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Ensayo

PREGUNTAS SOBRE POESÍA DOMINICANA RECIENTE

breve

1.¿Por qué, tratándose de un estudio sobre poesía, aquello de “Breve teatro para leer”?

2. Comente lo de Néstor E. Rodríguez en La patria portátil, acerca del concepto de dominicanidad: “La producción cultural de la diáspora ofrece una salida audaz al sempiterno debate sobre la dominicanidad al abrir las puertas a la posibilidad de un comienzo sin antecedentes a la hora de teorizar lo dominicano, un comienzo en el cual la geografía deja de ser la marca definitoria de la nacionalidad”. Y aplique su reflexión, si es viable, a algún otro contexto latinoamericano.

3.Sintetizar lo específico que corresponde a la “poesía del pensar”, a los “muchachos de Gazcue para el mundo” y, finalmente, a los “errancticistas” respecto a la República Dominicana en el marco de la globalización. Ilustre con versos de los poetas.

4.¿Cómo anda la reflexión (crítica o teoría literaria) sobre poesía entre los escritores de la media isla?

5. Comente estos versos de “Antillas”, de Manuel García-Cartagena:

Antillas!

a los cuatro vientos, a los siete caminos,

a las treinta y seis ocasiones de amar la vida,

y ponte a amar esta encervezada, enrevesada,

embelesada

vida de las islas, donde errar es lo correcto.

6.¿Cuál es el motivo principal que ventila este poema de Pastor de Moya?

CARNAVAL

trajimos el pasado con el alba

nos intercambiamos los rostros en el vacío

comimos pan de otro tiempo

aterradora melancolía

al iniciar la fiesta

desnuda la memoria hace alarde

de la lozanía de sus piernas

todo es real si la fantasía existe

ese hombre que soporta el peso de sus días

se mira hacia adentro

y se le queda pegada la mirada en el olvido

esa es la presencia del ser en la

razón

de parecernos a los colores

cuando nos disfrazamos de nosotros mismos

 

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Ángela Hernández, Premio Nacional de Literatura 2016

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“No existe nada más puro/ que la sed del paisaje sobre el ojo”

(“Paisaje del Tetero”)

Corría el año 2002 cuando escribimos lo que sería nuestro primer ensayo –luego vendrían algunos otros, hasta nuestro Breve teatro para leer: Poesía dominicana reciente (2014)– dedicado a la poesía de la media isla y, en particular, a la poesía de Ángela Hernández.  De ella nos llamaron poderosamente la atención los siguientes versos

“Lo que tengo es el vivo de los barrios

La culebrilla feliz de los mercados

míseros. Boca del alma rota por el vino. El tempranero

empeño de quien trueca la eternidad por alimentos”

(“Lo que tengo es un pulmón cerrado como piedra”).

Y precisábamos que esto era así porque aquí Hernández se salía de un formato muy extendido entre los escritores, y muy en particular escritoras, de aquella época; de aquel muy mal denominado lenguaje del cuerpo:

“golosina de nuestra pequeña burguesía intelectual latinoamericana. Y ella escapa del formato gracias, sobre todo, a sus lecturas (o al estudio) del Siglo de Oro español, particularmente del Barroco. Ahora, la tentación de Hernández es la elocuencia, el gran formato y el versículo, para la que no está preparada; su mejor factura está en el cuadro de escenas íntimas en formato pequeño; cuando habla bajito, no pretenciosamente, se deja escuchar mucho mejor”

Pues, ahora mismo estamos con un ejemplar del logrado Onirias.  Poesía e imagen (2012) y nos complace –haya o no leído Hernández nuestra crítica– que no andábamos descaminados y la presente propuesta de la autora, nacida en la más bien –para los estándares de calor en la República Dominicana– fría Jarabacoa (1954), está a la altura de cualquier merecido reconocimiento literario a nivel de nuestra región e incluso de la lengua.  Onirias, aparte de perfilarla como una “exquisita artista del lente” (José Alcántara Almánzar), constituye una lograda y muy sugestiva compilación de su poesía hasta la fecha.  O, si no, acaso de toda su poesía escrita porque últimamente no ha vuelto a publicar un poemario nuevo y sí, más bien, varias muy sonadas novelas.

Sin embargo, una vez leídos de modo minucioso y con fervor su presente antología, reparamos y recaemos de nuevo en aquellos densos, contenidos y poderosos versos de “Lo que tengo es un pulmón cerrado como piedra”.  Y en una coda, entre algunos otros versos, de este último cometa: “Uñas parpadean al turista/ … / El mercado envivece/ Corrompe.  Ampara.  Desgasta.  Reproduce/ Una bestia antigua merodea su lumbre incólume” (“Mercado Modelo”); “Es posible escapar a la convención y a la moda/ Más que andar por el mundo/ probar que nos habita” (Alma secreta”); “Yo les escribo a los sepultados por la belleza” (“Flama encerada”).  Poesía clásica, insuflada por la escritura automática y en específico por cierto surrealismo; poesía didáctica ventilada con no menos travesura e incluso oportuno y reparador sentido del humor.  Heterogeneidad, en suma, que cristaliza mejor en los poemas más especulativos y de corte, digamos, “de escarnio y deshora” que en los textos propia o declarativamente eróticos.  El sujeto poético de Hernández es demasiado equilibrado para acometer locuras de este tenor; en esto último luce más verosímil una poeta contemporánea y compatriota suya como es Soledad Álvarez.  Aunque ambas exploren el tema social y político con semejante inspiración y categoría.  Es muy probable que el país que vale la pena soñar, de un Pedro Mir, haya migrado al corazón y a la inteligencia de las poetas dominicanas, no al de  los hombres, y allí haya hecho su nido.  Nido o marmita o volcán más bien –pleno de lucidez y sensibilidad– para hacer de la poesía algo finalmente no solo encantador –aunque la crítica tradicional y, en particular, dominicana se complazca en el hechizo– sino también desnudo y cierto.

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Los peruanos y la Española

MVLL

Lo que puede fascinar a un peruano de la República Dominicana es el palpar todavía el “descubrimiento” y, en particular, el inicio de la cultura trasatlántica en español que se inició por aquí y subió hasta los Andes, no menos que a ambos océanos y bajó hasta la Amazonía.  Cultura híbrida o si se prefiere heterogénea; crisol, como el lema de una buena película peruana reciente, que “seguimos siendo”.  Pero lo que a un peruano puede atraer de Haití, es el inicio mismo de todo; es decir, del homo sapiens que –antes que español o francés o boliviano o brasileño– por principio cada uno de nosotros constituiríamos.  Haití, nada menos ni nada más que la cabeza de playa del África en América.  Por lo tanto, si el respeto guarda al respeto, antigüedad u origen se honran.  Tal cual efectivamente sucede con la inagotable creatividad en la música y la belleza de las gentes en ambos países.

Ignoro si en esto pensaba Mario Vargas Llosa cuando –usando un epíteto todavía vivo– motejó de fascista al gobierno dominicano por no reconocer y quitar la nacionalidad a todos los descendientes de haitianos nacidos en su territorio desde 1929.  Ignoro si él lo pensara,  pero es el caso que sí  lo hacemos nosotros.  Y una vez que, hace poco, hemos visitado ambos países, nos reafirmamos en estos conceptos.  En realidad, que se haga efectivo el “Premio Pedro Henríquez Ureña” al autor de Los cachorros, o que el gobierno dominicano ponga marcha atrás y lo declare improcedente, no es el foco de este breve texto.  Lo es, sí, el derecho a percibir y sentirnos más antiguos y en concordia con nuestra propia humanidad; negra o prieta, sin duda, como el carbón.  Y que, tal cual, se enciende, se esparce, aglutina y se torna promesa de sobrevivencia en cuanto hemos asistido, incluso tan sólo como espectadores, al reciente “Kanaval” en Puerto Príncipe.  El resto es política, ambición o acomodo.  Es decir, qué tanto revelamos en nuestros discursos –los de MVLL o los del gobierno dominicano– aquello que no podemos hacer claro y distinto a los demás: nuestros reales intereses –económicos y de poder– actuando, para variar, como auténticos fuelles de Vulcano.

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Soledad Álvarez: ¿sus versos de agua?

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Como aclara José Rafael Lantigua (“Soledad Álvarez, en el filo de la navaja”, Diario Libre, 24/10/2015), y llena de contenido Carmen Imbert Brugal (“La coartada de Soledad”, Hoy, 16/10/2015), citamos indistintamente:

Soledad Álvarez [1950] es una poeta sesentista por la cronología, pero es noventiañera por los hechos [“alguien la enamoró en una única noche hasta el alba. Y nunca más apareció. Ya nadie más pudo encontrarla”]. En 1994 publica su primer poemario, Vuelo posible. Entonces, espera que pasen doce años, en 2006, para publicar el segundo: Las estaciones íntimas. Y nueve años más tarde, entrega el tercero, Autobiografía en el agua.

Es decir, nuestra autora es una poeta la cual –aunque publicó esporádicamente desde finales de los 70′– escribe fundamentalmente en el recuerdo de lo vivido, como recomendaba Paul Valéry, y es quizá por este lúcido proceder que de modo invariable acierta. Acierta en el –desde su primer poemario– depurado control anti narcisista de su decir y en el verso ceñido y exacto de su arte. Aunque en particular en la presente compilación de sus poemas, Autobiografía en el agua (Santo Domingo, R.D.: Amigo del Hogar, 2015), constatamos una condescendiente y dominante convergencia del sentido hacia lo que en una reseña anterior ya esbozábamos: “el paso del tiempo, la toma de conciencia de nuestro paulatino deterioro y de nuestra indeleble máscara” (“Soledad Álvarez, sus señas íntimas”, blog de pedro granados, 21/01/08).

Y con esto, aunque honestos e incluso encantadores resulten sus versos, la poesía de Soledad Álvarez se torna previsiblemente conservadora; como releída un tanto desde la estética e ideología de los –inanes para la poesía– denominados poetas del “pensar” de los años ochenta. Nos explicamos, versos no claudicantes en sus temas o motivos ni en los briosos desplantes de su sujeto poético; pero sí paralizados –tanto ella como el resto de su generación: “describe una travesía que atañe a muchos” (Carmen Imbert Brugal)– en aquello de: “en la hora del vacío sólo queda regresar,/ lamernos las heridas” (“Decisión”, 1990). Poesía la de la dominicana, así como por ejemplo  la de Blanca Varela en el Perú, entonces, bajo candado y sin futuro. Y obvio esto sucede así, antes que por una decisión o alcance personal, por los mundos tan conservadores, discriminadores e injustos en que fueron concebidas ambas obras. Ningún poeta puede evadirse de su lugar de enunciación ni de la historia particular de su país. Y frente a lo absurdo del poder, y mientras más arbitrario sea éste, acaso sólo cabe mofarnos de él o detonar una potente epifanía para que todo se nivele bajo su irresistible y demoledora belleza.

¿Pero cabe escribir versos bellos todavía, pero cabe urdir una sutil filigrana ante la recia inercia del abismo, pero cabe insistir con el canon de lo oscuramente primoroso? No sólo una sociedad, sino también una cultura y una sensibilidad colectiva se quieren expresar a través del poeta. ¿Acertamos en ello? ¿Nos pasamos de largo? ¿La poesía es por esencia conservadora? ¿Y el lector, de modo necesario, un ser cínico o hipócrita? A todas estas y a otras preguntas más nos han llevado estos poderosos y persuasivos versos de agua.

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“Trilce/Teatro: guión, personajes y público” (Versión corta)/ Pedro Granados

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La versión final de este trabajo consta de 58 páginas y, de entre ellas, 7 dedicadas a la bibliografía.

A special session at the 2016 MLA Convention (Austin, Texas, January 7-10), offering new readings of César Vallejo by Pedro Granados (Vallejo Sin Fronteras Instituto, Lima, Peru), Alan E. Smith (Boston University), Jonathan Mayhew (University of Kansas-Lawrence), and Stephen Hart (University College London). Respondent Michelle Clayton (Brown University). Presiding Leslie Bary (University of Louisiana, Lafayette).

We are Panel 690, convening Saturday, January 9, 2016 from 5:15-6:30 PM in 203 JW Mariott. Bary and Smith will also participate in Panel 396, “César Vallejo: New Contexts,” Friday, January 8, 3:30-4:45 PM, 205 JW Mariott, with Rosario Bartolini (Vallejo Sin Fronteras Instituto, Lima, Peru) and Julio C. Ortega (Brown University).
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Taller ‘Interoceánico’¨: Fragmento y memoria cultural (Continuación)

Interoceánica

 

“La sustancialidad representa sobre todo un calor no psicológico, una densidad, y quizá también lo imprevisible de la vida, que supera con creces la capacidad de la conciencia”

Hans Ulrilch Gumbrecht, Lento presente

Cristóbal “Tobi” Kanashiro

-“Pacto poético e Internet: el caso de Cristóbal ´Tobi` Kanashiro”

http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2010/08/23/pacto-poetico-e-internet-el-caso-de-cristobal-tobi-kanashiro/

-“Taller de creación literaria (y plástica): La experiencia de Cristóbal ‘Tobi’ Kanashiro (libro en pdf) [En: Escriba sin temor: Teoría, metodología y consecuencias de un Taller de Creación Literaria]

http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2010/12/26/taller-de-creacion-literaria-y-plastica-la-experiencia-de-cristobal-tobi-kanashiro-libro-en-pdf/

Alejandro Abdul

-“Cadáveres exquisitos/ Alejandro Abdul”

http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2013/11/15/cad-veres-exquisitos-alejandro-abdul/

-“El poeta brasiguayo Alejandro Abdul: sin fronteras”

http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2013/12/03/el-poeta-brasiguayo-alejandro-abdul-sin-fronteras/

Sabina Cachi

-“Poemas de Sabina Cachi”

http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2015/08/12/poemas-de-sabina-cachi/

-“Otro poema de Sabina Cachi”

http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2015/08/25/otro-poema-de-sabina-cachi/

Algunas conclusiones

Este tipo de dinámicas de escritura creativa permite romper el hielo y hacer que participe todo el grupo, incluido el facilitador.  El ambiente de trabajo, por lo tanto, se torna amigable o ecológico en el aula de clase.

Nos volvemos, sucesivamente, lectores (escuchas), escritores y críticos.  La literatura no es algo previo a nuestros propios descubrimientos; o nuestro propio hechizo al que alimenta, paralelamente, una práctica liberadora de creación de sentido.  Es decir, se intenta poner juntos lo hermenéutico con lo no hermenéutico.  Y en consecuencia también, ningún aspecto de la literatura nos resultará ajeno; por el contrario, cercano, posible  y asimilable a nuestra cotidianidad.

La escritura automática o el “cadáver exquisito”, por su apertura al inconsciente individual y colectivo, pasa a constituir el componente “subjetivo” o “indeterminado” de nuestro taller de escritura o performance creativo.  De este modo, otorgamos profundidad o “epifanía”, por ejemplo, a prácticas poéticas murales e incluso orales del tipo “Acción poética”; esta última, por lo general, demasiado previsible, unidimensional o que, en el peor de los casos, no trasciende el género de la  auto-ayuda: “Producir presencias [vida], intuiciones compartidas, esa es la obra del juicio en su estado puro, antes de su bifurcación en función estética o moral” (Villacañas 11)

Los prototipos hallados, a través de los fragmentos, nos permiten percatarnos de un diseño social –imaginario, simbólico, cultural– ya establecido; pero, de modo simultáneo, también de uno donde, en tanto facilitadores, se puede  intervenir.  Obvio, y viceversa, uno que también nos puede complementar, modificar o posibilitar adquirir saberes y prácticas culturales distintos a los nuestros.  Por lo tanto, aquí no se persiguen esencias culturales ni prima la “angustia de la memoria”:

“Al identificar que la época de la aceleración y su cronotopo ha quedado atrás, Gumbrecht puede pensar que quizá esté llegando también el final del dominio universal de la desconstrucción [y con ello del “giro lingüístico”].  El duelo y la melancolía [“angustia de la memoria”], propios de la época del signo y la aceleración, quizá deba integrarse en otros contextos y preparar otros compromisos” (Villacañas 12 )

Los saberes locales son, por lo tanto, puntos de partida para la mezcla, lo arbitrario y acaso lo “universal”.  No por nada aquellos saberes se relacionan, finalmente, con actores amerindios contemporáneos (peruanos, bolivianos, brasileños) cuya característica principal siempre ha consistido en integrar al otro como parte de su pensamiento cultural.  Ejemplo sumo de esto último, entre otras, la famosa Nueva Corónica y buen gobierno de Guamán Poma de Ayala; lo cual anima a decir a una estudiosa como Rocío Quispe-Agnoli: “Estamos, por lo tanto, ante una posibilidad de fusión entre identidad/ alteridad difícil de imaginar y de aceptar para el pensamiento occidental, pero que parece proponer [aquel] texto andino” (265).

Este tipo de talleres, aunque no es su objetivo principal, pueden constituir una puerta abierta al descubrimiento de vocaciones literarias o artísticas de corto y de largo alcance.  Ya que pone a la par el conocimiento sistemático –de la pertinencia de alguna técnica literaria, del estudio de otras literaturas o de la  investigación de campo– con el azar, con lo gratuito y, no es lo de menos, con la paulatina anagnórisis del lugar desde donde cada uno lee/ escribe (social, sexual, retórico, etc.).  Este tipo de talleres permite hacer coincidir cultura del “significado” y cultura de la “presencia”; ambas complementándose y potenciándose mutuamente.

En resumen, nos hallaríamos ante prototipos glosolálicos en tanto y en cuanto, cada una de ellos, constituyen también poéticas interoceánicas.  Una suerte de fe amerindia en la escritura –a pesar de que refleje la ideología dominante y sea de por sí una forma de expresión dominante– en tanto conjuro (dolor) y, de modo simultáneo, reparación o remedio o legitimación: lo poscolonial actuando en el mismo contexto que lo colonial.  Dinámicas de escritura creativa que nos invitarían a pensar en algo así como una segunda etapa de los estudios culturales en nuestra región: Post-exóticos, post-angustia de la memoria, post-folklóricos.  Dinámicas que indagan poesía e identidad; y acaso desde ya abordan  la post-diferencia.  Por lo tanto, no enfatizan tanto oposición ni domesticación; sino, sobre todo,  intersección y androginia (Ejemplos: Portunhol selvagem, Trilce, neobarroso, etc.).  Glosolalias-fragmentos sonoros multiculturales, documentados o recogidos sobre todo en las urbes –grandes o pequeñas– de nuestro interminable, múltiple y a la vez tan semejante interoceánico corredor.

Obras citadas

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EL CANTO DE LA LLUVIA: LA PALABRA POÉTICA DE CÉSAR VALLEJO (TRILCE LXXVII)/ Gabriella Menczel

Menczel-Gabriella

“La presencia constante del mar en Trilce ha sido elucidada en la brillante monografía
de Pedro Granados [Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo, 2004], quien a través del análisis de varios poemas demuestra de manera convincente que el mar no es sólo un “referente sino ante todo […] [la] dinámica interna que en los números se iconiza” (Granados 2004: 54). Sin embargo, el crítico aparte de vincular el mar con los números (con el cero en especial), también lo relaciona con otros motivos de presencia marcada del poemario. Para dar una muestra no exhaustiva, lo relaciona verbigracia con el tópico del viaje entendido como “aventura cognoscitiva” (Granados 2004: 55); con el erotismo por su conexión con el nacimiento de Venus (Granados 2004: 54); con la metamorfosis y el movimiento circular, con las dualidades que se entrecruzan y se mezclan (Granados 2004: 57); con la isla, tema iniciado a partir del primer poema del tomo (Granados 2004: 61462); con la importancia de las fronteras “frente a algo supremo e imposible” (Granados 2004: 64); la verticalidad contra la horizontalidad (Granados 2004: 66), o bien el sol contra el mar o la tierra (Granados 2004: 86); con el proceso del nacimiento (Granados 2004: 75); con la búsqueda rebelde (Granados 2004: 76); con el código de la música (Granados 2004: 69) y la materialidad significante de la escritura y las letras (Granados 2004: 75). En fin, se trata de un intento reiniciado en cada poesía de captar la fugacidad que está en movimiento constante”

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Reemsamblando, interviniendo, reiterando

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Tengo fe en ser fuerte.
Dame, aire manco, dame ir
galoneándome de ceros a la izquierda.
Y tú, sueño, dame tu diamante implacable,
tu tiempo de deshora.
Trilce XVI

Llegados, luego de ocho años, al significativo número de casi dos millones de visitas a nuestro blog; se nos ocurre puntualizar lo siguiente:

Demostramos, lo que hace ya más de un par de lustros apareció y se ha ido difundiendo en redvistas y revistas : “Los poetas vivos y más vivos del Perú (y también de otras latitudes)”. Es decir, por lo general de modo sesgado, el objetivo de nuestro blog ha sido el ir ilustrando de manera empírica lo que en buena cuenta se denomina la “creación de la creencia” (Pierre Bourdieu). Aunque, aquello mismo, a veces también de modo explícito, sistemático y lúdico; por ejemplo, a través de la implicancia e insólita repercusión en la Internet de las obras de Cristóbal “Tobi” Kanashiro  (Perú), Alejandro Abdul (Brasil-Paraguay) o, muy recientemente,  Sabina Cachi (Bolivia).  Coproducciones de poesía entre un profesor de aula y sus alumnos, aquéllas.  En suma, auténticos reemsamblados artístico-ecológicos vinculados, a su vez,  al mundo virtual con suceso.  “Creación de la creencia”, asimismo,  que en el terreno de la crítica propiamente dicha la ilustra por lo menos un libro del año 2014, Breve teatro para leer: Poesía dominicana reciente.

Hemos estado midiéndole el aceite, sobre todo, a la poesía latinoamericana y española a través de numerosas reseñas y artículos que, esperamos más bien pronto que tarde, integrarán el volumen denominado “Autismo comprometido: Sobre poesía hispana reciente”. Oxímoron que revela tanto el íntimo lugar de enunciación de este autor como, además, el de la poesía que espontáneamente apreciamos y estimamos. Y, en contra, de toda aquella demasiado oficiosa que hemos parodiado y sintetizado en “Rompe saraguey”.

Nos hemos hecho y somos parte, aunque cada uno con su particular documento de identidad, de la comunidad de los poetas menores de la antología. Es decir, a la que no tiene fácil ni, mucho menos, automático acceso el lector de hoy y a la cual, por lo general, críticos y curadores de los medios de información tradicionales –de izquierda o de derecha– intenta (vanamente) poner cabe. Lo nuestro, a través de esta opción por una oralidad de segundo grado que pareciera ser todo blog (pienso en Paul Zumthor), no es la cultura oficial ni su lógica, y complementaria, contra-cultura. Ni lo uno ni lo otro: devoramos estos conceptos y actitudes. Tampoco nos sometemos a una camisa de fuerza en tanto escritores. No somos obligatoria, fundamentalista u orgánicamente neobarrocos ni coloquialistas ni minimalistas o de cuanto gesto de moda nos vaya a salir por delante. Todo puede ser más plástico y más libre y contingente en el estilo; como debería serlo también en nuestras ideas y señales de identidad.

Finalmente, deploramos elitismos y populismos… la opción no es o entre las declinaciones del latín o el performance… ni toda estupidez que no sea en estricto soberana y voluntaria. Esto último bien podría ser ya un gesto de estilo.

Reitero mi agradecimiento a los generosos lectores. Y, dentro o fuera de este blog, nos vamos escuchando.

 

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Poesía de Bolivia para el mundo

Norka 1

Tinta de Norka Uribe

En una reciente visita que hiciéramos a Bolivia, en específico a Cochabamba, con motivo de ofrecer un seminario-taller para profesores titulado “Modos de leer y practicar literatura en clase” –en el “Centro Simón I. Patiño, Centro de Capacitación”–,  nos dimos con la agradable sorpresa de compartir con un espléndido grupo de estudiantes; y, por otro lado y en distinto contexto, coincidir además –encontrarnos o reencontrarnos– con algunos poetas en aquella misma acogedora ciudad.  Obvio, nos leímos mutuamente nuestros poemas e intercambiamos algunos libros.  Otros poemarios los hallé en librerías.  Fruto de todo este intercambio poético son las líneas que siguen; tómelo el lector como un redescubrimiento y homenaje a aquella poesía de gran altura.

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