Archivo de la categoría: Poesía

Poesía

‘Marina’/ Blanca Andreu

diariocordoba.com
La poeta Blanca Andreu

Te he visto, océano
te he galopado
a lomos de un violín
de madera pulida
de un potro alabeado
del color del cerezo
y eras, océano
un prado
de hierba azul
en movimiento.

Como si fueras el propio olvido
te he visitado, océano
emperador de las aguas
espejo profundo del cielo
y he visto, en sus eternas barbas de espuma
cereales azules y flores de silencio.

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‘el hombrecito’/ Edgar Artaud

chilango.com

Tal parece que Jorge ya no quiere saber nada de nosotros

tomé un litro de café y me arrellané sobre el sofá con

la biografía de Malcolm Lowry

un amigo dictará una conferencia el miércoles;

el hombrecito emergió del vaso de café, se colgó del

borde y salió del recipiente,

hace mucho calor allí dentro;

ayer dormí en el vaso de la licuadora

incómodo entre las aspas amenazadoras

es mejor la enfermedad que el remedio,

mi amigo y colega Juan Viagra parece enloquecido

tiene un olfato especial para captar mujeres en periodo

entonces comienza a aullar, todo el tiempo aúlla

los vecinos se molestan, parece un lobo y

su familia se acongoja, estoy seguro de que en prisión

continuará aullando, siempre aullando;

no entiendo porqué Jorge se ha desentendido tal vez lo

molestamos, tal vez no quiso saber nada de nosotros,

el hombrecito ahora se ha dormido, parece cómodo encima

de la mesa,

ingiero café para reírme de todos ustedes,

espero llegar a los sesenta y nueve, la edad perfecta

para engendrar un hijo y que éste no se esconda debajo

de la cama.

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«Taller de magia»/ Rafael Soto Vergés (Cádiz, 1936-Madrid, 2004)

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Ahora ya sé por qué
canto a la vida oscura y sus ensalmos,
le arrebato a la muerte este destello:
cosa, idea, que sube hasta mi mente como tórtola
blanca. Esto es la magia
o, acaso, el infeliz descubrimiento
de ese fervor que acerca nuestra mano
a la profunda realidad. Es mayo en los espejos
terrenales, tiempo
de transición oscura hacia el prodigio
de mentida creación. Se hacen las flores como pañuelos
de saludo al hombre
que, en la luz, aun duda de su dicha; admira,
relaciona los términos, se acuna
en la canción del día, sueña, se arroba en lo mudable de
la esfera.

Arca de doble fondo es la conciencia.
En esa caja mágica y oscura
que, polvorienta lágrima, arrincona
tantos fraudes y heridas, no hago trampas:
tan sólo escondo, por pudor, dolores y recuerdos
de muerte, algunos lutos
del corazón que, en sombras, se impacienta.

Abro mi caja al alba, mis sentidos.
Basura matinal torvos murciélagos
podrían ser las luces que destapo con mi oficio de
mago. Mas la suerte
y ese amor con que toco la existencia
me hacen hundir la mano hasta lo hondo
y allá, en lo oscuro, palpo seda fresca, escarcha blanca
hacia la vida, pájaro
de libertad que al ámbito emociona.

Cuesta, cuesta vivir. Y cada día
deambulo del mito al desencanto, en este ritual.
Peregrinaje absurdo
que, a escondidas, lloro sin consuelo.
Así quemo mis artes, me consumo
en mi taller de magia. Sufro agónico, letal para mí
mismo, ante el espejo
de las falaces ilusiones. Sueño, excavo
mi condición mortal: madera, tumba, caja de doble
fondo a donde un día
habré de regresar para sumarme a ese misterio
mágico de sombras.

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Poetas puertorriqueños del fin de siglo (antología efímera )/ Luis Felipe Díaz [Lizza Fernanda]

aventispr.blogspot.com

He dicho que no quiero el mar
Si tiene la tinta que imagino,
La gota de sudor del obrero
O del erizo,
Sólo quiero ver televisión
Como quien toma veneno
Los domingos
(reinsidentedellupus, José Raúl González, “Gallego”)

El tránsito es un espejo. El único peligro de tener una direc-
Ción es pensar demasiado en el retorno. No tengo la velocidad
De la luz, por eso esta fascinación por los letreros, el celoso
Neón de palabras. Viajera, no quiero explicaciones. Ven a
Jugar en mi puente levadizo –lo único feudal del castillo es
Arena–. El aire se desvanece lo sólido. Uso las manos para
Tocar la evidencia. Lo ligero se sale con la suya.
(Cannibalia, Rafael Acevedo)

La vida es un segundo
Que no tiene que ser una tormenta de siglos.
Dale un espacio a la miseria
Y al banquete de la vida
(idus de marzo, Julio César Pol)

Hay un adorable aparato libre de todo trauma
Es menester levantarle un altar
Y enchufarlo
(Fracturas del devenir, John Torres)

Ayer escuché el himno nacional
Y un impulso patriótico me movió
Casi involuntariamente
A apagar la tele.
(Casquillos, J.D. Capiello Ortiz)

Entonces nos fuimos sentando uno a uno
Sin orden
Ni control
Listos y ávidos de ironías
Desesperados por sentir la bóveda del salón
Cambiar.
Acalorados de emoción
Nos sentamos ahí
Fieles y hambrientos
Listos para conjugar (escribir)
Lo que otros dijeron
Mucho antes que nosotros.
(Realid(h)ades, Amarilis Tavárez Vales)

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Niña golosa / Alexis Gómez Rosa

laberintodeltorogoz.blogspot.com
El poeta dominicano, A. G. R.

A los doce años me gustó el tipo

que mataba las vacas:

un carnicero enorme a quien llamaban Felipe.

Verlo meter el cuchillo y escuchar las vacas

mugir temor y desespero,

me atestaban contra la pared, sufriendo

en entrepiernas, aquel corto escalofrío

que reclamaba un mundo.

Felipe, Felipe Aracena, un moreno de bíceps

gladiadores, destinado a cometer mayores

asesinatos mejores.

Y rimó, como en los viejos tiempos:

perfidia y pasión en el torrente sanguíneo.

Desde pequeña lo espiaba la sangre

lo atenazaba el candor.

Mis hermanas no lo prefiguraron mis amigas:

un carnicero angelical, brazo de niño,

imaginaba mi febril

y precoz adolescencia.

Gustaba él del bolero lo derramaba

con la más fina estocada.

Yo lo escuché una vez exhibiendo su animal

ensangrentado, y dejé aquel chorro de agua

majarme el clítoris erguido.

(Tiempo después supe que así se llamaba

esa glándula del tembleque y el gusto).

Tenía doce años y me gustaba

ir al matadero. El olor de la sangre

me hizo parir tres hijos.

De Marginal de una lengua que persigue su forma (2009)

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[El muchacho mira a la muchacha]/ Esther Oblitas y Pedro Granados

Cortesía E.O.

El muchacho mira a la muchacha.

Ella es bella. Tiene los hombros delicados

y los brazos casi rectos pero bien dibujados.

Tiene los pechos breves y ofrecidos.

El muchacho mira a la muchacha.

A ella le sobran las pestañas

y tiene el talle alto y los cabellos

levemente perfumados.

El muchacho mira a la muchacha.

Ella luce el rostro lavado

y las uñas despintadas sentada aquí

en la biblioteca.

El muchacho mira a la muchacha.

Ella apenas tiene quince

y tiene los dedos de veinte

y tiene los ojos de veinte

y el caminar de una chica de veinte años.

El muchacho mira a la muchacha.

Ella al fin

charla y sonríe y se marcha

con una de sus amigas.

El muchacho mira a la muchacha.

De El corazón y la escritura (1996)

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Gegen das Geheimnis/ Petra Schimd (trad.)

nicolas.bahiadesign.com

Gegen das Geheimnis

der Interpretation. Ich weine.

Seit Tagen. Es ist lange her

dass ich weinen wollte.

So lange, seitdem ich nicht verstehe.

So viele Stunden, die

meine jetzigen Schritte begründen.

Mein trauriges Hundegesicht zeigt sich

an jeder Straßenecke.

Mein Bruder Eduardo ist vor einem Monat verstorben.

Er starb arm, doch ohne Schulden.

Er starb arm, doch ohne Zweifel.

Seine Hände zweifelten nicht.

Auch seine Stimme nicht. Noch seine Liebe.

Meine Schwester Elena übernahm die Ausgaben

für das Krematorium. Und Lucy, seine Witwe,

bewahrt für uns die Asche auf.

An all dem nahm ich nur dadurch teil,

indem ich einer Dunkelhäutigen

die Augen verdrehte. Die blauschwarzen und schneeweißen

Augen meiner Schwarzen. Gleichgültig dem Tod gegenüber.

Traducción: Petra Schmid (Freie Universität Berlin)

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Caral

images.usatoday.com/.../2006/10/16/topperu.jpg

En vez del cráneo de una calavera

acaricio una piedra que he traído a Lima

desde la cinco veces milenaria

ciudad de Caral.

Es un canto rodado grande,

perfectamente plano en su base,

que utilizo para tener en pie

algunos libros. Para tenerme en pie.

Ápice de alguna lengua.

La luna en cuarto menguante,

a manera de ejemplo.

Y junto con esta piedra

–de agigantadas papilas

y evidentes cicatrices –

les escribo.

Ella de cinco mil años;

la mía de cincuenta.

Irregulares, quiñadas,

y gozosas lenguas gustativas.

No menos sexuales, por cierto.

La libra de toto se mide por la vista

y se mide por la lengua.

Como lo saben muy bien

mis discursivos colegas dominicanos.

La luna en cuarto menguante,

a manera de ejemplo.

De Soledad impura (2009)

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‘Yo soy sólo un inmenso y cruel vacío’/ Inés Cook

http://www.inescook.com/poetry/de_la_soledad_el_misterio_el_gozo_y_la_agonia.html

XXXVI

Yo soy sólo un inmenso y cruel vacío

pura necesidad, sediento anhelo

y usando a la palabra de señuelo

intento así abrigarme de este frío

Pero olvido la Fuente de aquel río

y en mi tonta ignorancia me rebelo

buscando en este mundo algún consuelo

sabiendo que ningún cantar es mío

Pues vacuidad encuentro en todo aquello

que acometo buscando el fiel cariño

Perdida y rechazando toda ayuda

y deseando creer que el mundo es bello

me alejo de mi Madre como un niño

quedándome aquí ciega, sorda y muda

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Golpeándome la cabeza/ Edgar Altamirano

http://ealtamir.blogspot.com/

Libro maravilloso, el de un sujeto sencillo, aparentemente uno de tantos, pero soberano, elegante ante la vida y la muerte. De esta actitud fundamental brotan la sabiduría y el humor de estos poemas; para no hablar de la carpintería de los mismos, en su aparente simplicidad también, plenos de guiños cultos, lecturas de todo tipo, meditaciones extraordinarias y, sobre todo, cotidiano arte de vivir. De vivir a duo, a trío, en la polifonía misma de la curiosidad por todo y el interés entrañable por todos los demás. Semejante de su lugar y de su tiempo, estos últimos se animan a entrar de verdad en su poesía: inolvidables su mujer, sus amigos y los lugares por donde discurre el yo poético, a veces también un tanto hechizado. Edgar ha cocinado en su marmita con paciencia y, en el interín, se ha cocinando a sí mismo con lentitud. Hasta convertir su obra en el oro que es hoy dentro de la poesía mexicana e hispanoamericana, a mi entender, llena de fuegos fatuos (montados –de la noche a la mañana– por la editorial de moda, subidos a empujones al vagón de la popularidad). Nada de esto ocurre con este libro, felizmente, porque a la poesía –contra lo que pretenden taimados o ingenuos– no se le puede engañar.

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