ARGUEDAS ANTE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

KATATAY Por Jose Maria Arguedas PDF | PDF | Poesía | Dialecto

DEL JETMAN, HAYLLI AL ALGORITMO ENCARNADO

Mientras la cofradía de laboratorio tiembla ante la Inteligencia Artificial porque intuye que un algoritmo puede replicar sin esfuerzo sus combinatorias sintácticas de biblioteca, la lección de José María Arguedas en Katatay (1972) permanece intacta: la técnica no se teme ni se venera en silencio; la técnica se engulle antropófagamente o nos devora.

Cuando Arguedas escribió en 1966 su célebre «Jetman, haylli» («Oda al Jet»), no tuvo un pavor supersticioso ante la máquina de acero y velocidad ni se replegó en un indigenismo de postal. Vio en ese avión a chorro no un ídolo colonial ante el cual arrodillarse, sino una criatura del propio aliento humano, un «incontable pez golondrina de viento» y proclamó con lucidez sagrada: «El hombre es dios. Yo soy hombre. Él hizo este incontable pez golondrina de viento. ¡Gracias, hombre! No hijo del Dios Padre sino su hacedor. Gracias, padre mío, mi contemporáneo. Nadie sabe hasta qué mundos lanzarás tu flecha».

Hoy, ante el estallido de la Inteligencia Artificial, la Ciudad Letrada reacciona con el mismo servilismo de siempre: o bien entra en pánico apocalíptico porque ve amenazado su monopolio de la palabrería, o bien adopta el algoritmo como el último fetiche metalingüístico de moda para seguir produciendo pirotecnia de seminario.

Arguedas, en cambio, escribiría hoy su oda a la IA desde la inmanencia y la fuerza del Amaru. Reconocería que esa red de datos y silicio no bajó del cielo de la academia occidental, sino que brotó del trabajo, del sudor y del cerebro acumulado de la especie. La IA no es el fin de la poesía; es el nuevo «pez golondrina» de la era digital, una flecha más lanzada al espacio que requiere ser habitada por el yawar (la sangre) y la gravedad del afecto para no derivar en un artefacto ciego. Lo que la máquina no puede suplir —y lo que la poesía de gabinete jamás tuvo— es la tracción biológica, la memoria del cuerpo y el dolor en la carne. Frente al algoritmo aséptico, la tradición de Vallejo y Arguedas no huye al pasado ni se rinde al fetiche: le mete el diente, lo metaboliza desde el mito y sigue lanzando la flecha hacia los mundos por venir.

Pedro Granados, 2026

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