05/10/17: UN CHIN DE AMOR
De mí no quedaba más que un
instinto de expectativa. Roberto Arlt
Lo único que quiero
es que me dé un chin,
un chin chin de amor. Chicho Severino
Así podría recomenzar la novela de mi vida. Efervescente, transparente y ligera. Pero resulta que mi hermano Germán ya falleció y Elimane cuida un niño de otro ahora; uno que probablemente fue saliendo de su entraña como un coco. Y emprendérmelas cual un barco rompehielos contra mi propio desamor resulta guerra avisada que puede matar gente. Para empezar, a mí mismo. Desaparecer bajo el triturador de mi cocina primero con un ruido áspero, pero después como un sonido uniforme, tan uniforme como el agua que lava y tan humilde desaparece.
De pura casualidad estoy en Santo Domingo. Una vez que no fui requerido para continuar como instructor de español en la University of North Florida, hice planes de irme cuatro meses a México a pasar el rato y escribir un ensayo sobre la poesía mexicana penúltima. Pero la visa que me daban iba a ser sólo por un mes y, entonces, decidí —el viernes 1 de agosto de 2003 y en el mismo aeropuerto internacional de Miami— marcharme a cualquier país que no requiriera a un peruano hacerse notar demasiado. Comencé por casa, por supuesto, pero no hallé vuelos para ese día y, los pocos que había para el día siguiente, estaban literalmente por los cielos. Así que me vine a República Dominicana, lugar donde no tengo amigos, pero sí conozco gente amable y, cómo podríamos denominarlo, algunas lindas muchachas que aún no conozco pero que muy pronto voy a conocer.
Ahora mismo, entonces, empiezo la novela. Son como las seis de la tarde de un jueves. Día harto lluvioso que me ha tenido —hasta hace pocos minutos— tendido en la cama escuchando a Barry White. Curiosa música que (lo pude leer en el folleto adjunto al CD) de antemano volvía elegante al customer; estaba expresamente editada para que el comprador se sintiera guapo y elegante. Quizá es por este motivo que de un salto nos hemos puesto directamente a escribir: perdonados y bellos frente a nuestra iluminada pista de baile.
04/10/17: PUCP: Primeros 100 años
Porque allí pillé a Góngora
Leyendo a Góngora
En la voz de Luis Jaime Cisneros
Lo mismo que a Salomón Lerner
Incrédulo y de a pie
Repasando alguno de mis poemarios
Porque no por las huevas estuvo allí
Luis Hernández Camarero
Que estar allí, acompañar,
Es mucho más poderoso
Que el mero hecho de estudiar
Porque en la PUCP, y junto con algunos de mis profesores,
Ensayábamos explicar la verdad hasta confinarla
A un esquema
Algo mucho más humano que el solo hecho de creer
Y porque entre algunas de mis compañeras
De aquel entonces
Descubrí la bondad, la inteligencia
Incluso el amor
Porque desde el segundo piso de Letras
En el Fundo Pando
Mirando hacia la playa y por las tardes
Se ve a Trilce o a Inkarrí
Da exactamente lo mismo
Una sonrisa de tan amplia
Aparentemente horizontal
Dorada y abozaleada
Remando contra lo corriente
(Aunque escueto, vaya como un homenaje a la PUCP por sus primeros cien años)
03/10/17: LOMISMO/ISLISMO: POÉTICAS GEMELAS DE CÉSAR VALLEJO
Resumen
Islismo (Trilce I)/Lomismo (Trilce II) en tanto poéticas consecutivas y complementarias, no sólo del poemario de 1922, sino también de la poesía póstuma de César Vallejo. Aunque aquí nos concentraremos en Trilce II o, más bien, este último poema será la puerta de entrada para extendernos a las islas o pensamiento “Archipielar” y, no menos, a la “Poética de la Relación” y al “Derecho de la Opacidad”. Conceptos, estos últimos, todos de Édouard Glissant; pero que consideramos podrían ser también vallejianos. Es decir, elaboramos aquí un tamiz común de empatía o entrecruzamiento entre el “meta-archipiélago” que levanta el poeta y filósofo martiniqueño, Glissant, y la poesía “meta-andina” que, finalmente, postula el autor de Trilce. Andes y Caribe van, pues, aquí entrelazados, aunque esto último no constituya culturalmente, en sí mismo, una novedad; basta escuchar la tan difundida “chicha”, mezcla de ritmos andinos y caribeños (Canclini). Finalmente, y tal como lo ensayó este último autor en Culturas híbridas, nuestro ensayo también va en “busca de un método” (Franco) para lo que podríamos denominar el estudio de las culturas complejas u opacas.
Palabras clave: Pensamiento andino y del Caribe, poesía de César Vallejo, Culturas opacas.
02/10/17: Autismo comprometido : sobre poesía peruana reciente
Ilustración portada: Norka Uribe
Contenidos parciales:
01/10/17: Poesía peruana post-Vallejo: de los indigenismos a las opacidades
Resumen
César Vallejo sepultó con su obra poética –aunque valiéndose también de sus persuasivas crónicas y ensayos– todos los indigenismos; y sacó adelante un concepto y una práctica que podríamos motejar como Indigenismo-3, pero que preferimos –junto con Édouard Glissant– denominar “opacidad”. Esto en primer lugar. Luego, o en segundo lugar, aunque acaso sea lo más importante aquí, proponer una metodología de lo “opaco” lo más discreta posible y, esperamos, lo más productiva también. Por último, o en tercer lugar, aplicar dicho método en nuestro análisis de algunos hitos de la poesía post-Vallejo: Magdalena Chocano (1957), Vladimir Herrera (1950), Rocío Castro Morgado (1959) y Juan de la Fuente Umetsu (1963), fundamentalmente.
Palabras clave
30/09/17: “El dominio de la imagen técnica en la poesía peruana reciente”/ José Morales Saravia
Comentario:
Trilce es oral y letrado, metafórico e icónico, cristiano y pagano, histórico-cotidiano y mítico, de empaque imprevisible o aleatorio y cierto o correcto, todo de modo simultáneo. Confluencias “técnicas” en relación y proporción, precisamente, a su densa opacidad cultural. Si Trilce nos plantea una constante inversión y reconversión en nuestros modos de leer –con todos y cada uno de los cinco sentidos– no es por evasiva sinestesia modernista ni por complicidad con el embotamiento informativo de nuestros días en semejantes, ambos, cambios de siglo. Trilce, simplemente, nos permite acceder y experimentar un cronotopo: el de nuestras vidas junto con las de los demás o con lo demás –todo lo que pueda ser esto último- en un productivo, multiplicado e intenso estado de intersección. Trilce remarca o auspicia una cualidad de la convivencia individual y social: anfibia y en estado de archipiélago. Efectivamente, y a contracorriente, el mensaje no es el medio (McLuhan) o “es una banalidad decir que vivimos [y escribimos] en el mundo de la imagen” (Morales Saravia); hoy, más bién, en pertinente y sugestiva metáfora de Amálio Pinheiro: “o meio é a mestiçagem”. Pareciera que se han quedado cortas, pues, las lecturas desde el gabinete. Hoy por hoy no se interpreta ni se fabrica ya más un objeto de estudio. Más que nunca, las lecturas requieren sobre todo se les acompañe; como una aventura no sólo intelectual, sino también del cuerpo y del deseo. Trilce convida, sea la latitud en la que moremos, a este performance de “sensibilidad indígena”. Devora las palabras, nomás; engulle las cortapisas de las lecturas ideológicas: coloniales o postcoloniales. Desnuda al hipócrita lector que habita en cada uno de nosotros.
29/09/17: After Language: ¿La nueva movida de la poesia peruana?/ Roberto Valdivia
After Language: ¿La nueva movida de la poesia peruana?
“La mayor relevancia de estos poetas ha empujado por arrastre a sus influencias a un lugar más importante dentro de la escena local. Especialmente Mario Montalbetti, cuyas entrevistas poemas y libros se han multiplicado muchísimo estos años + El periodo post- Symbol de Santivañez + el interés por la poética de Morales Saravia+ la de Rafael Espinoza y la del limeño exiliado en Arequipa Maurizio Medo (como el interés por las experimentaciones en Naufragios de Frido Martín) Todos estos autores que durante los 90s y 2000s fueron catalogados como “extraños” y se les asignaba al bulto del “hermetismo neobarroco” sin mayor análisis.”
“Pero de igual forma me siento por momentos también un poco hastiado por esa constante de reflexión sobre el vacío que la mayoría de los poetas realiza. No porque sea Jesucristo y sepa las leyes con las que se creó este mundo y pueda decir que se debe hacer y qué no. Pero el constante tópico existencial junto al humor cínico ya es un recurso usado (en otros registros claros) hasta el hartazgo desde la llegada de la llamada posmodernidad a la poesía local.”
[“Posmodernidad local”, de acuerdo con Valdivia, en la que habría que precisar una influencia acaso recóndita, pero no menos gravitante o vigorosa, para After Language: Edgar O’Hara (“una vieja se saca los mocos en el micro Chama”, o algo así), en los 80′; y, por ejemplo, Alonso Rabí Do Carmo o Paolo de Lima en los 90′. En realidad, ambas propuestas –la de O’Hara (poeta “oficial” de la PUCP hasta bordear los años ochenta) y la de los otros dos– en tanto versión light y desangelada (ideológica y prosódicamente hablando) respecto de la que cultivara Hora Zero, y en la linea de epígonos o, más bien, estertores de la nunca criticada ni criticable –para sus amigotes– poesía de Antonio Cisneros: natural enemigo horazeriano (en los 70′ aunque, con el paso del tiempo, Hora Zero y Cisneros constituyan prácticamente lo mismo). Canon aquel, eso sí, de algún modo –suele serlo entre nosotros– con su alguito contante y sonante en la media local (diarios, universidades, TV). Es decir, el de la larga cola de todos aquellos que se afanan y se suman a estamparse al “discreto vaho ante el espejo” (Rabí Do Carmo). Gesto, este último, no exclusivo del poeta sanmarquino, sino que podríamos generalizar –para la poesía urbana y culta del Perú– durante (¿acaso desde?) los tan pasotas años noventa. En pocas palabras, a los de After Language, aunque sin ser santo de nuestra devoción, Mario Montalbetti les queda todavía muy largo o muy ancho ante la poética del yo-yo que socializan y los encandila: disforzada, desubicada y abrumadoramente coloquial. Aunque van por muy buen camino. Lo únicamente rescatable allí sería la poesia de Carlos Quenaya (Arequipa, 1984) donde –y acaso no sólo por ser el más viejo entre los antologados– percibimos que tiene algo honesto, sensible e inteligente que decirnos]. P.G.
28/09/17: Contra el cinismo: Poesía peruana actual
Es casi un lugar común advertir, como bien dijera el recordado maestro Alberto Escobar, que hacia fines de los años cincuenta se inició en la poesía culta del Perú: “el planteo de uno de esos balances cíclicos con los que se cuestiona no sólo un estilo, moda o gusto literarios, sino el sentido entero de la poesía y del poetizar, y los nexos de ambas actividades con la vida social y política” (9). Esto se tradujo, a nivel formal, en la generalizada adopción por parte de los poetas peruanos –aunque con distintas escalas de impacto en cada una de sus obras– del británico modo. En los años 60 esta estructura lírica –el monólogo dramático–, creada por el poeta postromántico inglés Robert Browning, permitió la matización –a partir de dar cabida a la intimidad de un sujeto social por lo general pequeño burgués y educado, aunque políticamente comprometido– de lo que era el social realismo imperante en la década anterior. Y el público lector, básicamente universitario como los propios poetas, saludó y poco a poco fue adaptando su horizonte de expectativas a este modo de poetizar.
Sin embargo, frustraciones, desengaños o acomodos políticos por delante, con el paso del tiempo pareciera que el cultivo de esta forma poética ha quedado en la mera pantomima o en su pura carpintería sonora; británico modo y cinismo parecieran haber conformado a la larga, al menos en la versión peruana del monólogo dramático inglés, como dos caras de una misma moneda. En otras palabras, aquel balance estético e ideológico de los años sesenta –con el adicional metrónomo de los versos, entre coloquiales, narrativos y cultos de Ezra Pound y la clonación, algo posterior, del verso proyectivo de Charles Olson: todo lo cual haría más apropiado hablemos tal vez de un modo anglosajón (Zevallos 6)– pareciera haber llegado a su desgaste definitivo.
Mejor dicho, quizá se continúe usando del británico modo, pero ahora para acompañar la auto auscultación de otros sujetos sociales –antes de perfil bajo en el canon– puestos a escribir masivamente poesía, como es el caso de las mujeres y, aunque de modo mucho más tímido, también de la comunidad gay; sin que por esto deje de resultar atinado –y acaso no menos paradójico– considerar que, tal como observa Susana Reisz para el caso peruano: “En ausencia de un modelo de interacción y de un lenguaje aptos para expresar las apetencias de un sujeto femenino deseante, el discurso homoerótico masculino [abre] un espacio para el despliegue de fantasías heterosexuales femeninas” (222). No debemos olvidar, asimismo, el uso tan singular y entrañable que hizo del monólogo dramático inglés un poeta como Luis Cernuda.
A este sucinto panorama debemos añadir, para hacerlo un tanto más complejo, el hecho de que tratándose del Perú –incluso desde los años sesenta para acá– debemos tener siempre presente el sesgo marcadamente barroco de la literatura peruana ilustrada: “que ostenta el primer texto de crítica literaria en todo el continente –el Apologético a favor de Don Luis de Góngora: un texto barroco–, que desarrolla una tradición de poesía cortesana sostenida a lo largo de siglos y que cuenta con varios de los autores cruciales para la formación del barroco hispanoamericano” (Franco 5). Por lo tanto, nos atreveríamos a decir que el británico modo ha significado en el Perú sólo un alto en el camino; o que éste siempre estuvo amasado –en Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza o Antonio Cillóniz, por ejemplo– con el hedonismo por las palabras y los sutiles paralelismos, no pocas veces más conceptuales que verbales, propios del barroco. Obviamente no nos estamos refiriendo al gusto canónico del siglo XVII ni, mucho menos, al del barroco decadente típico de los comienzos del siglo XVIII; somos conscientes que si hemos de referirnos a la persistencia de los gestos barrocos en la poesía peruana es en su dialéctica con otras estéticas que, con el paso de los años, han ido incorporándosele, llámense éstas surrealismo, conversacionalismo, objetivismo, etc. Ni César Vallejo, nuestro padre tutelar, estuvo a salvo de esa impronta; la suya es una poesía donde confluyen, en vigoroso y primerísimo oxímoron: vanguardia (antipoesía) y el amor por sus lecturas del Siglo de Oro, en particular Luis de Góngora.
Si es con los 80 –le corresponde el mérito a esta variopinta promoción– donde las fuerzas barrocas adquieren nuevos bríos en el Perú a partir del legado de la poesía conceptista/ coloquial del autor de Diario de poeta (Martín Adán), no es menos cierto que –incluso en plenos años sesenta– hubo autores que no hicieron del británico modo ni de una racionalidad políticamente correcta la fórmula idónea para legitimarse a nivel internacional (vía, sobre todo, el Premio Casa de las Américas). Estuvieron, mejor dicho, están para ilustrarlo las obras capitales de Javier Heraud y Luis Hernández Camarero; el primero de estos, con el legado extraordinario de su pureza y hondura, aparte de, en palabras de Gerardo Mario Goloboff: “la certeza de Manrique […] los versos de Antonio Machado […] y la lucidez cósmica de Lorca” (359); el segundo de los nombrados, con un arte cosmopolita encarnado en la cotidianeidad, la urbe y el dolor, es decir, rescatando todo esto a través de una compasión ilimitada, delicadeza y un sutil humor. Es con estos autores, precisamente, con los que –de modo implícito– se abre nuestra breve antología. Es ésta, como todas, cuestión de gusto, pero también –al menos en nuestro caso– cuestión de testimonio: haber sido atónitos testigos de lo que, con el paso del tiempo, diferencia los varios gestos de moda de uno auténtico de estilo y fervor por la poesía.
27/09/17: PUERTO EL HUECO: PARA LA HISTORIA BLOGUERA DE LA LITERATURA PERUANA
Se cumplen seis años sin “PUERTO EL HUECO” (2006-2011), alimentado por el incognito y más bien odiado Dintilako. Fue un blog carnavalizador –por arbitrario, provocador y, no pocas veces, también honda o místicamente acertado– de la literatura peruana de los últimos años. Arremetía, sobre todo, contra las argollas; quizá contra lo que Georgette de Vallejo denominó alguna vez “hampa letrada”. Lo suyo abordaba el tema serio, pero su tratamiento del asunto resultaba más bien desopilante. Aunque aquello que convertía al blog en algo excesivo e incluso de mal gusto era, sobre todo, el doble continuado de comentarios anónimos que cobijaba; lo cual, a la larga, acaso provocó su clausura. Conectado a la vieja tradición –ya desde nuestra Colonia– de lo satírico y el libelo; supo sin embargo conectar aquello al lenguaje de la Internet: textos breves e imágenes de por sí harto elocuentes. Para un lector extranjero, PUERTO EL HUECO, constituirá un artefacto literario postmoderno en sí mismo; entre el kitsch, la novela negra y la crítica postbarrial. Para los peruanos, algo que de modo inquietante reflejaba nuestra actualidad literaria y, obvio, también una porcion de nosotros mismos. Se deja extrañar.










