15/06/25: PRESENTACIÓN DE INKARRÍ (Diálogo con Hugo Aguirre)
Inkarrí/ Hugo Aguirre Castañeda
Pedro granados es muchas voces, lo habita una pluralidad que dialoga. En ese espacio de interacción él se dice cosas que le dicen a él mismo, y su poesía tiene esos ecos que van rebotando entre versos por la vida
Se poesía es un ejercicio pertinaz de “deconstrucción” hacia dentro y fuera, una batalla en la que los vencedores son quienes tienen la voz que él les da, y con quienes orquesta una serie de piezas musicales, rítmicas, temáticas, en las que renace con sus elencos en los que está el mar, otros poetas, mitos o narraciones fundacionales, artes poéticas infiltradas en una actividad creativa que es siempre un descubrimiento del poeta (de sus intenciones creativas, de su mirada, de los diversos paisajes vitales y oníricos que configura con sus palabras).
Como lector uno espera quizás un guía y obtiene un mapa, una brújula, una especie de entidad que nos va llevando por el libro como si transitáramos una respiración agitada que desanda cuestas y llanuras.
Inkarrí, el libro de Pedro del 2024 es una revelación y una joya sobre la que vamos a conversar ahora.
13/06/25: UN POETA DE NOSOTROS, ENTRE NOSOTROS
Edney Cielici Dias*/ Traducción: Amálio Pinheiro
¡Alejandro Abdul vive! Y todos los días, hecho broma, sangra su caudalosa sangre de grosella.
Si, Alexander Abdol es un lord del Paraná en su cruzada mensual de quitar boletos. Fisiológicamente se compone de carne y hueso contrabandeados, pero su vida trivial es lavada todos los días por las cataratas del Iguazú.
No busque entenderlo, pues Alexandro Abdil jamás quiso “escribir derecho”, pero si escalar carrera y fama universal en la babel de la multifrontera Argentina-Brasil-Paraguay-Perú-Beirut-malditas-sean.
Abdul, Abdol, Abdil, Abdel son, bajo una otra perspectiva, los vocativos del vudú-santería en contra de la cursería casi-que-generalizada de una poesía que se lleva en serio. Evoca Abdul y: — ¡Nada de dolores en los cuernos intelectualizados! Clama Abdil y: — ¡Basta con folklores postizos! Repite tres veces Abdel y: — ¡Escribe en paz y sin meta!
Abdul es poeta de uso comunitario. Un poeta de nosotros, una invitación a crear. Y otros tantos poetas colectivos son posibles. ¿De paso, acaso hay poesía que no sea colectiva? Y así, nuestro queridísimo poeta-profesor Pedro Granados, vallejiano de cátedra popular, puede desencaminar muy bien sus pupilos de creación poética. Hecho: poesía es descamino más que camino. Se trata, casi siempre, de deseducar miradas condicionadas.
Se ha dicho ya que mejor sería para el poeta no tener nombre… pues poesía, lengua fundente, brota de las honduras del inconsciente colectivo a través de la superficie consciente de algún yo. ¿Pero de quién es la lengua y su legado? ¿Es de un sensitivo que asalta el patrimonio común y dice que la cosa es suya? ¡Agarra el ladrón! La poesía es de quién la hace, de quién la lee, de quién la comparte, de quién la ignora. ¡Que viva la homeríada innominable y gozosa oh estruendo mudo! Y nótelo, la puta de la poesía es también la prosa. Y la novedad también es glosa. La lengua, uno la presta, al diablo y todo.
Del bloque impopular de los anticuados de vanguardia: que la escrita de creación sea escrita plena, que la lectura de creación sea lectura absoluta. Que la literatura aleje todos los mohos y diga generosamente a que vino. ¡Que toda llanura sea castigada!
En este año en el cual la obra de Oswald de Andrade pasó al dominio público, los monumentos a la mesmedad tendrían que ser cubiertos con chantillí para que los relamidos y lambones los lamieron. Alexandre Abdul está entre los prometedores descaminos. ¡Adelante! ¡Saravá!
08/06/25: Ocúpate de la poesía o la poesía se ocupará de ti
Ya que hasta ahora no la encuentro en la Web, parece que soy el autor de esta frase: “Ocúpate de la poesía o la poesía se ocupará de ti”; por favor, desmiéntanme . En todo caso, se halla en un juego paradójico y paródico con aquella otra y tan socorrida desde los años 60 en toda LATAM: “Ocúpate de la política…”.
Recurro, entonces, a la IA (Gemini) y me responde: “Espero que esta reflexión haga justicia a la profundidad de la frase que compartiste. La poesía siempre está esperando, ya sea con los brazos abiertos o con la fuerza de una marea”.
Y la IA añade:
06/06/25: Presentación / Book Launch Event: Amerindios / Amerindians
03/06/25: “En la azotea”: Martín Adán amerindio
Si tuviera un libro de crítica que recomendar, entre todos los que he escrito, sería este; aunque su acceso, quizá sólo por ahora, sea necesariamente vía Amazon.
Para la lectura de La casa de cartón ya se han identificado y diferenciado tres motivos: rosa y piedra: “El ámbito de la rosa: los áridos y helados páramos del pensamiento y de la abstracción donde los objetos son presencias que hacen sufrir con su lucidez. El ámbito de la piedra: las alturas de Machu Picchu, la tentación del abismo […] ahí donde los objetos no son sino son tangibles, donde la vida se vuelve piedra porque la vida es tacto” (Aguilar Mora 68-69). Y el motivo del agua o mar: “El mar es uno de los elementos empleados con mayor frecuencia en la obra. Participa como elemento natural como elemento personificado y como espacio. El mar tiene todas las características de un actante, es descrito y expuesto en sus acciones” (Casule 91). Sin embargo, al motivo del Sol, tan recurrente asimismo en La casa de cartón, la crítica no lo ha atendido o lo ha hecho sólo de modo tangencial u oscilante (Chocano). Invierno/verano, tramonto, seis de la tarde, oro rojizo, oro creciente, calor, posmediodía, resolana, helioterapia, luz del filo de la acera, entre otros muchos testimonios de aquella poderosa red; y sin de ningún modo agotar el sustantivo o sinónimos u otras palabras derivadas o anagramáticas (ejemplo, los recurrentes “soltero” o “solterona”). Lo que hoy postulamos es que Martín Adán, por lo menos en su libro de 1928, aunque podríamos rastrearlo perfectamente hasta Diario de poeta (1973), también se orientó hacia el “Vallejo + Barroco: Varrojo” (Granados 2022). Es decir, no sólo identificamos el motivo del Sol y explicamos su compleja y decisiva red aquí presente; sino, desde una mirada simétrica (y no menos vallejiana), percibirlo como aquel motivo que estructura la obra y devela u otorga sentido a la identidad amerindia del propio narrador-personaje (frente a “Ramón”). Motivo solar, su demostración queda pendiente, asimismo gravitante en toda la producción literaria posterior de Martín Adán. P.G.
30/05/25: Once titular, 3er y último llamado
Como puede suponerse, esta página de Facebook ( https://web.facebook.com/profile.php?id=61557058671859) fue abierta o reactivada para hacer conocer y, esperamos, luego difundir una antología in progress, “Once titular: Poetas peruanos siglo XXI”; la misma que saldrá en unos pocos meses bajo VASINFIN y será distribuida a través de Amazon.
El concepto que sustenta nuestra selección se halla sucintamente expuesto en el video César Vallejo: “Cuadrúpedo intensivo” (más abajo); aquello de escribir, tal como en el caso de la poesía de César Vallejo, aunque no igual que él, integrando el mayor número posible de nociones de las Humanidades. Nos proponemos algo distinto a evaluar plataformas, riqueza de canon o estilos; antes que la factura o el empaque de los textos, nos interesa identificar y antologar sensibilidades. La poesía rezuma al lenguaje empleado, como diría nuestro finado hermano Germán (obrero y poeta), constituye su “humito”. Once titular: Poetas peruanos siglo XXI, la elabora un único individuo, un tal Pedro Granados, por lo tanto todos los acuerdos y desacuerdos que pueda esta antología posteriormente suscitar, desde ya, los asume íntegramente aquél; es decir, ni grupos ni consorcios. Son bienvenidos poetas impresionistas, analíticos, venecianos o místicos, y de otros distintos pelajes, que hayan publicado su primer poemario en lo que va de este siglo. Nos hallamos en pleno proceso de lectura, probablemente de lo más conocido, pero siempre queda gran margen por explorar. En este sentido, convocamos a los autores interesados en que leamos sus textos a escribirnos a este correo: vasinfin@gmail.com
Pedro Granados
11/05/25: Celeste del Carpio Bramsen: Arcos metropolitanos
Celeste del Carpio Bramsen (Lima, 1997), Arcos metropolitanos (Lima: Personaje secundario, 2024).
La autora vive en Dinamarca desde el 2004. Poeta encantada. Libro que de inicio a fin sostiene su nivel. ¿Cuál es éste? Hacer de este mundo cruel un paisaje de chocolate al cual inmediatamente devoramos, tan ansiosos como estamos de comer poesía y no únicamente escuchar quejas, frustraciones, tentaciones de ensimismamiento y, en general, al “pantano del mí”. Ni, tampoco, claudicaciones a la escritura: nuestros esfuerzos en la materia constituyen inevitable palimpsesto, atravesamos en poesía una inevitable edad de hierro. Por el contrario, todo se halla, en este extra-ordinario primer poemario de Celeste del Carpio Bramsen, vivo y convocante y como recién nacido; y el medio por el que se interactúa aquí con el lector son los sentidos o, tal como en César Vallejo, el pensamiento convertido de antemano en tacto: el guante del lenguaje dado vuelta. Uno se pregunta, este envejecido poeta indaga, ¿en qué fuente abrevó la poeta toda la naturaleza –“y cada uno de sus granos de arena”– de un solo sorbo y para siempre? No sólo es el ritmo asordinado del diálogo y de la cuita (con un ser un tanto indeterminado), ni las palabras que por lo general (Saussure, más radical, diría siempre) se hilvanan una detrás de otra sobre un espacio abstracto y más bien soso. No. En Arcos metropolitanos o arcos iris (celebradas bandas de color nunca solitarias) transversales al campo o a la ciudad, las palabras no se distinguen de la respiración ni ésta del paisaje. Lenguaje acompañado. Sujeto del lenguaje en compañía. Contra los versos concebidos apriorísticamente –tesis, ética, compromiso– aquí, por el contrario, surgen al compás de la poesía. ¿Y qué dicen? Absolutamente nada porque, más bien, nos reconstruyen desde el cuerpo, la mirada y la naturaleza. Versos que toman al lector cual si fuera un abandonado cubo mágico y, muy físicamente, retoman la labor; ordenan lo desordenado o desordenan lo demasiado ordenado. Lo que quieran decirnos resulta excesivo e incluso acaso obsceno: concederle una vanidad más a nuestra inteligencia pro occidental. ¿”Cómo cosa así vacía” (Martín Adán dixit)? Por la radical confianza en la poesía y la pasmosa experiencia del sentido (mayor y mejor que el cogito), las cuales de ningún modo debemos tomar por ingenuidad: “La verdad está de nuestro lado/ pues nada es más auténtico que lo que se desmorona”. Confianza y experiencia, ambas, honran este poemario y lo tornan un auténtico acontecimiento tanto de la reciente literatura peruana como también de la poesía danesa (Søren Ulrik Thomsen o Inger Christensen). Se constata lo más potente de las dos literaturas, su vocación multinaturalista o posantropocéntrica; en una sencilla frase, aquello de hallarse volcadas a la naturaleza. P.G.
Después de ver Jag Ar Nyfiken (1967)
Un poema documental, donde no haya
lugar para el por qué y el cómo; que la realidad
nos cuente una historia de la misma forma
como cruzamos un río (“5”)
Un viejo afiche de supermercado parasitando el muro
de nuestra habitación. Todo lo demás en mí es visionario (“15”)
La cama que no responde por los cuerpos que albergó
me restituye el sordo embate de lo autobiográfico (“35”)
08/05/25: Pedro J. Granados Facebook
05/05/25: La idea era irnos aún niños/ Oliver Glave
“imágenes de brunei”
Nos sentamos a beber un café bajo el sol de pleno invierno
Sin recelos, ni hambreados.
Apenas terraplenes y vientos a la luz de las calles
en serena conmoción.
Me dijiste que te ibas,
que lo dejabas todo por una promesa hecha a ti misma.
Conozco el adiós;
es caminar a tu lado.
Pero un hosco recelo desgasta hasta reventar aquel fértil globo.
Sí, arrastra con ciegas manos mi corazón, hasta ya no poder.
Días han pasado sin saber de ti. Días que parecen la distancia
entre el carácter y su desolación.
Oliver Glave, La idea era irnos aún niños (Lima: ESTRUENDOMUDO, 2008)
Más controlada y dosificada la melancolía –reticente, tal como recomendara para el arte de la poesía José Watanabe– hallamos en este su segundo poemario a Oliver Glave. El tinglado de sus versos rescata, intenta tornar a la vida, una serie de amores desfallecientes, fantasmáticos. Tal como en Eguren, escribe a pesar de que su poesía aparece tomada por cráteres, materia oscura, que tiende a apropiarse de todo. Entonces, pues, no son el amor y el erotismo, sus motivos; sino, más bien, el pliegue de aquello: el desamor, la impalpabilidad de esa experiencia o la discreta –solitaria– ironía. Lo recuerdo mate, con la opacidad que él deseara, en el taller de poesía que tuviera a mi cargo hace ya algunos años en la Católica y del que han seguido cultivando sus propios versos, entre otros, poetas como Roberto Zariquey y Manuel Fernández. P.G.








