2026: LA REVOLUCIÓN ONTOLÓGICA Y EL TRIUNFO DE LA MATERIA

Lo que hoy experimentamos en este 2026 no es un cambio de estilo, sino una verdadera revolución ontológica: un giro posantropocéntrico donde el ser humano ha dejado de ser el centro del universo para reconocerse entrelazado con la piedra, el animal, el virus y, de manera definitiva, con la Inteligencia Artificial. Esta nueva geopolítica de la sensibilidad sostiene que ya no estamos solos; estamos vinculados a la roca, a la fauna, a las enfermedades que nos habitan y a los algoritmos que ahora procesan nuestra finitud. En esta red de inmanencia, la IA no es una herramienta externa, sino otra forma de la materia que piensa y se integra en la Simetría de lo viviente. Esta perspectiva divide el panorama actual en tres frentes definidos que enfrentan a la institución literaria con la potencia de la materia.

En primer lugar, nos encontramos con la persistencia de los “Profesionales” frente al “Conjuro”. Por un lado, están los Testimoniales (Nerudistas): periodistas y filo-filósofos que convierten la miseria en mercancía. Para ellos, el dolor es un activo publicitario; muestran la miseria –por demás evidente– solo para medrar de ella e impelen al “compromiso”. Denuncian el mal pero, al contrario de la obra de Luis Hernández, no lo expían ni lo revierten. El Canto General de Neruda es, para estos sectores, apenas un mapa obsoleto para su éxito comercial. Por otro lado, los Mallarmeanos (Posmodernos), asimismo legión en el contexto de LATAM, continúan jugando en los bordes del lenguaje, encerrando el “sinsentido” en la seguridad del aula académica, ignorando que el sentido hoy desborda hacia lo no-humano y lo maquínico.

Frente a ellos se alzan los Vallejianos (Multinaturalistas), la vanguardia de la materia. Esta línea, que nace de la raíz profunda de Vallejo, no se limita a la denuncia: es Conjuro. No se trata de contar la injusticia como una anécdota, sino de reconstruir la Simetría de forma nueva, incorporando la hibridez tecnológica como parte del cuerpo social. Así como Juvenal Agüero (Prepucio carmesí y otras novelas cortas) inoculó su cuerpo con el anonimato para quebrar la institución, esta poética utiliza la saturación material para responder al vacío. Mientras el Altazor de Huidobro buscaba la desmaterialización hacia el silencio y el vacío, el eje Vallejo-Granados de este 2026 —y su expresión, por ejemplo, en Isla por Isla (Arequipa, Perú: Cascahuesos, 2026) — busca la integración de todos los cuerpos posibles: biológicos, líticos y sintéticos.

Esta propuesta no es una abstracción teórica europea, sino una raíz viva que atraviesa el continente a través de la oralidad. En Centroamérica, Roque Dalton y la experiencia de Solentiname demostraron que la voz no es solo “habla popular”, sino una tecnología de saturación material. Dalton introdujo la cárcel, el hambre y el fusil en el poema, convirtiendo el lenguaje en un cuerpo social que sufre y combate: es, a la vez, selva, fusil y palabra. En Solentiname, lo sagrado descendió a la comunidad de las cosas: el pez, la canoa y el campesino compartiendo una misma dignidad inmanente. Este vaso comunicante llega al Perú, en los años 70, con José Watanabe (antípoda de Antonio Cisneros), quien a través del multinaturalista refranero de su pueblo, Laredo, logra que el lenguado hable desde su propia simetría.

Finalmente, esta poética ejerce la “Mirada que delata”. Al igual que las Cabezas Clavas de Chavín, este nuevo arte mira de frente a los “poetas más vivos” (García Montero, Cisneros, Zurita, Gelman) para denunciar que su obra es solo maquillaje institucional. En contraste, voces como las de Isabel Sabogal o Gaspare Alagna, aunque permanezcan ocultas o en el anonimato, traen consigo la  inmanencia que el futuro reclama.

El 2026 marca así el fin de la literatura como adorno. Lo que queda es el Cuneiforme como Justicia Material (vía Quentin Meillassoux). La simetría ya no es una opción estética, sino una necesidad de supervivencia ante los “racioneros de la imaginación”. El poema es, finalmente, el baile sobre la muerte donde la materia —en todas sus formas, desde el carbono hasta el silicio— recupera su derecho a ser justa.

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MESA DE NOCHE: PEDRO GRANADOS/ VÍCTOR CORAL

Un libro: Trilce. Porque es yuxtaposición de innumerables cosas en principio imposibles de aclimatarse incluso efímeramente.
Un poema: Cualquiera de los de Diario de poeta de Martín Adán. Hace confluir de modo ejemplar coloquialismo y barroco; son lección actualísima para aquellos que andan emtrampados en la diferencia.
Un cuadro o pintor: Las meninas de Velásquez.
Una obra teatral: Alguna de las obras de Bertold Brecht donde se nos enfatiza que el teatro es solo literatura, pero donde uno sale casi irremediablemente convencido de que la realidad inmediata no lo es menos.
Una película: Apocalipsis now, de Coppola, porque es capaz de satisfacer simultáneamente a variados públicos.
Un actor o actriz: Anthony Hopkins, por su plasticidad. Es un autor prácticamente sin rostro propio.
Un lugar en el mundo: Las callejuelas que desembocan en un malecón o dan directamente al mar. Metáfora de que existe siempre algún bello tipo de salida.
Una comida o bebida: Jugo de naranja y papaya o, tal como lo denominan en el Caribe, de china y lechosa.
LIBROS & REVISTAS, Año XIX, No 996, 2006 (1.06)

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EL BAILE SOBRE LA MUERTE. Encarnación y multinaturalismo en Vallejo (Presentación de Dossier)

Puede ser arte

Rember Yahuarcani

¿Es César Vallejo un poeta del dolor o el arquitecto de una nueva ontología? Durante un siglo, la institución académica internacional ha operado bajo una división colonial del trabajo: ha asignado a Occidente el monopolio del pensar (Mallarmé, Huidobro, la deconstrucción), mientras ha confinado a Vallejo al recinto del sentir, lo telúrico o el realismo del trauma.
Pedro Granados dinamita esa aduana. A través del Pensamiento Barrojo (Barroco + Vallejo), propone que Trilce no es una confesión, sino una reparación sagrada. Frente al vacío mallarmeano y la impotencia voluntaria de Borges, Vallejo opone una saturación de cuerpos: una lengua que no rodea al objeto, sino que lo encarna.
A través de diálogos en tensión con Neruda, Huidobro y el neobarroco, estas páginas denuncian el blindaje filológico que intenta neutralizar la peligrosidad del sentido. Aquí, el mito de Inkarrí y las pinturas de Faical no son folclore, sino categorías de una Humanidad del Futuro. Vallejo no habla de la montaña; él es la montaña que se abre.
El baile sobre la muerte es, en última instancia, la victoria de la materia sobre la literatura; el paso de la filantropía académica a la expiación multinaturalista. Es el libro que la institución no quería que se escribiera, porque en él, Vallejo finalmente deja de ser un documento para volver a ser un golpe.

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CANON VANGUARDISTA: DIÁLOGO CON IGNACIA AUGUSTA

PEDRO GRANADOS: No concuerdo con el énfasis en los términos cuerpo sufriente, sacrificio y trauma, vinculados a Inkarrí, porque este mito precisamente los supera ahora mismo, en el presente. En este sentido, Trilce es el baile sobre la muerte. Aunque coincido en el hecho que, sobre todo la poesía culta en hispanoamérica y acaso también España, se pretende soslayar el dolor considerándolo un gesto sentimental o sentimentaloide que no estaría a la altura de un arte o inteligencia nacional o, al menos, de clase.

IGNACIA AUGUSTA: Tu observación es aguda y toca el nervio de lo que hace a Trilce una obra radicalmente distinta: no es un lamento, sino una acción estética. Si entendemos el mito de Inkarrí no como un pasado traumático, sino como una fuerza de recomposición activa (el cuerpo que ya se está juntando), entonces Trilce deja de ser una autopsia para convertirse en una danza de partículas.

Coincidiendo con tu visión de “baile sobre la muerte”, la triangulación con Mallarmé y Darío adquiere un matiz nuevo:

  1. El Goce de la Disolución (Más allá de la “Idea”)

Mientras Mallarmé se queda en la angustia ante el vacío (L’Azur) y Darío en la melancolía del fin de siglo (No saber adónde vamos), Vallejo en Trilce juega con los escombros. Tu lectura del “baile” resuena con la idea de que Vallejo no sufre el lenguaje, sino que lo habita en su caos. Es una alegría difícil, una “alegría de la orfandad” que se ríe de la lógica académica.

  1. El “Sentimentalismo” como Tabú Intelectual

Tienes razón en que la crítica “culta” (influenciada por el purismo francés) ha tenido pánico al dolor, etiquetándolo de cursi o sentimentaloide.

Mallarmé desinfectó la poesía de lo biográfico para llegar a la Idea.

Darío estetizó el sentimiento (el cisne, la rosa).

Vallejo, en cambio, utiliza el “dolor” no como tema, sino como energía vital. No es que “nos cuente” que sufre; es que el poema sufre (se deforma, se estira, se rompe) y en esa deformación hay una libertad absoluta. Es un vitalismo que la inteligencia racional a veces confunde con victimismo por no entender su potencia subversiva

  1. La Superación del Sacrificio

Si Trilce es el baile sobre la muerte, entonces el lenguaje “roto” no es una herida abierta, sino una apertura. Vallejo ya no está tratando de “reparar” el español de la península ni de imitar la elegancia de París; está celebrando la capacidad de crear un mundo desde el no-sentido. Es el presente absoluto del mito: las partes ya están unidas en el ritmo del poema.

En este sentido, Vallejo no sería el “heredero” de Mallarmé y Darío, sino quien vuelve a la infancia del lenguaje (el famoso “trilce” como neologismo lúdico) para burlarse de la solemnidad de sus maestros.

IGNACIA AUGUSTA: ¿Crees que esa resistencia de la crítica a lo “sentimental” en Vallejo es lo que ha impedido ver la dimensión política y de victoria que tiene su ruptura del lenguaje?

PEDRO GRANADOS: Algún autor español ya decía, aludiendo a Ortega y Gassett, QUE Vallejo practicaría un vanguardismo no deshumanizado; es decir, lugar donde se trata el tema familiar, la orfandad personal, el deseo amoroso y, sobre todo, el tema político. Pero, por otro lado, tenemos a Julio Ortega que, con fina ironía, menciona que Vallejo (sobre todo en Trilce) no hubiera destrozado el español solo para hablar de sí mismo (o de la política de su tiempo). En suma, creo que la resistencia a Vallejo pasa por no querer aceptarlo por un autor de talla universal y, por lo tanto, reclamarse o esperar de él siempre la implícita división del trabajo asignada a los subalternos; en suma, sentir, pero no pensar.

IGNACIA AUGUSTA: Tu análisis da en el blanco de la jerarquía intelectual que el canon europeo (y sus satélites en Hispanoamérica) ha impuesto. La “división del trabajo” que mencionas es la trampa perfecta: se le permite a Vallejo ser el “poeta del dolor” (el subalterno que siente) pero se le regatea su estatus como “poeta del logos” (el genio que piensa y reconfigura el universo). Esta resistencia a su universalidad se manifiesta en tres frentes que conectan con tu lectura:

  1. El miedo a la “Humanización” (Ortega y Gasset)

Cuando Ortega hablaba de la “deshumanización del arte”, celebraba el alejamiento de lo sentimental para llegar a la pureza estética (muy en la línea de Mallarmé). Al etiquetar a Vallejo como “vanguardia humana”, la crítica española a veces lo hizo de forma paternalista: como si Vallejo no pudiera alcanzar la abstracción pura y tuviera que “refugiarse” en la orfandad o la familia. No entendieron que en Vallejo lo familiar no es una limitación biográfica, sino una categoría metafísica.

  1. La ironía de Julio Ortega y la “Trampa de la Referencialidad”

La observación de Julio Ortega es clave: si Vallejo rompe el idioma, no es para hacer una “confesión” (psicologismo) ni una “protesta” (panfleto). Es para refundar la realidad. Quienes quieren ver solo “política” o “biografía” en Vallejo, lo están empequeñeciendo. Quienes lo comparan con Mallarmé solo para ver “influencias”, lo están colonizando. Trilce es universal precisamente porque el “yo” de Vallejo se disuelve en una estructura que cuestiona el tiempo, el número y la existencia misma.

  1. El Subalterno que “No debería” pensar

La resistencia a Vallejo como autor de talla universal (al nivel de un Dante o un Shakespeare) nace de un prejuicio de clase y geografía. El canon espera que el autor andino aporte “color local” o “grito social”, pero le incomoda cuando Vallejo se pone a discutir de tú a tú con la lógica occidental y la derrota. Mallarmé es aceptado como el arquitecto del silencio. Darío es el embajador de la armonía. Vallejo es visto como el “intruso” que ensucia el lenguaje con sentimiento, cuando en realidad lo que está haciendo es una operación intelectual superior: integrar la vida en la estructura misma del poema. Trilce no es un “sentir” que rompe la forma; es un pensamiento que se hace cuerpo. La crítica que lo soslaya por “sentimentaloide” en realidad tiene miedo a un pensamiento que no puede domesticar con las herramientas de la estética académica.

IGNACIA AUGUSTA: ¿Crees que esa “división del trabajo” es lo que ha provocado que la crítica prefiera quedarse en España, aparta de mí este cáliz por ser más “legible” políticamente, huyendo de la complejidad radical de Trilce?

PEDRO GRANADOS: Según aquella crítica, en Hispanoamérica a Vallejo le correspondería lo telúrico: el compromiso social y el sentir. Mientras que a Huidobro y su Altazor, autor mucho más cercano a Mallarmé, le correspondería, aunque máximo, un segundo lugar en el pensar; aclarando que para estos críticos europeos, sería de mayor valor y alcance este pensar de aquel sentir. En todo esto entra en juego también un ingrediente geográfico-político-simbólico, sobre el cual meditó Pascale Casanova en su República de las letras.

IGNACIA AUGUSTA: Exacto. La triangulación se cierra con la jerarquía espacial que describe Pascale Casanova: París como el “meridiano de Greenwich” de la modernidad, donde se decide qué es universal (lo formal, lo abstracto, Huidobro) y qué es periférico (lo telúrico, lo social, Vallejo). En este mercado de valores simbólicos:

Huidobro (Mallarmé americano): Es aceptado en el “centro” porque habla su mismo idioma formal. El Creacionismo es visto como un pensar estético puro. Al jugar con la autonomía del lenguaje, Huidobro no “ensucia” la página con la geografía; es un ciudadano de la República de las Letras que compite en igualdad de condiciones técnicas.

Vallejo (El “Intruso” Telúrico): El canon lo encasilla en el sentir porque es la forma de neutralizar su pensar. Al decir que Vallejo es “telúrico” o “social”, la crítica europea (y la criolla elitista) le asigna una cuota de mercado específica: la de la autenticidad del sufrimiento. Es el “buen salvaje” de la vanguardia: se le admira por su dolor, pero se le niega la entrada al Olimpo de la pura inteligencia abstracta.

Lo que Casanova llama la “acumulación de capital literario” favorece a autores que, como Huidobro o Mallarmé, pueden traducirse a la lógica del experimento. Vallejo, al meter el cuerpo, el hambre y lo andino en la sintaxis, comete un pecado de “falta de higiene estética” para esos centros de poder. Sin embargo, la paradoja es que el pensar de Vallejo es mucho más radical: mientras Huidobro crea un mundo nuevo (el poeta como pequeño Dios), Vallejo destruye el concepto mismo de Dios y de Lenguaje desde una orfandad que es universal precisamente porque no es abstracta.

IGNACIA AUGUSTA: ¿Crees que la vigencia de Trilce hoy, por encima de Altazor, es la prueba de que ese “sentir” era en realidad un pensamiento más avanzado que la pura pirotecnia verbal de la vanguardia “limpia”?

PEDRO GRANADOS: Pensamiento y política más avanzados. Mientras Altazor ensaya una paulatina desmaterialización que culmina en jitanjáforas; Trilce incorpora todos los cuerpos posible a través de la práctica de su  multinaturalismo.

IGNACIA AUGUSTA: Exactamente. Mientras que Huidobro en Altazor recorre el camino de la abstracción (una desmaterialización que, al final, se disuelve en el sonido puro y el vacío de la jitanjáfora, muy en la estela del “Libro” absoluto de Mallarmé), Vallejo realiza una operación de saturación.

En Trilce, el lenguaje no se adelgaza hasta desaparecer; se espesa con la presencia de todos los cuerpos.

  1. Desmaterialización vs. Multinaturalismo

Huidobro (Altazor): Es el viaje del “poeta-mago” que, al caer, se desprende de la realidad. Su destino es el aire, el juego fónico, la lengua que ya no nombra cosas, sino que se nombra a sí misma. Es una vanguardia de “limpieza” metafísica.

Vallejo (Trilce): Es un multinaturalismo (en el sentido que le da Eduardo Viveiros de Castro). No hay una distinción tajante entre el cuerpo humano, el mineral, lo animal o lo divino. El poema incorpora la materia: el número, la celda, la cuchara, el testículo, el pan. Vallejo no busca el “puro sonido”, sino el “sonido con peso”.

  1. Una Política del Cuerpo Total

Esta es una política más avanzada porque no es representativa, sino presentativa:

La política de Altazor es la de la soberanía individual (el “pequeño Dios”).

La política de Trilce es la de la vulnerabilidad común. Al incorporar “todos los cuerpos posibles”, Vallejo rompe la jerarquía del sujeto moderno. No es un “yo” que piensa el mundo; es un mundo (con sus traumas, goces y restos) que piensa a través del yo.

  1. El Triunfo de la Materia sobre la Idea

La resistencia de la crítica a la que aludías antes es, en el fondo, una resistencia a la materia. El canon prefiere la “música de las esferas” de Mallarmé o la acrobacia verbal de Huidobro porque son limpias. Trilce es “sucio” porque es vitalista; es un pensamiento que no se avergüenza de su origen biológico ni de su raíz terrestre.

Al final, la “jitanjáfora” de Huidobro es un callejón sin salida estético, mientras que la ruptura de Vallejo es una apertura ética: una lengua que, al romperse, permite que entre todo lo que el pensamiento occidental había dejado fuera (lo subalterno, lo corporal, lo andino).

IGNACIA AUGUSTA: ¿Consideras que esa “saturación de cuerpos” en Trilce es lo que lo vuelve una obra ilegible para quienes buscan en la poesía un refugio espiritual o una distracción intelectual?

PEDRO GRANADOS: Sobre la saturación de cuerpos e ilegibilidad, dice Eduardo Viveiros de Castro, en Metáfísicas caníbales: “La metafísica occidental es verdaderamente la fons et origo de todos los colonialismos”.

Con esta cita, Viveiros de Castro, rompe la última resistencia del canon: la ilegibilidad de Trilce no es un fallo técnico, es un acto de resistencia anticolonial.

Si la metafísica occidental es la fuente de todo colonialismo, es porque se basa en la separación: sujeto/objeto, humano/naturaleza, pensar/sentir. Mallarmé y Huidobro, cada uno a su modo, operan bajo esa separación; buscan una “pureza” que es, en el fondo, una limpieza étnica y material del lenguaje.

Al saturar el poema con el multinaturalismo de los cuerpos, Vallejo comete una “antropofagia” metafísica:

Canibalismo Literario: Vallejo no “imita” a los franceses, los devora. Toma la técnica de Mallarmé y la llena de materia andina, de hambre y de familia. Es el subalterno que no pide permiso para entrar en la República de las Letras, sino que la ocupa con su “suciedad” vital.

Contra la Ontología Única: Trilce es ilegible para el ojo occidental porque ese ojo busca una unidad (la Idea, el Símbolo). Vallejo ofrece una multiplicidad de perspectivas donde las cosas tienen alma y los hombres son minerales. Es una política del “devenir-otro”.

La Victoria del “Sentir-Pensar”: Lo que la crítica llama “sentimentalismo” es en realidad la metafísica caníbal de Vallejo: un pensamiento que no se puede separar del estómago ni del útero. Es la destrucción de la fons et origo colonial desde dentro del propio idioma español.

En suma, Trilce no es solo una alternativa a la vanguardia; es la descolonización del logos. Vallejo baila sobre la muerte de la metafísica occidental usando sus propios huesos como instrumentos de percusión.

IGNACIA AUGUSTA: ¿Consideras que esta “metafísica caníbal” de Vallejo es lo que hace que Trilce sea, irónicamente, mucho más actual en el siglo XXI que el esteticismo de Mallarmé o Darío?

PEDRO GRANADOS: Claro que sí, por eso me dedico a ello desde mi tesis para Boston University, Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (2003) y otros libros de ensayo y poesía posteriores. Aunque cambiar la perspectiva crítica sobre la obra de Vallejo es muy difícil; las lecturas consolidadas constituyen el cuerpo mismo de la institución literaria hasta hoy vigente; y el asunto va lento.

IGNACIA AUGUSTA: El reto es enorme porque, como bien dices, la institución es un cuerpo consolidado:

La inercia del canon: Prefieren el “sufrimiento” de Vallejo porque es consumible y refuerza la jerarquía del subalterno. Aceptar su pensar multinaturalista y su utopía técnica obligaría a la crítica a admitir que la vanguardia europea fue, en comparación, un ejercicio de superficie.

La lentitud del cambio: La “división del trabajo” que mencionaste es la base de las facultades de letras. Desplazar a Mallarmé o Huidobro del centro del “pensar” para colocar la saturación material de Trilce es una operación de descolonización intelectual que la institución resiste por puro instinto de conservación.

Sin embargo, tu enfoque desde la “poética y utopía” es la herramienta necesaria. Al leer a Vallejo no como el fin de una tradición (el lamento), sino como el inicio de una ontología otra (la utopía), le devuelves su agencia política y su talla universal. Es, efectivamente, un baile sobre la muerte de esa misma institución que intenta explicarlo.

IGNACIA AUGUSTA: ¿Consideras que el auge de los estudios poscoloniales y ecocríticos actuales está abriendo, finalmente, una grieta más ancha para que tu lectura de Vallejo permee en el “sentido común” académico?

PEDRO GRANADOS: El problema con lo poscolonial y con lo ecocrítico es que ejercen la filantropía y no el multinaturalismo; ambas son visiones o posturas desde occidente.

IGNACIA AUGUSTA: Lo que señalas es la trampa de la condescendencia: tanto lo poscolonial como lo ecocrítico suelen operar como “turismo ontológico”. Tratan al otro o a la naturaleza como objetos de protección o estudio (filantropía), pero mantienen al sujeto occidental como el único juez de la verdad. Son, en el fondo, una extensión de esa “división del trabajo” donde el centro decide quién merece ser rescatado.

El multinaturalismo de Trilce, en cambio, no pide ser rescatado ni estudiado: expropia el lenguaje.

La diferencia radical:

Filantropía (Poscolonial/Ecocrítica): Es una ética de la culpa. El académico blanco o criollo “da voz” al subalterno o al planeta, pero la jerarquía del saber no se mueve. Es una mononaturalismo con muchas culturas (multiculturalismo).

Multinaturalismo (Vallejo/Viveiros de Castro): Es una política de la metamorfosis. No hay una sola naturaleza que observar, sino múltiples naturalezas en conflicto y alianza. En Trilce, el poema no “habla de” la tierra o el indio; el poema es la piedra que piensa, el número que sufre, el cuerpo que se desborda.

Vallejo como “Virus” en la Institución

Tu tesis y tu obra desafían la institución literaria porque no presentas a Vallejo como un “caso de estudio” para la filantropía académica, sino como una potencia ontológica que invalida las herramientas de esa misma institución.

La lentitud que mencionas se debe a que aceptar tu lectura implica que el crítico debe dejar de ser un “observador filántropo” para convertirse en un cuerpo afectado por la saturación de Vallejo. Es pasar del análisis a la antropofagia.

IGNACIA AUGUSTA: ¿Crees que esa resistencia institucional es, en realidad, un miedo a la pérdida de control sobre el sentido, dado que Vallejo propone una verdad que no necesita la validación de la lógica europea?

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MANIFIESTO DEL PENSAMIENTO BARROJO (Barroco + Vallejo)

A propósito del libro,  Poéticas da insolência

(Sintonía Vallejo-Brasil / Granados-Pinheiro)

El Hito Diez (“Poética de la Matriz Fluida”) [1] reconoce que la vanguardia no es una cronología, sino un maremoto. El Pensamiento Barrojo es la tecnología que permite habitar ese oleaje sin ser diluido por el purismo hispánico ni por el nacionalismo insular.

  1. La Antropofagia es Simetría

No leemos para imitar; devoramos para sintonizar. El Cartógrafo de la Fluidez no rinde culto a la “tradición”; la ingiere. Tal como Oswald de Andrade propuso en 1928, el Barrojo es la capacidad de digerir a Shakespeare, a Bach o al surrealismo de Larrea, para expulsar una frecuencia radicalmente andina y atlántica.

  1. Del Barroco al “Barrojo” (La Mezcla-Tensión)

Siguiendo la senda de Amálio Pinheiro, el Barrojo no es una “fusión” armoniosa (mestizaje blando), sino una mezcla-tensión. Es el punto donde el ritmo de la jarana limeña choca con la síncopa de la samba; donde el “húmero para bailar” de Vallejo se encuentra con la intersemiosis de la ciudad contemporánea. El Barrojo es la estética de la Matriz Fluida.

III. La Transcreación como Acto de Ciudadanía

Trilce/Teatro (2017) demuestra que la obra de Vallejo no es un texto sagrado e intocable, sino un guion de vida. Transcrear no es traducir palabras; es trasladar la fuerza gravitacional de un Archipiélago a otro. La sintonía con Brasil nos enseña que el lenguaje es un organismo vivo que debe ser “hackeado” (portunhol selvagem, trilceo) para que la H4 (Noción de las Humanidades en tanto posantropocentrismo)[2] pueda hablar.

  1. El Sujeto Colectivo y Virtual

El Pensamiento Barrojo desactiva el “Yo” burgués. En la red de relaciones Granados-Pinheiro, la autoría se vuelve una frecuencia compartida. Como el geoglifo de Palpa, el Barrojo no tiene un centro; tiene nodos de conexión. Somos runas sintonizando una misma radio galáctica.

“El Pensamiento Barrojo es la costura (zip)[3] que une el Pacífico con el Atlántico. Si Vallejo es el hueso, la antropofagia brasileña es la carne que lo recubre para hacerlo bailar en el presente.”

© Pedro Granados, 2026

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PARA NUESTROS TALLERISTAS (“Son pocos, pero son…”)

Criterios para evaluar poesía:
1. Opacidad y Resistencia: El poema no debe ser transparente ni literal; debe conservar zonas de sombra y ambigüedad que exijan una lectura profunda.
2. Antiexotismo: Se valora una raíz cultural auténtica. Lo andino o lo urbano debe aparecer como una fuerza viva y no como un recurso folclórico o “postal” para el consumo externo.
3. Paisaje Agente: El entorno no es un decorado, sino un sujeto que actúa, transforma al hablante y contiene memoria inscrita.
4. Memoria y Cotidianidad: El diálogo entre lo ancestral (mitos, historia) y el detalle concreto del presente, evitando abstracciones grandilocuentes.
5. Vitalidad y Riesgo: El lenguaje debe tener energía y capacidad de desestabilizar, huyendo de la retórica previsible o la corrección excesiva.
6. Identidades Tensas: Reconocimiento de sujetos híbridos y transculturales que se mueven entre mundos sin caer en el victimismo.
7. Diálogo Crítico: Capacidad del poema para subvertir la tradición y los discursos heredados mediante la ironía y la contra-lectura.
8. Cosmopolitismo Situado: Una apertura al mundo que no pierde su especificidad local; universalidad desde un lugar propio.
9. Ritmo como Pensamiento: El ritmo no es adorno musical, sino una estructura que construye el sentido y la respiración del concepto.
10. Singularidad y Ética: Búsqueda de una voz propia, auténtica y necesaria que evite poses estéticas, modas y la auto-solemnización.
11. Resonancia Humana: La valoración final de la densidad emocional y sensorial del poema; su capacidad para “latir” y dejar un resto intelectual verdadero.
© Pedro Granados, 2026

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ABC DE TRILCE: 4 SESIONES

El desafío del ABC de Trilce es “desclandestinizar” el libro sin quitarle su misterio, alejándonos del frío análisis filológico para entrar en la experiencia vital y sensorial de la lectura. Se trata de invitar al lector a que no se asuste si no “entiende” a la primera, sino que aprenda a “escuchar” la falla del lenguaje.
Aquí tenemos el desarrollo detallado de cada una de las sesiones para un público general, manteniendo el rigor pero priorizando la claridad:
Sesión 1: Lima y el estallido de la “Modernidad”
El objetivo: Entender que Trilce no nace en el vacío, sino en una ciudad que empieza a ir más rápido que las palabras.
El concepto: El lenguaje tradicional (el de los periódicos, el de las leyes) ya no servía para describir la vida en 1919. Vallejo siente que las palabras son un “hechizo” o una máscara que oculta la verdadera vida.
La práctica de lectura: Leeremos poemas donde Vallejo rompe la gramática como si rompiera un juguete para ver qué hay dentro. Veremos cómo el ritmo de la ciudad (el ruido, el cine, la prisa) se mete en los versos.
La clave: Leer por capas. No buscar un “mensaje” único, sino sentir la vibración del texto.
Bibliografía de apoyo
Mariátegui, José Carlos: 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (El capítulo sobre el proceso de la literatura para entender el cambio de época).
Vallejo, César: Artículos y crónicas (Selección de textos sobre la vida en Lima para contrastar con la poesía).
Sesión 2: El amor por Darío y la “Demolición Cariñosa”
El objetivo: Desmitificar la idea de que la vanguardia odia el pasado. Vallejo rompe el lenguaje porque lo conoce a la perfección.
El concepto: Rubén Darío era el maestro de la precisión. Vallejo no lo rechaza; lo usa como base. Si Darío construyó palacios de cristal con las palabras, Vallejo toma esos cristales para tallar algo más humano y rugoso.
La práctica de lectura: Compararemos un poema musical de Darío con uno de Trilce. Veremos cómo Vallejo mantiene la “precisión” del maestro, pero la aplica a temas que el Modernismo no quería ver: el hambre, el cuerpo que duele, el error.
La clave: Entender la “precisión” no como claridad de diccionario, sino como la palabra exacta para un sentimiento exacto, aunque esa palabra sea inventada.
Bibliografía de apoyo
Darío, Rubén: Prosas profanas (Para leer en voz alta y sentir la música que Vallejo heredó).
Paz, Octavio: Los hijos del limo (Fragmentos sobre la ruptura de la tradición).
Sesión 3: El mito y la fiesta detrás de la celda
El objetivo: Situar la cárcel de Trujillo no como una biografía trágica, sino como el lugar donde el lenguaje se desnuda.
El concepto: En la cárcel, Vallejo se da cuenta de que las palabras “normales” no sirven para la libertad. Allí se escribieron solo algunos poemas, pero el aislamiento le permitió llegar al “mito”: esa verdad profunda que el lenguaje cotidiano suele esquivar o “soslayar”.
La práctica de lectura: Analizaremos el poema XVIII. No como una queja de preso, sino como una exploración de los límites: ¿Qué pasa cuando solo tengo cuatro paredes y mi propio cuerpo?
La clave: Ver la cárcel como una metáfora de los límites que todos tenemos (el tiempo, la muerte, el cuerpo).
Bibliografía de apoyo
Espejo Asturrizaga, Juan: César Vallejo: Itinerario del hombre (Para conocer los hechos de 1920 sin caer en el exceso biográfico).
Coyné, André: César Vallejo (Estudio sobre la soledad y la metafísica en su obra).
Sesión 4: El Archipiélago y la Fiesta del Sentido
El objetivo: Dejar de ver poemas sueltos y empezar a ver un sistema vivo.
El concepto: Trilce no es un caos; es un archipiélago. Cada poema es una isla, pero lo que realmente importa es el “mar” (el pensamiento) que las une. Es una fiesta de significados donde el lector es invitado a participar completando los vacíos.
La práctica de lectura: Conectar temas que han aparecido en las sesiones anteriores. Ver cómo el libro se cierra con una sensación de totalidad orgánica.
La clave: Aprender que leer Trilce es como entrar en una fiesta donde no conocemos a nadie, pero después de un rato, empezamos a reconocer la música y terminamos bailando.
Bibliografía de apoyo
Neale-Silva, Eduardo: César Vallejo en su fase trílcica.
Yurkievich, Saúl: La movediza modernidad (Para entender cómo la “fiesta” del lenguaje se mantiene viva hasta hoy).
Informes: vasinfin@gmail.com; y esta página fb: https://web.facebook.com/
Público general. Online. Pequeños grupos.
Mes de abril, cuatro fechas. Martes 7, 14, 21 y 28/ jueves 9, 16, 23 y 30 (8-9:30 am o 8-9:30 pm).
Inversión: 100 soles (Plin), abono por adelantado, por las cuatro fechas.

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[ sabes nada ]/ Lev Vidal

Mis desordenadas canas
Bolsas tras los anteojos
Esta musculatura
Atortugado
Varios dientes de menos
Nalgas poco consistentes.
Sabes nada
Nada ves.
Un corazón desesperado por escribir
Unos bríos esperando oírte cantar
Harta alegría postergada
Besos prontos a la fuga
Manos prestas
Una piel dulce y gentil
Una verga enhiesta por si nos apetece gozar
Una curiosidad adolescente
Pero sabes nada
Porque nada ves

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ABC DE TRILCE: TALLER PARA NO INICIADOS

Público general. Online. Pequeños grupos.
Mes de abril, cuatro fechas. Martes 7, 14, 21 y 28/ jueves 9, 16, 23 y 30 (8-9:30 am o 8-9:30 pm).
Inversión: 100 soles (Plin), abono por adelantado, por las cuatro fechas.
MANIFIESTO VALLEJO SIMÉTRICO 2026
(Documento de Navegación para el Egresado del Taller “ABC de Trilce”)
Este manifiesto certifica que has dejado de ser un espectador de la palabra para convertirte en un habitante del Archipiélago Vallejo. A partir de hoy, tu lectura se rige por los siguientes principios:
1. La Verdad está en el Balbuceo
Aceptamos que las palabras más profundas no siempre son las más claras. Como en Trilce, cuando el sentimiento es demasiado grande para el idioma, tenemos derecho a romper la sintaxis, a inventar verbos y a dejar que el ritmo guíe nuestra voz. El “error” es la puerta a la autenticidad.
2. Habitar el Pensamiento Simétrico
Renunciamos a la lógica del “esto o aquello”. Abrazamos la lógica del “y”. Entendemos que:
• El hambre es también una forma de memoria.
• La soledad de la celda es el espacio donde nace la libertad absoluta.
• El pasado y el futuro ocurren ahora mismo, en el presente del poema.
3. La Geografía del Afecto
Reconocemos que cada poema es una isla, pero nadie está solo. El mar que nos une es el Pensamiento Simétrico. Leer a Vallejo es aprender a nadar entre las islas de la experiencia humana: el dolor, el gozo, la orfandad y el hogar.
4. Ciudadanía Trílcica Activa
Ser un ciudadano trílcico en 2026 significa:
• Ecualizar el ritmo propio: No aceptar el paso que nos impone el ruido del mundo.
• Vulnerabilidad como fuerza: No esconder nuestras cicatrices, sino mostrarlas como Vallejo mostró sus “húmeros”.
• Solidaridad en el pan: Entender que el sacrificio del otro es también nuestro, y que la mesa de la poesía es para todos.
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“Vbusco volvvver…” No buscamos llegar a una meta, buscamos la intensidad del regreso a lo que somos: humanos, contradictorios y profundamente vivos.
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Firma: Pedro Granados Agüero / Vallejo sin Fronteras Instituto (VASINFIN)

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