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Ensayo

Humanidades simultáneas en la obra de César Vallejo

Resumen:

Son cuatro concepciones distintas y autónomas de las Humanidades –aunque aquí, asimismo, oscilantes y en metamorfosis– con las que nos topamos al leer “Cuatro conciencias”, poema póstumo de César Vallejo. A saber, Humanidades en tanto: Libros o canon occidental; Pueblos o culturas; Narrativas o prosopopeya; y Post-humanidades o Post-antropocentrismo. Repasar en qué consisten cada una de aquellas nociones de las Humanidades y demostrar que juntas, y no sólo alguna de ellas por separado, es lo que permite al sujeto poético vallejiano alcanzar en su poesía su/ nuestro y tan elocuente “cuadrúpedo intensivo” (verso 15). Vale decir, una humanidad por cada pata de nuestro animal y, en consecuencia, al “cuadrúpedo” posado a plenitud sobre el total de sus extremidades. Y a través de esta compleja, bullidora y productiva conjunción sabernos inmunizar, junto con Vallejo, contra toda melancolía identitaria esencialista –nacionalista, territorial, étnica o incluso lingüística– o, a su vez, contra toda propuesta identitaria globalizada u homogeneizadora.

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¿HAY SUEÑO EN LA VIGILIA Y VIGILIA EN EL SUEÑO? / Armando Almánzar-Botello

Armando Almánzar-Botello (República Dominicana, 1956), “Armandito”, como José Lezama Lima o Édouard Glissant, poeta típico de las islas o media islas; es decir, libres para pensar e imaginar.  Resulta imposible que se reproduzca uno de los mismos en el continente; demasiado “enterrados” sus poetas, demasiado persuadidos de su genealogía o de su historia.  Ni Borges se salva, ya que es más voluntad o deseo que efectiva desterritorialización.  Poetas insulares donde la desprestigiada amnesia no significa olvido; sino, y por el contrario, ampliación de la conciencia [Nicomedes Suárez-Araúz dixit, poeta de la isla-selva boliviana].  En los ratos en que pensaba y no andaba hechizado por el bolero, Alexis Gómez Rosa, nos confió que “Armandito” reflejaba lo que hace el poder con el indiscutible talento: lo destruye.  O, al menos, pretende destruirlo.  Los textos que siguen, y otros de Almánzar-Botello que se encuentran asimismo en nuestro blog, constituyen prueba fehaciente de lo que no logró el poder. P.G.

 A Fredesvinda Báez Santana, indescifrado latido de la perla

«¿Estamos ahora dormidos o despiertos? ¿Me sigues, lector-soñante?»

     «La oposición del sueño a la vigilia, ¿no es también una representación de la metafísica? Y ¿qué debe ser el sueño, qué debe ser la escritura si, como ahora sabemos, se puede soñar escribiendo? ¿Y si la escena del sueño siempre es una escena de escritura?». Jacques Derrida

     «La diferencia entre la fenomenología de Husserl y la de Peirce es fundamental, pues concierne a los conceptos de signo y de manifestación de la presencia, a las relaciones entre la representación y la presentación originaria de la cosa misma (la verdad). En relación con este punto Peirce está sin duda más próximo del inventor de la palabra fenomenología: Lambert se proponía en efecto “reducir la teoría de las cosas a la teoría de los signos”. Según la “faneroscopia” o “fenomenología” de Peirce, la manifestación en sí misma no revela una presencia, sino que constituye un signo.» Jacques Derrida

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Martín Adán: Cartas no respondidas

Andrés Piñeiro, Andrés (2015). Martín Adán. Cartas escogidas. Prólogo, selección,             transcripción y notas por Andrés Piñeiro. Presentación por Alonso Rabí do Carmo.  Lima: Fondo editorial PUCP.

Dentro de esta selección de cartas de Martín Adán, de talante muy poco dionisiaco si comparamos su empaque con aquella rociada y no menos patética crónica de Cesáreo Martínez (“Elogio de la noche y el fuego”, 1968), encontramos algunas misivas no respondidas por el autor de La mano desasida.   Crónica que trata de tres jóvenes escritores sanmarquinos (Cesáreo y Gregorio Martínez,  y Juan Ojeda) que, luego de estar bebiendo en la misma chingana (Chino Chino, del centro de Lima) en presencia de Martín Adán, no acreditaron que el poeta se hubiera incorporado a su mesa y, finalmente, compartiera con ellos tres días seguidos bebiendo; allí y en otros lugares de la ciudad de Lima, con el poeta sin probar alimento, y hasta dejar al autor de La mano desasida –hacia las 10 de la noche del tercer día– de vuelta en el Chino Chino.  Para esto, Adán los habría estado observando y, como deseaba beber en compañía, eligió entre ellos a los que, a ojo de buen cubero, acaso le parecieron los más recios para el trago.  No es que el poeta fingiera cercanía, aunque jamás el grupo volvería a reunirse, sino que en lo fundamental el poeta deseaba chupar aquella vez en grupo (aunque indefectiblemente siempre a solas).  Baste recordar lo que le pareciera, no los aspavientos del maldito o ilustrado Juan Ojeda, sino el mismísimo Ginsberg en una de aquellas misivas antologadas por Andrés Pinheiro:

Ginsberg, si mal no recuerdo, es nombre de una aldea en Alemania del Sur. ¿No será nombre gentilicio y de judío? Gente de mente frágil…

Lo más importante, pero lo más dudoso: cuando le dije que yo había pasado largos años en manicomios —lo dije, con deliberada malignidad, para despedirme—, él me dijo muy seriamente, y en voz baja, que él había nacido en un manicomio estando su madre internada” (“De Martín Adán a Honorio Delgado [Lima, 1960]”)

En síntesis, y como sabemos desde La casa de cartón, Adán cuando quiere es cruel y burlón y, sobre todo, sabe aquilatar muy pronto a las personas. 1968 era quizá el año, en el contexto de su Diario de poeta (1966-1973), donde a su alma arreciaban con más intensidad los meteoritos del ser: “La vida no se elige: la vida se padece”, “Yo pienso como pide el mendigo: la cosa”, “Desvestido, furioso, ya como cuerpo humano”, leemos entre otros sonetos escritos aquel año.   Ahora, no se trata de si Adán fue conservador (reaccionario) o liberal (revolucionario); en aquella misma carta a Honorio Delgado, en referencia a Gingsberg, escribirá: “Es un famosísimo autor yanqui que, por su modus vivendi, está llamado a arrasar cierta clase social en Lima. Tiene talento, pero el de Satanás. Me trae muy nervioso. Ni morir puedo”.   Es decir, no debemos identificar al poeta dentro de aquella “cierta clase social en Lima”.  Obvio, más que a los conservadores nos referimos a los snobs y a los siempre a medias educados académicos, mozos de San Marcos o de La Católica, como eran aquellos con los que se fuera de copas.

Ahora, respecto al trabajo de Andrés Pinheiro, útil y necesario si queremos sacudirnos de la idea que usualmente nos hemos forjado de un Martín Adán ausente de lo cotidiano, entre esto el cuidado material de su trabajo literario, y volcado de modo excluyente a la bohemia.  Entre las lecciones de retórica clásica que constituyen las idas y vueltas de tamaña comunicación epistolar, llama la atención aquella misiva no respondida a Antonio Cornejo Polar, a la sazón, director de la Casa de la Cultura del Perú.  Pasamos a copiar íntegramente aquella misiva, no sin antes especular un tanto por el motivo de su no acuso de respuesta o, también podría ser, probable no inclusión por parte del mismo Pinheiro; esto habría que corroborarlo.  Ciertamente, al motivo estético corresponde sobre todo uno histórico-ideológico en la comunicación de Cornejo Polar; se trataba de absolver un cuestionario en torno a “las relaciones del artista y su público en el Perú actual”.  Juzguen por ustedes mismos.

Lima, 30 de abril de 1970

De la Casa de la Cultura del Perú a Martín Adán

Ministerio de Educación

Casa de la Cultura del Perú

Señor

Martín Adán

Con miras a su publicación en el siguiente número de la revista Cultura y Pueblo, la Casa de la Cultura del Perú está entrevistando a artistas de diversas especialidades y a secretarios de cultura de sindicatos sobre el tema general de la audiencia que efectivamente recibe el arte en el Perú actual. Sería valiosísimo conocer su opinión al respecto. Para evitar posibles interpretaciones equivocadas, le rogamos contestar por escrito nuestro cuestionario o parte de él, pudiendo añadir aspectos relativos al tema que el cuestionario no aluda. Le pedimos disculpas por el tono tal vez demasiado directo de algunas preguntas, pero estamos seguros que usted comprenderá que nuestro único objetivo es suscitar una inquietud y plantear públicamente, en los términos más concretos, el tema de las relaciones del artista y su público en el Perú actual.

Sus respuestas deberían estar en nuestro poder antes del 25 de mayo para poder publicarlas en el número siguiente de la mencionada revista.

Con este motivo reitero a usted las consideraciones de mi estima personal.

Atentamente,

Antonio Cornejo Polar

Director de la Casa

de la Cultura del Perú

Cuestionario

  1. ¿Cómo se siente usted escribiendo en un país cuya población tiene un altísimo porcentaje de analfabetos?
  2. ¿Podría usted decirnos cuál ha sido el tiraje de sus obras más importantes y cuál ha sido su distribución efectiva (venta, donación, etcétera)?
  3. Imaginamos que usted quisiera tener más lectores. En ese caso, ¿qué ha hecho por conseguirlos? ¿O se trata, más bien, de problemas cuya solución excede a las posibilidades personales del escritor?
  4. ¿Hasta qué punto el número de lectores está en relación con el lenguaje —o en general con la «forma»— que el escritor crea?
  5. ¿Usted cree que un obrero peruano medio entendería su obra y le interesaría?
  6. En suma: ¿para quién escribe usted? (Piheiro 100-101)

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JORGE EDUARDO EIELSON EN FLORENCIA/ Israel Tolentino

Una persona entrañable me procuró uno de sus clásicos poemarios, viene a mi cabeza “poesía en forma de pájaro: Azul/ brillante/ el Ojo el/ pico anaranjado/ el cuello/ el cuello/ el cuello… luego de muchos años de espera, conocería virtualmente al querido poeta; un enlace realizado por la fundación telefónica, permitió a otros muchos, que seguro le querían, saludarlo y oírlo en pantalla gigante; verlo aparecer con una máscara arrancada de una noche estrellada…sentir que divisar el universo y la pequeña luna que alumbra los unía. La cara dulce de Jorge, con sus finos bigotes, el surco de su rostro y sus manos hablando por él en algunos momentos cuando sus labios escuchaban las preguntas, los recuerdo como apuntes fallidos y extraviados. Ese ser mágico e irreal había roto la distancia del mundo con Lima. Terminado el encuentro, regresamos al arrullo de los coches y el cielo nublado, pero queriendo un poco más a Jorge Eduardo. Salimos, tomamos un café, dejamos una silla para él y retornamos a casa, ojeamos sus libros con delicado afecto, con apego, como nunca antes habíamos sentido por poeta alguno.

https://ahora.com.pe/jorge-eduardo-eielson-en-florencia/

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Adán amerindio

Nueva línea de investigación de VASINFIN

Estudio sobre las relaciones entre las obras poéticas de Martín Adán y de César Vallejo; desde el debate y profundización de dos ideas fundamentales:

  1. “El poeta [Martín Adán] añora en la literatura colonial, la mixtura lograda en la arquitectura, en donde el motivo autóctono se combina con el diseño europeo, produciendo monumentos de aclimatada belleza. En la literatura, lo único semejante es la obra de Garcilaso” (Chocano)
  2. “Vallejo aparece constantemente a lo largo, sobre todo, de Escrito a ciegas y La mano desasida. Y los sonetos de Mi Darío y de Diario de poeta son en su mayoría alejandrinos, entre otras muchas razones, para evitar la intromisión inadvertida de Vallejo […] se puede hablar de cierto gusto: el gusto lingüístico, el placer lexicológico de Adán al reproducir, a su manera, el tono de Vallejo.  ¿Por qué no?  A Vallejo también le dio gusto reproducir el acento de Adán” (Aguilar Mora )

Aguilar M., Jorge (1992). Martín Adán. El más hermoso crepúsculo del mundo (Antología).      México: FCE.

Chocano, Magdalena (1985). “La palabra en la piedra: una lectura de Martín Adán”, Socialismo   y participación, N° 32.  85-94.

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Poesía peruana: Ni problema ni posibilidad

“El problema del sol son los helados”

Luis Hernández Camarero lo decía

Al que le gustaba Vallejo por aquello de

-“Di mamá”

Aunque debemos admitir que Martín Adán

Escribía mejor que el Cholo

O también el propio Eguren

Aunque puestos en paralelo ambos limeños

Preferimos al de La Mano desasida

O Canto a Macchu Picchu

Sin haber pisado ni un minuto aquella ruina

Y brindarle tan sólo una oreja

Al pregón de Luis. E. Valcárcel

Lo que pasa es que el Cholo no escribe

En términos de representación

Sino que en su poesía encarna

Sino que su literatura constituye

La cabellera misma de Inkarrí su barba

A nivel de la tercera moldura de plomo

Aunque no su rostro que es

El de cada uno de nosotros

Cuando leemos Trilce o Escalas

De este modo en la literatura nacional

No existe problema ni posibilidad

Escenario superado por César Abraham

Con beneplácito del tan circunspecto

Jorge Basadre Grohmann

Todo es cuestión de modular nuestra escritura

O a nosotros mismos o a Inkarrí o al Cholo

Es igual

Y por la abundancia hablará nuestra boca

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“En una de mis vidas soy dominicano”

Sin duda en una de mis vidas soy dominicano. Acicateado siempre por el deseo he barrido las calles de Santo Domingo e, igualmente goloso y anónimo, las de muchas de sus provincias. Una suerte de ir siempre a desenmascarar un hechizo, una promesa atávica, una perla relampagueante en medio de la concha más oscura. ¡Dulce! –así me lo refirió un viejo taxista de El Conde, ya hace años– es el toto de las hembras dominicanas; y así mismo lo he comprobado. Pedazos de madera de balsa sobre un mar proceloso e iluminado. Reto para jugar a las escondidas y perderse, despreocupadamente, en medio de ese bosque encantado. Incienso que se prende, sobre ese altar minúsculo, mientras a uno lo embriaga su bendito aroma. Bendecido es el encuentro con el toto dominicano, pues, la auténtica y secreta poesía local en medio de semejante enjambre, pareciera sempiterno, de poetas a la carta y a la corte. Cofre, en suma, alguna vez enterrado, y rescatado a mano –a ávidas heridas– por este memorioso y agradecidísimo filibustero.

Previa esta introducción, ineludible tratándose de cosas dominicanas, acusamos lectura de Marginal de una lengua que persigue su forma (Santo Domingo, República Dominicana: Editorial Gente, 2009) de Alexis Gómez Rosa. Poeta, en base 6*, bajando con ojos bien abiertos una penumbrosa escalera. Peldaños de los recuerdos, de los reencuentros, digo, con nuestros jirones de luz y de camisas flameando ante el viento vivo del mar del Caribe. Alto es el peñasco de mira y discursiva la gruta de líquenes de la playa de Alexis Gómez Rosa; sin duda el de más virtuosa y febril digitación sobre su saxo, como “Tavito” Vásquez (El Grande). Virtuoso, pero sin el tufillo malicioso o peyorativo de no creador que, algunas veces, hacemos equivaler aquella palabra. En cambio, una vez nos hemos untado Marginal, nos percatamos que la creación en Alexis es casi impersonal, y este sí que es un auténtico y extraordinario logro. Su propuesta convoca, más claro que nunca y sin los narcisismos ni las megalomanías de antes (encandilamiento con Neruda, con vida y obra) una honda herencia de historia antillana; una melaza lenta, eruptiva, como brotando de un enorme volcán que cubre sólo parcialmente la playa. Una cabeza imantada al palenque, dentro mismo del dolor; y, las otras, a una lectura bajo un lamparín a kerosene, a una conversación inolvidable, a un tabú, a una pregunta a la Esfinge. Son varias las cabezas las de esta hidra buena que es la poesía de nuestro extraordinario amigo de la Zona Colonial. Bate mayor, y de otras ligas, frente a los meros recogedores de bola en el diamante poético dominicano.

*A.G.R. (1950-2019).

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Vallejo y Barroco: Varrojo

A diferencia de Ovidio y de Góngora, y de un arte de “parecer”, en Trilce no nos hallamos solamente ante la gravitación o atracción de un mito marino; sino, conjuntamente, de un mito solar amerindio (Inkarrí) el cual brinda un norte o dirección al poemario de 1922.  Es decir, este último, hace cesar y otorga sentido (Escalas) a las incesantes metamorfosis (letra, canto, baile) en las que se halla comprometido el Barroco.  De allí lo de “Varrojo”, en nuestro lema, o aquello que va hacia el rojo (Inkarrí).

https://www.academia.edu/99284955/Vallejo_y_Barroco_Varrojo

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¿Por qué has escrito, Pedro; qué tipo de crítica practicas y con qué finalidad; qué esperas?

Junto a Julio Juvenal (de aquí lo de “Juvenal Agüero” en mis novelas cortas), el de pelo oscuro, mi hermano mayor.

Recién salidos de una diarrea impenitente donde, hace un par de días, nuestra opinión acaso hubiera sido mucho peor, estimo que escribí para –sin intentar ni pretender ni, menos, desvelarme– devolver mi experiencia de la poesía al papel.  Conforme avanzó el tiempo, incluso con menor cuidado; ya los fundamentos habían sido asimilados; y lo que había que hacer era disparar, hurtar, sicariar al lector tal como venía la mano.  Abuso de confianza de mi parte que, a veces, más bien en los ensayos, no ha sido muy acertado hacerlo (sobre todo si pensamos en introducción, desarrollo, conclusión).  Pero que en la poesía, tampoco en alguno que otro ensayo, tiene antecedentes; aunque no iguales en el mundo entero.

Practico una crítica ontológica, es decir, cada uno de nosotros nacemos para hacer algo en esta vida; pero la que eligieron la inmensa mayoría de los líricos actuales no fue la correcta.  Siempre hay chance para reparar en esto y arrepentirse, aunque ignoro si sea para ganar el cielo.  Qué es lo que quiero decir, que los poetas consagrados (en demasía) no hagan el juego a la institución literaria que les da la teta; porque el status que ocupan no se los da la poesía, sino la institución que los manipula; absolutamente nada más.  Respecto a los que recién publican, y luego de un sincero acto de contrición, pregúntense ¿pa qué? (Nicanor Parra dixit).  Crítica desde los cojones antes que desde alguna teoría, crítica desde los libros y las certeras mentadas de madre que educaron nuestros oídos.

No espero absolutamente nada desde los fantoches que representan la poesía de aquí o de acullá.  Lo que merecía ya lo recibí.  Y recibí de sobra lo que merecía.

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