Tiene alrededor de veinte años en el oficio de escribir y ya varios poemarios publicados. Es capaz de romper, de un solo martillazo, la más firme y bien contorneada maceta y hacer que retornen, flores y plantas, al campo abierto. Leer y escucharla leer su poesía es un verdadero consuelo entre tantísima estéril sabiduría. La suerte me halló preparado para su rabiosa arremetida, aquella que dura lo que canta un solo gallo. Me bailaría un tango malevo con ella; o mejor, si no sabe le enseñaría, una bachata de talones clavados sobre la arena, la tierra, el polvo de aquella tan marginada ciudad, resulta exactamente lo mismo. P.G.
01/05/24: BOSTON ANGELS
Algunos años, entre siglos, viví en el 1206 de este céntrico y místico edificio mientras era estudiante en BU. Commonwealth de a pie y opíparas cenas para los innumeables homless de Boston, en las iglesias de la vecindad, constituían mi cotidiano vivir. Nuestro cotidiano, mejor dicho, porque en el 1206 también habitaba Anna H. Brown: hada madrina, portentoso rompehielos de lo establecido, oficina ambulante de control ontológico de la ciudad. Lo primero que preguntaba al desconocido, luego de su nombre, era por su surname; lo cual le causara una incomprensión generalizada e incluso, alguna vez, una soberbia trompada en el ojo de parte de alguno que vestía overall o que, tal como nosotros, asistía al refectorio vespertino en las numerosas iglesias de la zona. De un poco de todo esto trata esta sumaria novela. Y, sobre todo, de mi recuerdo y cariño por Anna.
28/04/24: SERES DE LA PLAYA
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La rama verde no puede contra la arena
A la tierra fértil el desierto devora
Nada vemos que no sea duna y mar
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Una lagartija de la arena
No se parece a una iguana de la tierra
De aquellas lentas y tan fértiles
E indeleble máscara de carnaval
Ambas no son los mismo
Aunque sí mis dedos detenidos
Sobre este charco
Abrevando con los labios lo que escucho
Apurando con la lengua aquello que bebo
Desde niño bebí al sol
Como a través de un ombligo
***
No toco la arena tan sólo como arena
Bemoles y notas permanecen allí
Arcos de sal transparentes
25/04/24: VALLEJO, ADÁN Y EIELSON-SOLOGUREN: ESTANCIAS AMERINDIAS
(Autofiguraciones amerindias en el contexto de la migración y la interculturalidad)
MINI CURSO
Mediador: Pedro Granados, Ph.D -VASINFIN-
Sumilla
Aquello de auto figuraciones alude, sobre todo, a anagnórisis o, también, deseo. Estos poetas, representantes de la poesía peruana letrada-culta o experimental-vanguardista canónica del siglo pasado, las encarnan todos ellos en sus respectivas obras. Viajeros sin excepción, incluido aquí el supuesto “exilio” predominantemente interior de Martín Adán (Lauer), a pesar de su clase social o el color de piel o de sus simpatías u oscilaciones políticas, repararon en que escribían en tanto mediadores amerindios o, aunque con premeditada opacidad en el montaje, aquello constituyó una suerte de autodeterminación ontológica. ¿Por qué empezamos con César Vallejo? Porque este autor representa, no sólo en el Perú sino en toda nuestra región, este discreto giro ontológico por excelencia.
Descripción
Vallejo, Adán y Eielson-Sologuren: Estancias amerindias
Superada la “escenografía” modernista, la poesía latinoamericana recupera el paisaje; aunque no precisamente el telúrico y, sí, considerando la complejidad y virtualidad del espacio como un soporte más adecuado para lo humano: “Perception, Gibson argued, is not the achievement of a mind in a body, but of the organism as a whole in its environment, and is tantamount to the organism’s own exploratory movement through the world. If mind is anywhere, then, it is not ‘inside the head’ rather than ‘out there’ in the world” (Ingold 3). Ejemplos: Escalas, de César Vallejo, o Fervor de Buenos Aires, de Jorge Luis Borges, ambos libros de 1923.
De los formatos a las sensibilidades y de éstas a los espacios (“estancias” aquí) es de lo que trata el presente mini-curso. Traducible este último, de manera intersemiótica y del modo más económico, acaso al dibujo de una ola y un rayo de sol. El riel César Vallejo se halla presente por aquello que éste acuñara sobre “poesía nueva“ (1926). El otro riel es una lectura de la tradición de la poesía peruana ya no como formato/s ni, tampoco, en tanto “sensibilidad” (individual, grupal) sino, en cuanto imposición o consagración en ella de un espacio amerindio (Ingold). Gesto simétrico o multinaturalista (Viveiros de Castro) y, asimismo, no menos contra instrumental respecto a nuestro intento de tomar posesión únicamente libresca, histórico-política o en tanto “narrativa” del texto poético.
En consecuencia, entendemos “estancias amerindias” en tanto íconos o conceptos localmente motivados; aunque, de modo simultáneo, de relevancia o proyección universal. Es decir, “estancias” en tanto fruto de una mediación conceptual amerindia para el mundo (Granados 2019). Y, asimismo, mediación conceptual vinculada a una tradición –en este caso específico– el de la poesía peruana culta.
Por último, aunque no sería lo menos importante, trabajar con poesía nos parece metodológica y epistemológicamente urgente para, en específico, el actual contexto académico internacional. No leemos poesía culta por perjuicio de hallarnos ante un objeto decorativo o intransitivo, propio sólo de una clase social privilegiada; o porque carece de la suficiente información para aplicarle, en automático, nuestros esquemas realistas (históricos e ideológicos); o porque simplemente no la entendemos, en particular, la de la vanguardia para aquí, y en consecuencia mejor la evitamos. Este minicurso, a pesar de su brevedad, pretende echar luces y desterrar, si no todos, alguno de estos prejuicios.
Calendario en cuatro fechas
Introducción. César Vallejo: Muros melografiados
Martín Adán: “En la azotea”
El (des) nudo en la poesía de Jorge Eduardo Eielson
Estancias (1960), de Javier Sologuren. Nueva visita. Conclusión
Bibliografía
24/04/24: GRANADOS/ EIELSON
22/04/24: BOJEAR/ Enriquillo Sánchez
“Bojear (‘bojar, costear, navegar, rodear, circunvalar’). Sin embargo, título el de esta poesía reunida, que también puede juntar opuestos y actuar cual un oxímoron, al modo en que lo ensaya César Vallejo, de boca (voz) y página (hojear); y, acaso no menos, de golpes al “hipócrita lector” (‘bokear’) tanto como su simultáneo y reparador “hechizo” (‘ojear’ o ‘mal de ojo’).” P.G.
21/04/24: El último Vallejo
Efectivamente, el último Vallejo
Es el de María la virgen
La cual es Dios-mujer ahora
Y, al mismo tiempo, de Inkarrí
El animal del tacto
Explosión y, no menos, orden
De todos nuestros paradigmas
Las aves tan juntas
Los cuerpos tan cercanos
Los pensamientos tan conectados
Y concertados entre sí
Tal como uno solo
Tal como ninguno
20/04/24: AMARUS
Amarus, antología personal (2015 ), en digital, que a su modo anuncia otra nueva antología, esta vez en papel y a punto de ir a la imprenta, Inkarrí (Lima: VASINFIN ediciones, 2024). Lemas, ambos, los cuales ante todo apuntan a una anagnórisis, la de nuestra identidad amerindia-universal. Anagnórisis, semejante a la que experimentara César Vallejo, de modo automático, en sus años en Perú; y la que, ya viviendo en París, lo hiciera de modo un tantito más voluntarioso, aunque nunca menos lúcido, y atizara sus poseía póstuma.
19/04/24: AGUA/ Cromwell Castillo
16/04/24: Georgette asesinó a Vallejo

Vía un almuerzo casero envenenado, a solo tres días del cumpleaños número 46 del poeta, el día 13 de marzo de 1938; y luego de un mes, lapso en que por lo regular los venenos rusos causaban su inexorable efecto, el autor de Trilce (1922, 1930) falleció el 15 de abril de aquel mismo año en la clínica Arago de París. Fiel a su causa, stalinista antes que esposa de nadie, Geogette Phillipart tomó esta medida por órdenes directas del Kremlin. Las sospechas del rebrote trostkista en el peruano no las habría tolerado el régimen soviético; ya que, según el NKVD (Comisariado Popular de Asuntos Internos), luego de “auténtico amigo” (primer viaje a Rusia en 1929), Vallejo se habría tornado en uno “falso”; con claridad a partir de su tercer viaje allí (1931) y consecuente decepción política. Pablo Neruda, miembro secreto del NKVD, entre las sombras habría participado en todo esto. Georgette, por cierto, se arrepintió muy pronto de tan insensible determinación; en realidad, esto lo manifestó casi enseguida: destruyó la máscara mortuoria de su recién finado esposo estrellándola contra el piso; a modo de recriminarse por su propia conducta y, de paso, destruirse a sí misma. E hizo la promesa, motu propio, de irse a vivir al Perú y no volver a casarse a pesar de su aún lozanía y, no menos, atractiva belleza. Que Vallejo se supiera blanco de la NKVD, aunque jamás sospechara de su propia esposa, era lo que lo apuró a escribir con tanta urgencia sus últimos poemas (desde 3 de septiembre hasta el 8 de diciembre de 1937), incluidos aquellos que dedicara a España. P.G.







