Patinadores
Una pareja de patinadores se desliza de la mano a las 4 AM
El siseo sobre el asfalto es la única música en la noche
(paletadas de entierro o de arena sobre zinc, los rodamientos
como el latigazo de las olas cuyo golpe y sonido decrece, no termina).
Me asustaron.
No advirtieron el escaparate abierto: momificado frente a
la pantalla de un PC
un maniquí mascullaba algo apretadamente
(sin vibración de las cuerdas vocales)
para que algo no huyera patinando; la noción,
quizás, de una pareja
deslizándose inconsciente por la noche.
Biblioteca pública
Cada vez que empezaba a leer poesía
mi cuerpo comenzaba a agigantarse
y mi oído percibía las voces ajenas
como si fueran de marcianos, duendes
o el producto de una cinta acelerada.
Entonces sentía una culpa de ancla
y pensaba que para leer poesía
había que irse lejos o encerrarse.
Por eso me cortaba las venas
con una navaja que porto. Entonces
(1) me desinflaba como un globo
o (2) inundaba la biblioteca de sangre.
Costa y cordillera
una pareja siempre tendrá la oportunidad
de huir al hielo a los glaciares al oxígeno
en caso que algo se destemple
luego de 5, 7 o 50 años de matrimonio.
Ahí podrán fugarse y soñar
que son pumas o güiñas o zorros,
o mejor: un hombre y una mujer de hielo
que enfrían todo pensamiento que anulan
la esclavitud de los sentidos
y luego se derriten y son agua
pura que baja hacia el valle.










