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Ensayo

Stephen M. Hart (2019). El Vallejo «verde» de Los heraldos negros. Revista Archivo Vallejo 4(4): 47-71

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Vallejo   deliberada   y   conscientemente   crea   una   dimensión   endogámica en el terreno del lenguaje poético, la cual es análoga al  incesto  genético (Hart 68)

Obvio, desde una perspectiva  positiva y lineal del parentesco, no rizomática; la cual constituye, esta última, el modo específico y cultural donde debemos situar a la “familia” o el archipiélago o el “ciliado arrecife” donde nació el poeta.

¿Cuál  es  el  resultado  de  la  decisión  tomada  por  Vallejo  de  «endogamizar» la lengua? Primero, se nota que las palabras gozan de esta pérdida del control y empiezan a crear un nuevo mundo  basado en nuevas leyes; un adjetivo, por ejemplo, puede adoptar  la  modalidad  de  otro  componente  gramatical,  el  sustantivo  puede comportarse como si fuera un adjetivo, el adverbio puede disfrazarse de sustantivo, y el sujeto puede convertirse en objeto. Esta  aventura  llegaría  a  su  cúspide  en  Trilce, pero  ya  existen  algunos  indicios  de  esta  trayectoria  en  Los  heraldos  negros (Hart 69)

¿Y Quevedo?  ¿Y Góngora?  Aquellas metamorfosis, el tantear y ventilar conceptualmente  diferencias y simetrías, le vienen a César Vallejo de sus atentas lecturas del Barroco; en particular, de la poesía de Luis de Góngora (Ej. Fábula de Polifemo y Galatea) que remite, asimismo, a la Metamorfosis de Ovidio.  En este sentido, no olvidemos que los famosos protagonistas de aquella fábula gongorina –Polifemo, Galatea, Doris y Acis– son todos ellos, tras distinta apariencia y función en el poema, finalmente agua (Granados: Trilce XLVII y el “no nacido”).

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La 22 Feria Internacional de Libro Santo Domingo rinde homenaje a Nan Chevalier

El Viaje sin retorno desde un puerto fantasma, nueva novela breve de Nan Chevalier (Santo Domingo, R.D.: Editorial Búho, 2015), comparte con Aura –aquélla célebre de Carlos Fuentes– más de una significativa coincidencia: punto de vista, en de la tan vinculante segunda persona singular (tú); la historia de un sujeto inepto para vivir el tiempo presente, Felipe Montero o Ludwing Echavarría; y un espacio cerrado y no menos fantasmagórico, la casa de Doña Consuelo o la capital de la isleña República Dominicana, Santo Domingo:

“[Puntualiza Don Emir, amigo fortuito de Ludwing] -¡Záfese de este ambiente!- susurró con dramatismo-. Ahora quien importa es usted. ¡Záfese! -exclamó de pie-. ¡No permita que esta se convierta en la ciudad de sus ruinas!”

Asimismo, y a modo de un círculo concéntrico mayor, una aguda e inquietante reflexión sobre el amor de pareja en medio del páramo de la incomunicación familiar; del desasosiego por el exceso de trabajo o la falta de él; y, sobre todo, de la opacidad de nuestras propias identidades y existencias.

“[Habla Rosanna, la esposa de Ludwing] Pero escucha esto, azaroso de mierda: nunca se te ocurra llamar a mi casa, puerco de arrabal, FRACASADO, con mayúsculas”

Como un ingrediente adicional –y más específicamente caribeño– se halla la reflexión cultural y social, también presente a todo lo largo de la novela del, asimismo, poeta y profesor universitario, Nan Chevalier:

“El negro se percibe en el aire”; “en estos días Ludwing ha terminado por aceptar que la verdadera maldad anida en la clase social más encumbrada”; “reconfirmaste que en estos bajos estratos la gente es más abierta de pensamiento que en la llamada clase media. Son más flexibles ante la impredecible agenda del diablo”; y un largo etcétera.

Tampoco están ausentes el humor y la observación inteligente; ni mucho menos la poesía, más bien, de una epifanía parca y austera, rasgos típicos de la lírica de nuestro autor.

Por todos estos felices motivos, que no son pocos, saludamos y congratulamos esta nueva obra de Nan Chevalier, autor dominicano de vocación singular y derrotero propio. (P.G.)

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Monólogo de Juvenal Agüero*: Luego de los tres millones de visitas a este blog

Tengo una cantidad innumerable de enemigos literarios; de izquierda y de derecha; del submundo  y del cielo.  Los cuales no cambiarán de opinión  sobre mi obra porque de hacerlo, a estas alturas, significaría admitir que estuvieron despistados en el juicio o, peor aún, actuaron con hartísima mala fe.  Es más, ya que para el que escribe poesía por lo menos la mitad del asunto estriba en ser un crítico con olfato; aquello sería admitir que fueron poetas mediocres y, por lo tanto, en este aspecto  también existieron  en vano.

Es un milagro que haya persistido en la poesía sin grupete de amigos; sin ser líder de nadie; y sin que me hayan fagocitado como requisito previo  para algún  halago.  Mi invisibilidad, asimismo, constituye prueba irrefutable de que la poesía (la crítica) de los últimos cuarenta-cincuenta años en el Perú propiamente ha desaparecido; aunque no por esto sea menos activa, influyente  o decisoria.  Invisibilidad al cuadrado, para ser más exactos, porque los extranjeros que leen la literatura de este país andino se apoyan a su vez en lo que les informan o seleccionan los ineptos o, más bien,  monitoreados especialistas locales o peruanistas.   Bola de nieve, entonces, intrascendente y, desde ya, extinta.  La cual, y de modo semejante,  no se ha percatado, por ejemplo, que  Prepucio carmesí (New Jersey, USA: Ediciones Nuevo Espacio, 2000) constituye la primera novela del siglo XXI escrita por un peruano overseas.  Trasandina, archipiélica, simétrica.  Aventura, nomadismo, mediación multinatural.  Carente de melancolías identitarias ni con el espíritu –típico o, peor todavía, profesional, oportunista– de  un sujeto andino permanentemente damnificado.  Páginas que escapan de la canónica literatura de viajes.   Subalternos entendiéndose entre ellos; pobres (de amor) atendiendo a otros semejantes.  Post-exótica y post-indigenista.  Y que apuesta más bien por la complejidad u opacidad desde el origen; por la red de vasos comunicantes que, entre todos los seres humanos (incluidos los animales), yacen sumergidos.

Cómo podría justificarse, pues, toda aquella legión a la que aludo.  Que todo lo hicieron por alimentar lo mejor posible a sus vástagos, vale; que sus progenitores fueron militares y que a ellos, tampoco, nadie va a pisarles el poncho, salve; que cierta iglesia católica y cierta oligarquía  les aseguraron su puesto en un periódico o en alguna universidad, allá ellos; que mientras más ignoraban incluso mucho mejor les iba, es lo usual; que en el intento de manipular a todos lograron finalmente manipularse a sí mismos, también es lo usual; que ignoraban mayormente, que no sabían, pase.  Pero que de ninguna manera pudieron con Juvenal Agüero el cual, al final,  les ganó la partida, de esto justamente  trata la presente y no concluida  novela.

De esto y de lo que diría acaso un joven crítico profesional; o una joven crítica que entenderá todo primero en inglés.  Un crítico de estos precoces y sabiondos, a veces de sonoro apellido, e incluso algo simpáticos, a los que martirizó su papá.  Y que por esta razón se afirman, a como dé lugar, en aquello que ignoran.  Y se empecinan, a la par de la institución que los ampara o los financia, en hacer escuchar su preciosa voz,  dicho sea de paso, absolutamente inofensiva. Que cómo no reparamos en Juvenal Agüero  mucho más temprano; de lo ciegos que andaban los grupos de poder y sus instituciones, etc., etc., etc.  Mejor nos anticipamos a todos ellos y desde ya rechazamos sus discursos, en conjunto y el de cada uno por separado, y lo decimos  directa y expresamente nosotros.  Antes que el largo brazo del remolino nos alcance o que la piedra sea muy gorda y alta sobre el río.  Ahora que estamos todos reunidos todavía aquí. Habrase visto.

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Olga Tokarczuk/ Isabel Sabogal

Queridos todos
Feliz con el Premio Nobel otorgado a Olga Tokarczuk comparto aquí mis reseñas de algunos de sus libros.
Isabel

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Alejandro Abdul: Poesía, comunidad e Internet

“Wilson Bueno, Douglas Diegues, nuestro Alejandro Abdul y, sobre todo, el performance cotidiano de la gente de la frontera nos parecen indicar que la literatura por venir, en esta bullente parte del mundo, será tal cual lo avisora Macera.  Portunhol, el arte Pau y la lengua tupi del Paraná; cuyo efecto de lectura, a decir de Néstor Perlongher: “é imediatamente poético” (Perlongher 9). Portunhol, por cierto, que no es uno solo; puede ser lúdico y selvagem; lúcido o crítico siempre; meditativo y tan enamorado”

https://revistas.unila.edu.br/sures/article/view/196/205

 

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Pietá Boné, una mujer W, NOBEL de Literatura/ Harold Alvarado Tenorio

Boné, al centro, con Federico, Torres, Gloria Luz, Popolizio, Langagne, Lopez y Pumarejo, benefactores.

La poetisa Pietá Boné, la mujer W más admirada por el Premio Novato de la empresa de petróleos noruega Statoil, el fariano Juan Manuel Santos, y Julito, uno de los Tres Chiflados, ha sido candidatizada, por un ciclópeo grupo de intelectuales colombianos al Premio Nobel de Literatura… la señora Boné cuenta con la protección piadosa del Instituto Cervantes y su director el Doctor y miembro del Partido Comunista Español Luis García Montero y su esposa, la robusta Almojábana Grandes.

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Jacques Viau Renaud, primer poeta domínico-haitiano/ Sophie Maríñez

He querido hablaros de mi patria,
De mis dos patrias,
De mi Isla,
Que ha mucho dividieron los hombres
Allí donde se aparearon para crear un río.

Jacques Viau Renaud (1941-1965), figura inspiradora que rompe todos los esquemas de odio y estereotipos construidos sobre “el haitiano” en el imaginario dominicano y que simboliza a la perfección la imagen de solidaridad y fraternidad entre ambos pueblos.  Poeta haitiano que creció y vivió la mayor parte de su vida en Santo Domingo, Viau luchó junto a los dominicanos contra las tropas norteamericanas que invadieron República Dominicana para aplastar el movimiento que, en abril de 1965, luchaba para restituir al presidente Juan Bosch, quien había sido destituido por un golpe de estado en 1963. Viau llegó al rango de sub-comandante del Comando B-3, pero murió con apenas 23 años el 21 de junio de 1965, después de una semana de agonía tras ser alcanzado por una granada lanzada por un mortero de las tropas norteamericanas.3 Dado el contexto político y social de hoy, es natural que Viau se haya erguido como figura indispensable para los sectores progresistas que han luchado por apaciguar las tensiones y sanar las heridas causadas por las acciones de las autoridades y élites anti-haitianas.

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Los heraldos negros: «fermento[s] de Sol»

Sumilla
En  «Nostalgias  imperiales»:  «[Yo  soy]  Un  fermento  de  Sol  /  ¡levadura  de  sombra  y  corazón!»  («Huaco»),  de  Los  heraldos  negros  (LHN),  la  palabra  «fermento»  —vinculada  al  «Sol»  actuando en la «sombra y corazón»— resulta semejante, aunque no  equivalente,  a  fragmento.  En  este  sentido,  y  tal  como  estudiamos en nuestro libro Trilce: húmeros para bailar (2014), el poemario de 1922 no se hallaría «fragmentado» o constituido de «fragmentos» (vanguardia histórica europea), sino, más bien, fermentado o «fermentando» (Inkarrí).Los  «heraldos»,  en  tanto  «fermentos  [de  Sol]»  de  LHN, constituirían una comunidad (jardín de Epicuro) o archipiélago andino susceptible —aunque ya opaco o mestizo— de extenderse de  manera  universal.  Una  reflexión  específica  y  concentrada  —«escena cerebro»— de lo mismo (naturaleza y función de los «fragmentos»)  la  constituiría  Trilce.  Es  por  tal  motivo  que  este  poemario resulta más «abstracto» o «teórico» que LHN.  Por  su  parte,  España,  aparta  de  mí  este  cáliz,  constituiría un  señalamiento  y  reconocimiento  explícito  —ya  universal  y  multitemporal,  en  «[Niños]  si  tardo»—  de  aquel  mismo  archipiélago  andino,  simétrico  y,  acaso,  esta  vez  un  tanto  más  evangélico  o  menos  «pagano»  (pensamiento  amerindio  o  epicúrico) que Trilce.Por  lo  tanto,  postulamos  que  «los  heraldos»  son  «negros»,  al  modo  de  aquel  enterrado  y  activo  «fermento[s]  de  Sol»  del  poema  «Huaco»;  «niños»:  traviesos,  manchados,  embarrados.    Y,  además,  «levadura»  en  cuanto  «niños»  como  significado  de  promesa,  primicia  o  futuro  de  un  mundo  siempre  perfectible.    Niños que sobrevivirán al aborto (Trilce) o a las balas (España, aparta de mí este cáliz) en un ayllu multicultural, multinacional, multitemporal  y  multidimensional  donde  la  vida  alienta  un  continuum.

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La poesía dominicana y este pechito

“De tanto quejarnos del aislamiento de la literatura dominicana en el Universo no se sabe quién envió a Pedro Granados, el poeta peruano, a Santo Domingo, por allá por los años 90 del siglo pasado. Granados se encandiló con la poesía y con la gente dominicana y se jodió para siempre, que está preso por la guardiemón” Clodomiro Moquete (Revista Vetas)

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