extensión de dolor y soledad,
Dolor de madre pariendo hijos muertos”
(Giselle Rodríguez, “Orgullosamente dominicana”);
“Ahora guarda tu instinto, sal de la esquina
mézclate en la papilla democrática que te hacen comer
y espera el momento en que cambie el mundo”
(Marco Antonio Cabezas, “En la esquina de vallekas”).

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