EL SENO DE MONTALBETTI: LA CLAUSURA DEL SIGNO Y LA POLITIZACIÓN DE GABINETE

La declaración de Mario Montalbetti —«El poema no miente porque arma sus propias normas, una lógica en el seno del lenguaje, no de lo real»— condensa con precisión quirúrgica el proyecto de la escolástica lingüística y expone la fisura insalvable que la separa de una poética situada, territorial y encarnada.

En primer lugar, al decretar que la lógica del poema pertenece al «seno del lenguaje» y no a lo real, Montalbetti sanciona la clausura autonómica del signo. La poesía deja de ser un acontecimiento de la carne, un contacto visceral con el barro, la orfandad o la tierra, para convertirse en una ingeniería de reglas internas: un laboratorio higiénico donde las palabras solo conversan con otras palabras. Es la fe mallarmeana en su versión contemporánea más depurada, donde el mundo físico queda suspendido e inmunizado al otro lado de la página.

En segundo lugar, al equiparar la crisis de la representación lingüística con la imposibilidad de la representación política, esta postura ejecuta un movimiento desmovilizador. Al asumir que el lenguaje es incapaz de nombrar lo real, la experiencia del territorio y del cuerpo queda despojada de toda potencia testimonial o transformadora; cualquier intento de articulación situada se tacha de ingenuidad o de ilusión retórica. La resistencia que propone esta vertiente es de carácter estrictamente semiótico: la destrucción del poder no ocurre en el conflicto social ni en la masa crítica de la historia, sino en el sabotaje formal del sentido dentro del texto.

En última instancia, esta cita confirma el diagnóstico central sobre la institución literaria peruana. Montalbetti ofrece una política de gabinete: una insurgencia «limpia» y metalingüística que no arriesga la piel ni se mancha las manos. Frente a esta poética del encierro gramatical, la lección vallejiana y el pensamiento simétrico recuerdan que la palabra no se agota en la especulación de sus propias normas, sino en la fuerza inmanente con que se sostiene, contra la pared y sin amparo, únicamente con los dientes. P.G

 

 

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