
Granados, Pedro (1994). “El mar como tema estructurante en la Fábula de Polifemo y Galatea de Luis de Góngora”. Lexis: Revista de Lingüística y Literatura (Lexis). 18(2): 177-96

Granados, Pedro (1994). “El mar como tema estructurante en la Fábula de Polifemo y Galatea de Luis de Góngora”. Lexis: Revista de Lingüística y Literatura (Lexis). 18(2): 177-96

Escribo esta breve reseña bajo el impacto del sol del Caribe: parsimonioso fuego por todas partes, cuerpos en permanente estado de ebullición. Los cuentos de Mario Guevara Paredes (Cuzco, 1956) nos hacen reír con nuestra calavera a mandíbula batiente. Quizá éste sea el rasgo característico de Matar al Negro (Cusco: Sieteculebras, 2003) –tal como a través de los grabados de José Guadalupe Posada– la paulatina metamorfosis del lector en un risible esqueleto que por todas partes hace agua. Por lo tanto, entronque de esta escritura con las pericias y las obscenidades del barroco hispano. Pericias por el vigilante, austero e inteligente ejercicio de la forma; obscenidades, por aquello de que se medita frente a las oquedades de una elocuente calavera. Rulfo, Onetti, Borges-Monterroso y un recóndito Vargas Llosa contribuyen al temple y condición moral de la bien afilada prosa de Guevara. Antes, quizá los huacos del arte precolombino y los lienzos de la escuela cuzqueña por la poderosa propuesta visual de estas mismas viñetas. Y con esto advertimos también una muy particular afinidad con otro de sus contemporáneos, nos referimos al excelente narrador beniano Homero Carvalho Oliva (Bolivia, 1957). Ambos son dos pesos medianos que practican el estilo de la paulatina demolición; es decir, la del incauto lector:

Desde que los trovadores de Provenza inventaron lo que para nosotros es el amor, en realidad casi nada se ha añadido al respecto. Probablemente podamos distinguir frente a este amor de la nobleza -remontándonos también a la escena medieval- un amor de la serranía (menor trámite y mayor corporeidad), pero siempre el esquema de la admiratio es común: el varón va hacia la dama, toma la iniciativa explícita, canta a su musa. Leer más

Tal como definiera Julio Ramón Ribeyro la novela, este poemario lo constituyen fragmentos prescindibles, pero que dan como resultado un todo imprescindible. Manuel Fernández (Lima, 1976), se propone en este su esperado primer libro reconstruir una época de la convulsiva historia peruana reciente y, al mismo tiempo, rastrear las señas de sí mismo como producto también de aquella cadena de zozobrantes -aunque no menos aletargadísimas- encrucijadas. Es decir, felizmente no hace mera y comercial literatura de la violencia, tópico con el que se ganan mala o buenamente la vida -según cuál sea y dónde se ubique la institución académica para la que trabajan- hoy por hoy los profesores (y no pocas veces también voluntariosos poetas o narradores) universitarios. Nada de esta agenda teórica oportunista y políticamente correcta; urdida, claro está, desde centros metropolitanos para sus ya taimados agentes o aquellos aún en vías de serlo: “Disposición de los espejos en el cuarto de la lavandería./ Razonamiento hegeliano y la especulación política propia de toda novela/ latinoamericana” (58). Leer más

Si nos atenemos a las antologías recientes de poesía uruguaya –Ejemplos: Antología plural de la poesía uruguaya del siglo xx, estudio preliminar, selección y notas de Washington Benavides, Rafael Courtoisie, Sylvia Lago, 1996; Poesía uruguaya, siglo 20: antología, Walter Rela, compilador, 1994)– la obra de Alfredo Fressia (nacido en Montevideo, 1948, y residente en San Pablo desde 1976), creemos está injustamente ninguneada en su propio país. Hasta ahora su poesía pareciera explicarse, sobre todo, por la anécdota de haber sido, según Luis Bravo, junto con Evohé (1971), de Cristina Peri Rossi, pionera en exponer, en el contexto uruguayo, la cuestión del “género” desde una perspectiva homoerótica, asi como en reunir textos de escritores uruguayos con este mismo tenor: “Amores impares” (Montevideo, Aymará, 1998) (“Alfredo Fressia: 30 años de poesía”). En este sentido, pues, se le concede a su poesía –junto a la de su connacional Roberto Echavarren– el mote de “marginal” (Roberto Appratto, “El lenguaje de la poesía uruguaya 1980-1997”). Sin embargo, una vez que leemos Eclipse. Cierta poesía 1973-2003 (Alforja, México, 2006), nos percatamos de la riqueza y variedad de sus motivos y temas, además de sus afinidades y distancias con la obra de algunos poetas peruanos, objeto de análisis en esta breve nota. Leer más

Este breve ensayo intenta, por un lado, dar cuenta de la sintaxis poética eielsoniana de su último periodo y, por el otro, reparar en las reelaboraciones que -sobre el tema del cuerpo, del sexo y de la mujer presentes ya en la poesía de César Vallejo y del Barroco- aquel autor nos propone. Leer más

Javier Sologuren (Lima, 1921-2004), de quien un crítico como Roberto Paoli puntualizara: “Non c’ é intenditore di poesía ispanoamericana che non lo collochi fra i maggiore lirici attuali del continente” (1), comenzó a publicar en 1944 (El morador) y sus poemas fueron apareciendo en libros y diversas revistas casi hasta el final de su fructífera vida (fue, además de poeta, profesor, traductor y editor). Al principio lo encandiló la estética neorromántica-barroca; luego, asimiló el surrealismo hasta que en 1960 (Estancias) define, siempre en el marco de su acendrado lirismo, una nueva poética –con un lenguaje marcadamente simbolista– que quizá podríamos tipificar como guilleniana o budista. Todo depende de si usamos sólo el mirador hispano para ello o, muy cara también a este poeta, una perspectiva cosmopolita –en este caso, el de su profundo interés por el budismo zen japonés– para leer su poesía. En Estancias se deja atrás una estética de la fuga a “otro mundo” (a través del neoplatonismo o el sueño), cuyo esquema podrían ser unos vectores que apuntan hacia lo alto, y se adopta –de modo extraordinariamente logrado– un esquema inmanentista. Es decir, el anhelo por “otro mundo” continúa, pero esta vez ya no está en lo alto, en un mundo paralelo trascendental o de ideas platónicas; sino que está aquí mismo, tal como a través de unos versos de Yasunari Kawabata –los cuales Sologuren toma como epígrafe para sus Folios del enamorado y la muerte (1980)– lo podemos colegir: “aquella blancura que habitaba las / profundidades del espejo / era la nieve”. Accedemos a este “nuevo mundo” mediante una experiencia de satori, epifanía o anagnórisis, pero necesariamente en nuestro mundo corriente y, de modo privilegiado, en el ámbito de la naturaleza.

Es el título que bajo Ediciones Trilce y la autoría de Reneé Scott acaba de publicarse en Montevideo. Antología útil para la investigación y eficaz en cuanto lectura placentera; es en este sentido que se abre a un público muy amplio. Otro de sus méritos es permitir ponernos al día sobre una literatura que incluye otros nombres además de los internacionalmente conocidos: las posmodernistas Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou o Sara de Ibáñez, y, más contemporáneamente, Cristina Peri Rossi, Ida Vitale o Marosa di Giorgio. En realidad, en esta antología figuran dieciocho escritoras, desde María Eugenia Vaz Ferreira (1875-1924) a Helena Corbellini (1959), agrupadas con un criterio, nos dice Scott: “plural y diversificado”. Y esto es muy cierto; ni bien empezamos a recorrer sus páginas nos percatarnos de la riqueza y variedad de las propuestas imaginativas agrupadas en este volumen. La muestra del trabajo de cada escritora (poemas o relatos) va siempre antecedida de un sintético perfil bio-bibliográfico-crítico por parte de Renné Scott. De este modo nos enteramos de información puntual útil y, no pocas veces, de sugestivas aproximaciones a la obra de aquellas escritoras, especialmente en lo que respecta a las representantes más jóvenes.

Es el título de un volumen editado por Víctor Toledo en Puebla (BUAP, 2000). Interesantísimo libro que funciona como vitrina tanto de lo que se especula es la poesía de México hoy en día, como de los propios crítico-poetas –nativos o avecindados en el país– que también ahora mismo son quizá sus autores más representativos. Los invitados por Toledo a colaborar han sido: José Pascual Buxó (España, 1931), Jaime Labastida (Sinaloa, 1939), Eduardo Milán (Uruguay, 1952), Vicente Quirarte (Ciudad de México, 1954), Javier Sicilia (Ciudad de México, 1956), Víctor Sosa (Uruguay, 1956), José Homero (Veracruz,1965), Ernesto Lumbreras (Jalisco, 1966) y Jorge Fernández G.(Ciudad de México, 1965). Como a simple vista podemos apreciar, y después tendremos oportunidad de comprobar, el editor aclimata voces de promociones distintas y de tendencias, diríamos, también disímiles. Mas, para sorpresa del lector, no permite que éste saque sus propias conclusiones una vez leídas las opiniones y los poemas de los antologados, sino que se encarga de colocar –justo inmediatamente después de la “Introducción”– un “Breve semblante de cal y canto” donde intenta advertirnos de lo que vendrá luego. En este sentido, este libro es también una marquesina de las ideas del mismo Víctor Toledo (Veracruz, 1957). Leer más

Ambos vates, sobredimencionados y al centro
Este artículo es lectura del diálogo intitulado “Mirko Lauer, Mario Montalbetti / Post-2000. Nueva poesía peruana” (Hueso Húmero, No 45, 2004). En realidad, como observamos graficado arriba, aborda la primera mitad de la materia de dicho coloquio: aquella activa (“Lauer / Montalbetti”), no aquella pasiva (la “Nueva poesía peruana”). Es decir, el nuestro es en lo fundamental el comentario de los conceptos que manejan e intercambian ambos autores -y consagrados poetas- en su conversación sobre poesía peruana reciente. Objeto de estudio, este último, enormemente tentativo y, dada la precariedad del distanciamiento temporal, quizá no menos subjetivo. Por lo tanto, es precisamente este recio carácter arbitrario y personal del análisis -“algunas impresiones a vuelapluma”, como alguno de ellos reconoce- lo que nos invita a estudiar a Mirko Lauer y Mario Montalbetti, más bien, como surtidores de opinión o creadores de sentido en un coto, vale puntualizarlo, altamente inflamable como es el de la poesía peruana última. No resulta gratuito agregar, creemos, que ambos contertulios son asimismo, y desde hace tiempo, coeditores de la conocida revista Hueso húmero; en consecuencia, más que ante una polémica nos hallamos -aunque con algunos significativos matices- como ante el canto alternado de una misma égloga. Por último, donde un poeta del 60 (Lauer) y otro del 75? (Montalbetti), asimismo afines, ensayan mantener -ante un nuevo público- su propia elegante o, digamos, siempre leve vigencia.