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Ensayo

Marginal de una lengua que persigue su forma

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“Tavito” Vásquez (1928 – 1995)

Sin duda en una de mis vidas soy dominicano. Acicateado siempre por el deseo he barrido las calles de Santo Domingo e, igualmente goloso y anónimo, las de muchas de sus provincias. Una suerte de ir siempre a desenmascarar un hechizo, una promesa atávica, una perla relampagueante en medio de la concha más oscura. ¡Dulce! –así me lo refirió un viejo taxista de El Conde, ya hace años– es el toto de las hembras dominicanas; y así mismo lo he comprobado. Pedazos de madera de balsa sobre un mar proceloso e iluminado. Reto para jugar a las escondidas y perderse, despreocupadamente, en medio de ese bosque encantado. Incienso que se prende, sobre ese altar minúsculo, mientras a uno lo embriaga su bendito aroma. Bendecido es el encuentro con el toto dominicano, pues, la auténtica y secreta poesía local en medio de semejante enjambre, pareciera sempiterno, de poetas a la carta y a la corte. Cofre, en suma, alguna vez enterrado, y rescatado a mano –a ávidas heridas– por este memorioso y agradecidísimo filibustero.

Previa esta introducción, ineludible tratándose de cosas dominicanas, acusamos lectura de Marginal de una lengua que persigue su forma (Santo Domingo, República Dominicana: Editorial Gente, 2009) de Alexis Gómez Rosa. Poeta, en base 6, bajando con ojos bien abiertos una penumbrosa escalera. Peldaños de los recuerdos, de los reencuentros, digo, con nuestros jirones de luz y de camisas flameando ante el viento vivo del mar del Caribe. Alto es el peñasco de mira y discursiva la gruta de líquenes de la playa de Alexis Gómez Rosa; sin duda el de más virtuosa y febril digitación sobre su saxo, como “Tavito” Vásquez (El Grande). Virtuoso, pero sin el tufillo malicioso o peyorativo de no creador que, algunas veces, hacemos equivaler esta palabra. En cambio, una vez nos hemos untado Marginal, nos percatamos que la creación en Alexis es casi impersonal, y este sí que es un auténtico y extraordinario logro. Su propuesta convoca, más claro que nunca y sin los narcisismos ni las megalomanías de antes (encandilamiento con Neruda, con vida y obra) una honda herencia de historia antillana; una melaza lenta, eruptiva, como brotando de un enorme volcán que cubre sólo parcialmente la playa. Una cabeza imantada al palenque, dentro mismo del dolor; y, las otras, a una lectura bajo un lamparín a kerosene, a una conversación inolvidable, a un tabú, a una pregunta a la Esfinge. Son varias las cabezas las de esta hidra buena que es la poesía de nuestro extraordinario amigo de la Zona Colonial. Bate mayor, y de otras ligas, frente a los meros recogedores de bola en el diamante poético dominicano.

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LOS ESTUDIOS LITERARIO-CULTURALES EN AMÉRICA LATINA HOY: UNA VISIÓN COMPARATISTA

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Bajo este sugestivo título se reúnen, en esta reciente separata (Tokio: Sophia University, 2009), una serie de reseñas, editadas a manera de un ensayo no menos personal y con rigurosas notas, bajo la firma de la doctora Nina Hasegawa (mexicana de origen). El punto al rededor del cual gira el debate es el de la denominada Literatura Comparada frente a los tan en boga Cultural Studies. Para este fin, y sin ocultarnos desde el principio su voto por la primera de las perspectivas en pugna, la autora de este valioso trabajo de compilación y resumen (textos y apartados en torno a Ana del Sarto, Tomo Virk, Dorothy Figueira, Hugo Dyserink, Marcel Bataillon, Octavio Paz, Cao Shunquing y Ana Pizarro; aparte de su “Pensar el mundo de manera global: frutos de una experiencia personal”) expone de modo extraordinariamente didáctico algunas ideas no menos polémicas, respecto a dicho debate y en específico ventilando la opinión de Figueira sobre el particular, que pasamos a enumerar ahora mismo y a nuestro aire:

-El multiculturalism [estadounidense] ha sido el instrumento con que las autoridades norteamericanas han pretendido mantener un discurso de apertura a la “diversidad” durante la era de la globalización sin, de hecho, abrirse ni diversificarse en lo más mínimo.
-El multiculturalism ha sido la palabra favorita de los administradores universitarios deseosos de complacer al gobierno a cambio de beneficios.
-El multiculturalism ha sido la filosofía que ha hecho creer a un sinnúmero de jóvenes norteamericanos que era posible compartir los problemas del mundo y estudiar las culturas sin salir de casa y con sólo leer en inglés.
Ahora “el Otro” se enseña en los Departamentos de Inglés bajo el pretexto de que no hay suficientes recursos económicos para mantener Departamentos de Estudios de Área o de Literatura Extranjera. Gracias a sus tácticas agresivas, los Departamentos de Inglés han logrado apropiarse de la enseñanza de las teorías, y ahora “casi han puesto de lado la enseñanza de la literatura para ocuparse enteramente de los problemas de la identidad y de su formación, de las teorías feministas, psicoanalíticas y poscoloniales.
-El multiculturalism ha transformado el pensamiento crítico que pedía diversidad cultural para “acabar con el racismo endémico” en “una definición simplista de los fenómenos globales basada en la limitada y pobre experiencia étnica de los norteamericanos.
-El multiculturalism ha sido la “reforma liberal” que ha querido convencer al mundo entero de que bastaba con aceptar la diversidad para que las diferencias culturales y los problemas raciales se superaran como por arte de magia. (8-9)

Ahora, tanto primero la autora como nosotros después, incidimos en este perfil del multiculturalism porque, precisamente, desde este punto de vista se enfocan, por ejemplo, los Estudios Poscoloniales (niña de los ojos de los Cultural Studies); los cuales, citando Hasegawa otra vez a Figueira: “están prestándose a jugar una farsa criminal, no solo porque no liberan al Tercer Mundo de su opresión sino porque además lucran con él y lo exprimen cada vez más. (10). Respecto a este panorama de cosas, y siempre otorgando sus simpatías a la otra margen del debate, la docente de la Universidad de Sofía acaso concluiría de este modo: “Hoy en día ha quedado demostrado, gracias a los esfuerzos de Dyserink, Wolfgang Iser, Hans-Robert Gauss, Jeep Leersen y otros, que los métodos analíticos comparatistas que tan “poco científicos” parecían a Wellek [René] (en parte porque se adquirían en la práctica durante las clases, sin necesidad de manuales teóricos, con sólo promover el estudio intenso de las lenguas así como al desarrollar la sensibilidad, el espíritu crítico y la observación al máximo) son métodos de una eficiencia contundente” (15)

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Escriba sin temor: Teoría, metodología y consecuencias de un Taller de Creación Literaria (Libro en preparación)

Por Andrés Ennen
(Cristóbal “Tobi” Kanashiro)

Introducción

UNO: Las humanidades en los talleres de creación literaria

DOS: La experiencia de Cristóbal “Tobi” Kanashiro [CTK]

TRES: Entradas en el portal Web: Blog de Pedro Granados

24/ 03/ 10: Poemas/ Cristóbal Kanashiro (“El pez solar”, “El problema”, “Gatos”)

06/ 04/ 10: Otro poema de Cristóbal “Tobi” Kanashiro (“¿Nada más pasará?”)

09/ 04/ 10: El pez solar/ Talía Echevarría (Inspirado en poema homónimo de CTK)

14/04/10: Entrevista a Tobi Kanashiro/ Mariella Orquett

23/04/10: Entrevista a Tobi Kanashiro/ Mariella Orquett (continuación)

04/05/10: Embotellado/ Cristóbal ‘Tobi’ Kanashiro

21/05/10: Más de ‘Tobi’

30/05/10: ¿Últimos poemas de Tobi?

04/06/10: Cristóbal Kanashiro, la Internet y yo/ Miguel Baca Olcese*

14/06/10: Presentación de Cristóbal ‘Tobi’ Kanashiro

CUATRO: Portal de CTK: POESÍA AL PASO (Kanashiro Group)
http://www.poesiaalpaso.com/

ANEXO
Entradas sobre CTK en otros portales Web (hasta la fecha)
…………

Conclusiones

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Hitos y metamorfosis del deseo(1) en la poesía de César Vallejo

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Los Heraldos negros (1918)

Oral: Zona erótica: el seno materno: “Deseo del Otro original, la madre” (Lacan) [pulsión canibalística]

Trilce (1922)

Anal – fálico

Anal: inversión: el yo poético es la madre que está a la expectativa del guano de su niño: el universo, el mundo; en Trilce I no es el yo poético el que defeca. O, de modo usual, la identificación del yo con sus propios excrementos se ha proyectado al mundo y, particularmente, al mundo de arriba: al sol; el cual, por ejemplo en Trilce XIV, sería también el que defeca: “Esas posaderas sentadas para arriba” (v.6). Asimismo, en Trilce I, el yo poético sería una madre que recibe gozosa la donación (defecación) de su hijo, el Sol –“seis de la tarde/ DE LOS MÁS SOBERBIOS BEMOLES” (vv.12-13)–, para beneficio de su “insular corazón” (v.8).

Fálico: La cuestión fundamental en Trilce es la diferenciación sexual. En este sentido, este libro describe un círculo (Trilce I a LXXVII) porque es la constatación de un hallazgo; la exploración –demorada y sistemática– del contorno de una vulva. Territorio liminar respecto a la profundidad del útero. Espacio paralelo y semejante a la playa (escenario típico de Trilce) respecto al fondo marino –o análogos: “charco”, tarde gris y lluviosa– característico de Los Heraldos Negros. Asimismo, y de modo paralelo a aquella exploración radial , descubrimiento perplejo –y no menos gozoso– de la ausencia de pene en la mujer. Esto último, a diferencia de la donna fálica –la Salomé, atractiva y castradora, tan cara al Modernismo y, en especial, a la obra de Rubén Darío– que era imagen o presencia predominante en Los Heraldos negros. Aunque, también de modo simultáneo, el yo poético testimonie otra paradoja o inversión, la de un clítoris que –tal como aquel “bravo meñique” de “Hasta el día en que vuelva” de Poemas humanos– algún día se hará grande; de manera puntual, en “España, aparta de mí este cáliz”.

“España, aparta de mí este cáliz” (Poesía póstuma)

Fálico: Fijación hacia una madre todopoderosa. En tanto hembra-varón, semejante a Salomé, aunque a su vez distinta a ésta: no seduce para aniquilar sino, por el contrario, acoge para perpetuar la vida hacia el futuro (la de los niños y las niñas, hijos de republicanos o nacionalistas, sobrevivientes de la Guerra Civil Española). Este poderoso símbolo de la madre le permite, o sigue posibilitando a esta poesía, negar una radical diferencia entre los sexos. Es más, en el contexto de un poema tan marcadamente épico como “España…”, el mismo yo poético se hace madre a través de encarnar una voz, entre las tantas de este largo poema poliglósico: “[Niños] si tardo” (v.47). El padre ha estado siempre un tanto ausente o muy arriba, como el Sol. Y, acaso justo por este motivo, no menos paradójico, que no experimentamos en la lectura de esta poesía odio al padre.

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Crítica y ficción/ Ricardo Piglia

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La literatura no está puesta en ningún lugar como una esencia, es un efecto. ¿Qué es lo que hace literario a un texto? Cuestión compleja, a la que paradójicamente el escritor es quien menos puede responder. En un sentido, un escritor escribe para saber qué es la literatura (16).

Me interesan mucho los elementos narrativos que hay en la crítica: la crítica como forma de relato; a menudo veo a la crítica como una variante del género policial. El crítico como detective que trata de descifrar un enigma aunque no haya enigma […] En más de un sentido es el investigador y el escritor es el criminal (19-20).

Cuando se ejerce el poder político se está siempre imponiendo una manera de contar la realidad. Pero no hay una historia única y excluyente circulando en la sociedad (61-62).

Me sorprendo cada vez que vuelvo a comprobar que todo se puede escribir, que todo se puede convertir en literatura y en ficción […] Me interesa cada vez más estudiar el lugar de la ficción en la sociedad porque me parece que ése es el contexto mayor de la literatura (163-164)

No se trata de ver la presencia de la realidad en la ficción (realismo), sino de ver la presencia de la ficción en la realidad (utopía). El hombre realista contra el hombre utópico. En el fondo son dos maneras de concebir la eficacia y la verdad […] Contra la resignación del compromiso realista, el anarquismo macedoniano [de Macedonio Fernández] y la ironía […] La novela no expresa a ninguna sociedad sino como negación y contra realidad. La literatura siempre es inactual, dice el otro lugar, a destiempo, la verdadera historia. En el fondo todas las novelas suceden en el futuro (206)

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Trilce y la marinera limeña: Plan de investigación

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La “sumilla” de mi reciente artículo “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana” (http://www.ucm.es/info/especulo/numero36/trilce.html), lo ilustraría del modo siguiente:

“Entendemos que esta es, en rigor, una pequeña muestra y esbozo de un trabajo mayor donde se lea todo Trilce en clave de jarana limeña; es decir, en tanto y en cuanto evento oral-musical y corporal contextualizado en la historia del Perú –en particular el de los años veinte del siglo pasado– y donde, por lo tanto, sus actores (en este caso concreto Lima y César Vallejo) guardan específicas relaciones de afinidad y de mutuo rechazo. Creemos que Trilce, como muletilla del canto y adorno del baile de jarana, va más allá de incidir en la naturaleza multidimensional de este maravilloso libro de 1922: letra, ritmo y coreografía, a un tiempo. Nos invita a pensar que la suerte de los indígenas –la Sierra de su Perú– no fue la única que desveló a César Vallejo, sino que el mestizaje y modernización de Lima también coparon su interés; muy en particular, lo seguiremos investigando, la presencia y rol de lo afro-peruano. Ingrediente, es obvio, sin lo cual no es posible la marinera y, creemos, no lo sería tampoco este poemario”

Esta aparentemente insólita perspectiva afro se liga, además, con mi interés general por las conexiones y relaciones culturales entre el caribe (por extención también el Brasil) y el mundo andino; en específico entre el Perú y la República Dominicana. Soy un militante de esos vasos comunicantes en tanto estudioso y también autor de novelas y poemarios. Y aquél sería también, en síntesis, el objeto de mi investigación para los próximos tres años: una lectura completa de Trilce en clave de marinera limeña. Estudio que implicaría no sólo el reto de hacernos de una teoría y metodología literaria renovadas para este fin: tratar este poemario cual un acontecimiento musical-corporal; por lo tanto, performance cultural no menos multidimensional. Trilce sería un conjunto de escenarios y escenificaciones encarnados en su época; aunque un tanto más utópicos que inverosímiles. Además, este estudio nos permitiría ampliar también, para el contexto de nuestra vanguardia latinoamericana, cánones, relaciones sociales y tecnologías literarias que entre nosotros quizá todavía no han sido abordadas de modo suficiente.

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Cristóbal Kanashiro, la Internet y yo/ Miguel Baca Olcese*

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Empezar con los huesos de Kanashiro, como estructura soldada por distintas
mentes, queriendo hacer poesía, armando literatura. Es una idea que necesita
de la sustancia de la gente. La piel de Kanashiro se colorea con los muchos
poemas de sus reales seguidores, guerreros de su mentes que batallan por la
vida de su historia, por el tecleado de la gente.
El medio, el arma, Internet, virtual espacio de llegada a las pupilas
dilatadas de madrugada, por trasnochar entre letras, sumidos en grafías.
¿Acaso no sería el trasfondo de su materia?
La necesidad de Kanashiro como espacio de expresión no es salvarlo a él del
olvido, sino caer en nosotros mismos y buscar la estrucutra interna de nuestra
voz. Sus guerreros son individualidades libres, prisioneros de su tiempo. El
adversario es una tropa extensa y creciente de autómatas destinados a cumplir
con el cemento, con el diario despertar de sus acciones.
En la poesía de Tobi se intenta despegar de lo ordinario, colmar la
cabeza de sentimientos e ideas espontáneas, condensarlas en el ser de
Kanashiro; en su vientre, entre la raleza de la barba, en la palma de sus
manos, para darle forma, historia y poemarios. Y todo esto a travez de la
pantalla lumínica de nuestro tiempo.
Paulatinamente sus cadenas se rompen dentro de este espacio y empieza a
ponerse de pie y a andar. Camina en un vaivén ebrio por el jaloneo de sus
voces, siendo el camino el surco de sus acciones. Nosotros damos a
Tobi mucho de lo nuestro. Nuestras acciones son las que determinan el camino
del poeta.
Mediante Internet se logra algo sin precedentes para la figura de Kanashiro:
sobrevivir en la red, tener historia y batallas. Pues ya con vida, Internet es
la esencia de Kanashiro, su naturaleza electrónica y de circuitos, de enlaces
y textos. Nosotros volvemos al medio, ahora somos incisivos y cargados de
poemas. Sin Internet no habría Kanashiro, la posibilidad de lo simultáneo, de
lo virtual, del diálogo entre las ideas, hay un valor intrínseco en la figura
del poeta con su medio. Uno necesita de la otra para crear la multiplicidad de
poemas, de expresiones, que terminan en los ojos de Kanashiro, porque al poeta
poco lo escuchamos, él mantiene su posición de escucharnos, es un ser
expansivo.
Aún no hay nada de mí en Kanashiro pero me es inevitable pelearme con él por
el simple hecho de que no existe. Y mantener el pacto del guerrero con la mente.

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Poesía y acción, el caso de Trilce de César Vallejo

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Este somerísimo ensayo es también, al mismo tiempo y a su modo, una reseña del libro de Pablo Quintanilla, César Escajadillo y Richard Antonio Orozco, Pensamiento y acción. La filosofía peruana a comienzos del siglo XX (Lima: IRA, 2009).

“Este libro se propone reconstruir y analizar las dos tradiciones filosóficas que tuvieron mayor influencia en el desarrollo de la filosofía peruana a comienzos del siglo XX: el espiritualismo francés y el pragmatismo estadounidense, concentrándose en la recepción que hubo en el Perú de Henri Bergson y de William James”. Así reza la presentación del volumen. A lo que debemos agregar, para precisar sus objetivos: “son esa dialéctica y esa discusión [entre espiritualismo y pragmatismo] las que están en el transfondo de buena parte de los debates filosóficos peruanos de la actualidad” (Introducción, p. 14). Es decir, este libro no es una crónica, sino y ante todo le interesa el palpitante presente nacional.

Además, y aunque constituya una finalidad implícita, paralela o adicional, este libro alimenta el campo de la crítica a la producción literaria de aquellos años. En concreto, y en correspondencia al específico y pormenorizado debate que ventila, Pensamiento y acción puede servir mucho para una lectura de la poesía de la época; en particular, para un acercamiento vivo –por actual– a uno de los poemarios más complejos o difíciles de la lengua, Trilce (1922). Al respecto, aunque prometemos desarrollarlo más en una próxima entrega, qué pertinente podría ser hablar –en términos de Bergson– de dos yo, uno superficial y otro profundo, en la poesía de Vallejo (algo que ahora mismo obsesiona, aunque con otros presupuestos, a un estudioso como Stephen Hart). O, no menos, aquello de que “el conocimiento es colectivo por naturaleza” (Pierce) y no atributo de la conciencia individual; y, por lo tanto, la justicia también (“Masa”). Asimismo su corolario, “el individuo, si es algo, es parte de un todo sin el cual no tendría sentido” (81). En fin, podríamos ir concatenando –creemos que muy productivamente– otras reflexiones tocadas por este libro con aspectos fundamentales de la obra de César Vallejo… su específico spencerismo… o si estuvo al tanto de las ideas de su compatriota Pedro Zulen (1889 – 1925)… entre todavía otros numerosos ejemplos.

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La hermenéutica según William Rowe

www.bbk.ac.uk/.../RoweWilliam/index_html/WRowe

La actividad hermenéutica involucra la totalidad de la persona, incluso lo automático e inconsciente. Aún allí, se está dando sentido al mundo. (24)

La hermenéutica, ampliamente concebida, incluye el estudio de la poética y lo imaginario. No delimita un campo, ni define un método determinado de análisis, sino sirve para llamar la atención sobre dos principios básicos. Uno de ellos es que el trabajo hermenéutico incluye los signos/ realidades que se escapan al análisis de la significación… Es decir, va más allá de los límites de la semiótica. El segundo principio tiene que ver con lo incompleto de toda interpretación. Aquí son útiles las formulaciones de Merleau-Ponty, por lo que tienen de insistencia en la percepción como procesual, siempre en proceso de revisión, y múltiple, abierta a nuevas perspectivas.

La perspectiva múltiple es una necesidad que surge en el siglo veinte, y se manifiesta en el cubismo, en las narraciones de Joyce, en la vanguardia poética latinoamericana, para iniciar una larga lista. También descubre sus precursores: entre ellos están el barroco renacentista, o la poesía visionaria de Blake… En términos fenomenológicos, se trata de dos multiplicidades: la del objeto o texto, y la de la percepción. Sin ellas, el objeto queda muerto. (25)

Campo (cultural o literario)

1. Eric Mottram: la noción de “enfoque” no es siempre la más conveniente, por lo que implica de fijeza y perspectiva única: se acomoda demasiado fácilmente a jerarquizaciones y burocratizaciones del conocimiento. Más valioso es la noción del campo como lo que emerge al ser delineado, porque así se permite que sus contornos sean asunto de pesquisas y diálogos aclaratorios en vez de ser modelos heredados y prefijados. (31)

2. Pierre Bourdieu: el campo de Bourdieu no involucra la necesidad de sondear una totalidad, suspendiendo las fronteras disciplinarias y creando nuevos objetos de estudio; al contrario, se apoya en la relativa autonomía de ciertas prácticas culturales, que en América latina [a diferencia de Francia] tiene otra historia y no siempre se autonomizan (32)

3. Thomas Kuhn: Para ampliar el sentido en que la delineación de los campos varía históricamente es de gran utilidad el concepto de paradigma […] Un paradigma determinado puede ser necesario para descubrir nuevas realidades o, igualmente, un obstáculo a la experimentación […] Dejar entrar lo que está afuera, cambia el paradigma –y al investigador. Como en el trabajo de campo etnográfico, muchas veces es lo periférico lo que resulta lo más importante. (32-33)

4. John Cage: una reflexión interesante sobre el dualismo que impone centros y periferias. Cage define una situación no-dualista como “una multiplicidad de centros en un estado de no-obstrucción e interpenetración”, o “unimpededness” […] como la capacidad de “ver que en todo espacio cada cosa y cada ser humano está en el centro”. Aún la operación de invertir las relaciones –tan común, por ejemplo, en los estudios de la cultura popular, cuando lo marginal se valoriza, sólo por ser marginal –constituye un acto de seleccionar y excluir (sólo se selecciona lo que es capaz de ser invertido). Cage se refiere a la ubicación del compositor de música, pero sus palabras pueden igualmente aplicarse a la situación del investigador cultural. […] el observador no puede separarse de lo observado. (33-34)

5. Gilles Deleuze y Félix Guattari: describen una condición de que sólo existe el afuera […] la delineación se libra de toda subordinación; no hay trascendencia que organice; la temporalidad y el espacio se producen sin divisiones previas; ya no hay campo.
No hay campo, y sin embargo el acto de colocar todo en un mismo plano o una misma planicie, sin jerarquizaciones o dualismos, es justamente lo que permite la producción de un campo. (34)

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Apostillas al Trilce de la Biblioteca Nacional del Perú

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La copia facsimilar –de un ejemplar dedicado (“Para José María Eguren, con toda mi admiración”)– se halla completa; no así el original, correspondiente a distinto ejemplar que el anterior, el cual se encuentra mutilado entre las páginas 7 a 10 las que, a su vez, corresponden –acaso de modo significativo para el mutilador– a los poemas III ( “Las personas mayores”) y IV (“Rechinan dos carretas contra los martillos”).

La tipografía de la escritura del nombre del autor (César A. Vallejo) como la del título del libro (Trilce), sobre la carátula de esta edición de 1922, aparecen romaneadas. Es decir, imitan el perfil de los números romanos sucesivamente antepuestos, del I a LXXVII, a cada uno de los poemas de este libro. También va en romanos la numeración de las páginas que corresponden al famoso “Prologo” de Antenor Orrego (I – XVI); como, además, las cuatro partes del mismo:
I Conocimiento
II Introspección estética
III El vehículo musical
IV La vida circunstancial del hombre

Por lo tanto, autor y prologuista parecieran haberse puesto de acuerdo sobre la conveniencia o productividad de mantenerse fieles a este eje icónico; la de la forma de los números romanos. ¿Simple convención, en Lima, de la imprenta de la época? O, acaso, cierta conexión entre el tema o motivo predominante de Trilce y la forma de aquellos números. En este sentido, proponemos por lo menos un alcance. Los romanos nos libran de dibujar el 8; como sabemos, inexistente entre la ingente cantidad de dígitos que habitan en particular Trilce. Por lo tanto, en el contexto de este poemario, aquella opción –frente a la numeración arábiga– nos evitaría transgredir un pudor hondo, un decoro radical, algo así como un tabú; ya que el 8 sería nada menos que la imagen o el ícono mismo de la insondable utopía vallejiana. Algo extraordinario que estuviera por suceder y de lo cual dos círculos verticales y unidos –a manera de un 8– lo simbolizaría. Algo extraordinario, repetimos, que de algún modo lo alude ya –ignoro si en todos los casos– la tipografía del 9 en Trilce. Este número arábigo, en la edición de 1922, por ejemplo en XXXII (“999 calorías”) o LXXVI (“99 burbujas”), pareciera un 8 a punto de cerrarse desde su apéndice inferior o completarse o, por último, ponerse en ebullición… y sólo se queda a “99 burbujas”.

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