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Entrevista a Pedro Granados/ Carlos Eduardo Quenaya

latorredelasparadojas.blogspot.com
Poeta Quenaya

Pedro Granados (Lima, 1955) es autor de 10 poemarios, 3 novelas, un libro de crítica literaria en torno a Vallejo y otro e-book dedicado a la poesía dominicana reciente, así como de enjundiosos ensayos que circulan por Internet. Fue también jurado de la I Bienal del Premio Copé Internacional de Poesía, organizado por Petroperú en el 2008. Estuvo el viernes 17 en nuestra ciudad presentando su más reciente publicación: Soledad impura. Aquí un breve diálogo con él.

Existe un episodio que, imagino, debe haber marcado tus inicios literarios, me refiero a la cálida dedicatoria de Martín Adán a propósito de tu primer libro, Sin motivo aparente. ¿Puedes contarnos qué sucedió?

No llegaba a los veinte años y, lógico, a esa edad me atreví a llevarle mis poemas a Juan Mejía Baca para que se los diera a Martín Adán. Grande fue mi sorpresa cuando, luego de varios meses y al visitar otra vez aquella librería, aquél me dijera que tenía un regalo para mí… una edición del INC con la dedicatoria de Adán. Pero esto no es todo, ya hecho el vínculo (no con el poeta, a quien no conocí personalmente, sino con el librero), lo último que leyó en vida el autor de La casa de cartón –en su lecho de enfermo– fue mi segundo poemario, Juego de manos (1984)… lo leí en El Comercio.

¿Qué cambios percibes en el ambiente literario de finales de los 70s respecto al que se vive, digamos, en esta primera década del siglo XXI?

Es lo mismo, pero los actores se han multiplicado geométricamente… tal como la población general actual respecto a la de aquel entonces. Desde cierto populismo monitoreado, tipo Festival de Medellín, esto es un índice positivo de inclusión y de desarrollo de la democracia. Pero la poesía no se mide por ninguna agenda teórica o postura políticamente correcta; es arte (también) y, por lo tanto, es perversión, derroche o exceso. Y exige de los que la cultivan –y esto es acaso incomunicable, verbigracia, en un taller de poesía– un comportamiento atípico, ante todo al conformismo y la mediocridad. Me encanta halla cada vez menos problemas de autoestima entre los jóvenes poetas, o al menos eso pareciera, pero continúa vigente aquello que urgía Rubén Darío a sus contemporáneos: conocer más el arte al que nos dedicamos.

¿Te sientes adscrito a la generación poética del 80?, ¿en qué compañeros de ruta reconoces alguna afinidad literaria?

Llegados a los cincuenta años, si tienes demasiada afinidad con lo que hacen tus colegas, mejor deja de escribir. Hacer poesía es cultivar una concha porque tienes allí una perla preciosa; es jugártelas por tu propio corazón… no es para ser un ventrílocuo o un parásito de nadie. Ahora mismo estoy solo.

¿De qué modo la Internet está transformando el circuito poético?, ¿qué puede perder o ganar la poesía en medio del actual diluvio comunicativo?

Leer subliteratura, para los que tienen oído, refuerza o moldea también el gusto. La net trae más de bueno que de malo; para empezar, uno no se halla condenado a caminar siempre en el patio propio. Sólo para los que procuran su pequeña fama de barrio no es la net; ésta nos conmina a cotejarnos y legitimarnos en el mundo entero.

Cuéntanos, ya tienes dos años como blogger… ¿qué sacas en limpio de esa experiencia?

Es maravillosa para mí… aquella mezcla de autismo y de repercusión gregaria que adquieren esos juegos solitarios. Es un auténtico consuelo siendo yo una persona, en el fondo, tan ad gentes… le permite a uno viajar y multiplicarse, sin dejar de estar, al mismo tiempo, anclado en algún específico lugar. Al principio, prácticamente coincidió con mi “retorno” al Perú, lo tomé como una manera de hacer público una serie de archivos que había dejado en Lima; luego entiendo que se ha tornado como una suerte de revista electrónica porque cuelgo cosas mías y de otros, por lo general, recientes. Sin embargo, finalmente lo concibo como un curso –gratuito y a distancia– de literatura… todo eso que figura allí tiene que ver, aunque sea de modo curvo, con mi modo de leer –teórico y metodológico y ético– la literatura..

Hace poco colgaste un breve ensayo en tu blog, a propósito de una antología de Tito Cáceres Cuadros, sobre la poesía en Arequipa. Me llaman la atención tus comentarios, pero me quedo con la impresión de que no cargaste debidamente el tintero.

Soy una persona libre; es decir, cargo o descargo a mi aire. No quisiera que se me estereotipe ni, menos aún, complacer o no por mi tipo o talante de respuestas. Retomemos, más bien, aquello que llamó tu atención.

Entonces hagamos una pregunta más puntual: ¿habría algún aire de familia en los gestos de estilo que analizas?, ¿en qué términos es posible hablar de poesía arequipeña, limeña, o santacrucina?

Desde un punto de vista bastante escolar y elemental –tan deleznable acaso como el criterio del sentimiento del terruño– son absolutamente arbitrarios los criterios geográficos para delimitar literaturas. Pero si ninguno de estos nos resultan persuasivos, al menos pueden ser divertidos o entretenidos. Existen tantas verdades como interlocutores hayan; así, sin jerarquizar. La voz de la academia es sólo una de ellas; a veces de buen empaque, pero no pocas veces menos huachafa que la del adolescente sabelotodo o la del borracho que, para ponerse a tono con la conversación, nos dice, por ejemplo, que la poesía de Martín Adán es rica en verbos. Se comunican otras cosas, obviamente, a través de estos mensajes. Y compasión para todos siempre y permanentemente existe; para empezar, con el discurso de uno mismo.

Antes de terminar, háblanos de tu último poemario ¿qué representa, en el proceso de tu obra, Soledad impura?

Por un lado, completa la trilogía que va desde Juego de manos y pasa por El corazón y la escritura (1996); por el otro, debate en el Perú con Una impecable soledad… es, frente a esta obra de Luis Hernández Camarero, como la otra cara de la moneda. Finalmente, Soledad impura podría esbozar mi retrato más fiel.

¿Y qué proyectos tienes ahora?, ¿una novela, un libro de crítica, un nuevo poemario?
Por lo pronto, tratar de publicar en libro otros manuscritos. Por ejemplo, “Hitos de una vida continua: la poesía de Javier Sologuren”, que fue en gran parte mi tesis de Bachiller en Letras para la Universidad Católica del Perú (1987); y una colección de ensayos, todos ya publicados en revistas especializadas, titulada “Cinco ensayos deseantes: de Cárcel de amor a la última poesía española”. También me preparo a escribir otra novela breve, “Rompe una ola”, que creo continúa a las tres anteriores.

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Lucas, el confidente

Foto: Alfredo Sáenz

Lucas o “Lucario”. El típico chicapierna de barrio. El que jamás arruga . El resentido y, aun más, el perdonador. El conocedor de las debilidades humanas en un grado inalcanzable al propio Fedor Dostoievski. Barrilito amigo. Pana que nunca tuve. Telepático poeta. Pospoeta. Y poster-poeta, también, por la inocultable vanidad de esta fotografía. Germán perro, mi hermano fallecido. Mi mentor inconfesable .

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VASOS CONDUCTORES: Arte y Poesía [peruana de los 80]

El día miércoles 8 de Julio en el la Sala Raúl Porras Barrenechea del Centro Cultural Ricardo Palma.
Artistas plásticos se han inspirado en los textos de algunos de los poetas de los 80 para trabajar su obra.

www.vinogusto.com/.../2008/03/vasocom.jpg

Domique Taze-Bernard…………………………………Warning de Marcela Robles
Roxana Granda………………………………………….CIRCE de Rocio Silva Santisteban
Ignacio Alvaro………………………………………….El chico que se declaraba con la mirada de Roger Santivañez
Clavel Mera……………………………………………..Delirios I de Giovanna Polarollo
Maritza Karadza…………………………………………Hasta hacernos doler de Eduardo Chirinos
Luis Espinoza…………………………………………….A la hora del pay de Domingo de Ramos
Esther Oblitas……………………………………………El muchacho mira a la muchacha de Pedro Granados
Carla Chavez……………………………………………..El crepúsculo dura un instante de Doris Moromisato
Mischelle Ramos ………………………………………..Poema 5 de Jose Antonio Mazzotti
Helena Camino…………………………………………..El cuerpo donde habito de Rossella di Paolo

La muestra estará abierta al público hasta el 2 de agosto. El ingreso es libre.

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Hoy este blog cumple dos años

Cortesía J.C.R.Q.

En lo personal, y luego de vivir por casi un par de décadas en el “primer mundo”, retornar al Perú –sin la web– hubiera sido acaso algo insoportable. Focalizada y manipulada la realidad local hasta más no poder, Web contra todos los reducidores de cabezas. Mensurados la vocación y el trabajo por la mera ganancia o el mero arribismo, más Web contra los mezquinos y oportunistas de toda laya. Gracias, entonces, a esta vía gratuita de ida y vuelta. Gracias a los amigos que hemos hecho desde aquí. Y también al resto. Muchas gracias por su compañía.

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Entrevista a “Edgar Artaud Jarry” por su libro Golpeándome la cabeza / Raúl Silva

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CUERNAVACA. La belleza de una mujer fue el primer deslumbramiento que le reveló la poesía a Edgar Altamirano Carmona. Desde muy joven ha frecuentado talleres literarios, como el que impartía el poeta Juan Bañuelos en Ciudad Universitaria a mediados de la década de los setentas. Allí, y en el taller del poeta Alejandro Aura de Casa de Lago, conoció a los infrarrealistas y se hizo parte de ese movimiento telúrico.
Aunque ha escrito cientos de poemas (como lo pueden comprobar en www.ealtamir.blogspot.com) y su obra ha sido incluida en varias antologías, Golpeándome la cabeza es su primer libro y lo publica La Cartonera de Cuernavaca. Para este arriesgado acto que es la publicación de un libro, y fiel a su gusto por las máscaras, el poeta se ha enmascarado con un nombre lleno de reminiscencias literarias: Edgar Artaud Jarry. Este viernes 12 será la presentación, y lo acompañarán sus amigos infrarrealistas: José Peguero, Pedro Damián y Oscar Altamirano. Sucederá en la librería La rana de La Casona Spencer a las 19 horas. Como un preámbulo a ese momento, Edgar Altamirano nos habla de los andamios de su vida y su poesía en la siguiente entrevista:
–Edgar, ¿dónde buscas, dónde encuentras la poesía?
–No la busco, me sale al paso.
–El sentido del humor es un asunto vital en tu poesía. ¿Con qué tanta conciencia o inconsciencia asumes esto?
–La poesía puede ser divertida. No entiendo cómo los demás son tan aburridos. Además parecen enfrascados en hilar metáforas. Esto ya lo hacen las computadoras. Otros se entretienen en las historias de closet, asoman una pierna, un poco de intimidad, y así. El humor y saber contar y sugerir es vital para mis poemas.
–¿Quiénes son tus maestros en cuanto al humor?
–Edgar Artaud Jarry y Edgar Altamirano Carmona. En serio.
–Con respecto al título de tu libro, Golpeándome la cabeza. ¿Qué te llevó a elegirlo? ¿Cómo surgen los títulos (éste y los inéditos), así como de tus poemas?
–Siempre comienzo bien. Me cuesta trabajo concluir un poema. Alguien me dijo que debería escribir un libro de solo títulos. Títulos de libros y títulos de poemas. Se me da por naturaleza. También los inicios. Quizás debería escribir otro libro con puros inicios de poemas. El título es una derivación de un poema que significa mucho para mí. Pero pudo llamarse “Camión de pies”, por ejemplo.
–¿Por qué firmas este libro como Edgar Artaud Jarry?

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Antologías [Máscaras de Orfeo ] / Frank Báez

elarlequindehielo.obolog.com

Recibo un email donde leo que me han incluido en una antología dominico – brasileña llamada Máscaras de Orfeo. Mi segunda aparición en antologías en menos de dos meses. Si continuo con ese ritmo, de seguro para el 2020 le ponen mi nombre a una calle de la Feria del Libro. Pero bueno, entro a Facebook y le pregunto a Homero [Pumarol], quien también sale en la antología, si va a la presentación en el teatro nacional. El escribe que nos vemos a las seis, pero como llego a esa hora y no lo veo por parte, camino por los alrededores de la Feria. Me pongo a ver libros. Compro dos libros de Fernando Vallejo que me faltan. Le digo que no a las vendedoras que salen de los stands y tratan de convencerme de que compre libros de cocina o enciclopedias.

– Compre ete.

– ¿Cómo evitar la eyaculación precoz?

– Sí.

– No, gracias.

– Tengo: Todas las Posibilidades. El libro de Banintel.

– No.

De ahí cojo hacia el stand del Fondo de Cultura Económica. Me paro y estoy a punto de ver los libros cuando oigo toser a uno de los mexicanos que antienden. Mejor prevenir que lamentar, digo pensando en la gripe porcina. Doy la media vuelta y sigo de largo al teatro. En la entrada me topo con Yuli, Emelio y Miguel. Subimos y frente a la puerta de la sala hay una mesa con varios libros de la antología desplegados. La están vendiendo a cien pesos. Entramos a la sala. En una larga mesa, un tipo con boina y Basilio ensacado están sentados de cara al público. La actividad está a punto de iniciar. Como siempre, hay más poetas que público general. Veo a uno que otro poeta que sale del salón al verme sentado en la sexta fila. Basilio lee la introducción que hizo para el libro. A Homero, quien llega de pronto, lo pone en la generación de los noventa. A mí, en la de los neotestimoniales, que se supone es la del nuevo milenio y que por cierto suena a nombre de iglesia evangélica.

Tan pronto termina Basilio [Belliard], le pasan el micrófono al brasileño. Este habla en un español impecable y emprende a decir que su discurso va a ser pesimista. Dice que la sociedad brasileña es una sociedad cerrada, que no circulan obras extranjeras, que su literatura casi no se conoce y que allá no se traduce. Espero a que contradiga esto, sin embargo, increíblemente él parece secundar esta postura. Se mofa de la referencia que hizo Basilio sobre los concretistas brasileños. Cuenta de dos poetas brasileños que aparecen en la antología y que vinieron al país, pero que no se encuentran en la sala, de seguro porque andan por Boca Chica o con par de jevitas o jevitos sentados en las rodillas. Que cool son los poetas. Tan importantes y ocupados son que no participan en las actividades a las que se les ha invitado. Que cool se portan, sobre todo cuando vienen a un país tercermundista donde se les paga la estadía y los boletos de avión, dinero que se pudiera usar para comprar pupitres o comprar sueros en los hospitales donde los médicos están en huelga, una huelga infinita, por cierto. Aunque si estuvieran en la de Nueva York o en la de Guadalajara, de seguro estuvieran sentaditos y tranquilitos ahí. Pero bueno, el antologador toma la antología y lee unos poemas en portugues que se hacen largos e incomprensibles. ¿Por qué incomprensibles? Porque están en portugués.

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La chimiferia del libro [de Santo Domingo]/ Pedro Conde Sturla

www.remolacha.net
Picoteo de Obama en Santo Domingo

Hace mucho tiempo, la Feria del libro era una chimiferia del libro, algo parecido a la proliferación de aquellos carruajes de metal que se incorporaron al paisaje urbano en los años setenta, diseñados para la venta de emparedados a base de vegetales, salsa de origen incierto y peligrosas salchichas de carne de cerdo al carbón, los célebres y desacreditados chimichurris, de cuyo nombre no conozco el origen, pero sí el uso que estoy usando con toda mi mala leche.

Era así la Feria del libro, sobre todo en la época en que se realizaba –bajo perennes aguaceros que nunca han dejado de caer- en los predios del antiguo parque zoológico que hoy se llama Plaza del Conservatorio o algo parecido.

En esa etapa, el culto del arrabal y el chimichurri invadía todos los aspectos del magno evento libresco.

En cualquier Feria del libro, como en cualquier semana de carnaval o festival del merengue, el área se convertía en campamento de tenduchas y ranchetas fijas y móviles del género chimichúrrico.

La basura, el desorden, los altoparlantes a pleno pulmón se hacían reyes del lugar en la medida en que se libraba una competencia feroz entre los vendedores de las principales compañías de refrescos, pizzas, cervezas, venenosas bebidas artesanales, arepas, cachapas, hot dogs, hamburguesas y los mencionados chimichurris de bien ganada fama chúrrica o churrigueresca.

Estaban allí, dignamente representadas, la cultura del chicharrón y el puerco asado, sin olvidar el maíz hervido en agua sucia, que es lo mejor de todo.

Incluso, en alguna ocasión, en la Feria del libro fueron exhibidos animales importados del nuevo Jardín zoológico y botánico, a manera de atracción de feria nada libresca.

Por último estaban los libros, que nunca han competido en venta con bebidas y comidas, libros casi relegados a un segundo plano, cuando no invisibles y, sobre todo incomprables.

Si por casualidad aparecía una obra interesante y a buen precio, sólo se debía a la piedad democrática de los editores piratas.

El evento, organizado con limitada efusión de medios económicos y propagandísticos, presentaba al visitante un aspecto macondiano, lo cual no era contraproducente. Era quizás lo más representativo de todo.

Al fin y al cabo, no hay nada más libresco ni literario que Macondo. A ese espectáculo deprimente le llamaban triunfalmente Feria del Libro, una lamentable sucesión de casetas maltrechas dispuestas en orden caprichoso por una ruta de tropezones, en cuyo interior se ofertaban ejemplares de libros que por su precio parecían piezas de museo y muchas veces lo eran.

Era, como he sugerido, una feria chimichúrrica, chimichuresca, chimichurriosa a carta cabal.

Hoy, todavía, la Feria del libro, la ahora pomposa Feria internacional del libro, sigue siendo, en cuanto a libros se refiere, una chimiferia del libro, un espectáculo circense con un marcado carácter mercurial, no cultural, propagandístico y gobiernista.

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bisiestenario

Amigos del bisiestenario: Aquì les envio la lista completa de los invitados hasta ahora -pueden invitar a quienes quieran- En Argentina el Bicentenario es el 25/5/2010 asì que hasta principios de 2010 hay tiempo para subir textos al blog y hacer algo con eso.

www.reproarte.com/.../0489-0037_la_siesta.jpg
Jean-François Millet – La siesta

Acá va la dirección del blog: http://bisiestenario.blogspot.com/
Cómo funciona esto:
1. Abrir www.gmail.com
2. Nombre de usuario: bisiestenario: contraseña: 18102010
3. Ahí se abre la dirección de mail.
4. En una pestaña aparte, abrir la dirección: www.blogspot.com
5. Hacer clic en NUEVA ENTRADA (rectángulo celeste, al medio de la página)
6. Ahí se abre la página para publicar los textos. En el campo TÍTULO, poner el título a elección de cada uno y el texto en la parte de abajo.
7. Hacer clic en PUBLICAR ENTRADA (rectángulo naranja, abajo a la izquierda)
8. Para visualizar lo publicado, hacer clic en VER BLOG (arriba, derecha)

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Mapa de música (La poesía de Gloria Mendoza Borda)/ Raúl Rivero

escritores.wordpress.com

La poetisa Gloria Mendoza Borda, nacida en Puno, Perú, en 1948, no se ha propuesto como una tarea estética convertirse en la voz andina de la poesía de su país. Ella es esa voz. Lo es de una manera natural porque respiró ese aire desde que abrió los ojos y aprendió con su madre -una maestra rural- a entender la vida que la rodeaba.

De ahí que mientras otros autores tengan que usar goma de pegar y chirimbolos comprados en quioscos de turistas para demostrar que son autóctonos, a esta mujer le basta con evocar unos pasajes, revisar unas cartas de amor o asomarse a unas fotos para que el poema sea fiel a una cultura que está debajo de los trajes de colores y no necesita tener siempre de fondo la cordillera.

La escritora, de madre quechua y padre aymará, siguió cursos de letras en la Universidad San Antonio Abad del Cusco y luego se graduó en Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de Huamanga.

Mediante la utilización de un estilo directo, sin muchos aderezos, con un español austero y bien administrado, Gloria Mendoza Borda inserta, desliza, deja caer con suavidad y sencillez, elementos de las lenguas de sus antepasados que llegan al texto como si el poema no pudiera continuar sin ellos.

En el verano pasado, en la presentación de una antología de poetas peruanos para la revista colombiana Arquitrave, Pedro Granados escribió sobre ella: «Ha sabido aclimatar como nadie en castellano -salvo Vallejo, Arguedas o su conterráneo Carlos Oquendo de Amat- la sensibilidad de la lengua aborigen».

La poesía de Gloria Mendoza Borda tiene una música especial. Las palabras con las que identifica ciertos sentimientos y otras que le sirven para contar historias de personas importantes de su mundo, no tienen momento fijo para aparecer, no hay cuotas ni obligaciones, entran con llaneza en el texto y le dan la identidad y la fuerza que se puede percibir en toda la estructura de sus libros.

La escritora, que enseña actualmente en Arequipa, ha publicado Wilayar, Los grillos tomaron tu cimbre, Lugares que tus ojos ignoran y Dulce naranja, dulce luna.

La cultura de la que vienen sus padres y su familia parece ser para la señora Mendoza Borda una mina a cielo abierto. Una riqueza enorme y pública que está al alcance de todos, pero ella sabe muy bien qué llaves (palabras) son buenas y qué horario es el preciso para apropiarse de unas cuentas piedras de ley. Y repartirlas.
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Ana María Shua: La minificción tiene posibilidades infinitas/ Soledad Gallego-Díaz

www.publico.es

Los microrrelatos de Ana María Shua (Buenos Aires, 1951), que aparecen ahora reunidos en un volumen único (Cazadores de Letras), son difícilmente clasificables: cuentos brevísimos, normalmente, de menos de 25 líneas, capaces de exigir al lector un esfuerzo de concentración y al mismo tiempo de proporcionarle un universo coherente y compacto, recorrido por una fina línea de humor y cotidianidad. Shua ha cultivado desde los 17 años este género tan especial, pero lo ha hecho alternándolo con la novela, la poesía, el cuento tradicional y la literatura infantil, hasta el punto de que no es posible analizar ninguna rama de la literatura argentina de los últimos treinta años sin tener en cuenta su brillante aportación. Shua recibió recientemente un multitudinario homenaje en Buenos Aires, en el que muchos de sus colegas resaltaron esa extraordinaria capacidad suya para moverse en los límites de géneros muy dispares sin perder en ninguno de ellos su peculiar mirada. En su casa de Buenos Aires, pocas horas antes de embarcar hacia Madrid, Shua se ríe con ganas de quienes la califican como “Reina del Minirrelato”.

—¿En qué se diferencia un microrrelato de un cuento?

—En 25 líneas, como máximo, es imposible desarrollar personajes o su psicología; hay que trabajar con los conocimientos del lector, hacer como en las artes marciales, donde se aprovecha la fuerza del adversario. Usar los conocimientos del lector para seducirlo y que sea él mismo quien complete el significado. Juega mucho en esos límites. Hay que tener mucho cuidado en lograr que no cruce la frontera del chiste, porque eso es realmente peligroso, quedarse en un jueguito de ingenio.

—¿No son sólo un chispazo de ingenio?

—Deberían ser algo más; algunos son solamente eso, un chispazo de ingenio, pero los autores siempre quisiéramos que fueran también otra cosa.

—¿Va publicando los minirrelatos según los escribe o los guarda hasta que tienen una cierta unidad y se publican juntos?

— El libro que sale ahora en España reúne mis cuatro libros de microficción, con unos sesenta textos nuevos. Mi primer libro, La sueñera, es de 1984. El género no tenía todavía el auge de ahora y a mí no me parecía que estuviera haciendo nada particularmente nuevo, en especial porque en Argentina tenemos una fuerte tradición de microrrelato. El primer libro de este tipo fue Cuentos breves y extraordinarios, de Borges y Bioy Casares, en 1953. Y todos nuestros grandes escritores, los que han sido cuentistas, escribieron también microrrelatos. Borges, Cortázar, Bioy Casares.

—Una de las cosas que más me gusta de su libro es el sentido del humor. ¿Es una parte importante de su trabajo?

—Es una parte importante de mi personalidad. Aparece en todo lo que hago. Mi problema es que muchas veces me propongo lo contrario, escribir sin humor, porque tampoco uno quiere estar riéndose todo el tiempo.

—Como usted dice, el minirrelato es, por un lado, un género poco novedoso, pero, por otro, está muy relacionado con este tiempo, en el que todo va muy deprisa.

—Es un género que se adapta muy bien a Internet. En este sentido, sí tiene que ver con la cultura actual. Pero, por otro, los best sellers en Occidente son tremendos novelones de 800 páginas y nunca jamás un libro de minificción. Por algo será. En una novela, uno conoce un mundo, forma parte de alguna manera de él y puede entrar y salir tranquilamente en cualquier momento. Con el microrrelato es todo lo contrario, cada texto es independiente y requiere mucha atención. Cada texto es un pequeño cosmos que hay que comprender y por eso, en cierto modo, produce fatiga. Un libro de microrrelatos no es para leer de un tirón, como se puede decir de una novela; es todo lo contrario, algo como una caja de bombones, si uno los come todos seguidos se empalaga. No es un libro que se adapte a la velocidad y al poco tiempo que marca la cultura actual.

—Ese cansancio, ¿puede relacionarse también con el hecho de que son historias sin un contexto?

—Es el lector quien debe poner el contexto. Se le exige que preste una alta concentración y parte de sus conocimientos.

—Leí en algún lado una frase de Hemingway, o que se le atribuye a él: “Se venden zapatos de bebé que nunca han sido usados”. ¿Eso es para usted un microrrelato?
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