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Ensayo

Trilce: húmeros para bailar (Contenido del libro)

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CONTENIDO

Introducción

Cap. I: El archipiélago Vallejo
1. El archipiélago Vallejo: Trilce XLVII
2. ¿Vallejo en salsa verde?
2. A. “Mejor/ no digo nada” (Trilce XLIV, XXXII y XII)
2. B. “Serpea el sol en tu mano fresca” (Trilce LXXI)

Cap. II: La marinera de Vallejo
1. Trilce XXXVII
2. “Lluvia”: ¿Otilia Villanueva Pajares en Los heraldos negros?

Cap. III: El vallejiano ab-zurdo
1. Trilce XIV
2. Trilce XXXV
3. Trilce LXXIII

Cap. IV: El sol(o) de Trilce: modernización, melodrama y mito
1. Antecedentes: “Nostalgias imperiales”
1. A. “Huaco”: El mito de Inkarri
1. B. Masculino/ femenino en la “Oración del camino”
2. Trilce: Repertorio solar
3. Trilce: Lugar de enunciación de un mundo andino globalizado

Conclusiones

Anexo A: Cartas de César Vallejo a Luis E. Valcárcel.

Anexo B: “Novela y poesía: ‘La cólera que quiebra al hombre en niños…’” (Análisis colectivo con estudiantes de la Universidade Federal da Integração Latino-Americana, Brasil)

Obras citadas

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Um convite à leitura! Prepucio carmesi y otras novelas cortas/ Alai Garcia Diniz

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Em geral, a autobiografia mobiliza atenção especial na narrativa contemporânea devido ao surgimento de subjetividades migrantes, constituidas pelo mundo globalizado e que, por si só torna deslocado o uso e o abuso do termo “identidade” que, no mundo moderno demarcou a “nação” como construção simbólica hegemônica. E se, além do termo autobiografia, o leitor vê acrescentado ao gênero literário, um adjetivo de raiz grega e, historicamente referido aos textos bíblicos, uma autobiografia apócrifa incitará o leitor a conhecer, não apenas como o estatuto ficcional mais elementar como o do fingimento se elabora por trás e no âmago dos relatos. Entretanto, depois de Borges, não há como descartar a criação do leitor que imagina também o que teria de secreto e oculto, e até mesmo de denegado no contingente exposto pelo que reverbera na polissemia do qualificativo apócrifo.

Entre o fim e o começo, entre a cidade branca de Lima e a paixão da viagem, uma paisagem que se descortina pelo repertório, nem sempre conhecido como o do poeta colombiano Raúl Gomez Jattin ou o escritor Jaime Sáenz e as imagens que se armam dos peruanos fora do país que, de discriminados em Santa Cruz de la Sierra, passam a bruxos em Cochabamba para lembrar apenas de dois epítetos. Em fluxos que se retraem, o mote são as relações amorosas de Juvenal com Alejandra, Mabel, Rosalba, Ramona, Rosa que fazem do provérbio: “uma mulher em cada porto” , o percurso de uma linguagem jocosa e intertextual. Da orfandade nos anos 80, a metáfora que recolhe esse exemplar da classe média de Lima, encontra na busca do amor um recurso literário que funciona com o leitor. Se o discurso se concretiza em um espanhol peruano de dicção coloquialista, superam expectativas as experiências de Juvenal Aguero entre corpos femininos e o oferecimento de uma escritura que como o prepúcio tem no movimento retrátil sua energia propulsora. Divertido e crítico, com laivos “sudacas”, as atitudes humanas marcam semelhanças e diferenças com a geração de emigrados que fugiram das ditaduras (no Brasil na década de 70). Juvenal não sai do país como contraventor, mas difere como um agraciado por ajudas humanitárias como as bolsas nos anos 80 (que não deixam de ser também consequência da violência anterior).

A marca poética de Pedro Granados mistura a lírica na prosa e combina outros gêneros como a entrevista, o provérbio e a epístola em meio aos procedimentos narrativos, sem cerrar-se nos limites ficcionais, mas como diz J.J.Saer, arregimentando recursos a fim de surpreender o leitor a cada passo.

Entre fim e começo, um relato que circula no intervalo entre os séculos – XX e XXI – dá voz à uma perspectiva da cultura latino-americana que deixa o mundo andino, já muito distante do exotismo, para assumir-se no deslocamento. Do mesmo modo, migra de um regime fálico que se enfrenta à critica de gênero, em voz de Juvenal Aguero, mas que expressa hábitos de uma subjetividade em movimento que parte da elaboração discriminatória do protagonista na sociedade limenha para as passagens de um sentir interfronteiriço, aberto às alteridades. Um eu no outro. Há algo de premeditado nesse Juvenal machista e misógino que me faz lembrar, em outras proporções, da ironia marcada por Washington Cucurto de Cosas de Negros (2003). Tendencia a marcar estereótipos dos impactos culturais na época das estéticas migrantes e num período em que o clichê “nadie es feliz” indica um tempo de Thanatos a que o vitalismo desses relatos de Pedro Granados vem a questionar porque como diz Juvenal Aguero, “el saber es gozoso. Cualquier saber”. Desse modo se sente o leitor envolvido nas histórias intrincadas e até certo ponto de vista familiares. Muitos outros destaques poderiam ser descritos sobre Prepucio carmesí y otras novelas cortas, mas na urgência, deixo a certeza de que a todos convido a uma leitura que, de fato, vale muito a pena conferir!

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Novelas sobre César Vallejo

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La bohemia de Trujillo, en las primeras décadas del siglo XX. Reunidos en el casino del balneario Buenos Aires. En la foto se puede distinguir a Víctor Raúl Haya de la Torre, intelectual fundador e ideólogo del aprismo (primero a la derecha) y al poeta César Vallejo (quinto de la izquierda).

Eduardo González Viaña (Vallejo en los infiernos, 2009) escribe para enfatizar o corroborar la tesis de Roberto Bolaño (Monsieur Pain, 1999). Conclusión: Vallejo fue siempre — no sin razón– un perseguido político. Para sustentar este diseño estético-ideológico de sus novelas, tanto el escritor chileno como el peruano, elaboran un héroe sin fisuras. Galante, masculino, vengador, comprometido contra la injusticia, permanentemente correspondido en la amistad y solidaridad por sus amigos de la Bohemia de Trujillo, en el caso de Vallejo en los infiernos; y, por lo tanto, diseño del héroe que trasvasa hacia aquel grupo trujillano todo (Zoila Rosa Cuadra, Haya de la Torre, Alcides Espelucín, Antenor Orrego, etc.). La novela de González Viaña no es sólo sobre César Vallejo; en realidad, es una elegía del Grupo Norte a través de un carácter emblemático, el poeta que nació en Santiago de Chuco. En este sentido, el político, es un texto que declara sus simpatías hacia el aprismo que fundara, y sólo a este aprismo originario, Víctor Raúl Haya de la Torre. Por su parte Monsieur Pain, conocida también como La senda de los elefantes, reconstruye a Vallejo –los últimos instantes de su vida y de su enigmático hipo en la Clínica Arago de París– a través de las andanzas y perplejidades del protagonista de la novela, el mesmerista Pierre Pain, una vez que va intuyendo y, atando cabos, convenciéndose del asesinato del poeta peruano a manos del fascismo internacional. Años 20 del siglo pasado: post guerra, Guerra Civil española y preparación a la hecatombe de la Segunda Guerra Mundial. Vallejo, pagando con su vida su adhesión política a uno de esos dos bandos. Ambos novelas, por otro lado, persuasivas y muy bien escritas.

Sin embargo, ambos autores –como la mayoría de vallejólogos hasta hoy en día– evitan Trilce o sólo lo rodean; ciertamente por complejo e incómodo (de “incómodo Polifemo”, J. L. Borges dixit). Es decir, González Viaña acaso escribió la novela de Los heraldos negros; como Bolaño, por su parte, ha ensayado la suya en base a los poemas de París. Pero nos falta la novela política de Trilce. O, de modo prejuicioso, de antemano este poemario no lo consideramos político. Sin duda, nos hace falta entender todavía mejor este libro y la estancia, desde 1918 hasta prácticamente su partida o huída a Europa en 1923, de César Vallejo en la capital del Perú. Aunque esta opacidad de militancia política del poeta, en contraste a la de otros insignes amigos suyos trujillanos, ya ha llamado la atención de los críticos especialistas en su obra. Cabe aún preguntarse: Es que Vallejo no militó en Trilce y sólo se dejó, por aquellos años, absorber por su pasión con la quinceañera Otilia Villanueva Pajares. Es que Trilce queda encerrado en la cárcel de Trujillo. O es que, en el poemario de 1922, Vallejo juntó varios fragmentos –y una imagen de sí mismo en ellos, muy lejos de la unitaria y didáctica que comunican las novelas que sucintamente vamos reseñando– y militó políticamente de otro modo.

Actualmente, si no se trata en específico de una novela, tratamos de responder a dichas preguntas en un libro que vamos terminando; su título “Trilce: húmeros para bailar”. Nos vemos en el capítulo próximo.

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Presentación de Breve teatro para leer: poesía dominicana reciente, de Pedro Granados/ Alan E. Smith

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Profundo conocedor de las letras hispanas y universales, y del pensamiento crítico moderno y antiguo, aeronauta ávido e intrépido de la blogoesfera, Pedro Granados nos extiende no solo una invitación epistemológica irresistible al descubrimiento de un mundo para muchos desconocido (“el secreto mejor guardado del Caribe”), sino que también nos brinda un continuo placer lectivo ante su certero tino poético, caracterizado por su expresión de feliz soltura y exigente justeza, y la valiente exposición de su juicio crítico.

Granados, poeta y crítico, desenreda la madeja que siempre es un momento histórico poético con una convincente organización a la vez cronológica y tipificadora de la poesía dominicana a partir de los años 80: “poesía del pensamiento” (80s), el grupo que denomina “muchachos del barrio de Gazcue para el mundo” (90s) y “Erranticistas” poesía del siglo XXI. Dejando para el autor la caracterización estética e ideológica de estos grupos, tan sólo adelantaremos que Granados relaciona estos vaivenes generacionales con el ámbito hispánico internacional, en el que la articulación de una intimidad y la crítica social parecen sucederse a lo largo de las décadas (aduce, por ejemplo, la transición de la “poesía de la experiencia” a la “poesía de la conciencia” en la evolución reciente española).

Sin embargo, este libro no es una mera taxonomía, por muy útil que fuera para la intelección de este arlequinado período. Granados se las juega con entereza al sopesar y valorar los movimientos estudiados, y sus miembros individuales. De los poetas de los 80, nos informa que “so pretexto de un mayor compromiso con el lenguaje […] se pasaron decididos a la otra banda. Grosso modo, a militar tras un concepto desencarnado de la realidad y a enarbolar una tesis más bien esencialista de la literatura; para no ahondar en su perfil ideológico francamente conservador […].En términos generales, el discurso teórico de la generación del 80, plagado de referencias a autores cosmopolitas (sobre todo franceses), no va más allá de ser un superficial afeite cultista; peor aún, una máscara hecha con recortes de llamativas tapas de libros que lleva, usualmente, un añejo hispanista dentro.” En cuanto a poetas específicos, por ejemplo, si bien señala en un autor “un lirismo de perogrullo y versos de auto-ayuda que nos deja atónitos”, celebra en la poesía de Nacidit-Perdomo, “su verso encantado”. En otras ocasiones identifica las voces representativas: “[…] la poesía de León Félix Batista, probablemente junto con la Armando Almánzar Botello, debiera ser el auténtico ícono de la generación dominicana de los 80”.

La crítica de Pedro Granados está nutrida por hondas raíces en una cultura a la vez universal pero también de extraordinario detalle local, con conocimientos de causa adquiridos literalmente sobre el terreno en la media isla que obviamente quiere fervorosamente. Acerca de José Mármol, profundiza: “detrás de unos decorativos Lezama Lima o César Vallejo, está Pedro Salinas, aun más que Juan Ramón Jiménez, ejerciendo su magisterio purista y neorromántico. Esta ubicua presencia, además, opaca o diluye el fervor huidobriano que está en la base de la mejor inventiva lingüística de Mármol.” De Néstor E. Rodríguez comenta: “La sotileza renacentista, el ingenio barroco y, paradójicamente, también el minimalismo y objetivismo de un Robert Frost van en auxilio del poeta que exhuma su propia dominicanidad ya ahora trasatlántica.” Pero Granados también encuentra caminando por El Conde un manifiesto poético “del grupo de jóvenes poetas asodopicanos”.

Difícil sería concebir para un lector una mejor manera de viajar a las voces de la República Dominicana, y demorarse allí, que escuchar estos registros y tonos aleccionado por la sensibilidad finísima y el hondo conocimiento de Pedro Granados. A este periplo extraordinario les invito.

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Um novo lugar para o português brasileiro?/ Leandro Rodrigues Alves Diniz

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“Analisar a política do Estado brasileiro para a promoção internacional do português implica adentrar para complexa trama discursiva que, sustentada em processos históricos-ideológicos contraditórios de colonização e descolonização linguística, intervém na relação entre a língua (trans)nacional brasileira e as outras línguas presentes em espaços em constante reconfiguração pelos movimentos de ‘globalização’ contemporâneos.

Para o autor, o português, especificamente, o brasileiro, tem sido representado, muitas vezes, como uma “língua do mundo da comunicação”, “da troca comercial”, na esteira de mudanças no imaginário do Brasil no exterior, o que impulsiona sua aprendizagem por falantes de outras línguas e a política do Itamaraty para atender a essa demanda. Mas o fortalecimento das ações do Estado brasileiro para a promoção do português no exterior também é consequência, segundo o pesquisador, de um reposicionamento do Brasil no cenário geopolítico internacional. “É possível observar a formulação de um novo lugar para o português, que passa a ser encarado como um instrumento de penetração estratégica do Estado brasileiro para além de suas fronteiras”, afirma o autor.

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Material inflamable: Un acercamiento a la más reciente poesía dominicana/ Luis Reynaldo Pérez

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A partir del año 2000, se vislumbra una ruptura respecto a la “poética del pensar” con voces como la de Homero Pumarol, Frank Báez, Rita Indiana Hernández, Juan Dicent, Alejandro González, Alexéi Tellerías, entre otros.

Este grupo practica algo que nos atreveríamos a nombrar poesía “neo testimonial” [según Pedro Granados], aunque su propuesta estética es distinta a la de los poetas del 70 y surge como respuesta a un contexto histórico y cultural plenamente diferente. Mientras en la poesía escrita luego de la Guerra del 65 lo testimonial estaba plenamente marcado por lo político y lo social, estos nuevos creadores están liberados de compromisos políticos-ideológicos inmediatos, aunque se refleja una preocupación social en ellos pero con características diferentes. Y es que esta nueva generación de creadores simplemente muestra la realidad sin dar recetas ideológicas para arreglar el caos en el que viven.

[…] Con respecto al futuro de esta poética, que no forma un movimiento ni nada parecido, el poeta Frank Báez considera que “tendrá que madurar o no será literatura” y por su lado el profesor Basilio Belliard cree que las producciones noveles “forman parte de una moda epocal, y como tal pasará”.

[Sin embargo] debo acotar que a pesar del poco caso o la denigración que la crítica y algunos miembros prominentes de generaciones posteriores han asumido hacia ella, es una realidad que está ahí y que sin lugar a dudas marca la ruptura con una tradición ya agotada y que hace que la poesía dominicana retome su fuerza de cara a las vanguardias poéticas latinoamericanas.

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Las memorias apócrifas de Juvenal Agüero/ Carlos Quenaya

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Los recuerdos más fuertes, sean del tópico que sean, desbordan lo que se llama el corazón y el espíritu y terminan palpitando en la genitalidad.
Prepucio carmesí, p. 36

No solo la amplitud, sino también el galopante ritmo con que viene publicando, nos coloca frente a una obra que se expande y se ofrece al lector como un proliferante collage, un desbordante pastiche que ha ido construyendo una personal imagen del mundo. La de Granados no es una literatura que nazca de un proyecto, de una voluntad de coherencia que ordene sus libros como un conjunto perfecto y acabado en sí mismo. No hay, creemos, un diseño deliberadamente trazado en la obra de Granados.

Por el contrario, uno diría que leer un ensayo de crítica literaria firmado por Pedro Granados es otra forma de leer a Juvenal Agüero –protagonista de las novelas que presentamos–, y, a su vez, leer a Juvenal Agüero es otra manera de leer la poesía del poeta Pedro Granados, quien le atribuye libros y poemas suyos al personaje. No está claro dónde empieza o dónde acaba el crítico, el poeta, el profesor o el blogger. La identidad de uno se diluye en la del otro. Una poética del palimpsesto, una identidad líquida –se nos ocurre– podrían, quizá, dar cuenta del signo de la propuesta artística de Granados.

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República Dominicana: Poesía y PLD (2004-2008; 2008-2012)

Día 5 – Viernes, 3 de agosto
11:00 – 13:30
Edificio 315, Escuela de Ciencias del Lenguaje– Salón 3006
Abordajes poéticos IV

Coordina: Grethel Patricia Ramírez Villalobos

• Alejandra pizarnik: el dominio solitario de la infancia, el miedo y la
muerte
Andrea Paola Figueroa Ramírez (Instituto Caro y Cuervo)

• Fragmentos de una poesía amorosa en Piedad Bonnett
Marlyn Johana Fuentes Cuéllar (Universidad Industrial de
Santander)

• Poéticas desde el margen
Grethel Patricia Ramírez Villalobos (Universidad Nacional)

• República Dominicana: Poesía y PLD (2004-2008, 2008-2012)
Pedro José Granados Agüero (Universidade Federal da
Integração Latino-Americana)

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Reseña del Congreso Trilce y la Vanguardia Internacional

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Vallejólogos: José Migual Oviedo, Stephen Hart, Jorge Kishimoto,
Eduardo Gonzalez Viaña, Enrique Foffani y Pedro Granados

No asistimos a todas las ponencias, aunque sí a la mayoría. En general, al menos para intentar ser didácticos, el César Vallejo local pugnó con el internacional. Es decir, las recepciones que giraron en torno, y por un lado, a la imagen del poeta como líder político, juez de paz, orador y declamador antes que como un ser doliente (Jorge Kishimoto); las dos Otilias, una “dulce” y otra “fatal”, como un modo más de reiterar el dualismo esencial del poeta (Stephen Hart); su biografía novelada, fruto de la información y meditación de toda una existencia (Eduardo González Viaña); la extraordinaria importancia de su maestro, Antenor Orrego, que –al acompañar al poeta en su segundo libro– escribiera el prólogo más importante del siglo XX (Ricardo González Vigil); Trilce y la marinera limeña, por no decir la modernización de Lima y el performance popular (letra, música y baile de ascendencia urbana y afro-peruana) (Pedro Granados). Frente, por otro lado, a Trilce en el contexto literario internacional vanguardista de 1922 (Joyce, Eliot y Pound) (José Miguel Oviedo); a la relación de la poesía de César Vallejo con el dinero, en el sentido que su pobreza material no empobreció su imaginación poética (Enrique Foffani); un surrealismo subyacente que supera o multiplica, en “cuatro conciencias”, la alteridad percibida por Rimbaud (Marco Martos); otra que desmonta la carpintería anagramática de su escritura e insiste en que el dolor es el cuerpo de la palabra en Trilce (Nadine Ly); y todavía otra que extiende el típico sentimiento de culpa y pudor vallejianos de los Heraldos negros, ante el erotismo y el sexo, incluso hasta Trilce (Roland Forgues). Obvio, la mayoría, por no decir casi todos los críticos, se avienen a la clásica distinción según la cual, todavía en Trilce, Vallejo es individualista (complejos de Edipo y amagos de incesto); y que luego, en los poemas europeos, se vuelve social (aunque el amor casi ya no exista).

Frente a este panorama, un tanto burdo que aquí resumimos, creemos que Trilce nos obliga a entrar en performance; por lo tanto, a disfrutar y compartir, aunque intensas, lo efímeras de nuestras estadías allí. La idea no es encontrar el sentido, al menos aquél que constituirían sólo las palabras; sino disponernos a participar. Es decir, aplicar nuestros cinco sentidos y uno más: el del ritmo en la danza. Es por este motivo, porque queramos o no –y lo hagamos bien o mal– al leer este poemario bailamos, que nuestra experiencia de Trilce (su sentido, su referente, su semántica) es necesariamente inestable y fugaz. Y colectiva; es decir, esta característica o proyección de la poesía vallejiana no se restringe, como la crítica en general lo reitera, a “España, aparta de mí este cáliz”. Trilce es un poemario absolutamente social, político y utópico; aunque no por ello menos erótico, pornográfico incluso, y donde se abren las compuertas a un lenguaje oral y popular. Trilce se hace uno con un género musical, en aquella época, aún restringido a la clase popular (cholos, negros, zambos y blancos muy venidos a menos que habitan, sobre todo, en el callejón); y se asocia a su capacidad, a través de la música y el baile en la jarana, de revertir o invertir –lanzando estas reivindicaciones hacia el futuro– sus puntuales y seculares postergaciones y frustraciones. Nuestra lectura en performance intenta ponerse a tono con las habilidades de un maestro que, aquí, no dosifica la complejidad de sus aulas ni de sus destrezas.

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