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VIDA CONTINUA Y EL TRASVASE POSANTROPOCÉNTRICO

EL CIEGO MAR
no veo
me transplanto
la boca de una flor
es un volcán hembra
horario y minutero
desfilan tierra adentro
pero yo me hallo en el mar
no veo
bebo
un cielo de revés
un torbellino blanco
estalla entre mis huesos
no veo
sino brazos transparentes
el color apenas mima su crepúsculo
no veo
sino el mar
yo soy el mar

El recurrente abordaje de la naturaleza en la obra de Javier Sologuren (1921-2004) trasvasa la mera advertencia ambiental o ecológica para reclamar una perspectiva posantropocéntrica. Cuando el campo literario peruano se dividió rígidamente entre «poetas puros» y «poetas sociales», la crítica hegemónica apresó a Sologuren en el casillero de la «pureza», reduciendo su sutil atención a la hoja, al aire, a la luz y a la tierra a un simple repliegue esteticista o contemplativo.

Sin embargo, vistos desde el Pensamiento Simétrico, los discursos de esa dicotomía ideológica —tanto el dogma revolucionario de trinchera como el liberalismo institucional metropolitano— comparten una misma matriz moderna, autoritaria y antropocéntrica, empeñada en subordinar la materia a las urgencias del sujeto y a la gestión del poder político. Frente a ese confinamiento, la poesía de Sologuren anticipó la perspectiva posantropocéntrica: como se advierte desde nuestra tesis de Bachiller (PUCP) de 1987 (Estancias, síntesis de imágenes aéreas en la poesía de Javier Sologuren), su escritura no aísla el poema del mundo, sino que disuelve los límites del «yo» para integrarlo en una trama de fuerzas y presencias no-humanas donde el texto es solo una extensión del espacio natural. No se trata de una posición que pretende «darle voz a la naturaleza» desde la condescendencia del observador, sino de establecer una sincronía fluida y orgánica con ella, haciendo que la materia funcione como una fuerza gravitacional viva que desubica la soberanía humana. P.G.

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