Archivo de la categoría: Ensayo

Ensayo

A épica ‘Ocidental’ de Mónica Volonteri/ AMANDA DA SILVA LIMA

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Mónica Volonteri

O trabalho a seguir fará um breve análise na obra da autora Mónica Volonteri – Máximo Gomez Bajando (2006). A partir de pressupostos e características da literatura épica “ocidental”, onde a autora descreve as dificuldades de uma mulher enferma em uma cidade desconhecida, defendendo o coletivo na perspectiva da pobreza em que Volonteri encontra e descreve, tendo em vista que durante os poemas a autora não fala por si mesma, e sim por um todo, além das mulheres, através do épico ela defende também os imigrantes, uma reconstrução do épico dentro da pobreza, com uma visão de heroísmo.

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We changed Santo Domingo en esto: um ensaio sobre a troca da aura dominicana for Dollares and Euros/ Ana Lúcia Ferreira Busquet

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Glaem Parls (Foto: revistapingpong)

Partindo do conceito de “aura” nas produções artísticas, tema o qual Walter Benjamin problematiza em seu texto “A obra de arte na era da sua reprodutibilidade técnica” (1995), o presente trabalho tem com pretenção estabeler uma relação entre a existência da dita “aura” na cidade de São Domingo descrita por Manuel  Rueda em “Santo Domingo es esto”,  presente na antológia “La ciudad en nosotros” (2008), compilada por Soledad Álvarez, e em oposição à primeira, a não existência da “aura” na cidade de São Domingo, descrita por Glaem “Pippen” Parls, em seu poema “We changed Dollares and Euros” presente no livro “Breve  teatro para leer” de Pedro Granados.

 

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“Mar Paraguayo”/ Douglas Diegues

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Depois que conoci “Mar Paraguayo”, em 1989, ainda nas páginas do premiado Nicolau, que Wilson Bueno editaba em Curitiba, fiquei fascinado com aquilo, pues era la lengua que la xe sy (minha mãe) y que las madres de mis amigos usabam diariamente.
Eu também queria escribir em portunhol y fiquei com uma pergunta revoleteando nel kraneo por quase dez anos: ¿Cómo escribir em portunhol después de Wilson Bueno, pero sem imitar Wilson Bueno?

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Agua de Colombia/ Harold Alvarado Tenorio

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Hasta ese año existió el programa Que hablen los poetas auspiciado por el Banco de la República, cuyas instituciones culturales terminarían al servicio de las multinacionales del libro de texto, la literatura y las artes, Durante un cuarto de siglo, un pretendido bardo [léase Darío Jaramillo Agudelo] convirtió los enormes fondos de esa institución pública en una suerte de peana para alcanzar una gloria que ni él mismo creía merecer y en últimas sirvió a las editoriales y poetas de España y México más que a los genuflexos poetas nacionales. El gran monumento a esas ambiciones faraónicas del sub-gerente es un póstumo adefesio del gran Rogelio Salmona, nombrado con cinismo ejemplar Centro “García Márquez del Fondo de Cultura Económica”, pero levantado y mantenido con las multimillonarias compras de libros a esa editorial mexicana ordenadas por los secretos comités de la Biblioteca Luis Angel Arango, controlados por Jaramillo y el proyectado Gerente del mismo, cuyo Boletín Cultural y Bibliográfico es la fría lápida de esa poesía aupada desde los extensas despachos de la Casa de la Moneda y colgada de las solapas de la propia revista. El BCBBLAA, creado por el erotómano y fracasado historiador de las amantes de los próceres de la independencia, el sonetista Jaime Duarte French, quien durante un cuarto de siglo departió con Eduardo Carranza o Mario Rivero en extensos piscolabis rociados de caldos españoles, luego que había disfrutado de las aguas termales de su alberca privada, adjunta al despacho y el comedor, fue el instrumento, por otros veinticinco años, del lírico y prosista de Santa Rosa de Osos para desprestigiar o elevar a los altares de la gloria a una legión de menesterosos a quienes pagaba mezquinas sumas de dinero por los comentarios que a rejo limpio ordenaba. Son memorables las reseñas de un astuto peruano, calificado por sus alumnos como el peor dómine que habían conocido, quien, por unos pocos dólares, desde un helado pueblo en la frontera con Canadá enviaba, tras recibir los libros y las instrucciones para “leerlos”, unos galimatías que amontonó como Agua de Colombia donde practicaba, son sus palabras, “el vacilón de la crítica”.  

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AHAYU-WATAN. Suma poética de Gamaliel Churata/ Mauro Mamani (compilación y estudio)

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El poeta, entre los Churata, es el autor de Ande (Alejandro), no Gamaliel (Arturo).  Es decir, el poeta en estricto, el versificador.  Alejandro Peralta, a su vez, influido directamente por Trilce; el franco vanguardista.  Muy al contrario de su hermano (Gamaliel), hechizado por Eguren y, otro tanto, por Apollinaire (el de “Zona”: “sol/ cuello cortado”); sin desprenderse del todo del  modernismo y cierto simbolismo.  Es como si el “Interludio Bruníldico”, del autor de El pez de oro (Arturo) se continuara en la poesía de su hermano.  Virtual tema de estudio este diálogo y complicidad literaria entre ambos hermanos.  Acaso Gamaliel discutiera con César Vallejo; pero no Alejandro.

Por lo tanto, el interés de este volumen es ante todo documental; y acaso el sesudo discurso de Mauro Mamani en el extenso prólogo (la mitad del libro de 148 páginas), aquello que deba ser comentado.  Y elogiado por facilitar al especialista, luego de un arduo trabajo de investigación, la “Suma poética de Gamaliel Churata” que, asimismo dicho prólogo, enfatiza que aún “no ha sido estudiada”.  Algunas preguntas pertinentes a la narración de Mamani podrían ser, tomando sólo en cuenta las páginas 22-23: ¿Es posible hablar todavía de forma y contenido?; ¿Lo andino lo constituyen el paisaje y el ambiente? o ¿el incorporar “significantes quechuas y aymaras”?  Muy probablemente (otro subtema a cotejar) Arturo Peralta en su poesía jamás dejó de ser Juan Cajal: seudónimo hispánico que aquél usara para acompañar sus poemas de influencia modernista. 

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Un camelo titulado Álvaro Mutis/ Harold Alvarado Tenorio

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Tanto la llamada “poesía” como la “prosa” de Mutis son ejemplos flagrantes del arte de la sociedad de consumo. Un
“arte” que vende el mejor de sus productos: el rechazo ramplón de lo que conocemos como modernidad, con sus
ofertas de igualdad, libertad y fraternidad, consideradas por Mutis otras supersticiones de nuestro tiempo. Para él la literatura fue mera entonación o estilo, no comunicación. Heredero de la voz radial de Jorge Zalamea en sus traducciones de Perse, Mutis hizo de sus monodias presagio de la vacuidad, o como él prefiere llamarla: desesperanza.  Desde Los elementos del desastre (1952), Reseña de los hospitales de ultramar (1959) y Los trabajos perdidos (1964) el asunto fue lo mismo. Según José Miguel Oviedo “todos sus poemas revelan la misma actitud” pues animados por una idea fija, “todas las palabras empleadas en el fondo son iguales ya que es uno mismo el sentido que se les otorga…” Y agrega: “Mutis es uno de esos poetas que, a cualquier edad, escriban lo que escriban, dicen siempre lo mismo…” Cobo Borda ha descubierto, además, que “Un libro de Enrique Molina, Costumbres errantes o la redondez de la tierra, aparecido en 1951, manejaba los mismos tópicos de Mutis.”

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A propósito de Autismo comprometido/ Carlos Quenaya

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Arte: Norka Uribe

Conocí a Pedro Granados en el 2009. Había publicado yo un librito con 25 poemas breves que, a petición mía, Pedro acompañó con un comentario para la contratapa. Pero eso fue en el 2008, lo que quiere decir que, luego de nuestro intercambio virtual, pasó un año para que Pedro se animara a viajar a Arequipa y presentar su más reciente poemario por esa época, Soledad impura. En Arequipa fue, entonces, donde conversé con Pedro por primera vez. Yo le había seguido el rastro, naturalmente, desde tiempo atrás, pero en cierta forma ya había estado hablando de poesía con él mucho antes de encontrarnos en Arequipa.

Lo primero que leí de Pedro Granados fue un ensayo: José Watanabe y las trampas de la fe, probablemente en el 2007. El ensayo, que encontré en Internet, causó una gran impresión en mí. Aprecié desde el inicio la audacia, el humor, la agudeza en la observación, la prosa que era algo más que una prosa correcta o adornada. Esto motivó que sistemáticamente buscara más ensayos de Pedro. Entre ellos, Los poetas vivos y más vivos del Perú, donde el autor ensaya una lectura personalísima, sensible y aguda de la poesía peruana del siglo XX. En esa ocasión hice acopio de todos los textos ensayísticos de Granados que circulaban en la red y, ya impresos, los comenté con amigos, con el afán de compartir el descubrimiento de quien es, sin duda, uno de los dos o tres mejores lectores de poesía en el Perú.

Ahora se comprenderán mejor las razones que me animaron a escribirle y pedirle un comentario para mi primer poemario. La amistad y el intercambio virtual afianzaron mi percepción de Pedro, quien por ese tiempo comenzó a llevar un blog donde iría colgando las cosas que ya circulaban en la red y las que iban saliendo de su mano. En su blog encontré reseñas, nuevos ensayos, selección de poemas, comentarios de todo tipo que han sido y son, en buena cuenta, los que impulsaron y afirmaron algunas ideas que, sobre poesía, he venido cultivando. Lo que supone que el libro que hoy presentamos tiene un lugar especial no solo en la bibliografía de Pedro, sino en mi búsqueda personal. Serían, por lo tanto, cinco o más años de escritura que, difundiéndose en su mayoría de manera virtual, se reúnen en Autismo comprometido: sobre poesía peruana reciente.

Tal como Pedro apunta en el prólogo:

…este libro es una selección de lo que hemos ido publicando sobre poesía peruana en estos últimos años; y, quizá resulta ocioso puntualizarlo, una auto-reflexión ante el lector de los presupuestos teóricos, metodológicos y valorativos que hemos ido dejando al paso y compás de nuestra labor crítica. No son nuestros textos propuestas de cara a la eternidad (lo peor que nos podría ocurrir sería ganarnos un Nobel por ello); sino que llevan en sí mismos, como hemos leído en algún otro lugar: “el perfume de lo precario y el temblor de lo pasajero”. Casuales, por lo tanto, como sinónimo de efímeros y, sobre todo quisiéramos sea también así, como equivalente a vivos. (p. 10)

La crítica de Pedro se sostiene, tal vez, en una actitud de sospecha permanente. Sus ensayos son, de diferentes maneras, un intento por poner en cuestión lo dado. Hay, diríamos, una vocación que lo mueve a poner en duda la autoridad de las opiniones más o menos comunes, de las ideas ya de antemano envasadas para su consumo. Sus ensayos no solo ponen en juego el texto que tienen en frente, sino que, inevitablemente, ponen en movimiento una comprensión particular sobre la poesía. La lectura de Pedro no se reduce a la exégesis académica, ni intenta complacer al estudiante de literatura con una argumentación en apariencia neutral y rigurosa. Y creo que aquí es donde uno distingue el peculiar aporte de Pedro a la poesía: el haber fraguado, con el paso de los años, una singular visión de ella, una comprensión que no excluye para nada una comprensión de la vida, sino que, por el contrario, la supone y la integra. No son textos “literarios” los que produce Pedro, si con el adjetivo designáramos cierta especialización algo anticuada o escolástica. Sus textos pretenden, creo yo, proponer un gesto que desafíe el lugar común, pero no por romántico o gratuitamente iconoclasta, sino, esencialmente, para defender la autonomía de criterio y la libertad de la imaginación y, también, en otro nivel, como una defensa lúcida del sentido del humor.

Esto, claro, le da un importante giro de apertura al autismo del libro. No es el suyo un ensimismamiento que obstruyera el diálogo. Pedro sabe que los textos existen para ponernos a hablar de ellos, no para figurar en agendas de cara a la eternidad. Pero hablar o promover el diálogo que de verdad interesa, solo es posible si ganamos un poco de libertad para nosotros. Así, estos ensayos  no le temen al encuentro con la diferencia o el desacuerdo, más bien, parecen provocarla, o aspiran de manera decidida a ello.

Estas son, pues, algunas ideas que se me vienen a la mente luego de repasar los ensayos recogidos en este libro. Es un libro por el que siento una particular gratitud; escrito, quizá, para demostrar que todavía es posible leer con placer y pensar con emoción.

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El César Vallejo de Stephen Hart

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El César Vallejo de Stephen Hart*, informado y útil trabajo, diseña un degradé desde la picaresca –y el juicio, aunque implícito, severo a las andanzas del pícaro y prófugo nativo de Santiago de Chuco– a la elegía –a los versos hondos y el parisino, en aura de compromiso social, trance de muerte del poeta.  Hart jamás percibe el aspecto cultural, aunque expone los ladrillos e incluso glosa y comenta puntuales calas de Vallejo en lo andino.  Justo cuando  finalmente se impone hablar de sexo –incestuoso o no– el crítico inglés calla.  “Parado en una piedra”, tal como lo expusimos en detalle en nuestro libro del 2004 (Cap.  III: “La poética del nuevo origen: La piedra fecundable de los poemas de París”)**, alude no sólo a una manifestación o “paro”;  sino también, de modo simultáneo, a una virtual cópula con la piedra, con la materia misma de lo incaico: sol –masculino– que se ha transformado en algo femenino, aunque esta piedra ahora se halle “cansada” o en crisis y sea, luego, incluso la propia “España” del famoso poemario póstumo dedicado a la Guerra Civil.  Hart no percibe en su lectura la presencia de lo cultural, su constante opacidad y metamorfosis, sino únicamente como un museo de tópicos o taxonomía académica ya canonizada; un tanto como tampoco lo percibió la misma Georgette de Vallejo.  Pero el mismo poeta sí lo hizo e incorporó aquello en su propio proceso intelectual y artístico donde lo político no se contraponía a lo mítico.  Por esta razón, sus “Nostalgias imperiales” y su Trilce –que es versión escrita sintética y sincrética del mito de Inkarrí, elaboramos ahora mismo un ensayo sobre ello–  y su “Piedra cansada” son un mismo mito expuesto de modo minimalista y con vocación incluyente siempre.  De lo afro-limeño, primero, y después de las etapas iluminista y revolucionaria de su experiencia europea: francesa y soviética, respectivamente.  Una biografía de Vallejo que no ventile aquel aspecto cultural en su relato  lucirá siempre destrabada e inevitablemente fragmentaria.   El problema es que Vallejo no hablaba nunca de esto, ni con su viuda ni con nadie.  Su experiencia de lo sagrado, nada exclusivista o individualista sino más bien comunitaria,  se tocaba con su radical experiencia de la poesía y para él, tal como en aquellos versos finales de “Huaco” (“[Yo soy] Un fermento de sol/ levadura de sombra y corazón”), le eran inherentes –acaso para ser más productivos en su obra poética — el pudor o el secreto.

En todo lo demás, aunque Hart de algún modo continúe la teoría y metodología de un Juan Espejo Aturrizaga, la exposición del profesor inglés es amena y, repetimos, a pesar de cierto puritanismo u holismo militante, extraordinariamente útil.    

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IMPREDECIBLE OFICIO EL DE LA MARAVILLA: ENTREVISTA AL ESCRITOR PUERTORRIQUEÑO PEDRO CABIYA/ NÉSTOR E. RODRÍGUEZ

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“vivir en la República Dominicana significó para mí un acercamiento, más bien. Un acercamiento a la realidad del Caribe. Como puertorriqueños residentes en un país subsidiado somos a veces incapaces de reconocer, mucho menos entender, la realidad económica, política, social y cultural de nuestros vecinos caribeños. Geográficamente vivimos en el Caribe, pero mentalmente habitamos una especie de burbuja mágica, impenetrable. Vivir en la República Dominicana me puso en contacto con otras fuentes, muy ricas, que tuvieron un efecto sensibilizador y enriquecedor; la religiosidad popular, el panteón caribeño, la farmacopea de las islas, las pequeñas y medianas empresas, el cooperativismo urbano y rural, las juntas de vecinos, el contrabando y la piratería, la astucia del hambre, las complejidades de la identidad racial, el dinamismo de los creoles, la potencia indiscutible de la brujería, la pobreza extrema y, lo más importante de todo, la inquebrantable alegría”

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