
A partir del año 2000, se vislumbra una ruptura respecto a la “poética del pensar” con voces como la de Homero Pumarol, Frank Báez, Rita Indiana Hernández, Juan Dicent, Alejandro González, Alexéi Tellerías, entre otros.
Este grupo practica algo que nos atreveríamos a nombrar poesía “neo testimonial” [según Pedro Granados], aunque su propuesta estética es distinta a la de los poetas del 70 y surge como respuesta a un contexto histórico y cultural plenamente diferente. Mientras en la poesía escrita luego de la Guerra del 65 lo testimonial estaba plenamente marcado por lo político y lo social, estos nuevos creadores están liberados de compromisos políticos-ideológicos inmediatos, aunque se refleja una preocupación social en ellos pero con características diferentes. Y es que esta nueva generación de creadores simplemente muestra la realidad sin dar recetas ideológicas para arreglar el caos en el que viven.
[…] Con respecto al futuro de esta poética, que no forma un movimiento ni nada parecido, el poeta Frank Báez considera que “tendrá que madurar o no será literatura” y por su lado el profesor Basilio Belliard cree que las producciones noveles “forman parte de una moda epocal, y como tal pasará”.
[Sin embargo] debo acotar que a pesar del poco caso o la denigración que la crítica y algunos miembros prominentes de generaciones posteriores han asumido hacia ella, es una realidad que está ahí y que sin lugar a dudas marca la ruptura con una tradición ya agotada y que hace que la poesía dominicana retome su fuerza de cara a las vanguardias poéticas latinoamericanas.









