Taller de poesía online: “para encontrar tu propio ritmo o ecualizarlo”

Taller de poesía online por cuencas culturales: “para encontrar tu propio ritmo o ecualizarlo”

Caribe, para sacudirse de Pablo Neruda.

Cono Sur, para que en nuestro contrato con el lector no intentemos, desde un principio, pasar por tipos listos.

Brasil, para que nuestro performance (cuerpo y ritmo) aterrice mejor en nosotros mismos y luego, y con más potencia, en el papel u otro soporte a través de la escritura. No estamos conminados a la poesía de autoayuda (“acción poética”); ni, tampoco, limitados a trascribir en portunhol selvagem.

Andina, para que leamos en su real expresión, de modo gozoso, a nuestro César Vallejo.

Amazonía, para sacudirse del espejismo y culto de los medios –exotismo, multiplicidad de lenguas u otros mimetismos– y optemos siempre, más bien, por las sensibilidades (ejemplo, la poesía “en español” de Luis Urteaga Cabrera); estas últimas nuestra lengua común.

Latina (USA), para que dialoguemos más fluidamente con las demás cuencas culturales; y descubramos que nos ligan más afinidades que nos separan aparentes diferencias.

España, para que una vez superadas la “poesía de la experiencia” y la “poesía de la conciencia” y la “poesía de la chocolatina”, etc., tomemos distancia y percibamos todo aquello como desde otra margen, la de América Latina.

México, porque no todo fue Octavio Paz ni todo debe ser ahora infrarrealismo o un Bukowski, no de sótano, sino de vitrina.

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“Perspectiva metacrítica de los estudios vallejianos en las últimas décadas (1985-2005)”/ Bernardo Massoia

“Este aspecto, que sorpresivamente no se desarrolla de manera acabada en el libro de Paz Varías [Miguel (1989). Vallejo, formas ancestrales en su poesía.  Lima: Ed. Marimba], será recuperado luego por el estudioso peruano Pedro Granados en su obra Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (2004). Analizando otro texto de Los Heraldos Negros titulado “Huaco”, Granados trae a cuenta aquél mito en su carácter de utopía solar que marca el regreso a una edad perdida en la tierra ancestral de Vallejo: (…) tanto el «Huaco» como la persona poética son «levadura» -‘causa o motivo o influjo’ (Diccionario de Lengua Española)- para que el «sol» aparezca o reaparezca. Si este último fuera el caso, y todo pareciera indicar que lo es (…), ambos serían «fermento» del Inkarry, del mito panandino del retorno al poder del Inca, hijo del Sol que yace por ahora vencido y enterrado” (44)

Massoia, Bernardo (2013). “Perspectiva metacrítica de los estudios vallejianos en las últimas décadas (1985-2005)“, en Patiño, Roxana y Calomarde, Nancy (eds.), Escrituras  Latinoamericanas: literatura, teoría y crítica en debate, Córdoba: Alción Editora .

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Marisa Godínez: Niños en tinta china

Entramos hoy a la muestra de Marisa Godínez, La niña no mirada (Sala Luis Miró Quesada Garland de Miraflores), a lo bruto; es decir, de modo inercial y por completo inadvertidos.  Una vez allí su plumilla nos resultó algo lejanamente familiar, aunque en otros soportes y de décadas atrás; pero ya andábamos metidos –y hasta las raíces– en aquel útero entre autista e inocente.  Y nuestro ser entero convertido en un feto que dudaba si en salir o no salir de allí; igual dentro no se la pasaba mal.  Al niño, a la niña también, a lo indeterminado, los salvaguardaba una común y protectora orilla; y, al final, el mar todo –aunque en sombras y en discreto formato– constituía un abarcador y nutricio elemento.  Al ejercicio de la lúcida inteligencia que, por lo general, nos conduce a la indigencia; en el caso de Godínez, por el contrario, y como a contracorriente,  la ampara la mayor y visceral ternura.  Nos negamos a considerar su arte, acaso no a la ciudadana Marisa Godínez, bajo el mote de feminista; término en que se ceba la crítica al uso.  Lo reivindicativo está allí, qué duda cabe; incluso la más justificada denuncia cultural e histórica.  Pero que no prohíban nos horquillemos ante esos dibujos como una larva o como un embrión; que no retrocedamos hasta aquella condición en plan de impulsarnos y elevarnos, en el presente, hacia alguna otra cosa.  Tal como los peces de Godínez, aunque de modo un tanto más discreto, salimos de aquella sala con los ojos redondos y  las fauces bien abiertas.

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REPÚBLICA DOMINICANA: POESÍA Y POLÍTICA

Inclusión no significa homogenización; menos, alienación o antídoto contra la crítica (y la belleza). Deseamos lo mejor para la literatura dominicana porque, aunque como híbridos andino-caribeños, también estamos integrados a ella (es sólo cuestión de ir a Google). Sería fabuloso para la República Dominicana –su pueblo es de los más listos, receptivos y creativos que jamás hemos conocido– que también los “neo-testimoniales” hagan taller por radio allí, y Junot Díaz en Villa Mella, y Armando Almánzar Botello en las zonas de la ciudad que le sean más entrañables, y Soledad Álvarez expanda su glamour entre las niñas de San Cristóbal, y por qué no Glaem Rosario Parls, con allegados, deje escuchar sus ecos al interior mismo del patio presidencial.

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HZ + SF + MK no hacen 1 PG

Foto: René Pinedo

Por una nueva historia de la poesía y de la crítica de poesía peruanas de los últimos cincuenta años. Por lo tanto, y a partir de aquí, asimismo radical modificación de los mapas, taxonomías, análisis –y demás– de la lírica de la región que se hallan todos escandalosamente manipulados. Por un legado, para las nuevas generaciones, de una poesía no de arribistas ni oportunistas ni desubicados con enchufe. Por una academia y una prensa cultural de investigación, también en este campo, y no una inercial, convenida o de perogrullo. Por que no pasen otros cincuenta años para poner las cosas, en poesía, tal como deberían estar.

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Entrevista a Pedro Granados: “Trilce, La mirada y los zorros”/ Sasha Reiter e Isaac Goldemberg

Isaac Goldemberg comparte la entrevista que, junto a Sacha Reiter, hiciera a Pedro Granados a propósito de la traducción al inglés de su poemario Amerindios, nótese la mención a la poética espacial de los ceques.

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Nuestro año mexicano

Nuestro año “mexicano” (2004).   Se editó, en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), nuestra tesis nada más presentada en 2003 para Boston University (Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo); aunque esto no signifique que dicha publicación circulara mínimamente por las librerías.  De hecho, la edición de la Pontificia Universidad Católica del Perú –mismo título, mismo año– hizo a nuestro trabajo un tanto más conocido.  El 2004, también, Alforja nos consideró y antologó en su número dedicado a los “Poetas de Perú“.  Acaso está demás decir que, en aquella época, Alforja –dirigida por José Vicente Anaya (▲) y José Ángel Leyva (▼)–  era la revista de poesía más importante de México.  Asimismo, en Puebla ofrecí algún taller en la Casa del Escritor; donde, a modo de primicia, presenté un work in progress, ¿La poesía mexicana descansa en Paz?.  Asimismo, participé en la Facultad de Letras, invitado por el profesor Alejandro Palma,  a conversar sobre Rodolfo Hinostroza; y acudí, aquel mismo año, a su Festival Internacional de Poesía (FIPP).  Posteriormente a este año he representado al Perú en el Festival Internacional de Letras Jaime Sabines (Chiapas, 2010); he publicado en el Periódico de Poesía (UNAM, 2018); y varias veces he visitado y publicado mis poemas en  La Cartonera de Cuernavaca.  Aquel mismo lugar, la BUAP, donde volví de motu proprio (es decir, con mis propios recursos  ) y luego de varios años (2018), invitado a conversar allí sobre César Vallejo.  En esta última oportunidad estuve, junto al cuate guerrerense Edgar Artaud Jarry, los minutos suficientes para desear escapar de allí; el desdén por la poesía, por César Vallejo y por este servidor me conminaron a ello.  Aquel fulano, Alejandro Palma, era otro  o acaso el mismo, recién me cercioraba de ello.  En general, debo reconocer que la “tómbola” en México me resulta inasible; me refiero a sus plazas, sobre todo durante  los fines de semana, colmadas de intensos colores y de harta comida; pero donde nadie se divierte porque pareciera ser la mismísima Catrina mil veces multiplicada y comprando, a paso algo torpe o mecánico aunque no menos obsesivo,  todo lo que se le antoja.  Tal como, y hasta hoy mismo, me son inasibles la inmensa mayoría de  los poetas de México.  Inexistentes por vocación, aunque lo suficientemente retorcidos y argollados para –a ojos del incauto o del extranjero– parecer estar vivos o poseer algún cuerpo.  Remanencias del hechizado Octavio Paz.  Vocación, por lo inexistente, que en los últimos años  ni el ostentoso performance del chileno Bolaño ha logrado conjurar.  PG

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beijo seguido de pretéritos/ Gerson Albuquerque

La idolatría por la amada del galaico portugués volcada al deseo de sumergirse otra vez en ella; pero que en esta oportunidad aquélla no luce el cabello que entre las venas del oro se escogiera ni los dientes de nácar ni pétalos inflamados por labios.  La amada esta vez es la jungla acechada y el río contaminado; aunque, debajo incluso de esto, el apetito de comunión es con el ser.  Este, ni inmóvil ni inmutable, sino contingente, carente, opaco, pero ser.   Pocos ejemplos tan caros a la comprensión y puesta al día de un  multinaturalismo y de un nuevo realismo juntos y en acción.  Aquello de que el alma la tenemos en común con el entorno y lo que nos separa apenas son los cuerpos, resultan el codo de una brazada o una onda del río aquí, intercambiables, comunes, en beijo seguido de pretéritos.

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