DE MI CUADERNO DE NOTAS
La ecuación SOL / SOY (Sol / Yo) en Trilce condensa el núcleo más radical del Pensamiento Simétrico vallejiano. Lejos de operar como un mero calambur, un malabarismo tipográfico o una alegoría astronómica decorativa, la fórmula revela que el Sol es el Yo (SOL = SOY): una fusión multinaturalista y somática donde el mito ancestral y la presencia diaria del sujeto encarnado se vuelven la misma materia incandescente en el presente.
Este «aparente e inocente juego de palabras» no surge como una ocurrencia fortuita en la vanguardia de 1922; es el punto de ebullición de un proceso de autoidentificación poética y ontológica que se remonta a Los heraldos negros (1918), señaladamente en el poema «Huaco». En dicho texto, el sujeto lírico rehúsa la postura nostálgica, el indigenismo folclórico o la mirada de museo para realizar una autodefinición directa con la figura del Inka y la herencia andina. El huaco no es una pieza arqueológica inerte, sino una presencia viva, una síntesis de identidad cultural, física y ciudadana. Es ahí donde operan los «fermentos de Sol»: la simbología y la mitología solar incaica que Vallejo proyecta como fuerza de resistencia, vitalidad y soberanía somática.
Esta trayectoria alcanza su momento culminante en los versos finales de «Huaco»*, donde, bajo la pulsión soterrada de la anáfora implícita (Yo soy), el sujeto sentencia: «¡Un fermento de Sol; / levadura de sombra y corazón!». Aquel fermento por antonomasia es Inkarrí: no una alegoría congelada ni una utopía abstracta, sino la levadura viva que ya viene, el mito solar que ebulle en la masa del cuerpo y en las entrañas de la historia.
Esta progresión se sintetiza en la continuidad lineal de su poética:
«¡Un fermento de Sol!» (1918)* → SOL / SOY (1922) → «Soy Inkarrí»
Por ello, la ecuación SOL / SOY en Trilce debe leerse como un enunciado ontológico rotundo: «Soy Inkarrí». La restitución de la cabeza al cuerpo del mito andino no ocurre en un plano alegórico abstracto ni en una promesa futura, sino en la inmanencia pura del verso. El Yo poético, al afirmarse como Sol, encarna el cuerpo restaurado de Inkarrí que habla, sufre y baila en la página.
Esta lectura establece una frontera crítica e infranqueable con las vanguardias puramente formales, como el Concretismo brasileño o la poesía técnica. Apoyándonos en la lectura de Paulo Franchetti, la obsesión por la novedad tipográfica, por los mass media o por el urbanismo tecnológico corre el peligro de subordinar el poema a una carrera perdida de antemano contra el tiempo: la tecnología cambia infinitamente más rápido que la técnica literaria. Cuando la poesía se reduce a una «cuestión de técnica» y al fetiche del «¿quién hizo esto primero?», el poema caduca y termina archivado como un objeto fósil en el museo.
Frente al formalismo aséptico y al «saber sin cuerpo», Vallejo no sostiene la potencia de Trilce en un soporte tecnológico ni en una pirueta mediática exterior. La verdadera ruptura de Trilce radica en su densidad somática y mítica: en la capacidad de hacer del verso un organismo vivo donde la ecuación SOL / SOY («Soy Inkarrí») resiste al tiempo y al museo mediante el trance, la inmanencia y la soberanía insobornable del cuerpo presente.
*HUACO
que mira por la lente de una llaga,
y que atado está al Globo, como a un huaco
estupendo que girara.
la necedad hostil a trasquilar
un vellón de oro santo,
que una nota de yaraví ensangrentará.
por latino arcabuz;
y a flor de humanidad floto en los Andes,
como un perenne Lázaro de luz.
en áureos coricanchas bautizados,
y que, tras de la tumba de los siglos,
vuelve a llorar en mis ojos cansados.
los nervios rotos de un extinto puma.
¡[Yo soy] Un fermento de Sol;
levadura de sombra y corazón!

