Archivo de la categoría: Ensayo

Ensayo

La poesía de Aurora Arias (Santo Domingo, R.D., 1962)

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Como en la poeta argentina Alicia Borinsky, también en la poesía de Arias habita un ave enjaulada o un ícaro redivivo. Marcas de una poética aérea –no folklóricamente localizada– que es fundamental en lo que harán los jóvenes cosmopolitas que luego vienen; en particular las mujeres. En la poesía que escriben Rosa Silverio o Rita Diana Hernández, por ejemplo, se percibe semejamte aleteo batiente; es decir, una vez sacudidas de las amarrras locales (geográficas, culturales y de género) se desplazan sin complejos por el mundo entero. En este sentido, de algún modo la poesía de Aurora Arias tanto como la de Marta Rivera, en los 80, transmiten más directamente el legado de luchas ideológicas por la conquista de la independencia de la mujer dominicana.

VIVIENDA DE PÁJAROS
Oh
Yo la hallada en el desierto
luminosa e inédita
domada
bendigo esta jaula
de los pies a la cabeza
del techo a la última raíz
y la proclamo
almacén de todas mis alas
prisión de un pájaro íntimo
y asombroso.

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Cómo funciona el sistema literario/ Martín Kohan

(Reseña a LA REPUBLICA MUNDIAL DE LAS LETRAS de Pascale Casanova)

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No es frecuente (no podría serlo, por otra parte) que aparezca un libro que pueda dar cuenta, no ya de tal o cual aspecto literario, de la obra de tal o cual autor, o de un determinado género o de un determinado texto o de un determinado problema rastreado en una serie de textos, sino de algo más abarcador y a la vez más de fondo: la manera en que funciona el sistema literario. La premisa de La República mundial de las Letras es que la literatura funciona como una totalidad medianamente integrada y que responde a un orden específico de posiciones y de valores; su propósito es explicar de qué modo se fundan y se disputan dichos valores, y de qué modo los escritores ocupan o abandonan distintas posiciones. Así, lo que la crítica francesa Pascale Casanova se plantea es el estudio de las reglas de la literatura, en el mismo sentido en que Pierre Bourdieu -su precursor evidente- propuso hace poco un estudio de Las reglas del arte .

La República mundial de las Letras se aparta del registro de especulación filosófica que es propio de las teorías estéticas, y sin embargo, no deja de ser un gran ensayo de teoría literaria; se diferencia del recorrido secuencial que debe trazar toda historia literaria, y aun así, no deja de ser un libro de historia (o más bien de metahistoria, de reflexión sobre la historia) de la literatura; atiende a la existencia de una especificidad de la literatura lo suficiente para que no se lo pueda reducir a un enfoque meramente sociológico, pero no por eso deja de inscribir las problemáticas del campo literario en el marco más amplio del entorno político y social.

No por nada, Casanova comienza por objetar el “monadismo radical” de la crítica textualista pura, que hace del texto una unidad cerrada y autosuficiente, y por disolver la típica antinomia entre los enfoques internos (aplicados a los propios textos, sin considerar lo que pueda haber más allá) y los enfoques externos (aplicados a las condiciones históricas de producción de las obras, pero pasando por alto la particularidad de los textos). Para superar esta antinomia, Casanova saca el máximo provecho de la noción de autonomía relativa: considera lo que hay en la literatura de autonomía, esto es, de una lógica propia, una historicidad propia, una especificidad diferencial; pero, en no menor medida, considera lo que hay de relativo en esa autonomía, es decir, hasta qué punto la literatura (y aun su propia autonomía, que es histórica y es social) dependen de determinadas condiciones sociales y políticas. Por eso puede desarrollar el análisis de cómo una literatura adquiere su autonomía y se afirma en ella, pero siempre a partir de ciertas condiciones históricas sin las cuales el proceso de autonomización resultaría incomprensible, o por lo menos arbitrario. Y por eso puede captar hasta qué punto una literatura depende siempre de ciertas imposiciones políticas, pero también hasta qué punto es capaz de traducir esas problemáticas externas a sus propios términos, para resolverlas en un terreno específicamente literario.

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Breve reseña a El entrevero

Scaner

Leer desde un lugar y una hora inapropiados. Ingresar , con un delicado pero decidido jalón, hasta el gramado del papel. Sucumbir, entonces, a esa masa de tinta, nada más, a ese endeble intento por fijar la mirada. Nos volvemos olvidadizos e ignorantes de esta cosa tan simple cuando usualmente leemos. Y entonces aceptamos como necesario o suficiente el arcabuz aquel, el revolver laser ese, alguna fotocopia del sentido. Pero la escritura es un fardo ya tan antiguo, desplegable, rompible. Un barquito de papel hecho de una flor, una flor que es un bajel contra la recia marejada del cielo. Ajens me recuerda y me hace olvidar. Perder y hallar esa piedra imán de la infancia. Ese caleidoscopio casero de la infancia. Donde nada era sino la voz de mi hermano Germán insuflando vida a casi nada: trozos muy pequeños de periódico arrugado al interior de un cono de cartón sellado con papel cometa. Y ahora mismo que no miro el ecran de mi escritura, que golpeo las palabras sobre el teclado sin mirar lo que dibujan y entrevero sin saber, pero con la sorpresa de hallar ahorita-ahora la escritura, al indio que soy, al europeo recién llegado que también soy: maravillado y triste ante tantos y nuevos productos. Naci en Sorata, me crié en Samaná, a orillas del mar Caribe, y he engendrado varios hijos como consta en un documento ya ilegible, que la misma vida para ser ha borrado. Amnesia de tiempos y amnesia de lugares y el teclado que me trae de aquí para allá, de la letra p hasta la s, y de allí hasta la húmeda h de hueso, de hamaca donde se deja caer una negra y un adolescente libidinoso me envidia el tamaño de mujer que tengo encima. La letra y el capítulo y el género y las literaturas dentro de un tocuyo. El entrevero de dos o más literaturas y de dos y menos dos o más certezas. Parado sobre una piedra, a punto de copularla como intentó hacerlo en más de una oportunidad César Vallejo. Con Ajens venimos de Santiago a la capital de la Capitanía de Chile, previo saludo al enorme amaru del Titicaca, aunque veo que todo esto ya va apareciendo en la pantalla de mi computador. Breve amasado, para pan chico. Y vamos tirando de las hebras con las que empezamos a seguirle el paso a esta escritura. Hebras rotas que nuestro corazón sin embargo sabe atar, como aquel homo sapiens su frágil balsa; antes de enrumbarse justo hasta aquí, a una cuadra del entrevero de Guardia Civil con avenida Javier Prado (este) donde tiene por ahora su morada .

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Sobre esta poesía/ Gustavo Ruiz Pascacio

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Puntualidad de lo cotidiano y abrigo de lo siempre presente, la poética de Pedro Granados es como una doble conjunción de espacio y tiempo. En ella, el mundo se despliega como un mapa de las emociones, pero, a la vez, como el esfuerzo por la conquista del lenguaje “otro”. Geografía de la pasión e inserción de ésta en la geografía material de los objetos que de alguna manera nos pueblan.

Gustavo Ruiz Pascacio
poeta y ensayista
Chiapas, México.

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La poesía de Rannel Báez (Azua, R.D., 1963)

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Gratísima sorpresa ha constituido toparnos con un libro como Orbe Per Verso. Sin poesía, editado el 2002 en Santo Domingo, una vez que se hiciera merecedor al Premio Internacional de Poesía “Casa de Teatro” de aquel año. Poemario/ Manifiesto, se divide en cinco “Órbitas”, cada una de las cuales va como sigue: I: Movimiento de rotulación, II: Movimiento de aliteración, III: Movimiento de secreción, IV: Movimiento de translación y V: Movimiento de perversión; todo un viaje. Sin embargo, ninguna de estas partes distingue otro tenor que no sea el de una “Arte poética”; es decir, todo este poemario es, aunque matizado mínimamente en cada “Movimiento”, un extenso metapoema. Poeta cerebral y patafísico, paradójico y paródico, con un don extraordinario para la caricatura y dueño de un humor desopilante. Heredero de Huidobro, Oliverio Girondo, Macedonio Fernández, Borges, en tanto meta-poeta y “órbico”; y de Nicanor Parra o su antecesor, César Vallejo, por lo antipoeta; de esto último viene, entonces, aquello de Sin poesía:

“Cuando la noche se derrite con la luna metida en una oreja hay
un pecador debajo de la sábana y otro pesca el pecado con una
pata de cabra y la necesidad de robarse la madrugada en un saco
para venderla por un peso de “barriga ´jarta´ y corazón contento”
al primer usurero de complicidad robarse el sueño del vecino por
una sardina y un pedacito de cárcel de su mismo tamaño Así
amanece distinto y del mismo color y la mañana es una gárgola
promiscua surtida de moralejas y sinsabores
pero al amanecer se han quemado las rutinas del cadalso y la
poesía tiene su propio sol entre los ojos”

Es probable que algunos otros sean los méritos y subtemas de Orbe Per Verso; y algunas otras también sus debilidades, sobre todo en lo que toca a cierto exceso verbal –incluso si efectuamos un viaje intergalaláctico– y exhibición también, gratuita o naive, de ciertas fuentes u homenajes. Pero queremos reiterar que Rannel Báez enriquece de modo oportuno y necesario la poesía dominicana de estos días; como Alexis Gómez-Rosa o como Armando Almánzar Botello, la descentra, la hace más ambiciosa en sus alcances y –enhoramala para la “poesía del pensar”– la hace saludablemente más impura.

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Copé Internacional de Poesía 2007: por una lúcida amnesia

Si abordamos los trabajos ganadores del premio Copé de este año, como si fueran todos parte de una única antología, podemos percatarnos de algunas sugestivas coincidencias. Entre éstas, quizá la fundamental, es que estos poemas ejercitan una suerte de anmnesia generalizada; no en pos de negar la memoria, sino más bien –tal como precisa Nicomedes Suárez– de expandir la conciencia. Aquellos trabajos premiados habríanse propuesto , por lo tanto, despolitizar lo que resulta aparentemente político y politizar lo que supuestamente no lo es; entre esto último, las marcas de megalomanía o autoritarismo del yo poético en su comercio con el desocupado lector. Es precisamente esta aguda conciencia lo que lleva, por ejemplo a Rocío Castro en su Zoo a través del cristal, a limar sistemáticamente las aristas de asomo de cualquier texto tutor; de cualquier exabrupto que pueda hechar por tierra la frágil pátina por donde mira. Objetividad, imparcilaidad y mesura no contradicen sino, por el contario, afinan y matizan una mejor calidad en la observación y, acaso, subsecuentes mejores compromiso y liderazgo para hacer de este mundo algo mejor.

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“Nostalgias imperiales” de César Vallejo

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Tal como leemos en el último terceto del último de los cuatro sonetos que forman «Nostalgias imperiales» —«La niebla hila una venda al cerro lila/ que en ensueños milenarios se enmuralla,/ como un huaco gigante que vigila»—, el pasado incaico permanece en el presente. Mas ¿qué es exactamente un huaco en Los heraldos negros? Para intentar responder a esta pregunta tenemos que remitimos a otro poema de «Nostalgias imperiales», precisamente al que lleva por título «Huaco»:

Yo soy el coraquenque ciego
que mira por la lente de una llaga,
y que atado está al Globo,
como a un huaco estupendo que girara.

Yo soy el llama, a quien tan sólo alcanza 5
la necedad hostil a trasquilar
volutas de clarín,
volutas de clarín brillantes de asco
y bronceadas de un viejo yaraví.

Soy el pichón de cóndor desplumado 10
por latino arcabuz,
y a flor de humanidad floto en los Andes,
como un perenne Lázaro de luz.

Yo soy la gracia incaica que se roe
en áureos coricanchas bautizados 15
de fosfatos de error y de cicuta.
A veces en mis piedras se encabritan
los nervios rotos de un extinto puma.

Un fermento de Sol;
¡levadura de sombra y corazón!

Aquí nos percatamos de que los dos versos finales nos ilustran, a manera de respuesta, del modo siguiente: «Un fermento de Sol;/ ¡levadura de sombra y corazón!» (vv. 19-20), con la salvedad de que el yo poético, ateniéndonos a la anáfora (vv. 1, 5, 10, 14), también está tácitamente incluido en esta especie de síntesis temática: «[Yo soy] Un fermento de Sol/ ¡levadura de sombra y corazón». Es decir, tanto el «Huaco» como la persona poética son «levadura» —‘causa o motivo o influjo’ (Diccionario de la Lengua Española)— para que el «sol» aparezca o reaparezca. Si este último fuera el caso, y todo pareciera indicar que lo es —bástenos revisar una a una las estrofas anteriores, muy en particular la tercera—, (1) ambos serían «fermento» del Inkarry, del mito panandino del retorno al poder del Inca, hijo del Sol que yace por ahora vencido y enterrado: «nervios rotos de un extinto puma» (v. 18), y plena vigencia —salida también al exterior en todo su esplendor— de la cultura preeuropea. Mito que implica, entonces, una idea de cambio radical o pachacuti y que, en su concepción misma, encarna una reivindicación cultural y anhelo de justicia social para el pueblo perdedor o conquistado, en este caso, el incaico frente al español. Nunca mejor ubicado o autodefinido, el yo poético es, entonces, en estos poemas de «Nostalgias imperiales», fundamentalmente un ser solar. Esto sin descuidar el dato de que en «Huaco» el yo poético es de «piedra» (v. 17), característica que será fundamental tomar en cuenta para adentrarnos sobre todo en la poesía póstuma de César Vallejo.

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Sobre Elogio de otra vana invención de Carlos Eduardo Quenaya

Macizos renglones cual ramas llenas de un invierno benevolente. Invierno iluminado de otra latitud: nieve silente, ardillas alertas y hondas huellas del que se anima a aproximársele. Carlos Eduardo Quenaya (veinticuatro años) no escribe de antemano como peruano y ese es su primer y gran acierto, un peruano de utilería –progresista o reaccionaria– nos referimos; y más bien lo hace como un ser de otro planeta que, sólo por principio de analogía, está próximo a nosotros. Hace tiempo que no percibo entre los jóvenes poetas tal independencia de carácter y, por lo tanto, tal promesa de estilo. Y tan hondo e íntimo fervor por la poesía. Y tanto apetito por aprender. Que son quizá las marcas típicas del corredor de fondo en la literatura. Corredores, y no tramitadores ni saltimbanquis, de los que estamos ávidos por aquí. A cada última generación le corresponde, en hora buena, descreer absolutamente de todo; pero sólo a algunos se les concede andar solos hasta el final y encontrar sentido incluso al absurdo, incluso a la muerte. Incluso a la reiterada sensación de que ya se acabó la poesía y nos debemos resignar a lo políticamente correcto o al mercado. Este primer poemario de Quenaya actúa como un inesperado conjuro frente a todo aquello.

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