TRILCE VIII Y LA TORSIÓN DEL «MAÑANA SIN MAÑANA»

Mañana esotro día, alguna

vez hallaría para el hifalto poder,

entrada eternal.

 

Mañana algún día,

sería la tienda chapada

con un par de pericardios, pareja

de carnívoros en celo.

 

Bien puede afincar todo eso.

Pero un mañana sin mañana,

entre los aros de que enviudemos,

margen de espejo habrá

donde traspasaré mi propio frente

hasta perder el eco

y quedar con el frente hacia la espalda.

 

Frente a las exégesis tradicionales que han reducido Trilce VIII a una mera elegía amorosa o a un testimonio de claustrofobia existencial, la arquitectura del poema revela un desmontaje sistemático de la temporalidad lineal y de la metafísica occidental. Vallejo opera en este poema mediante una estructura tripartita que despliega tres escalas del tiempo y de la experiencia humana, transitando desde la trascendencia hacia la inmanencia pura.

El poema inicia con el Mañana Metafísico. En los primeros versos —«Mañana esotro día, alguna / vez hallaría para el hifalto poder, / entrada eternal»—, la voz poética nombra la utopía de la eternidad abstracta, el deseo de un «más allá» que persigue un poder o entrada eternal inaccesible («hifalto»). Es la escala de la trascendencia vacía, la proyección hacia un futuro absoluto que promete la reparación del ser desde fuera de la materia.

De inmediato, la segunda estrofa aterriza en el Mañana Humano e Histórico: «Mañana algún día, / sería la tienda chapada / con un par de pericardios, pareja / de carnívoros en celo». Aquí el tiempo se vuelve historia, cotidianidad, fricción biológica y carnal. El encuentro de la pareja como «carnívoros en celo» y el choque de los pericardios en la «tienda chapada» afincan el poema en la tierra, en el erotismo y en la experiencia concreta de los cuerpos que habitan el espacio humano.

Sin embargo, el gesto radical del Pensamiento Simétrico se despliega plenamente en el cierre del poema con la instauración de una tercera dimensión: el «Mañana sin mañana». Al enunciar «Bien puede afincar todo eso. / Pero un mañana sin mañana…», Vallejo invalida tanto la ilusión metafísica del «más allá» como la proyección lineal de la historia humana. Se abole el futuro y se cancela la utopía para erigir la soberanía del PRESENTE puro, somático y posantropocéntrico.

Este colapso de la temporalidad lineal se ilustra visualmente en el diagrama helicoidal y anular que acompaña el esquema: los puntos 1 (Trascendencia) y 2 (Historia) no avanzan en línea recta hacia un futuro imaginario, sino que se enroscan, refractan y condensan en el plano 3 (Simetría e Inmanencia). En esta instancia, la materia del cuerpo realiza una torsión física e inmanente: «entre los aros de que enviudemos, / margen de espejo habrá / donde traspasaré mi propio frente / hasta perder el eco / y quedar con el frente hacia la espalda».

Traspasar el espejo hasta confundir el frente con la espalda no es un mero tropo intelectual ni una pirueta conceptual; es la disolución del eco, la superación del sujeto cartesiano y la afirmación del cuerpo que, al girar sobre su propio eje en un giro simétrico, se reconoce como organismo vivo y presente, donde el frente y la espalda se confunden en una sola presencia inscripta en la plenitud del instante

Pedro Granados, 2026

 

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