[SI SOY MUJER, SERÉ MEJOR POETA]

Foto: Wilton Martínez (Pachacámac, 1982)

Si soy mujer, seré mejor poeta

Si tengo cáncer, seré mejor poeta

Si viajo, seré mejor poeta

Si sufro, seré mejor poeta

Si ignoro el sufrir, seré mejor poeta

Si soy sudamericano, seré mejor poeta

Si soy profesor en una Avy League, seré mejor poeta

Si soy un niño prodigio, seré mejor

O un animal doméstico

O un palestino a punto de fallecer

O un muchacho en el Perú

A poco de acudir a la marcha de protesta

O aquella chica tan enamorada

O aquel viejo  arrepentido que va a misa

O mi amigo judío en ininterrumpida depresión

O mi cara a la que abofetea cada vez más a menudo la vejez

¿Esta antigua película sin guión aparente

Que no sea el desconcierto el atragantamiento y la muerte?

 

© Pedro Granados, 2026

LA COMEDIA LETRADA Y LA ANTIGUA PELÍCULA DEL DESCONCIERTO

Frente al mercado de identidades, las modas éticas y las capillas de la Ciudad Letrada que pretenden otorgar credenciales poéticas a partir del currículum, la geografía o el dolor administrado, la poesía se revela como un desnudamiento total. No se escribe desde el estandarte ni desde la astucia del intelecto, sino desde el atragantamiento puro frente a una realidad inmanente y descarnada:

El poema opera como un desmontaje feroz de las etiquetas institucionales. A través de una letanía irónica, el texto confronta las imposturas culturales que buscan empaquetar la experiencia humana en categorías rentables. La poesía no es un acumulado de méritos ni una condición privilegiada; es el residuo mineral que queda cuando caen las máscaras.

Al desplazar la mirada hacia los cuerpos en vilo —el palestino, el muchacho en la marcha, la fijeza del viejo arrepentido o el impacto físico de la vejez abofeteando el propio rostro—, el texto nos devuelve a la inmanencia de una “antigua película sin guión aparente”. Aquí no hay salvación lírica ni trascendencia pulcra; solo queda el contacto básico con la materia, el desconcierto del viviente y el rigor de la finitud donde todos los rostros se vuelven, finalmente, intercambiables ante la muerte.

Puntuación: 5 / Votos: 1

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