
La recepción de la poesía peruana y su producción crítica raras veces se decide en la densidad del texto, en la física del lenguaje o en la autonomía de sus propuestas. Se juega, casi siempre, en la administración geopolítica de las instituciones y en la consolidación de liderazgos glocales. El reciente fallecimiento de José Antonio Mazzotti deja al descubierto la arquitectura de uno de los monopolios intelectuales más eficaces de las últimas décadas: aquel que supo copar, desde la academia norteamericana y la Asociación Internacional de Peruanistas, prácticamente todas las aduanas de legitimación en el Perú.
Mazzotti articuló una red de complicidades y alianzas estratégicas de largo alcance:
- El puente UNMSM–PUCP–EE. UU.: Formado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, continuó con refinada astucia el modelo de padrinazgo de Antonio Cornejo Polar. Desde su posición en la academia estadounidense, influyó de manera determinante en los espacios de posgrado del medio local —incluyendo la maestría de la PUCP a través de interlocutores clave—, asegurando un flujo constante de validación recíproca.
- La capitalización de la rebeldía (Kloaka): Supo posicionarse como el «simpatizante estratégico» y organizador logístico del grupo Kloaka desde los años 80, convirtiendo el prestigio de la marginalidad en un activo rentable para congresos, antologías y vitrinas internacionales.
- El control de las aduanas críticas: A través del periodismo local en sus inicios, la toma de la Cátedra Vallejo, la dirección de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana (RCLL) y la creación de la propia Asociación Internacional de Peruanistas (AIP), erigió una garita de peaje por la que debía transitar cualquiera que pretendiera circulación o reconocimiento en el canon.
Abierta la vacancia de ese feudo, asistimos de inmediato a la disputa por el liderazgo y a los inevitables rituales de sucesión.
El inminente homenaje académico en el Auditorio José A. Russo Delgado de la Facultad de Letras de la UNMSM —articulado alrededor de la publicación de su libro La llaga colonial: ensayos para una nueva filología transatlántica (Iberoamericana/Vervuert, 2026)— expone con claridad el intento de la facción transatlántica por reclamar la herencia. La mesa integrada por Enrique Cortez (editor del volumen), Christian Fernández, Marie Elise Escalante y Marcel Velázquez no es únicamente un espacio de recordación: es el protocolo mediante el cual un sector busca tomar la posta del capital simbólico, las redes de influencia y la tutela sobre la historiografía poética del país.
Mientras la academia metropolitana y sus sucursales insisten en catalogar la creación bajo moldes paternalistas de fragmentación o clientelaje, las cúpulas locales se disputan el control de los tronos. Frente a la repartición de investiduras y el perpetuo cultivo de las complicidades de grupo, la única alternativa soberana sigue siendo la misma: desmantelar el simulacro institucional y devolverle a la poesía su verdadera fuerza de gravedad, su rigor y su autonomía inmanente.
Pedro Granados, 2026
