La ra ra ra ra ra ra (Bola de nieve)

I

Entre la bruma del 2006
Que ahora mismo empieza
Te escribo
Para no perderte de vista
Y para saber de mí
Te procuro
Probablemente no pase nada
No acierte
A exponer ninguna cosa
Y no me alcance
El sentido
Pero debes saber
Aunque todo aparentemente
Luzca lo mismo
Que he descubierto
El nudo en el globo rojo
La costura
Que nos mantiene a flote
Y me apetece
Decírtelo
A ver si de una vez
Cortamos por lo sano
Y escapamos volando
Más libres que los pájaros
De lo que aún tenga ojos
Y sin duda mirada
Para algo que no seas
Únicamente tú
Nomás. Para algo distinto
Y por lo que valga la pena
Escarbar y escarbar
Hacia lo alto
Y por lo que se nos han gastado
Ya las uñas de los dedos
Ya en su totalidad las manos
Ya el goloso sentido

II

Voz y teclados
Para esta aventura
De la una viene el aliento
De los otros, el sentido
Lo humano no dice
Sino apenas sus instrumentos
La voz anda confundida
Con otra voz
Y por eso está muda

III

Los instrumentos
Inertes amigos
Fríos maestros
Descorazonados
Invitados
Mientras nosotros
No sabemos siquiera
Si somos los mismos
O si olvidarte podremos

IV

Cosas de enamorados

V

Tengo 50 años y estoy vivo.
Devoro café y galletas
con apetito.
Y hace algunas pocas horas nomás
con apetito
también te devoraba.
Que eres negra
hasta el café
rezumante y azucarada.
Tengo 50 años
Y sin trabajo permanente
Ni tarjetas de crédito
O algo parecido
Que deberías ser muy cara
Pero la poesía a veces
Da sombra a los nómadas
A mí
Y al que dentro va conmigo

VI

Jenjibre. O algo más fuerte
Para recuperar
El aliento. Y la cordura
De no verte
De no tenerte
Y no poder olvidarme de ti

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Samaypata en prosa y en verso

La fortaleza de Samaypata, una especie de Machu Picchu en miniatura, también permanece en su recuerdo. A menos de dos horas subiendo desde Santa Cruz se percibe la típica atmósfera incaica que, como sabemos, no la brindan las edificaciones en sí, sino todo lo que está en su contorno. Los incas supieron construir un paisaje, humanizar un vasto espacio y tiempo; sus construcciones son al mismo tiempo miradores privilegiados; los pasos que damos entre sus edificios se dejan sentir al exterior y al interior de la tierra; su arquitectura es apenas, y esto es ya muchísimo, hacerle sentir la presencia humana al paisaje; todo lo que a uno lo rodea está subordinado y contenido en sus piedras cinceladas, en la sabia disposición de sus sensibles muros. El exacto conocimiento, nos dice el Inca Garcilaso, ya se ha perdido; pero cuando uno se haya en Samaypata es lo mismo que estar sobre la cima del adoratorio de Pachacámac, una escondida fuerza nos invita a adoptar la posición fetal, el irresistible escorzo de lo pre-natal o del sueño. Melting situations, es un poemario en inglés que ensaya ahora mismo el limeño, y aquí se ventilan algunas de aquellas cosas, los estados de envolvimiento o identificación con diferentes seres, objetos, situaciones o lugares. Según esto, Juvenal Agüero, aparte de ser la fotografía de un feto ensimismado, es un lobo de mar varado en orilla ajena; esto último, en particular, fue una revelación que tuvo a los veinticinco años en La Mina, playa cerca a Paracas, como a doscientos kilómetros al sur de Lima.

Prepucio carmesí (New Jersey, USA: Ediciones Nuevo Espacio, 2000)

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Borges y yo (II)/ Andrés Ajens*

En “Borges y yo” (in El Hacedor, 1960) Borges confiesa y/o finge confesar haber dado con algunas páginas válidas: “Nada me cuesta confesar que ha logrado [él, Borges; lo a-firma “yo”, tal “yo” no enteramente identificado consigo] ciertas páginas válidas” — que, desgajadas de toda ficción salvífica, a nadie salvan, pero, ni a sí mismo ni a Borges: “esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno [lo “válido”, etc.] ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino [sino en la punta de la lengua] del lenguaje o la tradición”.

Cómo no valorar lo bueno de ciertas páginas, la valía inesperada, invaluable del hallazgo “válido”. Y de paso: cómo no sobrevalorar, cómo no no ceder a esa —firma Borges— “perversa costumbre de falsear y magnificar” que el “otro”, “Borges” (“Al otro, Borges, es a quien le ocurren las cosas”, comienza “Borges y yo”) casi fatal previene: “Por lo demás […] solo algún instante de mí podrá sobrevivir  en el otro […]. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque  me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar”. Cómo no falsear ni magnificar. Cómo no ficcionar — Borges.

II

[Borges y Emma]

En Borges (2006), tal “Borges y yo” de Bioy Casares, los espejos de la valía, de la válida como de la inválida página, no hacen sino multiplicarse. Sobrevalorades todes, o casi, afirma Borges, apunta Bioy Casares: Mistral,  ibarbourou, Neruda, Arlt, Supervielle, Herrera y Reissig, etc., etc. El 26 de noviembre de 1976, por caso, a solo meses de su vuelta —“revés de la suerte” dirá “Piedras y Chile” (1984)— por Santiago, Bioy apunta: BORGES: “La lista de los sobrevalorados [overrated precisa pregunta introductoria: “¿Cuál será el escritor más overrated? ¿Shakespeare?”] incluye también a Herrera y Reissig, otro oriental me temo [poco antes habrá mencionado a Horacio Quiroga]; y a Gabriela Mistral; y también a Neruda, otro chileno, me temo”. (Parodia por doble partida irónica, doble “me temo”, doble  verónica). El 5 de julio de 1958, Bioy cuenta  que Borges le cuenta que se le acercó un tipo  a solicitarle su auspicio para la candidatura al Nobel  de Juana de Ibarbourou; “Le dije que Juana  de Ibarbourou no valía mucho” reitera Borges. Y aun el 5 de octubre de 1971: BORGES: “A Emita [Emma Risso Platero, escritora y diplomática uruguaya, casi pinche eterna casual de Borges (besos hubo, no omite Borges en Borges, así como indecibles recelos de doña Leonor, madre del cordero, quien ya en 1948 le prologa a Emma su novela Arquitecturas del insomnio: “Quizá lo más precioso de este volumen sea lo poético, no sólo perceptible en frases aisladas […], sino en el agradable horror [sic] de los argumentos, en las íntimas formas de la invención”, y al año siguiente  le dedica,  en El Aleph, “La escritura del dios”] le dije —retoma Borges— que Herrera [y Reissig] y Supervielle no valían mucho. Me contestó:  ‘Entonces, ¿qué nos queda?’”. (Por decir: aparte las consabidas ciertas páginas válidas de un hijo de uruguaya y nieto, por lado paterno, de uruguayo).  Más falso que Borges, “Borges y yo” incluido, más epidémico, habrá comarcado avant la lettre Vallejo (1927);  el santiaguino chuco cucho, Vallejo, por demás de tales escasísimxs poetas en lengua castellana que Borges estima, como a Shakespeare en inglés, nonada overrated.

III

[Vallejo, Borges]

A distancia notoria de Neruda, que, en cuanto a Vallejo, dice cosa y su contrario, tal vuelta de carnero en llave diáléctica (en carta desde Batavia el 1º de junio de 1931 comenta a su amigo Morla Lynch, en Madrid, sus primeras  impresiones: “El libro de Vallejo [Trilce; que Morla Lynch, desde el Consulado chileno en Madrid, le acaba de enviar (edición española de 1931, a su pedido; prueba al canto de que hasta entonces no lo había leído] me parece seco y espantoso. No veo qué objeto tenga escribir una literatura así. Es un libro cruel, literario y estéril”. Al cabo, lo inverso: en Confiesoque he vivido: “Vallejo, poeta […] de poesía grandiosa, sobrehumana” y convocará la “Oda a Cesar Vallejo” (Odas elementales), y “V”,de Vallejo como de Verso (Extravagario), Borges, con Vallejo fuera escritor de una sola línea, de una sola frase. O casi: “Un poeta nada más, porque cualquiera es un gran poeta”. La única vez que se refirió a Vallejo públicamente (pese a haberlo antologado ya con Huidobro e Hidalgo en el Indice de la nueva poesía americana (1926), Borges, paródica sino paradojalmente, brinda insólito tributo: si estamos llenos de “grandes poetas”, dice más “poeta” y a la vez más calla como “El Perú” de Borges (La moneda de hierro) extrema; “De la suma de cosas […] / El olvido / Y el azar nos despojan”. Estruendoso, el silencio de Borges (con respecto a Vallejo) no fuera menos marcado que lo dicho en una línea, una frase: “Un poeta nada más, porque cualquiera es un gran poeta”. Él mismo (Borges) se habrá considerado un poeta y nada más; entrevistado por L’Express en 1963, a la pregunta “Pour qui vous prenez-vous [¿por quién se toma usted?]: pour un écrivain ou pour un poète?”, responde: “Pour un poète […] Un poète maladroit [torpe, desmañado, etc.], mais un poète, j’espère”.

Más falso que Borges: la expresión (casi) la habrá acuñado Vallejo en “Contra el secreto profesional”, textil publicado en Variedades, Lima, el 7 de mayo de 1927. Siendo imposible reestablecer el contexto entero, vamos al fraseo medular en que, al paso, el santiagueño le hace también sus cariñitos a Gabriela Mistral: “Aparte de que ese Jorge Luis Borges [antes se habrá referido a “esa grotesca pandilla simiesca de los escritores de América (…) Un verso de Neruda, de Borges […], no se diferencia en nada de uno de Tzara, … o de Reverdy], verbigracia, ejercita un fervor bonaerense tan falso y epidérmico, como lo es el latinoamericanismo de Gabriela Mistral y […]” (subrayo). Cierto es que diez años después, “Contra el secreto profesional” aparecerá con modificaciones no menores en Repertorio Americano (Costa Rica), pero el falso y epidérmico  Borges se mantiene intacto. Se habrán escrito toneladas de páginas acerca de este aguayo de Vallejo, ya para elogiarlo, ya para condenarlo, o aún para “contextualizarlo”; no volvemos  sobre ello; quien se interese por demorarse en entrevero tal, le sugerimos desde ya comenzar por “El diálogo Borges-Vallejo:  un silencio elocuente” (2007) del limeño vecino Pedro Granados, por más que a ratos se deja llevar en extremo por las abigarradas teorías del caro crítico anarco-cochabambino Luis H. Antezana. Por decir: Cómo no entender a Borges — el silencio de Borges.

IV

[Yapa]

Muchos años después, póstumamente, Fundación Borges  habrá vuelto a revolver el gallinero al plantear que Vallejo y Borges habrían firmado juntos, cofirmado (y junto a otros  también) tres paródicos poemas en la revista Martín Fierro un año antes de “Contra el secreto profesional”, en 1926.  En Jorge Luis Borges, Textos recobrados 1919–1929, Emecé, 1997, Irma Zangara, profesora de literatura de la UBA y Vice-presidenta de la Fundación Borges, remitiendo a Monegal (1987: 196-178), le adjudica a Borges y a Vallejo (pero también a Marechal, Güiraldes y otros), los poemas “Soneto híbrido con envión plural” (Martín Fierro, n° 29-30), “Romancillo, cuasi romance del ‘Roman-Cero’ a la izquierda” (Martín Fierro, n° 30-31) y “Lo cacharon en Cacheuta” (Martín Fierro, nº 33). Vienen respectivamente firmados por “M. B. V. G.” (anota la edición: “Las iniciales de la firma serían de Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges, César Vallejo y Ricardo Güiraldes”), “Mar-Bor-Vall-Men” (Marechal, Borges, Vallejo, Méndez) y “Ber-Bor-Guillj-Mar-Per-Vall” (Bernárdez, Borges, Guillermo Juan, Marechal, Pereda Valdés y Vallejo). ¿Más falso que Borges — cuento de Fundación Borges? Vallejo jamás colaborara con Martín Fierro; en 1926  por demás moraba en París y huele inverosímil una (secreta) colaboración a distancia en una revista de periodicidad mensual.  ¿Entonces? La edición de Fundación Borges a todas luces confunde un Vallejo con otro, otro Vallejo; Antonio (Vallejo), para el caso, autor de Pan y la fuente (1925), Los turistas del alba (1927) y una sabrosa “Carta abierta de Manuel de Rosas a Jorge Luis Borges” (Revista de América nº 6, Buenos Aires, 1926). Uy, Rosas. Otra vez.  Cómo  no falsear ni magnificar. Cómo no coficcionar — a Borges.

[2.5.20]

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Trilce, según Pedro Granados: Recepción

TRILCE NUEVAMENTE CON PEDRO GRANADOS/ VLADIMIR HERRERA DELGADO

Vallejo para Granados y Granados  para el contrapunto y la marinera.  Dos poetas bajo el mismo signo zodiacal jugando a las escondidas. Pero Granados nos ayuda a hundirnos en la solaridad  del vate de Santiago de Chuco, si cabe, y también a caer de pie en una fonda de ritmo y sabor insospechada para quienes habíamos hecho una lectura circunspecta de nuestro poeta universal. Granados descubre el juego y las canicas, con pelos y señales como académico que es, aunque adolezca de cierto gamberrismo. Es el muchacho que toca el timbre de la puerta y corre para encontrarse con algo menos que Dios: esa nada que ríe en el dintel  de la época epocal misérrima del tiempo de nuestros padres en Poesía y en Rumba.  V.H

 

(N)húmeros para (des)cifrar un pambiche/ Pedro Delgado Malagón

Húmero (del lat. Humerus): Hueso del brazo, que se articula por uno
de sus extremos con la escápula y por el otro con el cúbito y el radio.
Diccionario de la RAE

Conocí hace poco a Pedro Granados, ensayista, poeta y novelista peruano (Lima, 1955), a quien el Ministerio de Cultura invitó para conducir en Santo Domingo un Taller sobre la gesta poética del gran César Vallejo. Granados es un penetrante exégeta del culto vallejiano, de sus modulaciones sensibles y del registro de un discurso con misteriosos influjos, casi míticos, en el que algunos piensan que “Vallejo no elige sus vocablos”.

Siempre me aproximé al poeta de Los Heraldos Negros bajo las nociones sombrías de José Carlos Mariátegui: “Nostalgia de exilio; nostalgia de ausencia”. Confieso que fue en el libro de Granados (Trilce: húmeros para bailar) donde por primera vez leí una reflexión (cierta, sorprendentemente clara) acerca de la chispa y del humor que subyacen (“…quizá sin que él lo sepa ni lo quiera”, agazapados y en ademán de saltar) en esa oscura melopoeia permutante de la palabra/cadencia que aflora en Trilce.

 

Prólogo a Trice: húmeros para bailar/ Amálio Pinheiro

Ao nos propor um con-viver performático com César Vallejo (não se trata já de apenas ler), a partir de uma partitura de inscrições (não se trata mais de escrever) musicais (a marinera e suas fugas e síncopes etc.) e sexuais (amores com Otilia e suas ramificações) vinculada organicamente à cultura andino-mestiça dos arrabaldes festivos em formação e movimento da Lima dos 1900 e poucos, Pedro Granados impugna, de chofre, as consabidas interpretações político-essencializantes e nos abre, em leque risonho, o vaivém diagramático de Trilce aos textos de antes e depois. O mesmo Vallejo viria a dizer mais tarde, nos Poemas Humanos: “Quiero escribir, pero me sale espuma” /(…) “Quiero escribir, pero me siento puma”, como a mencionar essa coisa toda vinda de baixo, dos lados e de dentro que abalroa as palavras.

Desse modo são postos em ação e presença, através de glossolalias e mesclas rítmico-poéticas represadas no papel (em ziguezague com a rua e suas gingas e cadências), aquilo que uma crítica acabrunhada não consegue ver: os aspectos gozosamente múltiplos e variantes de uma cultura índio-mulata que não se explica pelos dualismos ocidentalizantes (interno e externo, cultura e natureza, signo e referente) de plantão e ainda em voga. Trilce (todas essas aves falando dentro da boca) seria o espaço mítico de máxima concentração e contração sintáticas desse excesso metonímico em que, “a modo de un indigenismo minimalista incluyente”, não se produz sentido, mas um território de possíveis que encadeia as alteridades (mapeado pela tendência dos povos ameríndios à incorporação barroquizante do exógeno assimétrico).

Mais ou menos: nunca podemos saber o que é o outro, mas podemos tê-lo em nós. Ou como diria o próprioVallejo: “Índio después del hombre y antes de él!”. Por isso, vai desdobrando o vallejista peruano, não se pode pensar uma filosofia ameríndia, já que não podemos ser pensados a partir da “evolução” do pensamento do Ocidente, e a partir de um modo de conhecimmento apenas humano-racional, o que é poética e antropologicamente grave. Daí serem tão importantes, com Pedro Granados, as análises erótico-numéricas (“h(n)úmeros para bailar”), em que o cholo de Santiago de Chuco/Trujillo/Lima/Paris destrincha e dissipa, na confluência das comissuras do sexo, dos contornos da dança e da marchetaria oralizante, e junto a pertinentes acontecimentos biografemáticos (veja-se a saga Otilia/mãe/filho abortado etc.), as batidas sínteses e dialéticas pós-coloniais, pós-hegelianas e pós-modernas, sempre sucessivas e epocais, em curso. Sequer o conceito de modernidade pode conter um campo de relações em contínua reversão progressivo-regressiva, visto que as transformações desviantes e as metamorfoses impedem toda ordenação estrutural fixa.

Daí ser de tanto interesse, neste Trilce de Pedro Granados, a interação, na acupuntura dos versos e estrofes, entre um devir-índio, um devir-crioulo e o devir-qualquer-coisa, essa entrada dos objetos da paisagem nos corpúsculos e interstícios (Lezama Lima) do poema, mapeados rizomática e silabicamente pelos ensinamentos, cromatismos e gestos gráficos do sol e do mar.

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La forma del confín/ Carlos Eduardo Quenaya

Desde el 2008 (Elogio de otra vana invención) seguimos de cerca la poesía de Carlos Eduardo Quenaya (24 años en aquel entonces); allí decíamos  lo siguiente: “no escribe de antemano como peruano y ese es su primer y gran acierto, un peruano de utilería –progresista o reaccionaria– nos referimos; y más bien lo hace como un ser de otro planeta que, sólo por principio de analogía, está próximo a nosotros”.  Luego, al arribo de su segundo poemario: Los discutibles cuadernos (Lima: Praracaídas/ Tribal, 2012), nos reafirmábamos en nuestras palabras de aliento al joven poeta y filósofo peruano; “Canción”, llevaba por título uno de sus textos:

Procuro grabar aquí una canción parecida a la calma

que hay dentro del pozo. Una quietud de aguas y flores

negras, una sombra rota en miles de jirones, una voz de

mujer rebotando en las paredes, una forma que el tiem-

­po ha detenido y queda abierta. Una permanencia que

es como el corazón. Una estridencia, un resquicio, una

visión. Una alegría. Una espuma lenta cayendo sobre las

cosas que atestiguan que además de mí, el mundo eres

tú el bólido apagando y encendiendo cada día y cada

noche. Lo más negro y lo más hondo que es apenas una

velita delante de tu cara.

Los discutibles cuadernos, a modo de una crítica a la poesía pura, a la poesía acabada o sin fracturas o, incluso, sin desniveles.  O crítica a la poesía, a secas. Boutade, palimpsestos, homenajes en sotto voce a poetas de pocas aunque hondas palabras (Rafael Cadenas, Eielson, Luis Hernández).

De modo complementario, toda crítica a la razón poética, y acaso de modo muy particular en América Latina, es también una crítica cultural.  Y, así sucesivamente, una crítica de la educación, una crítica política y, paulatina aunque  cada vez más enfática en la poesía de nuestro autor, una crítica ontológica.  Desde que, y sin entrar en detalles, por ejemplo para Heidegger el mundo que encontramos sería pre-interpretativo:

“A ti no te gusta cómo nos lame la luz. En el viento arden pestañas devorando la órbita que secuestró la magia”

En algún lado Quenaya ha declarado, asimismo, que sus versos: “Son un recordatorio radical de la escritura como un acto del cuerpo”

Hoy, en La forma del confín (2020), donde: “Jeringa patalea frente a la noche que abastece la complejidad”.  Se trata de nuestro Niño Goyito (aquí “Jeringa”, en tanto lúdico protagonista de todo el presente poemario), el cual ahora enrumba decidido, ¿desde el Perú, desde Arequipa?, hacia el vastísimo espacio ontergaláctico.  De modo previo –tratándose de un relato  “de costumbres”–, su “peruanidad” o su “humanidad” y, con ello, el mismo “Jeringa” (Niño Goyito) viajan reducidos y confinados a un “grumo”.  Aleación  de insumos básicos, este último.  Radical materialidad que torna equivalentes, y no sólo análogos, tanto desechos y secreciones como los más atesorados recuerdos: “el torcido lomo de lo íntimo”.  Goyito entonces, en un embate no exento de sátira e incluso auto-ironía, emprendiendo este definitivo viaje: ¿Ulises de regreso al útero materno?; o, lo que pareciera constituir aquí algo semejante: ¿al reencuentro del tacto?

Tacto

hermoso tacto

escúchame:

Gracias

por siempre gracias

Ni una gozadora entrada a la madera (Neruda) ni un ascético Altazor (Huidobro) que fuera liberándose, cada vez más extasiado, de sucesivas y yuxtapuestas capas de cebolla; nuestro Niño Goyito (“Jeringa”) viaja, por el contrario, desconcertado y cagado en los pantalones.  El humor, entonces, tornando más humano el presente “ascenso” o  “descenso” y desinflándole oportunamente la llanta a la abstracción.  Un vocabulario denso, barroco (casi alucinado) y con puntual peso específico –a lo Adán, a lo Vallejo–da cuenta y colabora en que reparemos y nos solacemos de esta particular búsqueda o hallazgo “del sentido”, el cual, aquí se nos testimonia: “En el cordel borracho las palabras lustrosas se aburren, pero de modo artístico reclaman una venia. La música que en el dolor transcurre se pone de pie.  Atípico de furor, verídico de saltos, Jeringa enrolla sus papeles mágicos”

Carlos Eduardo Quenaya ha encontrado finalmente, en La forma del confín, el tono exacto de su decir –ni Rebelais ni Rilke, solos, sino ambos simultáneos– y el punche que para esta jornada requerían sus palabras; en suma, todos y cada uno de sus aparejos de faena.  Pero el viaje continúa.

Pedro Granados

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Para recordar a Luis Miguel Madrid

Luis Miguel Madrid, que acaba de morir víctima de la peste del siglo, nació en la capital española, estudió una Licenciatura en Filología Hispánica en la Universidad Complutense con especialización en literatura hispanoamericana, fue poeta, crítico literario, dramaturgo, barman, bartender y chef. Con Rua das janela verdes ganó el Premio Internacional de Poesía Arcipreste de Hita de 1993. Fue Comisario de varios monográficos de autores latinoamericanos para el Centro Virtual Cervantes; director de la revista de cultura Babab [www.babab.com], socio fundador de la Asociación de revistas digitales españolas [www.arde.com], propietario de Maria Pandora, bar de copas, cava y poesía [https://www.mariapandora.com/site/] y presidente de la editorial Mañana es arte.

Harold Alvarado Tenorio

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DOMINICANíSIMOS

UNO

El sudor

le gana al poema.

La alcantarilla

a mi voz.

Una irregularidad, apenas.

Un terrón de azúcar desconcertado

ante tantísimo eco.

Así el niño que vende,

y la muchacha que compro

ni con palabras

ni con besos.

Poesía de cara a la desconcertante

habilidad de unas serranas

de uñas multicolores

y engominados labios.

El sudor

puede más que la sed.

Porque aquél es secreto y el anhelo

sólo puede mover montañas.

Poco a poco

corto trocitos

que añado a mi licuadora.

A la noche de Santo Domingo

es preciso palanquearla con un fierro

antes de asirla y cortarla bien.

Noche densa y aceitosa que resbala

–como por un embudo-

hacia las nalgas de mi ocasional muchacha.

Muchísimo más negras que su propia cara.

 

DOS

Una muchacha negra

va uniendo los cabos

de lo desconocido.

En veinte uñas

–y conectado a ella–

yo más bien soy su instrumento.

Una bocina por donde escapa

un nudo de ruidos

monocordes y muy antiguos.

 

TRES

La noche no depende de ti.

Esta noche, este cuello de botella

que compulsivamente atraviesas,

para nada depende de ti.

El semen tuyo, agua furtiva

que te asemeja a un arrollo

o a una chispa inocente,

en realidad no te pertenece.

Te has perdido en la noche

–como en el juego de los niños–

y no has vuelto ni han vuelto a encontrarte.

Sólo recuerdas el manso viento de la gente.

Sólo recuerdas el brillo de aquellos ojos:

una luz resbalando resignada

frente a tu puerta.

Todas las anécdotas al respecto

se reducen a esto.

Todo lo que has vivido también.

Una calle modesta y muy mal iluminada

y compulsivamente atravesada.  Y la noche.

 

CUATRO

Al paso.  No te apures.

Hasta el hoyo del papel

o de aquella india

de perfil tan moreno.

¿Qué es lo que se mueve

por ahí?  Más ná.

Montao, y qué.

Con oro, y qué.

Como dice Chicho Severino

en su tan conocida bachata.

Hay problemas.  Al poema

lo defendemos con un par de botellas rotas,

salvo si nos vienen con piedras.

Entonces, nos vamos.

Me llamas para atrás.  Cónchole.

Ante la curva de la piedra

prefiero la de tu vestido.

Y encaramado como un mango

tu tan sinuoso paso espero.

¡Bendito palo!

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El Capitalismo de vigilancia conquista el shock/ Rosa Pérez Mandeu

“Los GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) son los emperadores del nuevo mundo. La distancia social es su nuevo territorio de conquista. El confinamiento nos encierra en casa y los dispositivos tecnológicos ponen el cerrojo a la celda virtual. El teletrabajo. Las clases online. Las video llamadas. Las compras en Amazon. La alianza entre Google y Apple para ofrecer la tecnología de las aplicaciones gubernamentales de rastreo del movimiento. El capitalismo digital es el mayor beneficiado de esta situación y su mayor soporte. Al mismo tiempo, ha impuesto nuevas lógicas que amenazan con trascender la excepción y devenir la norma” (Rosa Pérez Masdeu)

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