[La pituquería es ya una enfermedad incurable]*

La pituquería es ya una enfermedad incurable

Antes todavía no lo era

Sobre todo la que se apropió

De los estudios culturales filosóficos

Literarios en fin de todo aquello

Donde lo aparente en principio

No debía ser cierto

Bruja quijaruda enana de mal aliento

Chico listo que aún no recibe

Su buen mordizco

Qué puede pensar un individuo

Que remite únicamente

Un libro a otro libro

Y que pudiendo hablar en mero español

Prefiere hacerlo en inglés

Modulado en Inglaterra

Qué vocación para la copia

Carajo para la caricatura

En ese cubo mágico

De las certezas

Donde no entra un alfiler

Ni desde donde tampoco

Puede escapar ni un pedo

Enfermedad incurable basada en el desprecio

Del otro que no sea de equivalente capilla

De la argolla de los inteligentes

De los actualizados y aunque

Se tolera el estilo informal

De los muy bien vestidos

Y porque muchas golondrinas de estas

No hacen un verano

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ARTEPOÉTICA PRESS PUBLICA AMERINDIOS/AMERINDIANS LIBRO DE PEDRO GRANADOS

“Sí, querido Pedro, somos todos amerindios en medio del ritmo de las
cosas. No hay algoritmo que pueda contener las asimetrías en
movimiento, archipiélago entrelazado”
Amálio Pinheiro (PUC-SP)

Artepoética Press, con sede en la Ciudad de Nueva York, ha publicado, en edición bilingüe español-inglés, Amerindios/Amerindians, poemario del poeta peruano Pedro Granados. Amerindios/Amerindians contiene dos libros: Roxosol/Sunredsun (traducido por Leslie Bary) y La mirada/The Gaze (traducido por Sasha Reiter e Isaac Goldemberg).

En su introducción, Leslie Bary escribe que la poesía de Granados “evoca el dislocado sentimiento de identificación con un terreno síquico y físico repleto de signos de un pasado desconocido y al mismo tiempo visible; físicamente, en las líneas que las ruinas subterráneas trazan en la tierra, y síquicamente, en la leyenda del cuerpo enterrado y el espíritu emergente del antiguo sol o Inkarrí”.

Por su parte, en su introducción Sasha Reiter afirma que “Mediante la mirada, el poeta crea una relación con el mundo, una relación que tiene que ver con la realidad física, emocional y cultural que lo rodea. En este nivel, Granados ha creado su propia versión poética del escenario-espejo sicoanalítico de Jaques Lacan. Ambos parecen decir que la manera en que los seres humanos se relacionan con el mundo es a través de una mirada muy solitaria. Una mirada que nos revela que estamos separados de todo”.

Según Julio Ortega, “La poesía de Pedro Granados es el hilo de habla que emerge de una herida en el cuerpo del lenguaje español. Habla que es hilo de vida, huella de sangre, texto de la voz que borbotea con asombro y convicción”.

Asimismo, Carlos Llaza ha declarado que en “La mirada Pedro Granados demuestra una vez más que es un artista con calle poética, cuya voz se resiste a categorizaciones simplistas y revela el lugar que la poesía, como epistemología y concepción del mundo, ocupa en la vida diaria. Así, al reconciliar los caóticos mundos interno y externo a través de un intelecto cruelmente tierno y sensual, La mirada se erige como un referente en la poesía contemporánea”.

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Extraordinario hallazgo: Carta natal de César Vallejo

Desconocida hasta ahora (dos hojas con fechas, respectivamente,  15 y 19 de noviembre de 1918), aunque filtrada por manos confiables a este blog, la autora de esta carta astral es Zoila Pajares, viuda de Villanueva, madre de la famosa Otilia Villanueva Pajares.  Iniciada aquélla en las ciencias ocultas, a imitación de Madam Blavatsky, desde adolescente y en su terruño,  Cajamarca. Por lo tanto, completaría y justificaría el real motivo por el cual el poeta se ligó de tal manera a ambas o a aquella casa.  La hija le deparaba un amor “apasionado, vehemente, incontrolable” (Juan Espejo Asturrizaga); mientras la madre, aunque honrada y púdica, hondamente  le comprendía.  Y, no menos, también el motivo  –no únicamente el anecdótico del embarazo, decepción y posterior fuga de Otilia– por el cual se desligó de  aquella familia de modo tan abrupto o intempestivo.  La madre sabía muy bien quién era César Vallejo y el inevitable dolor que venía para la novia.  Intentó, desde un inicio aunque  muy a pesar suyo,  alejar al poeta de la vida de su menor hija.  El viaje o los viajes, con Vallejo solo, aparecía por todo el ámbito del radix.  Que sepamos, el cholo desconoció esta –su propia– íntima misiva.

CARTA

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El poeta/ Juan Arabia

SOY EL QUE MIRA AL CIELO Y A LA TIERRA

Soy el que mira al cielo y a la tierra.

Soy el universo.

El que baja hasta la orilla del lago

y enciende las hierbas secas.

La explicación es una bajeza,

el esclarecimiento la humillación.

Porque el aire es como los otros:

la memoria del hombre, en sí misma.

Soy el que escucha a los árboles

y sus cabellos de inmenso día.

El que brota en el silencio de la superficie

y deja firme su idea.

Estoy hecho de palabras; soy el que canta.

Estoy hecho de materia; soy el que inventa.

No siento temor por la verdad:

soy el que vive, soy el poeta.

ATARDECER EN CROMER STREET

El sol no cayó todavía

pero llegaron las mentiras rojas

a un bar de Cromer Street.

Y mientras los viejos amigos arden

dentro de una lámpara

en la que no corre aire

atravieso la vida

como si fuera un extraño,

junto a mi corazón desnudo.

Juan Arabia, El enemigo de los thirties (Buenos Aires: BAP, 2015)

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Alturas de Samaypata/ Leila Yatim (Tradução)

I

Samaypata é um Macchu Picchu em pequeno,
Nos dizem. E o vulgo acerta.
Hora e meia custa deixar atrás
O calor de Santa Cruz de La Sierra.
E instalar-se.  Passar
Pelo olho da agulha de suas ruas.
Sem tocar a pedra.
Sem pôr as narinas sobre a roca fria.
Saber que Samaypata nos espera.
Para morrer.  Para viver
Quiçá ainda mais desta maneira.
Com sua mansa arquitetura sob nossos pés,
Isso nos dizem.
Com sua impenetrável tela de ar,
Aquilo que nos ilustra.
Samaypata e a arte de morrer,
De ir morrendo enquanto caímos
Em seu profundo poço.

Como em Machu Picchu.
Ainda que samaypata é a morte pessoal,
Nem comunitária nem sideral. Individual apenas.
Um dia fomos ali
Com nossa índia camba
De longos cabelos, fortes e escuros.
Um dia ali fomos, em Lima,
Quando éramos crianças
E brincávamos em volta
De uma de suas huacas empoeiradas.
O gol era a morte,
Mas isto ainda não sabíamos.
E o alvoroço,
A mesma alegria de agora. Escura alegria.
Sem pôr as mãos sobre a roca dura
Nem os olhos fechados sobre a fria pedra.

II

Pertencemos a uma família tão antiga
Como a dos primeiros homens da planura
Ainda que na montanha também encontram
Nossas cinzas.
Fazer o amor sobre minha camba
É como penetrar dentro de um muro.
Como fazer o amor a uma rosa negra.
Samaypata é a fêmea
Escondida entre a folhagem
Pernas e quadris de mulher.
E tetinhas de cadela.
Assim era aquela escura moça.

E a pinga vira couro.
Por continuar caído sobre a pedra.
E os dentes teus saltam demais e os braços
Para melhor mordê-la e abraçá-la.
E as panturrilhas ficam como borracha
Para te impulsar
E ir conhecendo a arte de morrer em Samaypata.
Sem respirar a pedra nem lamber a roca dura
Nem jazer de bruços no fundo do abismo.

III

O regresso desde Samaypata
Me trouxe aqui.
Que não é Samaypata, isso está claro.
Que não sou eu, também.
Que não é ninguém, talvez. Senão sozinho
Certa miragem de luzes e altos edifícios
Sobre a paciente erva.

IV

Um mandar pode ser
Qualquer bocado.
Por isso escreves apesar
De teu sentimento impuro.
Não há um lugar nem um tempo
Ideal. Por isso
Aproximas tua cabeça
Ao abismo do papel.
Samaypata há deixado

Um largo rastro de estrelas.
De aglomeradas estrelas de morte.
Meia hora menos dura
E o caminho de volta ao plano.
A investida do calor
De Santa Cruz de La Sierra.
Ao assalto do frio de Boston.
Mesmo que por agora vivas
Dentro do avião de tuas lembranças.
E o fato próximo futuro
Seja o de tua própria extinção.
Quiçá em Samaypata.
Quiçá tocando a louça mesma
Daquelas esplêndidas estrelas.
Com nossa gota de sombra confundida
E feliz entre tantas outras sombras.
Mas isto não sabes ainda. E por isso escreves
Com tua solidão impura.
Pela metade sozinha. Acompanhada
Pela metade
Não há um lugar nem um tempo
Ideal.

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La mirada, transfondo

Tal como lo comentaba por correo con el poeta Carlos Llaza, en ocasión de la publicación de La mirada (Buenos Aires: BAP, 2020), autor de la “Presentación” del libro, este poemario se correspondería o dialogaría estrechamente con un artículo largo y todavía inédito titulado, “Vallejo en Arguedas: ahora y siempre”.  Ensayo donde concluyo que, finalmente, contra lecturas políticamente correctas o incorrectas de su obra, J.M. Arguedas en el Zorro de arriba y el zorro de abajo – y ante Chimbote– es un ser que mira él mismo, y no sólo  aquellos zorros hechos uno, convertido en un “ceque”: prolongación sagrada de un punto de visión que viene desde el Koricancha.  Es decir, que de viejo estoy llegando a una etapa o situación, involuntaria o no consciente, en que la crítica va comulgando espontáneamente con la poesía, y viceversa.  Aunque, para completar el panorama, debemos añadir que aquel poemario también remitiría a una anécdota, y muy poderosa.  En concreto, a un relato o confidencia que nos hiciera nuestra madre en relación al asesinato de su padre, autoridad política recién nombrada por el gobierno de Augusto B. Leguía y acabadita de llegar a Cangallo (Ayacucho).  Época muy convulsa en todo el territorio nacional el paso de pardistas a leguiístas –años veinte del siglo pasado–, y en particular en la región de la sierra, tanto norte como sur.  Mi abuelo fue víctima de una venganza orquestada por un par de hermanos latifundistas locales.  Bueno, mi madre –la cual presintió la muerte de Demetrio Agüero, así se llamaba su padre– se fue derecho a casa de una tía que guardaba las llaves de la iglesia de Lampa (Ayacucho), pueblo donde vivía con su madre, las tomó, y no se detuvo hasta estar ante el Cristo cuyos ojos celestes, casi cerrados,  intempestivamente se abrieron para consolarla y darle ánimo.  Mi madre estaba en sus siete años y, cuando vinieron a darle la noticia, ella más bien  consoló a tío Moisés, quien la trató de mijita mientras la cargaba muy en alto.

Por lo tanto, plasmación de algo real y reiterativo, fruto de una anécdota o un sueño, no sólo ha sido Roxosol (2018), sino también La mirada; en este último casode uno de los relatos fundacionales de este apiñado pechito.  Pero, ojo, “mirada” entendida en tanto y en cuanto acto desmesurado, máxima empatía,  socorro extremo.

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LA MIRADA/ Presentación de Carlos Llaza

La mirada confirma la solidez del estilo de Pedro y la eficacia de su manera de escribir poesía. Granados demuestra una vez más que es un artista con calle poética, cuya voz se resiste a categorizaciones simplistas y cuyo oficio gana vigencia con el paso del tiempo. El reconocido poeta y académico limeño revela entonces el lugar que la poesía, como epistemología y concepción del mundo, ocupa en la vida diaria. Así, al reconciliar los caóticos mundos interno y externo a través de un intelecto cruelmente tierno y sensual, La mirada de Pedro Granados se erige como un referente en la poesía contemporánea: ‘una nave / hacia la noche / hacia el día / hacia el horizonte’.

Carlos Llaza

Glasgow, 7 de junio de 2020

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