Trilcescenas: I/LXXVII

“Trilcescenas: I/LXXVII” explica, puntualmente, los poemas-escenas de Trilce e identifica sus imágenes protagónicas.  Recrea el esquema, retablo o puesta en escena general del poemario.  Nos quedamos con esta última frase (“puesta en escena general”) porque, aunque cada uno de los LXXVII textos de Trilce configure un evento o acontecimiento independiente, el entramado de sus imágenes no es autónomo.  Es decir, estas últimas tejen una red de afinidades –solidaridades, complementaciones, inversiones– e incluso honran entre aquéllas una jerarquía según sea su relevancia temática o conceptual respecto a todo el libro.  Este será el caso de Trilce I, cuya trama y actores inmersos en ella, y no solamente por constituir el cuadro liminar, tendrá un singularísimo relieve en todo el conjunto del poemario.  Sin embargo, debemos adelantar, y tal como sucede con los pares binarios de cada una de las escenas “cerebro” que se trocan en andróginos en el primer capítulo, “Trilce/Teatro: guión, personajes y público”, que con Trilce I no existe excepción; es decir, también esta escena se tornará complementaria y se metamorfoseará en relación a otras.  Lo específico de nuestro segundo capítulo, “Trilcescenas”, consistirá en incluir los poemas de Trilce no aparecidos en el primero, un total de 37: VI, VIII, X, XII, XV, XVI, XVII, XVIII, XXIII, XXV, XXVIII, XXX, XXXIII, XXXIV, XXXV, XXXVI, XXXVII, XL, XLI, XLIII, XLIV, XLVI, XLVII, XLIX, L, LI, LVII, LIX, LXII, LXIV, LXV, LXVI, LXXII, LXXIII, LXXIV, LXXV y LXXVI.  Los cuales se estudiarán aquí de modo secuencial tanto como organizados por campos semánticos; a partir de una nueva visita a Trilce LXI (“¿Y este duelo que enmarca la portada?”), a modo de gozne entre la actual y la primera parte ya publicada.

Aunque siempre debamos empezar por la historia (Claude Lévi-Strauss), a nuestro trabajo lo activa la necesidad de constituir una alternativa a los acercamientos historicistas (biográficos, políticos, psicologistas) o multiculturalistas (étnicos, folklóricos, de género) sobre el tema Vallejo y, en este caso en particular, sobre Trilce.  Asimismo, junto con el historicismo y el multiculturalismo, nuestra investigación se propone hacer el pare a la noria de lo “experimental”, sonsonete —tornado ya acrítico– sobre el carácter innovador del lenguaje o enjundia “vanguardista” de la obra de César Vallejo.  Hacia estas epistemologías, no sólo metodologías, se imantaron y se imantan hasta el día de hoy la inmensa mayoría de los trabajos sobre el poeta peruano.  Nuestro estudio pretende, más bien, hacer emerger desde dentro del poemario de 1922 su mediación multinaturalista específica (Eduardo Viveiros de Castro) overseas, la magia de su “giro ontológico” (Nuevo Realismo).

En lo fundamental, Trilce implica, tal como con los textos del Barroco o del Modernismo, una experiencia de lectura extraordinariamente compleja; aunque, a diferencia de lo que reclaman estos dos últimos estilos, aquélla no tiene como objetivo fundamental apelar sólo a un intelecto sotil o erudito.   Leer Trilce apela al performance del lector y desea formar comunidad con él (ayllu); es decir, a que éste se constituya en parte activa (“fermento” vivo) –y no sólo testifique restos o “fragmentos” (vanguardia histórica)– del cuerpo del Sol o del Inca omnipresentes en este poemario (Granados 2014).  La “dificultad” de leer Trilce no estriba únicamente en su intertextualidad (Humanidades concebidas en tanto “libros”) ni sólo en su especificidad cultural (Humanidades entendidas en tanto “pueblos”).  Tampoco, dicha “dificultad”, recae en la aleatoriedad o arbitrariedad de sus construcciones/deconstrucciones (noción de las Humanidades entendidas como “narrativas” o “prosopopeya”); ni, por último, aunque esto sea decisivo aquí, aquélla estriba en lo bien o mal entrenados que estemos para ensayar una lectura desde una noción de las Humanidades en tanto simetría (multinaturalsimo o posthumanismo) (Granados 2020).  Leer Trilce, y toda la obra de César Vallejo, requiere una lectura conjunta –de oscilante entrada y salida– desde cada una de aquellas cuatro nociones distintas y soberanas de las Humanidades.  Por lo tanto, aunque Trilce privilegie una perspectiva posantropocéntrica, no se excluye a ninguna de las otras tres nociones antropocéntricas; por el contrario, Trilce incluye o aglutina productivamente a todas ellas.  Obvio, este tipo de lectura requiere, como todo aquello que vale la pena, algún ejercicio inicial; sin embargo, más bien pronto que tarde, se ampliará nuestro modo de mirar o leer, juntos, al texto y no menos a nosotros mismos.

Los procedimientos –tanto teóricos como operativos– empleados en “Trilcescenas: I/LXXVII” se remiten a varios de nuestros trabajos anteriores, entre ellos: tesis de Bachiller en Humanidades para la PUC del Perú (1987), “Estancias, síntesis de imágenes aéreas en la poesía de Javier Sologuren (1944-1960)”; tesis de PhD para Boston University, “Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo” (2003);  “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana” (2007); Trilce: húmeros para bailar (Lima: VASINFIN, 2014); Trilce/Teatro: guión, personajes y público (Aracaju, Brasil: ABH, 2017), ensayo ganador del “Prêmio Mario González” de la Associação Brasileira de Hispanistas, y del cual el presente libro es de algún modo su continuación y complemento; y, por lo menos, dos artículos muy recientes, “Humanidades”, Uwa’Kürü: dicionário analítico (Rio Branco, Brasil: Nepan, 2020) y Trilce: “El sujeto del acto” (Revista Circuladô, Casa das Rosas, São Paulo, 2021).

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Martín Adán: la palabra y el laberinto (Fichas y comentarios)

Vélez, Julio (1992). “Martín Adán: la palabra y el laberinto”. Revista Iberoamericana 58            (159).

Julio Vélez (1946-1992), poeta y escritor español, nos brinda un sólido hito desde donde orientarnos y profundizar en la obra de Martín Adán.  Junto con apenas un puñado de textos críticos más, desde aquellos fundadores como los de José Carlos Mariátegui, Luis Alberto Sánchez y Estuardo Núñez, este breve ensayo es de análoga categoría.

En su opinión [la de Rodríguez Monegal] el mestizaje es la gran aportación que puede hacer el continente. Observa que “[…] ha llegado la hora de que América Latina enseñe de urgencia a Europa algo que ha aprendido a costa de largos esfuerzos: la salvación está en la síntesis de culturas, en la integraciòn, en el mestizaje” (668) [Amálio Pinheiro, O meio é a mestiçagem].

Si por mestizaje, término que tiene su origen en una jerarquización racial, entendemos la integración cultural, es decir, la dominación de una cultura sobre otra y, por tanto, la desigual representación de la dominada; por transculturación, en cambio, entendemos un proyecto marcadamente ideológico que tiene en su pensamiento medular la expresión esencial de las diversas culturas (669).

Para concluir atender la tercera de las caras de la modernidad hispanoamericana, la insular en cuyo interior entiendo debe abordarse el estudio de Martin Adán. Desde luego Lezama ha escrito esclarecedoras y lúcidas páginas sobre lo que el llamó “teleología insular” y, más recientemente, Benítez Rojo aborda el tema desde el punto de vista de la postmodernidad en su hermoso libro La isla que se repite, aunque en ambos casos la insularidad se refiere exclusivamente al Caribe y mi propuesta de lectura de Martin Adán se refiere a un escritor andino. Para ello volveré al concepto de praxis vital esbozado líneas atrás. Si para [Peter]  Bürger la propuesta vanguardista consiste en su conexión con el arte, la modernidad insular va a defender en la práctica el concepto que podemos denominar marginación consciente. Este concepto no tiene nada que ver con un aislamiento más o menos social de la esfera humana, ni con una defensa de premisas individualistas, sino al contrario, con una necesidad irrefrenable marcada por el propio acto de la creación. No es el viejo principio demiúrgico del romanticismo tan querido por la vieja Europa y que encontró, tal vez, su expresión más certera en Shelley y su Defensa de la poesía; en Martín Adán, al contrario, es la constatación de un círculo que cada vez es más densamente verbal y metafísicamente vacío. Si en Primero sueño, sor Juana une pensamiento y lenguaje en un barroquismo más conceptual que culterano, Martín Adán muestra la inutilidad del pensamiento lógico en el poema y aboga por una compenetración armónica y silenciosa. No se trata ya de una presencia platónica y pitagórica buceadora de la Tetraktys que fusiona espacio y tiempo en un universo regido por valores sensoriales, en los que la muerte se transfigura eternamente en cuerpos distintos, sino de una presencia inefable del silencio que es a la par desierto y arena. Un claro exponente se puede encontrar en su poema, “Poesia, mano vacía …” (669).

Ricardo González Vigil hace un análisis pormenorizado de este texto que, para él, es un claro ejemplo de una “poética Anti-poetica” (41).

En mi opinión es, además, un texto paradigmático de lo insular. La palabra y el laberinto se dan la mano en una yuxtaposición de sujetos liricos: la casa exterior y la interior. Pero ella, la poesía, habita la exterior. Esta yuxtaposición aparece desde la primera estrofa, poesía/mano vacía … (la del poeta); poesía/mano empuñada (la del poeta de nuevo, pero que inútilmente intentará asirla); nada (del poeta)/ Dia (fulgor de la poesía) y que continúa a lo largo de todo el poema. Esta yuxtaposición de sujetos no es casual en la obra de Martín Adán; al contrario, desde La casa de cartón es una constante en su producción. En su novela nos encontramos con un sujeto multiforme y fragmentado que provoca la aparición definitiva de un personaje yuxtapuesto. Igualmente sucede con el tiempo. El resultado es un caos, un texto hermosamente poético en el que el hastío no está ausente, sino que su presencia se corrobora a lo largo del mismo. Volviendo al poema es posible observar que el poeta es sólo el testigo de una presencia que se pronuncia a sí misma sin que la palabra alcance a encontrar en este laberinto de silencios y voces el sonido que trasmita su fulguración más primaria. No se trata de negar su existencia; al contrario, es una corroboración de la misma. Pero esta afirmación existencial implica la negación de su traducibilidad en palabras. Sólo desde la marginación (“Casa que asaz busco en la mía …) el poeta puede aspirar siquiera a tocar su dedo pequeño. Una isla no puede aspirar más que a las olas que lleguen a sus costas y playas. La inmensidad del océano no cabe en un grano de arena (670).

Entre la palabra y el laberinto, afortunadamente, la lucidez de Martín Adán. La lucidez de un hombre y de una obra que en De lo barroco en el Perú, escribió:

Creo que la mejor literatura peruana futura será como la hasta hoy escrita, y no con peruanismos a la letra; que será peruanísima alguna vez, por modo inadvertido (671).  [Coincidencia con Vallejo… y Arguedas]  

Entiendo que queda claramente reflejada la presencia de lo autóctono en lo insular con esta cita de Adán (671).

La concepción barroca de Martín Adán no es ni la española ni la caribeña. Posee más puntos de contacto con Primero sueño que con los textos canónicos del barroco caribeño y español. Su raíz no está en la naturaleza exultante o en la palabra mágica que define metáforas adjetivales, sino en la altura: la altura de la Piedra y, de lo que es lo mismo, la altura de la Soledad (671).

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el remordimiento de baltazar serapión

Este libro es un tsunami. Un tsunami lingüístico, estilístico, semántico, sintáctico. Un tsunami en un sentido no destructivo sino por el ímpetu y la fuerza. (…) basta leer la primera página, la primera palabra, sentir la primera respiración. Es un libro diferente. La sensación que esta obra me da, aparte del ímpetu arrasador y al mismo tiempo constructor de algún eslabón, es la de estar asistiendo a un nuevo parto de la lengua portuguesa, a un nacimiento de sí misma.

[Palabras de José Saramago en la entrega del Premio Literario José Saramago por el libro el remordimiento de baltazar serapión, el 30 de octubre de 2007].

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Vuelo posible. Intervención a un poemario de Soledad Álvarez

¿Puede el miedo de la vida resistir al llamamiento

de la vida?

Estás en el límite.

Habría que arreglar puertas pintar los techos

esmerilar espejos por donde anda mi extravío.

Como Narciso

envejezco.

Para la piel el roce de la seda

la leche de almendras.

Alguien tiene que llegar.

Puse una copa de agua.

Colgué una cruz de alcanfor.

Mejor me tiendo como todo lo infinito

igual a la tierra

con lo único que amé

la palabra cobijándome y la noche y el árbol.

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“Trilce y la poesía argentina” (PROYECTOS DE VASINFIN)

  1. Fervor de Trilce

Se plantea conmemorar Trilce, de César Vallejo, cuyo centenario se cumple en 1922; en vinculación al poemario Fervor de Buenos Aires, cuyo centenario es el año siguiente (1923).  A través de ahondar en un ensayo que ya publicáramos, “El diálogo Borges-Vallejo: un silencio elocuente” (Variaciones Borges: revista del Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis BorgesNº. 23, 2007, 183-206)[1]; en el cual levantamos, a modo de hacer visibles planos yuxtapuestos en una curaduría, una serie de correspondencias –la mayoría no explícitas ni obvias– entre las poesías del argentino y el peruano.  Homenaje muy significativo, finalmente, para toda la poesía de la región en cuanto no sólo constituiría una efemérides más; sino, ante todo, ventilar un renovado entronque crítico y creativo entre ambas figuras.

El meollo de la propuesta estriba en considerar que tanto Trilce como Fervor de Buenos Aires responden a un mito inscrito en el paisaje o perspectiva post-antropocéntrica.  Ni utopía ni distopía; y sí, post-antropocentrismo.  Luego del predominante y artificioso escenario modernista –los años 20 del siglo pasado– la poesía latinoamericana  recuperó el paisaje.  Aunque no de un modo costumbrista, como en principio pareciera, ni romántico (no es fervor por, sino fervor de…); sino, literalmente, fundiendo lo humano en el paisaje.  En otras palabras, considerando la complejidad del paisaje en tanto un soporte más adecuado para lo humano.  Entre esto último,  la epifanía, el mito o, no menos, lo que los filósofos del Nuevo Realismo (Meillassoux, Bennet, Gabriel, Ferraris, etc.) advierten como “giro ontológico” y un antropólogo como Eduardo Viveiros de Castro denomina “mediación conceptual” o “multinaturalismo”.

  1. Trilce (1922) y la poesía argentina de 2022

Intentamos poner al día o retomar aquí el estudio sobre las relaciones que, en el contexto de la poesía de los países de nuestra región, han establecido el Perú y la Argentina; en particular, aquéllas que podemos percibir en los años más recientes.  Es decir, la poesía argentina culta o letrada, en libro o en plaquette, cuyos representantes, de seguro muy jóvenes, publican desde comienzos de este milenio y próximos al centenario de Trilce.  En específico, buscamos entender mejor algunas ideas que sobre la poesía argentina última se han ido esgrimiendo en el mundo académico; como, por ejemplo, aquéllas que defiende Anahí Mallol[2]:

Al leer la poesía argentina reciente uno queda, en cierto sentido, devastado, porque los textos de la poesía argentina contemporánea son inteligentes y a la vez indigentes (dan cuenta de una mirada que comprende y entiende y no organiza porque no hay nada que organizar, sino sólo dar cuenta de un derrumbe que no es un apocalipsis propiamente dicho; hablan de un final que ha estado aquí desde el inicio mismo, sólo que ahora se acelera por la inacción del que no le encuentra sentido a nada)

Sobre todo porque, desde nuestra perspectiva, Vallejo se erige hoy por, y para toda nuestra región, en un extraordinario mediador cultural y conceptual[3] –multinatural (Eduardo Viveiros de Castro)– que quisiéramos cotejar mejor o hilar más fino para el caso de la poesía rioplatense.  Ya que no es exacto que Vallejo se refugiara en lo etnográfico (el pasado incaico o precolombino, la piedra, los andes) para intentar paliar o consolarse de la tragedia que constituía la Guerra Civil Española (Georgette de Vallejo y Stephen Hart dixit).  No es la cultura un mero sucedáneo de la política.  Muy por el contrario, Vallejo encontró –en realidad desde Los Heraldos negros y, sobre todo, en Trilce[4]— y nos acercó la cultura para entender y darle sentido a la política e incluso al desastre; incluso a la muerte propia (Clayton Eshleman).  Es más, como buen amerindio, juntó el orden de la naturaleza al orden de la cultura (en el mito) e incorporó incluso la violencia a su pecho multinatural y a su poesía multidimensional.  Aunque no únicamente de un modo llamémosle emotivo (romántico o surrealista, tipo Pablo Neruda), sino, sobre todo, en tanto mediación conceptual: trasatlántica e intergaláctica.

[1] Ensayo que ha tenido, hace poco, una suerte de continuidad por parte de Andrés Ajens, “Borges y yo (II)”.  Blog de Pedro Granados, 04/05/2020. http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2020/05/04/borgesyyoii-andres-ajens/

[2] “Algunas visones del vacío y la nada en la poesía argentina contemporánea”, Revista Laboratorio, 2017. http://revistalaboratorio.udp.cl/wp-content/uploads/2017/08/Anah%C3%AD-Mallol.pdf

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POETA SIN ENCHUFE

Los cueros han envejecido, como el aspecto más visible de nosotros también. Como cierta alegría y cierta espontaneidad, acaso ya para siempre. El Conde es un burdel donde los otros negocios funcionan de escaparate, vestíbulo o toque de color distinto de lo mismo. Aunque con certeza, sus calles adyacentes han sufrido mucho menos y varias de ellas conservan la antigüedad, discreción y encanto –y la excelente sazón en su comida– de aquella entrañable Zona Colonial. Los mendigos son los mismos; junto a otros nuevos, por ejemplo, los venezolanos que vienen presurosos en botes porque su barco ha encallado. El Conde, junto con volverse mucho más caro, también se ha modernizado un tantico; en realidad, esto último, como toda la República Dominicana en lo que toca sobre todo a sus obras de infraestructura vial y centros comerciales. Aunque mucho menos en lo que toca al talante de su cultura letrada ni de su poesía culta.

Viajar a la República Dominicana, para ir al grano, a la sección de poesía criolla en la librería Cuesta es una experiencia de auténtica ciencia ficción; es decir, comprobar que se puede viajar en el tiempo y salir indemne de esta riesgosa experiencia. Poesía tan periclitada, obvio, es reflejo de una institución literaria toda ella absolutamente complacida en aquellos suspiros, discursos de ocasión y grandilocuentes nerudismos que se multiplican hasta el hartazgo. Salvo, también obviamente, algunas muy pocas excepciones. Eso sí, de ninguna manera entre éstas, la institución que por sí misma o más bien por sinécdoque de la otra más grande representa una “poesía” como la de José Mármol. El cual ha sentado sus reales –y ha sabido sentar a todos sus potenciales opositores que hoy en día incluso le dedican libros de “exégesis” a su obra–; ha ganado un Premio Nacional de Literatura; ha hecho migas con agentes semejantes de este atraso en el mundo hispánico (tipo Luis García Montero).  Y todo ello únicamente con un solo libro –sea de ensayo, entrevista o poesía–, en última instancia, aquél de su inalterable sonrisa.

Pero hemos facilitado (de facilitador, vaya palabrita) un taller de poesía en la media isla –esto constituye incluso un gesto más democrático, y loable, que el otorgarle este año el “Premio Pedro Henríquez Ureña” a Mario Vargas LLosa– y sabemos que la institución literaria vigente tiene sus días contados. Fueron alrededor de sesenta los participantes, algunos de ellos con libros publicados, ante los cuales movimos el cobre de lo que en poesía –tanto versos como conceptos, práctica y teoría– traían al taller y nos alcanzó tiempo para deconstruir aquel aguachirle, nombre postizo y afectada impostación. En suma, toda aquella sistemática y postiza sensibilidad; y todo aquel saber –además apenas a medias libresco– de espaldas a la realidad y a la gente: Todo aquel encumbrado colonialismo. La tarea será dura. El ninguneo, inevitable. La soledad, una amiga que nos traerá a manos llenas poesía. Ser famoso o ganar premios y ser poeta es acaso lo más antitético del mundo en estos días. Pero al menos nos queda asaltar, sino el cielo, la majadera institución literaria que produce vates tanto como smog; contaminantes ambos, pero ambos también susceptibles de desaparecer –más bien pronto que tarde– por la adopción de una gasolina mejor.

https://www.academia.edu/37495892/POETA_SIN_ENCHUFE

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Vallejo, el provinciano

Vallejo que, estando en Europa, percibió su entorno como si no fuera él el migrante o el provinciano y sí, más bien, a tono con su vocación intergaláctica, un ciudadano del universo.  César Vallejo, aquel provinciano de los “Cráneos de bronce” (título original de Trilce) y encandilado con el jirón de La Unión de la capital del Perú, escribió su poemario desde el Palais Concert (donde convergía, junto con Abraham Valdelomar, la intelectualidad peruana de la época). Es decir, en tanto amerindio originario de la serranía de Santiago de Chuco y un mundo alternativo al de la discriminadora costa, al dividido occidente y al de las apariencias del mundo tomadas como ciertas, desde aquel célebre café-cine-bar (construido por Gustave Eiffel) Vallejo sintió y pensó su patria y el universo. París constituiría, luego, básicamente un Palais Concert más grande.

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ADIOS KLOAKA (SIC)

Cuando funde el Movimiento Kloaka (nombre que aludia a la cloaca de narcotrafico, corrupcion & miseria que corroia la sociedad peruana de aquel momento) en agosto de 1982 lo hice convencido de que una nueva situacion social ameritaba el surgimiento de una nueva agrupacion para los jovenes poetas & artistas del Peru a inicios de los 80s.

Apoye, defendi, promovi & les ensenhe todo lo que yo sabia los poetas & artistas que se plegaron al MK, durante los dos years de su existencia entre 1982 & 1984.

Tras la desaparicion del MK prosegui mi camino en la poesia. & cada 10 years me gustaba celebrar su fundacion recordando aquellos buenos momentos de la vida del Movimiento.

En noviembre pasado un ex-miembro se lanzo a reclamar ser “fundador” del MK tras la salida de mi libro “Kkoaka & los subterraneos.El instinto de vivir” (Pesopluma 2021). Extranho & falso reclamo (el ex-miembro fue invitado por mi a entrar a Kloaka despues que el colectivo ya habia sido fundado ) verdad historica sobre la que no dijo ni una sola palabra en 40 anhos.

La semana pasada algunos ex-miembros se aliaron con quien fue “aliado principal” del MK en el ultimo tramo de su historia (cuando practicamente el & yo eramos Kloaka ya que todos los demas ex-miembros habian desaparecido del panorama) , para hacer una “celebracion” por los 40 yeras.

Esto -naturalmente- provoco una reaccion en mi, debido a que -inconsultamente & a mis espaldas – realizarian aquello, maxime sabiendo los ex-miembros que la motivacion del ex-aliado era puramente por sus odios personales & bajos sentimientos, asi como hacer una demostracion de “poder” frente a mi, el legitimo fundador & creador del Movimiento Kloaka.

Esa es la unica razon por la que intervine denunciando esta situacion. Defendiendo lo que es mi derecho en tanto creador & fundador del MK & por lo que considere una usurpacion.

Ahora lo que quiero expresar en este publico post es que -a partir de este momento- dejo de vincularme al Movimiento Kloaka. He comprendido que mi camino es en la poesia & solo en la poesia. Yo funde el colectivo con lo mejor de mi corazon & ya no deseo verme envuelto nunca mas en nada que tenga que ver con Kloaka. Yo ya hice todo lo que tenia que hacer. Me separo por completo. No volvere a relacionarme absoutamente ni mencionar al MK.

Queda mi libro recientemente publicado “Kloaka & los subterraneos. El instinto de vivir”. Ese es mi testimonio & todo lo que tenqo que decir sobre el tema. & asi quedara para la historia.

A los ex-miembros les deseo lo mejor en su vida literaria. & tienen la plena libertad de hacer lo que les plazca con & sobre el Movimento Kloaka. Yo -como se dice coloquialmente- abri mi pan. No deseo vincularme mas a este asunto. Mi camino esta en la poesia. En donde siempre he estado, estoy & estare. siempre en poesia.

Roger Santivanez / 30 de marzo de 2022 (Facebook).

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LA LITERATURA POS-INSULAR DOMINICANA/ Miguel D. Mena [Texto intervenido]

MIGUEL D. MENA (2013). CIUDADES REVISADAS: LA LITERATURA POS-INSULAR DOMINICANA (1998-2011).  Revista Iberoamericana, Vol. LXXIX, Núm. 243, Abril-Junio, 349-369.

La literatura que surge en 1998 [Juan Dicent (1969), Homero Pumarol (1971), Rita Indiana Hernández (1977), Rey Andújar (1977) y Frank Báez (1978), entre otros] ya no será trans, sino pos-insular: la relación pasado-presente se salva a favor de una contemporaneidad donde las relaciones son más horizontales y menos trazadas por las voluntades de ejercer una fuerza; las imágenes tradicionales de la Isla –el mar como límite, lo interno e interior del país a partir de sus contrastes con la capital‒ son sustituidos por una concepción de fluidez en el espacio urbano; se rompe la vieja centralidad y las periferias de las ciudades se transforman nuevos centros. En lo trans-insular todavía se opera con la noción de opuestos: lo que está antes y después del departamento de Migración en el Aeropuerto Internacional de Las Américas.  En lo pos-insular, todo es complementario, sea alguna zona de Haina o Washington Heights. La tendencia es a recrear más un espacio virtual que físico, donde lo importante es la intensidad de las relaciones humanas. Ahora es fluida la relación con las grandes metrópolis, como si el mar en vez de un límite fuese un espacio comunicante (354)

La Isla será más una metáfora relacionada con un consumo y un espacio utópico que una realidad física, mientras que el castellano ya no será la lengua exclusiva de los dominicanos. Con más de millón y medio de dominicanos viviendo fuera de la Isla en el primer decenio del siglo XXI, convertida Santo Domingo en la mayor ciudad del Caribe, y aumentando los contactos migratorios y económicos con Europa, integrados dentro de los procesos de globalización gracias al impacto de las comunicaciones, el aumento del sector terciario, la Isla se ha removido de sus márgenes de 500 años (355)

Estamos frente a un conjunto de autores con preocupaciones similares y con oficios comunes: rechazo de los postulados de la poética dominante entre los años setenta y los ochenta –que iban desde el clásico concepto de la “literatura comprometida” hasta la “poética del pensar”–; asunción del impacto migratorio y los procesos de globalización, potenciando un concepto de ser ya no subsumido en un noción de “deber social” [cultura light dominicana (357); la cual, sin embargo, en otro lugar, hemos motejado de “neo-testimonial”].  Son autores multidisciplinarios, que se ejercitan tanto en la poesía, el video y el performance (355-356)

[Aquello de poesía “neo-testimonial” refrendado, sotto voce, por el propio Miguel D. Mena] Estos textos tienen como elemento sobresaliente su carácter testimonial. Seguramente sea éste el rasgo más acusado de los escritores pos-insulares: el escribir como acto de rehacerse, la transcripción de la memoria como otra manera de recuperar la felicidad o volcar el dolor, como constancia del proceso en que el ser se constituye, llamando la atención sobre las temperaturas emocionales por las que ha atravesado el sujeto. Para hablarse a sí mismo el autor dará cuenta de su medio. Los pos-insulares establecen un nuevo sentido de urbanidad, vivido y constituido a escala humana, aunque con la conciencia de haber heredado un espacio restringido que bien podría resumirse en el concepto de la Ciudad Trujillo que fue Santo Domingo entre 1937 y 1961. Si antes de 1998 la ciudad era Santo Domingo, y estaba centrada y dispuesta sólo en función de la ficción histórica, a partir de ahora se constituirá en su simple vida cotidiana, sin los grandes relatos que como la Guerra de 1965, Trujillo o Balaguer la timbraban (358)

La ciudad pos-insular vive del desencanto que implica la falta de proyectos, la concepción de que la felicidad siempre será individual y pasajera, y la conciencia de que el sujeto ya no se agotará encuadrándolo dentro los viejos discursos nacionales, simplemente porque ya no habrá adscripción a una tierra, a un destino. La escritura posinsular ha descubierto las venturas y desventuras del ser en tiempos donde los referentes identitarios se han globalizado. O ha luchado a partir de los principios de orfandad en Rita Indiana Hernández o Juan Dicent; o ha desmontado las consignas populistas y autoritarias del nacionalismo, como en Homero Pumarol y Frank Báez; o ha situado la doble moral y la violencia de la dominicanidad barrial, como en Rey Andújar […] Desde 1998 la República Dominicana se está escribiendo pos-insularmente. Los sueños ya no están entrampados en las palmas y los mares que nos rodean. El yo al fin se ha levantado, y anda [aunque, previo a este sugestivo telón pos-vallejiano, y en función de hacer más complejo o dialéctico el panorama, se debería incluir la literatura o la poesía o el performance de aquéllos/aquéllas no beneficiados por la globalización –o los jóvenes autores que se quedaron en la media isla y proceden, por ejemplo, de la zona oriental de Santo Domingo] (366)

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 SEMINARIO “VALLEJO AMERINDIO”

  

Sumilla

Constituye un acercamiento a este tema desde su poesía, sus crónicas y su “teatro” (Trilce)

PROGRAMA DE REUNIONES SEMANALES

1era semana.

-Introducción.  César Vallejo: “Cuadrúpedo intensivo”

-Los heraldos negros.  César Vallejo: Humanidades del “Huaco”

César Vallejo: Humanidades del “Huaco”

2da semana.

-Trilce/Teatro: guión, personajes y público

-Trilcescenas: I/LXXVII

Incluye los poemas no aparecidos en Trilce/Teatro: guión, personajes y público (2017).

-Trilce: el sujeto del acto

Trilce: “el sujeto del acto”

3era semana

– Poesía peruana post-Vallejo: de los indigenismos a las opacidades

https://raco.cat/index.php/mitologias/article/view/v15-granados

– “Ciudad Trilce y ¿trilceanas ciudadanías?”

https://revistes.uab.cat/mitologias/article/view/v22-granados

-Trilce – Tacora: Retóricas sin nombre

Trilce – Tacora: Retóricas sin nombre

4ta semana

Crónicas de César Vallejo

-Periodismo y humanidades en César Vallejo

https://www.scielo.br/j/gal/a/fVC9qY6FThDTDDZjTxVkhqd/?format=pdf&lang=es

-“Y me quedé Vallejo ante Muchay”

El autor de Trilce atraviesa, entre 1924-1929, no sólo un trance de definición o ubicación político-ideológica, sino también, y de modo simultáneo, político-multinaturalista (Viveiros de Castro).  De esto da cuenta, por ejemplo, la crónica “Un atentado contra el regente Horty”; y su reescritura en otra crónica, casi idéntica, aunque con significativas omisiones: “Teoría de la reputación”.  Luego de un sumario recuento de las biografías sobre César Vallejo, y de un análisis detenido de aquellas crónicas, se propone una nueva plataforma teórica, multinaturalista, como base para las futuras biografías del famoso autor peruano.

PRESENCIAL U ONLINE 

Pedro Granados, PhD – VASINFIN

https://www.academia.edu/45310207/Gra-nados_CV_Breve

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