Archivo de la categoría: Ensayo

Ensayo

La poesía de León Félix Batista (Santo Domingo, 1964)

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Luego de citar media docena de teóricos postmodernos, Néstor E. Rodríguez se anima a sintetizar lo siguiente sobre la poesía de León Félix Batista: “Evidentemente, en Crónico la persistencia de lo real es una frontera que precisa ser superada de forma constante; a fin de cuentas de ello depende el efecto poético de textos en los que el exceso, lo abyecto y lo escatológico devienen material artístico” (2007); algo similar, aunque mucho más económico en las fuentes, hace Reynaldo Jiménez en el epílogo de la edición argentina de este mismo libro: “Una sacralidad no fija aquí argumentos ni mutila el fuerte impulso celebratorio del sentir. Sacralidad de los flujos. La experiencia que anima esta poesía es de aquellas que, en vez de afirmar el concepto (imperial) de posesión, explayan la sed. De ser en vida” (106).

Persuasivo enfoque el de ambos críticos-poetas; aunque habría que añadir que –ya sea ante la inviolabilidad de la frontera o contra la férrea dictadura del concepto– sólo cabría al poeta urdir tramas y no saberse de antemano la moraleja. Es decir, y el lector atento lo reconoce enseguida, un poeta debe escribir como un poeta y no como un período (Borges hablándonos sobre Los mitos griegos de Robert Graves); en este caso, pareciera ser el del neobarroco/so que, por sus muchos representantes en el ámbito hispano, pareciera haberse constituido como tal (1). Precisamente cuando León Félix Batista escribe como poeta, acierta; y asimismo lo hace en su labor de crítico (2). No así cuando se convierte en seguidor incondicional de aquel estilo. Del primer caso, existen muchos ejemplos concretos en Crónico: “Brotan tintes desde el vértice sujeto a ex-/ ploración. Hender los pergaminos libera/ algo del mar: inútil desbandada sujeta al/ mismo espacio. Qué material es éste (que/ se aproxima inmundo) proyectando mor-/ tandad y derrame al embestir. Por que/ repto hasta el implante si sobrenado en/ nata; qué haré con dilatar irredimibles/ vías muertas. El hábil membranar, del/ que rebosan cerdas, al fin produce un cu-/ mulo, astringencias en la tráquea: sin pre-/ verlo se desgastan mis músculos de man-/ do, llevándome a la boca material incan-/ descente” (“Sissy´s velvety toolbox”).

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El libro para Armando Almánzar Botello, pasmoso erudito del presente

Carta del cyborg

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Libro y herencia cultural

Dijo memorablemente el poeta en la jubilosa soledad de sus estudios:

“Retirado en la paz de estos desiertos,
Con pocos, pero doctos libros juntos,
Vivo en conversación con los difuntos.
Y escucho con mis ojos a los muertos”.

En este primer cuarteto de aquel soneto entrañable escrito por el gran poeta español Francisco de Quevedo y Villegas, se tocan lúcidamente diversas aristas cortantes, a nuestro entender esenciales, de la relación entre el sujeto del deseo lector y el objeto libro, entendido éste como dispositivo de goce o máquina sutil y numinosa de revelación espiritual. En primer lugar se mencionan la soledad y el retiro, casi similares a la mística ausencia de los monjes de La Tebaida; la paz desértica del alma, la tensa concentración y el necesario recogimiento para establecer con el libro, como espejo de un agua mental privilegiada, un vínculo convincente de real y fértil ahondamiento estético y cognitivo. Retirado en la paz de estos desiertos…

En el segundo verso, que dice, Con pocos pero doctos libros juntos, el poeta define la dimensión cualitativa de la cultura excelsa, genuina y trascendente. Aquí se valora el carácter selecto y singular de los libros necesarios. En el mundo contingente de los muchos, y a veces demasiados libros, como dice el escritor Gabriel Zaid, no son todas las escrituras las que podemos o debamos leer y degustar. Somos lectores mortales limitados en el tiempo, aunque nuestra voraz pasión bibliofilita quisiera leer y descifrarlo todo en su ingenua vocación de orgullosa infinitud.

Paso ahora al tercer verso del soneto: Vivo en conversación con los difuntos. En el mismo, el genial bardo de España nos sugiere lo que el filósofo francés recientemente fallecido, Jacques Derrida, denomina: la dimensión fantasmática de la herencia cultural, el espesor espectral y dialógico del pasado. Es decir que, a través del libro como prótesis y tamiz de la memoria, dialogamos selectivamente con los valores de la tradición y abrimos, en los surcos mismos de lo heredado, la posibilidad de un devenir creador de nuevas formas, la inédita historicidad de los sujetos, nuevos modos de percibir y comprender el mundo.

En el verso final del primer cuarteto del poema, Y escucho con mis ojos a los muertos, Quevedo nos habla de una escucha singular del acontecimiento. Aquí, el gran poeta parece aludir a la experiencia audible del ser que permanece en el acto mismo de su disolución y borradura. Fluida permanencia en el espacio de la página, donde el ojo, subordinado a la recepción de la palabra esencial, abandona su papel de ocultamiento de la mirada originaria: aquella que permite la co-apropiación y el diálogo misterioso y creador entre el hombre y lo innombrable, la memoria histórica de una huella anterior a la palabra y la escritura en la fuga abismal y promisoria de lo Abierto.

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Aproximaciones a la poesía dominicana 1981 – 2008

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Nuestro título alude a Aproximaciones a la literatura dominicana 1981-2008, volumen consecutivo a un primero que estudia los años de 1930 a 1980, recientemente publicado por el Banco Central de la República Dominicana y cuya edición ha estado a cargo de Rei Berroa (en 1988, para la Revista Iberoamericana, dirigió el número especial dedicado a la literatura de su país); es decir, se trata de una reseña circunscrita al apartado “Poéticas de los lectores: la crítica frente a la obra” que, a su vez, consta de cinco artículos en el orden siguiente:

Rei Berroa, Desideologización y lenguaje poético en la obra de José Mármol
Rei Berroa, Eros/ Thanatos y otras parejas conceptuales en la poesía de Martha Rivera
Plinio Chahín, Generación de los 80: Una poética propia
Pedro Granados, El Taller literario César Vallejo
José Manuel Batista, Nueva York en dos poetas: Alexis Gómez Rosa y Pedro Antonio Valdéz

En general, los tres primeros artículos se circunscriben a la generación de los 80 o de los “poetas del pensar”, mientras que los otros dos restantes acercan el panoramaa hasta los poetas de los 90-2000; uno de estos artículos directamente, el firmado por Pedro Granados, que denomina de modo tentativo a esta última generación como “neo-testimonial” (Juan Dicent, Homero Pumarol, Rita Indiana Hernández, etc.); el último de los artículos, indirectamente, a través de la conexión que, a partir de la lectura del artículo de José Manuel Batista, se puede establecer entre la poesía de Alexis Gómez-Rosa y, precisamente, la de los los poetas neo-testimoniales.

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La poesía en Colombia ha dejado de existir/ Harold Alvarado Tenorio

http://www.arquitrave.com/periodico/periodico_poesia_colombiana_2007.html
José Manuel Arango [1937-2002]

El triunfo del narcotráfico y la escalada de la guerra civil entre guerrillas y paramilitares ofreció a un sector de la inteligencia colombiana la oportunidad de entrar en escena con beneficios y resultados que nunca se habían conocido. En los primeros años ochentas se crearon La Casa de Poesía Silva y El Festival de Poesía de Medellín, dos de las instituciones que hicieron de la poesía el más grande espectáculo de nuestro tiempo. Filmes, videos, seriales de televisión, grabaciones, lecturas públicas, seminarios, todo ha servido para prorratearse los presupuestos municipales y de los ministerios. En ningún otro país del mundo ha servido la poesía tanto a los políticos de la guerra en su ejercicio del poder. Y como nunca antes, la inopia de la poesía ha escalado hasta las profundidades de la ignorancia y ordinariez. Instrumentalizada y pervertida como oficio y como forma de vida, la poesía, sea colombiana o no, en Colombia ha desaparecido y no parece dar señales de vida en un futuro inmediato. Porque como nunca antes, distritos y gabinetes, secretarias de cultura y empresarios del capital han invertido desmedidas sumas de dinero para hacer brillar la lirica como una joya más de la pasarela y del entretenimiento contemporáneo. Los poetas colombianos crecen ahora como palmas y desaparecen como cocos, según el criterio del manipulador de turno, d´habitude poeta él mismo. Hoy son más de medio centenar de vates vivos y muertos los que ostentan en sus faltriqueras más de un laurel del erario público, pero nadie, literalmente, nadie, recuerda sus nombres ni lee sus versos.

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Sobre poesia puertorriqueña reciente

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Por otro lado, pasando quizá al plato fuerte de esta muestra que corresponde a la poesía de Puerto Rico (1), creemos es un acierto lo que apunta Angel Rosa Vélez en su correspondiente nota introductoria (la otra corresponde a Carlos Roberto Gómez Beras, tal como habíamos mencionado un poco más arriba); aquí, en acertada síntesis, aquel crítico nos ilustra: “Escribir en este hoy que inicia el nuevo siglo, cargando todavía la locura del siglo veinte bien cerca de las orejas, sintiendo el peso de su montura bélica, demonizando lo extraño, sacralizando las apariencias, virtualizando frivolidades y escuchando sus voces como rebote suicida, es para estos jóvenes poetas demostrar que la experiencia de la vida supera a todas las demás. Y en esta gesta de documentar su vida no intentan cambiar el mundo que heredaron, el esfuerzo es otro: saberse vivos y sin arrepentimientos revelar su condición humana” (173-4), y añade el mismo crítico puertorriqueño: “Sus hazañas y contradicciones no son las del héroe, pero revelan la condición de lo que son y lo que han sido, nunca de lo que serán. Porque lo más extraño es explicar la vida que no se ha vivido, lo más certero, mirar el pasado y lo más trágico enfrentar el presente de todos. Es la tragedia que nos acerca a Cuba y a República Dominicana en un mismo éxodo, una diáspora antillana que nos hermana en el misterio del decir humano, del decir de lo otro, lo insólito, la otra inspiración” (175). Y, efectivamente, lo que distingue de inmediato a estos poetas puertorriqueños es el diálogo, en sus textos, con la problemática antillana en general y con el éxodo masivo de su vecina, la República Dominicana, en particular. Es decir, por ejemplo a diferencia de sus colegas cubanos, huyen del esencialismo y, por tanto, de toda melancolía; su identidad -lo saben muy bien- está en proceso, no es ningún secreto a desentrañar, como en este extraordinario poema de Rafael Acevedo (1960):

1. Un cangrejo trae un trabalenguas,
seis voces profundas y un círculo anegado
pegado a su palanca.
Nadie dirá que sus ojos tienen sueño
porque mira como un maestro de azúcar,
nadie dirá que tiene hambre, que está amargado
por su posibilidad de convertirse en relleno de fritanga,
nadie dirá que su cara azul de fin de siglo es un enigma”
(“Los animales de la palabra”).

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Análisis de “España, aparta de mí este cáliz”

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Niños del mundo
si cae España —digo, es un decir—
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos lágrimas terrestes;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!
¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra madre con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!
¡Si cae —digo, es un decir— si cae
España, de la tierra para abajo,
Niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!
Niños,
hijos de los guerreros, entre tanto,
bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que está
con su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera hablando y habla y habla,
la calavera, aquélla de la trenza,
la calavera, aquélla de la vida!
¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es de noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestes,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae —digo, es un decir—
salid, niños del mundo; id a buscarla!…

Para empezar, el poema XV es una composición circular. La frase preposicional del primer verso («Niños del mundo») está incluida en el último verso: «salid, niños del mundo; id a buscarla…!». En realidad, el sustantivo «niños», solo o integrando aquella frase preposicional, está situado sistemáticamente —de modo explícito o implícito—en todo este poema. Lo que de antemano deseamos recalcar es que aquellos son «niños del mundo» o «hijos de los guerreros» (v. 28), y no los auténticos de la «madre España» todavía. Es decir, son desde ya —y más aún si «cae España»— huérfanos de una «madre» a la que un padre —virtual viudo— tiene irremediablemente que sustituir. Estos papeles, o cambios de papeles en este poema polifónico, se expresan precisamente a través de las diversas voces puestas en juego en el texto.

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Análisis de Trilce XIV

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Cual mi explicación.
Esto me lacera de tempranía.
Esa manera de caminar por los trapecios.
Esos corajosos brutos como postizos.
Esa goma que pega el azogue al adentro.
Esas posaderas sentadas para arriba.
Ese no puede ser, sido.
Absurdo.
Demencia.
Pero he venido de Trujillo a Lima.
Pero gano un sueldo de cinco soles.

Este esquema que vamos esbozando —la relación motivada entre los números y el mar en Trilce— asimismo ilumina, creemos, textos «difíciles» al interior del libro y que, en apariencia, no tienen ninguna relación con el agua o el mar. Así, por ejemplo, el poema XIV, que según Alberto Escobar «debe ser visto como un poema clave, si no del libro entero, sí cuando menos para iluminar la actitud del yo» (citado en Ortega 1991: 91). Son 11 versos libres dispuestos a la manera de cuatro estrofas, la primera y la última formada cada una por dos versos divididos por un espacio simple; las otras dos estrofas constan de tres (vv. 3-5) y cuatro (vv. 6-9) versos respectivamente. Existen dos registros muy marcados, uno, podríamos decir, literario-abstracto y otro, coloquial-concreto. Este último se nota en la estrofa final: «Pero he venido de Trujillo a Lima./ Pero gano un sueldo de cinco soles». Ambos versos, paradójicamente, son endecasílabos. El poema concluye con el sustantivo «soles» que guarda relación, evidente, con el astro rey y con la moneda oficial peruana (desde hace unos años, nuevos soles). Veremos, enseguida, que la primera estrofa tiene también una implicación solar y, sobre todo, cada uno de los versos que presiden las estrofas segunda (v. 3) y tercera (v. 6). De antemano, podríamos decir que en este poema, muy semejante al LXIX, están presentes —como veremos— el mar y el sol simultáneamente, con este último, aunque tácito, como elemento agente, y con un relieve o protagonismo mayor que en el poema LXIX. El sol será equivalente al Dios padre que entreveíamos en nuestro análisis del poema V.

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