Archivo de la categoría: Ensayo

Ensayo

Jaime Sáenz en el teleférico paceño: algunos cables de su poesía

Jalla 2016

Resumen: Acicateados por la observación de la estudiosa Mónica Velásquez: “Nada hay bien dicho sobre la relación de la obra saenzeana con autores bolivianos, latinoamericanos o universales (a excepción del texto de Wiethüchter sobre rasgos románticos en Sáenz y Pizarnik) carencia de nuestra crítica [¿sólo de Bolivia?] frecuentemente ocupada en los textos sin relacionar éstos con sus fuentes y sus pares” (2011: 16). Por lo tanto, y a modo de recoger el guante, iluminamos algunas zonas del cableado de su poesía –fuentes, coincidencias, anticipaciones– en relación con otras de la región; muy en particular, con la de César Vallejo. Relaciones hace tiempo consolidadas; pero que pueden resultarnos novedosas e incluso insólitas tanto como las nuevas imágenes paceñas a las que nos da acceso el flamante teleférico de la capital boliviana.

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HITOS DE MIS ESTUDIOS VALLEJIANOS

Trujillo

Cada vez que me presento ante un auditorio para sustentar una ponencia, o publico algún nuevo artículo sobre la obra de César Vallejo, me veo impulsado a  resumir –aunque finalmente no lo haga– lo que he ido estudiando y ensayando sobre el tema; es decir, mostrar las hebras con las que se ha ido configurando el nido de mi pensamiento vallejiano.  Y esto, no sólo, con el objetivo de facilitar la comprensión y el diálogo con lo que para un evento específico propongo; sino, también, porque “cuando me paro a contemplar mi estado” percibo una arquitectura –para nada monolítica o autoritaria– en lo que van siendo mis estudios vallejianos hasta la fecha.  Entonces, sin menoscabo del que quiera ir directamente a mis libros, este es un breve ensayo de divulgación sobre el asunto.

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Coda a los “poetas vivos y más vivos del Perú”

MoroConcursoLeePorGusto

“Los poetas vivos y más vivos del Perú (y también de otras latitudes)” es un texto de 2002, aunque creemos que luego de 14 años sigue fresco.  En general, me reafirmo en lo que escribí allí.  Aunque añadiría que también ya me hastió, en tanto poeta, Carlos López Degregori (el cual se “salvó” en el texto primigenio), por unidimensional; es decir, por no dar pistas de que saldrá algún día de su monólogo y conflictos de clase media, de su narcisismo ya rancio.  Y, también, agregar que el mayor aporte de Mario Montalbetti a la literatura y al pensamiento del Perú, fue el haber llevado –hacia los años ochenta– los recitales de poesía al Olivar de San Isidro.  Asimismo, que la noria del “Taller de poesía de San Marcos” –que dirigen o dirigieron Marco Martos con Hildebrando Pérez por cerca de medio siglo– fue lo segundo peor que le ocurrió a la poesía peruana; por contentarse y fomentar –bueno, acaso los tiempos no daban para otra cosa– el hipo-realismo bajo todas sus formas, prototipos de poetas incluido.  Decimos lo segundo peor, porque lo primero siguen siendo los versos y la crítica de poesía o de arte que publica los domingos El Comercio; verbigracia, los párrafos de porfiado de J.C. Yrigoyen o los del invariablemente precoz S. Pimentel.  Lo que urge más en nuestra poesía trasatlantica es talento y, en seguida, valentía, imaginación y buen humor para sacarlo adelante.  La poesía es un don, pero al mismo tiempo “la poesía es dignidad” (acaso el mejor verso de Luis Hernández Camarero).  Por lo tanto, debemos hacernos dignos de ese don que constituye, a la larga, una sensibilidad que se sabe colectiva –como en su radical individualidad lo supo siempre César Vallejo– aunque ni políticos ni asesores de alguna cosa ni comerciantes ni profesores, de puro metidos, van a reconocer que no son poetas.  Por más teoría de la recepción que en su descargo los socorra o post-autonomía de la literatura que intente ampararlos.

En fin, de cara al futuro, me provoca establecer un balance de la crítica de la poesía peruana, digamos, post-Mariátegui.  Y, también, de la crítica a nivel de la región o, más bien, trasatlántica.  La poesía es su crítica.  Labor por ahora complicada porque –para variar– carezco de auspicios; aunque de algún modo mi manuscrito engavetado, “Autismo comprometido: sobre poesía hispana reciente”,  brinda ya algunas luces.  Lo que sí podría anticipar es que en este periodo hemos tenido la suerte de tener pésimos lectores de poesía; gracias a los cuales reaccionamos e intentamos cultivar  nuestro propio huerto.  Entre tozudos reaccionarios/ as –que no aceptan, por ejemplo, sea el “cholito” César Vallejo, y no el clan Cisneros, el que realmente da la cara al mundo por el Perú — o lectores “comprometidos”  que, de modo invariable,  confunden la poesía con un discurso de ocasión.  Fascistoides que trajinan a Eguren, hombre humilde y poeta probo, lo jalonan de aquí para allá para oponerlo a Vallejo; como si  éste no hubiera sido el primero en reconocer la grandeza de Eguren, y dejara a nosotros percatarnos que este último está ya íntegro como una parte de Vallejo.  Sin embargo, es justo advertirlo, en el periodo también hemos contado con algunos excelentes lectores  de poesía: Beatriz Sarlo, Julio Ortega, Amálio Pinheiro, Boris Schnaiderman o Teresa Guillén, a modo de muestra.

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Tiempo al tiempo, de Issac Goldemberg

IsaacGoldembergTiempoaltiempo

En Tiempo al tiempo [1985] (Lima: Tribal/ Perro de ambiente, 2016), Issac Goldemberg rinde homenaje a la narrativa peruana.  En particular, a la factura del habla clasemediera, juvenil y de collera de Los cahorros de MVLL.  Asimismo, a ese discurso partido (diglósico), en sordina y como omniabarcador –entre los que son y no son de “color modesto”, y cuya ideología puede alcanzar incluso al propio narrador (Guillermo Nugent dixit) — de La palabra del mudo de JRR.  Y, por último, al formato, prosodia y función que le compete a los “Diarios”  –coloquio de los “zorros”–  en El zorro de arriba y el zorro de abajo de JMA, ensanchando el escenario de los hechos hasta  lo mítico o, al menos,  lo indeterminado.   “Círculos del tiempo” particularmente logrados  en esta novela de Issac Goldemberg; los cuales, finalmente, anidan en una –o  en quizá la principal– de las metáforas que sugiere la presente novela.  Ampliación, complejidad y vértigo –personal o colectivo, el mío y el de mi herencia andina– cuando a nuestro tiempo, de por sí vasto, lo vemos a través de otra lupa milenaria.  En este caso específico, la lupa del colectivo que –nada más y nada menos– inventó el concepto mismo de tiempo lineal y el cual, además, se congrega en torno a Adonái, uno de los nombres de su divinidad.  Otra de las metáforas podría ser el de ‘tomarse las cosas con calma’; es decir, no desesperar por nada; entre esto último, y en primer lugar, por la mismísima identidad.  Y corolario: metidos de uñas en un cronotopo que puede resultarnos asfixiante o absurdo, ser flexibles y saber –y aquilatar– articularnos a otros y, por ende, a otras diferentes y nuevas comunidades.  Por lo tanto, poesía, la de Tiempo al tiempo, en tanto lanzas por una más lúcida ciudadanía y una mejor convivencia universal.  Simultaneidad y yuxtaposición, frente a linealidad y jerarquías, parecería sugerir aquí el autor del ya clásico, La vida a plazos de don Jacobo Lerner.

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Reseñas de las Actas del Congreso “Vallejo Siempre”, Montevideo 2016

Brindis Vallejo

Reseña III

La sensibilidad vallejiana

Tema que, si acertamos a resolverlo, podemos cerrar el kiosko vallejiano.  Y tanto Bernat Padró Nieto, “Los salones parisinos de César Vallejo (1924-1926)”, como también Joseph Mulligan, “El arte de ir en contra: la vanguardia histórica y el programa emulador de César Vallejo”, echan luces sobre esto.

Padró empieza planteando muy bien el asunto: “A ojos de Vallejo, tanto los falsos vanguardistas como los neoclasicistas padecían un grave error: reducían el arte y la poesía a una mera cuestión de formatos, que es el aspecto del arte más fácil de imitar y el que antes se banaliza” (278); y enseguida agrega: “Con el desplazamiento del espíritu nuevo de la forma hacia la sensibilidad que la orienta, Vallejo sintetizaba la cuestión de la poesía nueva sin necesidad de asumir como propia la dicotomía vanguardismo-clasicismo […] Lamentablemente, no encontraba modelos literarios.  Aparte de Picasso [o, el Cubismo, en el que Vallejo reconoce alienta una vitalidad universal que recorre todas las manifestaciones de la vida moderna, desde el arte a la industria], dos son los nombres que al parecer de Vallejo apuntan el camino: Juan Gris [por el rigor y la conciencia de su arte] y Tristan Tzara [no en tanto escritor, sino en cuanto haber sido quien mejor captó el sentido de los tiempos modernos… ahora todos estamos locos y atacados de epilepsia… y contra la “lentitud” de Jean Cocteau]” (279).

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Reseñas de las Actas del Congreso “Vallejo Siempre”, Montevideo 2016

CCEM

Reseña II

Vallejo en Uruguay

La frase reproduce la que sirve, a Andrés Echevarría, uno de los que coordinó el evento, para poner breve marco al Congreso “Vallejo Siempre” de Montevideo, 2016.  Se repasan sumariamente aquí, entre otros, múltiples vínculos culturales: Juan Parra del Riego y Blanca Brum, Xavier Abril, Pablo Abril de Vivero, Haya de la Torre, Julio Herrera y Reissig, Ángel Rama; y, sobre todo, se pone de relieve “la inmensa y unánime admiración” que concita hoy mismo en el país oriental el poeta de Santiago de Chuco.  De este modo, las Actas del Congreso, reflejan esto mismo; es decir, numerosa presencia de ensayistas uruguayos, y que viven aquí o en la Argentina, entre la cual  –entre sus aportes– vamos a intentar  hacer un balance o establecer un tentativo común denominador.

De esta manera, Gerardo Cancio, luego de casi un cuarto de siglo, puede ver recién publicado su artículo, “La escritura poética en el espejo: en torno al discurso lírico de Vallejo”.  Se insiste aquí en el concepto de la “verbocreación”, lo cual no es otra cosa que puntualizar que la escritura poética vallejiana: “se refleja en una suerte de espejo textual que ella misma genera” (145).  Y, a espacio seguido, rescata una fuente casi insólita como respaldo de su propuesta teórica: “Nuestra deuda es con el crítico Juan Espejo Asturizaga quien, hace unas décadas, destacó la clave tópica, que hoy nos ocupa… la habilidad del poeta para ‘meterse dentro del poema y jugar en su interior’”.  Decimos deuda casi insólita en la medida en que César Vallejo: Itinerario del hombre, 1892-1923, de Espejo, ha trascendido básicamente como un intento de biografía, más bien testimonio, que insiste en el dato exacto –positivista, policial y no menos arbitrario– a la hora de leer los poemas de su amigo César.

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Reseñas de las Actas del Congreso “Vallejo Siempre”, Montevideo 2016

Vallejo Siempre 2016

Todas las ponencias tuvieron lugar en el Centro Cultural de España, en Montevideo, entre los días 14 al 16 de abril último. Artículos de las Actas del Congreso Internacional Vallejo Siempre [Gladys Flores Heredia y Andrés Echevarría (editores). Lima: Cátedra Vallejo, 408 pp.]  que, por entregas, iremos aquí  reseñando entre los que de modo más urgente nos interpelan.

Reseña I

Laurie Lomask (CUNY), “Teoría y espectáculo del cuerpo en el teatro de César Vallejo”, 247-257.

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VASINFIN, en homenaje a Henrique Urbano (1938-2014)

Henrique Urbano

Es decir, en tanto que no se puede estudiar Inkarrí (“Cri-sol”) sin tener en cuenta a Viracocha y sin integrar, simultáneamente,  al Dios cristiano.  Y, según Armas, en tanto las crónicas desvían más bien nuestro conocimiento del “mundo sagrado andino”; ergo, probemos con la poesía, aunque esta sea contemporánea.  Y hagámonos, por lo tanto, de un archivo, sensibilidad (entre el mundo académico) y de una metodología o metodologías para abordar este estudio con éxito.

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Iridiscencia del pensar en Alma Karla Sandoval/ Arturo Gutiérrez Luna

Alma Sandoval

Sandoval exige latencia de valentía en cada verso. La respuesta no es clara. Nos consta su devocional ejercicio de la poesía. En este sentido, su crítica no admite abjurar del rigor, como si fuera la peste. Lo sabemos de sobra.

De ahí que encontremos a la puerta secreta que su lectura nos abre:

«Y juro que puedo seguir leyéndote mientras te imaginas el mar en prosa porque su espuma necesita horizontalidad y porque es cierto, en ello descansa lo más efectivo de tu poesía, en hallazgos como la noción que nadie brindar esta noche más que por la travesura de la playa por el amor que no tiene extensión ni profundidad mayor que una sonrisa, por ese evento intrascendente que detectas, que miras desde las córneas del vidente, del que cruza dos calles todos los días y con eso le basta, con versos de corta dimensión, de ritmo que pudo haber sentido Paul Gaguin en el mar Polinesia, de vaivén sobrio, como la música que se contiene, que espera su momento, su instante de verso luminoso para habitar la página y hacerla bailar dulcemente con el significado (Sandoval, sobre Poemas en hucha. Poesía de Pedro Granados, 2012)».

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