Corcovado

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Volver

Belleza tacto dos dedos

A la derecha

La mano toda

A la izquierda

Volver volver

Para vivir volver

Para amar volver

Desde tan lejos

Remontar

Con mi amor

Con mi alegría

Con mi intacto corazón

De manzanita sonriente

Una mano completa

A la izquierda

Dos dedos apenas

A la derecha

Sobre este teclado

Amante sobre esta

Página bien amada

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El quechuaespañol

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A mis alumnos de la UNILA

Se llega a él a través de Billie Holliday
También de Amy Winehouse
Ambas del mismo pelo
También de estar de verdad
Un rato contra tu cuerpo
French-Funk-Jazz
Un tango como
“Naranjo en flor”
El río Paraguay al atardecer
Y al amanecer entre tus brazos.

Harare, Zimbawe
Es uno de sus territorios
Y en el camerino
De algún circo bieloruso
Impacientemente espera
Para hablar con aquel pino
De Arguedas en Arequipa
A cada una de sus gradas
Que dan hasta el cielo.

Rehuye los términos
En quechua
O en español
Se reconoce menos
En estos idiomas
Que en muchos otros
O que en el laborioso rasgueo
De una guitarra.

Difícil antologarlo
Hacer un diccionario con él
Aunque de inmediato
Los delfines lo reconocen
Ándate de lengua nomás
Con un leve impulso te basta
Y ya no sentirás
Las dos llantas de tu bicicleta.

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Miguel Grau y sus biógrafos/ Antonio Zapata

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Uno de los primeros homenajes a Miguel Grau fue obra de Manuel González Prada, quien sostuvo que su sacrificio borró el oprobio que al Perú trajeron sus malos ciudadanos. Según su parecer, “en la guerra exhibimos la lepra y no solo derramamos la sangre”. Prada inaugura la historia crítica del Perú, explicando la derrota por errores en la construcción de la nación independiente. “No se disculpa la reversión del orden moral, ni el completo desbarajuste de la vida pública”. Sin embargo, Grau y Bolognesi salvan al Perú, porque “el pueblo que los formó como héroes no está muerto ni degenerado”.

Al cumplirse el primer centenario del nacimiento del almirante, en julio de 1934, el historiador José de la Riva Agüero pronunció un discurso muy político, resaltando la larga militancia de Miguel Grau en el Partido Civil. “Antiguo civilista, amigo íntimo y confidente de Manuel Pardo”. Riva Agüero escribió durante el decenio de los treinta, cuando un conflicto interno estremecía al país.

Era el enfrentamiento inicial del APRA contra las clases altas. En esa coyuntura, el historiador Riva Agüero, que fue primer ministro de Oscar Benavides, busca superar “las sediciosas divisiones internas” y educar a las “turbas ignorantes”, resaltando el heroísmo de Grau, “adalid redentor del Perú, excelso marino civilista”.

Pocos años después, el historiador y diplomático Raúl Porras Barrenechea escribió un elogio que comienza por una de las frases más bellas escritas sobre el héroe. Dice Porras, “todos hemos navegado en nuestros sueños en el Huáscar legendario, aprendiendo la congoja y el orgullo de ser peruanos”. Según su parecer, Miguel Grau nos habría enseñado a “vencer sin odio y a perder con honra”. Después de Iquique le devolvió a la viuda de Arturo Prat los efectos de su esposo, incluyendo la espada del marino chileno. Igualmente, supo sacrificarse con toda serenidad, sabiendo que aunque tuviera “diez mil vidas, no habría mendigado ninguna”.

Entre los trabajos contemporáneos destacan los libros del doctor José Agustín de la Puente y del marino e historiador Jorge Ortiz. El primero es un tratado sobre Grau y el segundo una obra más breve y dirigida al gran público. La obra del doctor De la Puente contiene todo lo que se pueda saber sobre Miguel Grau y cierra con una reflexión sobre la construcción histórica del héroe; es decir, cómo se lo fue recordando a través del tiempo.

Por su parte, el trabajo de Ortiz incluye una biografía humana del personaje, ausente hasta ahora. Ortiz analiza la familia disfuncional de la que procedía, cómo su madre lo desconoció –incluso en su testamento–, también retrata al padre, rodeado de decenas de hijos nacidos de diferentes compromisos. Igualmente, cuenta cómo el padre lo embarcó como auxiliar a la temprana edad de ocho años y debido a este precoz inicio pasó toda su adolescencia navegando los siete mares. Así, sustenta que para llegar a la excelencia como oficial naval es preciso dedicarle toda la vida al mar y agrega que Grau sería el “marino marinero” por excelencia.

Finalmente, Grau y la campaña naval han sido objeto de intensa producción artística popular. El escritor y estudioso José Durand recogió décimas que expresan el sentir profundo del alma peruana, “pobre Huáscar cuánto ha hecho/ hasta que llegó el día/ que se encontró en los estrechos/ todos pusieron su pecho/ y ninguno se rindió/ el primero que murió/ Grau como más valiente/ miren qué hombre perdemos/ que dio combate cabal/ a siete buques chilenos/ ese valor recordemos”.

La extensión de estas creaciones y su impacto en las emociones colectivas obedece a la capacidad de la Guerra del Pacífico para reconstruir el espíritu nacional del Perú. Emocionalmente, los peruanos no nacimos en la independencia, sino en el conflicto de 1879.

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El futuro de la literatura/ Patricio Pron (Rosario, 1975)

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Ante la evidencia de la sumisión de cierto tipo de literatura a su soporte, quizás fuese deseable el desarrollo del soporte a consecuencia del de la literatura, mucho menos habitual pero presente en la aparición del cómic y también en el de cierto tipo de videojuego que, a su vez, empieza a producir efectos en la literatura. Puesto que toda nueva tecnología revierte en la tecnología que la precedía desnaturalizando su relación con el mundo (como sucedió con la aparición de la fotografía, que desligó a la pintura de su obligación de representar y dio paso a la experimentación pictórica, y el cine, que abrió la puerta a las vanguardias literarias), también es posible que la producción de textos en la Red y su lectura en pantalla acaben otorgando a la literatura la libertad inusitada de ya no tener que ser la memoria de nada, pero tampoco el desaguadero de las aspiraciones y los proyectos fracasados en el presente, que algunos atribuyen erróneamente a un futuro del que nada sabemos aún. Aunque a menudo dirimimos nuestros argumentos literarios apelando a una cierta posteridad que pondrá las cosas en su sitio, no hay ninguna certeza de que la posteridad no vaya a estar tan perpleja como lo estamos nosotros; tampoco, de que llegue algún día.

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Sutil assento/ Izabela Fernandes de Souza

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Espaçoso, antigo e útil. Revestido, entalhado e aperfeiçoado. Seguro e estranho, não, estranho é o adereço que o envolve. Um banco percorrido por traçados convertidos, analógicos, com agudas arestas que ofuscam os olhos cansados de quem se atreve interpretá-lo. Bravio, fruto de trabalho antigo, suado e feroz que esplandece seu valor. O vento toca carinhosamente os detalhes evoluídos daquele grande e vazio assento.

Não entendo o porquê daquele adereço, as pessoas passam vagarosamente, sem se quer reparar aquele enigma. Um banco vazio, antigo e pesado, não ultrapassa a imaginação de quem viaja em sua intensidade.

Espaços vazios? O que representaum assento vazio?Porque se questionam?

Sim, algo quebra a perfeição do momento planejado, uma grutesca senhora senta-se. Senta-se ao lado do banco sobre os pedregulhos entalhados pelo piche amigavelmente repousados sobre o chão. Delicadamente tece uma trança e os olham, possui ventania em seu olhar, deve ser bruxa, ou um nada jogado ao lado de um exuberante banco. Não parece saber ler, alias não parece enxergar. Isso explica sentar-se no chão?

Sem ser inibida e enfeitiçada pelo que não viu, saboreia o prazer de usufruir aquele próximo repouso. Excelentíssimo assento, seria uma prazer o usufruir porém esse trapilho dependurado em vós, nos impede. Quem por ousadia lhe pendurou essa estranheza; “senta-se, caso for convidado!”. Distintas organizadas palavras que inibem o olhar admirado daqueles que atravessam a movimentada avenida e se depara com um banco embrulhado por olhares vigiantes no meio da pista, travando e impedindo todo o livre arbítrio do transito caótico, do andar distorcido, daquele pensar convertido, do trafegar cansado, do sonhar embriagante…
Deliro absurdo te ver, te admirar e,e,e… Cadê? Deixa? Ó assento cruel e magnifico, que não nos liberta dessa delirante orgia, ultrapasse os limites da confusão e nos desvie dessa angustia azucrinante.

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Veterano marine

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-!Buenos días, Anna!
-Buenos días, Padre John
-Créeme que siento mucho, Anna, lo que pasó con Joe.
-(….)
-Pero mira tu ojo, es una barbaridad lo que ese pobre hizo.
-Ya va mejorando.
-Sin embargo, debes saber que si lo denuncias… que admito de sobra se lo merece… sería enviarlo directamente a la cárcel de donde ha salido con libertad condicional. Nosotros, la comunidad de esta Iglesia, hemos actuado como sus fiadores o su garantía. Por eso es que nos ayuda, junto a los demás voluntarias y voluntarios, en atender las mesas a la hora de la colación. Nosotros, cada semana, damos un informe puntual y directo al juez que ventila su caso.
-(Anna, sin bajar la mirada ante el presbítero, se quedó meditando )
-Joe podría quedar en la cárcel, y sin posibilidad de fianza, por unos cinco o seis años más. Me ha dicho que está arrepentido, Anna. Que lo hizo en un momento de máxima ofuscación porque te negabas, al filo del cierre y cuando ya todos habían entregado sus platos, a levantarte de la mesa. No lo disculpo, por el cielo, pero debes de reconocer que tenemos el tiempo medido y que para una persona como Joe, tu demora lo puso nervioso hasta hacerle perder los estribos y, sobre todo, el respeto que te mereces.
-No voy a denunciar a Joe, Padre John.
-Muchas gracias, querida Anna. Y, recuerda, debemos procurar apurarnos un poquito más y terminar nuestra colación dentro del tiempo estipulado… de 7 a 8pm es más que suficiente para compartir la comida y dar gracias a Dios por los bienes recibidos. Otra vez, recibe nuestras disculpas y agradecemos tu cristiana decisión.

Anna se levantó y estrechó brevemente la mano del Padre John. Lucía, sobre su ojo derecho, una aureola espesa entre morada, rosada y verde. Su amigo Robert Staton, un parroquiano de la Swedenborgian Church y ex matón arrepentido de la célebre mafia de South Boston, iba literalmente a asesinar a Joe. Pero Anna, con mucha dificultad, logró disuadirlo contándole su breve entrevista con el Padre John.

Conservo, hasta ahora y no sé cómo, una fotos de aquel terrible trance de Anna. Recuerdo haberme ido de Boston por algunos días y, al volver, encontrarla de repente en aquel estado. El rostro más neutro del mundo, un neumático de rostro, y en su parte superior una gran sombra oscura… Como el camuflaje de un recio y veterano marine , ni más ni menos.

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João Adolfo Hansen conversa sobre crítica e literatura brasileira contemporânea

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A POESIA

Não acredito que a poesia caminhe para a irrelevância. Acredito que há poetas e poemas irrelevantes. Também que há sociedades irrelevantes, como a nossa. Hoje a poesia não é um valor. O que a boa poesia sempre fez? Produzir vazio, evidenciando a ficção que é o eu, impedindo que se delire com a linguagem das instituições, dando forma eficaz às maiores dores, fazendo a gente ficar espantado com a alternativa de outra vida etc. A grande poesia é sempre o exílio de uma recusa do que se dá como natural. Pensei, quando os norte-americanos causaram essa crise do capital, que finalmente os últimos vinte anos de tucanagem-yuppismo-politicamente-correto-multiculturalismo podiam finalmente morrer e que seria o momento de pensar por exemplo que arte queremos, pondo de lado a chateação insignificante das instalações, o repeteco dos pastiches, as coisas neo-neo-retrô escritas “à moda de”. No caso da poesia, sempre acreditei com Nietzsche e sem nenhum romantismo que ela se faz com o sangue da experiência. Que experiências temos hoje? O imaginário minguou com a Grande Saúde que veio com a desistoricização de tudo, fazendo eterno o presente da troca mercantil. Não temos passado e os passados se acumulam como arquivos de signos citáveis. E o futuro, principalmente ele, desapareceu da nossa competência. O jornalista toma a palavra. Quando a linguagem cotidiana é degradada e degrada as mínimas relações, qual a possibilidade de existir um Dante pra pôr os que cometem crimes contra a linguagem no Inferno? Temos uma ou duas gerações de poetas formados pela imprensa e pela TV. Não acredito que possamos, sem injustiça, culpá-los totalmente pela má poesia, pois também são homens e mulheres vivendo o mesmo estado de coisas. Alguns tentam, e acredito que muitos com honestidade, praticar seu ofício. Evidentemente, muitos são falados pelas coisas. E muitos são afetados, parecem blasés, leram todos os livros, acham que a carne é triste porque é gorda e fuma. Querem emagrecer e fazer exercícios. A ideologia da Grande Saúde + desistoricização + narcisismo + despolitização + plenitude = a cultura como a viadagem yuppie. Ora, grandes poetas são absolutamente impessoais. Todos eles inventam coisas que negam sistematicamente o dado imediato da experiência. Todos eles sabem que vamos morrer e falam da perspectiva da morte apostando que o presente passe logo. Como diz um deles, imaginemos uma nova ordem; ainda que seja uma nova desordem, não será bela? Não tenho nada a propor pra melhorar as coisas. Acho justo que essa sociedade tenha a arte que merece. Desejo que o presente passe. O que podemos é pensar a destruição.

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Espina

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Para R. B. M.

Con dos lenguas.

Una espina

ensartándolas.

Oler y contemplar

y allí mismo devorarte.

Jugado y sensible.

Tacto y hora

exactos.

Ciegos y sordos

los ritos del amor.

Años moviéndose

acompasadamente.

Risas

las de tu boca

y las de tus no menos

sabias manos.

Escampa y permanezco.

Clarea y no mudo.

Un instante moroso

solamente.

Un pestañeo perplejo.

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Ben

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Para G. A. B.

Ben hacía cola a un costado de la iglesia del barrio para, a través de una angosta puerta de madera, ingresar al amplio recinto de la colación. Shorts cortísimos, de motivos caribeños; aunque, eso sí, altas botas de cazador de osos y una casaca o una morsa completa sobre los hombros para sintonizar con el recio frío bostoniano. Mirando a Ben, como a otros y otras que una media hora antes constituían las estatuas o los árboles o los mismísimos edificios alrededor del Commonwealth, me atreví a imaginar que el invierno del norte era benigno, refrescante, aliado y alegre a pesar de estar ya varios grados bajo cero y con sol únicamente algunas escasas horas.

Los homeless de Boston tienen sus alfas. Y como grupo humano padecen de hiperkinesia. En cualquier momento algo está por estallar. Desde un intrascendente lío por la mantequilla, que por lo demás abunda sobre las bien provistas mesas de la colación, hasta un crimen atroz –aunque siempre impune– porque se cometió con el ojo, la pestaña y la ceja. Los voluntarios que atienden estos losergardens vespertinos –hacendosos muchachos, a veces señoras, todos gente de bien– deben aplicarse al máximo… adelantarse a lo que haga falta sobre las mesas de tan excesivos personajes. E incluso anticipar, atinando con un escueto saludo o una conversación relampagueante, lo que ocurra en la inquieta imaginación de los líderes o alfas … nice jacket, Nancy; do you like more lettuce, Anna?; time to repeat!… y otras frases por el estilo que se aplican como un fierro sobre los carbones ardientes de una chimenea. Ora se aparta un carbón por aquí; ora se atiza algún otro por allá… para mantener equilibrado el fuego.

No me atrevería a decir si existe o no promiscuidad sexual porque no me consta. Lo que sí hay es amor o, al menos, posesión sumisa y elocuente. Las mujeres reclinadas a sus alfas como San Juan, hacia Jesús, en La última cena. Pero los olores sí que son sexuales. Aunque cuál aroma podría faltar entre estos vecinos que rara vez se bañan. Salvo Anna o yo. Y acaso aquella digna señora, tan venida a menos la pobre, que de inmediato –cada vez que me la topo– la relaciono con los días que pasara Georgette de Vallejo en el Perú. Viuda célebre y no menos polémica dama a la que, a decir de un ocasional y casi secreto entrevistador, tan sólo le alcanzara para comprar 50 centavos de bonito durante doce años.

Me alegró mucho encontrar a Ben en aquella entretenida película de ladrones y policías. En algunos comedores de homeless no es extraño aparezcan cartelitos solicitando extras para la boyante industria cinematográfica local. Ben, entonces, no era una excepción; me dicen que antes, otros, ya habían aparecido también sobre la pantalla gigante. Llevaba sus habituales pantaloncitos calientes y, como siempre, sus hombros sobrecargados con pelo de animal más su propia copiosa y enmarañada melena. Por coincidencia, la película transcurría durante el invierno y estaba ambientada sobre la ciudad. A trechos, la nieve aparecía congelada y sucia; en otros, era blanca, blanda, brillante e incluso se me antojaba podría tener agradable sabor.

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