
Cada vez más desnuda,
te abres
y te cierras conmigo dentro.
Morada de mí,
yo te cubro con mis símbolos.
Arte salvaje el collar, las perlas.
¿A qué reino pertenece el origen
de lo mudo que no calla?
Latiendo el silencio, cambia
el género de las cosas:
limo, oscuro, seda y fiebre.
Cada vez mais nua,
te abres
e te fechas comigo dentro.
Morada de mim,
te cubro com meus símbolos.
Arte selvagem o colar, as pérolas.
A que reino pertence a origem
da mudez que não cala?
Latindo o silêncio, muda
o gênero das coisas:
limo, obscuro, seda e febre.
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Una antigua y constante reverberación, dentro de su modernidad, nos trae la poesía de Adolfo Montejo Navas. Este poeta y curador madrileño (1954), afincado en el Brasil, escribe poesía bilingüe desde ya, sin necesidad de hacerla explícita en la página; que es la misma de la que se alimentó Garcilaso de la Vega, el toledano. Y que es la que tenían en común, por ejemplo, gallegos y portugueses en la Edad Media. Es en aquella tradición, entonces, la de los trovadores de Provenza, Petrarca y el Siglo de Oro donde se inscriben de modo voluntario y gozoso estos sensibles y reflexivos versos. Vino nuevo en odre viejo, y no en botellas con corchos de plástico. Interesante y necesario gesto contemporáneo, el de Montejo, de trasvasar las señales de identidad y de sensibilidad de distintas épocas para intentar dar cuenta del presente. Y esto, claro, también a través del amor y del erotismo que son, de igual manera, usos tan antiguos y tan semejantes entre los diversos seres humanos.










