‘César Vallejo y la música popular peruana”

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Juan Carlos Garay

César Vallejo: ¿un hombre o una vanguardia?

“Piedra negra sobre piedra blanca”/ César Vallejo

“César Vallejo y las miserias vanguardistas”/ Juan Manuel Roca

“César Vallejo, acerca a nos vuestro cáliz”/ Julio César Rodríguezbustos

“112 días sólo un hombre: Vallejo tras las rejas”/ Celedonio Orjuela

“César Vallejo y la música popular peruana”/ Juan Carlos Garay

“César Vallejo y su creación poética”/ Ricardo Silva-Santisteban

En el contexto de este dossier: “César Vallejo: ¿un hombre o una vanguardia?” (Revista Casa Silva, No 22, 2008, 96-194), a raíz de la conmemoración de los 75 años del fallecimiento del poeta, destaca nítidamente –por su novedad e interés– el artículo del joven musicólogo y narrador peruano Juan Carlos Garay (1964) que, en seguida, pasamos a reseñar brevemente.

“César Vallejo y la música popular peruana” ( 144-50), publicado un año después de nuestro ensayo “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana” (2007), ventila –intuitiva y de modo muy sugestivo– la posible relación de Los heraldos negros (1918) con un género musical típico de la región de Trujillo en la costa norte del Perú: el “triste”. Primeros ejemplos de esta melodía que, nos ilustra Garay, sobrevivieron registradas en el Códice de Trujillo gracias a la fervorosa labor del sacerdote español Don Baltazar Martínez y Compañón (s. XVIII); y que anima a decir al mismo Garay, en concreto en cuanto a la canción “Infelices ojos míos” (“dejad ya de atormentarme con el/ llanto”), lo siguiente: “ese sentimiento [ triste] parece estar ligado a la geografía, al paisaje […] los mismos que, un siglo y medio después, alimentarían la creación poética de César Vallejo” (145). En particular, como ya anotábamos, en el libro de 1918, cuyos poemas, además, son los que entre la producción lírica de César Vallejo han sido musicalizados:

“Tal vez esto se deba a que es una primera obra, donde todavía imperan ciertas estructuras clásicas, cierto ritmo de las palabras al que resulta más fácil adaptarle melodía. Sin duda sería más complicado musicalizar los poemas de Trilce, su siguiente libro, que era mucho más experimental” (Garay 146-7)

Complicado para musicalizar este último, agregamos nosotros, pero no menos radicalmente musical, popular y peruano –es preciso y oportuno no demorar más el paralelo– tal como quedó demostrado en nuestro artículo sobre Trilce (1922) y la marinera limeña. Y por lo tanto vinculado, desde ya, con los ritmos afro-peruanos; a decir de Garay: “ese tercer elemento que completa nuestra identidad [nacional]” (150).

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[El viaje]

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El viaje

El momento

El agua

Y la cerradura

Los días se van

Cumpliendo

Dilapidados

Por una mano

Amiga

El aire

La corriente

La realidad

Inhaladas

Por la respiración

La avenida

Trabada

Por un árbol

Majestuoso

De pestañas

Irizadas

Y miradas

Inteligentes

Pedro y su destino

Tú y tu destino

Tampoco

Si no sólo

Así

Como la inteligencia

Que tenemos

De todas las cosas

Para nada

Profunda

Sino exultante

A pesar de ser poco

A pesar de ser nada

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Escriba sin temor

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Pacto poético e Internet: el caso de Cristóbal “Tobi” Kanashiro

Sumilla
Pacto poético alude, obviamente, al concepto de “pacto autobiográfico” acuñado por Philippe Lejeune. Internet, al medio por el cual se ha difundido esta experiencia poético-autobiográfica centrada en poemas y entrevistas concedidos por un tal Cristóbal “Tobi” Kanashiro. Y, por último, propiamente el caso de este sujeto o agente inventado, entre alumnos y profesor, en el marco de un curso denominado “Literatura”, para la Facultad de Arte de la PUC del Perú (semestre académico I, marzo-julio, 2010). El presente ensayo, más que ahondar o debatir los problemas teóricos inherentes a la autobiografía –al que este tipo de experiencia invita, sobre todo, en cuanto aquello de la identidad real del autor–, trata más bien de establecer o poner en paralelo los requisitos del pacto autobiográfico con –y esta es la hipótesis que intentaremos demostrar– las exigencias propias, asimismo, a una recepción productiva o eficaz en el campo de la poesía. Relación entre productor y lector, esta última, a la que vamos denominando “pacto poético”. Productores de Kanashiro que dialécticamente fuimos, además, lectores de primera mano. El presente trabajo, por lo tanto, utilizará como fuente fundamental de análisis los testimonios de los alumnos involucrados en dicha experiencia.

Palabras clave: Pacto poético; Talleres de creación literaria; Institución literaria en el Perú.

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Distribuidores del libro, Vallejo sin fronteras, en el mundo

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1. Caza de Libros
(Contacto: Gustavo Peña)
Cra. 7A No 19-41 Barrio Interlaken
Teléfonos: (8)2625437 – 3214843065
Ibagué, Tolima (Colombia)
gustavo@cazadelibros.com
cazadelibros@gmail.com
www.cazadelibros.com

2.The Latin American Book Store, Ltd.
(Contacto: Carlos Castellanos)
204 North Geneva Street
Ithaca, NY 14850 -USA-
Tel: 607 273-2418
Fax: 607 273 6003
libros@latinamericanbooks.com

3.Distribuidora Peruana de Libros
(Contacto: Silvia Segura)
telef. (511) 247 76 24
distribuidoraperuanadelibros@hotmail.com

4. En México
(Contacto: Edgar Altamirano)
Tel. +52-747-4727341
Móvil: 747-104-6978
edgar@altamirano.biz

5. Librería Española e Hispanoamericana
desde 1984 ofreciendo libros y servicios al profesor de Español
(Contacto: Raquel)
e-mail: libreriaespanola@gmail.com
Telefones/Fax: (011) 3283.4700/3288.6434
R. Augusta, 1371 – lojas 9, 10, 11 e 14
Consolação/SP * Cep: 01305-100 -Brasil-

6. Editorial Lina
editoriallina@hotmail.com
(Contacto: Federico)
Asunción-Paraguay

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El avatar virtual/ Edgar Artaud

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El avatar virtual estaba enamorado de otra

avatar virtual.

Yo era un supuesto anarquista falso,

ella era una mujer complicada.

Al salir de la virtualidad, sus imágenes

permanecían.

El avatar que era yo, siempre andaba borracho.

A veces desaparecía del mapa, no estaba

en ningún foro, ninguna red social

parecía inexplicable, pero no explica nada.

Mi avatar se embriagaba en Internet

En los mundos virtuales, en el chat,

en los foros anarquistas.

Ella desapareció para siempre.

Yo comencé a frecuentar foros imposibles,

sitios prohibidos también inconcebibles

cantinas virtuales foros de suicidas,

me quedaba tirado en los chats

tumbado en las esquinas

como un perro tímido.

Ella nunca jamás regresó.

Me quedé toda la eternidad

escuchando a los lobos

que critican esta estupidez

para vivir.

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Álvaro Miranda: Barroligao andino-caribeño

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PAISAJES CREPUSCULARES

Para vos, Señora, este crepúsculo,
esta mancha que mancha por el cielo
pájaros, siervos y escuderos.
Para vos, Señora, esta burbuja enllamada,
este cisma del poniente que la noche
al Occidente entrega.
Para vos, Señora, esta crápula vertida
que el horizonte lame,
este chirriar de fuego entre los mares,
este zumo que la brisa en áureo
viento por estribor reparte.
Para vos, Señora, este frotar de estrellas
que el amor incendia,
esta cópula de astros que entre los montes
se alza como calor humano.

LA ÚLTIMA NOCHE DE BRETON

Noche diurna de baño de espíritu
y de totuma andina donde no cabe un silencio
noche de lluvia paralítica en la mitad del espacio
noche extranjera de luz cancerosa
de migas de tamal entre nidos de buitres
noche de tul entre la trayectoria de un buque de papel

Noche de corteza de aire
de siesta de estrellas bajo llanto de sauces
noche amortajada de nubes
entre rosario de luceros rebeldes
noche tímida de mejilla de alba sonrosada
y de muñeca rota de golpe de mamut

Noche de gelatina sobre un plato de peltre
noche de cartón entre dientes de ratas
y de ojo de ahogado en el eje del mar
noche inservible de Navidad entre vahos
de epilépticas rumberas

Noche crucificada entre ladrón de sueños
de espumas y de verdades

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Falsa autobiografía/ Guadalupe Ángeles

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Soy Janis Joplin. Busqué en las calles un amante y lo encontré. Me fui a la cama con un desconocido. Reconocí en su sexo la extrañeza. Entré en ese minuto incandescente de su vida y salí como quien abandona un paraje soleado ¿era el mar su sonrisa?, ¿fue un paraíso ese su mirar y su ansia (que ya debo olvidar) de tomarme para irse luego?

Las palabras se me hacen humo, los cuerpos que he amado nada; el tiempo se me hace duro, cruel jornada cada día para habitarla con razones, con largas caminatas, con alcohol y embriaguez constante, con canciones que alucinan de tan mías, música sagrada dentro de la que me salen alas, en la que soy lágrima, mar sereno y tempestuoso, águila poderosa, montaña de granito oscuro que brilla bajo el sol más cálido, terremoto, letal caricia, un arrullo, dádiva, una dolorosa promesa, una herida, una cascada.

He dejado de mentir, soy Janis Joplin y tomo lo que quiero, Estoy sola porque soy una borracha imposible. Me posesiono de aquellos que se me someten aunque sea por instantes. Soy la reina en ese sitio que no existe sino en mí misma, me erijo allí, en el espacio de un orgasmo como estratega, soberana y dueña. Nada me pertenece sino ese desconocido que se llama Yo. Estoy sola porque amo desesperadamente, porque me entrego sin reservas y así quiero ser amada, pero nadie se atreve. Entran y salen de mi cama, los veo irse, buscar canciones para huir de mí, los contemplo incrédula cuando se emborrachan conmigo y me ofenden, los veo ser golpeados por mí y ni así se quedan, no hay pretexto que pueda mantenernos unidos, ni a ellos, pobres borrachos, ni a mí; ellos se han disuelto en el tiempo con sus cuerpos siempre diferentes y siempre el mismo: cuerpo del vacío. Nos quisimos mucho, fueron meses o fueron horas, pero estoy sola, soy Janis Joplin y lo único que necesito es mi rabia, mi dolor para cantarlo a voz en cuello, para aullarle a la luna que me mira dentro de mi jaula, esta que me hice para esconderme de mí sin lograrlo.

Soy Janis Joplin, quienes me escuchan cantar envidian mi vehemencia; pobres, no saben que la sagrada música que me habita no logra desprenderme de la mordedura de una soledad más imaginada que vivida, pero vaya que muerde más fuerte que cualquier borrachera, embriaguez o alucinación autoinducida. No me quejo, hasta el hartazgo me habito, soy Janis Joplin y tomo lo que quiero.

Lo único que necesito es mi rabia, ninguna alegoría.

27-mayo-2010

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Las puertas entornadas de Rafael del Castillo Matamoros

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(Tunja, Colombia, 1962)

Letanías del escribiente (fragmento)

No me lean

Siéntanme quizás, quiéranme de pronto,
díganme que me ven,
que escuchas mi asesar contra su nuca

Es nada escribir, es mucho menos que leer
He visto niños casi de pecho escribir y escribir
jornadas enteras concentrados
cabeza gacha corazón de rodillas
Filas de niños escribiendo,
encorvados como viejos
viejos

Sanos consejos a una prostituta

Mantén la calma
todavía no acaba la noche
ve al ventorrillo de la esquina
y pide un café amargo como tú.

Mantén la calma
quizás aquella sombra que ahora surge
por una callejuela neblinosa cantando a voz en cuello
sea tu cliente de hoy
es posible también que esté embriagado
y quizás sólo atine a hablarte todo el tiempo
de su infeliz matrimonio, de los hijos que adora
tal vez te deje ver sus fotos
mientras te manosea con desgano
puede ser que se adormezca en tu regazo
sin pensar en que tú
vaciarás sus bolsillos ante el menor descuido.

En cualquier caso toma tus medidas
no vaya a ser que no tenga una sola moneda
y otra vez debas pagar el cuarto
y sentarte a llorar al borde de la cama
velando a un desconocido
tal vez más indefenso
tal vez más solitario que tú misma…

Solamente el poema

El poema no es un hombre ni una mujer ni una palabra
El hombre arriesga unas palabras
Y la mujer también
Pero el poema no es un hombre ni una mujer ni un puñado
de palabras
Por eso dice,
Tal vez por eso dice

Y hay quien lo recuerde…

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EDADES/ Elkin Restrepo

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No es como un vaso griego
para adornar la vida
y mostrar a la vez el valor
imperecedero de algo
que ya no puede ser

esa idea de la belleza
que en algún momento
se perdió

relegando al fragmento
la partícula
la consideración de nosotros los modernos

No la cariátide el vaso
el templo
para atrapar en una forma
imperturbable

el sentido que huye
y así ofrecerle luz y lugar a lo humano

sino por el contrario
el tótem
la joya en el ojo vaciado
primitivo
de una deidad repulsiva

la lengua burda
e inhóspita
que remeda no calla
el furor bárbaro
oído entre sueños
al alba
menesterosa
de un sacramento incomprendido

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