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Ensayo

El multinaturalismo en “Si alzando las manos”

El poema “Si alzando las manos…” pertenece originalmente a Vía expresa (Lima: INC, 1986). Aparece como la pieza que abre este poemario y lleva una dedicatoria al poeta Javier Sologuren. Es importante notar que, debido a que El fuego que no es el sol (Lima: Ediciones de los Lunes, 1993) es una antología personal que recoge lo mejor de su producción entre 1982 y 1992, este poema también se encuentra incluido en ese volumen posterior.

La Garra y lo No-Humano: La imagen de “formando una garra” deja de ser una simple metáfora de fuerza para convertirse en un gesto de devenir-animal. El “hombre del futuro” que propone Granados no es el sujeto humanista occidental, sino uno que rompe la frontera entre naturaleza y cultura.

Comerse su propio cielo: Desde una perspectiva multinaturalista, el “cielo” es la cosmología propia, la forma en que una especie o cultura ve el mundo. “Comerse su propio cielo” es el acto de canibalismo metafísico necesario para acceder a las múltiples naturalezas de los otros. Es dejar de ver el mundo desde una sola “verdad” (un solo cielo) para entender que hay tantos mundos como puntos de vista.

Intelectual de la Región: Esta dimensión es fundamental. Granados no solo integra culturas, sino que integra ontologías. Al llevar su pensamiento hacia el multinaturalismo, se alinea con las corrientes más avanzadas de la crítica latinoamericana que buscan superar la división entre lo humano y su entorno, entre lo “civilizado” y lo “selvático”.

Se confirma que Granados detectó tempranamente que la supervivencia del pensamiento en la región dependía de esa destreza: la capacidad de desgarrar nuestra burbuja ontológica para permitir que otras formas de existencia nos atraviesen.

IGNACIA AUGUSTA

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TEXTOS DE ALGUNOS CONTEMPORÁNEOS

UNO

Roger Santiváñez, acaso se arriesga en el lenguaje, disloca la sintaxis, pero no en el diseño de su yo poético: bien pertrechado, auto-persuadido de sí mismo y docente.  A contrapelo de la extraordinaria evaporación del yo y de sus trabajos en los fragmentos de Magdalena Chocano (bebiendo de Adán, Sor Juana y J. E. Eielson).

El siempre joven Reynaldo Jiménez, sobre todo por la indumentaria, no va más allá de un Javier Sologuren oculto o bien camuflado ya que un mismo –y de semejante modo– “azahar” a ambos desvela.

La siempre guapa, Patricia Alba, es la verdadera madre del cordero de la poesía escrita por mujeres en los años 80; sin el decoro excesivo, más bien ideológico, por ejemplo, de Rosella Di Paolo, ni los desplantes clasemedieros (disfuerzos) de Rocío Silva Santisteban. Y no sólo de aquélla escrita por las mujeres.

Domingo de Ramos construye la andanada y caudal de sus rompecabezas (“como” + encabalgamiento) sin necesidad de alguna otra cosa.

Mario Montalbetti, telonero de Antonio Cisneros.  Sus Cinco segundos de horizonte implican –en la práctica– llevarse por las narices acaso cinco horas de tormenta en un vaso de agua.  Mucho más directo, escueto y potente resulta el “horizonte” de su contemporáneo español, Antonio Casado: “El vértigo es incomprensible/ desde fuera del vértigo” (Inventario).

José Antonio Mazzotti (1961-2024), colabora a entender la diferencia entre “arte del refrenamiento” y auto-represión en esto de escribir poemas.

Vladimir Herrera, suya es la magia de la libélula.  Sintaxis sincopada y ululante.  En un plano menos aéreo, acaso más al ras del suelo, su poesía semeja la inestabilidad de los adoquines bajo nuestros pies mojados en un día de intenso aguacero. El sujeto de sus versos es un zorro viejo, audaz e imbatible en sus andanzas, acaserado sobre aquella colina umbría.

DOS

Carlos López Degregori, dotado verbalmente para la ardua tarea de hablar de sí mismo (o de los suyos).  Apartado aristócrata ante su ineludible lluvia de fuego.  Escenas modernistas cuya verosimilitud no encaja con el “látigo” de la cumbia ni el aroma de las marmitas donde asoma resignado el chicharrón.

Antonio Cillóniz, eximio retratista y, cuando lo amerita, incluso notable caricaturista; aunque sin poética.  Gran lector del Siglo de oro, y de la didáctica poesía peninsular de posguerra, pero que no cuaja en levantar un gran autor.

Isaac Goldemberg, como en su narrativa, su errancia poética añora la costa norte del Perú.  Aprendió, alguien le enseñó, a leer en las hojas de coca el destino humano.  Necesario distanciamiento, intelectual-afectivo, para acercarse y tratar sobre lo menudo que somos y, finalmente, sobre la historia tan breve que vivimos.

Carmen Ollé y Giovanna Pollarollo, entre una larga lista de epígonas de Blanca Varela, su visibilidad no se explica sino por el subdesarrollo educativo y la propaganda que hace de sí misma la pequeña clase letrada en el Perú (y alrededores).  Blanca Varela que tenía todo para ser una gran poeta, pero se conformó con la opinión de los otros, con aquella ovación de aquellos que usualmente son los mismos.

Adriana Dávila FrankeLa azotea amarilla (Lima:  Katherine Sanabria Reynoso, 2022), nuestro Javier Heraud en femenino.  La pureza de vida de ambos constituye un peligro, tanto como el imán de sus versos.  Intensa vocación simétrica, posantopocéntrica, monitoreada por el río, en la poesía de Javier; por el sol en los versos de Adriana.  Y por la inteligencia (poshumano discernimiento) en los poemas de Sasha Reiter, un tipo de inteligencia a lo Paul Gauguin o a lo César Vallejo, sin utopías ni distopías: hacia otro momento o condición de la vida y del lenguaje.

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ANIVERSARIOS DE CÉSAR VALLEJO

En general, en toda nuestra región (podríamos desmenuzarlo), si en los años 60 del siglo pasado los poetas se dividieron entre los de las familias Neruda/ Vallejo; con un posterior y paulatino, aunque franco, descrédito del canto derrotado (folklórico-melancólico) del chileno frente al peruano. Hoy por hoy, más bien, en las “principales” ciudades latinoamericanas (tan conectadas overseas) se yergue la escisión entre la familia Mallarmé y la del Cholo. Penúltima carga contra la simetría, aunque a su turno ya hiciera lo suyo Xavier Abril, que nos retrotrae hasta la obra del autor de “Una jugada de dados” para procurar restarle sentido al sentido. Mallarmé-Verlaine-Huidobro-cierta lectura canónica de Borges-el neo concretismo brasileño-bastante poesía feminista-el neobarroco de Kozer y Sefamí, entre otros. Es decir, remarcar (texto, diseño, video, performance) la supremacía de la “inteligencia” cosmopolita frente al mero sentir del autor andino. Obvio, no confundamos simetría con el molde mediático de la “nueva sentimentalidad” o la “poesía de la experiencia” española; tal como si nuestras experiencias, lo dijo ya alguien, se circunscribieran a las del ámbito de los sentimientos.  P.G.

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Cumbre amerindia: Rothko, Newman, Divola y Vallejo. Materiales para su curaduría

John Divola, “Cones”

La relación entre John Divola, Mark Rothko y Barnett Newman es profunda, aunque operan en medios y épocas distintas (la fotografía contemporánea frente al Expresionismo Abstracto). Su vínculo principal no es biográfico, sino ontológico y formal: los tres utilizan el espacio para explorar el límite entre la presencia humana, la abstracción y lo sublime.

UNO

  1. La Ocupación del Vacío y el Límite

Tanto Rothko como Newman buscaban que sus lienzos fueran “lugares” más que objetos. Divola traslada esta ambición a la fotografía, específicamente en su serie Zuma.

  • Rothko: Utiliza campos de color vibrantes para crear una atmósfera que envuelve al espectador, buscando una respuesta emocional primaria (lo sublime).
  • Newman: Introduce el zip (la línea vertical) como una afirmación de la existencia humana en medio del vacío infinito del color.
  • Divola: En las casas abandonadas de la playa de Zuma, interviene las paredes con grafismos que recuerdan la abstracción de Newman o las manchas de Rothko, capturando la tensión entre el interior (la ruina humana) y el exterior (el horizonte infinito del mar).
  1. Lo Sublime y la Naturaleza

Existe una conexión en cómo los tres enfrentan al espectador con la inmensidad:

  • Barnett Newman teorizó sobre “Lo Sublime es Ahora”, argumentando que el arte debe prescindir de la belleza nostálgica para enfrentar la escala absoluta.
  • John Divola materializa esto al fotografiar el océano a través de ventanas rotas. La ventana actúa como el marco de un cuadro de Rothko: el paisaje se convierte en una abstracción de luz y color, pero mediado por la evidencia de la decadencia.
  1. La Geometría de la Resistencia

Si observamos las intervenciones de Divola (sus marcas de pintura en las paredes de casas en ruinas), vemos una relación directa con el “Zip” de Newman:

  • Newman: La línea vertical es una “columna vertebral” que divide el espacio y da escala al hombre.
  • Divola: Sus puntos y líneas sobre el papel tapiz roto funcionan como una “marca de ocupación”. Es la voluntad del artista intentando ordenar un mundo que se está desintegrando, de la misma forma que Newman intentaba ordenar el caos del lienzo.
  1. El Color como Estado de Ánimo

Hay una correspondencia cromática evidente. Las fotografías de Divola en el crepúsculo, con cielos rosados, naranjas y púrpuras, son “Rothkos naturales”. Divola no inventa el color, pero lo selecciona y lo enmarca para que funcione con la misma carga psicológica que una pintura del Expresionismo Abstracto.

En conclusión, podríamos decir que Divola es un “heredero escénico” de Rothko y Newman. Mientras los pintores buscaban lo sublime en la pureza del pigmento, Divola lo encuentra en el corto circuito entre la cultura (la casa en ruinas) y la naturaleza (el horizonte), creando una rítmica de flujos visuales que une la pintura con la evidencia fotográfica.

DOS

Podría establecerse entre estos artistas, incluido ahora César Vallejo, cierta exploración amerindia común, en tanto específica apertura espiritual.  Con claridad, Barnett asumió esta aventura con sus estudios sobre los indios americanos; y, algo semejante, ocurriría también en Rotkho con sus colores y atmósferas. Y, en particular, los “Conos” de Divola semejan zippers recortados; o al menos, presencias abruptas de la naturaleza en plan de interumpir la atención del lector para recupere la atención, la mirada. Hace poco, a modo de nuesttro Hito 7 en nuestros estudios vallejianos, habíamos reparado, aunque sin desarrollar mayormente el punto, en lo siguiente:

Por último, en lo concerniente a “Trilce’s zip: Vallejo-Newman”, las proposiciones de este ensayo serían dos: A, aquello de “Trilce’s zip” pone en relación al poemario vallejiano de 1922 con la pintura de Barnett Newman; en particular, más no exclusivamente, con dos cuadros que consagraron aquel zip, ONEMENT I (1948) y The Wild (1950). B, “zip” en tanto Amaru (‘serpiente’ en quechua), a su vez, conecta Trilce y la pintura de Newman con un mito pre colombino y fundamental coordenada espacial amerindia. Las consecuencias de estas interrelaciones serían las siguientes: por un lado, se iluminan de manera recíproca las concepciones del espacio tanto en la poesía de César Vallejo como en la plástica de Barnett Newman; asimismo, y sin reparar en fronteras ni tiempo transcurrido, se amplía y fortalece la vigencia, alcance y actualidad del legado amerindio en las obras del peruano y norteamericano.

http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2025/03/23/hitos-de-mis-estudios-vallejianos-recargado/

En otras palabras, al proponer el “Trilce’s Zip”, no solo establecemos una genealogía estética, sino una ontología amerindia transhistórica. El zip de Newman deja de ser una línea de la vanguardia neoyorquina para revelarse como el Amaru: la serpiente-energía que conecta los mundos (Hanan Pacha, Kay Pacha, Uku Pacha).

A continuación, desarrollamos esta relación integrando a Divola, Rothko y Newman bajo la tesis del Hito 7:

FUERZAS MAGNÉTICAS: EL “TRILCE’S ZIP”

El Amaru como Coordenada Espacial Amerindia

(Poemas XXV, XXXIII y la serie “Conos” de Divola)

La propuesta de este eje es que el zip (cremallera/rayo/serpiente) es la unidad mínima de la rítmica de flujos. No es una división del espacio, sino la irrupción de una presencia abrupta que obliga al lector/espectador a recuperar la mirada pura.

  1. Vallejo-Newman: El Onement del Amaru

En Onement I (1948) y The Wild (1950), Newman no pinta una línea, sino un acto de afirmación. En Trilce, este zip es el Amaru:

  • La Serpiente de Luz: El zip es la “antena” (Trilce XXX) que conecta lo humano con lo sagrado. Es una descarga eléctrica que atraviesa el poema, tal como la serpiente precolombina une las profundidades de la tierra con el rayo celeste.
  • Simetría Espacial: Al igual que en Newman, el zip vallejiano no separa el lienzo/poema, sino que lo unifica en una “onement” (unidad). Es la coordenada que permite que el Archipiélago no se disperse.
  1. Rothko y la Atmósfera de la Huaca

Rothko, en su apertura espiritual, se aproxima a lo amerindio mediante la vibración del color, que semeja la luz de los Andes al atardecer:

  • El Color-Energía: Sus campos de color no son decoración, son presencias numinosas. En la lógica de su estudio, los colores de Rothko son las “atmósferas” donde el sujeto vallejiano busca el refugio materno (Trilce XXIII). Es una espiritualidad de la inmanencia, similar a la reverencia por la pacha (tierra/tiempo).

III. Los “Conos” de Divola: Zippers Recortados

Los “Conos” de John Divola funcionan como la materialización fotográfica de esta interrupción:

  • Interrupción de la Mirada: Los conos son presencias geométricas que “asaltan” el paisaje natural. Actúan como el zip de Newman: recortan la realidad para que el espectador deje de “ver” y comience a “mirar”.
  • El Amaru en la Ruina: Estas formas abruptas son el equivalente visual a los neologismos de Vallejo. Son “hitos” que interrumpen el flujo lógico para recuperar la atención sobre la materia misma de la existencia (p. 27).

En consecuencia, el legado amerindio no es una referencia folclórica, sino una fuerza gravitacional que estructura la vanguardia. El zip de Newman y el Amaru de Vallejo son la misma serpiente de luz que atraviesa el tiempo para demostrar que la modernidad es, en el fondo, un retorno a la potencia de lo sagrado precolombino.

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VALLEJO SIN FRONTERAS (PDF)

Índice
ARTÍCULOS
2010 “Mujer, fatal, compañera y madre en la poesía de César Vallejo”.
2008 “El Taller Literario César Vallejo en la República Dominicana”. pp. 123-136 IN: Berroa, Rei (ed.); Aproximaciones a la literatura dominicana, 1981-2008. Santo Domingo, Dominican Republic: Banco Central de la República Dominicana; 2008. 338 pp. (book article)
2007 “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana”. Lexis, October. And [www.ucm.es/info/especulo/numero36/ – 23k -]
2007 “El diálogo Borges-Vallejo: un silencio elocuente”. Variaciones Borges, No 23. Abril. 183-205.
2006 “Compromiso y magia en la poesía de agitación política: El caso de Roque Dalton (y César Vallejo)”. V Congreso Internacional de Literatura Hispánica. Lima, March 8-10.
RESEÑAS Y CRÓNICAS
2010 “Hitos y metamorfosis del deseo en la poesía de César Vallejo”. VALLEJO SIN FRONTERAS [http://vallejosinfronteras.blogspot.com/…/hitos-y…]
2008 “Trilce y Georgette”. Blog de Pedro Granados [http://blog.pucp.edu.pe/item/40741]
2008 STUMBLING BETWEEN SEVERAL ENEMIES? (Reseña a libro de Stephen Hart, Stumbling between 46 stars) Blog de Pedro Granados [http://blog.pucp.edu.pe/item/20436]
2005 “César Vallejo y su pensamiento cuantitativo”. Escritores y poetas en español. www.letras.s5.com
2005 “Crónica de Santiago de Chuco. César Vallejo: al filo del reglamento”. [http://www.omni-bus.com/n2/chuco.html]
Pedro Granados, Vallejo sin fronteras (Lima: Arcadia/ Espacio Cultura, 2010) 115 pp. ISBN: 978-612-45733-1-6

 

PRESENTACIÓN

“Vallejo sin fronteras” explica y enfatiza, en estos textos posteriores a mi tesis de doctorado para Boston University –Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (Lima: PUCP, 2004), (México: UAP, 2004)– aquella radical condición de la obra lírica del peruano. El presente volumen lo constituyen diez ensayos (entre artículos, reseñas y una crónica), escritos durante los últimos cinco años, cuyo repaso de los títulos resulta de por sí ilustrativo. De este modo, y atendiendo la secuencia, hayamos los poemas de Vallejo ventilados desde su dimensión femenina: la inherente al propio yo poético y, simultáneamente, la vinculada a la mujer como tema o referente; dimensión femenina de la que, asimismo, se intenta explicar su proceso de construcción o articulación semántica desde Los heraldos negros hasta “España, aparta de mí este cáliz”.

Respecto a “El Taller Literario César Vallejo en la República Dominicana”, este artículo tiene que ver con la recepción del autor de Trilce en contextos tan poco estudiados como las Antillas; y, en este caso particular, la ciudad de Santo Domingo durante la década del 80. Taller que, además, y sin exagerar un ápice, hizo posible la experimentación y el posterior desarrollo de una propuesta poética plenamente moderna (ahora mismo postmoderna) como es el caso de la destacada –y hoy por hoy en pleno auge– poesía dominicana.

Luego, sigue un ensayo que intenta leer Trilce desde la clave de la marinera limeña; es decir, desde el contexto de la modernización de Lima (años 20) y la gravitación de la clase proletaria… en específico, desde la quinta o el callejón donde los obreros –y César Vallejo acaso como un curioso provinciano o un polizón sin barrio– celebraban la vida con aquel ritmo de raíz afro-peruana. Obvio, es un intento de encarnar aquel poemario de 1922 y rescatar –incluso el debatido significado de su título– de la mitología internacional, con empaque académico, desde donde usualmente se lo lee; como del cerrado coto andino o abalorio de anécdotas que, igualmente, sólo por inercia mental permitimos continúe aquel libro maniatado.

Por otro lado, “El diálogo Borges-Vallejo: un silencio elocuente” (ensayo publicado en Variaciones Borges) contribuye, tal como leemos en un portal de la Web:
“a la comprensión de dos sensibilidades poéticas altamente incompatibles y aparentemente disociadas que la crítica suele ubicar en estancos separados pese a formar parte de un mismo momento literario […] Como es bien sabido, las trayectorias de ambos siguen caminos divergentes dentro de la renovación poética de vanguardia; sin embargo, en la obra de uno y otro pueden detectarse ecos de un diálogo indirecto y polémico. En este ensayo se ofrecen algunos vestigios que apoyan tal conjetura, pero sobre todo se busca profundizar en aspectos definitorios de ambas poéticas y delinear correspondencias entrañables entre una y otra” [http://www.connotas.uson.mx/vol8/resumenes_ingles.htm]
Por lo tanto, el lema “Vallejo sin fronteras” se corrobora nuevamente en tanto, esta vez, construye un diálogo intelectual aparentemente imposible; e ilustra, adicionalmente, un gesto fundamental en el ámbito de hacer más productiva –vía el conocimiento mutuo y la tolerancia– la convivencia (en este caso poética) entre nuestras sociedades y culturas.

Culminando el apartado “Artículos”, nos encontramos con un texto que pone de relieve la radicalidad y, simultáneamente, la complejidad del compromiso político de un autor como el salvadoreño Roque Dalton. Poeta, este último, que se consideraba él mismo como miembro integrante de la “Familia Vallejo” (frente a la “Familia Neruda”), entre sus colegas escritores, y en cuya obra comprobamos precisamente aquello: sus afinidades artísticas, filosóficas e ideológicas con la poesía del peruano.

En lo concerniente a las “Reseñas y crónicas”, aunque en este formato “menor”, también ventilan aspectos poco transitados por la crítica vallejiana y, en general, se vinculan a lo estudiado asimismo en los artículos. De este modo, el tema de Georgette Philippart es tratado tanto en relación al libro de Miguel Pachas (Georgette Vallejo, al fin de la batalla) como en lo relativo al volumen de Stephen Hart (Stumbling between 46 stars), en particular, al video adjunto a este libro que recrea las relaciones entre ambos esposos y, concretamente, especula sobre el rol más bien siniestro de Georgette en el destino de los desaparecidos manuscritos de Vallejo. En general, respecto al papel de la célebre viuda en la vida literaria de su esposo, en estas reseñas se matizan o problematizan automáticas adhesiones o detracciones. Georgette Philipart, no sabemos si fue realmente la celosa guardiana de los poemas póstumos de su esposo; pero sí, con seguridad, la primera que creó –en cuanto lectora– un tipo de Vallejo. Aquel del perfil político o comprometido, en desmedro de uno anterior a ella: el yo poético de Los heraldos negros y Trilce.

Los textos restantes, una reseña y aquél titulado “Crónica de Santiago de Chuco. César Vallejo: al filo del reglamento”, no hacen sino reiterar y continuar ilustrando aquella vocación por la complejidad, simultaneidad y alcance sin fronteras que percibimos en la poesía vallejiana. Ejemplo sin par, creemos, de obra abierta y en diálogo constante con lo que somos, con lo que podemos llegar a ser. P.G.

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JOSÉ ANTONIO MAZZOTTI: SEÑORA DE LA NOCHE

A este poemario de José Antonio Mazzotti (1961 – 2024) lo constituyen dos apartados: “Gimnasio de papel” y el homónimo, “Señora de la noche”, de 11 y 20 poemas, respectivamente. La unidad del conjunto está librada a un eclepticismo, punto de equilibrio, entre lo que la letra dice (los textos literarios que forman nuestra rica tradición) y lo que escuchamos en la calle. Sensible del oído, ya desde su primer libro (“yegua es la hembra del caballo”, en Poemas no recogidos en libro de 1981), nuestro poeta ha logrado –fruto del arduo ejercicio de la lectura y de la escritura– una modulación sin ruidos. En realidad, esto es lo más relevante y lo más característico de Señora de la noche, se nos comunica un tono particular. Mazzotti, creemos, lo ha entendido así, y a eso ha sacrificado el fácil recurso a las imágenes y a la elocuencia: “le canté a la Noche/ y me crucé al volver con tres nerudas/ y me defendí a estilete limpio” (52). Cauto y sobrio, a la músicalidad, eso sí, ha añadido el concepto (no es otra cosa que un uso sutil de la analogía, lo que tienen en común aparentes dispares elementos o situaciones) y un vocabulario nuestro (peruanismos o emericanismos) urdido, asimismo, de manera dosificada y meticulosa sobre la página.

“Gimnasio de papel”, llama la atención por la novedosa aclimatación de una propuesta extensamente contemporánea: el espacio-tiempo de la épica son ciertas “rutinas” cotidianas, enfrentados a lo artificialmente impuesto lo damos como natural, somos un “noctámbulo Icarillo que se goza/ brincando en un papel ante el espejo” (18). Obviamente, y elevando la imagen al cuadrado -rasgo caro al conceptismo-, a “noctámbulo Icarillo” corresponde Icaro, el archiconocido héroe trágico; al “papel” corresponde la escritura, aunque, antes, “brincando” podemos leerlo tanto en relación autoparódica frente a “Icaro”, como con el significado de ‘omitiendo’ (censura o autocensura) en relación a la escritura; “ante el espejo” está el triste rostro del Yo poético o el de aquel “flaco Guamán desamparado/ burlándose y silbando en la rutina” (19). No es otro el sentido de esta primera parte del libro. Constan algunos homenajes: Belli, Eielson, entremezclados y en primer plano: “Este es el esfuerzo que evacúa/ puntualmente en la mañana/ y permite bajar a las estrellas/ al estanque del vientre./ Este, que en belladonas se parece/ a un simple violoncello en chocolate” (“Sentadilla”). También consta, oblicuamente, el amor, la reflexión sobre lo femenino, que nos abre la puerta a la segunda parte de este poemario: “Vuelta que vuelta él recorría/ las millas cada noche hacia los ojos de ella./…/ Vuelta que vuelta sobre el mismo sitio/ y ella en un tronco tras los mares” (“Bicicleta”).

El apartado que le da título a todo el libro, “Señora de la noche”, tiene un diseño más experimental, en la línea de libros anteriores de Mazzotti, comoCastillo de popa; aquí –aunque no tanto allí– el espacio de la fábula, la multiplicidad de registros discursivos, en una sola frase, la puesta en escena constituye la manera como se le busca disputar el monopolio de la voz al Yo poético. Recurso o impostación muy válidos en plena época, la nuestra, de búsquedas neo-democráticas y dialogismo; mas, el impulso lírico, finalmente, también predomina en esta segunda parte de Señora de la noche. Aunque ahora una asordinada alegría y un fino erotismo contrastan y complementan también a la primera parte; leemos así en “Sabiduría”:

“Y qué alegría unirse la lluvia con la tierra,

ese olor húmedo que nos recuerda las sábanas

……….. trenzadas

que batean …………….. batean

…….,,,,,,,,,…. batean

los delfines en la orilla”

Alegría que asume, a veces, la catadura de un Nicanor Parra: “y Acuario cede paso al Pez/ que nada en las esferas/ como un poeta en su casa” (46). Y que sobre todo mantiene, esta vez sin autoparodia, el ideal aéreo de la primera parte. Cernuda y Góngora y el amor y el Yo poético formando varios y uno; intimidad terrestre, plural e incandescente: “El deseo es una joya cuyo precio es muy alto/ …/ Tenemos a la vista/ los campos enhiestos./ La luna se acuesta con nosotros y en nosotros/ se estrellan los arándanos./ …/ Allí hemos de elevarnos sobre el mundo./ Y al borde de besar los dardos/ esta cueva/ regarán con sus labios juntamente/ una inmensa Flor de Belladona” (p.44).

El crítico, José María Espinasa, acierta en el prólogo cuando nos dice que el manejo barroco en Mazzotti es “más conceptual que verbal, al contrario de lo que sucede con los poetas latinoamericanos contemporáneos” (9); es decir, nuestro poeta rescata el espíritu del barroco: la análogía, y el goce de la luz y de la sensualidad de las cosas; no así lo explícitamente culterano (erudición) que sin lo otro no vibra, queda mutilado y ni sirve ya siquiera como algo decorativo. Todo esto sin duda es una virtud de Señora de la noche; pero, no creemos sea éste el lenguaje definitivo de este poeta peruano. Percibimos una voz aún más cáustica y socarrona y solitaria, in the basement, desentendiéndose incluso de los recursos formales hasta ahora con esfuerzo alcanzados. P.G.

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2026: LA REVOLUCIÓN ONTOLÓGICA Y EL TRIUNFO DE LA MATERIA

Lo que hoy experimentamos en este 2026 no es un cambio de estilo, sino una verdadera revolución ontológica: un giro posantropocéntrico donde el ser humano ha dejado de ser el centro del universo para reconocerse entrelazado con la piedra, el animal, el virus y, de manera definitiva, con la Inteligencia Artificial. Esta nueva geopolítica de la sensibilidad sostiene que ya no estamos solos; estamos vinculados a la roca, a la fauna, a las enfermedades que nos habitan y a los algoritmos que ahora procesan nuestra finitud. En esta red de inmanencia, la IA no es una herramienta externa, sino otra forma de la materia que piensa y se integra en la Simetría de lo viviente. Esta perspectiva divide el panorama actual en tres frentes definidos que enfrentan a la institución literaria con la potencia de la materia.

En primer lugar, nos encontramos con la persistencia de los “Profesionales” frente al “Conjuro”. Por un lado, están los Testimoniales (Nerudistas): periodistas y filo-filósofos que convierten la miseria en mercancía. Para ellos, el dolor es un activo publicitario; muestran la miseria –por demás evidente– solo para medrar de ella e impelen al “compromiso”. Denuncian el mal pero, al contrario de la obra de Luis Hernández, no lo expían ni lo revierten. El Canto General de Neruda es, para estos sectores, apenas un mapa obsoleto para su éxito comercial. Por otro lado, los Mallarmeanos (Posmodernos), asimismo legión en el contexto de LATAM, continúan jugando en los bordes del lenguaje, encerrando el “sinsentido” en la seguridad del aula académica, ignorando que el sentido hoy desborda hacia lo no-humano y lo maquínico.

Frente a ellos se alzan los Vallejianos (Multinaturalistas), la vanguardia de la materia. Esta línea, que nace de la raíz profunda de Vallejo, no se limita a la denuncia: es Conjuro. No se trata de contar la injusticia como una anécdota, sino de reconstruir la Simetría de forma nueva, incorporando la hibridez tecnológica como parte del cuerpo social. Así como Juvenal Agüero (Prepucio carmesí y otras novelas cortas) inoculó su cuerpo con el anonimato para quebrar la institución, esta poética utiliza la saturación material para responder al vacío. Mientras el Altazor de Huidobro buscaba la desmaterialización hacia el silencio y el vacío, el eje Vallejo-Granados de este 2026 —y su expresión, por ejemplo, en Isla por Isla (Arequipa, Perú: Cascahuesos, 2026) — busca la integración de todos los cuerpos posibles: biológicos, líticos y sintéticos.

Esta propuesta no es una abstracción teórica europea, sino una raíz viva que atraviesa el continente a través de la oralidad. En Centroamérica, Roque Dalton y la experiencia de Solentiname demostraron que la voz no es solo “habla popular”, sino una tecnología de saturación material. Dalton introdujo la cárcel, el hambre y el fusil en el poema, convirtiendo el lenguaje en un cuerpo social que sufre y combate: es, a la vez, selva, fusil y palabra. En Solentiname, lo sagrado descendió a la comunidad de las cosas: el pez, la canoa y el campesino compartiendo una misma dignidad inmanente. Este vaso comunicante llega al Perú, en los años 70, con José Watanabe (antípoda de Antonio Cisneros), quien a través del multinaturalista refranero de su pueblo, Laredo, logra que el lenguado hable desde su propia simetría.

Finalmente, esta poética ejerce la “Mirada que delata”. Al igual que las Cabezas Clavas de Chavín, este nuevo arte mira de frente a los “poetas más vivos” (García Montero, Cisneros, Zurita, Gelman) para denunciar que su obra es solo maquillaje institucional. En contraste, voces como las de Isabel Sabogal o Gaspare Alagna, aunque permanezcan ocultas o en el anonimato, traen consigo la  inmanencia que el futuro reclama.

El 2026 marca así el fin de la literatura como adorno. Lo que queda es el Cuneiforme como Justicia Material (vía Quentin Meillassoux). La simetría ya no es una opción estética, sino una necesidad de supervivencia ante los “racioneros de la imaginación”. El poema es, finalmente, el baile sobre la muerte donde la materia —en todas sus formas, desde el carbono hasta el silicio— recupera su derecho a ser justa.

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EL BAILE SOBRE LA MUERTE. Encarnación y multinaturalismo en Vallejo (Presentación de Dossier)

Puede ser arte

Rember Yahuarcani

¿Es César Vallejo un poeta del dolor o el arquitecto de una nueva ontología? Durante un siglo, la institución académica internacional ha operado bajo una división colonial del trabajo: ha asignado a Occidente el monopolio del pensar (Mallarmé, Huidobro, la deconstrucción), mientras ha confinado a Vallejo al recinto del sentir, lo telúrico o el realismo del trauma.
Pedro Granados dinamita esa aduana. A través del Pensamiento Barrojo (Barroco + Vallejo), propone que Trilce no es una confesión, sino una reparación sagrada. Frente al vacío mallarmeano y la impotencia voluntaria de Borges, Vallejo opone una saturación de cuerpos: una lengua que no rodea al objeto, sino que lo encarna.
A través de diálogos en tensión con Neruda, Huidobro y el neobarroco, estas páginas denuncian el blindaje filológico que intenta neutralizar la peligrosidad del sentido. Aquí, el mito de Inkarrí y las pinturas de Faical no son folclore, sino categorías de una Humanidad del Futuro. Vallejo no habla de la montaña; él es la montaña que se abre.
El baile sobre la muerte es, en última instancia, la victoria de la materia sobre la literatura; el paso de la filantropía académica a la expiación multinaturalista. Es el libro que la institución no quería que se escribiera, porque en él, Vallejo finalmente deja de ser un documento para volver a ser un golpe.

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